Nacidos en una familia de la alta burguesía catalana, ya desde 1889, Rusiñol y Casas daban una imagen de grupo: pintaban juntos, juntos exponían en la Sala Parés; en el verano de aquel mismo año hacían un viaje en carro por Catalunya, y juntos efectuaban largas estancias en París. A finales de octubre de 1890, Casas y Rusiñol se fueron a vivir a Montmartre, donde Miguel Utrillo les había alquilado un apartamento en el mismo Moulin de la Galette, rue Girardon, esquina con la calle Lepic.

Muchos cuadros que Rusiñol y Casas pintaron aquella temporada en Montmartre tenían por tema el establecimiento del Moulin de la Galette, sus atracciones y el ambiente del salón de baile, pero también había vistas del célebre quartier y figuras de personajes que ellos consideraban interesantes.

Los cuadros que Rusiñol y Casas presentaron a la Exposición General de Bellas Artes de Barcelona celebrada durante la primavera de 1891, llamaron poderosamente la atención y el Ajuntamiento compró: Laboratorio de la Galette de Rusiñol y Plein Air de Ramon Casas. En París, habitualmente los dos artistas dedicaban la mañana a pintar y, habiendo comido, bajaban al boulevard de Clichy para asistir a las sesiones de la Academia La Palette. Para Navidad los dos amigos invitaron a comer en su apartamento al músico Erik Satie (1866-1925) entonces un total desconocido que, sin duda era ya un adicto al Simbolismo que propugnaba el estrambótico Sâr Péladan en su Salon de la Rose-Croix. Todos se quedaron sorprendidos, no solamente por su música neomística, sino porqué su indumentaria y su aspecto físico respondían a la idea arquetípica del bohemio que ellos tenían.

El primer Salón de la Rose-Croix (Rosa-cruz) tuvo lugar en la famosa galería Durand-Ruel, en marzo de 1892 bajo el patrocinio de un personaje excéntrico, Joséphin Péladan (1859-1918) un ocultista y sanador que se daba a sí mismo el pomposo título de Sâr. Iniciado por su padre en las doctrinas esotéricas y en las religiones orientales, Péladan había publicado previamente novelas organizadas en grandes ciclos (La decadencia latina), escribió obras de teatro y fue crítico de arte. El Salón de la Rosa-cruz, según decía, “sería un templo dedicado al Arte-Dios, con las obras maestras como dogma y los genios como santos”.

De hecho, en una de las fotos podemos ver a Péladan, ataviado.

Rusiñol se sintió vivamente interpelado por el movimiento simbolista y la nueva mística que emanaba de los ambientes literarios y artísticos de París. Casas era más extrovertido y nunca hizo mucho caso de aquella corriente mística. Casas presentó al Salon des Independents (1982) el cuadro conocido como Madeleine cuya modelo ya había aparecido en otros cuadros del pintor (la modelo es Madeleine de Boisguillaume, una chica de clase acomodada de Albí que había huido a París para vivir a su aire), siempre vestida con falda gris y blusa roja.

Por su parte Rusiñol presentó en el mismo Salón numerosos cuadros, entre ellos Une malade, una joven tísica vestida de negro entre unas cortinas obsesivamente blancas. En el Salón del Champ-de-Mars Casas mostró Escogiendo un libro y Mujer tocando el piano; Rusiñol cumplió la palabra que había dado a sus amigos de Sitges de proclamar desde París las bellezas de su población y presentó El pati blau (Museu de Montserrat) y Reprimenda (Museu d’Art de Girona). En aquella ocasión Rusiñol y otro pintor catalán, Barrau, que presentó un magnífico cuadro Le temps qui passe, obtuvieron el nombramiento de associés del Salón.

Durante el verano de 1893, Rusiñol tomó la decisión de comprar una casa en Sitges para convertirla en su taller-estudio y colocar su valiosa colección de hierros antiguos y antigüedades, que ya era conocida en Barcelona con el nombre de Cau Ferrat. El 10 de septiembre Rusiñol organizó en Sitges una fiesta modernista que quería ser un acto de afirmación de la nueva estética.

La pintura de Rusiñol y de Casas era todavía naturalista, pero Rusiñol suspiraba cada vez más por la nueva música y por la literatura simbolista europea, por lo que el plato fuerte de aquella fiesta consistió en la representación teatral de La Intrusa del escritor simbolista belga Maurice Maeterlinck, dirigida personalmente por Rusiñol y por Casellas. Haciendo los decorados de aquella obra, por primera vez Rusiñol pintó la frágil belleza de un jardín romántico, que es el tema en que finalmente cristalizó su Modernismo, integrado a la corriente del Simbolismo internacional.

El simbolismo fue un movimiento literario y artístico que aparece en Francia alrededor de 1885, como reacción al naturalismo y al impresionismo. Buscando explorar universos ocultos, los artistas elaboraron una estética tan lejos de la sensibilidad visual como del enfoque académico o científico. Por otra parte, el individualismo acerado o incluso neurótico, es otra de las características del simbolismo.

En enero de 1894 Rusiñol tuvo la suerte de poder adquirir en París, dos cuadros del Greco. En su discurso modernista, Rusiñol interpretó la figura del Greco como la de un verdadero modernista avant la lettre, porqué era un místico que supeditaba la corrección de las formas a la expresión de un espíritu ardiente. Por aquellas fechas, Rusiñol estaba pintando uno de sus cuadros más bellos, Una romança que representa a una joven vestida de rojo tocando el piano, sobre el que se apoya un romántico que la escucha que no es otro que el músico Erik Satie. El cuadro mereció los elogios del célebre crítico de arte Arsène Alexandre que vio el cuadro en el piso que Rusiñol tenía en el Quai Bourbon.

Durante la primavera de 1894 Rusiñol y Zuloaga se fueron a Florencia a hacer copias de los maestros del Quattrocento; Rusiñol deseaba convertir el nuevo Cau Ferrat de Sitges en un santuario de peregrinaje de todos los modernistas y lo quería llenar de « santos de su devoción », es decir, de los primitivos italianos, como hacían los prerrafaelitas. En febrero de 1897 Rusiñol organizó otra Fiesta modernista en Sitges, en el transcurso de la cual, se hizo la representación teatral del cuadro lírico La Fada cuyo cartel había realizado Miguel Utrillo y pronunció un discurso modernista destinado a propagar la religión del arte. Simultáneamente Casas pintaba el cuadro Club de regatas, que tiene ironía y buenos efectos de color, los retratos de los músicos Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós y continuaba la serie de desnudos femeninos.

Otro hecho de gran importancia para todo el movimiento modernista fue que durante la primavera de 1897 se abrió la cervecería Els Quatre Gats, que pretendía ser un centro de agitación cultural en Barcelona y que cumpliera las mismas funciones que Le Chat Noir en Montmartre.

Además de la aventura literaria (las revistas y los carteles), en 1899 Casas pintó dos cuadros de crónica ciudadana de gran interés: En el hipódromo y La carga, éste último de fuerte carga social. Fue presentado en el Champ-de-Mars de 1903, donde produjo un gran impacto en la crítica, y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid ganó la medalla de oro. En noviembre de 1899 Casas celebró una gran exposición, organizada por Utrillo, en la Sala Parés y en la cual, además de una gran cantidad de dibujos y retratos al carbón figuraban cuadros antiguos y nuevos, y entre ellos, Después del baile donde una joven vestida de negro que todavía lleva en la mano el carnet de baile, está tumbada sobre un diván verde. En dicha exposición llevaba el título estrafalario de Joven decadente, cuando en realidad la joven parece agotada de tanto bailar.

Casas convivía con su modelo “decadente”, Julia Peraire con la que se casó en 1922. Julia no estaba educada para hacer la vida social de Ramon Casas, pero éste la vestía de señora a la moda más elegante de París y la retrataba sin descanso (La grasse matinée). La reiteración de Rusiñol por sus paisajes y jardines y de Casas por sus figuras femeninas reportó grandes éxitos a los dos pintores. Casas fue nombrado sociétaire del Salón de 1902 y tanto él como Rusiñol vendían a precios muy altos. Rusiñol organizó en 1906 otra exposición antológica en París en la Sala George Petit con quince jardines y paisajes de Mallorca, que le valieron nuevamente un gran éxito. En 1908 obtuvo el título de sociétaire de la Sociedad de Bellas Artes de París, su máxima aspiración, y luego llegó también la « Legión de Honor » del Estado francés.

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