Cuando escucho a los conspiranoicos diciendo que existe un Nuevo Orden Mundial para dominar el mundo por parte de las grandes fortunas y economistas, me digo a mí mismo: “Díme algo que no sepa”. Pero cuando estos mismos conspiranoicos quieren darle algo de misterio a sus obviedades, siempre meten a los masones de por medio. Supongo que queda más chulo.

Y aunque hay informaciones que ya se han demostrado que no son reales, aún sigo escuchándolas. Por ejemplo, el caso de Albert Pike.

No existe documentación alguna de que Pike haya pertenecido, mucho menos fundado el Klu Klux Klan, como dicen los conspiranoicos. Los mitos de Pike son originales de una persona llamada Leo Taxil, un católico arrepentido que hizo uso de la ingenuidad de la iglesia católica y su odio hacia los masones publicando el libro donde están muchas de las supuestas citas de Pike.

Sin embargo, en la ciudad de París, confesó que todo su libro era mentira y su retractación fue publicada en varios periódicos. Todo su arrepentimiento se puede leer en la llamada “Confesión de Leo Taxil”.

En este enlace sus confesiones.

Entre sus múltiples mentiras se encontraba la de que el dios de la masonería era Bafomet, que los masones adoran al diablo aún sin saberlo (contradicción en términos, pues no hay adoración sin conocimiento del objeto adorado), entre muchas otras barbaridades.

Taxil basó sus extrañas ideas en el libro de Pike, “Moral y Dogma”; una obra muy extensa que llega casi a las 900 páginas y en la cual se describen los 33 grados del rito masónico perfeccionista, REAA.

Pike no era cristiano, pero no era el líder de la masonería de ningún modo (sólo el Soberano Comendador de un rito masónico del sur de los Estados Unidos), y su “Moral y Dogma” no es biblia para los masones (sólo es un libro con opiniones)

Leo Taxil declaraba que Lucifer es el dios de los masones. Pero reitero, Taxil llegó a admitir la falsedad y que fue él quien se lo inventó todo.

El 19 de abril de 1897, Leo Taxil acabó con su «broma» en una conferencia de prensa organizada en la Sociedad de Geografía (la llamada «Conferencia de Leo Taxil»), en la cual confesó que sus revelaciones sobre los masones eran ficticias y agradeció al clero por su contribución en el éxito de la farsa al darle propaganda y fondos a sus publicaciones. Eso provocó un escándalo que obligó a la policía a intervenir para proteger al autor.

Esta broma de Taxil se encuentra incluso reflejada en la Wikipedia.

Se afirma, por parte de los conspiranoicos, que Pike intercambió correspondencia por cartas en 1871 con Giussepe Mazzini, cabeza de la sociedad secreta revolucionaria “los carbonarios” y supuesta cabeza de los Illuminati de Europa, en las que se plantearía la supuesta preparación de 3 guerras mundiales, dos pasadas y otra que estaría por llegar, así como las consecuencias de estas sobre la población. Durante un breve periodo, estas cartas se dice se exhibieron en la Biblioteca del British Museum de Londres, y William Guy Carr, antiguo Oficial de Inteligencia de la Royal Canadian Navy, las habría copiado. Pero para analizar la veracidad acerca de estas cartas y su contenido real es imprescindible conocer la biografía de William Guy Carr.

William James Guy Carr (Commander Carr), nacido el 2 de junio de 1895 en Inglaterra y fallecido el 2 de octubre de 1959 en Ontario es un escritor de teorías conspirativas y antimasónicas. que escribe desde un punto de vista cristiano.

Una de las contribuciones más perdurables de Carr a la teoría de conspiración de hoy en día fue su discusión sobre un supuesto plan de tres guerras mundiales (a menudo referida como la 3WW), que a su juicio habría sido desarrollado por el general de la Confederación (según Carr), Albert Pike.

Existe mucha confusión en cuanto a la fuente precisa y el escenario que William Carr describe para su relato sobre la supuesta “profecía” de las tres guerras mundiales. Como es el caso con muchas de sus afirmaciones, Carr no proporciona aquí ninguna fuente fiable para describir tal escenario, solo menciona una supuesta carta escrita por Pike y dirigida al líder revolucionario italiano Giuseppe Mazzini , que esbozaría un plan para desatar a los “nihilistas y ateos”, después de que la preanunciada tercera guerra hubiese terminado. En este sentido la confusión se vio aumentada cuando Michael Haupt lanzó un sitio web (threeworldwars.com), que asumió, erróneamente, que Carr había atribuido el escenario de esa supuesta Tercera Guerra Mundial a la famosa carta de Albert Pike.

De hecho, la autenticidad de esta carta es dudosa. William Carr afirmó que se enteró de la carta por medio del anti-mason, el Cardenal José María Caro y Rodríguez de Santiago , Chile , autor de The Mystery of Freemasonry Unveiled (Hawthorne, CA, Christian Book Club of America, 1971). Sin embargo, el último libro de Carr, Satan, Prince of This World (escrito en 1959), incluye la siguiente nota: “El custodio de estos manuscritos recientemente informó al autor de que esta carta no está catalogada en el Museo Británico. Parece extraño que un hombre conocido del Cardenal Caro Rodríguez hubiera dicho que la misma era de 1925 “. Más recientemente, el Museo Británico ha confirmado por escrito al investigador Michael Haupt que tal documento nunca ha estado en su poder. Pierre-André Taguieff señala que William Guy Carr hizo un recuento definitivo y sintético de esta “leyenda urbana” que vincula a los Illuminati, a Mazzini y a Pike en una supuesta “conspiración satánica para dominar el mundo”.

Pero es Terry Melanson quien hace el mejor análisis de la carta de Pike, demostrando que el escenario para una Tercera Guerra Mundial no se encuentra descrito en ese material ni tampoco el origen de la pretendida idea de desatar a los nihilistas y ateos. Michael Haupt se había tomado en serio la teoría de la Tercera Guerra Mundial incluida en la introducción de William Carr de su obra Peones en el Juego (1958). En esta introducción se presenta el plan conspirativo que Carr atribuye a Albert Pike, pero no a la famosa carta de Pike a Giuseppe Mazzini. Y sólo el último tramo del supuesto plan para una tercera guerra mundial en el texto de Haupt está referido en una cita atribuida a la carta de Albert Pike a Mazzini. Y esta cita es prácticamente idéntica a la que aparece en el libro antes mencionado del Cardenal Rodríquez y se puede remontar a la libreta de Le diable au XIXe siècle (1894) de Gabriel Jagond-Pager -también conocido como Leo Taxil, el “bromista”-, y en donde se afirma que la cita está tomada de una carta de Pike a Mazzini escrita en 1871. Y es esta cita la que fue considerada más tarde para describir la revolución bolchevique, pese a que no trata para nada el caso, limitándose a decir que tras ser expulsado de Italia el Papa se refugiaría en Rusia.

Otra de las  barbaridades que escucho es que Oliver Cromwell introdujo el sionismo en Europa, a través de la masonería, Aclaremos este concepto.

Cuando se desató la Primera Guerra Anglo-Holandesa, que estalló en 1652, contra las Provincias Unidas de los Países Bajos, fue finalmente ganada por el almirante Robert Blake en 1654. La rivalidad comercial con España en las Indias condujo a la guerra anglo-española. Como Lord Protector, Cromwell, estaba bien al tanto de la contribución que la comunidad judía había protagonizado en el desarrollo económico de Holanda, que se había convertido en el principal rival comercial de Inglaterra. Esto, combinado con la tolerancia de Cromwell hacia el derecho de culto privado para todos los no puritanos evangélicos, le llevó a aprobar el reasentamiento de los judíos en Inglaterra, 350 años después de que los expulsara Eduardo I de Inglaterra, con la esperanza de que ayudarían a acelerar la recuperación de la nación tras las guerras civiles.

Y es por este motivo por el que un masón como Cromwell, según los conspiranoicos, contribuyó a la expansión del modelo sionista. ¡Vivir para ver!

Ni qué decir ya de los llamados Protocolos de los sabios de Sión.

Los protocolos de los sabios de Sion es el mayor libelo antisemita de la historia. Fue publicado por primera vez en 1902 en la Rusia zarista, y su objetivo era justificar ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos. El texto sería la transcripción de unas supuestas reuniones de los «sabios de Sion», en la que estos sabios detallan los planes de una conspiración judía, que consistía en el control de la masonería y de los movimientos comunistas, en todas las naciones de la Tierra, y tendría como fin último hacerse con el poder mundial. Pero la conspiración y sus presuntos líderes, referidos como “los sabios de Sion”, nunca existieron.

A pesar de ser un texto irracional y falso, sus afirmaciones acerca de los judíos continúan circulando hasta hoy, especialmente por Internet, y se utilizan para inculcar el odio contra los judíos.

Uno de los autores de los Protocolos de los sabios de Sion fue Serguei Aleksandrovich Nilus, escritor religioso ruso, místico y agente secreto de la Ojrana, cuerpo de la policía zarista. Fue el responsable de la primera publicación de los Protocolos. Propagó que los Protocolos habían sido leídos en el primer congreso sionista de Basilea de 1897; que, con su manipulación, había dejado de ser un congreso judío a secas para convertirse en uno judeo-masónico. Los publicó como apéndice en una novela sobre el fin del mundo.

Si acometemos una rápida lectura del panfleto se deduce fácilmente que se trata de una fabricación poco lúcida.

1) Posee un carácter autoinculpatorio (es decir, el narrador —un supuesto anciano de Sion— se culpa a sí mismo de los males del mundo).

2) Carece totalmente de raíces lingüísticas y culturales judías (no parece escrito por un judío). De hecho, salvo la utilización reiterada de la palabra “goy“, y su plural “goyim”, no hay otra palabra en hebreo en todo el texto.

3) En agosto de 1921, en tres artículos aparecidos en días sucesivos, el Times denunció esta difamación. Un corresponsal del periódico en Constantinopla había encontrado el ejemplar del libro de Joly que había empleado Nilus en una caja abandonada por un oficial de la Ojrana. El hombre conocía los Protocolos y reconoció el texto. La seguridad de que aquél era el ejemplar usado por Nilus se derivaba del hecho de que le faltaban las primeras páginas y los Protocolos se iniciaban exactamente en el punto en que el plagiario daba confuso comienzo al panfleto. En total, 16 de los Protocolos -esto es dos quintas partes del texto- se basan en los párrafos de Joly. En nueve de los capítulos el plagio es de más de la mitad del texto, en otros es de tres cuartas partes y el séptimo protocolo es copia íntegra. Nilus cambió pues a Maquiavelo por los Sabios de Sión.

Es posible que Nilus conociera también una novela de Hermann Goedesche, Biarritz, en la que hay un capítulo titulado “El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel”, aparecida posteriormente a la obra de Joly.

Las consecuencias no se hicieron esperar.

Desde el hallazgo del Times, el montaje era sobradamente conocido, lo cual no impidió a Hitler, que leyó los Protocolos en 1923, utilizarlos y emplearlos “como un manual en su guerra de exterminio de los judíos”, en palabras de Nora Levin.

Henry Ford, fundador de la compañía Ford, asumió la divulgación de los Protocolos y escribió al respecto artículos que fueron publicados en su propia revista, The Dearborn Independent.

Ni a Hitler ni a Ford les importaba la falta de autenticidad de los Protocolos.

Este libelo ha servido como justificación de innumerables pogromos, cuyo punto culminante fue el Holocausto.

La mayor parte de las numerosas ediciones que hoy circulan de los Protocolos son traducciones al árabe. De hecho, se trata a la vez de un best seller en el mundo islámico, desde que lo introdujo en él el Gran Muftí de Jerusalem, Hajj Amín al Huseini, principal aliado islámico del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

De una u otra forma el mito de la conspiración judeo-masónica para dominar el mundo sigue vigente.

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