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LA HISTORIA SINIESTRA DE LOS JESUITAS

Iñigo López de Recalde, conocido popularmente como San Ignacio de Loyola nació en 1491, en el castillo de Loyola, Guipúzcoa. El nombre Iñigo, según Sabino Arna, en su obra póstuma “Santoral Onomástico Vascongado” es la versión pagana de Ignacio. Así que Loyola debió cambiárselo para romanizarse, dado que le avergonzaba portar un nombre vasco.

Loyola sirvió como caballero del virrey de Navarra, defendiendo Pamplona de los franceses comandados por el Conde de Foix. Cuando una bala de cañón le quebró la pierna se tomó un tiempo de descanso leyendo “La vida de Cristo” y “La vida de los Santos”, únicos libros que había en su castillo.

En 1522 se confesó en Montserrat y luego quiso partir a Tierra Santa, pero no pudo por los problemas de la peste, quedándose durante un año en Manresa. En este tiempo realizó ayunos prolongados, auto flagelándose continuamente, llegando a estados de éxtasis. Todavía hoy en día se conserva una placa en la iglesia de Santa María del Mar, en Barcelona, donde llevaba a cabo sus actos de maceración públicos.

En marzo de 1523 partió a Jerusalén, pasando antes por Venecia, Génova, Barcelona, y Alcalá, donde llevó a cabo estudios teológicos. Pero en abril de 1527 la Inquisición lo capturó y lo puso en prisión por hereje. Lo pusieron en libertad, bajo prohibición de celebrar reuniones donde hablara de pecados mortales o veniales, o algunas de sus raras aseveraciones. A su salida viajó a París para continuar sus estudios en la Universidad de Montaigu. En sus intentos de adoctrinar a sus compañeros, la Inquisición volvió a recriminarle.

La Sociedad de la Compañía de Jesús se constituyó en 1534, en Notre Dame de Montmartre, cuando Ignacio contaba con 44 años. Se dedicaron previamente al trabajo misionero en territorios cristianos. Al llegar a Venecia su forma de apostolado volvió a levantar las sospechas de la Inquisición.

La constitución de la Compañía de Jesús fue redactada ya en 1540, y ese mismo año la aprobó el papa Pablo III en Roma. Su campo de acción debían ser la enseñanza, la confesión, la predicación y las obras de caridad. Pablo III describió a la orden, en su bula de autorización, como “Regimen Ecclesiae Militantes”.

Los jesuitas creían que para someter al mundo debían hacerlo por sus mentes. Así que comenzaron a enfocar la evangelización de las mentes de gobernantes y políticos. Ignacio de Loyola falleció en 1556.

La Compañía de Jesús es ultra devota y se les exige a sus novicios que hagan cosas aparentemente criminales para probarlos. De ahí que prácticamente todos los países del mundo los hayan expulsado. En las constituciones jesuitas se repite más de 500 veces que “uno debe ver a Cristo en la figura del General de la Compañía”. Hay una obediencia militar implícita en esta orden.

En 1558, Laínez, jesuita, redactó junto a Salmerón las llamadas “Declaraciones”, que estipularon cómo se dividía la Orden en aquel entonces; cinco congregaciones: Italia, Alemania, Francia, España, Inglaterra, y la conquista de los estados americanos. El General jesuita nombraba oficiales, promulgaba ordenanzas, administraba finanzas, y dirigía actividades que respondía únicamente ante el Papado.

Estas Constituciones jesuitas estaban exentas de las reglas de aislamiento, lo que confería a los jesuitas la posibilidad de vivir externamente. Pablo III les confirió un decreto que los absolvía de “irregularidades que resulten por bigamia, lesiones causadas a otras personas, crímenes y asesinatos… siempre y cuando estos hechos malvados no se conozcan públicamente y sean causa de escándalo”.

Gregorio XIII llegó a amenazar con la excomunión a todos aquellos reyes y príncipes que intentaran anular estos privilegios. Si bien algunos de ellos acabaron afiliados a la orden, como fue el caso de Ferdinando II y Ferdinando III, o Segismundo III, el rey de Polonia.

En el siglo XVII el Padre jesuita Neidhart se convirtió en el Consejero de Estado, Primer Ministro y Gran Inquisidor de España. Fue éste quien se inventó que después del fallecimiento de cada rey se debían ejercer 10.000 misas en todo el país, lo que otorgaba a la orden un ingreso inusitado de dinero hacia sus arcas para la salvación del alma del monarca.

El 7 de julio de 1556, en Baviera, el duque Alberto V, llamó a los jesuitas para combatir la herejía de los protestantes. Serían los jesuitas quienes quemaran, encarcelaran y encadenaran a los anabaptistas, los que abogaban por un bautismo de creyentes adultos, ya que según estos los niños estaban a salvo. Ese era su pecado como herejes.

Ya en 1617 el archiduque Ferdinando, como rey de Bohemia, contaba como confesor y consejero al jesuita Viller, quien le dispuso contra el protestantismo. La guerra de las religiones duró 30 años, la conocida como Guerra de los Treinta años. El emperador Eugenio culpó a los jesuitas de sus intrigas en Hungría.

En 1620 los jesuitas lograron que la población católica de Veltlin se levantara contra los protestantes, matando a 600, que rápidamente fueron indultados por el Papa de turno. Debido a este particular muy pocos saben que aún hoy el artículo 51 de la Constitución Suiza prohíbe que la Sociedad de Jesús celebre actividades educativas o culturales en el territorio de la Confederación. Los jesuitas no son bienvenidos.

A principios del siglo XVII, los jesuitas convirtieron a Paraguay (paraguaraníes) en una de sus provincias, evangelizando a los guaraníes que, al cabo de 150 años, hartos de la orden, retornaron a las selvas y a sus antiguas costumbres.

En México llegaron a poseer minas de plata y refinerías de azúcar; en Paraguay, plantaciones de cacao y té, junto a fábricas de alfombras, además de que fueron exportadores de mulas, a razón de 80.000 por año, que iban a parar a España. El obispo Palafox escribió en 1647 para el Papa Inocencio VIII: “Toda la riqueza de Sudamérica está en manos de los jesuitas”. El rey Carlos III al darse cuenta de este particular arrestó a todos los jesuitas de Paraguay y se los envió a Clemente XIII para que hiciera con ellos lo que fuera oportuno.

Clemente XIII quería acabar con los jesuitas, después que varias naciones le apremiaran. Curiosamente, un día antes de acceder a esta petición, el 3 de febrero de 1769, dijo encontrarse enfermo, y el Para falleció, no sin antes comentar: “Me muero… ¡es muy peligroso atacar a los jesuitas!” Clemente XIV, por el contrario, los mantuvo en su poder, hasta que un buen día decidió quitárselos de en medio. En las paredes del palacio vaticano aparecieron estas iniciales pintadas por los jesuitas, I.S.S.S.V. que algunos se preguntaron qué significaba. Historiadores recientes dicen que se trataba de “In Settembre, Santa Sede Vacante”. Clemente XIV murió envenenado el 22 de septiembre de 1714.

Entre los adoctrinamientos de aquellos días, los jesuitas insistían en su veneración por la Virgen María, llegando a guardar estos en la iglesia de San Miguel, en Munich, trozos del velo de María, varios mechones de cabello, e incluso el peine con el que se cardaba.

El padre jesuita Barri, el cual llegara a escribir el libro “El paraíso se abre por medio de 100 devociones a la madre de Dios” dejo por escrito este singular texto: “Debemos golpearnos o flagelarnos, ofreciendo cada golpe como sacrificio a Dios por medio de María; también debemos tallarnos con un cuchillo el sagrado nombre de María en nuestro pecho (…) y no comer jamás una manzana, como María había sido guardada del error de probarla”.

Algo que puede resultar curioso es el porqué de la expresión popular, en referencia a los jesuitas, que son llamados los “teólogos mamilares”. Todo responde a que en el siglo XVII el padre jesuita Benzi declaró: “Tocar el seno de una monja es sólo una ofensa leve”.

Dentro de la moral jesuita una de sus famosas reglas del libro jesuita “Teología del Padre L’Amy” se expresa en su contenido de la siguiente forma: “Está permitido que un monje o sacerdote maté a los que están dispuestos a difamarlo a él o su comunidad”. En esta misma obra de los jesuitas podemos leer este párrafo: “Si un Padre, cediendo a su tentación, viola a una mujer y ella hace público lo ocurrido, deshonrándolo a él, ¡este mismo Padre puede matarla para evitar la vergüenza!”.

Pasemos ahora a hablar de los Iluminados de Baviera, una orden secreta fundada en 1776 por Adam Weishaupt (jesuita) en Baviera, Alemania. Cuantiosos mitos y teorías conspiratorias se centran en torno a esta organización.

Su juramento en el grado 13 de la orden de los iluminados era: «Cada hombre es su rey, cada hombre es soberano de sí mismo«, similar a lo que hacía la masonería, pero sin su apartado militar.

La orden se dividía en tres grados: grado de iniciación, grado de constructor y grado de misterio. El reglamento establecía que quien alcanzara el grado de misterio en el subgrado sacerdote, debía de asumir los poderes del estado. La ideología de esta organización era una mezcla de ideas políticas, místicas y filosóficas.

Pero toda aquella conspiración urdida laboriosamente por Adam Weishaupt, jesuita, quedó al descubierto en 1785 cuando un mensajero de los «iluminados» fue fulminado por un rayo mientras trasladaba importantes documentos sobre la organización y los proyectos de la Orden.

Tras la prohibición de la Orden por el elector de Baviera, Wishaupt, Adam fue condenado a prisión, aunque logró huir de la cárcel de Regensburg, muriendo en la más absoluta miseria en 1830. Las teorías conspiranoicas sostienen que los Iluminados de Baviera, actuales Iluminati, existen en la sombra. Para muchos esta orden jesuita es real y sigue perdurando en la sombra.

Retornando a la historia, el 20 de septiembre de 1815, el zar Federico los expulsó de Rusia, después de que intentaran sublevar a las gentes con el cristianismo ortodoxo. El zar llegó a escribir: “En vez de vivir como habitantes pacíficos en un país extranjero, perturban la religión griega que ha existido desde la antigüedad, la religión predominante en nuestro imperio”.

Llegada la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte, describió a la Compañía de Jesús como “muy peligrosa, y no se debería permitir su existencia en el Imperio”. Los hijos de Loyola fueron tolerados bajo el reinado de Luis Felipe y Napoleón III, pero la República los dispersó en 1880, bajo la administración de Jules Ferry.  El artículo 7 de la ley de Jules Ferry decía: “A nadie se le permitirá participar en la enseñanza pública o libre si pertenece a una congregación religiosa no autorizada”. No obstante el senado francés rechazó el artículo 7.

Fueron expulsados de Portugal en 1834; de España en 1820, 1835 y 1868; de Suiza en 1848; de Alemania en 1872; de México en 1873; de Brasil en 1874; de Alemania en 1872; de Francia en 1880 y 1901; de Italia en 1859; de Guatemala en 1872; de Ecuador y Colombia en 1875; y de Costa Rica en 1884. El presidente de los Estados Unidos, Jefferson, en una carta escrita a John Addams, dijo de ellos: “Como usted, me opongo al restablecimiento de los jesuitas, que hace que la luz dé paso a las tinieblas”.

En 1864, Pío IX, publicó la encíclica “Quanta Cura”, acompañada por el “Syllabus” que condenaba los principios políticos de las sociedades de esos tiempos.

“Sea anatema todo lo que la Francia moderna aprecia. La Francia moderna desea la independencia del estado; el Syllabus enseña que el poder eclesiástico debe ejercer su autoridad sin el consentimiento y permiso del poder civil. La Francia moderna quiere libertad de conciencia y culto; el Syllabus enseña que la Iglesia romana tiene el derecho de usar la fuerza y reinstaurar la Santa Inquisición. La Francia moderna declara que el pueblo es soberano; el Syllabus condena el sufragio universal. La Francia moderna profesa que todos los franceses son iguales ante la ley; el Syllabus afirma que todos los clérigos están exentos de los tribunales civiles y criminales. Estas son las doctrinas que enseñan los jesuitas en los colegios. Ellos están al frente del ejército de la contrarrevolución. Su misión consiste en instruir a la juventud que está bajo su cuidado”.

Después del Syllabus llegó el dogma de la infalibilidad papal.

El 16 de noviembre de 1922 el parlamento italiano eligió a Mussolini con 306 votos a favor y 116 en contra. El grupo católico de Don Sturzo, demócrata cristiano, votó unánimemente por el primer gobierno fascista. En 1932, en Alemania, el Centro Católico de Monseñor Kass, aseguró la dictadura del nazismo.

¿Y qué pasó en España durante ese período? Franco readmitió a la Compañía de Jesús en 1938. En el libro sobre masonería que Franco escribió con el apodo Jakim Boor, en clara alusión a las columnas de la masonería Jakin Boaz, que era la manera que tenía el general de burlarse de ellos, arremetió contra los masones con el siguiente texto:
“España ha cometido el “gran pecado” de haber extirpado de su solar el cáncer masónico que lo corroía, la traición encubierta en sus logias bajo los dictados de los superestados masónicos al servicio del extranjero. Por ello, y por su catolicidad, se ha constituido en blanco de las iras de la masonería atea y polariza las maquinaciones extrañas de que otros Estados se salvan por la condición de masones de sus Jefes de Estado o de la mayoría de sus gobernantes.

“Este es el gran secreto de las vergüenzas de la O. N. U., en que la voluntad de los pueblos se ve suplantada por la omnímoda pasión y compromisos de logia de sus representantes, y esta es la razón de que los asesinos y ladrones de nuestra guerra de Liberación, amparados en la hermandad masónica, disfruten de la benevolencia y de la amistad de los que a sí mismos se titulan representantes de la democracia”.

Y añadía:

“La masonería española se distinguió siempre por su carácter eminentemente ateo y antinacional. La encontramos inspirando al Trono y dominando al Gobierno en la primera expulsión de los jesuitas; se repite con la Reina Gobernadora, cuando el masón Mendizábal pone a su firma el decreto-ley de disolución de las Órdenes religiosas y el latrocinio de sus bienes; domina el Gobierno y las Cortes españolas en los tiempos modernos, cuando de nuevo se disuelve la Compañía de Jesús, se queman las iglesias y le promueven persecuciones. De origen masónico fueron todos los movimientos revolucionarios que en siglo y medio se suceden en nuestro territorio, y los de secesión de nuestros territorios de América, y masones los gobernantes y generales comprometidos en todas las traiciones que mutilaron nuestra Patria”.

Pío XI sería el creador del colegio ruso, puesto bajo custodia de los jesuitas. Aparte de éste, los jesuitas ya disponían en Rusia del Instituto Oriental, el Instituto de San Juan Damasceno, el colegio polaco y el lituano. La idea de estos era volver a la idea inicial de conquistar a los poderosos mediante el adoctrinamiento de la mente.

El sucesor de Pío XII volverá contar con la presencia de asesores jesuitas alemanes. Ya su predecesor, Pío XI, llegó a decir de los nazis: “Europa experimentará estabilidad sólo con la hegemonía de Alemania”. Y añadió: “Los obispos de Alemania, reunidos en Fulda, aprovecharon el discurso de Hitler en Postdam para declarar que debemos reconocer que el gobierno del Reich, que es a la vez líder del movimiento nacionalsocialista, ha presentado declaraciones públicas y solemnes por las cuales se reconoce la inviolabilidad de la Iglesia Católica”.

Von Papen, chambelán privado del Papa, definió perfectamente el pacto entre el Vaticano y Hitler con esta frase: “El nazismo es una reacción cristiana contra el espíritu de 1789”.

No obstante, en 1937, presionado por Inglaterra y los Estados Unidos, condenó las teorías raciales por ser incompatibles con la doctrina y los principios católicos. Hitler cambió entonces de forma radical respecto a la alianza con el Vaticano.

En España, mientras tanto, el Papa excomulgaba a los líderes de la República Española y les declaraba la guerra espiritual mediante la encíclica “Dilectissimi Nobis”. Monseñor Gobara, obispo de Cartagena, llegó a decir: “Benditos son los cañones si en los agujeros que estos hacen el evangelio crece”. Treinta meses antes de que finalizara la Guerra Civil, el Vaticano reconoció el gobierno de Franco, en concreto el 3 de agosto de 1937.

Sería el mismo Franco quien escribiera en la prensa lo siguiente: “Adolfo Hitler, hijo de la Iglesia Católica, falleció mientras defendía el Cristianismo (…) Con la palma del mártir Dios le da a Hitler los laureles de la historia”.

En cuanto a Hitler, éste llegó a decir de los jesuitas: “Aprendí mucho de la Orden de los Jesuitas. Hasta ahora no ha existido en la Tierra nada más grandioso que la organización jerárquica de la Iglesia Católica. Yo transferí a mi partido mucho de esta organización”.

Walter Schellenberg, jefe del contraespionaje alemán, llegó a afirmar: “Himmler constituyó la organización de las SS, según los principios de la orden jesuita. Sus reglas y ejercicios espirituales escritos por Ignacio de Loyola son el modelo que Himmler trató de copiar exactamente”. La sorpresa cabe cuando mirando en la biografía de Himmler nos damos cuenta de este porqué: Himmler había estudiado con los jesuitas. La vida de Himmler acabó en Nuremberg, cuando lo hallaron muerto en su celda.

Pierre Teilhard de Chardin, fue un pensador francés de la primera mitad de nuestro siglo. Y digo ´pensado´ porque las características de su obra no se ajustan a determinada especialidad intelectual.

Pocos pensadores han sido tan incomprendidos; no porque su obra carezca de claridad, sino porque su punto de vista es tan nuevo y poco habitual que choca con la sistemática tradicional, y no se sabe dónde situarlo.

Yo voy a tratarlo como científico, ya que su base es el estudio de los hechos; él mismo afirma situarse en ese plano, aunque luego llegue a conclusiones metafísicas. Nos dice que busca “sólo el fenómeno; pero también, todo el fenómeno”.

Teilhard fue paleontólogo, Profesor de Geología del Instituto Católico de París, y realizador de descubrimientos notables sobre los antecedentes del Hombre, como el Sinanthropus Pekinensis, que le dio renombre en las esferas científicas, realizando para ello numerosas expediciones al lejano Oriente -China, Mongolia, Java, Birmania.

Fue, además, jesuita, y necesitaba armonizar la verdad que le brinda la Ciencia con la del Dogma. Fueron las posibles contradicciones en esa armonía lo que hizo que, al morir, en 1.955, aún no hubiera sido publicada ninguna de sus obras; ese mismo año aparecía ´El Fenómeno Humano´, escrito en 1.940.

Casos como el de Teihard se presenta en los jesuitas. Pero el caso de Teihard de Chardin y otros jesuitas con pensamientos evolucionados, no dejan de ser considerados “garbanzos negros” dentro de los dogmas de la Iglesia Católica.

El poder de los jesuitas sigue instalado en nuestra sociedad. Sin ir demasiado lejos, España cuenta con colegios jesuitas en las 5 provincias en las que ellos dividen nuestro estado, a saber: Aragón, Bética, Castilla, Loyola (vasca) y tarraconense. Un total de más de 100 instituciones, con 5.000 jesuitas trabajando como personal fijo, según datos de su página web www.jesuitas.es. Suyas son, además, la Universidad Pontificia Comillas, La Universidad Deusto, La Universidad Loyola de Andalucía, y la Universidad de San Luis. La fundación o escuela de negocios ESADE también pertenece a la Compañía de Jesús. Además de estos datos se vanaglorian de contar con 78.000 alumnos que cada año son adoctrinados. Dispone de  dos editoriales en las que publicar sus obras, una decena de revistas, y la ONG Alboan.

Ahora que se ha puesto de moda la llegada de un jesuita al trono de San Pedro, con el Papa Francisco, cabe recordar que el primer Papa jesuita, León XIII, dijo: “Sea anatema el que diga que el Espíritu Santo no quiere que matemos a los herejes”.

El ahora Papa Francisco, pero que en el 2010 simplemente era el cardenal Jorge Bergoglio, declaró el 8 de noviembre de ese mismo año por el juicio oral y público por los crímenes contra la Humanidad cometidos durante la dictadura argentina de Videla. Hay una filmación, publicada por el diario Clarín, donde explica durante cuatro horas sobre el secuestro de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics.

Bergoglio apuntaba que comentó a los secuestrados que ‘tomaran medidas prudenciales’ dadas las críticas que recibían ‘de algunos sectores’ y tras el asesinato del sacerdote Carlos Múgica. No hay nada más contra Bergoglio salvo la extraña intuición de algunos sectores argentinos que creen que hay algo más detrás de este asunto.

La situación actual de los jesuitas se encuentra en uno de sus mejores momentos en la historia, con la llegada del actual Papa Francisco, pero no debemos olvidarnos de sus tejemanejes a lo largo de la historia. O como diría el refranero popular, “debemos vigilarlos con el rabillo del ojo”, pues el tiempo ha demostrado que los que fueron son, y que nada cambia cuando se trata de acumular poder.

ERATOSTENES Y EL RELOJ DE SOL DE FALTRIQUERA

Llevo unos días probando un reloj de sol de faltriquera, es decir, de bolsillo. Estos relojes se conocen desde tiempos del Egipto ptolemaico, y eran usados por los romanos. Durante el día, claro está, porque cuando llegaba la noche usaban clepsidras, es decir, relojes de agua que transportaban la misma de un recipiente a otro, marcando así cada hora. Se usaban mucho para marcar los tiempos de los oradores.

La base principal de un reloj de sol es que para conocer la hora se necesita saber las coordenadas geográficas para orientar el Plincton, una especie de aguja o triángulo que marca la altura del sol y que permite conocer las coordenadas terrestres.

Al mismo tiempo se necesitaría una brújula, ya que los relojes de arena se deben orientar al norte. La brújula es un invento chino del siglo IX. Antes de la brújula se determinaba el norte con la orientación de los cuerpos celestes, a través del astrolabio, por ejemplo. Por la noche se puede llevar a cabo mediante la orientación de la Estrella Polar, en la Osa Menor. Y en la Gnomónica romana, ya explicada por Plinio el Viejo, es posible conocer el norte, ya que cualquier objeto vertical cayendo en plomada da una sombra, a lo largo del eje norte-sur, cuando llega el mediodía. El mediodía se sabe de inmediato porque es cuando el Sol se eleva más sobre el horizonte, aportando sombras cortas.

Me sorprendió ello, porque si es así significa que desde muy antiguo debió existir algún sistema de coordenadas terrestres, y eso hubiera implicado el conocimiento de una Tierra redonda.

La primera sorpresa es que Dicearco (355-285 a.C.) ya usaba un sistema de coordenadas terrestres para sus mapamundis. Se le conoce como el padre de la geodesia.

Recordemos ahora lo que dijo San Agustín, en el 400 d.C., sobre su idea de una tierra plana que, gracias a la Iglesia Católica, se extendería prácticamente hasta la Edad Media:

«Pero sobre la fábula de que existen los Antípodas, es decir, hombres que viven en el lado opuesto de la tierra, donde el sol se levanta cuando para nosotros se pone, hombres que caminan con sus pies opuestos a los nuestros, eso no es creíble en modo alguno. Y, ciertamente, no se afirma que se haya aprendido tal cosa por conocimiento histórico, sino por conjetura científica, basándose en que la tierra está suspendida dentro de la concavidad del cielo, y que tiene tanto espacio en un lado como en el otro. Por ello afirman que la parte bajo nosotros también debe de estar habitada. Pero no remarcan que, aunque se supone científicamente demostrado que el mundo tiene una forma esférica y redonda, de eso no se sigue que la otra cara de la tierra esté libre de agua; ni tampoco, aunque estuviera realmente libre de agua, se sigue que esté necesariamente habitada».

Y ahora viene la gran sorpresa (tengamos en cuenta que las coordenadas geográficas se adoptaron en 1884 en Washington).

Eratóstenes (276-194 a.C.) fue, como muchos hombres sabios griegos de su tiempo, un célebre matemático, astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo y poeta. Estudió en Alejandría y durante algún tiempo en Atenas. Alrededor del año 255 a.C., la gran variedad de sus conocimientos y capacidades para el estudio lo llevaron a ser responsable de la dirección de la Biblioteca de Alejandría, el mayor acervo del conocimiento que existía en su época.

Una de sus principales contribuciones, en la que aplicó sus conocimientos de matemática y astronomía, fue la medición de la circunferencia terrestre a fines del siglo III a.C. Para realizar esta medición el autor se basó en un informe de observaciones en Syena (actual Asuán) que había llegado hasta él, que decía que en ese lugar durante el día del solsticio de verano (21 de junio) al mediodía el Sol no proyectaba sombra alguna; y en el conocimiento que él tenía acerca de que, ese mismo día y a esa hora en Alejandría los edificios sí proyectaban sombra.

Eratóstenes asumió que ambos lugares estaban situados en el mismo meridiano, y a partir de todo esto se abocó a determinar la diferencia de latitud entre los dos lugares. Utilizando un gnomon o un sciotheron (un tipo de reloj de sol) que colocó en Alejandría para medir la longitud de la sombra, y suponiendo que Syena (Asuán) coincidía con el trópico de Cáncer, estableció que la diferencia de latitud entre ambos lugares era igual a 7 ° 12’. Una vez establecida esta diferencia, necesitaba además conocer la distancia entre las dos ciudades. Así, utilizando la distancia conocida entre ellas –igual a 5.000 estadios– y el resultado que había alcanzado sobre la diferencia de latitud, calculó la circunferencia terrestre en 250.000 estadios, resultado al que le agregó, por circunstancias que se ignoran, 2.000 estadios más.

Con esta experiencia de medición Eratóstenes calculó con gran exactitud la circunferencia de la Tierra en 252.000 estadios egipcios (39.690 kilómetros), y logró alcanzar así un resultado muy cercano al valor actual igual a 40.120 kilómetros. Es decir, se equivocó sólo por un escaso margen del 1 por ciento.

Eratóstenes usó para medir los ángulos con las verticales del obelisco de Syena (Asuán) la ley de arcos de círculos relativos a ángulos iguales, que son semejantes. Estando en la Biblioteca de Alejandría, encontró un informe de observaciones sobre Siena, en el que se decía que el día del solsticio de verano (21 de junio) a mediodía, los objetos (como por ejemplo, los obeliscos) no producían sombra y en el fondo de los pozos podía verse la luz del sol. Esto se debe a que está ciudad está sobre la línea del trópico (en realidad, 33′ al norte del Trópico de Cáncer). Eratóstenes realizó observó que, en Alejandría, el mismo día y a la misma hora no se producía este mismo hecho. Asumió de manera correcta que el Sol se encontraba a gran distancia y que sus rayos, al alcanzar la tierra, lo hacían en forma (prácticamente) paralela. Esto ratificaba su idea de que la superficie de la Tierra era curva pues, de haber sido plana, no se hubiese producido esta diferencia entre las dos ciudades.

No cabe duda, desde tiempos de Roma, se conocía la circunferencia de la Tierra.

La última sorpresa es que Posidonio (135 a.C.-51 a.C.) rehízo los cálculos de Eratóstenes, tomando como posición de referencia Canopus, y haciendo una medición más exacta entre Rodas y Alejandría, que estimó de 3.750 estadios griegos. Confundió los estados griegos con los egipcios, y ello le llevó a erra en el cálculo final.

El valor de Posidonio sería el usado por los mapas de Claudio Ptolomeo. Una de estos mapas, el de Ptolomeo, estuvo en manos de Colón, que imaginó que la circunferencia de la Tierra era menor. De ahí su insistencia ante sus hombres para darles a entender que les faltaba poco para llegar a tierra firme.

El gran Eratóstenes padeció una ceguera al final de su vida, lo que le condujo a dejarse morir de hambre, por voluntad propia, el 194 a.C. en su ciudad, Alejandría.

LA HEREJIA DE LA NAVIDAD (I)

La fiesta del 25 de diciembre que, actualmente achacamos al nacimiento de Cristo, tiene sus orígenes en la celebración del solsticio de invierno (natalis invictus solis). En realidad es de conocimiento de la Iglesia Católica que Jesús de Nazaret nació en agosto. Será la reciente Iglesia Católica la que en el siglo IV d.C. para adaptar los ritos paganos de sus nuevos feligreses convierta la fiesta del Sol Invictus en la fecha de celebración de Cristo.

Esto queda atestiguado cuando el Papa Julio I pide en el 350 la celebración del 25 de diciembre para su nuevo dios. El Papa Liberio en el 354 decretara como día del nacimiento de Jesús esta fecha.

La fiesta romana del Sol Invictus se aplicó a tres dioses: Gabal, Mitra y el Sol. Juliano, el apóstata (así conocido a este emperador por parte de los cristianos), en el 361 afirmó que el único dios de esta festividad sólo podía ser el rey Sol. A esta fiesta también se la conoció anteriormente como Hagius Invictus, y tenía lugar desde el 22 al 25 de diciembre.

Antes del 25 de diciembre, los judíos creían que sus profetas nacían y  morían en el mismo día. De modo que si Jesús murió un 25 de marzo, debió morir ese mismo día. Y es por eso que hasta el siglo III los cristianos celebraron el 25 de marzo como la fecha del nacimiento de su maestro.

La fecha del 7 de enero que se achaca a la llegada de esos supuestos Reyes Magos fue el intento de ocultar por parte de la Iglesia Católica las costumbres de la Iglesia Ortodoxa. Y es que los ortodoxos siguieron usando durante mucho tiempo el calendario juliano, que nos da como fecha juliana el 25 de marzo que cae en 7 de abril gregoriano. Si un embarazo dura 9 meses, se supone que podían dar como válida la muerte del maestro en marzo y 9 meses después la de su parto, que no caería en 25 sino en día 7, es decir, el 7 de enero. Rebuscado sí, pero tan real como que así fue.

Gabal fue el dios Sol de la ciudad nativa de Emesa, en Siria. Mitra un dios solar de Persia. Y Helios fue la personificación del Sol para griegos y romanos. Sería el emperador Constantino quien decretaría el 7 de marzo de 321 como el diez Solis, es decir, domingo, como día de descanso, como así aparece reflejado en el Códice Justinianeo. La moneda romana de Constantino siguió portando el estandarte del Sol Invictus, la fiesta romana, hasta el 323. Finalmente el paganismo fue abolido por el emperador Teodosio I el 27 de febrero del 390.

El dios Mitra nació, por esas cosas, de una piedra (tal cual suena) un 25 de diciembre (vamos, que no nació de una concepción humana, sino de un misterio, a la sazón virginal), y su padre fue Ahura Mazda, el dios supremo del Zoroatrismo. Mitra, casualmente, nació en una cueva, y desde el primer momento portaba un gorro frigio, un cuchillo y una antorcha, y fue adorado por pastores, que fueron avisados por las estrellas (¿a alguno le suena esta historia?). En esta cueva aludida, Mitra estuvo acompañado de dos animales, una mula y un buey.

Dado que el mito de Mitra es muy anterior al nacimiento de Cristo (ya aparece en un tratado de los hititas y mitanis en el 1400 a.C.), se ve a las claras de dónde salieron los elementos del Belén popular siempre atribuido a Jesús de Nazaret.

De hecho, en el evangelio de San Mateo se menciona la llegada de unos reyes caldeos y las revelaciones que le hicieron a Herodes. Pero en ninguno de los evangelios conocidos se dice que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, ni mucho menos se comenta que tuvieran un aspecto tan distinto.

Antes de comenzar a hablar de las confusiones con las que pudieron concurrir los llamados Reyes Magos, cabe decir que desde el 1700 a.C. los babilonios conocían Venus; así que no pudieron confundir la estrella de Belén con este astro. El cometa Hale-Boop tampoco pudo ser porque su afelio es de +35, es decir, no se vería a simple vista. La teoría de que siguieran un meteoro es improbable, porque un bólido de este tipo sólo se ve unos segundos en el cielo. Algunos dicen que se trata de una conjunción que hubo en el año 2 d.C. entre Júpiter y Venus; pero también resulta ridículo por cuanto no cuadran las fechas y no se sabe entonces qué seguirían como rastro, si el alineamiento es constante. En consecuencia, eclipses u ocultamientos de la luna tampoco sirven, por no disponer de un movimiento en el cielo.

Sin embargo, el cometa Halley tiene un período de 76,5 años.  Y aquí viene lo curioso. En la obra “La Adoración de los Reyes”, un fresco de Giotto di Bondone conservado en la capilla Sarovegni, en Padua, el pintor italiano nacido en 1267 y muerto en 1337, no pintó la tradicional estrella de Belén, con puntas, sino que eligió una figura un tanto desconocida, la de un cometa. Como el Halley apareció en el verano de Europa de 1301, nadie duda de que el artista florentino se inspiró en el Halley para pintar su fresco. Por lo tanto son muchos los que deducen que hubiera podido ser el cometa Halley aquél que siguieran los llamados Reyes Magos, y que debió aparecer entre los años 12 y 7 a.C.

Hoy en día se sabe que los chinos mencionan en sus escritos al famoso cometa en el 12 a.C. ¿Pero cómo pudo ser el cometa Halley si Cristo, según nos comenta la Iglesia Católica, nació en el año 0?

Dionisio el Exiguo establece el calendario cristiano en el siglo VI, pero comete dos errores: no incluye el año cero (los romanos no usaban el número cero), lo que se traduce en que el calendario salte directamente desde el año I antes de Cristo al año I después de Cristo, y la Natividad suceda en Diciembre del año I después de Cristo. El número 0 entró en Europa de la mano del Islam en el siglo IX. El segundo error que cometió fue no tener en cuenta los 4 años durante los que Augusto Cesar gobernó bajo el nombre de Octavio. Dionisio, bajo las órdenes del Papa Hormisdas en el 532, se equivoca de datación por no conocer el reinado de Herodes el Grande. El error es de 6 años en el cálculo del reinado de Herodes, lo que nos da, incluyendo el número 0, que Jesús nació el 7 a.C.

En febrero del año 12 antes de Cristo, los chinos y coreanos afirmaron haber visto lo que parece haber sido una supernova brillante en el sur de la constelación del Águila. Esta estrella pudo observarse durante al menos setenta días y habría aparecido en el este del cielo matutino. Este habría sido el signo que los magos llevaban esperando dieciocho meses y les habría indicado el nacimiento del Rey de los judíos.

Mateo comenta que la estrella iba delante de los Magos en su camino de Jerusalén a Belén. ¿Cómo pudo esto ser así? La respuesta es que, al igual que todas las estrellas, la nova habría salido cuatro minutos antes cada día. Si los Magos tardaron dos meses en llegar desde Persia a Jerusalén, una distancia de unos mil doscientos kilómetros, la estrella ya se habría visto en el sur al amanecer, justo la dirección de Belén desde Jerusalén. Estos datos cuadran perfectamente con estudios topográficos de la zona. Así que, partiendo de Jerusalén al amanecer, la estrella les habría guiado directamente a Belén. Además, esto encaja perfectamente con la idea de que una nueva estrella simbolizaría un nuevo nacimiento. Quiere ello decir, que la popular estrella de Belén u Oriente, no fue otra cosa que, o bien el cometa Halley, o bien esta supernova.

Lucas comenta que los pastores vigilaban sus rebaños en las montañas, pero en Belén, diciembre es un mes duro en el cual las ovejas habrían estado bajo techo y no pastando fuera. Los pastores seguramente vigilaban de noche los rebaños de marzo a mayo, cuando nacían las ovejas y su ayuda era imprescindible en los partos difíciles. De modo que tenemos la evidencia más palpable de que el nacimiento de Jesús de Nazaret en fecha de diciembre es del todo erróneo.

Los tres Reyes Magos no siempre fueron magos, ya que fue la iglesia la que les elevó a este rango en el siglo VI después de Cristo, es decir, son magos por una decisión política de la iglesia, ya que el Rey de Reyes debería ser visitado por otros reyes. Además, los nombres de los Reyes no son comúnmente usados hasta bien entrado el siglo X, y vemos que en el mito actual, curiosamente, simbolizan las tres razas de la Tierra: la africana, la asiática y la europea.

Con respecto a los nombres de los reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado «Excerpta latina bárbari», en el que son llamados Melichior, Gathaspa y Bithisarea. Y también aparecen en otro evangelio apócrifo, el «Evangelio armenio de la infancia», donde se les llama Balthazar, Melkon y Gaspard. Lo cual quiere decir una sola cosa, la tradición actual ni siquiera está basada en los evangelios del Nuevo Testamento, sino que el populacho católico cree, a pie juntillas, la verdad contenida en unos textos apócrifos, y no considerados ciertos por el Vaticano.

La polémica está servida en el último libro escrito por el papa Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret, en la obra “La infancia de Jesús”, donde destaca que los Reyes Magos probablemente no venían de Oriente, como se ha creído tradicionalmente, sino de Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla (Andalucía, España). Dice textualmente que: “Así como la tradición de la Iglesia ha leído con toda naturalidad el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1,3, y de este modo llegaron al pesebre el buey y el asno, así también ha leído la historia de los Magos a la luz del Salmo 72,10 e Isaías 60”, relata Benedicto XVI. Y continúa: “La promesa contenida en estos textos extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis, Tartessos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa”.

Dado que poco se sabe de Tartessos por parte de historiadores y arqueólogos, a ver quién se atreve a desmentir al sumo Pontífice.

¿Y por qué dice algo así Joseph Razinger? Muy sencillo. El actual Papa, aparte de nazi en su juventud, fue el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde el 1981 hasta el 2005, es decir, el nombre que recibe actualmente el Tribunal de la Santa Inquisición. Dado que el papa es inquisidor, no va a permitir ni tolerar que el paganismo se introduzca en el credo de la Iglesia Católica. Y de ahí las reformas en torno al buey y la mula, que podría asociarse al dios Mitra, o el nombre de unos reyes caldeos o sirios, totalmente paganos y ateos. Para el Papa, mejor andaluces que persas.

La fiesta de San Nicolás, en holandés, Sinterklass, o como se lo conoce ahora, Santa Claus, se celebra el 5 de diciembre en los Países Bajos y el 6 de diciembre en Bélgica. Este personaje es el que traía regalos a los niños desde España, dado que los Países Bajos eran una colonia de nuestras tierras. Y lo bueno siempre llegaba de la tierra madre. Todavía hoy en día si se les pregunta a los niños holandeses de dónde procede Santa Claus, estos te dirán que de España y en un barco de vapor (de hecho es patrón de los marineros).

El mito se basa en la figura de San Nicolás de Bari (reino de Nápoles, conquistado en 1442 por Alfonso V de Aragón), obispo de Turquía en el siglo IV, que decían montaba un caballo blanco capaz de sobrevolar los tejados de las casas, y portaba una capa roja, una mitra y un cayado dorado, como buen clérigo que era.

Cuando las provincias holandesas se rebelaron contra España, los calvinistas intentaron eliminar esta festividad, al considerarla excesivamente pagana. Pero no pudieron, pues la fiesta era ya muy popular entre los protestantes.

La costumbre de los zapatos llenos de regalos proviene del siglo XV, cuando estos se colocaban en las puertas de las iglesias de los ricos, el 5 de diciembre. Y al día siguiente, lo obtenido se repartía en las parroquias de los pobres. Ya en el siglo XVI los zapatos sirvieron para acoger los regalos en el reciente mito de Santa Claus.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, el ayudante de Santa Claus siempre fue Pedrito el Negro, un esclavo traído de tierras africanas para la labor de repartir. Pero después de la liberación de los Países Bajos por parte de los canadienses después de la Guerra, los grupos de soldados que ayudaban a repartir regalos se acabaron convirtiendo en los numerosos ayudantes actuales vestidos de pajes.

En el siglo XV la ciudad norteamericana de Nueva Amsterdan era colonia holandesa en los propios Estados Unidos. Esta ciudad sería tomada luego por los ingleses y acabó llamándose Nueva York. Y de ahí pasó a su forma actual, convirtiéndose en el actual Santa Claus que, en lugar de llegar desde España, ahora llegaba desde el Polo Norte.

Ese Santa Claus estadounidense pasó a Inglaterra y Francia en el siglo XX, fundiéndose con otro personaje, Bonhomme Noël, de enorme parecido físico, pero vestido de blanco y dorado. Sería el anuncio de la empresa Lomen Company la que le diera renos como medio de transporte y la que dijera que procedía del Polo Norte también.

En 1931 la empresa Coca Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que unificara la figura de Papa Noël/Santa Claus y le diera una forma más humana, esa que tenemos en la actualidad en la cabeza, de personaje rechoncho y vestido de rojo. Cabe recordar que las representaciones de Santa Claus desde 1800 al 1900 se hacían siempre en color verde, hasta la llegada del anuncio de Coca Cola.

En los países más católicos, la figura de este nuevo Santa Claus/Papa Noël siempre ha estado rodeada de polémica, pues se le acusa de ser un producto comercial de Coca Cola al servicio del consumo, importada desde los Estados Unidos y dispuesta a destruir las tradiciones locales.

Con orígenes que mezclan el polo norte con la antigua Turquía, la nieve con el calor y la mutación de aspecto físico, Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás o como quieran llamarle es sin duda una de las visitas más esperadas del año en todas las casas donde hay niños en la actualidad, que no hacen ascos al consumismo exacerbado.

En Finlandia al personsaje se le conoce como “Joulupukki”.

En Chile se le conoce como “Viejito Pascuero” (también se ocupa ocasionalmente “Viejo Pascuero”, aunque es más frecuente para llamarlo peyorativamente).

En Argentina se le conoce como “Papá Noel” y son los niños quienes le envían una carta con sus pedidos al Polo Norte.

En España se le llama “Papá Noel”, sin embargo, comenzó a utilizarse Santa Claus debido a la influencia de las películas estadounidenses.

En Costa Rica se le conoce con el nombre de “Colacho”, aunque también se utiliza Santa Claus (pronunciado como “Santa Clós”).

En México se le llama Santa Claus. Se cree que en 1940 es cuando se introducen tradiciones extranjeras al país como Santa Claus, sin embargo, los niños mexicanos esperan con más anhelo la llegada de los Reyes Magos el 6 de Enero.

En Alemania se le conoce como “Nikolaus” o “Weihnachtsmann” (que significa “hombre de navidad”). “Nikolaus” representa la tradición cristiana frente a Santa Claus, que es visto como una versión comercial.

En Dinamarca se le llama “Julemanden” (que significa “hombre de navidad”). A veces también se dice “Julenissen” (que significa “duende de navidad”).

En Cuba se le llama Santa Claus, pronunciado como “Santi Cló” o “Santa Clós”. A menudo se le dice simplemente “Santa”.

En Francia se le conoce como “Père Noel” y fue introducido por Estados Unidos, como ya hemos comentado.

En Puerto Rico se le conoce como Santa Claus. Las celebraciones de esta isla duran varios días en los que familiares y amigos festejan la época de Navidad en las parrandas o asaltos.

Los niños de Italia le llaman “Babbo Natale”.

En Cataluña, España, se le llama “Pare Noel”.

En Bélgica le llaman “San Nicolás” y reparte regalos a los niños el 6 de diciembre, día llamado de “San Nicolás”.

Y el mito se sigue expandiendo a cientos de países, bajo diversos nombres.

La Nochevieja comenzó a celebrarse durante época del Imperio romano, celebración pagana en torno al dios Jano, el de las dos caras, aquél que es dios de las puertas, de los comienzos y finales, de lo que se va y viene.

En el calendario romano los idus de marzo correspondían al decimoquinto día de Martius. Eran días de buenos augurios. Y por lo tanto para los romanos el mes designado para comenzar el año, puesto que los meses comenzaban de esta manera: Martius, Aprilis, Maius, Iunius, Quintilis, Sextilis, September, October, November y December.

Sería Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, quien introdujera dos meses más, Ianuarius y Februarius, dedicado a Februus (luego Plutón). Todos los meses eran de 29 ó 31 días, y nunca de 30, pues los números pares traían mala suerte.

Julio César trasladó el comienzo del año al 1 de enero, ya que sólo se batallaba durante los meses de primavera y verano. Si el año comenzaba en primavera no daba mucho tiempo a prepararse; así que se decidió que el año comenzara un par de meses antes para dar tiempo a los planes para las guerras. Así se promulgó el calendario juliano.

Cuando el comienzo de año había sido trasladado, este primer mes pasó a llamarse Ianuarius o Janero, es decir, January en inglés, Enero para nosotros.

Los romanos invitaban a sus amigos la noche de fin de año, intercambiando dátiles e higos para comenzar el período de una manera dulce. La costumbre romana se extendió por todo el Imperio, incluyendo el que muchas veces se sustituyeran estos alimentos por lentejas, símbolo de la prosperidad, ya que según la tradición hubo lentejas en la Ultima Cena de los apóstoles.

En la Edad Media, la Iglesia Católica quiso erradicar la celebración pagana de la Nochevieja, pero la noche de San Silvestre se mantuvo a pesar de las prohibiciones del clero.

Ya entrado el siglo XX comenzó a verse como una moda, donde las gentes salían a la plaza mayor de la localidad para intercambiar dulces.

En España, en 1909, se produjo un excedente de uvas en Alicante. Eso produjo que las mismas se repartieran por toda la península a unos precios irrisorios, mientras que los productores comenzaron a anunciar las mismas con el lema de que había que comer doce uvas de la buena suerte cuando sonaran las campanadas. La iniciativa comercial tuvo tanto éxito que desde entonces se sigue aplicando año tras año.

A lo largo de estas líneas hemos visto cómo todas las fiestas navideñas son un cúmulo de paganismo y acciones comerciales, que nada tienen que ver con ese espíritu navideño que nos intentan transmitir. La deducción que se extrae de todo ello es sólo una: las gentes se dedican a festejar unos días, sin saber siquiera los orígenes de todo o qué es lo que ovacionan. Resulta curioso ver que quiénes critican la llegada de un nuevo orden mundial, son los primeros en apuntarse a las celebraciones impuestas por ese mismo orden, que lo único que desea de estos es el puro interés económico. Ese mismo orden mundial que busca mantener a las gentes ocupadas en ceremonias paganas y en ver cómo puede hacerse con la paga prorrateada de los sueldos del populacho. Lo gracioso es ver cómo esos mismos que critican a esos llamados “iluminatis” son los que aceptan sus órdenes para conmemorar estas fechas y consumir de forma desmesurada.

La época navideña debería ser una excusa para reencontrarse con familiares y amigos, un pretexto para comenzar el año con buenas intenciones. Y un buen momento para agasajar a un niño diciéndole que como ha sido bueno será recompensando con algún detalle; sin caer en la trampa de engañarle con Reyes Magos paganos o un Santa Claus que creó la Coca Cola. No obstante los padres se arrojan a las tiendas para comprar, no un detalle sino varios, con los que engatusar al niño con fábulas incomprendidas y arrojándose a los brazos del consumismo atroz impuesto por esta sociedad devoradora.

El día que comprendamos lo que significaron en el pasado los fiestas navideñas seremos capaces de orientar mejor nuestro futuro, sin que los poderes fácticos tengan que decirnos cuándo y cómo debemos celebrar nuestros encuentros.

LA VERDAD SOBRE EL ORIGEN DE LA MASONERIA

El viernes 13 de octubre de 1307 los templarios fueron arrestados en Francia. Siete años después el gran maestre de los mismos, Jacques de Molay, fue quemado en la hoguera. En esos siete años los fugitivos templarios comenzaron a organizarse para escapar de las persecuciones papales.

La simbología templaria continuó en esta sociedad de fugitivos, con el uso del círculo ourobos, ya presente en los suelos de los castillos templarios; el embaldosado blanco y negro de las logias masónicas, que podía verse en el estandarte templario; o el mandil de piel de cordero, propio de la ropa interior de los templarios, y luego convertido en mandil masónico.

El templo inacabado de Salomón de los masones no es otro que la sede central de los templarios, que perdieron a manos de Saladino.

Las 18 galeras que pudieron partir del puerto de La Rochelle, salvaguardando el oro de los templarios, nunca llegaron a América, como intentan hacernos ver algunos escritores; sino que regresaron de nuevo a los mares conocidos con la bandera pirata en sus mástiles. Todavía hoy en día los masones, al pasar al segundo o tercer grado, juran que se hermanarán con piratas y corsarios. Y cuando a un masón actual se le pregunta por este juramento, la respuesta es que no saben de dónde viene, pero que es algo inculcado por la tradición oral. Inclusive cualquier masón admite que el símbolo de la calavera y las tibias es masón, pero no sabe explicar el porqué.

La protección de los fugitivos implicaba que debían guardar celosamente sus secretos, jurando que morirían por ellos. Para los que creen en la teoría de los canteros medievales, ¿qué sentido tendría que un picapedrero jurara morir por guardar los secretos de picar la piedra?

Lo cierto es que el Concilio de Toulousse de 1229 indicaba claramente (y seguía vigente en el tiempo de los templarios), que cualquier hombre que protegiese a un hereje perdería sus propiedades y sería castigado por ello. Los templarios estaban excomulgados y debían protegerse entre ellos con símbolos, señales y juramentos.

El hecho de que los templarios fueran masacrados y torturados por la Iglesia Católica, donde el Papa, el único representante ante Dios que ellos tenían por delante, les fallara, implicó que la sociedad secreta que partió de ellos acogiese a cualquier formación religiosa en sus filas, evitando llamar a Dios de cualquier forma. Para esa sociedad secreta Dios se convirtió sencillamente en el Gran Arquitecto del Universo. Los templarios, cabe recordarlo, contaban con lugares en el templo de Salomón para que sus amigos musulmanes pudieran orar; de todos es sabido su tolerancia religiosa y algunas costumbres paganas que trajeron a Europa, como la adoración de los templarios a la diosa Isis, luego reconvertida por ellos en virgenes negras.

Curiosamente, las logias del rito escocés rectificado tienen como costumbre levantar actas y firmarlas el mismo día de la tenida o reunión de masones, no dejándose jamás para la siguiente tenida. Esta actitud tan reservada se debe a que sólo los presentes aquel día sabrán de lo que se habló en la reunión o tenida; pero los que vengan al siguiente encuentro no. ¿Por qué tanta reserva? ¿De qué tenían miedo un grupo de canteros medievales? ¿O es que no eran canteros, sino una sociedad de fugitivos?

Los templarios que pudieron huir encontraron en Escocia a un rey, Robert Bruce, dispuesto a acogerlos en sus filas para combatir a los ingleses. El mismo hijo de Robert Bruce tenía como protector a uno de los parientes de Jacques de Molay.

Durante las revueltas de los campesinos en la Inglaterra de 1381, su cabecilla Wat Tyler, desciendiente de templarios, confesó, al ser capturado, que pertenecía a una sociedad secreta inimaginable. Todavía hoy en día, en las logias inglesas y escocesas, al cubridor de la puerta de la logia se le llama Tyler.

La revuelta de los campesinos se dedicó a decapitar a curas y obispos, monárquicos, y a quemar los templos de los Hospitalarios de San Juan, respetando aquellos que había sido de la Orden del Temple. Recuérdese que las pertenencias de los templarios, fuera de Francia, fueron a parar a manos de los hospitalarios.

En tiempos actuales los masones tienen tres enemigos: la Iglesia Católica, la monarquía (pues todos los masones son liberales, y en el caso español, ellos fueron los que instauraron la República; de ahí la animadversión de Franco a los masones), y los Hospitalarios de San Juan, ahora conocidos como Orden de Malta.

Después de Wat Tyler, en 1383, aparecieron los lolardos, que estuvieron en la clandestinidad durante dos siglos. Organizados en conventículos y con una red de células por todo el país. Los lolardos, al igual que los templarios y los actuales masones, tenían como patrono a San Juan Bautista, el líder de la iglesia gnóstica. Y sus creencias eran las mismas que las bases de la actual masonería.

Sir Francis Bacon fundó una sociedad secreta, de la que se saben algunas cosas, pero no la rama de la que formaba parte. Bacon publicó todo sobre esta sociedad secreta en 1627, en una obra llamada «La nueva Atlántida».

En 1660 se fundó la Royal Society por parte de la masonería aún no anunciada. Cuando ocupaba la Presidencia de esta Sociedad Sir Isaac Newton (1703-1727), algunos de sus miembros Masones y profanos se inventaron la Gran Logia de Londres, en el marco de la disputa surgida por la llegada al trono de Inglaterra, en 1714, de Jorge I, perteneciente a la dinastía alemana de los Hannover, la cual debió enfrentar desde el principio la oposición de escoceses, no pocos ingleses e irlandeses, masones y católicos, que querían ver gobernando a Jacobo Eduardo Estuardo, conocido como el Viejo Pretendiente.

A tal punto llegan los canales de comunicación doctrinal con la masonería, que los artículos primero y segundo de las Constituciones de Anderson de 1723 – fuente formal del Derecho Masónico moderno del Simbolismo – son una copia idéntica de sus pares en el Reglamento de la Royal Society. Y a su vez, en esta Sociedad, estas normas, fueron extraídas por sus fundadores de las liturgias de la Masonería escocesa anterior a ella.

En 1717 oficialmente se dió a conocer la masonería, a través de cuatro logias que fundaron una Gran Logia. Era el momento propicio, después de que durante varios siglos Inglaterra estuviera en manos de los católicos. Pero la situación había cambiado. Inglaterra era protestante. Y por fin los masones podían presentarse ante la sociedad, sin temor a ser conducidos a una hoguera.

Después de las presentaciones formales, la sociedad secreta de los templarios fugitivos acabó transformándose en la masonería especulativa o la del estudio. Siguió conservando los tres grados azules de esa sociedad secreta inicial, pero luego introdujos los grados filosóficos y maestros, propios de los tiempos que corrían.

Esa masonería se disfrazó de gremios canteros. Y a partir de ese instante, el compás y la escuadra pudo verse en las reformas de algunas iglesias.

En el caso español la masonería constructiva estuvo vigente a través de los llamados arquitectos modernistas, la mayor parte de ellos masones. Y luego en la república del siglo XX, donde Franco mandaría fusilar a «todos esos rojos masones», como él los llamaba.

En la actualidad los masones siguen conservando costumbres propias de templarios: uso de los guantes blancos, la base octogonal de las construcciones, las referencias de la piedra bruta del templo de Salomón… O la leyenda de Hiram Abif, con los tres asesinos del mismo, llamados en la actualidad de otra manera, pero que esconden las referencias a los tres enemigos de la masonería: Iglesia Católica, monarquía, y hospitalarios.

El siglo XX fue el de los ataques más sibilinos contra la masonería. Los enemigos de esta sociedad secreta se inventaron historias contra ellos, tildándolos de Iluminatis (cuando los fundadores de los Iluminados de Baviera fueron los jesuítas, los llamados Soldados de Cristo), imaginando un nuevo orden mundial controlado por masones (cuando el llamado Ojo de Horus ni tan siquiera es un símbolo masón), o argumentado que es cosa de sionistas (la estrella de cinco puntas no invertida es masónica, pero la estrella de Sión es de seis puntas). Y en esto último cabe decir que la masonería de Prusia nunca aceptó judíos entre sus filas.

Los enemigos de la masonería que ahora ya sabemos quiénes son, seguirán insistiendo con sus mentiras. Pero la guerra iniciada hace 8 siglos con los templarios hacia sus tres enemigos, y ahora continuada por los masones, todavía no ha terminado.

LOS VIAJES PRECOLOMBINOS

¿Tan infranqueable es el Atlántico que hasta la llegada de Colón al Nuevo Mundo se pensaba que nadie podía haberlo atravesado antes?

En 1976 José Roberto Teixeira, submarinista brasileño, en la bahía de Guanabara, cerca de Río de Janeiro,  encuentra tres ánforas romanas en una zona de naufragios. ¿Significa ello que los romanos llegaron a América? No, por supuesto, pero la profesora Elisabeth Lyding Will, del Departamento de Clásicas de la Universidad de Massachusets-Amberts, determinó que eran del siglo II a.C.

Fue en 1872 cuando en la región de Paraiba, en Brasil, fue descubierta una extraña piedra que presentaba una inscripción de ocho líneas cuyos caracteres no pertenecían a las culturas de América del Sur. Dos años después, algunos investigadores alemanes llegaron a la conclusión de que se trataba de caracteres fenicios. Al parecer, esta piedra se perdió, pero quedó una inscripción en forma de copia.

El texto de Paraiba habla de una catástrofe que le ocurrió a una tripulación fenicia de 10 navíos, destruidos casi en su totalidad por una tempestad. Yazid, el escriba de la piedra de Paraiba, relata lo sucedido, así como las peripecias que tuvieron que realizar para salir con vida y llegar, supuestamente, a costas brasileñas.

¿Portaban estos fenicios ánforas romanas para el comercio y por eso aparecieron en la zona de naufragios de Guanabara?

En el Libro I de los Reyes, del Antiguo Testamento, se lee en 9,26: “Hizo también el rey Salomón navíos en Ezión-geber, que es junto á Elath en la ribera del mar Bermejo, en la tierra de Edom. Y envió Hiram en ellos á sus siervos, marineros y diestros en la mar, con los siervos de Salomón, los cuales fueron á Ophir, y tomaron de allí oro, cuatrocientos y veinte talentos, y trajéronlo al rey Salomón”.

Si 450 talentos son 20 toneladas, ¿de dónde sacaron tanto oro los judíos? Es curioso que en Queensland, al noroeste de Australia, en la ciudad de Gympie, se halló una pirámide construida al modo egipcio, junto a una estatua de un metro de altura del dios Thot en forma de babuino. Más curioso es que en pleno desierto del Tassili hayan aparecido grabados de egipcios con el tocado uro y un boomerang en sus manos.

En 1960, junto a la Gran Pirámide del Valle de Gizé, se encontró una enorme embarcación funeraria en un foso cercano que aún hoy puede verse, y del que todos los turistas se hacen la pregunta sobre qué hace aquello allí. Pues bien, dicha embarcación cuenta con arañazos en la parte delantera, en su proa, que en opinión de marineros sólo han podido causarse por el roce de un arrecife de coral.

La exploración de Vinland fue efectuada por los vikingos establecidos en las colonias de Groenlandia y motivada por la escasez de recursos que había en esta región. Las colonias eran en cierta medida apropiadas para la ocupación humana pero presentaban desventajas como el clima frío, escasez de madera como material de combustión y de construcción o falta de fuentes accesibles de hierro. Para suplir estas carencias, Leif Eriksson, hijo de Erik el Rojo, fundador de la colonia de Groenlandia, tomó la iniciativa de explorar el área circundante.

Los primeros viajes revelaron descubrimientos prometedores en un continente de clima relativamente más benigno y repleto de recursos esenciales de supervivencia. Aparentemente, el término Vinland (literalmente tierra de las viñas), fue acuñado para estimular las expediciones hacia el nuevo continente, ya que no existían en América. Un viaje a lo desconocido no resultaba atractivo, pero era difícil sustraerse a la tentación de ser pionero en una tierra donde «fluía el vino». Leif Eriksson descubrió también Markland (la costa del Labrador), Straumfjord y Helluland (costa este de la Isla de Baffin), relatadas en las sagas (un género literario nórdico) como lugares ideales para la cría de rebaños.

Mazorcas de maíz pueden verse en el exterior de la capilla de Rosslyn, que fue construida por Guillermo de Saintclair. La construcción de la capilla comenzó el 20 de septiembre de 1456, aunque a menudo se ha visto registrada como del 1446. En cualquier caso es anterior a 1492.

Tres décadas después de la desaparición de los templarios en 1314, comenzaron a aparecer unos extraños mapas llamados “portulanos” por toda Europa. Se dice que el primero fue el portulano de Dulcert en 1339.

El portulano de Ibn ben Zara, de 1487 contaba con una precisión en la que la longitud total entre el mar de Azov y el Estrecho de Gibraltar sólo se desviaba medio grado de la realidad. Este portulano sólo muestra Europa y el Mediterráneo. ¿Pero de dónde había salido tanta precisión en los mapas?

En el mapa de Hadji Ahmed, cartógrafo árabe de Damasco, fechado en 1559, se muestran las islas Hawai que no serían descubiertas hasta 200 años después, o las islas polinesias tampoco descubiertas en esa fecha, aparte de la Antártida con toda claridad. Lo más curioso es que en este mapa Alaska y Asia están anexionadas, no hay estrecho de Behring; Nueva Escocia y Terranova también aparecen unidas. Y el mundo estaba así, no en 1559, sino hace más de 10.000 años.

El conocido mapa de Piri Reis, hallado en 1929, en el museo Topkapi en Estambul, fue realizado en 1519 por el almirante que da nombre al mapa. La expedición de Magallanes comenzó en 1519 y regresó a Europa en 1512. ¿De dónde sacó entonces esos datos sobre el mundo el almirante? Piri Reis, en sus notas, dejó dicho que el mapa estaba basado en uno que llevaba Colón llamado Imago Mundi (un libro de ilustraciones de 1410, escrito por el teólogo Pierre D’Ailly, y donde se habla e ilustra tierras más allá del Atlántico) y otros mapas de Alejandro Magno.

El problema del mapa de Piri Reis es que Cortés no conocía todavía la totalidad de México y Pizarro ni tan siquiera había entablado contacto con los incas. El mapa también muestra la isla fantasma de San Borondón y la Antártida.

En 1380 los hermanos Zeno, Antonio y Nicolo, zarparon de Venecia en 1380, llegando hasta Islandia, Groenlandia y Nueva Escocia. Henry Sinclair, gran maestre de los templarios, huye desde el puerto de la Rochelle, en Francia, el 13 de octubre de 1307, hacia Escocia, portando el mapa de Zeno.

Recuérdese que después de la desaparición de las galeras templarias del puerto de la Rochelle, durante la persecución de la que fueron objeto por parte del rey Felipe IV y el papa Clemente V, se vieron barcos templarios en las islas Orcadas con una bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas.

El primer caso histórico de una flota de barcos con la bandera pirata fue el del rey Roger de Palermo, conocido como Roger de Sicilia, y que portó la Jolley Roger, la bandera pirata de tibias y calaveras. El rey Roger era un templario normando. Como los templarios no podían enarbolar la bandera blanca de cruz paté roja en sus barcos, optaron por crear la Jolly Roger.

Los templarios heredaron mapas antiguos de navegación proporcionados por Rashid al Din Sinan, el líder de los Assasin nizaríes sirios, que no contaban con el beneplácito de Saladino.

Por cierto que Colón se presenta en el Nuevo Mundo con tres barcos que portan velas blancas y cruces templarias de color rojo. Colón parecía creer que la flota templaria desaparecida en la Rochelle había llegado a ese Nuevo Mundo y quería presentarse como amigo.