LA HISTORIA SINIESTRA DE LOS JESUITAS

Iñigo López de Recalde, conocido popularmente como San Ignacio de Loyola nació en 1491, en el castillo de Loyola, Guipúzcoa. El nombre Iñigo, según Sabino Arna, en su obra póstuma “Santoral Onomástico Vascongado” es la versión pagana de Ignacio. Así que Loyola debió cambiárselo para romanizarse, dado que le avergonzaba portar un nombre vasco.

Loyola sirvió como caballero del virrey de Navarra, defendiendo Pamplona de los franceses comandados por el Conde de Foix. Cuando una bala de cañón le quebró la pierna se tomó un tiempo de descanso leyendo “La vida de Cristo” y “La vida de los Santos”, únicos libros que había en su castillo.

En 1522 se confesó en Montserrat y luego quiso partir a Tierra Santa, pero no pudo por los problemas de la peste, quedándose durante un año en Manresa. En este tiempo realizó ayunos prolongados, auto flagelándose continuamente, llegando a estados de éxtasis. Todavía hoy en día se conserva una placa en la iglesia de Santa María del Mar, en Barcelona, donde llevaba a cabo sus actos de maceración públicos.

En marzo de 1523 partió a Jerusalén, pasando antes por Venecia, Génova, Barcelona, y Alcalá, donde llevó a cabo estudios teológicos. Pero en abril de 1527 la Inquisición lo capturó y lo puso en prisión por hereje. Lo pusieron en libertad, bajo prohibición de celebrar reuniones donde hablara de pecados mortales o veniales, o algunas de sus raras aseveraciones. A su salida viajó a París para continuar sus estudios en la Universidad de Montaigu. En sus intentos de adoctrinar a sus compañeros, la Inquisición volvió a recriminarle.

La Sociedad de la Compañía de Jesús se constituyó en 1534, en Notre Dame de Montmartre, cuando Ignacio contaba con 44 años. Se dedicaron previamente al trabajo misionero en territorios cristianos. Al llegar a Venecia su forma de apostolado volvió a levantar las sospechas de la Inquisición.

La constitución de la Compañía de Jesús fue redactada ya en 1540, y ese mismo año la aprobó el papa Pablo III en Roma. Su campo de acción debían ser la enseñanza, la confesión, la predicación y las obras de caridad. Pablo III describió a la orden, en su bula de autorización, como “Regimen Ecclesiae Militantes”.

Los jesuitas creían que para someter al mundo debían hacerlo por sus mentes. Así que comenzaron a enfocar la evangelización de las mentes de gobernantes y políticos. Ignacio de Loyola falleció en 1556.

La Compañía de Jesús es ultra devota y se les exige a sus novicios que hagan cosas aparentemente criminales para probarlos. De ahí que prácticamente todos los países del mundo los hayan expulsado. En las constituciones jesuitas se repite más de 500 veces que “uno debe ver a Cristo en la figura del General de la Compañía”. Hay una obediencia militar implícita en esta orden.

En 1558, Laínez, jesuita, redactó junto a Salmerón las llamadas “Declaraciones”, que estipularon cómo se dividía la Orden en aquel entonces; cinco congregaciones: Italia, Alemania, Francia, España, Inglaterra, y la conquista de los estados americanos. El General jesuita nombraba oficiales, promulgaba ordenanzas, administraba finanzas, y dirigía actividades que respondía únicamente ante el Papado.

Estas Constituciones jesuitas estaban exentas de las reglas de aislamiento, lo que confería a los jesuitas la posibilidad de vivir externamente. Pablo III les confirió un decreto que los absolvía de “irregularidades que resulten por bigamia, lesiones causadas a otras personas, crímenes y asesinatos… siempre y cuando estos hechos malvados no se conozcan públicamente y sean causa de escándalo”.

Gregorio XIII llegó a amenazar con la excomunión a todos aquellos reyes y príncipes que intentaran anular estos privilegios. Si bien algunos de ellos acabaron afiliados a la orden, como fue el caso de Ferdinando II y Ferdinando III, o Segismundo III, el rey de Polonia.

En el siglo XVII el Padre jesuita Neidhart se convirtió en el Consejero de Estado, Primer Ministro y Gran Inquisidor de España. Fue éste quien se inventó que después del fallecimiento de cada rey se debían ejercer 10.000 misas en todo el país, lo que otorgaba a la orden un ingreso inusitado de dinero hacia sus arcas para la salvación del alma del monarca.

El 7 de julio de 1556, en Baviera, el duque Alberto V, llamó a los jesuitas para combatir la herejía de los protestantes. Serían los jesuitas quienes quemaran, encarcelaran y encadenaran a los anabaptistas, los que abogaban por un bautismo de creyentes adultos, ya que según estos los niños estaban a salvo. Ese era su pecado como herejes.

Ya en 1617 el archiduque Ferdinando, como rey de Bohemia, contaba como confesor y consejero al jesuita Viller, quien le dispuso contra el protestantismo. La guerra de las religiones duró 30 años, la conocida como Guerra de los Treinta años. El emperador Eugenio culpó a los jesuitas de sus intrigas en Hungría.

En 1620 los jesuitas lograron que la población católica de Veltlin se levantara contra los protestantes, matando a 600, que rápidamente fueron indultados por el Papa de turno. Debido a este particular muy pocos saben que aún hoy el artículo 51 de la Constitución Suiza prohíbe que la Sociedad de Jesús celebre actividades educativas o culturales en el territorio de la Confederación. Los jesuitas no son bienvenidos.

A principios del siglo XVII, los jesuitas convirtieron a Paraguay (paraguaraníes) en una de sus provincias, evangelizando a los guaraníes que, al cabo de 150 años, hartos de la orden, retornaron a las selvas y a sus antiguas costumbres.

En México llegaron a poseer minas de plata y refinerías de azúcar; en Paraguay, plantaciones de cacao y té, junto a fábricas de alfombras, además de que fueron exportadores de mulas, a razón de 80.000 por año, que iban a parar a España. El obispo Palafox escribió en 1647 para el Papa Inocencio VIII: “Toda la riqueza de Sudamérica está en manos de los jesuitas”. El rey Carlos III al darse cuenta de este particular arrestó a todos los jesuitas de Paraguay y se los envió a Clemente XIII para que hiciera con ellos lo que fuera oportuno.

Clemente XIII quería acabar con los jesuitas, después que varias naciones le apremiaran. Curiosamente, un día antes de acceder a esta petición, el 3 de febrero de 1769, dijo encontrarse enfermo, y el Para falleció, no sin antes comentar: “Me muero… ¡es muy peligroso atacar a los jesuitas!” Clemente XIV, por el contrario, los mantuvo en su poder, hasta que un buen día decidió quitárselos de en medio. En las paredes del palacio vaticano aparecieron estas iniciales pintadas por los jesuitas, I.S.S.S.V. que algunos se preguntaron qué significaba. Historiadores recientes dicen que se trataba de “In Settembre, Santa Sede Vacante”. Clemente XIV murió envenenado el 22 de septiembre de 1714.

Entre los adoctrinamientos de aquellos días, los jesuitas insistían en su veneración por la Virgen María, llegando a guardar estos en la iglesia de San Miguel, en Munich, trozos del velo de María, varios mechones de cabello, e incluso el peine con el que se cardaba.

El padre jesuita Barri, el cual llegara a escribir el libro “El paraíso se abre por medio de 100 devociones a la madre de Dios” dejo por escrito este singular texto: “Debemos golpearnos o flagelarnos, ofreciendo cada golpe como sacrificio a Dios por medio de María; también debemos tallarnos con un cuchillo el sagrado nombre de María en nuestro pecho (…) y no comer jamás una manzana, como María había sido guardada del error de probarla”.

Algo que puede resultar curioso es el porqué de la expresión popular, en referencia a los jesuitas, que son llamados los “teólogos mamilares”. Todo responde a que en el siglo XVII el padre jesuita Benzi declaró: “Tocar el seno de una monja es sólo una ofensa leve”.

Dentro de la moral jesuita una de sus famosas reglas del libro jesuita “Teología del Padre L’Amy” se expresa en su contenido de la siguiente forma: “Está permitido que un monje o sacerdote maté a los que están dispuestos a difamarlo a él o su comunidad”. En esta misma obra de los jesuitas podemos leer este párrafo: “Si un Padre, cediendo a su tentación, viola a una mujer y ella hace público lo ocurrido, deshonrándolo a él, ¡este mismo Padre puede matarla para evitar la vergüenza!”.

Pasemos ahora a hablar de los Iluminados de Baviera, una orden secreta fundada en 1776 por Adam Weishaupt (jesuita) en Baviera, Alemania. Cuantiosos mitos y teorías conspiratorias se centran en torno a esta organización.

Su juramento en el grado 13 de la orden de los iluminados era: “Cada hombre es su rey, cada hombre es soberano de sí mismo“, similar a lo que hacía la masonería, pero sin su apartado militar.

La orden se dividía en tres grados: grado de iniciación, grado de constructor y grado de misterio. El reglamento establecía que quien alcanzara el grado de misterio en el subgrado sacerdote, debía de asumir los poderes del estado. La ideología de esta organización era una mezcla de ideas políticas, místicas y filosóficas.

Pero toda aquella conspiración urdida laboriosamente por Adam Weishaupt, jesuita, quedó al descubierto en 1785 cuando un mensajero de los “iluminados” fue fulminado por un rayo mientras trasladaba importantes documentos sobre la organización y los proyectos de la Orden.

Tras la prohibición de la Orden por el elector de Baviera, Wishaupt, Adam fue condenado a prisión, aunque logró huir de la cárcel de Regensburg, muriendo en la más absoluta miseria en 1830. Las teorías conspiranoicas sostienen que los Iluminados de Baviera, actuales Iluminati, existen en la sombra. Para muchos esta orden jesuita es real y sigue perdurando en la sombra.

Retornando a la historia, el 20 de septiembre de 1815, el zar Federico los expulsó de Rusia, después de que intentaran sublevar a las gentes con el cristianismo ortodoxo. El zar llegó a escribir: “En vez de vivir como habitantes pacíficos en un país extranjero, perturban la religión griega que ha existido desde la antigüedad, la religión predominante en nuestro imperio”.

Llegada la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte, describió a la Compañía de Jesús como “muy peligrosa, y no se debería permitir su existencia en el Imperio”. Los hijos de Loyola fueron tolerados bajo el reinado de Luis Felipe y Napoleón III, pero la República los dispersó en 1880, bajo la administración de Jules Ferry.  El artículo 7 de la ley de Jules Ferry decía: “A nadie se le permitirá participar en la enseñanza pública o libre si pertenece a una congregación religiosa no autorizada”. No obstante el senado francés rechazó el artículo 7.

Fueron expulsados de Portugal en 1834; de España en 1820, 1835 y 1868; de Suiza en 1848; de Alemania en 1872; de México en 1873; de Brasil en 1874; de Alemania en 1872; de Francia en 1880 y 1901; de Italia en 1859; de Guatemala en 1872; de Ecuador y Colombia en 1875; y de Costa Rica en 1884. El presidente de los Estados Unidos, Jefferson, en una carta escrita a John Addams, dijo de ellos: “Como usted, me opongo al restablecimiento de los jesuitas, que hace que la luz dé paso a las tinieblas”.

En 1864, Pío IX, publicó la encíclica “Quanta Cura”, acompañada por el “Syllabus” que condenaba los principios políticos de las sociedades de esos tiempos.

“Sea anatema todo lo que la Francia moderna aprecia. La Francia moderna desea la independencia del estado; el Syllabus enseña que el poder eclesiástico debe ejercer su autoridad sin el consentimiento y permiso del poder civil. La Francia moderna quiere libertad de conciencia y culto; el Syllabus enseña que la Iglesia romana tiene el derecho de usar la fuerza y reinstaurar la Santa Inquisición. La Francia moderna declara que el pueblo es soberano; el Syllabus condena el sufragio universal. La Francia moderna profesa que todos los franceses son iguales ante la ley; el Syllabus afirma que todos los clérigos están exentos de los tribunales civiles y criminales. Estas son las doctrinas que enseñan los jesuitas en los colegios. Ellos están al frente del ejército de la contrarrevolución. Su misión consiste en instruir a la juventud que está bajo su cuidado”.

Después del Syllabus llegó el dogma de la infalibilidad papal.

El 16 de noviembre de 1922 el parlamento italiano eligió a Mussolini con 306 votos a favor y 116 en contra. El grupo católico de Don Sturzo, demócrata cristiano, votó unánimemente por el primer gobierno fascista. En 1932, en Alemania, el Centro Católico de Monseñor Kass, aseguró la dictadura del nazismo.

¿Y qué pasó en España durante ese período? Franco readmitió a la Compañía de Jesús en 1938. En el libro sobre masonería que Franco escribió con el apodo Jakim Boor, en clara alusión a las columnas de la masonería Jakin Boaz, que era la manera que tenía el general de burlarse de ellos, arremetió contra los masones con el siguiente texto:
“España ha cometido el “gran pecado” de haber extirpado de su solar el cáncer masónico que lo corroía, la traición encubierta en sus logias bajo los dictados de los superestados masónicos al servicio del extranjero. Por ello, y por su catolicidad, se ha constituido en blanco de las iras de la masonería atea y polariza las maquinaciones extrañas de que otros Estados se salvan por la condición de masones de sus Jefes de Estado o de la mayoría de sus gobernantes.

“Este es el gran secreto de las vergüenzas de la O. N. U., en que la voluntad de los pueblos se ve suplantada por la omnímoda pasión y compromisos de logia de sus representantes, y esta es la razón de que los asesinos y ladrones de nuestra guerra de Liberación, amparados en la hermandad masónica, disfruten de la benevolencia y de la amistad de los que a sí mismos se titulan representantes de la democracia”.

Y añadía:

“La masonería española se distinguió siempre por su carácter eminentemente ateo y antinacional. La encontramos inspirando al Trono y dominando al Gobierno en la primera expulsión de los jesuitas; se repite con la Reina Gobernadora, cuando el masón Mendizábal pone a su firma el decreto-ley de disolución de las Órdenes religiosas y el latrocinio de sus bienes; domina el Gobierno y las Cortes españolas en los tiempos modernos, cuando de nuevo se disuelve la Compañía de Jesús, se queman las iglesias y le promueven persecuciones. De origen masónico fueron todos los movimientos revolucionarios que en siglo y medio se suceden en nuestro territorio, y los de secesión de nuestros territorios de América, y masones los gobernantes y generales comprometidos en todas las traiciones que mutilaron nuestra Patria”.

Pío XI sería el creador del colegio ruso, puesto bajo custodia de los jesuitas. Aparte de éste, los jesuitas ya disponían en Rusia del Instituto Oriental, el Instituto de San Juan Damasceno, el colegio polaco y el lituano. La idea de estos era volver a la idea inicial de conquistar a los poderosos mediante el adoctrinamiento de la mente.

El sucesor de Pío XII volverá contar con la presencia de asesores jesuitas alemanes. Ya su predecesor, Pío XI, llegó a decir de los nazis: “Europa experimentará estabilidad sólo con la hegemonía de Alemania”. Y añadió: “Los obispos de Alemania, reunidos en Fulda, aprovecharon el discurso de Hitler en Postdam para declarar que debemos reconocer que el gobierno del Reich, que es a la vez líder del movimiento nacionalsocialista, ha presentado declaraciones públicas y solemnes por las cuales se reconoce la inviolabilidad de la Iglesia Católica”.

Von Papen, chambelán privado del Papa, definió perfectamente el pacto entre el Vaticano y Hitler con esta frase: “El nazismo es una reacción cristiana contra el espíritu de 1789”.

No obstante, en 1937, presionado por Inglaterra y los Estados Unidos, condenó las teorías raciales por ser incompatibles con la doctrina y los principios católicos. Hitler cambió entonces de forma radical respecto a la alianza con el Vaticano.

En España, mientras tanto, el Papa excomulgaba a los líderes de la República Española y les declaraba la guerra espiritual mediante la encíclica “Dilectissimi Nobis”. Monseñor Gobara, obispo de Cartagena, llegó a decir: “Benditos son los cañones si en los agujeros que estos hacen el evangelio crece”. Treinta meses antes de que finalizara la Guerra Civil, el Vaticano reconoció el gobierno de Franco, en concreto el 3 de agosto de 1937.

Sería el mismo Franco quien escribiera en la prensa lo siguiente: “Adolfo Hitler, hijo de la Iglesia Católica, falleció mientras defendía el Cristianismo (…) Con la palma del mártir Dios le da a Hitler los laureles de la historia”.

En cuanto a Hitler, éste llegó a decir de los jesuitas: “Aprendí mucho de la Orden de los Jesuitas. Hasta ahora no ha existido en la Tierra nada más grandioso que la organización jerárquica de la Iglesia Católica. Yo transferí a mi partido mucho de esta organización”.

Walter Schellenberg, jefe del contraespionaje alemán, llegó a afirmar: “Himmler constituyó la organización de las SS, según los principios de la orden jesuita. Sus reglas y ejercicios espirituales escritos por Ignacio de Loyola son el modelo que Himmler trató de copiar exactamente”. La sorpresa cabe cuando mirando en la biografía de Himmler nos damos cuenta de este porqué: Himmler había estudiado con los jesuitas. La vida de Himmler acabó en Nuremberg, cuando lo hallaron muerto en su celda.

Pierre Teilhard de Chardin, fue un pensador francés de la primera mitad de nuestro siglo. Y digo ´pensado´ porque las características de su obra no se ajustan a determinada especialidad intelectual.

Pocos pensadores han sido tan incomprendidos; no porque su obra carezca de claridad, sino porque su punto de vista es tan nuevo y poco habitual que choca con la sistemática tradicional, y no se sabe dónde situarlo.

Yo voy a tratarlo como científico, ya que su base es el estudio de los hechos; él mismo afirma situarse en ese plano, aunque luego llegue a conclusiones metafísicas. Nos dice que busca “sólo el fenómeno; pero también, todo el fenómeno”.

Teilhard fue paleontólogo, Profesor de Geología del Instituto Católico de París, y realizador de descubrimientos notables sobre los antecedentes del Hombre, como el Sinanthropus Pekinensis, que le dio renombre en las esferas científicas, realizando para ello numerosas expediciones al lejano Oriente -China, Mongolia, Java, Birmania.

Fue, además, jesuita, y necesitaba armonizar la verdad que le brinda la Ciencia con la del Dogma. Fueron las posibles contradicciones en esa armonía lo que hizo que, al morir, en 1.955, aún no hubiera sido publicada ninguna de sus obras; ese mismo año aparecía ´El Fenómeno Humano´, escrito en 1.940.

Casos como el de Teihard se presenta en los jesuitas. Pero el caso de Teihard de Chardin y otros jesuitas con pensamientos evolucionados, no dejan de ser considerados “garbanzos negros” dentro de los dogmas de la Iglesia Católica.

El poder de los jesuitas sigue instalado en nuestra sociedad. Sin ir demasiado lejos, España cuenta con colegios jesuitas en las 5 provincias en las que ellos dividen nuestro estado, a saber: Aragón, Bética, Castilla, Loyola (vasca) y tarraconense. Un total de más de 100 instituciones, con 5.000 jesuitas trabajando como personal fijo, según datos de su página web www.jesuitas.es. Suyas son, además, la Universidad Pontificia Comillas, La Universidad Deusto, La Universidad Loyola de Andalucía, y la Universidad de San Luis. La fundación o escuela de negocios ESADE también pertenece a la Compañía de Jesús. Además de estos datos se vanaglorian de contar con 78.000 alumnos que cada año son adoctrinados. Dispone de  dos editoriales en las que publicar sus obras, una decena de revistas, y la ONG Alboan.

Ahora que se ha puesto de moda la llegada de un jesuita al trono de San Pedro, con el Papa Francisco, cabe recordar que el primer Papa jesuita, León XIII, dijo: “Sea anatema el que diga que el Espíritu Santo no quiere que matemos a los herejes”.

El ahora Papa Francisco, pero que en el 2010 simplemente era el cardenal Jorge Bergoglio, declaró el 8 de noviembre de ese mismo año por el juicio oral y público por los crímenes contra la Humanidad cometidos durante la dictadura argentina de Videla. Hay una filmación, publicada por el diario Clarín, donde explica durante cuatro horas sobre el secuestro de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics.

Bergoglio apuntaba que comentó a los secuestrados que ‘tomaran medidas prudenciales’ dadas las críticas que recibían ‘de algunos sectores’ y tras el asesinato del sacerdote Carlos Múgica. No hay nada más contra Bergoglio salvo la extraña intuición de algunos sectores argentinos que creen que hay algo más detrás de este asunto.

La situación actual de los jesuitas se encuentra en uno de sus mejores momentos en la historia, con la llegada del actual Papa Francisco, pero no debemos olvidarnos de sus tejemanejes a lo largo de la historia. O como diría el refranero popular, “debemos vigilarlos con el rabillo del ojo”, pues el tiempo ha demostrado que los que fueron son, y que nada cambia cuando se trata de acumular poder.

CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

3 comentarios

  1. Eduardo Salceda

    31 agosto, 2018 a las 07:43

    Una duda. ¿Quién es el emperador Eugenio?

  2. ¿Qué hay de la Universidad Iberoamericana? ¿La IHS está relacionada con algún grupo sionista?

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