El viernes 13 de octubre de 1307 los templarios fueron arrestados en Francia. Siete años después el gran maestre de los mismos, Jacques de Molay, fue quemado en la hoguera. En esos siete años los fugitivos templarios comenzaron a organizarse para escapar de las persecuciones papales.

La simbología templaria continuó en esta sociedad de fugitivos, con el uso del círculo ourobos, ya presente en los suelos de los castillos templarios; el embaldosado blanco y negro de las logias masónicas, que podía verse en el estandarte templario; o el mandil de piel de cordero, propio de la ropa interior de los templarios, y luego convertido en mandil masónico.

El templo inacabado de Salomón de los masones no es otro que la sede central de los templarios, que perdieron a manos de Saladino.

Las 18 galeras que pudieron partir del puerto de La Rochelle, salvaguardando el oro de los templarios, nunca llegaron a América, como intentan hacernos ver algunos escritores; sino que regresaron de nuevo a los mares conocidos con la bandera pirata en sus mástiles. Todavía hoy en día los masones, al pasar al segundo o tercer grado, juran que se hermanarán con piratas y corsarios. Y cuando a un masón actual se le pregunta por este juramento, la respuesta es que no saben de dónde viene, pero que es algo inculcado por la tradición oral. Inclusive cualquier masón admite que el símbolo de la calavera y las tibias es masón, pero no sabe explicar el porqué.

La protección de los fugitivos implicaba que debían guardar celosamente sus secretos, jurando que morirían por ellos. Para los que creen en la teoría de los canteros medievales, ¿qué sentido tendría que un picapedrero jurara morir por guardar los secretos de picar la piedra?

Lo cierto es que el Concilio de Toulousse de 1229 indicaba claramente (y seguía vigente en el tiempo de los templarios), que cualquier hombre que protegiese a un hereje perdería sus propiedades y sería castigado por ello. Los templarios estaban excomulgados y debían protegerse entre ellos con símbolos, señales y juramentos.

El hecho de que los templarios fueran masacrados y torturados por la Iglesia Católica, donde el Papa, el único representante ante Dios que ellos tenían por delante, les fallara, implicó que la sociedad secreta que partió de ellos acogiese a cualquier formación religiosa en sus filas, evitando llamar a Dios de cualquier forma. Para esa sociedad secreta Dios se convirtió sencillamente en el Gran Arquitecto del Universo. Los templarios, cabe recordarlo, contaban con lugares en el templo de Salomón para que sus amigos musulmanes pudieran orar; de todos es sabido su tolerancia religiosa y algunas costumbres paganas que trajeron a Europa, como la adoración de los templarios a la diosa Isis, luego reconvertida por ellos en virgenes negras.

Curiosamente, las logias del rito escocés rectificado tienen como costumbre levantar actas y firmarlas el mismo día de la tenida o reunión de masones, no dejándose jamás para la siguiente tenida. Esta actitud tan reservada se debe a que sólo los presentes aquel día sabrán de lo que se habló en la reunión o tenida; pero los que vengan al siguiente encuentro no. ¿Por qué tanta reserva? ¿De qué tenían miedo un grupo de canteros medievales? ¿O es que no eran canteros, sino una sociedad de fugitivos?

Los templarios que pudieron huir encontraron en Escocia a un rey, Robert Bruce, dispuesto a acogerlos en sus filas para combatir a los ingleses. El mismo hijo de Robert Bruce tenía como protector a uno de los parientes de Jacques de Molay.

Durante las revueltas de los campesinos en la Inglaterra de 1381, su cabecilla Wat Tyler, desciendiente de templarios, confesó, al ser capturado, que pertenecía a una sociedad secreta inimaginable. Todavía hoy en día, en las logias inglesas y escocesas, al cubridor de la puerta de la logia se le llama Tyler.

La revuelta de los campesinos se dedicó a decapitar a curas y obispos, monárquicos, y a quemar los templos de los Hospitalarios de San Juan, respetando aquellos que había sido de la Orden del Temple. Recuérdese que las pertenencias de los templarios, fuera de Francia, fueron a parar a manos de los hospitalarios.

En tiempos actuales los masones tienen tres enemigos: la Iglesia Católica, la monarquía (pues todos los masones son liberales, y en el caso español, ellos fueron los que instauraron la República; de ahí la animadversión de Franco a los masones), y los Hospitalarios de San Juan, ahora conocidos como Orden de Malta.

Después de Wat Tyler, en 1383, aparecieron los lolardos, que estuvieron en la clandestinidad durante dos siglos. Organizados en conventículos y con una red de células por todo el país. Los lolardos, al igual que los templarios y los actuales masones, tenían como patrono a San Juan Bautista, el líder de la iglesia gnóstica. Y sus creencias eran las mismas que las bases de la actual masonería.

Sir Francis Bacon fundó una sociedad secreta, de la que se saben algunas cosas, pero no la rama de la que formaba parte. Bacon publicó todo sobre esta sociedad secreta en 1627, en una obra llamada “La nueva Atlántida”.

En 1660 se fundó la Royal Society por parte de la masonería aún no anunciada. Cuando ocupaba la Presidencia de esta Sociedad Sir Isaac Newton (1703-1727), algunos de sus miembros Masones y profanos se inventaron la Gran Logia de Londres, en el marco de la disputa surgida por la llegada al trono de Inglaterra, en 1714, de Jorge I, perteneciente a la dinastía alemana de los Hannover, la cual debió enfrentar desde el principio la oposición de escoceses, no pocos ingleses e irlandeses, masones y católicos, que querían ver gobernando a Jacobo Eduardo Estuardo, conocido como el Viejo Pretendiente.

A tal punto llegan los canales de comunicación doctrinal con la masonería, que los artículos primero y segundo de las Constituciones de Anderson de 1723 – fuente formal del Derecho Masónico moderno del Simbolismo – son una copia idéntica de sus pares en el Reglamento de la Royal Society. Y a su vez, en esta Sociedad, estas normas, fueron extraídas por sus fundadores de las liturgias de la Masonería escocesa anterior a ella.

En 1717 oficialmente se dió a conocer la masonería, a través de cuatro logias que fundaron una Gran Logia. Era el momento propicio, después de que durante varios siglos Inglaterra estuviera en manos de los católicos. Pero la situación había cambiado. Inglaterra era protestante. Y por fin los masones podían presentarse ante la sociedad, sin temor a ser conducidos a una hoguera.

Después de las presentaciones formales, la sociedad secreta de los templarios fugitivos acabó transformándose en la masonería especulativa o la del estudio. Siguió conservando los tres grados azules de esa sociedad secreta inicial, pero luego introdujos los grados filosóficos y maestros, propios de los tiempos que corrían.

Esa masonería se disfrazó de gremios canteros. Y a partir de ese instante, el compás y la escuadra pudo verse en las reformas de algunas iglesias.

En el caso español la masonería constructiva estuvo vigente a través de los llamados arquitectos modernistas, la mayor parte de ellos masones. Y luego en la república del siglo XX, donde Franco mandaría fusilar a “todos esos rojos masones”, como él los llamaba.

En la actualidad los masones siguen conservando costumbres propias de templarios: uso de los guantes blancos, la base octogonal de las construcciones, las referencias de la piedra bruta del templo de Salomón… O la leyenda de Hiram Abif, con los tres asesinos del mismo, llamados en la actualidad de otra manera, pero que esconden las referencias a los tres enemigos de la masonería: Iglesia Católica, monarquía, y hospitalarios.

El siglo XX fue el de los ataques más sibilinos contra la masonería. Los enemigos de esta sociedad secreta se inventaron historias contra ellos, tildándolos de Iluminatis (cuando los fundadores de los Iluminados de Baviera fueron los jesuítas, los llamados Soldados de Cristo), imaginando un nuevo orden mundial controlado por masones (cuando el llamado Ojo de Horus ni tan siquiera es un símbolo masón), o argumentado que es cosa de sionistas (la estrella de cinco puntas no invertida es masónica, pero la estrella de Sión es de seis puntas). Y en esto último cabe decir que la masonería de Prusia nunca aceptó judíos entre sus filas.

Los enemigos de la masonería que ahora ya sabemos quiénes son, seguirán insistiendo con sus mentiras. Pero la guerra iniciada hace 8 siglos con los templarios hacia sus tres enemigos, y ahora continuada por los masones, todavía no ha terminado.

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