La Odisea de Homero no es solo una historia de aventuras marinas; es, por excelencia, el arquetipo literario del viaje iniciático y el reflejo perfecto de lo que el escritor Joseph Campbell llamó El Viaje del Héroe.

En un viaje iniciático, el protagonista no solo se desplaza en el espacio físico, sino que experimenta una profunda transformación interior. Odiseo (Ulises) empieza siendo un rey soberbio y un guerrero astuto lleno de hubris (orgullo desmedido) que se atreve a desafiar a los dioses. Para poder regresar a su hogar, el universo lo despoja de su ego, de sus hombres y de sus barcos.

Las claves que consolidan este tránsito como una iniciación espiritual y psicológica son:

  • La disolución de la identidad: Frente al cíclope Polifemo, Odiseo debe renunciar a su nombre y llamarse «Nadie». Es una muerte simbólica de su fama y su antiguo yo.
  • La Catábasis (Nekyia): El descenso al Hades (el inframundo) es el núcleo de cualquier rito iniciático. Odiseo debe bajar a la oscuridad de los muertos para consultar al adivino Tiresias; necesita aprender de la muerte para poder recuperar su vida.
  • El Retorno: Cuando por fin llega a Ítaca, ya no es el guerrero arrogante. Regresa disfrazado de mendigo, obligado a soportar humillaciones en su propio palacio, demostrando una paciencia y templanza que antes no poseía. Al purgar su reino y unirse de nuevo con Penélope, el ciclo de maduración se completa.
  • Christopher Nolan parece haber entendido perfectamente este viaje del héroe, esta iniciación en toda regla, ya que los símbolos, los arquetipos están ahí, para descubrirlos, como cuando Calypso le entrega a Odiseo la bebida del olvido. Es más, este viaje del héroe iniciático comienza con ciertos egos para desprenderse de ellos por el camino y perfeccionarte como individuo. En la masonería y otras escuelas iniciáticas, el candidato debe morir a su antigua vida material, descender a la oscuridad (la tierra), adquirir conocimiento geométrico/moral y renacer como un «hombre nuevo». Es una odisea moderna donde los templos ya no son de piedra, sino de celuloide y tiempo.

    En la literatura clásica existe una versión alternativa del mito muy poco conocida por el gran público, escrita por el poeta Estesícoro y el dramaturgo Eurípides. Según ellos, Helena nunca estuvo en Troya.

    El dios Hermes la protegió duplicándola: envió un fantasma hecho de nubes (eidolon) con Paris a Troya, mientras que la verdadera Helena fue escondida en Egipto, protegida por el rey Proteo. Los griegos y los troyanos se mataron durante diez años por una ilusión, mientras la auténtica belleza y sabiduría residía en la tierra de los faraones. En Egipto, Helena terminó siendo adorada bajo el sincretismo de Hathor e Isis.

    En la tradición hermética, masónica y alquímica, la Isis Negra es un símbolo crucial:

  • Representa la Materia Prima, la tierra negra y fértil del Nilo (Kemet), donde se gesta toda la transformación espiritual.
  • Es la personificación de la Sabiduría Oculta (Sofía), el conocimiento que está velado a los ojos de los profanos y que el iniciado debe desvelar («Yo soy todo lo que ha sido, es y será, y ningún mortal ha levantado mi velo»).
  • Es el origen directo del culto medieval a las Vírgenes Negras, guardianas de secretos alquímicos y geométricos en las catedrales construidas por los gremios de constructores (antecedentes de la masonería).
  • Si cruzamos esto con el viaje iniciático del que hablábamos, que el héroe busque a una «Helena» que en realidad es la Isis Negra, significa que la meta del viaje no es poseer a una mujer hermosa (lo material), sino alcanzar la iluminación y descifrar los misterios de la naturaleza (lo espiritual).

    Nolan cita, en repetidas ocasiones, dentro de su Odisea, que Grecia desaparecerá con los Pueblos del Mar, los enemigos de los judíos, los Philistia, los que actualmente ocupan la actual Palestina. Y no, Nolan no es judío, sino de raíces católicas, pero quiere darnos a entender cómo todas las civilizaciones nacen y mueren.

    En definitiva, porque podría extenderme mucho más, «La Odisea» de Christopher Nolan es un cuento precioso, apto para unos pocos que sabrán rascar más allá de su superficie (siempre habrá quien hable de cine woke, la Helena negra sin entenderla y la diversidad de los personajes). Pero quienes transciendan ese velo se van a quedar maravillados con este viaje. Nolan se merece un Óscar por ello.

    CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.