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KUKULCAN, ¿MITO O REALIDAD?

Queda dicha la ida de Kukulcán, de Yucatán, después de la cual hubo entre los indios algunos que dijeron se había ido al cielo con los dioses (…) Y que después de su vuelta fue tenido en México por uno de sus dioses”. Diego de Landa. Relación de las cosas del Yucatán. He aquí que te presentamos las últimas investigaciones sobre la realidad o mito del dios blanco Kukulcán.

Mulchic es una ciudad perdida de los mayas, de la que muy pocos saben su ubicación, limitándose a la población maya yucateca como los únicos que conocen cómo llegar hasta ella.

Mulchic se encuentra en la región Puuc de la selva de Santa Elena, muy cerca del conocido yacimiento arqueológico de Uxmal. Se considera que esta ciudad fue un gran centro ceremonial entre los años 600 y 800 d.C.

Me encontraba en este lugar, después de haber recorrido cientos de metros de selva a golpe de machete, intentando geolocalizarla con el GPS para darlo a conocer a la Sociedad Geográfica Española, cuando observé los glifos de la serpiente emplumada y algunos cascabeles en estas ruinas. Por cierto que esta ciudad quedó referenciada en las coordenadas N20.33027, W89.65933.

La ciudad está totalmente devastada por la vegetación de la selva, contando con varias estructuras, entre ellas el enorme templo de 300 metros cuadrados que todavía sigue en pie. La crestería todavía está intacta y es posible ascender hasta ella, con representaciones en estuco de animales, dioses y figuras humanas en sus escalinatas.

El último registro arqueológico que se dio en este lugar fue hacia el 1960, cuando un grupo de arqueólogos, arrancó literalmente los frescos de sus paredes, donde se representaban escenas de sacrificios humanos y actos de guerra, trasladándose todo hacia el museo de Mérida. Desde entonces no se tiene constancia de más visitas a este lugar.

Con estas premisas me introduje en el interior del templo, inexplorable hasta la fecha, cuando contemplé de nuevo los signos de Kukulcán. Tan fascinado estaba observándolos que no me fijé en la enorme cantidad de avisperos que allí se hallaban, hasta que fue demasiado tarde. Cientos de avispas se dirigieron hacia mí, saliendo disparado del lugar, no sin antes haberme llevado cerca de 30 aguijonazos en mi espalda. Un dolor insoportable me tuvo todo el día masticando antihistamínicos.

La aventura mereció la pena, pero me dio qué pensar sobre el dios Kukulcán.

Para los mayas hablar de Tula es mencionar sus orígenes. En náhuatl, una de las lenguas de los aztecas, Tollan-Xocotillan fue la capital de los toltecas, que ellos llamaban Tula, y los toltecas Tolla. Se dice que los toltecas aparecieron en el siglo X, provenientes de una tribu Chimicheca procedente del norte, conducida por un rey llamado Miscoatl. Para los mayas, los toltecas eran los grandes artesanos, aparte de que ellos fueron quienes trajeron a la figura de Quetzalcoátl, al que luego los mayas denominarían Kukulcán.

Los toltecas fueron quienes comenzaron a introducir en la arquitectura de Teotihuacán los atlantes de 4,6 metros, y que también pueden verse en las ruinas de Tolla-Xocotillan.

Para la mitología mesoamericana Tollan fue la ciudad gobernada por Quetzcalcoátl, la llamada Serpiente Emplumada de la que luego hablaremos. Lo curioso es que los mayas ampliaron la historia de este extraño dios, argumentando que Kukulcán provenía de la ciudad de Tamoanchan, en el reino de Tollan, donde este dios y la diosa Quilatzli llevaron los huesos sagrados con los que se hicieron los primeros hombres.

La historia de Kukulcán es cuando menos interesante. Dios-hombre barbudo que vivía en el reino de Tollan (o Tula), donde se cultivaban algodones de colores y maíz de calidad, en eterna paz. Sin embargo, el dios rival Tezcatlipoca, lo embriaga con una bebida de pulque, lo que le lleva a cometer incesto con su hermana Xochiquétzal. Cuando se da cuento de lo sucedido, el propio Kukulcán, avergonzado, se exilia, prometiendo regresar en un día idéntico al que había nacido, en una fecha de katún, 1 Acatl.

El final de Kukulcán tiene diversas interpretaciones, según los glifos encontrados. La mayoría está de acuerdo en que se dirigió hacia el Atlántico, donde había estado su reino desaparecido, Tula, llegando hasta la desembocadura del rio Goassacoalco. Es aquí donde las tradiciones divergen, pues para algunos desapareció sin más, otros creen que se auto inmoló en una pira funeraria, y una tercera corriente habla de que embarcó en un “barco de serpiente” con los suyos y desapareció para siempre en el mar o el aire (pues también era dios de los vientos).

Dado que Quetzcalcóatl-Kukulcán anunció que en un día de katún vendrían hombres blancos y barbudos, iguales a él, llegados de Oriente, para vengarlo de Tezcatlipoca y así conquistar el país, la llegada de los conquistadores españoles confundió a Moctezuma que, al principio, los identificó como descendientes de Quetzcalcoátl-Kukulcán.

Sobre que el rey de los toltecas fue de raza blanca no hay duda para muchos arqueólogos. Fue él quien introdujo en dos decenios su cultura, fue él quien trajo el calendario de 365 días, fue él quien mostró a los toltecas cómo trabajar la cerámica (pues hasta ese momento no cocían el barro). Es decir, se trata de un personaje real que vino del este y se fue por el este. Queda excluida la posibilidad de un mito solar, pues si así fuera, el dios habría desaparecido por el oeste.

Jerónimo de Mendieta, en 1554, escribe sobre él, habiendo escuchado esta descripción a los indígenas: “Era hombre blanco, crecido de cuerpo, ancha la frente, los ojos grandes, los cabellos largos y negros, la barba grande y redonda…”. La misma descripción análoga que hará más tarde Pedro Cienza de León en su “Crónica del Perú” sobre el dios Viracocha.

El nombre le viene dado porque el quetzal es un pájaro centroamericano de plumaje verde. ¿Y lo de serpiente? Porque como hombre-dios que era lo asociaban a la serpiente cascabel, dado que era capaz de aniquilar y fulminar a cualquiera como si de una serpiente cascabel se tratase. A este respecto hay que acudir a los estudios de José Díaz Bolio, estudioso yucalteco, que opinaba que este animal, capaz de dar muerte con el menor esfuerzo, era reverenciado por los mayas, adoptándolo en formas de crótalo, la marca circular del chic-chan y su característico dibujo cruzado, y con el símbolo de los cascabeles en diversas formas estilizadas. Para Díaz Bolio la Piedra del Calendario azteca, donde el conjunto está abrazado por dos serpientes de cascabel, alude al dios Kukulcán, capaz de dar muerte a un simple gesto suyo. Para Díaz Bolio toda serpiente emplumada es, en realidad, una serpiente de cascabel (Tzab-cán para los mayas).

Las descripciones toltecas de Quetzcalcoátl-Kukulcán nos hablan de un hombre blanco, de elevada estatura, barbudo, donde para algunos lleva un enorme vestido blanco (similar al de los mayas, los huipiles), un poncho de cruces coloradas,  sandalias y un báculo en su mano. La versión más primigenia nos habla de un Quetzcalcoátl-Kukulcán con una casaca de tela negra y tosca, mangas cortas y anchas, y un casco ornamentado con serpientes en su cabeza.

¿Fue el único hombre blanco de su época? Pues no, Itzamná (o Zamná) fue mencionado por los mayas, como un extraño sacerdote, venido de Oriente. Dio a la población maya ritos, leyes, y escritura; y enseñó las artes medicinales de las plantas y cómo curar con ellas. Se estableció en Chichen Itzá hacia el 525 d.C. A esta migración de Itzamná y los suyos los mayas la conocen como “la primera bajada”. La “segunda bajada” en realidad tuvo lugar después, cuando una tribu extraña, llegó del sur.

Itzamná fundó ciudades como Ek Balam, Izamal, Motul y T’Hó (actual Mérida, fundada en 1542). Este dios blanco les mostró cómo trabajar el Ki, el henequén de México, para la confección de cuerdas, cordones, alfombras y tejidos.

Llegados a este punto cabe hacerse algunas reflexiones.

Los egipcios primero tuvieron un año de 12 meses con 30 días, al que posteriormente tuvieron que añadir 5 días complementarios o epagómenos, como así los llamaban los griegos, cuando se celebraban los nacimientos de Osiris, Isis, Horus, Neftis y Set. Esto se justificaba con el mito de Nut, la Diosa del cielo que había sido infiel a su esposo Ra, el dios del sol.

¿De dónde tomaron el calendario los egipcios? ¡De los caldeos! Curioso que la llamada Fuente Magna de Bolivia, descubierta en el siglo XX por un agricultor, a orillas del lago Titicaca, presente caracteres cuneiformes muy similares a los caracteres de la escritura protosumeria de Tell-Bruk en Irak.

Añadamos, además, que el calendario de los mayas, el Haab es de 365 días, dividiendo el año en 18 meses de 20 días (pues el sistema matemático de los mayas es vigesimal), dando un total de 360 días. Como faltan 5 días para completar el ciclo anual, los 5 días restantes los mayas los llamaban días nefastos (Uuayeb). Y este calendario, el Haab, fue traído del este por Kukulcán.

Otro dato interesante lo constituye el altorrelieve “La reina de la noche”, del imperio babilónico, bajo el reinado de Hammurabi, precursora de la diosa griega Atenea, que siempre se representaba tanto por babilonios y griegos con alas y acompañada de lechuzas y leonas.

La cabeza de lechuza de la cultura de San Agustín, en Colombia, fue el comienzo de un culto a una diosa acompañada de lechuzas. Pero es que los mayas parecen beber de fuentes griegas. Sentado en la selva de Santa Elena, sólo me cabe observar el cielo, distinguiendo en el cielo dos enormes estrellas, Cástor y Pólux, de la constelación de Géminis, los dioses dióscuros, hijos de Zeus. Los mayas los llamaron Hunahpú e Ixbalanqué, que nacieron del encuentro entre Hun-Hunahpú y la doncella Ixquic en las cavernas de Xibalbá. Y el mito es muy similar.

Chichen Itzá tiene en muchas de sus columnas dibujadas las figuras de guerreros que acompañaron a Itzamná con extraños cascos en sus cabezas y siempre son barbados. Parece ser que compartieron la ciudad con las itzaes. A estos insólitos guerreros los arqueólogos de Chichen Itzá los llamaron “chanes”. Los chanes llegarían a enfrentarse a los itzaes, que huyeron hacia el Petén, Guatemala, donde se refugiaron.

Tengamos siempre presente que según el libro de los mayas, el Popol-Vuj, el dios de la serpiente emplumada es anterior a la creación maya, que se sitúa en agosto del 3114 a.C. según la correlación de Thompson. Esta fecha coincide con el momento en que los sumerios usan la escritura cuneiforme, según las muestras datadas del templo de Uruk.

Sumerios y mayas concuerdan, de igual forma, en el mito del diluvio; en el caso que nos ocupa enviado por el dios Huracán para destruir a los primeros hombres que habían enfurecido a los dioses. Porque, cabe recordar: “Que Quetzcalcoátl ido que fue de Cholula, a pocos días sucedió la destrucción y asolamiento referido a la tercera edad del mundo, y entonces se destruyó aquel edificio tan memorable y suntuoso de la ciudad de Cholula, que estas gentes edificaban casi con los mismos designios, deshaciéndole el viento”. Aquí, apuntamos un párrafo de “Historia de la nación Chimicheca” de Fernando de Alva, en 1580, que nos recuerda a la historia de la torre de Babel, por la cual dios o dioses se habían enfadado con el hombre.

El diluvio universal está presente en las culturas más dispersas del mundo: escrituras védicas de la India, diluvio de Poseidón según los griegos, tradiciones de los indios amerindios mapuche, la escapada de los pascuenses huyendo de la inundación del continente de Hiva, los incas con un Viracocha que destruye a gigantes mediante un diluvio, la tribu moussaye africana del Chad, el dios Taino Yukiyu que crea una gran inundación para Puerto Rico, y tantos otros. Pero me dejo para el final una historia muy coincidente con la Quetzcalcoátl, la de la mitología guaraní de América del Sur y su dios Jeupié, que al cometer incesto, copulando con su hermana, fue castigado por los dioses con un gran diluvio.

No nos olvidamos de la segunda corriente de migración maya, que vino del sur, la cual pudo traer consigo algunas costumbres y nuevos mitos, y la mezcla de la raza de los polinesios con los toltecas.

Una reflexión final nos lleva hasta una conclusión que parece transportarnos a las diversas visitas de pueblos de raza blanca a Mesoamérica, procedentes del este, de ese lugar que reconstruyeron como Tula, y que parece ser el mítico reino de Platón en sus diálogos de Critias y Timeo. ¿Cómo se entiende  que a ambos lados del Atlántico, al igual que otras culturas, recuerden y compartan mitos similares adaptados, si no es que fueron compartidos en un pasado remoto? ¿No será que como bien decían los egipcios su procedencia partía del camino de Ptah, mientras que para los mayas ese reino de blancos fue conocido sencillamente como Tula?

LOS SACRIFICIOS HUMANOS

El fondo de la cuestión es la lucha entre una casta pacífica y culta, observante del rito y la cronología venusina, y enemiga de los sacrificios humanos, con la masa guerrera, inculta y sanguinaria que principalmente adoraba a la Luna (Tezcatlipoca), conservando muchas afinidades con los bárbaros chimichecas”. Este texto de Enrique Juan Palacios, arqueólogo, en 1920, nos viene a dar entender el hecho de dos facciones enfrentadas, la de Quetzalcoátl, que abogaba por el pacifismo, y su contrincante, Tezcatlipoca, que introdujo los sacrificios humanos.  Jerónimo de Mendieta añade: “Quetzacoátl nunca quiso ni admitió sacrificios de sangre de hombres ni de animales, sino solamente de pan y de rosas y flores, y de perfumes y flores”. Aquel hombre de raza blanca no aceptó los sacrificios humanos que, por desgracia, serían adoptados posteriormente por los mayas para su culto al dios Luna.

TENOCHTILAN

Los aztecas fundarían su civilización en la primera área pantanosa donde vieran un cactus arriba de una roca, y sobre él, un águila engullendo una serpiente.

Así después de vagar por todo el territorio del actual México, llegaron al lago Toxcoco, y se instalaron en el lugar que cumplía esta profecía, como el elegido por los dioses, fundando su capital, Tenochtitlan en el año 1325.

La región lacustre del Texcoco se convirtió en una zona fértil, gracias al ingenio de los aztecas,  que vieron grandes posibilidades para el desarrollo de la agricultura, de la pesca y del comercio.

Los aztecas introdujeron técnicas agrícolas asombrosas, destacando entre ellas la conocida como técnica de chinampas. Esta técnica de agricultura intensiva consistía en la construcción de islas artificiales por medio de cortezas que sujetaban extensiones de arena, tierra y cultivos, y cría de animales domésticos.

Al poco se adecentaron las orillas del lago, se construyeron islas artificiales para sostener cultivos, se construyeron calzadas, puentes y acueductos, así como un complejo sistema de canales para el traslado y comercialización de sus productos por todo el territorio.

Los aztecas siempre comentaron que todo lo habían copiado de sus ancestros, cuando Quetzacoátl les dejó escrito cómo se vivía en Tula.

HISTORIA DE BARCELONA SIN MISTERIOS

En el año 575 los griegos llegan a las costas catalanas, estableciéndose estos en Emporión, conocido ahora como Empúries. Estos griegos se tropezaron ya entonces con los íberos, que trabajan en agricultura y ganadería, y en extracción de hierro, plata, cobre y oro. Los íberos acuñan monedas desde el siglo III a.C. con la inscripción Barkeno, refiriéndose al lugar que ahora ocupa Barcelona. Los íberos layetanos se despliegan desde la desembocadura del Llobregat hasta la población de Blanes, teniendo un alfabeto totalmente diferente al resto de los íberos, compuesto por 28 signos y escribiéndose de izquierda a derecha, todo lo contrario de las zonas meridionales españolas.

Sin embargo, el mito de la fundación de Barcelona se remonta a Hércules, cuando con Jasón y el resto de los argonautas, éste parte en busca del Vellocino de Oro hacia la Cólquide. La novena nave de esta flota (la barca nova o nona) se pierde en una tormenta cerca de la costa barcelonesa y Hércules descubre la embarcación de Cástor y Pólux, los gemelos dioscuros, en una bahía al lado de una pequeña loma, dando nombre a la ciudad, Barca Nona.

La realidad es que en el año 219 a.C. Aníbal Barca, cartaginés, celebró la victoria sobre Sagunto y sus combates contra los layetanos, fundando la ciudad de Barca Nova. En el 211 a.C. Escipión el Africano, hijo de Publio Cornelio, reconquista la Ciudad Condal de mano de los cartaginenses.

Bajo el dominio de César Augusto se fundan pequeñas colonias: Ilerda (Lleida), Baetulo (Badalona), Gerunda (Girona), Tarraco (Tarragona, inicialmente llamada Cese por los íberos costeanos). Hacia el siglo I a.C. los romanos se establecen junto a la montaña de Montjuïc y la desembocadura del río Lubricatus (actual Llobregat). La colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino se sitúa en el centro de una gran planicie de dimensiones no muy grandes, pero que puede defenderse bien. Colocan dos calles principales, el Cardus y el Decamanus, en las cuales entrecruzándose se instala el foro (actual Plaça Sant Jaume). Y junto a ésta un templo, no dedicado a la figura del emperador Augusto como mal se comenta, sino uno de 17 metros de altura y 35 de longitud, con 6 columnas principales.

Las murallas de Barcino son de 8 y 10 metros de alto, con un foso situado frente al muro. Hay cerca de 78 torres que protegen esta muralla de contención. Pero ellas no pueden con los visigodos, cuando en el siglo V el mundo romano se viene abajo. Teodosio atraviesa Barcino en el 410. Maximo, el emperador, con capital en Barcino, es capturado y ejecutado. El rey godo Ataulfo entra en Hispania y la conquista por completo. Gala Placidia, hermana del emperador, se casa con Ataulfo. Le siguen a éste Sigerico, Alarico II (que funda el reino de Tolosa que será depuesto cuando el franco Clodoveo le derrota en una batalla), Amalarico, Teudis (que asesinará a su predecesor y llama a su nuevo territorio Septimanía), Teudisclo (que acaba con la vida de Teudis), Leogovildo (que convierte a Toledo en su capital), Recaredo, Wamba (que tiene que sofocar a los guerreros vascos que buscan su independencia), y el último de los grandes reyes visigodos, Witiza.

En el 711, por el río Guadalete, llega Tariq ibn Ziyad, que subiendo hasta Narbona, logra conquistar toda Septimanía en el 725. No obstante, Carlos Martel, el rey franco, logra derrotar a los musulmanes en la batalla de Poitiers, estableciéndose la Marca Hispánica como frontera de guerra.

El Califato de Córdoba se pierde cuando Abu Amir Muhammad ibn Abi Mir (llamado popularmente Almanzor) saquea Barcelona y se hace con ella en el 714.

Carlomagno emprende la conquista de Septimanía, conquistando previamente Carcassona y Narbona en el 800, atacando a continuación Lleida y Huesca. Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, conquista Barcelona ese mismo año.

Una vez consolidada Barcelona los francos optan por instaurar un sistema de condados. El nombre de Cataluña proviene de la gran cantidad de castillos que se alzan en este territorio durante los siglos IX y X. A principios del siglo XII la lengua catalana, proveniente del latín, ya se utiliza como forma de contacto, antes incluso de que se formara cualquier nación hispánica.

El primer conde de Barcelona es Bera (801), al que le suceden Sunifred (844), Guillem (848), Odalric (852) y Guifré el Pilós (878). Guifré II (897) se quedará sólo como conde de Barcelona y Girona, bajo la protección de los francos, mientras los musulmanes vuelven a recuperar todo el control de la Hispania.

Hacia el año 978 Suliman Almanzor ataca Barcelona y hacia el 982 Girona. Barcelona capitula en dos días de asedio. El Conde Borrel II la reconquista varias veces.

Le siguen a éste, en el 1017, el conde Ramón Berenguer I, y luego Ramón Berenguer II, que se enfrentará al Cid Campeador en su lucha por la conquista de Valencia. Su sucesor, Ramón Berenguer III, templario, se anexiona la Cerdaña.

Ramón Berenguer IV se casa con Petronila, hija de Ramiro II de Aragón, uniéndose bajo el dominio de la Casa de Barcelona y creándose un estado nuevo en el 1150. El primer conde-rey será Alfonso I de Cataluña, el heredero.

La unión entre Cataluña y Aragón queda resuelta con Jaime I, que llama a este estado Corona de Aragón y Cataluña. Antes de morir, Jaime I divide la corona entre sus hijos. Jaime II decreta el Privilegio de la Unión por el que se establece que la persona que sea rey de Aragón también lo será de Valencia y el condado de Barcelona.

Pedro el Grande se casa con la infanta Constanza de Hohenstaufen, princesa siciliana descendiente del imperio alemán, y añade Sicilia a la corona. En el 1266 Carlos I de Anjou había decidido anexionarse Nápoles, con el beneplácito del papa Martín IV. Este mismo Papa, cuando ve lo que su sucesor, Pedro el Grande, hace con su boda, excomulga al monarca y entrega la corona catalano-aragonesa a Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia.

La pretensión de invadir Cataluña es frenada por el templario Roger de Llúria, en la bahía de Roses. Las fuerzas francesas se retiran a Perpiñán.

Pedro el Grande divide el reino para sus hijos. A Alfonso II le corresponde Aragón, Cataluña y Valencia; y su hijo Jaime II, Sicilia. No obstante, al morir prematuramente Alfonso II, el propio Jaime II se quedará con todo. A su muerte, el hijo, Alfonso III, se casa con Leonor de Castilla para restablecer la alianza con la corona castellana.

Pedro III, el Ceremonioso, será el último conde de Barcelona, enfrentándose en una guerra continua contra Castilla. Enrique II de Castilla acabará con Pedro I de Castilla. El Ceremonioso confisca el reino de Mallorca a Jaime III, su cuñado, en la batalla de Llucmajor, en 1349.

El sucesor será Juan I que a su vez no dejará descendencia, pasando los reinos a Martín I el Humano (1396-1410). Este rey será quien acoja a Benedicto XIII en Barcelona con el cisma del Concilio de Pisa en 1409. Martín el joven será enviado a Cerdeña a paralizar una rebelión y muere en el 1409 víctima de una enfermedad. El rey se casa con Margarita de Prades, pero no tendrá descendencia, y fallece sin dejar sucesor. Con él desparecerá la dinastía de Barcelona sobre la corona.

Tras las deliberaciones de Caspe, en marzo de 1412, Benedicto XIII nombra a Fernando de Antequera como rey de la Corona de Aragón con el nombre de Fernando I, desde 1412 a 1416. A la muerte de éste llegará Alfonso V el Magnánimo, desde 1416 al 1458. Juan II, el hermano, reinará desde 1458 a 1479 enfrentándose continuamente a su hijo Carlos de Viana; será éste quien se alíe con el rey francés Luis XI para asediar Barcelona y Girona que son contrarias a su poder. La Generalitat de Catalunya ofrecerá la corona a Pedro de Portugal.

Juan II pide ayuda a Castilla, y formaliza una alianza con el matrimonio de su hijo Fernando con la infanta Isabel de Castilla. Cuando muere Juan II en el 1479, después de recuperar Barcelona el 10 de octubre de 1472, Fernando II el Católico reinará en la Corona de Aragón desde 1479 al 1516. Fernando recuperará el Rosellón y la Cerdeña de manos francesas, y los territorios de Al-Andalus.

Cuando el 26 de noviembre de 1504 muere en Medina del Campo la reina Isabel de Castilla, Fernando se hace con el control total de los reinos, y aunque Juana había sido designada reina de la corona castellana, en el 1509 Fernando el Católico la encierra llamándola “la loca”. Fernando el Católico morirá el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo.

El siglo XV y XVI son los años de la decadencia de la Corona de Aragón, cada vez más castellanizada. Son los años de la peste, con una mortalidad del 45% de la población. Además de esto, en el 1620 la Corona reclama a Barcelona la quinta parte de los ingresos municipales. La Guerra del Rosellón contra los franceses origina que los catalanes se quejen de dar alimento a más de 12.000 soldados permanentes en la ciudad de Salses.

La corona hace prisionero al diputado Francesc de Tamarit por rechazar los planes de la Corona. El 22 de mayo de 1640 los Segadores del campo entran en Barcelona y liberan a Francesc de Tamarit. Comienza entonces la batalla “dels Segadors”, donde el famoso Cardenal Richelieu ofrece la formación de una república catalana en 1641, proclamando a Luis XIII de Francia conde de Barcelona y Cataluña.

En 1651 las tropas reales asedian Cataluña, pero un año después Barcelona se rinde ante Felipe IV. En 1659 se firma la paz de los Pirineos, donde se establece como frontera entre España y Francia las propias montañas de los Pirineos.

Los catalanes deciden entonces apoyar al archiduque Carlos de Austria en la sucesión de la Corona. El 22 de agosto de 1705 Felipe IV llega a Barcelona con 50 barcos ingleses. El 7 de noviembre de 1705, el archiduque rinde las tropas franco-españolas, y es nombrado conde de Barcelona con el título de Carlos III.

Felipe V se plantará con 25.000 hombres a las puertas de Barcelona el 2 de abril de 1706, y el 11 de septiembre de 1714 la Ciudad Condal capitula. Inglaterra, de todas formas, se quedará con Gibraltar, Menorca y la isla de Sicilia, que formarán parte del reino de Saboya. Menorca no se entregará a España hasta el Tratado de Amiens en 1802, con el fin de la guerra entre Inglaterra y Francia.

Felipe V reprime Barcelona construyendo una enorme Ciudadela militar, destruyendo un barrio entero para ello. Felipe V suprimirá la lengua catalana e impondrá el castellano como norma.

El 17 de octubre de 1897 se firmará el tratado entre la Corona española y Napoleón, conocido como el Tratado de Fontainebleau, por el que se permite el paso de las tropas francesas por el territorio español para la supuesta conquista de Portugal. Sin embargo, en 1808 se establecerán en Valladolid, Burgos y Barcelona. Fernando VII se hará con el poder, pero pronto renunciará a favor de José Bonaparte. Comienza la Guerra de la Independencia, que en Cataluña se conoció como la Guerra del Francés.

A inicios del 1812 el invasor francés retrocede, y en diciembre de 1813 firma el pacto de Valencia según el cual Fernando VII reina en España. Años después, el 7 de abril de 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis (o sea el ejército francés al mando de Luis Antonio de Borbón) penetran en España por el Bidasoa y se reanudan las contiendas. Recuperada la corona por parte de Fernando VII, en el año 1829 se casa con María Cristina de Borbón, que se quedará como regente a la muerte de su marido, en mitad de la llamada revolución liberal (1833-1843). La cosa termina con un militar, Espartero, asumiendo la regencia en 1840.

Un último levantamiento contra Espartero, derrotado finalmente por Narváez, en 1843, hace que se exilie en Londres, declarándose a Isabel II mayor de edad y regenta de España, y proclamándose una nueva Constitución.

El 17 de septiembre de 1868, en Cádiz, el General Prim destrona a Isabel II. El 11 de septiembre de 1873 se proclama la Primera República Española, tras la abdicación de Amadeo I de Saboya. Pero en 1874 el General Pavía entra en las Cortes y se restaura la Monarquía. El 28 de diciembre de 1874 Martínez Campos realiza un pronunciamiento en Sagunto a favor del hijo de Isabel II, Alfonso.

El 9 de enero de 1875, el rey Alfonso XII llega a Barcelona para establecer el orden. Y el 7 de noviembre de 1893 los anarquistas colocan una bomba en el Liceo barcelonés.

En julio de 1909, durante el reinado de Alfonso XIII, y en protesta por el apoyo que se da con la plebe a las rebeliones cubanas, que cuentan con la ayuda de la Iglesia Católica, los movimientos populares dan lugar a la llamada Semana Trágica, con la quema de conventos e iglesias por toda Barcelona.

Ese mismo se envía tropas reservistas a combatir a la zona del Rif para contener a los marroquíes. El 6 de abril de 1914 se constituye el primer gobierno de la Mancomunitat de Cataluña, presidido por Prat de la Riba. Y el 11 de septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera lleva a cabo un golpe de estado.

Una vez en el poder, Primo de Rivera, después del éxito de la Exposición Universal de 1888, cree que una nueva exposición será beneficiosa para su gobierno, y él y la familia real inauguran una nueva Exposición Universal en Montjuïc, el 19 de mayo de 1929.

El 14 de abril de 1931, Alfonso XIII y su familia se embarcan en Cartagena hacia el exilio. Y se declara a continuación la Segunda República, con Lluís Companys, como alcalde de Barcelona. El 6 de octubre de 1934, Companys sale al balcón de la Generalitat de Cataluña y proclama el Estado Catalán de la República Federal Española. El 31 de octubre de 1937, Negrín traslada el Gobierno central a Barcelona. La Guerra Civil ya ha comenzado.

Entre 1937 y 1938, las bombas italianas de los aviones prestados por Mussolini al General Franco, destrozan el Barrio Gótico de Barcelona. El 26 de enero de 1939 Franco llega a Barcelona, evacuando Companys a todo su gobierno hasta Girona. La República se reunirá por última vez en Figueres el 6 de febrero. Se declara el final de la guerra un 1 de abril de 1939.

La muerte del almirante Carrero Blanco, por parte de ETA, el 20 de diciembre de 1973 acaba con las esperanzas de los franquistas de continuar su régimen. El 20 de noviembre de 1975 muere el General Franco.

Carlos Arias Navarro, Alfonso Suárez en la transición, y la recuperación de la Corona para Juan Carlos I, como nuevo rey de España, dan pie a que Josep Tarradellas vuelva a Barcelona un 23 de octubre de 1977 y se proclame Presidente de la Generalitat.

En 1980 ganarán las elecciones catalanas CIU, lo que coloca a Jordi Pujol en el poder. Y en octubre de 1983 se da por finalizada la transición española, llegando al poder el PSOE, con Felipe González como nuevo presidente.

El 25 de julio de 1992 se celebran la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, Y después de alternarse los gobiernos entre socialistas y derechistas, el último gobierno derechista se instaura en el poder en noviembre del 2011. Felipe de Borbón se prepara para convertirse en rey de España.

ARKAIM, LA CIUDAD DE LOS DIOSES (y II)

Al sur de los Urales, cerca de la frontera con Kazaksthan, la ciudad de Arkaim sorprende a los arqueólogos por su estructura en forma de anillos concéntricos, su orientación astronómica, el culto a la esvástica, y su escritura en sánscrito védico.

Situada en los montes Urales, había leído bastante sobre esta ciudad prehistórica del 1700 a.C. y su culto a la esvástica. Lo malo de este tipo de informaciones es que vienen sesgadas por Internet y muy contaminadas por impresiones personales. Así que decidí averiguar la verdad sobre los descubrimientos y misterios que allí se encierran, y pronto acabé descubriendo por qué ningún español se había atrevido a hollar aquellas latitudes.

Rusia no es un país fácil. Hay que solicitar un visado que requiere una invitación procedente de este país, ya sea desde un hotel o un particular, aparte un seguro médico. Luego está el inconveniente del idioma; uno cree erróneamente que con el inglés se va a todas partes. Pero más allá de Moscú, al sur de la antigua Unión Soviética, una vez descendemos en el aeropuerto de Magnitogorsk y ponemos rumbo a la frontera con Kazaksthan, sólo se habla ruso; en el mismo aeropuerto pude comprobarlo. Con mi escaso ruso aprendido meses antes en una escuela de idiomas, llegó otro problema, hay que registrarse cada tres días en la Oficina de Visado del Servicio Federal de Migración, aparte de llevar contigo la tarjeta de inmigración con fecha de entrada y salida que te expiden nada más pisar la nación. El inconveniente estaba en que los poblados próximos a Arkaim, pues no hay ciudades, no cuentan con hoteles; así que tuvimos que hospedarnos en la casa de un conocido, convertida en nuestro hotel particular. Y sin hotel que nos registrara en el SFM eso significaba que un encuentro con la policía podía implicar la deportación del país y una cuantiosa multa. Ahora entendía por qué los españoles no se dirigían al sur.

Por su proximidad a Ufa, ciudad vetada a los extranjeros, ya que aquí se almacenan los útiles necesarios para proteger a la población de una hipotética Tercera Guerra Mundial, conviene no aproximarse por esta zona, si uno quiere visitar los asentamientos prehistóricos de los Urales sin llamar la atención de la policía.

Esta región, conocida como “Tierra de las Ciudades” se ciñe al período de la Edad de Bronce, contemporánea de otras culturas como la egipcia o la minoica. Fue descubierta en el 1987 por un equipo de científicos de Chelyabinsk, a las órdenes de Gennadi Zdanovich. Lo que localizaron les dejó impresionados, pues los utensilios y las cerámicas parecían corresponder a un puente entre Europa y Asia, una mezcla de civilizaciones, adoradora de la esvástica, o sea aria, bajo una única ciudad-estado que evoca las leyendas de la Atlántida de Platón.

La primera vez que los arqueólogos se encontraron con algo parecido fue en Sintashta, también próximo a Chelyabinsk, la ciudad de los carros, donde se creé erróneamente que se inventaron los mismos, para luego expandirse por Mesopotamia y Egipto. Pero la verdad es muy distinta, ya que en nuestra visita al desierto del Tassili, en Argelia, hace unos años, pudimos constatar la presencia de pinturas rupestres de carros con una datación isotópica anterior al 5000 a.C. Estos indoarios ya adoraban la figura de la esvástica, como así se aprecia en las cerámicas encontradas.

Pero lo más curioso de Arkaim es su disposición en forma de un asentamiento de cabañas, totalmente fortificado y circular, con anillos de agua (o canales) que la rodeaban. Hoy en día todo lo que quedan son sus ruinas, y desde que en los años 90 se abandonaron las excavaciones, la maleza ha vuelto a hacer acto de presencia, ocultando el lugar casi en su totalidad; solamente puede verse su forma geométrica a vista de pájaro.

Los artefactos de sus cementerios próximos revelan armas de bronce, y algunos extraños ídolos. Uno de los que encontramos sugiere un enorme falo con rostro, alusión probable a la fecundidad. Otro es harto más extraño, dado que muestra lo que parece un personaje en cuclillas observando las estrellas, de apariencia muy similar a los moai de la Isla de Pascua.

Los arqueólogos rusos no dudan en afirmar que la ciudad de Arkaim fue defensiva, al estar situada en el promontorio de las confluencias de los antiguos ríos Bolshaya Karaganka y Utyaganka. Sin embargo, el lugar no es propiamente una colina, sino una estepa despoblada, con algunas montañas a su alrededor, plagadas de cuevas, más adecuadas para la resistencia. No, lo que Arkaim parece a simple vista es una ciudad construida para aprovechar las crecidas de los ríos y abastecerse de peces, con dos anillos o canales de agua, uno de 150 metros de diámetro y otro de 85. Los muros debieron ser de 5 metros, con canales de 3 de metros de profundidad. Cada casa o cabaña situada en su interior contaba con una longitud máxima de 16 a 20 metros. Toda cabaña disponía de 2 plantas, de las que se cree que una servía para el ganado de cada familia.

Cabe insistir en los canales o círculos de agua, con torres y puertas que vigilaban cada muro; y alrededor de esa llanura, gigantescos canales rectos artificiales irrigaron toda la planicie. Si uno se fija bien en esta descripción, acaba uno advirtiendo que corresponde en cierta media al relato de Platón. ¿Procedían estas gentes del Occidente, recordando los relatos que mencionaban una ciudad-estado similar a la que luego construirían? Es extraño, pero a media que uno más investiga y explora la historia, se advierte rápidamente que los orígenes de la Humanidad no se remontan al África o lo que la paleontología llama “modelo de continuidad regional”, sino que los yacimientos arqueológicos son más antiguos al dirigirse hacia la zona del Atlántico, aunque quizás estén más dispersos. Según mi opinión, la dispersión no se debe a que hubiera menos civilizaciones al Occidente, sino más bien a que nuestra cultura se desarrolló aquí. Y después de tantos períodos de ocupación y guerras, es muy extraño topar con la prehistoria, mientras que en África es más fácil por su menor invasión de poblaciones. Ahora bien, explícale esto a un arqueólogo a ver qué te dice…

Los pocos signos pictográficos encontrados en Arkaim tienen otro extraño misterio, pues corresponden a los Rig Vedas, los himnos en sánscrito védico, dedicados a la alabanza de los dioses. Estos textos también nos hablan de las luchas entre los arios védicos y sus enemigos, los Dasa, una suerte de demonios que aparecieron de los cielos. Tal vez, por ese motivo, la estatuilla del hombre acuclillado mirando los cielos, se trate de un observador esperando la llegada de los Dasa para dar la voz de alarma. O simplemente podría tratarse de un hombre interesado en el Universo, por qué no.

Al darse estar curiosa coincidencia se comprende el culto a la esvástica dextrógira (la que gira en sentido de las agujas del reloj), que ya aparece en el hinduismo.

La conclusión a la que llegan los arqueólogos rusos es que Arkaim era sármata, los mencionados por Herodoto, invasores de los escitas, cuya tecnología militar influenció luego en otros pueblos; de ahí el supuesto uso del carro. Aunque nosotros creemos que no pueden tratarse de los mismos, ya que estos se situaban más hacia el Cáucaso.

Arkaim sigue deparando sorpresas. Cuando uno llega hasta el campamento base, los rusos que allí se congregan mencionan una segunda Arkaim en la que se notan los efectos de energías telúricas. En torno al campamento se congregan grupos new age, orando a los dioses del cielo y realizando laberintos con las pequeñas piedras del suelo. Reconozco que la primera vez que vi a estas personas no les di importancia, pero al segundo día de estar en el lugar, mi compañera observó que nuestros rostros estaban quemados, pese a que la temperatura del lugar no superaba los 17 grados. Junto a Arkaim, luego más tarde, dimos con un grupo de árboles caídos en fila india durante kilómetros, alternados entre sí, es decir, uno a la izquierda y otro a la derecha, como si un enorme rayo los hubiera partido con esa arbitrariedad. Cuando preguntamos a uno de los guías rusos de la zona, no dudó en hacernos saber que se trataba de los extraños rayos atmosféricos que en ocasiones destrozan todo a su paso por Arkaim.

¿Arkaim sería un caso aislado en la zona? Para comprobarlo había que localizar otros complejos prehistóricos por el cinturón de los Urales, con el fin de evidenciar si se trataba de una cultura aislada o había más asentamientos similares.

De esta guisa pasamos por las cuevas de Sakiyaz-Tamaksky, en Satkinksy, localizando petroglifos de la Edad de Bronce. También lo hicimos por Shulgan-Tash, las llamadas cuevas de Kapova, que representan una odisea para llegar hasta allí por caminos no asfaltados durante kilómetros de recorrido, con un conocido que nos hacía de taxista en un destartalado Lada. Habitadas hace 17.000 años nos introducimos cientos de metros en su interior para acabar descubriendo pinturas rupestres que exponen la vida de estas gentes y la caza de mamuts y coelodontes, o sea rinocerontes lanudos enormes con cuernos que superaban el metro de longitud. Lo más singular de las pinturas rupestres es su enorme parecido con las de Altamira o las de Lascaux en Francia, como si el patrón de belleza de la antigüedad fuera el mismo, o todos ellos hubieran estudiado Bellas Artes en la misma escuela. ¿Un indicio más de las migraciones de Occidente?

Paleolítico y la Edad de Bronce, la que va detrás del Neolítico, no tienen nada que ver. Por lo tanto, Arkaim, hasta la fecha, es un caso aislado. No se han dado más ciudades-estado en los Urales. Y las más próximas ya se concentran en el Danubio o en Mesopotamia.

Arkaim es una ciudad radial de dos anillos o canales fluviales, con 35 celdas con cabañas en su anillo exterior y 25 en el interior, situada en las coordenadas 52°37?37?N 59°33?40? y orientada hacia Orión; aunque todo cabe apuntarlo, cualquier edificio de la antigüedad parece estar situado hacia la Constelación de Orión ya que, tarde o temprano, en algún momento del día, ésta pasa por nuestras cabezas. Habría que observar si la ciudad cuenta con alguna puerta u orificio que nos apuntara unas coordenadas de fijación, con las que determinar si la alineación hacia Orión es precisa o una simple coincidencia.

El anillo interno a su vez fue construido con 27 habitaciones con puertas hacia la plaza central y mide unos 25 a 27 metros. La parte central era para rituales e incluía un canal cubierto. Cada una de las habitaciones contenía un sofisticado sistema de ventilación.

Según la investigación llevada a cabo por el arqueólogo Konstantin Bystrushkin, las pistas de Arkaim señalan 18 eventos astronómicos. Estos incluyen los atardeceres y amaneceres en los días del equinoccio y solsticio, así como los atardeceres y amaneceres de la Luna Llena y Nueva.

En su interior se encontraron hornos industriales, laboratorios artesanales, sistemas de comunicación y ventilación, así como espacios para ritos sagrados.

Para los arqueólogos, 2.500 personas habitaron esta singular ciudad de formas extrañas que parecen predecir acontecimientos astronómicos y con estatuillas que miran el cielo. ¿Por qué se construyó Arkaim y por qué es tan distinta al resto de culturas locales es un misterio que todavía está por desvelar?

El rompecabezas de nuestros orígenes

Siempre se dice que el problema de nuestros orígenes se debe a que no encontramos el llamado “eslabón perdido”. Hoy en día se sostiene que como no es localizable saber cuál es nuestro antepasado, la evolución humana tiene muchas ramas distintas, con un mismo final evolutivo. Y se basan en que el Australopitecus, que no era hombre, compartía con nosotros el andar a dos piernas y la fabricación de herramientas de piedra. Mientras que los Neardentales fueron paralelos al Homo Sapiens, con lo que se trataba de una raza diferente a la nuestra.

Los paleontólogos aseguran del Homo Ergaster que era bípedo para reducir la enorme cantidad de radiación solar que recibían los cuerpos, manteniendo una temperatura corporal inferior que les permitía cazar a las horas del Sol.

Con todo lo anterior, la solución propuesta pasa por afirmar que el Homo Sapiens es fruto de las distintas especies del Viejo Mundo, el Neardental (a pesar que era una raza paralela) y del Homo Erectus asiático. ¿Y luego los antropólogos se ríen de quienes argumentan teorías fantásticas sobre una evolución artificial? Pero si los antropólogos dan por válidas las pinturas rupestres y lo que describen, así como la escritura referente a la historia, ¿por qué no dan por ciertos los escritos que hablan de que fueron los dioses quiénes nos crearon? ¿Por qué unos escritos son válidos y otros no? ¿En qué se basan? ¿En qué los orígenes del hombre por parte de los dioses es una explicación demasiado irracional? ¿Acaso no lo es la teoría del eslabón perdido?

¿De dónde procedían los indoeuropeos?

Sólo examinando las lenguas, ya sean latinas, celtas, germánicas, itálicas, bálticas, eslavas, griegas, índicas o tocarías, apercibimos de ciertas similitudes entre palabras. Para la antropología ello significa que derivan de una misma lengua ancestral.

Si existió un idioma protoindoeuropeo ello conlleva que hubo una primera patria original. De ahí que la arqueología sostenga tres teorías diferentes sobre nuestros orígenes.

El primer modelo sugiere que los protoindoeuropeos podían encontrarse antes del Neolítico en la Europa central. No se acepta demasiado porque no explica el vocabulario compartido en la protolengua reconstruida a través de las largas migraciones.

En el segundo modelo las lenguas se expanden junto a la agricultura en la región de Anatolia, expandiéndose luego por Grecia y los Balcanes, para pasar luego hacia el Atlántico.

El tercer modelo sitúa a los primeros indoeuropeos en Asia, entre los mares Negro y Caspio. Se basan en la localización de pinturas rupestres de carros, lo que apunta a determinada movilidad, trasladándose luego al sudeste y centro de Europa. Pero esta teoría no tiene en cuenta los descubrimientos del Sáhara, en donde se han datado vehículos con ruedas más antiguas que los de las estepas.

¿Y si añadiéramos un cuarto modelo? Podríamos introducir un tipo donde las poblaciones partirían de la zona del Atlántico, ya que los yacimientos arqueológicos son más antiguos al aproximarse más hacia el Occidente, lo cual sería lo más lógico.

HUBO GIGANTES EN NADOR

No hará más de un año leía la siguiente noticia en un blog cibernético: “Más recientemente, y en Marruecos también, se han hallado en una cueva de la región de Nador, en el norte del país, restos de tres esqueletos de niños pertenecientes a una raza desconocida de gigantes. Se trata de una zona próxima a las míticas columnas de Hércules, considerada patria del bíblico gigante Goliat”. La noticia se fue repitiendo hasta la saciedad en cientos de lugares, copiada tal cual. Y es que Internet podrá ser un buen lugar para dar a conocer noticias, e incluso de aquellas que nadie quiere hablar (como es el caso de las fugas de información de Wikileaks), pero nunca sabes si lo que lees es cierto o no.

Para mi desgracia compruebo que tal o cual persona cree a pie juntillas todo aquello que lee por Internet. Teniendo en cuenta que, algunas cadenas de televisión también se nutren de esta fuente, el problema se acrecienta.

Había que comprobar, una vez más, si la noticia era cierta o falsa. De modo que cogí la mochila y puse rumbo a Nador, junto a mi compañera infatigable de aventuras.

Nador es la capital del Rif, y está situada nada más atravesar la frontera con Melilla. Hay cerca de 450.000 habitantes e incluso dispone de un aeropuerto internacional en Al Aouri. Nador es fundamentalmente bereber. Como me comentó el amigo Mohamed, un ingeniero de la zona, la ciudad está dividida en dos partes: la pobre y la de los ricos, en una zona llamada Mar Chica, que dará mucho que hablar durante los próximos años, ya que se dice acabará convirtiéndose en un lugar turístico.

En 1934 todavía pertenecía al Protectorado español; fue aquí donde Franco reclutó sus tropas africanas en 1936. Por lo tanto, los rifeños hablan su propia lengua, así como el árabe; pero en casa, en el ámbito doméstico, suelen hablar español. El auténtico rifeño se reconoce enseguida porque su piel es blanca y tiene un color sonrosado en sus mejillas. El árabe es oscuro y como dicen los propios rifeños que se quieren diferenciar de sus hermanos árabes: “Tienen la piel azulada”.

Llegar hasta allí es relativamente fácil, buscar las zonas arqueológicas para rastrearlas en busca de los gigantes, ya es más complicado. Si añadimos el problema de alquilar un coche, ya que como uno se puede imaginar, es imposible llegar en taxi o autobús hasta una zona desértica, la cuestión se pone fea.

Logramos alquilar un desgastado Ford Fiesta que improvisamos como un todoterreno y al que conduciremos hacia pedregales y caminos sólo aptos para cabras montesas. Ubicar las zonas arqueológicas del Rif en un mapa cedido por el hotel de Nador es sencillo. Sólo hay estas ubicaciones datadas y reconocidas oficialmente como yacimientos prehistóricos: Saka, Monte Araoui en Nador, Hassi Ouenzga, Ifri n’Ammar y alguno más en Afsou. Nos decidimos por Hassi Ouenzga donde el ejército alemán de Rommel encontró restos prehistóricos e Ifri n’Ammar que, aunque desconocida casi por completo para los arqueólogos, es harto destacable por ser el lugar donde se tiene un mayor número de hallazgos de la llamada cultura ateriense.

En Hassi Ouenzga sólo hay pequeños pozos en mitad del desierto. Con el coche detenido, al avanzar entre dunas, aparece una kabash bereber. Esta especie de palacios fortificados con piedra, barro o ladrillos siempre han sido muy resistentes al paso del tiempo. El que vemos debe ser muy antiguo, ya que sólo es de barro reforzado con madera. Solían tener varias plantas o pisos, con una última terraza donde colgar la ropa. Del que vemos sólo quedan algunas de sus paredes en pie.

No sé por qué, pero cuando miro hacia las antiguas kabash enseguida establezco una comparativa con las casas de los Dogón, la tribu de Mali, en el Africa occidental que vive en la falla del Badiangará. Los Dogón se hicieron populares por la creencia en las tres estrellas de Sirio. Fue el antropólogo Marcel Griaule, en 1950, quien se dio cuenta de que esta tribu africana conocía la existencia del sistema estelar. Lo curioso es que, aunque se afirme entre los partidarios de la obra de J.J.Benítez que Sirio B es un descubrimiento reciente y que la ciencia no sabía de su existencia en 1950, no es cierto. Sirio B se conoce desde 1862, incluso en 1920 y 1930, algunos observadores decían haber localizado ya a Sirio C.

Sin saber a ciencia cierta si la tribu de los atrasados Dogón (que sigue practicando la mutilación femenina por su creencia en que los recién nacidos nacen con dos almas y dos sexos) es verídica o no, lo cierto es que sus casas de adobe son prácticamente similares a las kabash de los bereberes, como si hubieran aprendido de la misma fuente. La diferencia estriba en que las de los Dogón tienen menos plantas y está decoradas con tallas de reptiles y cráneos, vestigios de un pasado guerrero.

Casi tres horas después de la ascensión a pie hacia las montañas de Oulad Klouf, el camino, si se le puede llamar así, muestra varias plantas de hoja alocasia, lo que indica la presencia de acuíferos. No es de extrañar, pues estamos muy próximos a los lagos Afred y Tafret, restos de esa sabana abundante que debió estar presente en ese lugar antes de la última glaciación.

Por aquí y por allá nos saludamos con pastores bereberes que nos sonríen y nos muestran sus dientes cariados, indicándonos en un francés lamentable cómo proseguir hacia la cima. Los carneros, en su mayoría, dejan su traza por el cantizal. Una caravana de mulas, con su correspondiente carga bereber, nos traspasa, mientras sus jinetes nos miran con caras de incrédulos, preguntándose qué harán en aquel lugar inhóspito dos bárbaros blancos como nosotros.

Al llegar al pico penetramos en dos cuevas que dan justo a un acantilado, uno de esos lugares que no parece haber sido hollado por el hombre, por el riesgo que conlleva. Pero allí no hay nada, y el tiempo se nos echa encima; así que decidimos descender la montaña para coger el coche de nuevo rumbo a Ifri n´Ammar cuando, al dejar la mochila, comprobamos que el maletero ha sido forzado y está abollado por completo. Estos árabes no pierden el tiempo, aunque sea en mitad de un desierto. Un coche alquilado es demasiado tentador como para no abrirlo.

Ifri n’Ammar ofrece mejores perspectivas. Son ocho kilómetros de carrascal con el coche, destrozando los bajos. En la lejanía se divisa una montaña roja, signo inequívoco de tierra oxidada o muy antigua. Y cuando vemos ese color, siempre es indicio de un yacimiento prehistórico.

La alegría queda empañada cuando reparamos en que una cueva presente al final del camino, está cerrada a cal y canto, con una verja de hierro que la tapa por completo. Una pequeña puerta en su mitad con un enorme candado impide la entrada a los turistas, como nosotros. Mi compañera Cinthia, mucho más delgada que yo, logra pasar por debajo de la misma, después de escarbar con las manos y retirar algunas piedras del suelo.

Cinthia logra alcanzar el interior. Dice estar viendo una superficie cubierta de sacos de arena, con un peso aproximado de 50 kilos cada uno. Al intentar retirar uno de ellos, se vislumbran huesos y fósiles aún por desenterrar. Un poco más allá hay unas entradas a pequeñas habitaciones excavadas en la pared. Es imposible ir más allá, ya que están cegadas con cemento, impidiendo el paso.

¿Qué es esto? ¿Por qué ocultan esta excavación del público? ¿Quién está detrás de este yacimiento?

El que los propios árabes entierren su pasado no tiene ningún sentido, salvo que lo descubierto revolucionara lo ya establecido. Aunque bien pensado, supongo que lo que estamos viendo debe servir para proteger del expolio de los vandálicos o mejor aún, ellos que tan bien conocen a su pueblo, saben perfectamente que los árabes son capaces de vender su patrimonio a los europeos con tal de obtener beneficios económicos. Lo único que se pretende allí es proteger la zona de los saqueos, si uno intenta pensar en que no hay nada extraño en ello. ¿O sí?

Lo que se ve supera lo imprevisible. Estamos ante un yacimiento arqueológico, pero no uno cualquiera; a la vuelta comprobaríamos que lo que estaba enterrado en esa cueva ya había sido datado por los franceses, con unas cifras en el C-14 que tiraban por tierra cualquier teoría aceptada: ¡175.000 años atrás en el tiempo!

Da que pensar.

Si se acepta la hipótesis de que el Homo Sapiens partió de África hay cosas que no encajan. En esta gruta hay piezas afiladas para la caza; sólo el Neardental sabía cazar, y sí que coincide en el tiempo con este descubrimiento, salvo que el Neardental sólo habitó Europa. En este lugar se han hallado adornos como pendientes y collares, realizados con nowtilus, lo que evidencia que se trata de un hombre pensante y no un simio. El Homo Sapiens Sapiens partió de Etiopía y Sudáfrica, según lo aceptado, hace 195.000 años. De igual forma, la expansión de la humanidad se argumenta que surgió desde África hacia Eurasia hace 70.000 años. Y la teoría desde África es la más comúnmente aceptada. Pero algo no encaja en el rompecabezas.
El resto de algún que otro hombre de Kibish en Etiopía no es indicio de una población masiva. Los aterienses del norte de Marruecos constituyen una población abundante. Es como si el origen de todo partiera de algún lugar en Occidente.

Repasemos algunas inconveniencias no aceptadas por la antropología; por ejemplo, los guanches, canarios, de los que no sabe a ciencia cierta cuál es su origen. Aunque se ha querido ver semejanzas con el pueblo vikingo, la teoría más aceptada es que provienen del Norte de África, del pueblo bereber, curiosa coincidencia. Los guanches eran altos, de ojos azules (otra providencia con el pueblo tuareg) y con una media de entre 1,75 y 1,82 metros. Si aceptamos que son del siglo V a.C. como estipula la antropología podríamos hablar de gigantes en la antigüedad, pues la media de esos siglos no alcanzaba esas tallas. La lengua guanche es, hoy por hoy, indescifrable en las Islas Canarias.

Me viene a la mente una de las tres famosas rutas de las que hablaba Herodoto para alcanzar Egipto. Comentaba que para llegar hasta el valle del Nilo se podía hacer desde Libia a través del Sáhara. Esta vía es considerada una fantasía, como siempre ocurre cuando algo no encaja en las teorías oficiales, porque cabe recordar que siempre se nos ha dicho por parte de la arqueología que la civilización proviene de Oriente. Absurdo por cuanto los egipcios ya mencionaban su origen desde un país primigenio, el Amenti, la región escondida de Ptah para otros.

Ilógico sí, porque nos tratan de convencer de que arqueológicamente hablando no hay ninguna conexión en las pinturas rupestres de los desiertos de Argelia, Libia o Marruecos. Pero el que esto escribe tuvo la oportunidad de acudir al desierto del Tassili, al sur de Argelia, que curiosamente, valga la redundancia, significa “tierra de gigantes” en targuí, la lengua de los tuaregs. Y en estos lugares se aprecia la conexión perdida. Mientras que en la Isla de Palma se vislumbra en algunas rocas unas extrañas espirales, en las montañas del Tardrat, al sur del Tassili, vuelven a verse las famosas espirales. Sin entrar en detalles sobre el significado de los cabezas redondas del Tassili, las pinturas rupestres muestran carros egipcios o personajes portando el ureo, el tocado egipcio, o el faldellín masculino propio de los egipcios. ¿Vestimentas egipcias junto a pinturas rupestres datadas en el 9000 a.C. cuando el Sáhara fue habitable? ¿Pero no se supone que Menes, el primer faraón egipcio, reinó en el 3050 a.C.?

¿Y qué decir de Playa Nabta? Situada en el desierto de Nubia, ochocientos kilómetros al sur de El Cairo, destaca por localizarse en la misma evidencia de un culto prehistórico con sacrificios de ganado, en torno al siglo VI a.C. Detalle a tener en cuenta es que el astrofísico Thomas G. Brophy sugirió que los megalitos dispuestos en este lugar, a modo de crómlech, muestran seis piedras centrales orientadas a la constelación de Orión. De nuevo surge aquí el referente de la teoría de la correlación de Orión de las tres pirámides del valle de Gizá, propuesta por Robert Bauval y Graham Hancok.

Hemos hecho mención de la cultura sumeria, como probablemente la primera civilización conocida si nos atenemos a los cánones establecidos. Se dice que este pueblo llegó a Mesopotamia en la era del Calcolítico o Edad de Bronce, durante el período U. También se nos intenta convencer de que la rueda fue inventada por este pueblo en Ur, Erec o Warka, según la religión, en torno al 3500 a.C. Pero ya hemos visto que eso no es posible, pues se localizaron pinturas rupestres en el Tassili con ruedas, seis mil años antes de este hecho. Dado que los sumerios no eran semitas, ni camitas, ni indoeuropeos, las nuevas teorías oficiales sugieren que éste fue un pueblo itinerante que parecía provenir de algún otro lugar. De hecho, en la misma zona, durante la época del Neolítico, a partir del 8000 a.C., encontraron restos de la cultura de Jarmo (6000 a.C.), Hassuna-Samara (5500 a.C.), El Obeid (5000 a.C.) y otras, con una antigüedad mayor a la de los sumerios; si bien estos asentamientos sí que fueron semíticos. Por cierto que aunque se especifica que los sumerios se llamaban a sí mismos sag-giga, traducido casi siempre como “pueblo de las cabezas negras”, otra acepción en su traducción es “gigantes de algún lugar”.

En alguna ocasión he mencionado un interesante descubrimiento al que pocos parecen prestarle atención, la cultura Vinca que se extendió a lo largo del Danubio, allá por el sexto milenio antes de Cristo. Descubierta en 1908 por el arqueólogo serbio Miloe W.Vasic, se añade que esta gente provino del Neolítico. Lo más destacable son sus extrañas figuras de barro con rostros de ave para los arqueólogos (según ellos fantasías de drogas que debieron injerir) y para otros caras esculpidas de sus dioses presentes. Otra de esas poblaciones itinerantes vinculadas a la “tell culture”, culturas desconocidas de las que se desconoce su procedencia.

Todo ello conduce a un único lugar. ¿Por qué se nos insiste hasta la médula que las primeras civilizaciones provienen de Oriente? ¿Por qué, pese a todas las evidencias, se nos quiere hacer ver lo que a todas luces está claro? Las civilizaciones antiguas más conocidas tienen su origen en Occidente, hacia las columnas de Hércules, dado que más allá no había tierra conocida. ¿O sí?

En Nador, en una solitaria cueva, testigo invisible de algo que se oculta, siguen esperando a ser desenterrados los huesos de unos homínidos de hace 175.000 años, conscientes de que su descubrimiento y catalogación hacen muy difícil ubicarlos en la cronología oficial de la humanidad.

La cultura Ateriense

De la cultura ateriense se tiene poca constancia, apenas unos registros. Se sabe que surge a finales del Paleolítico, en la zona del Magreb y el Sáhara, lo más próximo a lo que se conoció en el pasado como las Columnas de Hércules.

Se le considera la primera cultura civilizada de África. Algunos afirman que los íberos nacieron de esta cultura. Su expansión territorial pasa por el Paralelo 18.

El problema viene dado por la cronología. Oficialmente esta cultura (pues no sólo hacen herramientas de caza, sino adornos de belleza, entre otros) se origina en el 38.000 a.C. No se tenían registros anteriores.

Para los arqueólogos franceses de la excavación de Ifri n’Ammar, los restos localizados son aterienses. No obstante, las pruebas de C-14 determinaron que esos huesos se remontan a 175.000 años atrás en el tiempo. No hay nada más antiguo en África, salvo que consideremos que en lugar de aterienses fueran achelenses. El problema es que estos últimos sólo se ubicaban en la región de Turkana, en Kenia. Y los objetos que encontraron en la cueva de Nador no tienen nada que ver con los llamados achelenses.

Entonces, si los humanos de Ifri n’Ammar no son aterienses o achelenses, ¿quiénes fueron?

Las malas mediciones de los gigantes

En algún lugar de la red de redes se ha llegado a leer que los gigantes de Nador eran de 2,25 metros. Alguno se atrevió a decir que eran los esqueletos de unos niños con esa talla. ¿Pero de dónde salen semejantes memeces? ¿Y cómo es que luego se dan por válidas, copiándose de sitio web en sitio web hasta la saciedad?

Quizás porque algunos de los cadáveres encontrados en Ifri n’Ammar miden 22,5 centímetros. Es decir, alguien debió confundir las mediciones, dándoles por válidas. Y como la información que circula por Internet no se contrasta de ninguna de las maneras, lo que uno escribe como cierto se toma como dogma de fe después de circular en forma de rumor. Para nuestra desgracia, así funciona Internet, y así es cómo deben verse muchas de las noticias que pululan por el ciberespacio.

Por cierto, que un esqueleto aún no formado de 22 ó 23 centímetros implica que esa es la talla que se obtiene durante las semanas 18 a 20 de un embarazo humano. Por tanto, estaríamos observando los indicios de algún aborto natural o no en la prehistoria.

ARKAIM, LA CIUDAD DE LOS DIOSES (I)

La primera vez que oí hablar de Arkaim no daba crédito a lo que leía. Una ciudad perdida en los montes Urales donde se explicaba, en las noticias que circulan por Internet, sobre lo singular de este paraje, muy similar a Stonehenge, y en donde se habían recuperado restos de algo caído de los cielos. No muy lejos de allí, una cueva dice acoger las tallas de piedra de dioses que bajaron de las nubes.

Una vez más ese lugar debía verlo con mis propios ojos, una vez más me debía desplazar hacia la zona para verificar un situ aquello de cierto en esta historia. ¿Pero por dónde comenzar? Además estaba el problema del idioma, porque los rusos hablan ruso. Muchos creemos, erróneamente, que con el inglés nos basta para viajar; pero los rusos de los pueblos  soviéticos sólo conocen su lengua.

Coincidiendo con una estancia que tenemos que realizar en Polonia, para asistir a la boda de un gran amigo en Poznan, la quinta ciudad más importante de este país, tal vez fuera un buen punto de partida.

Desde Poznan, aparte, se puede ir a visitar el poblado de Biskupin, un emplazamiento arqueológico de un poblado Grod de la Edad de Hierro, perteneciente a la Cultura Lusaciana; un poblado fortificado de 100 casas y 11 calles, con cajas de troncos de 3,5 metros que la rodean.  450 metros de largo en 8.000 metros cuadrados.

Por fortuna, hemos podido hacer una reserva para finales de julio, desde Poznan a Moscú, pasando por escalas en Varsovia (la capital del país) y Kiev (capital de Ucrania). Los viajes hasta Moscú suelen ser caros, pero los que transcurren por la antigua Unión Soviética son bastante baratos.

Después de una noche en Sheremetyevo, el aeropuerto base de la línea aérea Aeroflot, toca saltar de nuevo en el mapa, para dirigirse en avión hacia Magnitogorsk, la ciudad perteneciente al óblast de Cheliábinsk, en los Montes Urales, donde se construyeron muchísimos de los tanques soviéticos usados durante la Segunda Guerra Mundial.

Encajar todos estos vuelos con sus escalas no ha sido nada fácil. Conseguir no sólo los trayectos en avión a precios interesantes, sino el visado turístico, la invitación o Visa Tourist (expedido en teoría por el mismo hotel donde te alojas), y el seguro médico para moverse por Rusia, no es sencillo. Por fortuna, en este país todo funciona con dólares o euros. Por Internet es sencillo obtener una de estas invitaciones, pues hay empresas especializadas en enviártelas por menos de 30 euros y en el plazo de un mes. Lo que sí es conveniente es registrarse en el hotel donde te alojas, a veces con una comisión añadida, ya que en todo momento debes indicar dónde te encuentras para evitarte problemas con los controles policiales; evitando así que te expulsen del país.

El curso acelerado de ruso en el Centro Pushkin de Barcelona va a resultar providencial, ya que desde Magnitogorsk hay que llegarse hasta el único albergue próximo a Arkaim, en taxi y a altas horas de la noche.

Dos son las semanas que permaneceremos en Arkaim y sus alrededores antes de regresar de nuevo a Moscú para alojarse dos días más en esta ciudad, donde partiremos al final hacia Barcelona.

Arkaim está integrada en la llamada cultura aria de hace 4.800 años. Lo descubierto hasta ahora menciona que conocían el bronce. Los arios “proto indoeuropeos”, de los Urales rusos son descritos por el arqueólogo del museo Arkaim, Guennadi Zdanovich como un pueblo tranquilo, gentil, como lo dice su nombre, buenos ingenieros que observaban el sol y la luna, y por tener elevados conocimientos del cosmos.

Lo extraño de Arkaim es su observatorio astronómico circular construido antes de las famosas pirámides de Egipto (según la cronología oficial) y que no hay protoescritura por parte alguna, al menos en teoría.  Arkaim se ubica en los montes Urales, a 8,2 kilómetros al noroeste de Amurski, y a 2,3 kilómetros al suroeste de Alexandrowski, ambos pueblos de Rusia. Fue inaugurado en el verano de 1987, y en 1991 fue declarado territorio protegido, gracias a lo cual se salvó de ser una zona inundada por las represas de agua.  Sus asentamientos ocupan unos 25 kilómetros, con una organización en círculos muy inteligente.  Los círculos de construcciones son de unos 170 metros de diámetro. Hay casas entre los círculos y dentro de los círculos.

Las construcciones eran de adobe con cornisas de madera. Los muros reforzados con ladrillos de arcilla de material incombustible de unos 5 metros de espesor y unos 8 metros de alto, tipo fortaleza.

El asentamiento era circundado de un foso de agua protector de unos dos metros de profundidad y había cuatro entradas siendo la principal hacia el oeste.

En su interior se encontraron hornos industriales, laboratorios artesanales, sistemas de comunicación y ventilación, así como espacios para ritos sagrados.

La construcción se estructura en dos anillos, uno interno y otro externo, entre los cuales hay una calle circular que da a la plaza central. El anillo externo tiene entre 39 a 40 habitaciones. El anillo interno a su vez fue construido con 27 habitaciones con puertas hacia la plaza central y mide unos 25 a 27 metros. La parte central era para rituales e incluía un canal cubierto. Cada una de las habitaciones incluía un sofisticado sistema de ventilación.

Según la investigación llevada a cabo por el arqueólogo Konstantin Bystrushkin, las pistas de Arkaim señalan 18 eventos astronómicos. Estos incluyen los atardeceres y amaneceres en los días del equinoccio y solsticio, así como los atardeceres y amaneceres de la Luna Llena y Nueva.

Se comenta que 2.500 personas habitaron esta ciudad y, curiosamente, hay signos de la esvástica por todas partes.

Al margen de los datos prehistóricos, los amantes del misterio comentan que ésta es una de las zonas de Rusia donde más objetos luminosos se aprecian en el cielo nocturno. Los peregrinos vienen aquí durante todo el año para conseguir un poco de agua que cura, desde el río Bolshaya Karaganka, y en el verano se cubren con arcilla. Dicen que ayuda a tratar las enfermedades de la piel.

Las montañas que rodean la fortaleza son también inusuales. La más famosa es Shamanka (traducido del ruso como “montaña negra”). Se dice que la gente sube a su cima para reponer energías positivas, rezar o meditar. Las personas en situación médica grave van a la montaña para sanar. ¿Qué demonios puede haber allí para que se desplacen? Según se comenta, importantes niveles de radiación.

El crecimiento de los árboles en la montaña Grachinaya es inaudito. Al parecer los troncos de abedul se encuentran retorcidos y muchos de ellos quemados. Dicen que la gente no puede permanecer allí por mucho tiempo, pues regresan a sus casas con grandes quemaduras en su piel y trastornos de ubicación. ¿Qué ocurrió allí? Tampoco se sabe demasiado, salvo que según algunos es otro de esos lugares donde se repitió un fenómeno parecido al de Tungunska. ¡Algo cayó del cielo!

Una civilización prehistórica avanzada, coetánea de la sumeria, con extraños signos como la esvástica, en muchas de sus casas; una montaña que desprende radiación; árboles retorcidos y quemados por la caída de un meteorito o vete tú a saber; luces que aparecen en cielo nocturno; centro energético y espiritual para los habitantes de la zona… y cueva, la de Kapova, en Bashkiria, otro de esos sitios plagados de pinturas rupestres de hace 15.000 años con extraños dioses de ojos almendrados y caras alargadas, tallados en piedra.

En cualquier caso, parece que se hace más que del todo necesario estar allí presentes. Un mes fuera de casa, en la Rusia de los Urales bien merecerá la pena, por cuanto son pocos, por no decir ninguno, los investigadores del misterio que se han acercado hasta esta zona.  Comentaré todo ello a mi regreso, en este mismo blog, y en revistas como AÑO CERO y ENIGMAS.

(Continuará)