KUKULCAN, ¿MITO O REALIDAD?

Queda dicha la ida de Kukulcán, de Yucatán, después de la cual hubo entre los indios algunos que dijeron se había ido al cielo con los dioses (…) Y que después de su vuelta fue tenido en México por uno de sus dioses”. Diego de Landa. Relación de las cosas del Yucatán. He aquí que te presentamos las últimas investigaciones sobre la realidad o mito del dios blanco Kukulcán.

Mulchic es una ciudad perdida de los mayas, de la que muy pocos saben su ubicación, limitándose a la población maya yucateca como los únicos que conocen cómo llegar hasta ella.

Mulchic se encuentra en la región Puuc de la selva de Santa Elena, muy cerca del conocido yacimiento arqueológico de Uxmal. Se considera que esta ciudad fue un gran centro ceremonial entre los años 600 y 800 d.C.

Me encontraba en este lugar, después de haber recorrido cientos de metros de selva a golpe de machete, intentando geolocalizarla con el GPS para darlo a conocer a la Sociedad Geográfica Española, cuando observé los glifos de la serpiente emplumada y algunos cascabeles en estas ruinas. Por cierto que esta ciudad quedó referenciada en las coordenadas N20.33027, W89.65933.

La ciudad está totalmente devastada por la vegetación de la selva, contando con varias estructuras, entre ellas el enorme templo de 300 metros cuadrados que todavía sigue en pie. La crestería todavía está intacta y es posible ascender hasta ella, con representaciones en estuco de animales, dioses y figuras humanas en sus escalinatas.

El último registro arqueológico que se dio en este lugar fue hacia el 1960, cuando un grupo de arqueólogos, arrancó literalmente los frescos de sus paredes, donde se representaban escenas de sacrificios humanos y actos de guerra, trasladándose todo hacia el museo de Mérida. Desde entonces no se tiene constancia de más visitas a este lugar.

Con estas premisas me introduje en el interior del templo, inexplorable hasta la fecha, cuando contemplé de nuevo los signos de Kukulcán. Tan fascinado estaba observándolos que no me fijé en la enorme cantidad de avisperos que allí se hallaban, hasta que fue demasiado tarde. Cientos de avispas se dirigieron hacia mí, saliendo disparado del lugar, no sin antes haberme llevado cerca de 30 aguijonazos en mi espalda. Un dolor insoportable me tuvo todo el día masticando antihistamínicos.

La aventura mereció la pena, pero me dio qué pensar sobre el dios Kukulcán.

Para los mayas hablar de Tula es mencionar sus orígenes. En náhuatl, una de las lenguas de los aztecas, Tollan-Xocotillan fue la capital de los toltecas, que ellos llamaban Tula, y los toltecas Tolla. Se dice que los toltecas aparecieron en el siglo X, provenientes de una tribu Chimicheca procedente del norte, conducida por un rey llamado Miscoatl. Para los mayas, los toltecas eran los grandes artesanos, aparte de que ellos fueron quienes trajeron a la figura de Quetzalcoátl, al que luego los mayas denominarían Kukulcán.

Los toltecas fueron quienes comenzaron a introducir en la arquitectura de Teotihuacán los atlantes de 4,6 metros, y que también pueden verse en las ruinas de Tolla-Xocotillan.

Para la mitología mesoamericana Tollan fue la ciudad gobernada por Quetzcalcoátl, la llamada Serpiente Emplumada de la que luego hablaremos. Lo curioso es que los mayas ampliaron la historia de este extraño dios, argumentando que Kukulcán provenía de la ciudad de Tamoanchan, en el reino de Tollan, donde este dios y la diosa Quilatzli llevaron los huesos sagrados con los que se hicieron los primeros hombres.

La historia de Kukulcán es cuando menos interesante. Dios-hombre barbudo que vivía en el reino de Tollan (o Tula), donde se cultivaban algodones de colores y maíz de calidad, en eterna paz. Sin embargo, el dios rival Tezcatlipoca, lo embriaga con una bebida de pulque, lo que le lleva a cometer incesto con su hermana Xochiquétzal. Cuando se da cuento de lo sucedido, el propio Kukulcán, avergonzado, se exilia, prometiendo regresar en un día idéntico al que había nacido, en una fecha de katún, 1 Acatl.

El final de Kukulcán tiene diversas interpretaciones, según los glifos encontrados. La mayoría está de acuerdo en que se dirigió hacia el Atlántico, donde había estado su reino desaparecido, Tula, llegando hasta la desembocadura del rio Goassacoalco. Es aquí donde las tradiciones divergen, pues para algunos desapareció sin más, otros creen que se auto inmoló en una pira funeraria, y una tercera corriente habla de que embarcó en un “barco de serpiente” con los suyos y desapareció para siempre en el mar o el aire (pues también era dios de los vientos).

Dado que Quetzcalcóatl-Kukulcán anunció que en un día de katún vendrían hombres blancos y barbudos, iguales a él, llegados de Oriente, para vengarlo de Tezcatlipoca y así conquistar el país, la llegada de los conquistadores españoles confundió a Moctezuma que, al principio, los identificó como descendientes de Quetzcalcoátl-Kukulcán.

Sobre que el rey de los toltecas fue de raza blanca no hay duda para muchos arqueólogos. Fue él quien introdujo en dos decenios su cultura, fue él quien trajo el calendario de 365 días, fue él quien mostró a los toltecas cómo trabajar la cerámica (pues hasta ese momento no cocían el barro). Es decir, se trata de un personaje real que vino del este y se fue por el este. Queda excluida la posibilidad de un mito solar, pues si así fuera, el dios habría desaparecido por el oeste.

Jerónimo de Mendieta, en 1554, escribe sobre él, habiendo escuchado esta descripción a los indígenas: “Era hombre blanco, crecido de cuerpo, ancha la frente, los ojos grandes, los cabellos largos y negros, la barba grande y redonda…”. La misma descripción análoga que hará más tarde Pedro Cienza de León en su “Crónica del Perú” sobre el dios Viracocha.

El nombre le viene dado porque el quetzal es un pájaro centroamericano de plumaje verde. ¿Y lo de serpiente? Porque como hombre-dios que era lo asociaban a la serpiente cascabel, dado que era capaz de aniquilar y fulminar a cualquiera como si de una serpiente cascabel se tratase. A este respecto hay que acudir a los estudios de José Díaz Bolio, estudioso yucalteco, que opinaba que este animal, capaz de dar muerte con el menor esfuerzo, era reverenciado por los mayas, adoptándolo en formas de crótalo, la marca circular del chic-chan y su característico dibujo cruzado, y con el símbolo de los cascabeles en diversas formas estilizadas. Para Díaz Bolio la Piedra del Calendario azteca, donde el conjunto está abrazado por dos serpientes de cascabel, alude al dios Kukulcán, capaz de dar muerte a un simple gesto suyo. Para Díaz Bolio toda serpiente emplumada es, en realidad, una serpiente de cascabel (Tzab-cán para los mayas).

Las descripciones toltecas de Quetzcalcoátl-Kukulcán nos hablan de un hombre blanco, de elevada estatura, barbudo, donde para algunos lleva un enorme vestido blanco (similar al de los mayas, los huipiles), un poncho de cruces coloradas,  sandalias y un báculo en su mano. La versión más primigenia nos habla de un Quetzcalcoátl-Kukulcán con una casaca de tela negra y tosca, mangas cortas y anchas, y un casco ornamentado con serpientes en su cabeza.

¿Fue el único hombre blanco de su época? Pues no, Itzamná (o Zamná) fue mencionado por los mayas, como un extraño sacerdote, venido de Oriente. Dio a la población maya ritos, leyes, y escritura; y enseñó las artes medicinales de las plantas y cómo curar con ellas. Se estableció en Chichen Itzá hacia el 525 d.C. A esta migración de Itzamná y los suyos los mayas la conocen como “la primera bajada”. La “segunda bajada” en realidad tuvo lugar después, cuando una tribu extraña, llegó del sur.

Itzamná fundó ciudades como Ek Balam, Izamal, Motul y T’Hó (actual Mérida, fundada en 1542). Este dios blanco les mostró cómo trabajar el Ki, el henequén de México, para la confección de cuerdas, cordones, alfombras y tejidos.

Llegados a este punto cabe hacerse algunas reflexiones.

Los egipcios primero tuvieron un año de 12 meses con 30 días, al que posteriormente tuvieron que añadir 5 días complementarios o epagómenos, como así los llamaban los griegos, cuando se celebraban los nacimientos de Osiris, Isis, Horus, Neftis y Set. Esto se justificaba con el mito de Nut, la Diosa del cielo que había sido infiel a su esposo Ra, el dios del sol.

¿De dónde tomaron el calendario los egipcios? ¡De los caldeos! Curioso que la llamada Fuente Magna de Bolivia, descubierta en el siglo XX por un agricultor, a orillas del lago Titicaca, presente caracteres cuneiformes muy similares a los caracteres de la escritura protosumeria de Tell-Bruk en Irak.

Añadamos, además, que el calendario de los mayas, el Haab es de 365 días, dividiendo el año en 18 meses de 20 días (pues el sistema matemático de los mayas es vigesimal), dando un total de 360 días. Como faltan 5 días para completar el ciclo anual, los 5 días restantes los mayas los llamaban días nefastos (Uuayeb). Y este calendario, el Haab, fue traído del este por Kukulcán.

Otro dato interesante lo constituye el altorrelieve “La reina de la noche”, del imperio babilónico, bajo el reinado de Hammurabi, precursora de la diosa griega Atenea, que siempre se representaba tanto por babilonios y griegos con alas y acompañada de lechuzas y leonas.

La cabeza de lechuza de la cultura de San Agustín, en Colombia, fue el comienzo de un culto a una diosa acompañada de lechuzas. Pero es que los mayas parecen beber de fuentes griegas. Sentado en la selva de Santa Elena, sólo me cabe observar el cielo, distinguiendo en el cielo dos enormes estrellas, Cástor y Pólux, de la constelación de Géminis, los dioses dióscuros, hijos de Zeus. Los mayas los llamaron Hunahpú e Ixbalanqué, que nacieron del encuentro entre Hun-Hunahpú y la doncella Ixquic en las cavernas de Xibalbá. Y el mito es muy similar.

Chichen Itzá tiene en muchas de sus columnas dibujadas las figuras de guerreros que acompañaron a Itzamná con extraños cascos en sus cabezas y siempre son barbados. Parece ser que compartieron la ciudad con las itzaes. A estos insólitos guerreros los arqueólogos de Chichen Itzá los llamaron “chanes”. Los chanes llegarían a enfrentarse a los itzaes, que huyeron hacia el Petén, Guatemala, donde se refugiaron.

Tengamos siempre presente que según el libro de los mayas, el Popol-Vuj, el dios de la serpiente emplumada es anterior a la creación maya, que se sitúa en agosto del 3114 a.C. según la correlación de Thompson. Esta fecha coincide con el momento en que los sumerios usan la escritura cuneiforme, según las muestras datadas del templo de Uruk.

Sumerios y mayas concuerdan, de igual forma, en el mito del diluvio; en el caso que nos ocupa enviado por el dios Huracán para destruir a los primeros hombres que habían enfurecido a los dioses. Porque, cabe recordar: “Que Quetzcalcoátl ido que fue de Cholula, a pocos días sucedió la destrucción y asolamiento referido a la tercera edad del mundo, y entonces se destruyó aquel edificio tan memorable y suntuoso de la ciudad de Cholula, que estas gentes edificaban casi con los mismos designios, deshaciéndole el viento”. Aquí, apuntamos un párrafo de “Historia de la nación Chimicheca” de Fernando de Alva, en 1580, que nos recuerda a la historia de la torre de Babel, por la cual dios o dioses se habían enfadado con el hombre.

El diluvio universal está presente en las culturas más dispersas del mundo: escrituras védicas de la India, diluvio de Poseidón según los griegos, tradiciones de los indios amerindios mapuche, la escapada de los pascuenses huyendo de la inundación del continente de Hiva, los incas con un Viracocha que destruye a gigantes mediante un diluvio, la tribu moussaye africana del Chad, el dios Taino Yukiyu que crea una gran inundación para Puerto Rico, y tantos otros. Pero me dejo para el final una historia muy coincidente con la Quetzcalcoátl, la de la mitología guaraní de América del Sur y su dios Jeupié, que al cometer incesto, copulando con su hermana, fue castigado por los dioses con un gran diluvio.

No nos olvidamos de la segunda corriente de migración maya, que vino del sur, la cual pudo traer consigo algunas costumbres y nuevos mitos, y la mezcla de la raza de los polinesios con los toltecas.

Una reflexión final nos lleva hasta una conclusión que parece transportarnos a las diversas visitas de pueblos de raza blanca a Mesoamérica, procedentes del este, de ese lugar que reconstruyeron como Tula, y que parece ser el mítico reino de Platón en sus diálogos de Critias y Timeo. ¿Cómo se entiende  que a ambos lados del Atlántico, al igual que otras culturas, recuerden y compartan mitos similares adaptados, si no es que fueron compartidos en un pasado remoto? ¿No será que como bien decían los egipcios su procedencia partía del camino de Ptah, mientras que para los mayas ese reino de blancos fue conocido sencillamente como Tula?

LOS SACRIFICIOS HUMANOS

El fondo de la cuestión es la lucha entre una casta pacífica y culta, observante del rito y la cronología venusina, y enemiga de los sacrificios humanos, con la masa guerrera, inculta y sanguinaria que principalmente adoraba a la Luna (Tezcatlipoca), conservando muchas afinidades con los bárbaros chimichecas”. Este texto de Enrique Juan Palacios, arqueólogo, en 1920, nos viene a dar entender el hecho de dos facciones enfrentadas, la de Quetzalcoátl, que abogaba por el pacifismo, y su contrincante, Tezcatlipoca, que introdujo los sacrificios humanos.  Jerónimo de Mendieta añade: “Quetzacoátl nunca quiso ni admitió sacrificios de sangre de hombres ni de animales, sino solamente de pan y de rosas y flores, y de perfumes y flores”. Aquel hombre de raza blanca no aceptó los sacrificios humanos que, por desgracia, serían adoptados posteriormente por los mayas para su culto al dios Luna.

TENOCHTILAN

Los aztecas fundarían su civilización en la primera área pantanosa donde vieran un cactus arriba de una roca, y sobre él, un águila engullendo una serpiente.

Así después de vagar por todo el territorio del actual México, llegaron al lago Toxcoco, y se instalaron en el lugar que cumplía esta profecía, como el elegido por los dioses, fundando su capital, Tenochtitlan en el año 1325.

La región lacustre del Texcoco se convirtió en una zona fértil, gracias al ingenio de los aztecas,  que vieron grandes posibilidades para el desarrollo de la agricultura, de la pesca y del comercio.

Los aztecas introdujeron técnicas agrícolas asombrosas, destacando entre ellas la conocida como técnica de chinampas. Esta técnica de agricultura intensiva consistía en la construcción de islas artificiales por medio de cortezas que sujetaban extensiones de arena, tierra y cultivos, y cría de animales domésticos.

Al poco se adecentaron las orillas del lago, se construyeron islas artificiales para sostener cultivos, se construyeron calzadas, puentes y acueductos, así como un complejo sistema de canales para el traslado y comercialización de sus productos por todo el territorio.

Los aztecas siempre comentaron que todo lo habían copiado de sus ancestros, cuando Quetzacoátl les dejó escrito cómo se vivía en Tula.

CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

1 comentario

  1. Hola amigo se que ya lleva un tiempo desde que publicaste esto, pero quisiera consultarte si podrías darme las coordenadas exactas en formato de Google Earth. En serio estoy muy interesado en ir por mi mismo a buscar ese templo en un futuro no tan lejano. Muchas gracias por tu post.

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