UNAS BESTIAS LLAMADAS ANUNNAKI

Lo de los Anunnaki en Internet se ha convertido en una auténtica locura. Un 98% de lo que circula por Internet tiene que ver con extraterrestres, reptilianos, y toda suerte de demencias. Lo problemático de este asunto es que los unos copian de los otros, tomando dos únicas fuentes de referencia, Zecharias Sitchin y Anton Parks. Pero baste decir que ninguno de los que hablan de Anunnaki ha visto de cerca o leído una tablilla sumeria en su vida.

El último en subirse al carro ha sido Anton Parks, un tipo que nadie conoce, que nadie ha visto y que nunca aparece en medios televisivos para que veamos su rostro. Pues bien, lo que procede de este sujeto le ha sido revelado, cual profeta Mahoma, por “canalización”. Y con esta base, propia de un demente, intenta convencernos de que todo lo que salga de su boca (o de quien sea esté tras su seudónimo) es historia.

Lo más grave es que tiene seguidores que lo veneran cual dios. Ahí tenemos a David Parcerisa, un camionero convertido a investigador, que mediante su canal de Youtube hace acólitos a doquier, promulgando las ideas de Parks. Todo un fenómeno en esto de los Youtubers, que los sociólogos del futuro deberán investigar por la cantidad de visitas y seguidores que llega a tener.

Pero mucho antes de Anton Parks, hay que reconocerle su mérito a Zecharias Sitchin, que nos presentó al hombre como fruto de la manipulación genética de especies homínidas, por parte de los “anunnaki”, seres venidos de un planeta de nuestro sistema solar aún desconocido, orbitando el sol en una órbita cuyo punto más lejano estaría bastante más allá de Plutón. Toma ya, y se quedó tan ancho el amigo. Según Sitchin, estos dioses extraterrestres provendrían del planeta Nibiru (que ya he demostrado que no existe, en otro artículo mío) y que tardaría 3.600 años en completar una órbita en torno al Sol.

En la página 94 del libro “El duodécimo planeta” Sitchin dice el siguiente disparate: “La palabra egipcia para Nibiru era NTR . Curiosamente éste es el significado exacto del nombre de Súmer: “la tierra de”. En realidad, el nombre sumerio (y no acadio) de Súmer, que por otra parte no debería pronunciarse así sino “Shumer”, es Ki-en-gi, que dado viene a ser algo así como “Tierra de los señores justos”. Para que dijese algo relativo a “vigilar” (como dice Sitchin) debería contener “Igi”, no “Gi”. Sitchin mezcla a otros personajes sumerios, los Igigi o dioses vigilantes (“Igi”=mirar) con Kiengi, que es el nombre de un lugar (“Ki”). En la página 100 de su libro muestra el signo cuneiforme para referirse a “An”, dios supremo sumerio. Equipara su relación con una estrella para establecer su presunto origen estelar. Para los sumerios, los dioses eran las propias estrellas. Así, Enlil era el “Señor del aire” (que no “del espacio aéreo”, que suena más extraterrestre), y Enki el “Señor de la Tierra”.

Después de hacer alarde de su ignorancia en ingeniería hablando de naves con alas y piñones desmontables, alude al arma con el que Ninurta vencería a Zu: el “til”, que por su forma cuneiforme parece una flecha. Faltaría más, que un signo cuneiforme no se pareciese a una flecha. Aunque también se parecen, no obstante, a pisadas de pájaros, que fue lo que algunos pensaron que eran cuando fueron descubiertas. Se hacían con cañas de madera sobre barro húmedo, y por lo tanto, el lugar donde más presión de ejercía daba forma a la cuña.

El signo para “flecha” es en realidad “Ti”, siendo Ti.l el verbo “vivir”. Ambos están muy emparentados el uno con el otro, puesto que “Ti” también significa “vida”, y hasta “costilla” (de ahí el relato de la costilla de Adán). En cualquier caso, aunque tanto Ti como Ti.l puedan significar algo relacionado con la vida, Ti.l no tiene nada que ver con flechas. Es “Ti”, y el texto de Zu usa “Ti.l”. Complicado de explicar, pero fácil de comprender. Es la manipulación de Zecharía Sitchin.

Según la mitología mesopotámica, los Anunna eran, inicialmente, los dioses más poderosos y vivían con Anu en el cielo.

Posteriormente, sin que se haya establecido un motivo claro de este cambio, fueron los Igigi los considerados como dioses celestes mientras el término Anunna se empleaba para designar a los dioses del Inframundo, especialmente a siete dioses que hacían la función de jueces en el Inframundo.

En algunos textos sumerios como por ejemplo el denominado “El Ganado y el Grano”, se deja constancia de que tanto Anu, como Enlil, Enki y Ninharsag existían antes que los anunnaki. Comienzan las tablillas diciendo: “An hubo hecho nacer a los anunnaki…”, y más tarde dice así: “Los anunnakis ignoraban aún el pan para nutrirse, ignoraban aún las ropas para vestirse, pero comían las plantas con la boca, igual que carneros, y bebían el agua del foso”.  En la “Leyenda de Adapa” se afirma rotundamente que éste, el primer hombre civilizado, era “un anunnaki”, al que el gran dios Ea le había dado la sabiduría y la perfección, pero no la vida eterna.

Por tanto, nuestro Adapa o Adán es un Anunnaki, que va desnudo y apenas sabe cómo alimentarse.

Los Anunnaki apenas tienen inteligencia, son como una especie de bestias retrasadas que no saben usar sus manos para comer. Son los llamados mandos intermedios para los dioses. Por tanto los Anunnaki serían el nivel táctico, los negreros que harán trabajar al hombre posterior a golpe de látigo.

En el mito de Atrahasis se afirma que, antes de la creación del hombre, los dioses tenían que trabajar para vivir. Entonces, los Anunna lograron que una categoría de dioses inferiores, los Igigi, trabajaran para ellos, hasta que se rebelaron y rehusaron continuar trabajando. Entonces Enki creó a la humanidad para que esta asumiera la responsabilidad de realizar las tareas que los Anunnaki habían abandonado y a través del culto suministrarían el alimento a los dioses.

En el poema Enûma Elish, fue Marduk quien creó la humanidad y después dividió a los Anunna entre el cielo y la tierra y les asignó tareas. A continuación, los Anunna, agradecidos a Marduk, fundaron Babilonia y edificaron un templo en su honor, llamado Esagila.

Entre las páginas 172 y 176 del libro “El duodécimo planeta”, Sitchin nos habla de cohetes empleados por los anunnaki para sus viajes estelares. Todo lo base en estos “logogramas” antiguos para tratar de demostrar que éstos se desplazaban en cohetes de varias fases que, a pesar de su tecnología extraterrestre, funcionaban aún a propulsión. Hay una forma muy práctica de valorar esta parte del libro. Para ello me remitiré a un término sumerio usado en un texto llamado “Cuando Enki llegó a Súmer”. En concreto, la palabra es “nan.ti.mu.ga”, que significa literalmente “la cámara divina que anda entre las estrellas”. Si es creyente en la materia pensará que no hay prueba más irrefutable, y si te consideras escéptico pensarás que existe una explicación más convencional y razonable. Y la hay. La explicación es que ese término no existe, y estoy seguro de ello porque acabo de inventármelo. Y el texto al que hice alusión, también. Por lo tanto, seas creyente o no, quiero que veas lo fácil que le resulta a cualquiera engañar a quien no tiene ni idea de sumerio.

Concluyendo, y para no extenderme demasiado, mucho de lo que cita Sitchin es sumerio inventado. Otros supuestos investigadores como Anton Parks quieren hacernos creer que sus revelaciones sopladas en sueños son historia sumeria. Y para colmo, los Anunnaki han sido bestias, no dioses o más bien negreros con poca inteligencia y que comen pasto con la boca.

Es lo que tiene ni haber leído nunca una tablilla sumeria, que siempre habrá gente que crea cualquier cosa que circule por Internet, sin importarle la fuente o su procedencia, sólo porque necesita creer.

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1 comentario

  1. Excelente !!!

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