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LOS ORBES, MOTAS DE POLVO QUE SON TOMADAS POR ESPÍRITUS POR LOS CREYENTES EN FANTASÍAS

La aparición de la mayoría de los orbes suele atribuirse al efecto de backscatter o retrodispersión de los flashes utilizados en cámaras fotográficas, en especial cámaras compactas o smartphones, que lo tienen demasiado cerca del objetivo.

No son más que partículas en suspensión desenfocadas, y su forma es circular debido a la difracción y la forma del objetivo; el fenómeno se produce más fácilmente con las cámaras compactas digitales y teléfonos móviles, que tienen el flash más cerca del ojo de la cámara (más en el eje), mientras que en cámaras DSLR los orbes aparecen con mayor dificultad.

Para que un orbe aparezca se necesita que el tamaño de la partícula de polvo en suspensión, o condensación de agua, ocupe el tamaño del fotodiodo del sensor de una cámara. Como en las compactas, smartphones o cuatro tercios, es relativamente pequeño, el grano de polvo o agua ocupa el fotodiodo y aparece el orbe. Sin embargo, si la cámara es full frame, al tener un tamaño de sensor mayor, los orbes no aparecen. Ergo, si fuera un fenómeno real, el orbe no distinguiría entre smartphones o cámaras full frame.

Para que un orbe aparezca se necesita un ambiente oscuro, una cámara compacta o teléfono móvil desde el que disparar la foto, un flash o luz continua, y un ambiente cargado de polvo o húmedad (condensación de agua).

Los creyentes en fantasías argumentan que los orbes tienen movimiento. Pues claro, el polvo nunca está quieto, cualquier pequeña ráfaga de aire lo mueve de aquí para allá.

Y aunque el fenómeno tiene una explicación lógica, que cualquier experto en fotografía conoce perfectamente, los creyentes en fantasías argumentan que se trata de ángeles, espíritus o energías. Y, peor aún, ven rostros en las pareidolias del polvo.

HISTORIA DE PALESTINA, MÁS ALLÁ DE CUÑADOS DEL FACEBOOK, NEOLIBERALES Y LOS QUE VAN DE ROJOS

Palestina formaba parte de la región conocida en la antigüedad como Canaán, donde se encontraban los reinos de Israel y de Judá. En sus orígenes el término «Palestina» designaba un territorio del sur de Canaán, del cual una pequeña parte lo ocupaba el pueblo de los filisteos.

Los canaanitas, fenicio-canaanitas e israelitas, entre otros, se habían establecido en el área desde hacía largo tiempo. Se cree que los filisteos llegaron a la región hacia finales de la Edad de Bronce, alrededor de 1276 a.C. y se establecieron en la llanura costera meridional del Mediterráneo, más tarde conocida como Filistea.

Según registran los textos mesopotámicos y asientos comerciales hallados en Ebla y Mari, desde fechas tan lejanas como el siglo XVIII a.C. la región completa recibía el nombre de «Canaán». Por el contrario, el término «Palestina» no aparece plasmado en documento alguno hasta el siglo V a.C, momento en que Heródoto lo menciona en sus Historias. Después de Heródoto el término «Palestina» se empleó para designar la totalidad del espacio que con anterioridad se conocía como Canaán.

Este sería el territorio con el que se hizo Roma, tal y como aparece incluso en los textos bíblicos. Hacia la época en que aparecieron los romanos el territorio se conocía desde mucho antes como Judea, término tomado del antiguo reino de Judá destruido por los babilonios. Aunque además se aludía al territorio como Palestina, tras la revuelta de Bar-Kochba ocurrida entre 132 y 136 d.C., el emperador romano Adriano, con el propósito de escarmentar al pueblo judío por su insurrección, le puso el nombre de Siria-Palestina a la región, apelativos de los dos enemigos tradicionales de los judíos.

A la caída del Imperio Romano de Occidente, el Imperio Bizantino o de Oriente se apoderó de Palestina y la retuvo hasta cerca del 634 d.C., fecha en que los ejércitos invasores musulmanes provenientes de Arabia la conquistaron.

Se piensa que el nombre «Palestina» deriva de la palabra plesheth, «raíz de palash», cocción ingerible que llevaban consigo las tribus migrantes, más tarde transformada en símbolo de los pueblos nómadas; o bien, del vocablo griego empleado para designar a los nómadas filisteos. El autor Tom Robbins propuso que la palabra «Palestina» tenía origen en el dios andrógino Pales adorado en la región de Canaán. De ser así, «Palestina» significaría «tierra de Pales».

El emperador Diocleciano (que reinó del 284 al 305 d.C.) dividió el Imperio romano en dos partes, el Imperio de Occidente, que controlaba Europa, y el Imperio de Oriente (más tarde conocido por Imperio bizantino), que administraba los asuntos del Oriente Próximo y por supuesto, dominaba Siria-Palestina. Cuando el emperador Constantino el Grande (que reinó del 306 al 337 d.C.) legitimó el cristianismo y lo transformó en religión de estado, Siria-Palestina pasó a ser una provincia cristiana y centro importante de la nueva fe.

El Imperio Romano de Occidente colapsó en el 476 d.C., pero el Imperio bizantino continuó sin confrontar fuertes desafíos hasta el siglo VII d.C., período en que el Islam surge en la región. En el 634 d.C. los ejércitos musulmanes árabes ocuparon Siria-Palestina y la renombraron Jund Filastin. Las iglesias pasaron a ser mezquitas, a partir de ese momento.

Los cristianos de Europa se referían a Siria-Palestina como la Tierra Santa y en 1096 d.C. enviaron la Primera Cruzada para arrebatarla a los musulmanes. A este empeño siguieron otros muchos apoyados por el Imperio bizantino durante el 1272 d.C., que tenían un terrible costo en vidas y propiedades sin que a la postre ganaran algo. El Imperio bizantino cayó en 1453 d.C., lo que trajo por consecuencia una sensible disminución de la influencia cristiana en la región y el sometimiento de Siria-Palestina al control de los Turcos Otomanos. La disputa por la región continuó durante las centurias siguientes, hasta que los británicos se involucraron en 1915 d.C. en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, oportunidad en que las potencias occidentales diseñaron los primeros planes de partición del Oriente Próximo para satisfacer sus designios y provechos.

En el verano de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. El desencadenante fue el célebre asesinato en Sarajevo del heredero del Imperio Austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, a manos de un nacionalista serbio.

De hecho, las principales potencias se habían ido preparando para la guerra mediante un sistema de alianzas. Por un lado, la Triple Alianza, que agrupaba al Imperio alemán, el Imperio austrohúngaro e Italia. Por el otro, la Triple Entente, formada por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Los dos bandos de la guerra terminarían reflejando ambas uniones, con algunos cambios. Uno de ellos fue especialmente interesante: el Imperio Otomano, que controlaba la región de Siria-Palestina, acabaría sumándose al bando germano, enfrentado a la Triple Entente.

Para debilitar a su nuevo enemigo, los líderes británicos decidieron sabotear al Imperio Otomano desde dentro. Para ello, en 1915 contactaron con los líderes árabes de la región palestina, a los que les hicieron una jugosa oferta: ayuda en el sabotaje al Imperio Otomano a cambio de establecer una nación árabe en ese territorio al acabar la guerra.

Esta oferta se realizó mediante un intercambio epistolar entre el alto comisario británico en El Cairo, Henry McMahon, y el jerife de La Meca, Husayn ibn Ali, descendiente de Mahoma y máximo líder espiritual musulmán.

Lo interesante es que, sin que los árabes lo supieran, los británicos realizarían poco después una promesa similar a los judíos que residían en la zona. En la célebre Declaración Balfour (1917), el ministro de exteriores inglés había asegurado a Lord Rothschild, líder de la comunidad judía en Londres, que “el Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo”. Todo ello, obviamente, si los judíos residentes en Palestina ayudaban a los británicos contra los dominadores otomanos.

Ahora bien, dado que la población judía en Palestina era exigua, los británicos confiaron el sabotaje principalmente al pueblo árabe, que era el mayoritario en la región. Concretamente, el gobierno inglés envió a un arqueólogo especializado en Oriente Próximo a ayudar a los árabes en su revuelta contra el Imperio Otomano.

Este arqueólogo no era otro que T. E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. Con el apoyo británico, los árabes, liderados por Faysal (hijo de Husayn) y Lawrence, causaron numerosos problemas al Imperio Otomano, que terminó solicitando el armisticio a las potencias aliadas en octubre de 1918.

Sin embargo, a pesar de la exitosa ayuda que tanto árabes como judíos prestaron a los británicos, ninguna de las dos comunidades obtuvo la nación independiente que los ingleses les habían prometido.

En 1917 se hizo público el Acuerdo Sykes-Picot, un pacto secreto firmado por los ministros de exteriores británico y francés que establecía que, al terminar la guerra, ambas naciones se repartirían Oriente Próximo. La publicación de este acuerdo también fue un duro mazazo para T. E. Lawrence. Impotente y abatido por las acusaciones de traición por parte de sus amigos árabes, acabaría abandonando su puesto y regresando a Inglaterra.

Finalmente, el Tratado de Sevrès, un acuerdo auxiliar al de Versalles firmado en 1920, ratificaría la desintegración del Imperio Otomano y el establecimiento en Oriente Próximo de una serie de nuevos países tutelados por Francia (El Líbano y Siria) y Gran Bretaña (Irak, Jordania y Egipto). En dicho tratado también se acordó el dominio militar británico en la región de Palestina, con el fin de poner paz en un territorio que pronto se convertiría en un polvorín.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, unos 150.000 judíos polacos escaparon a la Unión Soviética. En 1946, éstos comenzaron a ser repatriados a Polonia. Había razones suficientes para que los judíos no quisieran quedarse en este país, pero un incidente en particular los convenció de emigrar.

El 4 de julio de 1946 hubo un pogromo contra los judíos de Kielce y 41 personas murieron y 60 resultaron gravemente heridas. Para el invierno de 1946/1947, había alrededor de un cuarto de millón de desplazados en Europa.

Truman concedió relajar las leyes de inmigración en los Estados Unidos y llevó a miles de desplazados al país. Los inmigrantes prioritarios eran los niños huérfanos. En el transcurso de 1946 a 1950, más de 100.000 judíos emigraron a los Estados Unidos.

Abrumada por las presiones y opiniones internacionales, Gran Bretaña puso el asunto de Palestina en manos de las Naciones Unidas en febrero de 1947. En el otoño de 1947, la Asamblea General votó a favor de la partición de Siria-Palestina y la creación de dos estados independientes, uno judío y otro árabe. Inmediatamente, estalló la lucha entre judíos y árabes por Palestina.

El gobierno británico comenzó a enviar desplazados directamente a los campamentos en Chipre en agosto de 1946. Éstos pudieron entonces solicitar la inmigración legal a Siria-Palestina. El Ejército Real Británico dirigió los campamentos en la isla. Patrullas armadas custodiaban los perímetros para evitar fugas. Cincuenta y dos mil judíos fueron internados y nacieron 2.200 bebés en la isla de Chipre entre 1946 y 1949. Aproximadamente el 80 por ciento de los internos tenían entre 13 y 35 años. La organización judía era fuerte en el país y la educación y la capacitación laboral se impartían internamente.

Un cargamento de refugiados aumentó la preocupación por las personas desplazadas en todo el mundo. Los sobrevivientes judíos habían formado una organización llamada Brichah (vuelo) con el propósito de enviar inmigrantes a Siria-Palestina y la organización trasladó a 4.500 refugiados de campos de desplazados en Alemania a un puerto cerca de Marsella, Francia, en julio de 1947, donde abordaron el barco Éxodo.

El Éxodo partió del país, pero estaba siendo vigilado por la armada británica. Incluso antes de que entrara en las aguas territoriales de Siria-Palestina, los destructores obligaron al barco a llegar al puerto de Haifa. Los judíos resistieron y los británicos mataron a tres e hirieron a más con ametralladoras y gases lacrimógenos.

Los británicos, finalmente, obligaron a los pasajeros a desembarcar y los colocaron en barcos británicos, no para su deportación a Chipre, como era la política habitual, sino a Francia. Querían presionar a los franceses para que asumieran la responsabilidad de los 4.500 judíos.

El Éxodo permaneció en el puerto francés durante un mes, ya que los franceses se negaron a obligar a los refugiados a desembarcar, pero ofrecieron asilo a quienes deseaban irse voluntariamente. Ninguno de ellos lo hizo. En un intento por obligar a los judíos a abandonar el barco, los británicos anunciaron que los llevarían de vuelta a Alemania.

Aún así, nadie desembarcó porque querían ir a Israel. Cuando el barco llegó a Hamburgo, Alemania, en septiembre de 1947, los soldados sacaron a rastras a cada pasajero. Truman y gran parte del mundo observaron y supieron que era necesario establecer un estado judío.

En 1947 la Organización de las Naciones Unidas creó un plan para dividir el Mandato de Palestina en dos territorios que alojarían a un estado judío (Israel) y un estado árabe. Jerusalén, la ciudad sagrada del judaísmo, el cristianismo y el islam quedaría bajo un sistema de control internacional.

El término Cisjordania es un neolatinismo que se arraigó durante el periodo en que el territorio estuvo ocupado por Jordania (1948-1967). Antes, la denominación tradicional era Judea y Samaria. La denominación Cisjordania se extendió a partir de 1950 como concepto geopolítico que permitía diferenciarlo de Transjordania («más allá del Jordán»), es decir, la actual Jordania.

El 14 de mayo de 1948 el gobierno británico abandonó Siria-Palestina y el mismo día se proclamó el Estado de Israel. Estados Unidos fue el primer país en reconocer al nuevo Estado. La inmigración legal comenzó en serio, a pesar de que el parlamento israelí, la Knesset, no aprobó la «Ley de Retorno» (que permite a cualquier judío emigrar a Israel y convertirse en ciudadano) hasta julio de 1950.

La inmigración a Israel aumentó rápidamente, a pesar de la guerra contra los vecinos árabes hostiles. El 15 de mayo de 1948, el primer día del estado israelí, llegaron 1.700 inmigrantes. Hubo un promedio de 13.500 cada mes desde mayo hasta diciembre de 1948, superando con creces la migración legal previa aprobada por los británicos de 1.500 por mes.

En 1949, el recién creado Estado de Israel firmó una serie de treguas con los países árabes que le habían declarado la guerra. En virtud de los acuerdos de 1949, la Franja de Gaza quedó bajo control de Egipto.

En octubre de 1956, pocos meses después de que el presidente egipcio nacionalizara la vía navegable del Canal de Suez, lo que cortó el paso a Israel, el país invadió la península del Sinaí y la Franja de Gaza. En noviembre de ese año, las Naciones Unidas pidieron al Reino Unido, Francia e Israel que retiraran sus tropas de Egipto.

En enero de 1957, Israel se retiró del territorio egipcio, excepto de la Franja de Gaza y la zona del golfo de Áqaba, con el argumento de que la Franja de Gaza nunca perteneció a Egipto.

En junio de 1967, durante la guerra árabe-israelí, Israel tomó el control de la Franja de Gaza y la península del Sinaí.

En el Yom Kippur de octubre de 1973, fuerzas invasoras de Egipto y Siria intentaron persuadir a Israel para que negociara mejores condiciones para los países árabes. Casi 2700 soldados israelíes murieron en la guerra de 19 días y miles resultaron heridos de una población de unos tres millones de habitantes en aquel momento.

El 26 de marzo de 1979, Egipto e Israel firmaron en la Casa Blanca un tratado de paz que supuso la retirada completa de Israel de la península del Sinaí. Los dos países acordaron el marco de un acuerdo para permitir el autogobierno de los palestinos que vivían en los territorios ocupados. Tres años después, el presidente estadounidense Ronald Reagan expresó su apoyo a su plena autonomía con cierta supervisión jordana, pero Israel rechazó el plan.

En diciembre de 1987, los palestinos de Cisjordania y Gaza iniciaron la primera intifada contra Israel. Miembros de los Hermanos Musulmanes fundaron la organización terrorista Hamás.

En 1993, Arafat firmó los acuerdos de Oslo con Israel y se comprometió a negociar el fin del conflicto sobre la base de una solución de dos Estados. Hamás, que se oponía al acuerdo, lanzó una serie de atentados suicidas en Israel.

En 1997, dos atentados suicidas mataron a 27 personas, y el primer ministro de Israel, Shimon Peres, dijo que libraría una guerra incesante contra Hamás.

En septiembre de 2000, pocos meses después de que las negociaciones entre Israel y Palestina llegaran a un punto muerto en Camp David, comenzó la segunda intifada, en la que jóvenes palestinos lanzaron piedras contra la policía israelí. El apoyo a Hamás siguió creciendo dentro de Palestina por su disposición a luchar contra Israel.

En enero de 2006, aproximadamente un año después de la muerte del líder palestino Yasir Arafat, cofundador de la organización paramilitar Fatah, Hamás ganó las elecciones parlamentarias palestinas. Un año después, Hamás tomó el control de Gaza, desbancando a las fuerzas de Fatah. Es decir, los palestinos de Gaza decidieron que su parte de Palestina fuera gobernada por una organización terrorista, según se vio por el resultado de las elecciones. Por contrapartida, Cisjordania (la otra Palestina) siguió gobernada por el llamado Estado Palestino.

En respuesta al lanzamiento de cohetes desde Gaza, Israel lanzó un ataque contra objetivos de Hamás en diciembre de 2008 en el que murieron 200 palestinos. Poco después, iniciaron una guerra terrestre contra Hamás. En total, murieron 1200 palestinos y 13 israelíes.

En enero de 2009, Israel y grupos palestinos declararon un alto el fuego unilateral, después Israel se retiró de Gaza y se replegó en el perímetro de la franja.

En noviembre de 2012, Israel mató a Ahmed al Yabari, jefe militar de la organización terrorista Hamás, lo que desencadenó más de una semana de intercambio de disparos en el que murieron más de 150 palestinos y al menos seis israelíes.

En 2014, Hamás secuestró y mató a tres adolescentes israelíes, lo que provocó ataques de Israel, y lanzamientos de cohetes desde Gaza, en un conflicto en el que murieron más de 1881 palestinos y más de 60 israelíes.

En 2018, al menos 170 palestinos murieron durante la respuesta de Israel a las protestas a lo largo de la valla de barrera que separa Gaza de Israel.

En octubre de 2023, la organización terrorista Hamás decidió entrar por mar, tierra y aire a Israel. Se dispararon al menos 2200 cohetes desde Gaza que mataron a cientos de civiles israelíes. Los militantes armados de Hamás​ capturaron un gran número de rehenes, tras sucesivas razias en el sur de Israel, incluido mujeres, ancianos, niños y bebés. Jóvenes de distintas nacionalidades fueron asesinados a sangre fría por la organización terrorista Hamás, que a su vez entraron a varios kibutz degollando a más de 40 bebés.

La respuesta de Israel no se hizo esperar. Y a día de hoy Israel quiere arrasar la franja de Gaza para escarmentar a la población palestina, que sigue ocultando a los líderes de Hamás en sus casas. Es por eso que Hamás no quiere que la población de Gaza emigre hacia Egipto. Egipto, por su parte, no quiere abrir las fronteras porque teme que pueda haber cientos de milicianos de Hamás escondidos, lo que implicaría que el terrorismo invadiría su país. Y cabe recordar que Egipto vive del turismo.

Hézbola, la organización terrorista de Irán, es quien financia el armamento de Hamás. Después de la proclamación de la Yihad de la ira el viernes 13 de octubre de 2023, se teme que se produzca una escalada bélica con los países árabes limítrofes a Palestina: Líbano, Siria, Egipto, Jordania, Irán e Irak. Israel insiste en su entrada por tierra a Gaza para, de esa forma, intentar amedentrar a estos países de lo que podría ocurrirles si hacen lo mismo que ha hecho Hamás al matar a los suyos.

La ayuda externa total que recibió Palestina de distintos agentes de la comunidad internacional durante la última década, dividida entre apoyos presupuestarios al gobierno y ayuda humanitaria, asciende a una media anual de casi 2.000 millones de euros aproximadamente, según Cooperación Española. De esta suma, más de la mitad (1.200 millones) es aportada por los socios europeos para el desarrollo (la Unión Europea, sus Estados miembros, Noruega, Suiza y el Reino Unido), según el Parlamento Europeo.

Según la OCDE, el total bruto recibido por Palestina en concepto de ayuda oficial al desarrollo ascendió a 2.171 millones de euros en 2019, 1.925 millones en 2020 y 2.047 millones en 2021, último dato disponible en la serie histórica. El agente internacional que más dinero aportó en 2021 fue la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, UNRWA por sus siglas en inglés, seguida de Catar, Alemania y la Unión Europea.

Es decir, la Palestina de Gaza ha estado viviendo de las ayudas europeas durante décadas, estableciéndose además 706 escuelas y 140 centros sanitarios, dado que la población de Gaza no trabaja. Es más, tanto agua, como luz, combustible y otros enseres eran proporcionados por Israel, de forma gratuita que, ante el conflicto actual, ha cortado los suministros.

Para finalizar este artículo, hago una pregunta en voz alta. ¿Por qué la Palestina de Cisjordania no se hace cargo de los suyos en Gaza?

DE CÓMO LOS BORBONES SE APROPIARON DEL PALACIO MARIVENT DE MALLORCA

El palacio Marivent de Mallorca, en Cala Major, fue cosa del ingeniero griego Joan de Saridakis. Cuando Saridakis llegó en 1923 a la isla con su primera esposa, la escultora Laura Mounier, tenía 46 años y había amasado una gran fortuna después de trabajar como ingeniero en las minas de Chile. Fue entonces cuando descubrió un acantilado, a unos 5 kilómetros de Palma, con unas vistas espectaculares sobre la bahía palmesana. Decidió construir allí su residencia y convertirla en un espacio en el que poder disfrutar de la amplia colección de arte que él y su esposa habían logrado reunir con el paso de los años.

Joan de Saridakis le encargó al arquitecto Guillem Forteza i Pinya el proyecto de Marivent, que, al cabo de dos años, en 1925 ya estaba acabado. Fue el propio Joan quien decidió bautizar su casa, situada en un terreno de 33.000 metros cuadrados con jardines y pinares y con un gran torreón presidiendo el edificio, como Marivent (Mar y viento), aunque siempre fue conocida como Can Saridakis hasta 1973.

Si el exterior de Marivent era magnífico y evocador, en su interior había un auténtico tesoro formado por la colección del exingeniero, compuesta por 1.300 obras de arte entre piezas de cerámica española de Manises, Ribesalbes…; pinturas de Santiago Rusiñol, Joaquim Mir, cuadros del propio Saridakis y esculturas de su esposa, Laura, así como algunas obras atribuidas a Picasso, Sorolla, o Delacroix y una biblioteca con más de 2.000 volúmenes.

Saridakis, que enviudó en 1941 y volvió a casarse con Anunciación Marconi Taffani, siempre fue un apasionado de la isla. Las cuatro décadas que vivió allí le llevaron a tomar la decisión de que a su muerte Can Saridakis pasase a manos de la Diputación y, como suele ocurrir en todas las historias mitológicas, impuso una condición: que lo convirtiesen en un museo para que todo el mundo disfrutase de forma gratuita de su colección de arte.

Saridakis falleció en 1963 y su viuda, tal y como había acordado con su esposo, cedió, a través de un contrato de donación en 1965, el edificio de Marivent, su contenido y los terrenos, al pueblo balear (por eso Marivent, a diferencia de otros inmuebles y la Almudaina, también en Mallorca, no pertenece a Patrimonio Nacional sino a la Comunidad Autónoma de Baleares) . En el mismo se estipulaba lo siguiente: «Que los bienes donados debían destinarse a perpetuidad a la instalación de un museo de arte provincial y servicios culturales y de enseñanza y adiestramiento artístico complementario» y «que si la residencia de Marivent no se destinaba al uso deseado por el fallecido pintor y su esposa durante un período superior a seis meses, el palacio debía ser devuelto a su donante o a sus herederos».

En 1972 el jefe de la Casa del Príncipe, el mallorquín Nicolás Cotoner y Cotoner, marqués de Mondéjar, empezó a mover los hilos para que la Diputación cediera la finca a los futuros reyes, consciente de que la isla era una de las debilidades de la pareja. Y es que Juan Carlos de Borbón pasó justo delante de esta finca, dice que se enamoró de este palacio y es entonces cuando se lo comentó a Cotoner. Fue así como el 4 de agosto de 1973, los príncipes de España en aquel entonces, Juan Carlos y Sofía, llegaron a Can Saridakis para tomar posesión de la finca como residencia veraniega. Vamos, que se la quedaron por la patilla, sin abonar ni una sola peseta.

Antes de que los Príncipes veranearan en la finca, se llevaron a cabo algunas reformas que fueron supervisadas por Sofía. Básicamente se habilitaron despachos, en la primera planta se instalaron las habitaciones de los príncipes y los invitados mientras que la superior se dedicó a los tres hijos de la pareja, Elena, Cristina y Felipe.

Pero la decisión de ceder a los Príncipes Can Saridakis, desafiando la última voluntad de su creador, iba a tener consecuencias. En 1978 Carlos Hermann Marconi, hijo de Anunciación Marconi y heredero de Saridakis (en caso de incumplimiento del contrato de cesión), demandó a la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares y le reclamó no el palacio, al que renunció en 1971, pero sí las 1.300 obras de arte, los 2.000 volúmenes de la biblioteca y el centenar de valiosísimos muebles que contenía el edificio del pintor, por el incumplimiento de las condiciones de su donación.

En 1988 los tribunales le dieron la razón y obligaron a la Comunidad Autónoma a la devolución de todos los bienes a su heredero. En septiembre de aquel año los cuadros, muebles, cerámicas y libros de Saridakis, que decoraban las habitaciones y los despachos desde 1925, abandonaron el palacio empaquetados en cuatro se contenedores rumbo a Barcelona. Lo último en salir fue una espectacular araña de cristal de Murano.

Patrimonio Nacional no tardó mucho en sustituir las piezas retiradas por orden judicial por otras, que completaban una nueva decoración del Palacio de Marivent. La mayoría de estas nuevas obras de arte se sacaron del fondo del Museo del Prado.

En la actualidad, los Borbones siguen disfrutando de este palacio cada verano, ahora en manos de Felipe VI. Y, en el futuro, de Leonor, la que será reina de España. Por tanto, se necesita un mantenimiento de este palacio. ¿Pero quién lo paga? Os lo explico ahora.

Cuando los Borbones se encuentran en la isla, es el Gobierno autonómico es el que se encarga de sufragar el coste de la limpieza de las instalaciones durante todo el año. Según las bases publicadas en el BOE, es Patrimonio Nacional el que asume el coste de la limpieza y otras labores de mantenimiento, «preferentemente en Semana Santa y en verano». Según rezan los requisitos del contrato que ha salido a concurso, esta adjudicación incluye la limpieza de todos los anexos a Marivent y Son Vent, desde el gimnasio hasta el centro médico, la cafetería y las garitas de acceso al palacio. En las bases figura la obligación a una limpieza integral de estas estancias, labores de lavandería y de lavado de los vehículos oficiales. También se aconseja que se procure «en la medida de lo posible» que los cambios del personal sean mínimos, además de exigir una escrupulosa corrección a la hora de desempeñar sus funciones.

Así que ahora ya conoces su historia. El Palacio Marivent fue prácticamente robado por los Borbones, decorado con obras de arte del Museo del Prado, y mantenido con el dinero de todos los españoles, a través de Patrimonio Nacional, para que los Borbones se puedan dar unas vacaciones de lujo.

EL ORIGEN DE LOS EXTRATERRESTRES REPTILIANOS GRACIAS A UNA SERIE DE TELEVISIÓN

Escrita, producida y dirigida por Kenneth Johnson, la serie de televisión V (emitida de 1983 a 1985) se vio en más de 33 millones de hogares y se ha convertido en una verdadera serie de culto que cambió la televisión a nivel mundial. Invasores en monos rojos, gafas oscuras y gorras de béisbol que se escondían detrás de un discurso de paz y un rostro humano pero que, en realidad, eran extraterrestres que buscaban la supremacía total.

Su creador, Johnson, hizo estas declaraciones hace unos años: “Me puse a pensar, Dios, ¿cómo se sentiría la gente común si de repente hubiera un cambio radical en nuestra vida que cambiara todo, si de repente un híperpoder nos invadiera, al igual que los nazis invadieron Europa?”, reflexiona Johnson mientras da cuenta del verdadero mensaje que quería transmitir a través de esta trama y de sus personajes. “He recibido correos electrónicos a lo largo de los años y cartas de personas que dicen: ‘¡Oh, lo entendiste! Sabes que hay reptilianos entre nosotros’”, cuenta el director sobre aquellos que tienen la creencia de que una alegoría política inquietantemente profética realmente controla el mundo.

Pero Johnson es claro al respecto: «No, no hay reptilianos entre nosotros. De hecho, cuando escribí la serie nunca había oído hablar de reptilianos, todo fue un invento mío fruto de la imaginación. MI intención real era crear una parábola antifascista pura, un relato sobre el nazismo ascendiendo al poder en los Estados Unidos y una resistencia que lo combatía».

A pesar del éxito de la serie, el elevado presupuesto que Johnson utilizó incomodó a los ejecutivos de Warner Bros. La secuela que era un hecho y que ya tenía nombre (V: The Final Battle) no contó con su dirección ni aporte creativo. “‘Kenny, no queremos que dirijas nada de la secuela. Tememos que no dirijas la secuela tan rápido y barato como queremos que se haga’”, fue la llamada que recibió y que lo dejó afuera de su propio proyecto. Así finalizó la serie, de forma abrupta.

Servidor con David Icke, al que conocí personalmente en Barcelona

Tuvimos que esperar a la llegada de David Icke en 1990. Icke era un presentador de deportes para la cadena de televisión BBC, así como un portavoz para el Partido Verde inglés, cuando en 1990, una médium le dijo que era un sanador que había sido puesto en el planeta Tierra por un propósito, y que el mundo de los espíritus le iba a enviar mensajes espirituales. En marzo de 1991, dio una conferencia de prensa para anunciar que él era un «Hijo de la Deidad». Desde 1994 se puso a escribir libros como un poseso. En el centro de su teoría se encuentra la idea de que un grupo secreto de humanoides reptilianos, llamados la Hermandad Babilónica (que incluye a George W. Bush, la reina Isabel II, Kris Kristofferson y Boxcar Willie) controla a la humanidad, y que muchas figuras prominentes son reptilianas.

En 1990, visitó a un vidente que le dijo que estaba en la Tierra con un propósito y que recibiría mensajes del mundo espiritual. Esto le llevó a afirmar en 1991 que era un «Hijo de la Divinidad» y que el mundo pronto sería devastado por maremotos y terremotos, predicciones que repitió en el programa de la BBC Wogan.

Icke afirma que una raza interdimensional de seres reptilianos, los Arcontes o Anunnaki, han secuestrado la Tierra y que una raza híbrida humano-arconte modificada genéticamente de reptilianos que cambian de forma -la Hermandad Babilónica, los Illuminati o la «élite»- manipula los acontecimientos para mantener a los seres humanos atemorizados, de modo que los Arcontes puedan alimentarse de la «energía negativa» resultante.

Tras la obra del escritor británico David Icke, la figura del reptiliano ha cobrado bastante popularidad, asociándola a teorías conspirativas de dominación mundial por parte de los reyes, jefes de estado, aristocracias y magnates financieros, muy ligados a la masonería. También están las historias inventadas por Zecharia Sitchin sobre los Anunnakis, de que fueran realmente reptilianos (aunque luego Sitchin arguyó que él nunca dijo que sus Anunnaki eran reptilianos, y que ese particular fue inventado por algunos de sus adeptos).

En cualquier caso, el inconsciente colectivo hizo el resto. Hoy en día, gracias a la serie V y su posterior influencia en David Icke y otros conspiranoicos, tenemos una raza de extraterrestres reptilianos que nunca habían existido antes de la decada de los años 80.

LOS GRISES Y H.G. WELLS

La novela más conocida de H.G. Wells fue «La máquina del tiempo». Pero antes de esta obra escribió varios artículos y relatos, entre ellos «El hombre del año un millón», que fue publicado en 1893, dos años antes de hacerse mundialmente conocido y muy rico con la publicación de «La máquina del tiempo».

En este texto el propio Wells imaginó cómo sería el hombre del futuro y nos dio una descripción del mismo.

Según la imaginación de Wells, en el futuro «el hombre no necesitaría piernas ni brazos de gran tamaño», así que en su relato, el descendiente del ser humano tiene unos brazos y unas piernas cortas. Además, mencionó que el hombre no necesitaría comer como lo hacemos nosotros, sino que absorbería los nutrientes por la piel. Para comer se bañaría en un caldo nutritivo. Como no necesitaría el tubo digestivo (esófago, estómago, intestinos y otras tripas), el tronco sería mucho más pequeño, con órganos respiratorios minúsculos. Lo mejor es que, según Wells, el cerebro (y con él, el cráneo y la cabeza) crecería en desmesura. Y, por supuesto, las manos serían desproporcionadas.

¿A alguien le suena este arquetipo?

Correcto, es la viva estampa del típico extraterrestre gris, el que se hizo famoso como descripción de la abducción de Betty y Barney Hill en 1961, que luego popularizó Spielberg en «Encuentros en la tercera fase» en 1977 (donde todavía eran buenos) y Whitley Strieber en 1987, con su novela «Communion» (aquí se hicieron malos).

Algún conspiranoico podrá pensar que H.G. Wells tuvo algún episodio de contactismo con estas entidades grises y por eso los describió de esta forma. Pero cuando lo entrevistaban, Wells siempre dejaba claro que todo era fruto de su imaginación, que así veía al hombre del futuro y nada más,