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DE DÓNDE SALIÓ LA CONSPIRACIÓN DE TARTARIA

En 1705 Nicolaes Witsen, burgomaestre de Ámsterdam, publicó este mapa de Tartaria (Tierra de los tártaros).

Tartaria o Gran Tartaria (en latín: Tartaria Magna) es el nombre por el que se conocía en Europa, desde la Edad Media hasta el siglo XIX, a una gran extensión de tierra del centro y noreste de Asia que iba desde el mar Caspio y los montes Urales hasta el océano Pacífico y que estaba habitada por varios pueblos túrquicos y mongoles, a los que genéricamente llamaba «tártaros». Incluía lo que en la actualidad se conoce como Siberia, Extremo Oriente ruso, Turquestán (incluido el Turquestán Oriental), la Gran Mongolia, Manchuria y, ocasionalmente, el Tíbet.

La teoría de la Gran Tartaria como una civilización perdida se originó en Rusia, a partir de la difusión de la llamada Nueva cronología de Anatoly Fomenko, y fue popularizada por Nikolai Levashov. En la pseudociencia rusa, conocida por su nacionalismo, Tartaria se presentaba como el nombre «verdadero» de Rusia, maliciosamente «ignorado» en Occidente.

Anatoli Timoféyevich Fomenko (Анатолий Тимофеевич Фоменко) es un matemático ruso. Nació en Donetsk (Unión Soviética) el 13 de marzo de 1945. Es miembro numerario de la Academia de Ciencias de Rusia (ACR). Lo que quiso hacer Fomenko con su nueva teoría de Tartaria, como buen nacionalista, es devolver la hegemonía a la antigua Rusia zarista, inventándose un complot de los maliciosos capitalistas occidentales para borrar a Rusia-Tartaria de la historia.
Y es que según esta teoría, basada en buscar repeticiones estadísticas (donde al buen señor le viene en gana) de eventos y nombres «similares», de forma que Platón = Plotino, Gallaecia = Gallia = Gálich (Rusia) o Escotos (Escocia) = Escitas (Asia Menor): la historia anterior al siglo XV ha sido deliberadamente falseada por motivos políticos y religiosos. En algún momento del Renacimiento, alguien se inventó la Historia Antigua. Completa, con pelos y señales, y en un alarde de imaginación que ya quisieran J.R.R.Tolkien y George R.R. Martin en una noche de parranda.

Por supuesto, los métodos de datación, como el famoso carbono 14, la dendrocronología o la paleografía no son fiables, porque carecen de valores de referencia y se realimentan.

Todas las estatuas antiguas están talladas durante el Renacimiento, y las monedas acuñadas entre los siglos XV y XVII; se diseminaron por el mundo para mantener la mentira.

Jesús pudo ser el emperador bizantino Andrónico I Comneno, nacido “oficialmente” en 1118 d.C., por lo que estamos ahora mismo en el siglo IX y a punto de entrar en el X.

El Templo de Salomón jamás cayó; es la Hagia Sofía de Estambul. Bueno, si según la tradición el santuario de Loreto pudo desplazarse transportado por ángeles, ¿por qué no iba a poder éste?

La ciudad de Roma fue en realidad Alejandría, luego Constantinopla, y finalmente Moscú.

La guerra del Peloponeso tuvo lugar en España en el siglo XIV. Me pregunto que debieron pensar los nazaríes al tener que combatir a los espartanos.
La erupción del Vesubio que arrasó Pompeya ocurrió en 1631.

Y así, hasta el infinito… Ah, y los jesuítas son los malos, porque quisieron ocultar esta historia.

Pues bien, esto cayó en manos de Carles Torá (su nombre real, el que costa en el DNI, cuyos antepasados se remontan a Lleida) y, desconozco si por no haber leído bien la nueva historia de Anatoli Fomenko, o porque quiso añadir de su propia cosecha, confundió las fechas y ahora su cronología tartárica comienza en el 1700 y se olvidó de hacernos saber que Rusia es Tartaria.

Quizás en todo ello influyera que esta teoría apareció en los foros de QAnon, los seguidores de Trump, donde para ellos existe una élite satánica que quiere gobernar el mundo y Trump es el salvador de la Humanidad.

LA TIERRA HUECA Y CÓMO LOS CONSPIRANOICOS INVENTARON LA HISTORIA DEL ALMIRANTE BIRD

La creencia en la Tierra hueca o creencia intraterrestre es una afirmación de que dentro del planeta Tierra hay otro mundo muy parecido a la superficie. Donde existen civilizaciones subterráneas de seres llamados «intraterrestres».

La creencia en la Tierra hueca fue creada por Athanasius Kircher en 1665,​ con su obra Mundus subterraneus, quo universae denique naturae divitiae, si bien se considera a uno de sus primeros promotores modernos al escritor italiano F. Amadeo Giannini, quien en 1958 publicó Physical Continuity of the Universe and Worlds Beyond the Poles: a Condensation (‘La continuidad física del universo y los mundos más allá de los polos: un resumen’), en que afirmaba que en febrero de 1947, el aviador estadounidense Richard E. Byrd (1888-1957) había intentado ser el primer humano en llegar al polo norte. Según Giannini, Byrd primero vio un mamut lanudo vivo cerca del polo norte, a plena luz del sol. Después ingresó con su avión unas 2300 millas a través de una entrada hacia el centro de la Tierra. Allí tuvo un encuentro con un humanoide de otro mundo, que advirtió a la humanidad que buscaran la paz y no la guerra. Según Giannini, Richard E. Byrd había escrito todo esto en un diario secreto.

Estas afirmaciones de Giannini contienen varias contradicciones:

En febrero de 1947, Richard Byrd no se encontraba en el polo norte, sino que estaba llevando a cabo la muy publicitada Operación Highjump en la Antártida, y por lo tanto, se encontraba en el punto más lejano posible del polo norte.

La Operación Highjump, cuya denominación oficial era The United States Navy Antarctic Developments Program, 1946-47 o Programa de Desarrollos Antárticos de la Armada de los Estados Unidos, consistió en un grupo de maniobras militares que tenían por objeto probar equipos militares y tropa en condiciones antárticas. La operación fue organizada por el contraalmirante Richard E. Byrd, de la Armada de los Estados Unidos, y tendría continuidad un año después con la Operación Windmill.

Los objetivos de esta operación consistían en entrenar al personal y probar material en condiciones de frío extremo, consolidar y extender la soberanía estadounidense sobre la mayor área posible del continente antártico y determinar la viabilidad de establecer y mantener bases en la Antártida, e investigar posibles ubicaciones para las mismas.

La magnitud del esfuerzo aeronaval y los rumores sobre algunos de los objetivos de la misión, que la relacionaban con la expedición antártica alemana de 1938 y los ovnis nazis, han propiciado el desarrollo de un conjunto de teorías conspirativas de corte ufológico y neonazi. Algunos autores como Ladislao Szabo,​ Michael X. Barton4​ y Ernst Zündel, presentan la Operación Highjump como la mayor ofensiva militar llevada a cabo por Estados Unidos contra una supuesta base militar del Tercer Reich en la Antártida en 1947. Por supuesto, todo esto forma parte del folklore, ya que no se ha podido demostrar nada.
Otro problema es que en febrero en el Ártico es invierno y por lo tanto la luz del sol no llega al polo norte ―es noche cerrada durante seis meses, entre el 21 de septiembre y el 21 de marzo― por lo que habría sido imposible que Byrd viera algo, como un mamut lanudo, desde el aire.

El monólogo del humanoide que le dio consejos a la humanidad proviene directamente de la película Lost Horizon (1937).

En 1996 se descubrió el diario de Richard E. Byrd, donde se demostró que su vuelo sobre el polo norte ―que sucedió el 9 de mayo de 1926 (veinte años antes de lo que calculó el italiano Giannini)― había sido un engaño, que no había recorrido los 2189 km necesarios para ir y volver desde el polo norte sino 1750 km (el 80 % del trayecto), y salió a la luz la confesión del piloto de Byrd, que afirmó que Byrd le había ordenado que fuera y viniera varias veces para no alejarse demasiado de la isla de Spitsbergen (desde donde habían despegado, y adonde retornaron pasadas 15,5 horas).

En los últimos años, han sido los colombianos los que han realizado innumerables expediciones a la Antártida para su estudio. Por supuesto, no los Estados Unidos y la NASA menos, ya que es una agencia espacial, cosa que los conspiranoicos no entienden.

Os adjunto un dibujo transversal de la Tierra que muestra el «Mundo Interior» de Atvatabar, de la novela de ciencia ficción de 1892 de William R. Bradshaw La Diosa de Atvatabar.

LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA FUERON COPIADAS DE LAS ROMANAS

Todas las festividades católicas son para tapar aspectos paganos. Lo que acaba de ocurrir con las procesiones de Semana Santa, por ejemplo.

En Sevilla, por poner un ejemplo, en los tiempos romanos tardíos, hubo al menos unas procesiones conocidas, las consagradas a Adonis, denominadas Las Adonías (adjunto una imagen de la escultura de Adonis muerto, por si os suena de algo). Durante una de ellas, la celebrada en julio del año 287, dos cristianas hispanorromanas de Sevilla, Justa y Rufina, habían puesto en el foro un tenderete con objetos de alfarería. Pero a la plaza llegó la procesión romana. Estaba compuesta por mujeres descalzas, danzantes y cantantes, que llevaban en andas una imagen de Adonis. Se trataba de celebrar la resurrección anual del dios de la vegetación al que lloraba otro ídolo, el de Afrodita (la semítica Salambó), también sobre un «paso».

El gobernador Diogeniano castigó la osadía de estas Justa y Rufina, por pelearse, obligándolas a participar en la procesión romana que iba al Mons Marianus para solicitar la fecundidad de los campos. Estos montes del norte del valle del Guadalquivir nada tenían que ver con la Virgen del Rocío, por cierto. Todo ello se contó en el siglo IV en el Breviario de Évora.

En la Roma imperial comenzaron a cristianizarse los desfiles paganos. Por poner un ejemplo, el desfile romano de Ambarvalia, ceremonia que las hermandades agrarias celebraban en mayo para purificar los campos, y las Robigalia del 25 de abril, que pretendían preservar el trigo de las plagas periódicas como el robigo, el tizón o rabillo de nuestros campos. Pronto aparecieron las velas como elemento purificador.

Lo que ahora conocemos como Semana Santa no es más que la continuación sincrética (asimilación de partes de antiguos cultos modificando algunos elementos, aprovechando los antiguos espacios sagrados y las costumbres o tradiciones milenarias de los fieles que se resisten a abandonar sus antiguas prácticas) de los milenarios ritos que comenzaron en el neolítico con los primeros cultivos hará 8,000 años y que se dan en la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Marcaba ese el momento de sembrar la cebada, el primer cultivo humano cuya semilla tiene que enterrarse (“morir”) para rebrotar con nueva vida.

EL 15 de marzo el se conmemoraba con una procesión de porteadores de cañas (los cannofori) el nacimiento de Atis, expuesto en una cuna de cañas en las aguas de un río, o el encuentro del mismo en un cañaveral, en el que se habría escondido tras su castración. A continuación, se procedía al sacrificio de un buey de fertilidad y se guardaba entonces una semana de continencia y abstinencia, en la que no se podían consumir ciertos alimentos como cerdo, pescado, pan o granadas.

El 22 de marzo se celebraba la ceremonia del árbol. Una hermandad religiosa, la dendrophori magnae deum matris (o congregación de porteadores de árboles de la Diosa Madre Isis) cortaban un pino en un bosquecillo consagrado a la Madre de los Dioses. La operación de la tala del árbol —que debía ser cortado y nunca arrancado de raíz— se realizaba a la salida del sol. El pino cortado era entonces envuelto en vendas de lana, como según los viejos relatos frigios Cibeles había hecho con el cuerpo de Atis. Las ramas se adornaban con violetas y con los atributos del dios: la siringa, el cayado, el pandero, los címbalos y la doble flauta; una figurilla de Atis, probablemente de madera, se colocaba por último entre las ramas. Partía entonces un cortejo que recorría las calles de la ciudad y los galli desfilaban llevando sueltas sus largas cabelleras, tocando sus panderos y golpeándose el pecho en señal de duelo. Los dendrophori, provistos de ramas de pino y de antorchas, entonaban cantos fúnebres. Al término de la procesión, el árbol quedaba expuesto fuera del templo a la adoración de los fieles y transcurrido cierto tiempo se verificaba el sepelio entre un coro de lloros, clamores y música de címbalos y tímpanos. Muchos devotos permanecían toda la noche en el santuario turnándose en la vela del árbol muerto.

El día 26 era jornada de descanso y el 27 de marzo, en época imperial tenía lugar la procesión pomposa de la estatua de piedra de Cibeles sobre un carro de plata hasta el río Almo, pequeño afluente del Tíber, donde era lavada (lavatio), junto con los demás objetos sagrados, por el archigallus vestido de púrpura (color de la diosa), quien luego la secaba y la espolvoreaba con ceniza. Así se aseguraba la fecundidad de las mujeres, la fertilidad de los campos y, sobre todo, el renacimiento de las almas en una vida nueva, lejos de los sufrimientos y penalidades de la vida terrenal. Finalizado el acto, regresaban al templo en procesión.

LA SOLUCIÓN A LAS GIOCONDAS DE LEONARDO DA VINCI

No pretendo haber descubierto el gran secreto de Leonardo da Vinci y su Gioconda, pero es probable que, en este artículo de investigación, encuentres las claves del por qué Leonardo iba con este cuadro a todas partes y cuál es el original, de las muchas obras y réplicas que pueden verse en distintos museos. Pero comencemos desde el principio.

En 2016 se creó una fundación suiza de un consorcio privado de la Mona Lisa de Isleworth, una versión de la Gioconda de Leonardo. La fundación quería probar la evidencia histórica y científica de esta «primera versión», como la llamaban.

La «primera versión» ha sido conocida por décadas como la Mona Lisa de Isleworth, en referencia al lugar donde residía Hugh Blaker, el coleccionista inglés que la descubrió poco antes de la Primera Guerra Mundial.

Posteriormente, la obra fue adquirida por el estadounidense Henry F. Pulitzer, que se la cedió a su amada. Y, a su muerte, fue adquirida por un consorcio que la guardó en un banco suizo hasta 2003.

Según se cree, Leonardo comenzó a pintar hacia 1503 el retrato de Lisa Gherardini a petición del marido de ésta, el marchante de telas florentino Francesco del Giocondo, pero dejó el cuadro a medias porque se vio obligado a abandonar Florencia para instalarse en Milán. O, al menos, esto es lo que se dice en la versión oficial, lo cual es algo extraño, dado que los pintores cobraban por adelantado. Y, caso de no concluirse la obra encargada, podía acarrear problemas con la justicia.

Sin embargo, la versión oficial argumenta, para defender la autoría de Leonardo, que en una carta del biógrafo Giorgio Vasari, contemporáneo del artista, se dice dos veces que la obra «estaba inacabada». ¿Pero a qué obra se refería? ¿A la que llevaba consigo siempre o a la que entregó a Francesco del Giocondo?

Para enredarlo todo más, otro dato afirma que la Gioconda estaba finalizada en 1517, como se dice por parte de Antonio Beatis, que recuerda que la obra fue pagada por Giuliano de Médicis. ¿Y por qué pagó Giulano un cuadro de un personaje que no era de su familia?

Dolores García, autora de la obra ‘El secreto de Mona Lisa’, publicada en 2004, dijo lo siguiente en una rueda de prensa: «La posibilidad de que Leonardo realizara dos retratos de la misma dama, Lisa Gherardini, era más bien una deducción lógica a partir de las escasas y fragmentarias informaciones que nos han llegado hasta nuestros días, aparentemente contradictorias«, asegura la escritora en un comunicado.

«Por un lado, la descripción que hace Vasari, el primer biógrafo de Da Vinci, del retrato de la esposa de Giocondo no coincide en ciertos detalles importantes con el expuesto en el Louvre, ya que dice que existen dos columnas a ambos lados de la figura y menciona el color sonrosado de los labios de la dama, lo que sí coincide con el mostrado en Suiza«, declara. O sea, que el retrato de Isleworth sería el primero entonces.

Además, apunta, «el testimonio de Vasari tiene el valor de la cercanía en el tiempo, ya que no conoció personalmente a Leonardo, pero sí tenía amistad con parientes del marido de Lisa Gherardini, Francesco Giocondo, y la descripción que hace del mismo no parece que sea a través de terceros, sino que tuvo la oportunidad de contemplarlo en alguna ocasión«, explica García, que, por otra parte, sostiene que la Gioconda expuesta en el Louvre corresponde a un encargo realizado por Giuliano de Medici.

Según la autora, «Giuliano era amigo de la infancia de Lisa Gherardini y todo parece indicar que Giuliano estaba enamorado de Lisa, pero ella accedió a casarse con Francesco Giocondo al no fiarse de la vida disoluta de su amigo». Y continúa: «Así, la versión del Louvre, más madura, debe tratarse de un encargo posterior al de Giocondo que le debió hacer Giuliano ya en Roma, donde Leonardo era su protegido, de la mujer que nunca pudo olvidar, obra que no entregó, posiblemente porque antes de acabarla murió Giuliano y se la llevó consigo a Cloux (Francia)«, apunta.

Pero aquí discrepo con Dolores García, como luego narraré.

Además de lo dicho anteriormente, la escritora e investigadora  (nacida en Melilla y afincada en la localidad valenciana de Torrent), destaca las diferencias entre ambas Giocondas.

«Al margen de que la del Louvre está realizada en una tabla y esta nueva Gioconda lo está sobre un lienzo, la diferencia fundamental se encuentra en la técnica empleada, mucho más evolucionada en la que se halla en el Louvre y que constituye una teoría atrevida: que el retrato que se exhibe en el museo galo fue concebido por Leonardo para ser contemplado como una imagen en relieve».

La Mona Lisa admirada por miles de turistas que diariamente la visitan en el Louvre parece claramente «más mayor» que la «primera versión».

Esta diferencia de edad es otro de los argumentos para defender la obra, pues, según la fundación, si fuera una copia, el que la plagió habría copiado exactamente la obra original.

El mismo argumento se usa para el hecho de que el bordado del vestido sea distinto; de que el tamaño del cuadro sea diferente; de que la base de una obra sea el lienzo y la de la otra el nogal; y de que en la «versión original» no se haya usado la técnica de barnizado de la Gioconda, que sólo se desarrolló a partir de 1508.

Otra de las razones que esgrime la fundación para defender la «versión original» es que el propio Rafael pintó en 1504, tras visitar a Leonardo en su estudio, a una muchacha en la misma posición que la Gioconda, pero con un fondo mucho más parecido al de la «versión original» que el que se puede admirar en el Louvre.

Rafael homenajeó a Leonardo en la obra “La dama del unicornio”, que se encuentra en la Galería Borghese en Roma y que inevitablemente recuerda a La Gioconda por la composición, la pose y el formato de tres cuartos de la retratada, que al parecer todavía era desconocida en esa época. Algunos piensan en la hermana del pintor, Elisabetta, o quizás Julia Farnesio, la amante del papa Alejandro VI, o más probablemente Laura Orsini, su hija ilegítima.
Aunque lo realmente relevante de este retrato es la figura del unicornio en el regazo de la retratada. Este animal fantástico era al parecer un símbolo de castidad, además de uno de los elementos heráldicos del escudo de los Farnesio, lo que da más credibilidad a la teoría de que la retratada es la hija del papa y la noble.

La teoría de la primera versión

Para no ser acusados de usar sólo argumentos históricos que han estado durmiendo entre polvorientos pergaminos durante 500 años, la fundación de Isleworth contrató a diversos especialistas que aplicaron las más novedosas técnicas al comparar las dos obras.

«Basándome en la experiencia, no tengo ninguna duda de que las dos personas retratadas son la misma, con diez años de diferencia por lo menos», afirmó Joe Lumis, forense especializado en imágenes que trabaja regularmente con el FBI estadounidense y que envejeció digitalmente la imagen de la «primera versión» y el resultado fue la cara de la admirada Mona Lisa.

Finalmente, la fundación recordó que Leonardo hizo más de una versión de varios de sus cuadros, y citó, entre otros, el caso de «La Virgen de las Rocas». Era bastante habitual en la época.

Cabe recordar, no obstante que, hace unos años, el Louvre amplió la horquilla de años en los que la Gioconda habría sido pintada de 1503 a 1519. Como te puedes imaginar, el Louvre no se iba a dejar mangar la originalidad de la obra que ellos conservan, así que modificó las fechas para hacerlas coincidir.

Pero a raíz de todo esto, ¿cuántas Giocondas hay?

Recapitulemos. Tenemos la Mona Lisa del Prado, la supuesta réplica más temprana conservada, que fue pintada al mismo tiempo que la original, en el mismo taller de Da Vinci y con la misma técnica. Luego está la Mona Lisa de Isleworth de la que se afirma que es una primera versión del cuadro pintada por el propio Leonardo. También tenemos la Monna Vanna, un boceto a lápiz que salió del genio florentino, del que existen dudas acerca de si fue un boceto pintado por el maestro o por alguno de sus discípulos. Y luego tenemos el homenaje de Rafael Sanzio.

¿Y a dónde quiero ir a parar?

Vayamos por orden cronológico. La primera versión parece ser la de Isleworth, pintada en el 1503, encargada para pintar a la mujer de Francesco del Giocondo. Luego tenemos la versión del Prado que, o bien fue vendida por Leonardo a Giulano de Médicis, o bien salió del taller del artista cuando hacía pintar a sus alumnos réplicas de sus obras. Cualquier posible solución sería la buena, porque es cierto que los maestros encargaban réplicas de sus cuadros a sus alumnos, donde en muchas ocasiones, los maestros del Renacimiento retocaban las obras de sus discípulos.

¿Y entonces dónde queda la versión del Louvre? Pues en la solución más sencilla y en la que nadie parece haber pensado. Todos los artistas del Renacimiento llevaban un muestrario consigo para ser contratados por posible mecenas. Recordemos que Leonardo da Vinci estuvo toda la vida viajando y deambulando de aquí para allá, pasando por Florencia, Milán, Roma, Venecia y Amboise.

Por tanto, Leonardo llevaba consigo la famosa Gioconda o Mona Lisa del Louvre como muestra de su trabajo. Así si alguien le preguntaba qué era capaz de pintar, el artista sólo tenía que mostrar su obra para dejar prendados a sus posibles clientes.

Es decir, Leonardo tuvo toda una vida para pintar y repintar la Mona Lisa del Louvre, que siempre llevaba consigo a todas partes, y que retocaba siempre que podía. De ahí que le diera igual si estaba acabada como si no, y tuvo tiempo más que suficiente para dotarla de una extraña sonrisa a modo de carta de presentación. ¡La Mona Lisa del Louvre sería su muestrario!

Con esta teoría de mi cosecha, se daría solución a todas las Giocondas haciendo que, al final, la solución sea más prosaica de lo que siempre hemos creído, más allá de los misterios que se le otorgan.

«La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera», según el principio de Ockham. Pues al final va a resultar que así es, en muchos de los grandes supuestos misterios de la historia del arte.

DESMONTANDO EXTRATERRESTRES EGIPCIOS

El Himno a Atón se considera una obra magistral de la literatura religiosa. Este canto de amor y entusiasmo, el más vibrante que haya legado la literatura del Antiguo Egipto, fue compuesto por Akenatón, hacia 1360 a. C.

Se encontraron varias versiones parecidas en las sepulturas de los dignatarios de Akenatón, aunque el documento más completo, el llamado Gran Himno a Atón, procede de la tumba del faraón Ay, donde fue hallado por Urbain Bouriant.
Os voy a poner quién es Atón, a través de sus fragmentos de poesía, para que entendáis algo:

«Glorioso te alzas en el horizonte del cielo, oh Atón, viviente, creador de vida. Cuando apareces en el horizonte oriental llenas las tierras con toda tu belleza […] Cuando te pones por el horizonte occidental la tierra está oscura, como la muerte […] Tus rayos cubren los países hasta el confín de lo que creaste. Porque eres el Sol, los has conquistado hasta sus confines y los sujetas para tu Hijo al que amas. Por lejos que estés, tus rayos tocan la Tierra».

¿Sabéis entonces a quién se refiere Akenatón al referirse al disco viviente? Por supuesto, al Sol, a la figura de Atón, ya que este faraón adoptó su nombre, cuando en realidad era Amenofis IV.

Esta estela de Amarna (la de este artículo) muestra a Akhenatón y Nefertiti jugando de un modo distendido con sus hijas. Se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín.

Pero es que hay estelas de Akenatón en varios museos y en Amarna. Estelas que son confundidas por los ignorantes conspiranoicos en platillos volantes, porque ni siquiera han tenido la decencia de investigar sobre el culto a Atón.

Lo más gracioso es que el llamado Salmo 104 de la Biblia, el que supuestamente estuvo escrito por el rey David, está inspirado en el Glorioso Himno a Atón. Copiones…