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DESMONTANDO A LOS CONSPIRANOICOS DE LA LUNA

¿Cómo sobrevivieron los astronautas del Apolo XI al cruzar el cinturón de Van Allen?

Los negacionistas de las misiones Apolo, que los hay y son un montón, esgrimen precisamente como uno de sus argumentos la radiación para refutar la viabilidad de las misiones lunares. Estos conspiranoicos afirman que la radiación ionizante interplanetaria y de los cinturones Van Allen hubiese matado a cualquier ser humano que viajase más allá de la órbita baja terrestre, ergo los viajes a la Luna no se realizaron. Por supuesto, estas tesis revisionistas carecen de todo fundamento, pero si es cierto que, los peligros de la radiación espacial son una realidad y presentan todo un reto.

Los rayos cósmicos son partículas interestelares originadas en los lugares más pintorescos y violentos del Universo.

Sobre un 90% son protones energéticos, mientras que un 8% son núcleos de helio (partículas alfa). El 2% restante está compuesto por electrones (partículas beta) y otros núcleos pesados. Los rayos cósmicos, además, pueden generar neutrones, muones y/o positrones al colisionar con distintos materiales, lo que amplia sus efectos perniciosos.

Además están las radiaciones solares y la magnetosfera terrestre que unir al batido de rayos cósmicos.

En esta tabla de abajo se muestran las dosis máximas recomendadas para los astronautas de la NASA.

Cada nave llevaba un instrumento para medir la radiación al atravesar los cinturones de radiación, (VABD, Van Allen Belt Dosimeter). Además, cada astronauta portaba un dosímetro personal (PRD, Personal Radiation Dosimeter) con el fin de medir la dosis acumulada. Este aparato era transportado en los bolsillos de los trajes de vuelo y del EVA.

En el caso de los cinturones de Van Allen, las misiones Apolo atravesaban estas zonas muy rápidamente, en cuestión de pocas horas (30 minutos para el cinturón interior de protones, el más peligroso), por lo que la dosis absorbida era realmente minúscula.

El tema de las tormentas solares fue una cuestión tan técnica como la suerte. En aquella época no había forma de detectarlas ni modo de cambiar la nave del camino de las mismas.

La solución para el viaje del Apolo XI a la Luna fue simple: atravesaron la parte más débil del cinturón de Van Allen, donde la radiación no es tan mortal. Además, iban a gran velocidad, por lo que no se quedaron en el cinturón el tiempo suficiente para que fuera mortal.

La cuestión del láser lunar

El Laser Ranging Retro-Reflector (también conocido por sus siglas LRRR y ocasionalmente denominado LR-3) es un experimento instalado en el ALSEP de tres de las misiones Apolo (Apolo 11, 14 y 15) y de las dos misiones soviéticas Lunojod.

Su objetivo es reflejar un haz de luz láser disparado desde la Tierra, con el fin de medir con elevada precisión la distancia a la que en un momento determinado se encuentra la Luna.​ Mediciones similares fueron realizadas por un equipo soviético usando un láser de rubí desde el Observatorio Astrofísico de Crimea.

Eso quiere decir que, cualquier conspiranoico, con un láser y un telescopio ecuatorial podría comprobarlo por sí mismo, conociendo las coordenadas de los LRRR en la Luna.

Pues bien, os las paso:

Apolo 11: 0,67337º N, – 23,47293º E
Apolo 14: 3,64421º S, – 17,47880º W
Apolo 15: 26,13333º N, – 3,62837º E

Eso quiere decir que, si puedes comprobarlo, es empírico. Y la pregunta para un conspiranoico sería: ¿quién dejó estos reflectores láser en la Luna? Pues los de las misiones Apolo, por ejemplo: el hombre, lo cual es la evidencia más grande de que sí estuvimos en nuestro satélite.

¿De dónde se originó la teoría conspirativa de que el hombre nunca llegó a la Luna?

Básicamente por la foto de la bandera.

En ésta, los conspiranoicos alegan que, si es cierto que en la luna no hay gravedad ni corrientes de aire, ¿cómo es posible entonces que la bandera esté ondeada y aparte esté arrugada? De no haber corrientes de aire en la Luna es imposible que la bandera esté de esa forma.

La respuesta al enigma es simple. Si te fijas, te darás cuenta de que la bandera en la parte de arriba tiene una varilla que hace que se sostenga. Y el hecho de que esté ondeando no es más que inercia al haber clavado la bandera en la superficie lunar.

Y otra tontería de los conspiranoicos es que afirman que hay árboles en la superficie lunar, pues se ve en algunas fotos. Mirad la foto en blanco y negro, a la derecha del segundo astronauta y veréis los famosos árboles.

Esto también tiene respuesta. Los astronautas ante de pisar la Luna, tuvieron que practicar, y para practicar tenían que elegir un sitio que fuera parecido a la Luna, árido, y con un terreno parecido a la superficie lunar, por lo que eligieron un sitio, cerca de un gran cañón en Arizona, y le abrieron agujeros para simular cráteres lunares.

Y es que yo no estoy diciendo nada revelador, toda esta información se encuentra en Google, cosa que los conspiranoicos nunca consultan, ya que sus fuentes de información son vídeos de YouTube de otros conspiranoicos.

Por tanto, si esto fuera una conspiración mundial, ¿de verdad crees que la NASA no se hubiera asegurado de que no salieran unos árboles en la foto?

Stanley Kubrick

Hay imágenes de la Luna que muestran a Stanley Kubrick en un set de rodaje, rodeado de astronautas, trajes espaciales y sofisticados equipos técnicos. ¿El legendario director estuvo involucrado en el mayor engaño de nuestra historia, la llegada a la Luna?

Fue el documentalista e investigador William Karel el que llevó a la pantalla un documental curioso. Karel logra testimonios, donde los secretarios de Defensa y Estado, Donald Rumsfeld y Henry Kissinger, el entonces director de la CIA, Richard Helms, el astronauta Buzz Aldrin, Alexander Haig y la propia viuda del director Stanley Kubrick, nos cuentan el montaje que supuso la llegada a la Luna. Todo había sido un truco de cámara y efectos especiales creado por el equipo de Stanley Kubrick, según el documental.

La película documental «Opération Lune» es un evidente ejemplo del poder del documental de creación para cuestionar y explorar las narrativas establecidas. Karel logra desafiar la percepción de la verdad y la falsedad mediante el uso de técnicas de edición y narrativa cuidadosamente diseñadas, al tiempo que pone de manifiesto cómo el cine puede moldear y manipular la realidad.

Se trata de un falso documental, es decir, de una broma, en la que estos y otros personajes participaron por pura diversión. El filme no oculta su condición de falso documental, e incluso al final puede verse cómo sus protagonistas estudian el guion, se equivocan al recitar su frase e incluso sufren ataques de risa que obligan a interrumpir la grabación.

Aun así, hay mucha gente que lo tomó en serio, posiblemente porque ya estaba predispuesta y la cinta vino a reforzar sus creencias. Incluso ha sido reflejada en la prensa en alguna ocasión para tratar de reforzar las tesis conspirativas y ocultando que se trataba de un falso documental, quizá por desconocimiento de los propios informadores.

Pues bien, este falso documental es en el que se basan los conspiranoicos para afirmar que la llegada del Apolo XI a la Luna fue un montaje. Y es que el delirio de los conspiranoicos no tiene límites.

Rocas decorativas en un escenario de película en la Luna

Otras acusaciones relacionadas con el mundo del cine y la manipulación de imágenes en la Luna se basan en que la NASA restauró algunas de estas de imágenes, lo cual es necesario y legítimo debido a que el tiempo deteriora las películas, o que algunas de las rocas que aparecen en las instantáneas presentan marcas que, supuestamente, delatarían que forman parte de un decorado.

El caso más famoso es el de la llamada roca C, la cual, según argumentan los teóricos conspirativos, fue marcada con esta letra por los trabajadores del estudio donde se rodaron los viajes. Sería curioso que esta roca, tan solo una de entre las decenas de miles que aparecen en las filmaciones, estuviese marcada con la tercera letra del alfabeto, y no con un código de cinco dígitos, como mínimo.

Por otra parte, la letra C, más que ningún otro símbolo, es la que tienden a formar los pelillos que a veces se superponen en las imágenes durante el proceso de reproducción. Evidentemente, esto es lo que ocurrió. De hecho, cuando se acude a la imagen original, el misterioso pelillo desaparece. Miles de geólogos de todo el mundo pudieron ver en directo cómo los astronautas recogían las rocas para estudiarlas después en sus laboratorios. Ninguno de ellos ha albergado jamás la más mínima duda de que se trata de minerales traídos desde otro mundo, y no de rocas terrestres ni mucho menos de decorados de película.

¿Si Neil Armstrong fue el primer hombre sobre la Luna, quién filmó el alunizaje cuando descendía del Apolo XI?

Pues una cámara de TV de tubo fabricada por Westinghouse. Estaba instalada en una especie de gabinete metálico junto a la escalera de descenso, llamado MESA («Modular Equipment Stowage Assembly»), que además contenía herramientas y la famosa bandera.

Cuando los astronautas bajaban por la escalera, tiraban de una cuerda y desplegaban la cámara.

Como obviamente nadie estaba allá arriba esperando al señor Armstrong con una cámara, la gente de Westinghouse usó una maqueta para ensayar distintos ángulos y encuadres.

El encuadre resultó tan complicado como tomarse un selfie apoyando el teléfono sobre piedras. Como esto era una carrera a la Luna con los rusos, resolvieron fijarla invertida porque la parte superior era la única cara plana que se podía apoyar en el MESA.

Transmitir TV en color desde la Luna en 1969 fue una hazaña en sí misma. A décadas de distancia de nuestros sensores digitales y códecs de compresión de vídeo, la cámara era la punta de un iceberg de sistemas de procesamiento de imagen muy avanzados en esos días, pero casi prehistóricos para estándares actuales, lo que aumenta más su mérito.

Por ejemplo, la señal de TV analógica depende de sincronía y fase de las tres señales de color RGB y brillo, para cada línea de pantalla. Un mínimo desfase produce errores de color.

La señal de video no se procesaba en memorias flash o DDR como hoy, sino que se copiaba un duplicado en cinta magnética, y otro se convertía a formato NTSC y se transmitía en vivo para TV pública.

El sensor de imagen no era como los chips CMOS de hoy. Era un tubo de TV o vidicon, que en las cámaras de TV pública era casi tan grande como el camarógrafo. Westinghouse logró ingeniar una cámara de tamaño de un laptop.

Para lograr 60 cuadros por segundo en los tres canales RGB, la cámara tenía un motor que rotaba lentes de los tres colores sobre el tubo, y así iba alternando las imágenes de cada canal.

Las cintas magnéticas de la misión Apolo registraban desde las señales médicas de los astronautas, hasta vídeo y comunicaciones. En 1969 los ordenadores digitales todavía estaban en pañales, y no existían sistemas de compresión de datos como los actuales. Todo se registraba en tiempo real, con un protocolo de cifrado sencillo, y marcas de tiempo para poder localizar los datos.

Como el módulo Lunar estaba en la superficie de la Luna, su distancia a la Tierra variaba con la rotación terrestre. La gran velocidad relativa Apolo-Houston distorsionaba la señal por Efecto Doppler.

Hoy estos problemas son triviales: todos vemos vídeos con bitrate variable (VBR) sin importar la velocidad de la conexión. En 1969 no había búferes de Flash ni memorias DDR. Los protocolos VBR no existían ni en sueños, y el error Doppler se resolvía variando la velocidad de giro de las cintas.

Casi todo lo que se moviera en una sonda espacial o satélite usaba servomecanismos, desde desplegar paneles solares hasta accionar cohetes o apuntar antenas hacia la Tierra.

La cámara usaba un motor que ajustaba el zoom y la elevación según una progresión fija, calibrada en la Tierra después de varios ensayos.

Los servomotores son simplemente motores acoplados a una resistencia variable, que le sirve al controlador para saber su posición.

No creo en conspiraciones pero, en el Apolo 17, ¿cómo hicieron para grabar el despegue del módulo lunar, de regreso a la Tierra, si nadie se quedó en la Luna?

Y no solo en el Apolo 17 sino también en el 16 y el 15. La respuesta es bien sencilla. Las misiones Apolo 15, 16 y 17 llevaron consigo en Lunar Roving Vehicle, o simplemente el Rover. Este pequeño automóvil propulsado por baterías contenía dos antenas -alta y baja ganancia- así como una cámara controlada desde Tierra. Antes de abordar el Módulo Lunar para regresar a órbita, los astronautas estacionaron el Rover a unos 30 metros de la parte posterior del Módulo Lunar. Al despegar, la cámara controlada desde Houston grabó la maniobra. Más importante aún: la razón por la cual estacionaron el Rover en la parte trasera del Módulo Lunar es para que los rayos del Sol pegaran de lleno en la astronave que despegaba. Todos los alunizajes del proyecto Apolo se realizaron con el sol pegando de lleno en la parte trasera del Módulo Lunar, de tal forma que los astronautas tuvieran una clara visión del lugar de alunizaje, durante el amanecer lunar (un día lunar dura 28 días terrestres). Así que después de tres días de estancia en la Luna, se puede decir que continuaba siendo temprano por la mañana con respecto a la fecha de llegada. De no haberse filmado de esta manera y, en caso de que la cámara se hubiese colocado a contraluz, no se hubieran apreciado muchos detalles del despegue desde la luna.

¿Cómo dejaron los astronautas del Apolo XI la superficie lunar sin un vehículo de lanzamiento?

El Águila se separa en dos, deja las patas en la luna y solo «la cabina» se eleva lo suficiente para ponerse en órbita y hacer la unión con el módulo de servicio y volver. El peso es relativamente poco y la altura también, además la gravedad es sólo 1/6 de la terrestre, por eso se puede. Después, el módulo de servicio da un «toque» de su motor para salir se órbita y seguir una trayectoria de caída hacia la tierra.

¿Por qué Neil Armstrong se negó a jurar sobre la Biblia que realmente fue a la Luna?

Porque, quien le pidió que lo hiciera era un conspiranoico.

Bart Sibrel le pedía que jurase ante la Biblia que había ido a la Luna. Sibrel es un periodista y director de cine que se dedica a grabar documentales que “demuestran” que las misiones Apolo son un fraude.

Bart Sibrel ha estado años persiguiendo a los doce hombres que pisaron la Luna para que juraran con la mano en la Biblia que su proeza era cierta. Buzz Aldrin no pudo soportar el acoso y en uno de los encuentros sólo atinó a darle un puñetazo. Pero hay un vídeo en el que Armstrong mira con paciencia a Sibrel, mientras este habla con tono de mofa y desafiante.

B. SIBREL: Mr. Armstrong, soy Bart Sibrel, de ABC Digital, quiero darle la oportunidad de jurar sobre la Biblia que usted caminó sobre la Luna. ¿Pondría usted su mano izquierda sobre la Biblia y juraría que caminó sobre la Luna? Si usted de verdad caminó sobre la Luna, ¿por qué no quiere hacerlo?, ¿por qué no lo confirma públicamente?, jure ante Dios que caminó sobre la Luna.

N. ARMSTRONG: Viniendo de usted probablemente sea una Biblia falsa.

B. SIBREL: No, no, es una Biblia de verdad. Tiene la oportunidad de ganar 5 000 dólares [Armstrong recuerda que va con prisas por una reunión]… 5 000 dólares en efectivo, los puede donar a una ONG si jura sobre la Biblia que caminó sobre la Luna.

N. ARMSTRONG: Está bien, no lo haré.

B. SIBREL: [Le corta el paso a Armstrong y le pone la Biblia una y otra vez en la cara, sin dejarlo caminar] ¿Por qué no?, ¿por qué no lo hace? ¿Por qué no pone su mano sobre la Biblia y jura que caminó sobre la Luna?

N. ARMSTRONG: Mr. Sibrel, ha hecho el ridículo frente el mundo, usted no merece respuestas.

¿Por qué no se veían las estrellas en la misión del Apolo XI?

De día no las ves, de noche si las ves y de magnífica forma. Las expediciones a la luna se hicieron durante el día lunar y los ojos se adaptaban al fuerte brillo del sol y no podían ver las estrellas ( en la Tierra de día pasa lo mismo). Es la misma razón por la que no aparecen estrellas en las fotos. Con las películas en uso en ese momento y a plena luz del sol necesitan abertura 8 o 11 y un tipo de exposición de 1/250 de segundo, con esas aberturas para registrar las estrellas necesitaban tiempos de de exposición de varios segundos. Si hubieran mirado a través de un caño que bloqueara la luz directa del sol y la reflejada por el suelo podrían haberlas visto. Este truco del caño no es usable desde la Tierra por la gran cantidad de luz que dispersa la atmósfera. Desde la estación espacial apagando las luces internas y mirando por una ventana sin vista a la tierra ni al sol podrías ver las estrellas como nunca podrás verlas desde la Tierra.

Las botas de los astronautas

Uno de los argumentos que usan quienes afirman que las misiones de la NASA a la Luna son un fraude, es que las botas de los astronautas son lisas, mientras que las huellas tienen un patrón de líneas, tal como se ven en la foto abajo.

Lo que se les olvida mencionar a los conspiranoicos es que las bota de suela lisa, están diseñadas para llevar una cubierta externa, tal como se ve en la siguiente foto, en azul. Son estas cubiertas las que dejaron las huellas.

La famosa huella de la foto es en realidad de Buzz Aldrin, el compañero de misión de Armstrong y segundo humano en pisar el suelo lunar. La explicación sigue siendo la misma.

LA URSS LLEGÓ ANTES QUE NADIE A LA LUNA E HIZO 24 VIAJES

Los soviéticos llegaron a la Luna muchos antes que los norteamericanos. De hecho, hicieron 24 viajes a nuestro satélite.

Te los resumo.

Luna 1, 02-01-1959 Pasó a 6.000 km de la Luna y entró en órbita solar.
Luna 2, 12-09-1959 Primera sonda en llegar a la Luna. Se estrelló a 29,10ºN – 0,00º el 14 de septiembre de 1959.
Luna 3, 04-10-1959 Realizó el 10 de octubre de 1959 las primeras fotografías de la cara oculta de la Luna.
Luna 4, 02-04-1963 Intento de alunizaje suave que fracasó. Pasó a 8.500 km de la Luna y entró en órbita solar.
Luna 5, 09-05-1965 Intento de alunizaje suave que fracasó. Se estrelló a 31ºS – 8ºE.
Luna 6, 08-06-1965 Pasó a 161.000 km de la Luna y entró en órbita solar.
Luna 7, 04-10-1965 Intento de alunizaje suave que fracasó. Se estrelló a 9ºN – 40ºW.
Luna 8, 03-12-1965 Intento de alunizaje suave que fracasó. Se estrelló a 9,1ºN – 63,3ºW.
Luna 9, 31-01-1966 Alunizó con éxito el 3 de febrero a 7,08ºN – 64,4ºW y envió fotografías.
Luna 10, 31-03-1966 Satélite lunar. Orbitó a una distancia de 350 km. Mantuvo el contacto durante 460 órbitas en 2 meses.
Luna 11, 24-08-1966 Distancia mínima a la Luna de 159 km. Transmitió hasta el 1 de octubre de 1966.
Luna 12, 22-10-1966 Transmitió hasta el 19 de enero de 1967.
Luna 13, 21-12-1966 Alunizó el 24-12-1966 a 18,87ºN – 62ºW. Estudió el suelo. Transmitió hasta el 27-12-1966.
Luna 14, 07-04-1968 Satélite lunar. Orbitó a una distancia mínima de 160 km.
Luna 15, 13-07-1969 Se estrelló a 17ºN – 60ºE el 21-07-1969 tras 52 órbitas. Fue lanzada la misma semana que el Apolo 11.
Luna 16, 12-09-1970 Alunizó a 0,68ºS – 56,30ºE el 20-09-1970. Regresó a la Tierra el 24 de septiembre con 101 gramos de basalto lunar.
Luna 17, 10-11-1970 Alunizó el 17-11-1970 transportando el Lunojod 1 a 38,28ºN – 35ºW.
Luna 18, 02-09-1971 Se estrelló a 3,57ºN – 50,50ºE tras 54 órbitas.
Luna 19, 28-09-1971 Realizó 4.000 órbitas antes de enmudecer.
Luna 20, 14-02-1972 Alunizó el 21-02-1972 a 3,57ºN – 56,50ºE. Trajo a la tierra 30 gramos de muestras del suelo lunar el 25-02-1972.
Luna 21, 08-01-1973 Alunizó el 16-01-1973 a 25,85ºN – 30,45ºE transportando el Lunojod 2.
Luna 22, 02-06-1974 Transmitió hasta el 06-11-1975.
Luna 23, 28-10-1974 Alunizó en el Mare Crisium. Fracasó en la recogida de muestras. Transmitió hasta el 09-11-1975.
Luna 24, 09-08-1976 Alunizó el 18-08-1976 a 12,25ºN – 62,20ºE. Excavó hasta los 2 metros y regresó a la Tierra el 22-08-1976 con 170 gramos de muestras del suelo lunar.

¿EL PROGRAMA APOLO XI TUVO UN ACTO MASÓNICO SECRETO?

Pues siento decirles a los conspiranoicos que no, no hubo ningún ritual masónico en la Luna. Oh, qué pena para ellos.

Esta barbaridad es defendida por el fundamentalista cristiano Texe Marrs en su documental ‘The Eagle has landed. Magic, Alchemy and the Illuminati Conquest of Space’ (‘El águila ha aterrizado. Magia, alquimia y la conquista illuminati del espacio’). Muy pocos tomarán en serio esta acusación, a todas luces falsa. Sin embargo, su punto de partida, tiene algo de realidad, ahora me explico. Marrs se basa en el hecho de que Buzz Aldrin, el segundo humano en pisar la Luna, era masón. A partir de ahí, desarrolla su teoría conspirativa, en la que se entremezclan el ocultismo, el satanismo, la magia negra y, cómo no, la secta de moda de los Illuminati, ese saco roto donde se meten todas las conspiraciones.

Aldrin nunca ocultó su condición de masón. Además, incluyó el anillo de iniciación masónica de su abuelo entre los escasos objetos personales que pudo llevar hasta nuestro satélite, lo que posiblemente tuviera algún significado para su familia. Tampoco esto se ha mantenido nunca en secreto. Por lo tanto, no hay secretismo, es de dominio público.

En noviembre de 1969, después de que el Apolo XI completara su misión a la Luna, la revista masónica ‘The New Age’ (ahora llamada ‘The Scottish Rite Journal’) lo celebró con la primera portada en color de su historia, ilustrada con una fotografía de Aldrin junto a la bandera estadounidense en Mare Tranquilitatis. Bajo ella, podía leerse: «Edwin E. Aldrin, Jr, 32º, on the Moon». El astronauta pertenecía al rito escocés antiguo y aceptado.

La vinculación a la masonería de Aldrin, y posiblemente de otros astronautas, es cierta. El único problema de esta teoría conspirativa es que confunde la investigación histórica con una novela de tercera. El hecho de que Aldrin y otros astronautas pertenezcan a una sociedad como la masonería no implica que tuvieran intenciones ocultas. El propio Aldrin contó en un libro de memorias, descatagolado hace ya décadas, todas estas circunstancias. Quienes defienden la tesis del ritual masónico suelen basarse en oscuras referencias que han encontrado en algún vídeo de YouTube, y parecen ignorar que el astronauta no le daba ninguna importancia al asunto ni tuvo ningún problema en airearlo.

En cuanto a la breve ceremonia religiosa que llevó a cabo Aldrin sobre la Luna, también queda explicada en sus memorias, así como en el más conocido libro de Andrew Chaikin, ‘A Man on the Moon’ (‘Un hombre en la Luna’). El astronauta fue el primer ser humano -y, hasta el momento, el único- en recibir la comunión en un cuerpo planetario distinto a la Tierra. No se trata, por tanto, de un ritual oculto, sino del habitual sacramento cristiano. Este fue, precisamente, el motivo por el que la NASA decidió ocultarlo, ya que no quería levantar suspicacias entre los no creyentes. Así lo contó el propio Aldrin: «Durante el primer momento desocupado en el LM [módulo lunar] antes de tomar mi comida, busqué en mi botiquín de utensilios personales y saqué dos pequeños paquetes que habían sido especialmente preparados a petición mía. Uno contenía una pequeña cantidad de vino, el otro una pequeña hostia. Con ellos y un pequeño cáliz del maletín, tomé la comunión en la Luna, leyendo para mí mismo de una pequeña tarjeta que llevaba en la que había escrito un extracto del Evangelio de Juan usado en la ceremonia tradicional de comunión. Había intentado leer mi pasaje de comunión a la Tierra, pero en el último minuto Deke Slayton [director de vuelos tripulados] me había pedido que no lo hiciese. La NASA estaba ya inmersa en una batalla legal con Madelyn Murray O’Hare, la famosa oponente de la religión, sobre la lectura de la tripulación del Apolo 8 del Génesis mientras orbitaban la Luna en Navidad».

A Aldrin no le gustó demasiado tener que disimular sus creencias, pero terminó aceptando la petición de Slayton y, en lugar de leer la Biblia en voz alta, pidió que cada uno reflexionara sobre el significado de aquellos instantes «en su propia e individual manera». Andrew Chaikin, que entrevistó personalmente a los astronautas, cuenta cómo Neil Armstrong se sorprendió cuando Aldrin pidió un momento de silencio desde el módulo lunar «a todas las personas que estén escuchando», ya que desconocía qué se disponía a hacer su compañero. Tampoco lo sabía la mujer de Aldrin, Joan, que en ese momento escuchaba las palabras de su marido desde su casa de Nassau y, simultáneamente, un disco del pianista de jazz Duke Ellington, pasados ya los momentos de tensión del alunizaje.

La Biblia de Aldrin no es el único libro religioso que ha viajado a la Luna. También lo hizo el Corán, a bordo del Apolo XV y por sugerencia del geólogo de origen egipcio Barouk El-Baz, uno de los científicos más importantes del programa. Los astronautas también llevaron banderas de la Unión Soviética, en consideración a sus colegas del otro lado del telón de acero, y muchos otros símbolos personales, religiosos o políticos, sin que ello signifique, ni mucho menos, que los viajes a la Luna se llevaron a cabo para glorificar las ideas representadas por estos emblemas. Hay una explicación mucho más simple para ello: el hombre es un animal simbólico, y esto incluye a ingenieros, científicos y astronautas.

EL DIOS QUETZALCOATL ERA UN VIKINGO

En la saga de Erik el Rojo, un inuit de Groenlandia describe una tierra que ellos llaman Gran irlanda, donde sus habitantes visten de blanco y llevaban largos palos adornados con flecos. El nombre de Gran Irlanda viene dado porque se pensaba que sus nativos debían hablar irlandés, ya que su lengua sonaba parecida al irlandés medio, muy distinta a sus vecinos britanos.

La historia afirma que Erik y su esposa Theodhild tuvieron cuatro hijos: una hija, Þuríður Eiríksdóttir y tres varones, el también famoso explorador Leif Eriksson, Thorvald y Thorsteinn. De otro matrimonio tuvo una hija, Freydís Eiríksdóttir. Parte de ello lo hemos visto en la serie de Netflix: Vikingos Valhalla.

Erik fue ferviente defensor del paganismo nórdico, a diferencia de su hijo Leif y su esposa, quienes construyeron la primera iglesia cristiana en América en el patio de su granja.

Leif Eriksson se convirtió en el primer vikingo y europeo en explorar la tierra de Vinland, que hoy se cree parte de Terranova y Labrador, Canadá. Cuenta la leyenda que Leif invitó a su padre para el viaje, pero que este cayó de su caballo en el camino y, tomando esto como un mal presagio, decidió quedarse. Erik murió el primer invierno, tras la partida de su hijo.

Vinland o Vinlandia fue el nombre dado por el islandés Leif Eriksson a un territorio que exploró por iniciativa propia alrededor del año 1000,​ en donde fundó un asentamiento que llamó Leifbundir.

En 1960 se encontraron algunas evidencias arqueológicas del único sitio de América del Norte (fuera de Groenlandia) atribuido a los nórdicos, en L’Anse aux Meadows, en el extremo norte de la isla de Terranova, que datan del siglo XI casi 500 años antes de los viajes de Cristóbal Colón y John Cabot.

Sin embargo, Gustavo Nelin, en la saga de Votan nos da las claves para identificar cómo los vikingos llegaron hasta México donde conocieron a los toltecas.

La leyenda de Quetzalcóatl (Kukulcán para los mayas) se remonta a la civilización tolteca, una de las más antiguas culturas mesoamericanas. Este dios fue representado en una piedra tallada con la figura de una serpiente y un hombre a sus pies y era descrito como un hombre de tez clara, barba, cabellos rubios, con un dominio de diversas prácticas como la agricultura, la orfebrería, la navegación y la astronomía. Recordemos que los nativos son barbilampiños.

Denominado “Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl», este hombre llegó al pueblo tolteca para compartir su conocimiento. Se le representa con ropa y botas, como se puede ver en Chichen Itzá.

Así, Quetzalcóatl se ganó el respeto entre los toltecas, quienes lo llamaron “Serpiente Emplumada”, haciendo referencia al dios de la naturaleza y la vegetación, convirtiéndose en una especie de gobernante y semidios para esta cultura.

Sin embargo, durante su periodo de apogeo Quetzalcóatl fue engañado por tres dioses: Tezcatlipoca, Huitzilopochtil y Xipe Tótec, quienes anhelaban la caída de éste. Por ello, hicieron que Quetzalcóatl se embriagara con pulque y más tarde tuviera relaciones sexuales con su hermana.

Avergonzado por su falta, Quetzalcóatl decidió embarcarse hacia el mar y desaparecer para siempre, no sin antes prometer que regresaría algún día. Este mito se extendió entre las culturas mesoamericanas, convirtiéndose en el dios más poderoso de éstas. Quetzalcóatl volvió a Tule. Thule es el nombre vikingo de Islandia, por si alguien desconocía este dato.

Tollan-Xicocotitlan ​—conocida como Tula, forma castellanizada de Tollan— fue la capital del Estado tolteca, que se desarrolló en el centro de México durante el período posclásico temprano de Mesoamérica. En esta ciudad estaba asentado el principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos X y XII de nuestra era. Y esta fecha encaja en esta hipótesis.

Cuando Colón y los suyos llegaron al Yucatán, los nativos confundieron a estos blancos barbados con el regreso de Quetzalcóatl/ Kukulcán.

Adjunto imagen del mapa de Vinlandia, cuestionado porque Groenlandia es demasiado perfecta y según los expertos eso es imposible. Sin embargo, los estudios de carbono 14 arrojan una antigüedad que podría remontarse al siglo XIV o XV.

LA TIERRA PLANA Y EL CUBO DEL UNIVERSO

Es sabido que en la Antigüedad no había dudas sobre la esfericidad de la Tierra. Ya en el siglo IV a.C. se rechazaba la idea de una Tierra plana basándose en pruebas empíricas, como el hecho de que el firmamento cambiase y apareciesen nuevas estrellas a medida que el hombre se desplazaba sobre su superficie.

En la Edad Media, Aristóteles fue una autoridad incuestionable, al igual que el geógrafo Ptolomeo, su seguidor, y ambos mantenían que la Tierra era esférica. Por ello, autores cristianos como Isidoro de Sevilla y Beda el Venerable en el siglo VII o Tomás de Aquino en el XIII afirmaron sin lugar a dudas que la Tierra era una esfera.

Es cierto que algunos autores se apartaron de esta línea. A principios del siglo IV, el romano Lactancio se burlaba de la creencia en los antípodas, los habitantes del hemisferio sur; sería como imaginar a gente que «camina con los pies en el aire y la cabeza debajo».
Por su parte, en el siglo VI, el sirio Cosmas Indicopleustes refutó la cosmología de Ptolomeo a partir de una interpretación literal de la Biblia, según la cual la Tierra no sólo era plana, sino que tenía la forma rectangular del tabernáculo que albergaba el Arca de la Alianza de los israelitas en tiempos de Moisés.

En su biografía de Colón, publicada en 1828, Washington Irving narró de forma dramática la conferencia de Salamanca, en la que Colón expuso su proyecto de viaje ante sabios españoles presididos por Hernando de Talavera, arzobispo de Granada.

Según Irving, los sacerdotes de Salamanca alegaron ante Cristóbal Colón la autoridad de la Biblia para oponerse a él diciendo que la Tierra no era una esfera: «Argüían que se dice en los Salmos que están los cielos extendidos como un cuero, esto es, como la cubierta de una tienda de campaña; y añadían que san Pablo compara los cielos a un tabernáculo, de donde inferían que debería ésta ser plana. Colón, que era sinceramente cristiano, temió ser acusado no ya de error, sino de heterodoxia».

Colón sabía perfectamente que la Tierra era una esfera, al igual que todos los grandes capitanes y almirantes de la época. Por eso quería emprender su viaje hacia las Indias por el camino más corto.

Por cierto que, el centro de la polémica en la Edad Media fue la localización de la Tierra en el universo, no la tesis de que la Tierra era plana, que apenas nadie defendía. De hecho, Galileo fue acusado de herejía por sostener que la Tierra se mueve alrededor del Sol. Esa era la herejía.

Para Cosmas Indicopleustes la Tierra habitaba en el centro de un universo en el interior de un cubo. Para ello lo ilustró con el mapa adjunto.