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SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (I)

Vuelo AH2007 de Air Algerie. 11 de octubre. 13:30 horas.

Partimos hacia Argel, saliendo desde el aeropuerto de Barajas. Desde los altavoces nos anuncian que llegaremos a la capital de Argelia a las 15:54 hora local. Una hora menos, según mi reloj que todavía conserva la hora española.

Miro las alas de este curioso avión, cuyos extremos se encuentran doblados hacia arriba. Durante el vuelo sufrimos turbulencias, premonición de lo que está por llegar.

Aprovecho para rellenar la primera hoja de entrada al país, una de las muchas que deberemos completar durante nuestra estancia. Al mirar mi visado, extendido en Alicante, aunque soy de Barcelona, compruebo que puedo quedarme en el país noventa días más de lo inicialmente previsto.

Nada más aterrizar vemos llegar al guía local. Junto a él se encuentran dos coches patrullas de la policía. Nos escoltarán. Hay graves problemas con los turistas y no quieren que ingresemos en la estadística de turistas secuestrados o asesinados por el terrorismo islamista.

Seguimos al coche patrulla. La autopista está abarrotada de viejos cacharros que no se sostienen por ninguna parte. Por doquier se observan controles policiales.

Los árabes son muy dados a conducir de forma temeraria. Se saltan todas las normas de tráfico y conducen a tirones. Para no ser menos, nuestro convoy transita por el arcén, arengando a cuantos se interponen entre los coches. Los policías asoman las cabezas por las ventanillas, gesticulan y berrean en su lengua. Nuestros taxistas también sueltan las manos de sus volantes, clamando a Alá.

A las 18 horas llegamos a comer a un sitio típico de Argel. El grupo, compuesto por ocho personas, se narra sus batallitas por el globo.

Regresamos al aeropuerto. En el primer control de seguridad detectan la porra extensible que siempre llevo conmigo en todos los viajes problemáticos. Les convenzo de que se trata de un trípode plegable, y me dejan pasar. Por Dios, tengo que ocultarla de alguna otra manera.

Facturamos el equipaje y nuevo control policial. Nada más entregar la hoja de entrada al país, tropezamos con otro control.

El autobús nos deja en las mismas puertas del avión; si bien las maletas te las tienes que subir tú. No me lo puedo creer. Las maletas de todos los viajeros se encuentran desperdigadas por la pista de aterrizaje. Todo el mundo corre para no perder de vista su equipaje. Yo subo mi mochila al carro que gritan pertenece al vuelo que te lleva a Djanet.

Cómo no, nuevo control de seguridad antes de subir las escalerillas del avión.

No llevamos resguardo del asiento. Aquí cada cual se busca la vida y te sientas donde te apetece. No hay primera y segunda clase. Esto es Arabia.

Ahora me río de lo sucedido en estas últimas horas. De cómo los autobuses están a reventar de árabes aprisionados, y de esas manías que tienen de arrimarte la cebolleta a tu culo. La picaresca está a la orden del día. Transportando las maletas, mochilas y tiendas de campaña en un carro, un argelino se presta a llevar el mismo por un euro. Nuestro guía español, Manuel Delgado, le paga; y cuando cree que nadie le presta atención a los últimos de la expedición nos vuelve a pedir su propina de un euro, haciendo ver que nadie le ha pagado. Como no caemos en su trampa, el árabe desaparece mascullando contra los infieles.

Llegamos a las cuatro de la madrugada. Nuevos controles nos esperan. Y dos fichas más a completar.

Los hombres azules, los tuaregs, nos están esperando. Sin decir nada nos transportan por el desierto, en un Toyota desvencijado, hasta el oasis de Djanet, la capital del territorio de Argel, al sur de Argelia, a veinte kilómetros de distancia del aeropuerto.

Hay una ventisca y la arena se cuela por todas partes, dentro del 4×4. El marcador de gasolina del todoterreno no funciona. Me pregunto cómo averiguará el conductor para saber cuánta gasolina le queda. ¿Qué pasaría si nos quedáramos sin combustible? No quiero imaginarlo.

Voy en el asiento delantero, compartiendo el mismo con un tuareg. Y llegamos a Djanet, al único hotel de este oasis convertido en un pueblo de casa bajas de adobe y barro.

Las habitaciones son deplorables, infestadas de arena, con un único camastro cuyo colchón está tan gastado que  se marcan todos los muelles que se encuentran debajo. Voy al baño para descubrir tres duchas de agua fría (cuando hay agua) y una letrina de cuartel, un simple agujero en el suelo para tus necesidades.

Todos los expedicionarios quedamos a las nueve de la mañana para comenzar la aventura. Me pongo el despertador de mi Suunto, el reloj que me sirve para tomar todo tipo de mediciones.

Desayunamos pan y mantequilla, con un café. Nos toca rellenar otro formulario para el hotel, otro de esos donde te toca argumentar qué haces en el país. Nada de indicar que eres periodista o te puede causar problemas. Así que me siento orgulloso de ser informático.

Antes de partir me ducho y afeito por última vez en varios días. Las primeras temperaturas de la mañana marcan 31 grados. Estamos a 960 metros por encima del nivel del mar. El tiempo es muy soleado, propio del desierto.

Visitamos el Museo de Djanet. Fósiles, piedras, hachas, puntas de flecha, cazos, vestimentas, tiendas para el desierto… allí hay de todo, propio de tiempos antiguos. Uno de mis acompañantes, Diego, fascinado por los libros de J.J.Benitez, le pregunta al guía tuareg sobre unos símbolos: palo, cero, palo.  Este le e contesta con su significado: “los que se fueron”. El guía nos dibuja los emblemas de lo que él considera tuareg antiguo. Algunos de estos símbolos cree reconocerlos, pero otros no sabría cómo traducirlos.

Después de esta visita nos acercamos hasta el zoco, un mercado donde se vende de todo. Sólo nos interesa la artesanía de plata. Compro algunos medallones y el típico turbante azul.

A las 17:49 llegamos a una zona de dunas conocida como “El lugar de los vientos”. Lo curioso es que los tuaregs no distinguen entre vientos. Para ellos sólo existe un único céfiro.

Hemos llegado hasta aquí en los todoterrenos. Nos sueltan en pleno desierto y se van. Los expedicionarios nos quedamos solos en pleno desierto. Risas. Al poco de comenzar a andar divisamos entre las rocas los primeros grabados. Se trata de efigies de vacas que lloran. Por aquí y por allá hay formaciones rocosas en mitad de las arenas calientes. Una roca se asemeja a un elefante, de forma vaga, en sus contornos.

Nos tumbamos a contemplar la puesta de sol. Los colores del desierto son inenarrables. Las chicas se deslizan por las dunas, cuesta abajo. A lo lejos se divisa la choza de una familia tuareg. Nos encontramos a diez kilómetros de Djanet.

Por la noche tomamos un té en la plaza de Djanet. Cenamos a eso de las ocho. ¿He hablado de mis compañeros de viaje? Ya va siendo hora de citarlos.

Por una parte está nuestro guía español, experto en egiptología y viajero incansable. Ha sido colaborador del desaparecido Fernando Jiménez del Oso. También ha escrito varios libros. Le acompaña su novia, Georgi, periodista y corresponsal en España del diario rumano “La Verdad”.

Antonio, granadino, es otro viajero nato, que ha perdido la cuenta de los países que lleva recorridos. Tiene más datos que la Wikipedia. Te bombardea constantemente con todo tipo de información. Belén es una gaditana muy divertida y que no para de hablar. Resultará una amiga excelente, que incluso me regalará una rosa del desierto. Diego es otro aventurero e interesado en lo oculto al igual que yo. Dice haber vendido su coche para realizar el viaje de su vida al desierto. Su estancia se prolongará unos cuantos días más de la nuestra. Silvia, su novia, le acompaña. Una chica muy guapa, de amplia sonrisa, que estudia para convertirse en juez. Ambos son vallisoletanos, pero viven en Madrid. Nos queda en el tintero Mercedes, una funcionaría que no calla ni a tiros, pero buena persona y compañera.

Cuatro horas más tarde de comenzar a cenar toca irse a recoger. A las siete de la mañana hemos quedado para desayunar para comenzar la ascensión al Tassili. Los tuaregs nos llevarán hasta la base de la meseta donde dará lugar nuestra aventura.

Galerías de imágenes del viaje

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Continuará…

EL MANTO DE LA FRAUDULENTA VIRGEN DE GUADALUPE ESTA CONFECCIONADO CON MARIHUANA

La Virgen de Guadalupe es una imagen religiosa que se exhibe en la basílica de Guadalupe (en México, D. F.). Para los católicos mexicanos, no es sólo la patrona de México, sino de toda América.

La basílica de Nuestra Señora de Guadalupe es el segundo santuario católico más visitado del mundo (después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano), con más de 14 millones de visitantes todo el año en innumerables peregrinaciones desde todas las partes del país. En el 2006 superó a la Basílica de San Pedro en número de visitantes, convirtiéndose durante un año en el santuario católico más visitado del mundo, lo que da fe de la profunda devoción católica arraigada en toda Latinoamérica.

Según la historia la Virgen María se manifestó al indígena Juan Diego, quien era originario de Cuautitlán, y a su tío Juan Bernardino, ambos convertidos al cristianismo pocos años atrás a raíz de la conquista española.

El Nican Mopohua, donde se refleja esta historia, dice que la Virgen le reveló el nombre «Guadalupe» a Bernardino cuando éste se encontraba enfermo de gravedad, aunque los entendidos en el tema afirman que es imposible que la Virgen se nombrara a sí misma Guadalupe, ya que Juan Bernardino no entendía la lengua castellana traída por los españoles al Nuevo Mundo.

Se dice que esta aparición de la virgen, en su advocación de Virgen de Guadalupe, se presentó en varias ocasiones ante Juan Diego el sábado 9 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac y le pidió que fuera en busca del obispo y le dijera que ella solicitaba la creación de un templo en ese lugar. Cuenta la historia que el indígena fue en busca de fray Juan de Zumárraga para contarle la solicitud de la virgen, siendo que Fray Juan no creyó en las apariciones. Así fue cómo el fraile le pidió una prueba de las apariciones de la Virgen.

En respuesta a la petición del obispo, la aparición mariana le pidió al indígena que cortara unas rosas de Castilla de la cumbre del cerro Tepeyac y se las llevara al obispo El indígena guardó las rosas dentro de su manto o ayate (tipo de toga abierta por los lados). Al llegar a donde estaba el obispo, éste estiró su ayate para tender las rosas sobre la mesa, con la sorpresa de que la imagen estilizada de la Virgen de Guadalupe se encontraba grabada en el manto. La prueba para el fraile no fueron solamente las rosas, sino el milagro de la pintura de la Virgen de Guadalupe sobre el ayate.

Pero lo verdaderamente curioso viene ahora. La pintura habría sido ordenada por Fray Alonso de Montúfar, segundo obispo de Nueva España, a un pintor indio de la comunidad de nombre Marcos Cipac de Aquino en la década de 1550. Esta aseveración se basa, en primer lugar, en que el propio manto está firmado por Marcos Aquino, a los ojos de cualquier buena lupa. Pero es que se conserva por escrito un sermón pronunciado el 8 de septiembre de 1556 en la capilla de San José por fray Francisco de Bustamante, provincial de la orden franciscana, ante el virrey, audiencia y vecinos principales de la ciudad de México, en la que el padre Bustamante critica al culto guadalupano y declara que la imagen fue pintada por el indio Marcos Cipac de Aquino.

Por otra parte tenemos los análisis de la imagen que a lo largo del tiempo, por parte de expertos en arte antiguo, se han realizado. El restaurador José Sol Rosales, en un estudio realizado a petición del ex abad de la basílica de Guadalupe Guillermo Schulenburg, concluyó en 1982 que la pintura fue hecha usando diversas variantes de la técnica modernamente conocida como temple. El técnico llegó a la conclusión de que el manto -de 1,7 metros de altura y 1 metro de anchura- es una tela mezcla de lino y cáñamo y que los pigmentos -a base de cochinilla, sulfato de calcio y hollín- son los empleados en el siglo XVI.

Y aún hay más. En 1.947 y 1.973 la pintura de la Virgen fue restaurada por D. José Antonio Flores Gómez. Ya tenemos una nueva firma en el manto. El mismo pintor lo comenta en el diario El Proceso, número 1.343: “Antes de mí, otros restauradores ya le habían dado retoques a la imagen. Eso lo noté desde la primera vez que intervine. Y estoy seguro de que otros intervinieron después de mí.” La pregunta entonces es: ¿cuántas personas han redibujado la supuesta imagen de la virgen en el manto durante estos siglos?

La imagen está pintada sobre una tela de lino y cáñamo. Tradicionalmente se ha dicho que esta obra está ejecutada sobre el lienzo desnudo; esto es totalmente falso, pues es evidente al examen ocular la presencia de una preparación de color blanco, de un grosor que podría considerarse medio y aplicada irregularmente.

La pintura es dibujada usando diversas variantes de la técnica modernamente conocida como temple; una de ellas, la usada en manto y ropaje, fue empleada en el siglo XVI con el nombre de aguazo, derivada de las técnicas en la pintura de las llamadas sargas y presupone el realizar la pintura sobre el lienzo humedecido ligeramente para facilitar la fijación del color.

El blanco que aparece en la pintura es, con toda seguridad, sulfato de calcio. Los pigmentos azul y verde son, con probabilidad, óxidos básicos de cobre. Las tierras son óxidos de hierro. Como pigmentos rojos, además del óxido de hierro rojo, se usaba el bermellón, compuesto de azufre y mercurio, y el carmín de la cochinilla mexicana. Con un examen ocular, auxiliado de luz rasante y con luces ultravioletas, se detectan, además, diversas áreas de repintes en zonas importantes. También se detectan repintes en el fondo, manto y a lo largo de la unión de los lienzos.

De todo ello, se informó al Vaticano y más concretamente al cardenal Sodano. En una de sus cartas, el abad Schulenbur aseguró: “… y nos dimos perfecta cuenta de que reunía todas las características de una pintura hecha por mano humana, con el deterioro propio de la antigüedad de la imagen misma. Dicho examen crítico lo enviamos a la sede apostólica como un signo de honestidad y de amor a la verdad.

El consultor histórico del Vaticano ni siquiera mandó analizar la imagen de la Virgen de Guadalupe para comprobar que fuera producto de un milagro, ya que lo tuvieron muy claro desde un principio.

Con todo lo anterior, que no deja de ser un análisis superficial, recopilatorio de diversas fuentes fidedignas y contrastadas, se llega la conclusión más que evidente de que la Virgen de Guadalupe es un fraude orquestado por varios artistas, a partir de una historia fantástica que no tiene por donde cogerse.

Aparte, como dato anecdótico, cabe añadir que el manto de la Virgen de Guadalupe  o ayate está confeccionado con cáñamo, la popular planta de la marihuana. ¿Por qué se uso esta planta como tejido del manto? Hagamos un poco de historia.

Por sus virtudes la planta de la marihuana lleva con el ser humano desde tiempos remotos. En China se hace referencia a su explotación desde hace unos 8000 años. En España se cultivó durante varios siglos seguidos con reconocimiento oficial especial, sirviendo para la confección de vestidos, velas navales y piezas de barcos, cordajes, papel.  Las velas de Cristóbal Colón, la bandera estadounidense y los papeles con que se declaró su independencia fueron confeccionados en fibra de Cannabis. Desde el siglo V a.C. hasta finales del siglo XIX el 90% de las cuerdas y velas para navegación y muchas redes de pesca se hacían con cáñamo.

La disminución de su cultivo en los países industrializados comenzó a raíz de una confusa política de prohibición de la marihuana que afectó también al cáñamo en los años 30 del siglo recién terminado. Probablemente fue una campaña puesta en marcha por los intereses opuestos de ciertos sectores industriales estadounidenses para potenciar otros materiales para los que las plantas de cannabis eran un fuerte competidor.

El cáñamo y la marihuana son la misma planta, pero son fruto de diferentes cruces y selecciones, que dan lugar a variedades con características diferentes, y pueden seguir cruzándose entre sí. El cáñamo no es una variedad de marihuana, sino al contrario: la marihuana es una variedad de cáñamo en la que se ha potenciado la concentración de TetraHidroCannabinol.

Este THC es rico en sustancias y aceites que son los que producen los efectos alucinógenos. Otra característica diferenciadora del cáñamo y la marihuana es que las variedades útiles para fibra suelen seleccionarse a partir de líneas de cruce de plantas de tallo alto, con espacios internodales prolongados, escasas o ramas, e interior poco leñoso, casi hueco. Suelen alcanzar entre 2 y 5 metros de altura. Se cultivan en gran concentración, de forma que el cultivo tiene una presencia espesa y difícilmente transitable.

Por tanto, para escarnio de los creyentes, la Virgen de Guadalupe no solamente es un fraude en toda regla, sino que además se viste con un manto fabricado con sustancias alucinógenas. No deja de ser, cuando menos, curioso y relevante.

Actualmente la virgen se venera en la Nueva Basílica de Santa María de Guadalupe, en México.

Sigue leyendo más sobre esta historia…

VACUNAS Y CONSEJOS DE HIGIENE PARA EL VIAJERO

Ahora que estoy a punto de comenzar un nuevo viaje me gustaría plantear una serie de recomendaciones para cuando se viaja a un país exótico, en lo que salud se refiere.

Para comenzar destaco todo aquello que debería incluirse en un pequeño botiquín de emergencia que deberíamos llevar con nosotros. A saber los típicos analgésicos como el paracetamol, antiácidos (hidróxido de magnesio), los antihistamínicos para quienes padezcan alergias a ciertas plantas o los cambios de temperatura, colirio, crema solar, repelente de insectos, las tabletas potabilizadoras de agua, y algún antipruriginoso para los escozores e irritaciones.

En el material de cura hay que llevar antisépticos como el yodo, gasas, vendas, esparadrapos, tijeras, y si es posible, un termómetro.

Opcionalmente siempre es bueno llevar algún antibiótico. Y dependiendo del país, los preservativos, para aquellos que quieran prevenir enfermedades sexuales con las nativas.

En este paquete sería aconsejable llevar algún antidiarreico, como la Rifaximina y algo de suero de rehidratación oral. Si no se ha llevado éste se puede hacer un preparado de rehidratación oral a base de: seis cucharadas de café con azúcar, una cucharada de café con sal, y un litro de agua potable. La mezcla servirá como solución.

Para prevenir enfermedades hay que seguir una serie de pautas en la higiene. Lo primero es beber siempre agua embotellada, teniendo presente que el camarero nunca te traiga la misma abierta (hay mucha picaresca). Si no hay agua embotellada siempre se puede hervir o tratar con tabletas potabilizadoras.

Cuidado con los vasos. Cuando se beba agua es mejor beber directamente del cuello de la botella (una vez limpiada con un papel o paño). Si se toman medidas tan drásticas tampoco debe olvidarse del hielo. Si nos meten hielo en nuestros refrescos éste debe arrojarse al suelo.

¿Se puede consumir té, café o infusiones? Sí, no hay problema, pues se trata de aguas previamente hervidas. Tampoco hay inconveniente en beber vino, cerveza o refrescos de marcas internacionalmente reconocidas, ya que tienen que someterse a una serie de controles.

Para los alimentos basta con que vengan hervidos o cocidos. Hay que prestar atención con los alimentos crudos. Nada de ensaladas, y mucho cuidado con la fruta sin pelar.

La comida tiene que estar siempre acabada de preparar. Deberíamos imponernos la norma de no tomar leche esterilizada o pausterizada, y no consumir helados artesanales en países exóticos, pues la leche que puedan llevar es de procedencia dudosa.

En cuanto al tema de las vacunas hay que dejarse aconsejar por el organismo correspondiente. En el caso de España, los diversos institutos de la Salud te orientan en tu primera visita, y te sugieren qué vacunas deberías llevar, según el país a visitar y la duración de la estancia. A partir de ahí te gestionan un carnet de vacunas con las mismas y posteriores seguimientos en el calendario, así como las pastillas a tomar, en el caso de la malaria y el paludismo. Téngase en cuenta que las vacunas en España no son gratuitas. Hay que pagar por ellas.

Para más información sobre las vacunas y dónde ponérselas, hay una asociación española de vacunología que da consejos para el viajero y publica los lugares donde pincharse. http://www.vacunas.org/

REVELACIONES DESDE UN CODICE DEL GENESIS DEL SIGLO X

Hace unos años tuve la oportunidad de pisar Tierra Santa, en concreto, la ciudad de Jerusalén. Estar allí y pasear por lo que fue el Vía Crucis del hombre más importante que haya hollado esta tierra, estuvo cargado de emociones. Por supuesto no hice ni caso de la supuesta ubicación del Gólgota o la posible tumba de Jesús, recreaciones burdas para atraer a turistas. En mi maleta estaban los primeros libros de la serie Caballo de Troya, del vapuleado y no sin razón, J.J.Benítez, más fieles a la que pudo haber sido la historia original.

Cómo no, lo que pudo suceder allá hace 20 siglos, debió ser algo más grande que lo que nos cuenta esa máquina de hacer dinero, que siempre fue la Iglesia Católica. No por ello lo que conocemos como el Antiguo Testamento deja de ser un libro interesante. Siempre afirmo que es una obra histórica, y que debería tomarse como rigurosa en sus ambientaciones; y lo mismo sucede con los evangelios. Ni qué decir de los llamados Evangelios Apócrifos, fuentes más que fidedignas de historias que fueron censuradas por el Vaticano y ciertos Papas, porque no encajaban con las explicaciones que ellos deseaban. Sin embargo, para lo que ellos querían, se tomaban como ciertos los cuentos de los Evangelios Apócrifos. Y si no, ¿de dónde se cree el incauto que salió la historia de los Reyes Magos y los presentes para el niño rey? Un punto para quien me diga en qué apócrifo se cuenta este relato.

Si a todo ello sumamos los escritos del historiador judío Flavio Josefo, o la enorme ampliación que supuso el Libro de Urantia, tendremos una historia más inverosímil que la narrada a través de tantos siglos.

Hará ya casi 20 años, cuando comenzaban mis viajes por el misterio, tuve la oportunidad de pisar esa tierra, acercarme hasta el Mar Muerto, y perseguir al nazareno hasta un olvidado sepulcro en Cachemira, la India. Otra historia fantástica, cuyas bases se asientan en un comentario que hace el profeta Mahoma en lo que conocemos como El Corán.

En aquella Israel que tuve oportunidad de conocer, un amigo, alguien relacionado con ciertos servicios secretos, me regaló un CD-ROM, un compacto que contenía fotografías de un extraño códice del siglo X, un manuscrito que reproduce partes del Génesis y el Exodo. Y ese manuscrito, sus más de 200 páginas, son las que reproduzco en absoluta primicia para los lectores de este blog. Jamás se han visto publicadas estas imágenes. Y he aquí que las rescaté del olvido, encontradas en ese CD-ROM que amontonaba polvo en uno de los estantes de mi biblioteca. Las he colgado en uno de los álbumes que tengo en Picassa. Sólo debes hacer clic en la foto para comenzar el carrusel de imágenes.

Pulsa en la imagen para abrir un enlace donde podrás consultar el manuscrito

La parte que más me llamó la atención en el Génesis son sus comienzos, esa referencia que se hace a los Nefilim. Traducido del sumerio quiere decir «los que bajaron del cielo» o también «los gigantes». ¿Gigantes durante la Creación? ¿Un pueblo de dioses venidos del espacio que se mezclaron con los descendientes de Adán y Eva? ¿Acaso la Iglesia ortodoxa no supo darse cuenta de esta fallo y acallarlo? ¿Cómo es posible?

Pero mejor copio (y corrijo) lo que puede leerse en el blog de Némesis Sebaot, en relación a un libro de Zacarías Sitchin, que trata este apasionante tema. Que cada cual saque sus propias conclusiones, leyendo o buscando esa obra llamada «El duodécimo planeta«.

Los Annunaki (tambien llamados Annuna – Hijos de An) fueron los dioses confinados en el mundo subterráneo; también se dice que vivían en Dulkug o Dulku , el “montículo santo”. En el texto sumerio sobre “El descenso de Innana al Mundo Bajo” se identifica a los Annunaki como los siete jueces del Mundo Bajo.

La leyenda sumeria dice que existe un planeta no descubierto en nuestro sistema solar, llamado Niburu por los sumerios, y que tiene una órbita elíptica similar a la de un cometa, que tarda 3600 años en dar una vuelta completa alrededor del sol.

Sitchin, así como otros investigadores sostienen la teoría de que los antiguos sumerios conocían la existencia de todos los planetas del Sistema Solar, desde Mercurio a Plutón (este último descubierto a principios del siglo XX). Ellos creían en la existencia de un planeta más, con una órbita alrededor del Sol gigantesca (cada 3.600 años), del cual procedían los “Annunaki”, los dioses de su panteón y que en sus principios fueron el génesis de la vida sobre la Tierra y la causa de la rápida evolución del hombre en nuestro mundo mediante intervención genética.

Los habitantes de este planeta, eran los Annunaki (Sitchin les denomina Nefilim). La razón real por la que los Annunaki bajaron a la tierra está confusa. Sitchin opina que vinieron en busca de metales que se estaban agotando en su planeta, aunque otros autores que han desvelado las tablillas sumerias tampoco lo dejan entrever muy claro.

Según la tradición sumeria, los Annunaki crearon a los hombres para que les sirvieran. De alguna forma utilizaron a los hombres como esclavos.

La creación del hombre según los mitos sumerios es muy parecida a la biblia. Al parecer, un dios sumerio llamado Enki tomó arcilla y le dio forma, por invitación del dios Nammu; aunque las primeras formas no fueron satisfactorias.

Los humanos veían a estos seres como dioses, ya que eran inteligentes, poseían muchas tecnologías y conocimientos y tenían una gran longevidad, aunque eran mortales. Estos seres fueron llamados por los sumerios Annunaki. El término que menciona la Biblia es Nephilim (recordemos que la Biblia es una copia de las tradiciones sumerias), aunque algunas traducciones erróneas del término traduce éste como “gigantes”.

Según los sumerios, sus dioses (estos seres) bajaron a la tierra desde el cielo, mucho antes de la llegada de la humanidad. Para los sumerios, al igual que para otros muchos pueblos de la antigüedad, sus dioses fueron seres de carne y hueso que un díahabitaron entre ellos y de los que aprendieron numerosas actividades y normas de convivencia.

Ellos vinieron como colonos y explotadores, hicieron de la Tierra su hogar y empezaron a construir ciudades, ciudades que asociaron a funciones determinadas y que estaban gobernadas por los dioses.

Es sabido que cada ciudad sumeria disponía de un dios y una diosa protectora; esto puede interpretarse como que el gobierno de estas ciudades estaba encargado a parejas de dioses.

Otra evidencia de estos llamados dioses, o seres reales, está en la lista de reyes, en las dinastias antidiluvianas , con edades de sobernaía asombrosas, que se medían en sars (equivalentes a 3600 años).

Es curiosa la coincidencia de 3600 años, ya que un sar es el equivalente a un año de Niburu (el planeta de los Annunaki).

También es curiosa la coincidencia con la matemática sumeria, basada en un sistema sexagesimal (multiplos de 60; 60×60=3600), que ha sido el origen de la forma que tenemos de medir el tiempo (hh mm ss) y la base de la trigonometría (360 grados).

Si se tiene en cuenta la lista real sumeria, y se consideran los sar de 3600 años, sucede que el periodo antidiluviano, que empezó con la llegada de los Annunaki fue hace 450.000 años. Esto hace suponer que los Annunaki vivieron en la Tierra muchos años, sin la actual civilización humana, y que ésta apareció al finalizar el reinado de los Annunaki.

Por otra parte Sitchin, cree que el paraiso era un jardín de los Nibiru, y que el Arbol de la Ciencia era el árbol que nos permitió procrear, ya que al ser hibridos de Annunakis y Hommo Erectus, eramos incapaces de hacerlo. Según esto los Annunaki no querían que los hombres se reprodujeran y cuando lo consiguieron los echaron del Paraiso.

Debemos recordar que los mitos sumerios hablan de un Paraiso llamado Dilmun descrito en el mito de “Enki y Ninhursag”. Dilmun es una tierra pura, brillante y santa, regada por 4 ríos de agua dulce, llena de lagos y palmeras y árboles. En Dilmun los dioses parían sin dolor.

Para justificar el origen extraterrestre de los conocimientos Annunaki, Sitchin se apoya en dos interpretaciones de arte sumerio, dos restos arqueológicos.

Primera : La estela de Naramsin. Esta estela celebra la victoria de Naramsin sobre sus enemigos en el campo de batalla. El propio rey ocupa la figura central pisoteando a sus contrincantes con una lanza en su mano derecha, mientras observa desafiante a lo que parece ser una montaña con un extraño diseño cónico y sobre la cual a su vez se pueden apreciar claramente al menos, dos cuerpos celestes; aunque se adivina un tercero un tanto deteriorado, arriba del todo.

Sitchin cuestiona que la figura central de toda esta escena sea la del Rey Naramsin. Los dioses sumerios, al igual que otros muchos de la zona, siempre eran representados con un casco con cuernos, como el de la figura y que supuestamente representa al soberano de Akkad.

También llama la atención la presencia de “dos soles” (o más) en el firmamento, precisamente sobre la cumbre de una no menos sorprendente montaña, y que Zecharia Sitchin asocia más a la figura de un cohete, por muy fantástico que pueda parecer.

Segunda: Hay un sello del tercer milenio a.C., conocido con el nombre de VA/243. A la izquierda entre dos figuras se aprecia lo que Sitchin ha identificado como el Sistema Solar, en una muestra clara de los elevadísimos conocimientos astronómicos de los sumerios.

“……Al observar detenidamente una ampliación del Sistema Solar representado sobre el cilindro VA/243, se puede observar que los “puntos” que rodean la estrella son de hecho esferas. Al pequeño Mercurio le sigue un Venus más grande. A la Tierra, del mismo tamaño de Venus, le acompaña una Luna pequeña. A continuación, en dirección contraria a las agujas del reloj, se ve a Marte, más pequeño que la Tierra aunque más grande que la Luna o Mercurio. Luego la antigua representación muestra un planeta desconocido para nosotros, bastante más grande que la Tierra aunque más pequeño que Jupiter y Saturno, que se observan claramente a  continuación. Más adelante, otra pareja concuerda perfectamente con nuestros Urano y Neptuno. Por último, también se encuentra allí el pequeño Plutón, aunque no donde lo ubicamos en la actualidad (después de Neptuno), sino entre Saturno y Urano……”

Las anomalías detectadas con el nuevo planeta entre la Tierra y Jupiter, y la extraña ubicación de Plutón, corresponderían a la irrupción cada 3.600 años de un planeta extrasolar que en sus origenes desvió la órbita de Plutón a su actual posición y que chocó seguidamente con un planeta situado donde se encuentra el cinturon de asteroides, que serían los restos de esa colisión.

Posteriormente, lo que quedó del planeta acercó su órbita al Sol, y sería nuestro actual mundo, la Tierra.

Los antiguos sumerios llamaban al planeta del que se desgajó la Tierra, Tiamet, y al planeta intruso que originó el choque, Nibiru, de donde procedían sus dioses. Según la mitología sumeria, de este choque surgió la vida en la Tierra. Hoy en día, son muchos los científicos que opinan que la vida en la Tierra tal vez tuvo su inicio por la presencia de organismos extraterrestres procedentes de meteoritos u otros cuerpos del espacio exterior que impactaron hace millones de años sobre ésta.

El profesor Marco A Reinoso, sobre las ideas de Sitchin, avanza esta cronología de Annunaki, que sirve como resumen:

Hace 450,000-445,000 años: Los Nefilim arribaron a la tierra “Ki” procedentes del planeta Marduk, se establecieron en la antigüa Mesopotamia; cuando arribaron, algunas áreas del planeta estaban cubiertas por el hielo y glaciares. 432.000 (120 Shar), años han pasado entre el primer descenso de los Nefilims en la tierra y el diluvio.

Hace 415,000 años: “Enki”, un Nefilim, se estableció en la ciudad de Larsa.

Hace 400,000 años: Sobreviene un gran período interglaciar, Enlil, otro Nefilim, arriba a la tierra “Ki”, y establece rutas marítimas hacia el sudeste de Africa, organizando la extracción del oro en las minas.

Hace 360,000 años: Los Nefilim establecen el gran centro metalúrgico Bad-Tibira para trabar y moldear el oro para los componentes espaciales.

Hace 300,000 años: Anunaki , Enki y Ninhursag, otros Nefilim, intervienen en la genética de algún mono para crear a los trabajadores primitivos que utilizarán en la extracción del oro en las minas.

Hace 25,000 años: El homo-sapiens se multiplica y se esparce por otros continentes.

Hace 13,000 años: Los Nefilim regresan definitivamente a su planeta dejando al reino humano morir. Sobreviene el gran diluvio universal abruptamente sobre el planeta y dando por terminada la era glacial.

Hoy sigue siendo un misterio para la ciencia elestablecer el origen de la civilización sumeria, aparecida de la noche a la mañana, con una estructura social extremadamente compleja. La agricultura, la metalurgia, la alfarería, la música, la medicina, las leyes, etcétera, alcanzaron una dimensión totalmente desconocida en un período brevísimo de tiempo, después de más de dos millones de años de una evolución aparentemente lenta y sin grandes sobresaltos, en la que el hombre había estado más cerca de un estilo de vida animal.

El libro completo de Zecharias Sitchin, junto a las imágenes mencionadas más arriba, puede leerse en español, en esta dirección: http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/planeta12/12planet_index.htm#menu

EL MANUSCRITO VOYNICH

Hace siglos que los eruditos tratan de descifrar los secretos de un antiguo libro, conocido como manuscrito Voynich. Según creyeron algunos de los que lo han estudiado, anticipa muchos de los descubrimientos de la ciencia moderna.

A finales de 1912 un vendedor de libros antiguos de Nueva York llamado Wilfred M. Voynich volvió a su ciudad natal desde Europa con un pequeño manuscrito, cuidadosamente empaquetado. Tenía gruesas tapas de pergamino, separadas, debido al uso. De las 204 hojas de pergamino delgado de que constaba el manuscrito, Voynich calculaba que, originalmente, debía contener 28 páginas más, que se habían perdido. Su formato era de cuarto grande, ya que medía unos 15 por 22 centímetros y el texto; escrito en caracteres condensados y con tinta negra, iba ilustrado con más de 400 pequeños dibujos en rojo sangre, azul, amarillo, marrón y verde.

Las ilustraciones mostraban curiosos dibujos arabescos y tubos que parecían intestinos, figuras femeninas desnudas, estrellas y constelaciones y cientos de plantas de extraño aspecto. El pergamino, la caligrafía y la historia conocida del manuscrito indicaban a Voynich que era de origen medieval; y la abundancia de especímenes vegetales sugería que podía tratarse de un herbario, un libro de texto mitad científico, mitad mágico, que describía las cualidades místicas y médicas de las plantas y su preparación. Pero esto era una simple conjetura, ya que estaba escrito en un lenguaje que Voynich no pudo identificar. Y es que. aunque el texto podía ser descompuesto en palabras, no tenían sentido de por sí. Voynich sólo pudo suponer que estaban escritas en un idioma poco conocido, en un dialecto o en un código.

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Aunque Voynich no era criptólogo, tenía, indirectamente, algunas nociones de simbología. Su suegro había sido el profesor George Boole, el matemático inglés que fue uno de los primeros en usar símbolos matemáticos para expresar procesos lógicos: fue elegido miembro de la Royal Society por sus trabajos sobre la moderna lógica simbólica. Voynich también sabía que existían convincentes pruebas circunstanciales que sugerían que el autor de la extraña obra por él adquirida pudiera haber sido Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII que había combinado sus estudios de filosofía, matemáticas y física experimental con la alquimia. Quizá Bacon había logrado inventar, 600 años antes que Boole, un sistema de lógica simbólica, o quizá simplemente había elaborado un código para camuflar sus investigaciones en torno a la piedra filosofal y el elixir de la vida, eludiendo así la acusación de practicar la magia negra; acusación que en la Edad Media solía tener fatales consecuencias.

Mientras daba vueltas a todas esas posibilidades, Voynich se dirigió al mundo académico buscando una solución; hizo hacer docenas de copias del documento y se las envió a todos los especialistas que pudieran colaborar con él. Con cada copia, envió un resumen de lo que se sabía del manuscrito.

Voynich había pagado una cantidad no revelada, a principios de 1912, tras haberlo hallado en la biblioteca del Colegio Mondragone de los jesuitas, en Frascati (Italia). Antes de llegar allí, el manuscrito había permanecido custodiado durante 250 años en el Collegium Romanum de los jesuitas; y había sido entregado por un célebre erudito y criptólogo jesuita del siglo XVII, llamado Athanasius Kircher, quien había intentado, sin éxito, descifrarlo.

Según una carta fechada el 19 de agosto de 1666, Kircher había recibido el libro de manos de su antiguo alumno Joannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga; el libro había formado parte de la biblioteca del Sacro Emperador Romano Rodolfo II, hasta su muerte en 1612. A todos los efectos, Rodolfo había cedido el gobierno de sus reinos de Hungría, Austria, Bohemia y Moravia a los jesuitas, prefiriendo dedicar su tiempo a patrocinar las ciencias y pseudociencias.

Pero los intereses más personales del emperador Rodolfo se orientaban hacia la alquimia, donde empleó mucho tiempo y mucho dinero en la instalación de un laboratorio alquímico al que invitó a alquimistas de toda Europa. Uno de ellos, Johannes de Tepenecz, firmó su nombre en un margen del manuscrito Voynich, según se descubrió posteriormente. Otro alquimista más famoso era el inglés John Dee, quien entre 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo como agente secreto de la reina Isabel I. Es posible que fuera Dee quien trasladara el manuscrito a Praga.

Dee, que había sobrevivido al encarcelamiento en tiempos de la reina María Tudor, en 1555, acusado de brujería, se transformó en favorito de su media hermana Isabel. Los experimentos necrománticos que realizó con su ayudante Edward Kelley suenan a superchería, pero poseía un profundo conocimiento de la teoría y de la práctica alquímicas, así como de astrología, astronomía, matemáticas, geografía y navegación celeste (una de sus obsesiones era hallar el pasaje noroeste hacia la India); pero sobre todo era un espía de capa y espada. Puso en práctica el uso de nuevas claves secretas y estudió las que ya existían, en beneficio de su jefe, lord Burghley.

Dee también admiraba mucho los trabajos de Roger Bacon, y coleccionó muchos de sus manuscritos. Tenía numerosos puntos en común con el monje franciscano; ambos se interesaban, por ejemplo, por las escrituras secretas. En cualquier caso, parece que fue el doctor Dee quien regaló a Rodolfo II el manuscrito de Voynich, diciéndole que era obra de Bacon. Sir Thomas Browne afirmaba que Arthur Dee, hijo del doctor Dee, le había hablado de un «libro que sólo contenía jeroglíficos, en cuyo libro su padre había ocupado mucho tiempo, pero no me dijo que lo hubiera descifrado».

Fueron estos los antecedentes del problema que Voynich planteó al mundo académico en 1912. Los filólogos buscaron en vano trazas de un lenguaje conocido y después utilizaron todos los métodos que suelen emplearse para leer idiomas perdidos; en vano. Varios criptoanalistas (incluido un especialista de la Biblioteca Nacional de París que había trabajado con códigos alquímicos del siglo XV) lucharon y se rindieron. En 1917, el manuscrito llegó a atraer la atención de la sección de criptología de la División de Inteligencia Militar de los Estados Unidos, el MI-8.

El MI-8 estaba encabezado por un joven y brillante director, Herbert Osborne Yardley (quien se transformaría después en una leyenda en el mundo de los descifradores de códigos), y por su brazo derecho, igualmente brillante, el capitán John M. Manly, doctor en filosofía, que antes de la guerra había sido director del departamento de Filología Inglesa en la Universidad de Chicago. En 1917 Manly trabajaba en el llamado criptograma Witzke, un código de 424 letras que descifró en tres días, revelando la identidad de Lothar Witzke, agente secreto alemán que operaba desde México. Sin embargo, después de trabajar mucho con el manuscrito de Voynich también se dio por vencido (al igual que su jefe, Yardley), y aseveraba que el texto era «el manuscrito más misterioso del mundo«.

Las ilustraciones del texto eran igualmente desconcertantes. Nada parecía tan sencillo como identificar las plantas desde el punto de vista botánico, y servirse luego de sus nombres para descifrar las leyendas; pero el problema era que la mayor parte de plantas y arbustos eran inventados, y los nombres de los que existían carecían de sentido desde el punto de vista criptográfico. Los astrónomos creyeron reconocer cuerpos celestes, como la estrella Aldebarán, la nebulosa de Andrómeda y el cúmulo estelar de las Híades, pero después volvieron a perderse en un torbellino de galaxias imaginarias. Especialistas en Bacon estudiaron el manuscrito, buscando coincidencias, mientras un profesor de anatomía de Harvard trataba de descifrar lo que le parecían diagramas fisiológicos; todo fue inútil.

Pero hubo un hombre para quien el manuscrito de Voynich se transformó en obsesión. El profesor William Romaine Newbold, especialista en filosofía e historia medieval de la Universidad de Pennsylvania. Lingüista y criptógrafo (como Manly), comenzó a trabajar en el texto en 1919. Su sistema era muy complejo: comenzó por examinar el manuscrito con una lupa y descubrió que existía un texto secundario microscópico dentro de las letras; creyó que se trataba de una especie de taquigrafía. Utilizando técnicas de desciframiento logró reducir esto a una clave de 17 letras romanas y con esto realizó seis traducciones diferentes, cada una de las cuales conducía a la siguiente. Después hizo un anagrama del sexto texto, con el que llegó al texto final en latín.

En abril de 1921 convocó una reunión de la Sociedad Filosófica Americana en Filadelfia y anunció sus conclusiones provisionales ante un público asombrado, al que finalmente logró convencer. En su opinión, la obra era de Roger Bacon, que la había puesto en clave para evitar que sus ideas se calificaran de novedosas. Se sabía que Bacon había sido el inventor de la lupa y que había especulado con la posibilidad de construir telescopios y microscopios mucho antes de su invención. Según el profesor Newbold, el manuscrito Voynich demostraba que Bacon había construido un microscopio y lo había usado para estudiar y describir gametos, óvulos, espermatozoides y la vida orgánica en general. No sólo eso, sino que había construido un poderoso telescopio reflectante, con el que había estudiado sistemas estelares desconocidos en su tiempo.

El profesor Newbold era hombre de sólida reputación, y sus descubrimientos parecían posibles. Muy pocos de los académicos que se reunieron para escucharle sabían algo de criptología, pero sus descubrimientos parecían razonables. Un importante fisiólogo, por ejemplo, consideraba que un dibujo y su leyenda describían las células epiteliales y sus cilios (se trata de las células que recubren las trompas de Falopio y los bronquios y que favorecen el paso de las mucosidades y de los óvulos) ampliadas a 75 veces su tamaño. John Manly, que ya había colgado su uniforme de Mayor y había vuelto a su cátedra de la Universidad de Chicago, prefirió no tomar partido, pero escribió en la revista Harper una reseña bastante favorable a Newbold.

Durante cinco años, hasta su muerte en 1926, Newbold prosiguió su criptoanálisis del manuscrito, en colaboración con su amigo y colega Roland Grubb Kent; fue éste quien publicó los descubrimientos de Newbold en 1928, con el título de The cipher of Roger Bacon (La clave de Roger Bacon). Las reacciones de especialistas y curiosos no se hicieron esperar.

Por supuesto, John Manly seguía interesado por el asunto, y en cuanto se publicó el libro quiso conocer el método de trabajo de Newbold y comprobar sus resultados. Aunque admiraba a Newbold (a quien consideraba una autoridad) lo que halló no le gustó nada, y después de discutir su punto de vista con antiguos colegas del MI-8, publicó en 1931 un artículo en la revista Speculum: en él, mediante un análisis cuidadosamente razonado, despojaba de todo valor los trabajos del difunto profesor Newbold.

Una vez apagados los ecos de las declaraciones de Manly, el tema no volvió a suscitar interés durante muchos años. No obstante, muchos especialistas continuaron trabajando privadamente con el manuscrito (considerado, con razón, como el mayor desafío al que jamás se habían enfrentado). En 1943 un abogado de Nueva York se atrevió a proponer una solución, un confuso texto en latín lleno de incongruencias. Dos años después un destacado investigador del cáncer, el doctor Leonell C. Strong, creyendo quizás que su reputación en el campo profesional era suficientemente sólida como para afrontar los mayores reveses académicos, pretendió haber transcrito con éxito ciertos pasajes médicos.

Anunció que no se trataba de una obra de Bacon, sino de Roger Ascham, contemporáneo del doctor John Dee,que había sido tutor y secretario privado de la joven reina Isabel I. Al igual que muchos estudiosos de su edad, Ascham estuvo interesado en varios temas, y publicó varias traducciones de obras clásicas, un tratado sobre educación y un manual que explicaba y defendía la práctica del tiro al arco, por entonces en trance de desaparecer.

Según el doctor Strong, en uno de los pasajes del manuscrito Voynich, Ascham describe una fórmula anticonceptiva que, como demostró el propio doctor Strong, puede resultar eficaz. Sin embargo, el doctor no explicó nada sobre sus métodos criptográficos, limitándose a decir que se trataba de «un doble método inverso de progresiones aritméticas basadas en un alfabeto múltiple«. En cualquier caso, varias de las afirmaciones del doctor Strong referentes al estilo lingüístico de Ascham no soportan el examen de un experto.

El librero y anticuario Hans Kraus adquirió el manuscrito en 1960. Cuando falleció Ethel L. Voynich, la mujer de Voynich, Kraus donó el libro a la Universidad de Yale en 1969. El manusscrito permanece aún en la biblioteca de la Universidad de Yale, donde sigue esperando que alguien desvele sus secretos.

    * El texto anterior está extraído y resumido de varios artículos, aparecidos en la revista digital Mundo Paranormal.

    ** El manuscrito Voynich se encuentra completo y fotografiado en el PDF que se puede consultar más arriba, y que además permite su descarga en alta resolución. Es una de las pocas reproducciones existentes, que me fue enviada en su día desde la universidad de Yale, en Connecticut (donde se encuentra catalogado como MS 408), visita obligada para quienes quieran ver el manuscrito Voynich en todo su esplendor.