Desayunamos con tranquilidad. Los tuaregs nos vienen a recoger en sus todoterrenos desvencijados, con las lunas rotas y los motores trotados. Nuestro mentor conduce a todo trapo por las dunas, pues no hay carreteras hacia donde vamos. Cuando ya no queda más arena y sólo se distingue un paisaje en piedra, el coche se detiene.
Otro grupo de tuaregs nos espera. Son ocho en total. Nos sorprende el contagiante buen humor de Laif, nuestro guía. Suelta todo tipo de abruptos en varios idiomas, incluyendo el español. Gusta de llamar “Grossa” a Belén por su sobrepeso.… Leer más






