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EL INCOMPRENSIBLE MAPA DE PIRI REIS

Me encontraba paseando por las calles de Dubrovnik, en concreto por su casco antiguo, cuando nos dirigimos a una pequeña tienda situada cerca del muro que la rodea. Fue allí cuando vi algunas antiguedades que me dejaron impactado. Había una reproducción en piedra sobre un texto mitológico del antiguo croata. Pero también me fijé en una reproducción del mapa de Piri Reis, que no estaba en venta. No obstante se vislumbraba una marca a pie del envoltorio acrílico. Se trataba de una web especializada en reproducciones de misterios paleontológicos. Tomé buena nota de ella.

A mi regreso a España no tardé en ponerme en contacto con esta tienda. No sólo prometieron realizar el envío, impreso en papel antiguo, sino que además, dado mi interés, me enviarían en un CD, una imagen TIFF del mapa a escala real. Y sí, cumplieron su promesa. Actualmente cuelga, enmarcado, en la entrada de mi casa.

Para quienes no sepan qué es el mapa de Piri Reis, añado la descripción que del mismo se observa en la Wikipedia:

El mapa de Piri Reis es una carta náutica elaborada supuestamente por el almirante otomano Piri Reis en 1513 y publicada en 1523 como parte de su obra El libro de las materias marinas. Aunque Piri Reis vivió en un tiempo anterior, se suele decir que dibujó los mapas posteriormente al «descubrimiento de America»..aunque bien es cierto que la fecha de su creación fue en el mismo siglo de los viajes de Colón, Piri reis se basó en mapas con antigüedad de 1500 años, de la era de Alejandro. Colón y su tripulación bien pudo haber navegado sabiendo perfectamente hacia qué lugar se dirigía utilizando los mapas del otomano, ya que hay ciertos hechos que vinculan a Cristobal Colón con Piri Reis. Por contener aparentes representaciones de tierras entonces desconocidas y a raíz de los propios escritos de Reis indicando que sus fuentes habían sido «los antiguos reyes del mar», ha suscitado gran interés como enigma y se le suele considerar un oopart. El original se conserva en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul pero no suele estar expuesto al público.

Curiosa esta descripción que se recoge en la Wikipedia. Hay que añadir que el mapa está pintado sobre piel de gacela. En lo alto del mapa hay un barco anclado junto a un pez, con dos personas sobre su lomo: una clara referencia a la leyenda medieval de San Borondón de Irlanda, el mito que habla de cómo unas monjes llegaron a Terranova y de cómo, durante el trayecto, se detienen a hacer un fuego sobre una presunta isla que luego resultaría ser la ballena gigantes Jasconius. Es decir, el mapa de Piri Reis bebe de fuentes medievales, al mismo tiempo.

La relación de Colón con este mapa parte de una captura turca. En 1501, el capitán Kemal Reis, aprisiona a parte de la tripulación que viajó con Colón y descubre que llevan consigo un mapa usado por Colón en su viaje al Nuevo Mundo. Este mapa será enviado por Kemal Reis a su sobrino, Piri Reis, que comenzó a reproducirlo y añadirle datos de otras fuentes portuguesas, ptolemaicas y árabes. El resultado fue presentado en 1517 a Solimán, el Magnífico.

Sólo dos mapas más se conocen de esa misma época. El mapa de Bartolomé Colón, hermano del famoso marino, que muestra parte del Caribe. Y el mapa de Juan de la Cosa, miembro de la expedición de Colón y que detalla la isla de Cuba.

Un análisis concienzudo del mapa de Reis muestra algunas singularidades. Por ejemplo, se calca toda Sudamérica, cuando aún no había sido descubierta. O la propia Antártida, cuando oficialmente se descubrió en 1820. Y más aún. Si Colón dibujó sus mapas, haciendo creer que Cuba formaba parte del continente americano, ya que quería hacer ver que se trataba del Cipango de Marco Polo, y que como tal había descubierto una nueva ruta hacia las Indias…¿por qué se observa tan bien representada la isla de Cuba en el mapa de Piri Reis? ¿Por qué la costa brasileña es más precisa que los mapas de los portugueses del 1500? ¿Por qué dibujo montañas en Sudamérica cuando nadie sabía de la existencia de los Andes?

Para acabar de confundir a los historiadores, 70 años antes del descubrimiento de Colón, el emperador chino Zheng He, parece que sería el autor de cartas marinas que cartografiaron la costa antártica. Y serían estas fuentes las que usó Piri Reis para realizar su sensacional mapa.

Incógnitas hay muchas. Lo que sí parece probado es que Colón jugó con un as escondido en la manga, y que sabía muy bien a dónde se dirigía, pese a sus confusiones con los archipiélagos.

LISTADO DE TRASTOS Y UTENSILIOS PARA UN VIAJE DE AVENTURA

Ahora que estoy elaborando los preparativos de mi próximo viaje al desierto del Tassili, me encuentro con la tesitura de qué llevar, para estar lo suficientemente preparado. Estamos en que se trata de un desierto, con temperaturas que alcanzan durante el día los 55 grados centígrados, y -15 grados por la noche; y eso da que pensar; pues no se trata precisamente de un viaje turístico, sino de una expedición en toda regla, conviviendo con los tuaregs.

Al margen, si tuviera que acometer un viaje de aventura, ¿cuáles serían los objetivos a llevar? Imagino que esta misma pregunta es la que se habrán formulado muchos al acudir a viajes por desiertos, montañas, selva o lugares inhóspitos. Así que me puse a escribir una lista de los imprescindibles, basándome en la experiencia de viajes anteriores.

Por si sirve de algo al lector de este texto, he aquí mis recomendaciones.

Tabletas potabilizadoras de agua. En realidad se trata de Chlorine, en español clorina. Las pastillas de clorina sirven para desinfectar el  agua. De uso universal para aguas relativamente claras, mata los organismos patógenos. Para uso prolongado podremos beber durante días agua desinfectada con estas pastillas. Útil tanta para agua de boca como para desinfectar agua para limpiar frutas y verduras, o el lavado bucal.

Al igual que tomamos medidas higiénicas con el agua, para evitar la disentería, conviene vacunarse contra la malaria, ya que la aventura conlleva pasar días con mosquitos y moscas a doquier. Convendría también llevar consigo algún repelente para los mosquitos. Aparte de disponer un repelente líquido, en forma de vaporizador, yo llevo conmigo una pulsera de ultrasonidos para repeler insectos. Y es muy eficaz.

Sigamos con la lista. Cantimplora o bota de vino (son igual de buenos), cubiertos metálicos plegables de camping, plato resistente, navaja multiusos, protector solar con un factor muy alto, gafas de sol, papel higiénico, bolsas de plástico para guardar objetos ante una tormenta de arena, saco de dormir adaptado a nuestra altura con resistencia a bajas temperaturas, tienda de campaña (las igloo se montan y desmontan en un instante).

Sombrero o gorra, aunque para el desierto recomiendo un pañuelo turbante shemagh, usado por las tropas británicas, cuya diferencia respecto al clásico turbante árabe, es que se anuda por arriba.

Un chaleco con múltiples bolsillos es muy útil. Los usados por el ejército, aparte del camuflaje, son muy interesantes, por la enorme cantidad de bolsillos escondidos. Y este chaleco es fácil de encontrar en tiendas especializadas. Además, este tipo de chaleco incorpora una bolsa camelback a la espalda, donde depositar agua que se absorbe mediante un tubo. Este artilugio es muy usado por los ciclistas.

La mochila es indispensable. En mi caso llevo una mochila grande, que se convierte en troley con ruedas, para los desplazamientos por aeropuertos y ciudades. La mochila cuenta con un orificio para extraer el cable de unos auriculares; por si uno quiere llevar un reproductor MP3.

Hay que sumar a la lista unas botas de trekking. Yo uso unas botas de cuero con cordones de nylon de caña alta. ¿Por qué? Porque hay zonas infestadas de serpientes y alacranes. Y no es cuestión de pisar alguno, sin ir con el calzado adecuado. Eso me recuerda que es muy valioso un botiquín de primeros auxilios de lo más completo.

Prosigamos con la lista. Cámara digital con pilas de sobra y una o dos tarjeta SD adicionales. Mapas de la zona. Una pequeña pala para excavar. Ropa ligera y de abrigo. Calcetines con refuerzos. Una de esas toallas finas y enormes que usan los nadadores profesionales. Cinta métrica de tela y enrollable.

La linterna es común. Sin embargo, las últimas tendencias van a favor de lámparas de led, más ecológicas y con mayor duración, capaces de alcanzar los 500 metros sin problemas.

En el tintero no quisiera dejarme una porra extensible. No es que uno sea un maníaco peligroso. Pero este cacharrito usado por la policía es muy ventajoso contra reptiles, e incluso para ahuyentar a posibles ladrones.

Me dejo un par de gadgets opcionales para el final. El primero es un podómetro que sirva para eso, para medir las distancias recorridas. En los últimos tiempos están apareciendo relojes que llevan múltiples funciones, como la de podómetro, pulsímetro, y hasta GPS. Es el caso de los relojes Garmin Forerunner o Suunto. Si uno puede optar por ellos, perfecto; si no es el caso, bastará con un sencillo podómetro.

El segundo gadget es una brújula digital. Las hay también con múltiples funciones, y muy económicas. Cabe destacar en estas brújulas que, además de esta función, suman altímetro, barómetro, termómetro, hora en varios países, y hasta predicciones meteorológicas para conocer el tiempo en las próximas horas.

Estoy seguro que me he olvidado de otros enseres. Pero, cuando menos, ya tendremos una pequeña guía para comenzar y que sirva de referente a futuros viajeros.

¡Por la aventura!

LA ESTACION OLVIDADA DE CANFRANC EN HUESCA

Esta ruta para un fin de semana se hizo, tomando como punto de partida, Jaca, lugar de paso para todo tipo de esquiadores. Conviene abrigarse bien, porque la noche es fría; aunque bien merece la pena la visita al lugar, y darse un paseo por sus buenos restaurantes.

El texto que sigue a continuación ha sido tomado como referencia de una obra de Ramón J. Campo para el diario Heraldo.

La historia del paso fronterizo de Canfranc en la Segunda Guerra Mundial está por escribir. El hallazgo de los documentos del oro nazi que pasó por la aduana internacional en 1942-43 ha abierto una puerta cerrada a cal y canto 60 años.

Canfranc podría ser el escenario de una película como Casablanca, aunque la historia de este paso fronterizo durante la Segunda Guerra Mundial está todavía por escribir. La ruta del oro nazi a la Península Ibérica, la presencia de las SS y la Gestapo, la puerta para la fuga de muchos judíos y hasta de los alemanes perdedores, y episodios de contraespionaje dignos de una novela de John Le Carré. Todo eso sucedió en Canfranc entre 1942 y 1945.

La aduana internacional fue reabierta después de estar cerrada durante la Guerra Civil española (1936-39) para evitar una invasión desde Francia. Poco después, en los años 1942 y 1943, vivió una actividad que jamás volvió a recuperar hasta su cierre definitivo en 1970. La supuesta neutralidad de España en el conflicto provocó que en esa época de convulsión en Europa llegaran a pasar 1.200 toneladas de mercancías mensuales en la ruta Alemania-Suiza-España-Portugal –entre ellas 86 del oro nazi robado a los judíos–.

Alemania controló la aduana internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45) con un grupo de oficiales de las SS y miembros de la Gestapo, que residían en el hotel de la estación y en otro del pueblo. España no estaba en guerra, pero Franco tenía una postura de no beligerancia «sui generis». Debía devolver la ayuda que Hitler le proporcionó en la Guerra Civil, lo que se tradujo en enviar a Alemania toneladas de volframio de las minas gallegas, un mineral fundamental para blindar sus tanques y cañones. Muchas de esas explotaciones fueron abiertas por empresas alemanas que operaban en España a través de la sociedad Sofindus (Sociedad Financiera Industrial), un holding alemán muy bien conectado con Demetrio Carceller, director del Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME), único organismo que podía comprar oro.

Los «documentos de Canfranc» prueban que a cambio de esa ayuda estratégica para prolongar la contienda, España recibió al menos 12 toneladas de oro y 4 de opio, en tanto que a Portugal llegaron 74 toneladas de oro, 4 de plata, 44 de armamento, 10 de relojes y otros enseres, producto del expolio a los judíos. Estos datos puede ser sólo la punta del iceberg. Los originales de estos papeles, enviados al jefe de tráfico de mercancías de Madrid, no existen.

Portugal era la puerta de entrada de mercancías de Suramérica y, al final de la Segunda Guerra Mundial, la de salida de muchos alemanes que se refugiaron en Argentina, Uruguay, Brasil o Paraguay. Por eso, recibía más oro. «Había quesos de Argentina con una piel muy gruesa para aguantar el viaje o azúcar que llegaba a Lisboa», recuerda Julio Ara.

En Irún o Port Bou los nazis permanecieron al otro lado de la frontera, en la Francia ocupada, pero en Canfranc residieron en la parte española ya que en la estación, situada en España, había doble jurisdicción.

Los papeles de la aduana de Canfranc fueron recogidos por Renfe en el muelle postal y fueron estudiados con detalle en Zaragoza y Madrid para ver si arrojan nuevos datos sobre el paso del oro nazi por la estación fronteriza altoaragonesa en la Segunda Guerra Mundial.

Los «documentos de Canfranc», hallados en noviembre en la estación por el francés Jonathan Díaz, han revelado que entre julio de 1942 y diciembre de 1943 pasaron 86 toneladas de oro nazi por la aduana internacional, de los que 74 iban a Portugal y 12 a España.

A raíz de la publicación de las noticias del hallazgo, Renfe envió dos vigilantes a Canfranc para custodiar el muelle postal, en el que los funcionarios de Patrimonio recogieron un total de 24 sacos de documentación de los años 30, 40, 50 y 60, principalmente. Estaba esparcida y maltrecha en esas dependencias que dejaron de ser el almacén de la aduana cuando desapareció en 1992.

«Ahora están todavía clasificando los documentos. Colaboran en la investigación y archivo miembros de la Fundación del Ferrocarril», explicaron fuentes de Renfe. «Pero la tarea va para largo. Además, se está colaborando con la Dirección General de Aduanas, a quien pertenecen los documentos».

Los papeles han sufrido el paso del tiempo y del abandono en una nave, con parte del techo caído, las cerraduras de las puertas reventadas y por donde podía pasar cualquiera. No ha trascendido si ha aparecido algún papel con partidas de oro, vecinos de Canfranc que solían visitar este muelle han comentado a este periódico que llegaron a ver algún documento con pequeñas remesas de oro. No obstante, el hecho de que los convoyes del oro llegaran a la Península Ibérica hasta el final de la Segunda Guerra Mundial –agosto de 1945– hace suponer que podrían aparecer nuevos documentos relacionados con (hasta ahora, los hallados son de 1942 y 1943).

Por otro lado, los servicios jurídicos de Renfe han empezado los trámites para reclamar los «documentos de Canfranc» al francés de padres españolas Jonathan Díaz. El pleito judicial se presenta bastante complicado ya que se trata de un asunto de Derecho Privado Internacional porque es la reclamación de la Administración española a un ciudadano francés que tiene en su país los papeles hallados en Canfranc.

Por el momento, Díaz sostiene que se atendrá «a lo que diga la ley» a la hora de resolver la propiedad de los documentos, aunque siempre se ha mostrado abierto al diálogo y a que los historiadores puedan acceder a los papeles del oro. De cualquier manera, tras recuperar casi mil folios y que puedan leerse, el descubridor mantiene un bloque de documentos que están fechados en 1945 que no ha podido examinar debido a su mal estado.

«Los alemanes vivían en la estación y celebraban hasta conciertos de piano en el comedor. Eran muy educados. Bailaban valses con las chicas de Canfranc y les regalaban chocolate. Ellos eran ingenieros o químicos y nosotros, unos ignorantes que tenían mucha hambre después de la guerra», confiesa un vecino de Canfranc que por aquel entonces tenía 14 años y ahora prefiere el anonimato. Si alguna historia de amor se fraguó, como en Casablanca, no perduró.

«Aunque estaban destinados en la parte francesa, no tenían inconveniente en pasar a la española. Algunos vivían en la fonda Marraco. Había seis oficiales fijos y otros de paisano, de la Gestapo, pero otras veces llegaban grupos de unos veinte soldados uniformados que venían del frente a descansar», agrega.

Los vecinos de Canfranc, sacudidos todavía por los efectos de la Guerra Civil que hizo huir a algunos hacia Francia, casi no podían moverse del pueblo. Necesitaban un salvoconducto. «Desde Anzánigo, era una zona impermeabilizada», advierte un vecino. Uno de los «documentos de Canfranc», fechado el 24 de mayo de 1940 y firmado por el comisario jefe de la Unidad de Investigación y Vigilancia, recuerda que «todo aquel que viva en un punto distinto del 18 de julio de 1936 debe presentarse en ocho días en la comisaría con la relación de los que vivan en su casa, avales de dos personas y certificado de sus empresas». «El incumplimiento llevará consigo el regreso forzoso a su antigua residencia», advierte.

Los carabineros, la Guardia Civil y los oficiales de las SS eran inflexibles con los robos de mercancías como los relojes que se llevaban a Portugal. «Se llevaron una caja y estuvieron buscándolos. Un chaval se llegó a ahorcar y a otro le pusieron una multa muy alta», cuentan en Canfranc.

A la falta de libertad de movimientos se unía el hambre, mitigada por las mercancías que descargaban. El salario medio de un obrero era de 200 pesetas al mes. Por eso, siempre se escapaba algo de los trenes para casa. «Cogíamos latas de sardinas, azúcar, aceite, café o la mistela que enviaban los portugueses de Madeira. Menos mal que pasaba mucha mercancía y podíamos llevarnos cosas, porque había mucha hambre», cuenta Daniel Sánchez, de 87 años, uno de los pocos canfraneros que puede contar que cargó cajas con lingotes de oro a sus espaldas.

El oro nazi llegaba en tren a Canfranc, según los documentos encontrados por el francés Jonathan Díaz en la estación en noviembre del año pasado a raíz de la grabación de un anuncio de Lotería de Navidad. Entre julio de 1942 y diciembre de 1943 llegaron 45 convoyes, seis de ellos con destino a España («importación» aparece en el papel) con 12 toneladas de oro, y el resto de «tránsito», rumbo a Portugal, que recibió 74 toneladas del metal precioso. Daniel descargaba el oro de los trenes de Suiza por el puente internacional y lo colocaba en unos camiones suizos que se encargaban de llevarlos hasta Madrid y a Portugal, a través de los pasos fronterizos de Badajoz, Valencia de Alcántara y Fuentes de Oñoro.

El historiador Pablo Martín Aceña, director de la comisión española que investigó las compras de oro nazi por España, recuerda que la Península Ibérica recibió estos cargamentos hasta agosto de 1945, por Hendaya, Port Bou o Canfranc, aunque no sabe en qué proporción. «Los servicios secretos de los aliados contabilizaron 135 envíos de salida en la frontera franco-suiza de Bellegarde hacia la Península Ibérica», apunta.

Esos convoyes transportaron «un total de 300 toneladas». «Portugal compró mucho oro que había salido de Bélgica y Holanda. Lo que recibió España (el IEME) está claro por las cuentas que se investigaron en el Reichbank, el Banco Nacional Suizo y el IEME. Otra cosa es que empresas españolas suministradoras de Alemania cobraran en oro y lo depositaran en Londres o Zurich. Calculamos que entraron a España 20 toneladas de oro a cambio de volframio», señala Martín Aceña.

Ese volframio todavía se puede ver, 60 años después, en las vías muertas y muelles de la estación de Canfranc. Portugal y España exportaron este mineral a Alemania incluso cuando en 1944 los aliados presionaron al régimen de Franco para que dejara de hacerlo con el fin de concluir la guerra.

Aparte la historia del oro nazi, ya sólo como obra arquitectónica, la estación de tren es pomposa todavía. La estación de ferrocarril más grande de España, y una de las más espectaculares de Europa, se hunde día a día en su pequeña plataforma de los Pirineos.

A mediados del siglo XIX se empezó a trabajar en el proyecto de unión ferroviaria de Francia y España a través del paso de Canfranc.

En el final del siglo XIX y el primer cuarto del XX se hizo prácticamente la obra, con la magnífica Estación Internacional.

La estupenda obra –con su estación modernista de aire palaciego- fue inaugurada en 1928 por el rey de España, Alfonso XIII; el Presidente de la República Francesa, G. Doumergue, y el general-dictador Primo de Rivera.

Este fue un eje de comunicaciones relativamente importante. Pero quedó cerrado al tráfico en 1970, cuando un pequeño tren de cercanías descarriló en la vertiente francesa.

Actualmente las autoridades intentan reactivar la zona, mediante la reapertura de la línea ferroviaria internacional y la restauración del edificio de la Estación Internacional de Canfranc, con objeto de adecuarlo también para actividades turísticas. Mientras, Canfranc sigue siendo un inmenso espacio de desolación en el Pirineo, un espacio vacío de actividad que recuerda los punto y final de pueblos y proyectos otrora notables.

Este era el núcleo central de la línea férrea Zaragoza-Pau, un proyecto en el que hubo abundante inversión por lo que tenía de beneficioso para el futuro de esta zona; un proyecto compartido por la Compañía del Norte (España) y la Compagnie du Midi (Francia).

Con la obra se llevó a cabo una activa labor medioambiental, de estructuras hidráulicas y comunicaciones de carretera. Fue la respuesta a una demanda de los aragoneses reivindicando una salida ferroviaria allende la cordillera Pirenaica.

Es un inmenso buque varado; una notable obra que debe ser salvada y acondicionada para el beneficio y orgullo del territorio en el que fue levantada, y donde hoy yace como un inmenso féretro vacío, sin vida

Lo que fue un proyecto de futuro se quedó en un alarde técnico y arquitectónico sin apenas uso.

La enorme estación, de 240 metros de longitud, con 75 puertas a cada lado, sus tres alturas, sus letreros bilingües y sus playas de vías de ancho europeo a un lado y español al otro, apenas cumplió una función ferroviaria.

Ocho años después de su inauguración se cerró por la Guerra Civil. En 1940 se reabrió (y probablemente se usó para el paso de caudales nazis hacia España), pero fue languideciendo.

Por allí pasaron peregrinos hacia Lourdes, mercancías de todo tipo, cítricos con destino a Europa, y algún deportista con ánimo de practicar esquí. Hasta que en 1970, aprovechando el derrumbe de un puente, Francia cerró la línea.

Desde entonces, las cosas sólo han ido a peor. En la parte francesa la línea ha sido desmantelada, invadida, con los puentes derribados. En España se mantiene el servicio, apenas dos trenes al día que llegan a la vieja estación, un buque fantasmagórico cuyo mantenimiento resulta poco menos que imposible.

En una Europa en progreso, las vías de Canfranc, cubiertas de hierba, los vagones en descanso eterno y la maravilla del edificio modernista en creciente abandono, hacen rememorar aquellos momentos de paso del oro nazi por nuestras fronteras.

La desolación invita a la poesía y a la meditación, tal vez también al desasosiego.

LA LEYENDA DEL LAGO ENGOLASTERS EN ANDORRA

Para esta propuesta se trata de acudir Andorra, lugar que la mayoría conoce por sus pistas de esquí y sus tiendas, todo enfocado hacia el turismo. Pero Andorra todavía esconde algunos secretos.

Según lo que data en la Wikipedia, en la Edad Media, los valles de Andorra pertenecían al condado de Urgel. Con la expansión de este condado hacia el sur (Mur, Àger, Ponts, Balaguer, Guissona, Agramunt, etc.), donde había terrenos más fértiles, las zonas montañosas dejaron de tener interés para el conde. El obispado cedió en feudo este territorio al Vizcondado de Castellbó. Por medio de enlaces matrimoniales, sus dominios pasaron a manos del condado de Foix. A partir de aquí, Andorra será un coseñorío: el obispo de Urgel y el conde de Foix. Durante el Siglo XIII, firmaron los Pareatges, documentos que fijan los límites del poder de cada coseñor. El conde de Foix irá adquiriendo poder (Bearn, Reino de Navarra y de ahí el Reino de Francia). Desde entonces, los jefes de Estado serán el Obispo de Urgell y el rey de Francia (hoy, el presidente de la República francesa).

Escaldes debe su nombre a las aguas sulfurosas que abundan en la región, aguas que brotan en medio de su casco antiguo o en sitios más alejados y que alcanzan hasta 601 C de temperatura, convirtiéndose en el principal atractivo turístico de la zona con sus balnearios y saunas. Engordany es un territorio menos agreste, literalmente unido a Escaldes, en la ladera del monte de Padern y en las cercanías del lago Engolasters.

Si salimos del pueblo en dirección hacia Encamp y siguiendo el paseo por la orilla del río Valira llegamos a la Plaza de Santa Anna. Aquí encontramos una cruz de término de tradición gótica, el antiguo puente de Engordany. Aún nos queda tiempo para subir al Lago de Engolasters, pasear por los caminos que rodean su entorno y visitar la iglesia de Sant Miguel de Engolasters, un recoleto templo románico.

Cuenta la leyenda que allí se encuentra un lago sumergido por la ira divina y que aún se localiza en su fondo. Y es que hace muchos siglos, en el lugar donde hoy está el bello lago, existía una población próspera, aunque con unos corazones muy duros. Un día de invierno apareció un hombre medio muerto de frío y de hambre. Rogó en diversas puertas que le dieran algo de comer y un techo donde cobijarse. Todos los habitantes le negaron la entrada. Finalmente acudió a la panadería.

Allí pidió a la dueña: “¿Puede, buena mujer, repasar con el cuchillo lo que quede en la panera y hacerme un poco de pan? ¡Es que me muero de hambre!”.

Y así lo hizo la mujer, pero al ver que le salía un hermoso pan, decidió venderlo y echar al mendigo de sus aposentos. El pobre acabó marchándose de la panadería, maldiciendo y muerto de hambre y frío.

Una bella joven que pasaba por la puerta de la panadería vio lo que sucedía, y llena de misericordia le invitó a que recogiera una hogaza de pan del hostal donde vivía. El mendigo le besó las manos y le dijo: “Gracias, chiquilla, pues tú has tenido compasión de mí; por lo tanto, vete corriendo y sólo así podrás salvar la vida”.

Cuando la joven se marchó del pueblo, sonaron los truenos y una avalancha de agua se cernió sobre el pueblo, convirtiendo aquel llano en el lago que conocemos ahora.

También se dice que las brujas de Andorra ascendían hasta el lago para celebrar aquellarres, completamente desnudas. Más de un hombre de aquellos valles iba a verlas bañarse desarropadas. Cuando las brujas lo supieron hicieron un encanterio para que cualquier hombre que subiera al lugar se convirtiera, de forma inmediata, en gato negro. Cuenta la tradición que, al poco tiempo, Andorra contaba con un buen número de gatos negros.

Si le apetece conocer esta Andorra misteriosa y pasear por las diversas rutas en torno al lago Engolasters, lugar de peregrinación de excursionistas, corredores, familias con sus bicicletas, pescadores, y todo tipo de amantes de la naturaleza, ésta es una nueva alternativa.

SOLANELL, PUEBLO ABANDONADO EN EL PIRINEO CATALAN

Normalmente cuando hablamos de viajes relacionados con el misterio, imaginamos sitios lejanos, muy apartados en el tiempo, tal vez fruto de haber visto demasiadas películas en las que se nos hace creer que las aventuras siempre radican en paisajes exóticos.

Nada más lejos de la realidad. Nuestro país, España, está plagado de lugares inhóspitos, repletos de misterios aún no desvelados, y aventuras que muy pocos conocen.

Y como para muestra un botón, he aquí lo que podría llevarse a cabo en un solo fin de semana. Un viaje al Pirineo Catalán; concretamente, a un pueblo abandonado, muy próximo a La Seu d’Urgell, en dirección al pequeño país andorrano.

Solanell se encuentra en L’Alt Urgell, en la carretera que enfila hacia el municipio de Montferrer-Castellbó, un lugar idílico donde varios ríos se entrecruzan, ofreciendo una panorámica fantástica. Muy cerca de aquí se ubicará el futuro aeropuerto gestionado entre el Principado de Andorra y La Seu d’Urgell.

¿Qué ocurrió en Solanell para que sus gentes abandonaran este pueblo?

Los más antiguos del lugar cuentan que, hartos de esperar que les llegase la luz a su pueblo, lo desertaron. Y es que estas gentes vivían en casas, donde las cuadras servían como alojamiento para el ganado, casi siempre ubicadas debajo de sus viviendas, donde el calor de los animales les servía como calefacción. No cabe pensar en el olor que debían desprender los animales, en una época en la que la electricidad no acababa de llegar.

Hoy en día sólo quedan casas abandonadas, con paredes intactas, imposibles de erosionar debido al grosor de las mismas (casi un metro de piedra). ¡Todo agoniza! Una iglesia románica todavía permite ascender hasta su campanario. Un extraño esqueleto dibujado en pose de duermevela adorna el altar de la misma.

Hay seis kilómetros desde Castellbó hasta Solanell por una pista forestal, por la que se puede caminar, ir en mountain bike o en algún otro vehículo preparado para este tipo de terrenos. Encontrar esta pista no es fácil. Parte del pueblo de Castellbó, y su indicador está oculto por la maleza típica del lugar; aunque si se observa bien la carretera podrá darse con él.

Solanell fue fundada en el acta de consagración de la catedral de Santa María de la Seu, allá por el año 839. A lo largo de este camino habrá que estar muy atento a las indicaciones en piedra, realizadas por grupos de excursionistas, en los diversos desvíos que se localizan, si no queremos perdernos por el bosque.

De las diversas historias sorprendentes que señalan este lugar, vamos a apuntar dos. La primera es posible localizarla en la Wikipedia.

Según ésta, la jurisdicción feudal de la alta edad media, comprendía el Valle de Castell Lleó (desde el siglo XI Castellbó), Valle de Aguilar y Valle Pallerols. En el siglo IX se mencionan diversos nombres de vizcondes de Urgell, movibles y de designación del soberano. El conde Borrell II de Barcelona y Urgell cedió estas tierras al vizconde Guillermo I de Urgell. Sus sucesores se titularon vizcondes de Urgell. Antes de 1094 el vizcondado tomo el nombre de Alt Urgell. Su biznieto Pedro I, como el nuevo vizconde del Bajo Urgell, en el Sur del condado, tomó el nombre de Vizconde de Ager, adoptó para su vizcondado el nombre de Vizcondado de Castellbó o bien de Castellbó y Cerdaña, al unirlo con las tierras de su esposa Sibila, vizcondesa de Cerdaña. En 1135 una sentencia arbitral de Ermengol VI de Urgel le concedió la posesión de Castellciutat. Por matrimonio con la familia Caboet se incorporó al patrimonio el Valle de Cabó y el Valle de San Juan y los derechos feudales sobre Andorra como feudo del Obispado de Urgell. Por el matrimonio de Ermesenda de Castellbó con el conde Roger Bernardo II de Foix, en 1208, éste pasó a ser vizconde de Castellbó con el nombre de Roger Bernardo I. Siguieron los condes de Foix gobernando el vizcondado, extendiendo sus posesiones hasta Oliana y Coll de Nargó a mediados del siglo XIII, y adquiriendo más tarde la Vall Ferrera, la Coma del Burg y Tirvia al condado de Pallars (1272). En 1315 fue separado del patrimonio principal de los Foix (ahora dueños de Bearn y otros territorios en Gascuña) pasando a una rama secundaria, salvo Donasà (Donauzan) y Andorra que quedaron en poder de la rama principal. En la segunda mitad del siglo XIV el vizcondado adquirió Bar en Cerdaña y Aramunt en Pallars-Jussà. En 1391 el vizconde Mateo I reunió de nuevo todos los territorios de los Foix. En 1396, tras fracasar en un ataque al conde de Barcelona, Bar y Aramunt fueron recuperados por la corona catalana, así como otros territorios del vizcondado. En 1426 adquirió Gerri, en 1430 Bellestar, y en 1435 Rialb y el Valle de Assua (estas dos últimas no fueron entregadas por la corona hasta 1460). En 1462 la Generalitat cedió el vizcondado a Hugo Roberto III de Pallars, pues el vizconde era partidario de Juan II, pero la medida no fue efectiva y los Foix continuaron gobernando, derivando en reyes de Navarra.

Algunos investigadores de lo oculto, a través de grabaciones psicofónicas, argumentan que han recogido grabaciones de este tipo, en las que se escuchan batallas medievales en las cintas.

Otra historia sorprendente, relacionada con Solanell, es más reciente. Entre 1918 y 1919, siete desolladores de ovejas, al acudir al rosario del día de la Ascensión, y entre el que se encontraba el acordionista Agustinet de Pallerols del Cantó, comenzaron a cantar, en la puerta de la iglesia, canciones de broma y picantes. Por lo visto, había un tema que decía:

Mossèn Anton, mossèn Anton

on tens la dona,

la tinc al llit, la tinc al llit que no està bona.

Que li’n donarem, que li’n donarem per medicina

un parell d’ous, un parell d’ous i una sardina.

Se burlaban de las relaciones adúlteras que el capellán mantenía con su mayordoma, casada, y en conocimiento de todo el pueblo. Salió el eclesiástico con una garrota, y después de aporrearlos, estos convirtieron aquella canción en un tema que todavía puede escucharse en las fiestas populares del Alt’Urgell, y que dice así:

El dia de Sant Cincogesma

a Solanell vàrem anar,

i un gall negre va sortir a la porta

que ens volia fer agafar.

Fora d’aquí, fora d’aquí, fora d’aquí,

si no voleu venir al rosari.

Fora d’aquí, fora d’aquí, fora d’aquí,

si al rosari no voleu venir.

I un gall negre va sortir a la porta,

mig en camisa, mig en camisa,

i un gall negre va sortir a la porta,

que ens va dir:

Si no voleu marxar,

espereu-vos-hi una miqueta,

si no voleu marxar la justícia

us hi en traurà.

I un…..

(repetición)

Nosaltres teníem raó,

vàrem fer una gran resistència,

nosaltres teníem raó

però el capellà tenia un bastó.

I un…

(repetición)

A esta canción se le conoce como “El Gall Negre” (el gallo negro), un valls popular que hace referencia a Mossen Antón Vidal i Alegret, y que falleció el 17 de enero de 1942, siendo párroco de Solanell, hasta entonces. La canción fue prohibida en tiempos del fransquismo por su burla constante a lo que representaba la Iglesia.

Cuenta la leyenda, que en noches de luna llena, Mossen Antón, natural de la Pobla de Segur, se pasea por el pueblo abandonado, haciendo repicar sus campanas, que se oyen a muchos kilómetros a la redonda, a altas horas de la madrugada.

Si se quiere pasar un fin de semana diferente, un viaje a este lugar es una grata sorpresa. En las noches de verano se puede acampar en las inmediaciones de Solanell, y disfrutar de la noche, si uno se atreve a quedarse en los verdes prados junto al pueblo.