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LA CURIOSA ORIENTACIÓN SOLAR DE LA AVENIDA DIAGONAL DE BARCELONA

En Barcelona se produce un extraño alineamiento respecto al Sol. Se trata de la avenida Diagonal que se orienta al Sol los días 27 de abril y el 15 de agosto. El 27 de abril es el día de la Mare de Déu de Montserrat. Y el 15 de agosto tenemos la fecha de la celebración de la Mare de Déu d’Agost.

Lo mejor es verlo con un ejemplo. Os dejo este enlace donde podéis comprobarlo: http://suncalc.net/#/41.3969,2.1616,13/2015.04.27/ Para poderlo comprobar bien hay que introducir en el mapa 27 de abril, de 1860, hora 7 de la mañana, que es cuando salió el Sol en esa fecha. 1860 es el año en que comenzó el Plan Cerdà. Y lo mismo con el 15 de agosto de 1860. También se han de introducir las coordenadas de la avenida Diagonal de Barcelona. Y el resultado es cuando menos bien curioso.

El plan del Ensanche de Barcelona original ocuparía una superficie de 1.100 hectáreas entre Montjuic y el río Besos, que contaría con una ribera boscosa. El trazado de las calles sería octogonal (base de construcción del mundo templario), con calles paralelas al mar y otras perpendiculares. Las calles tendrían una anchura de 20, 30 y 50 metros, en previsión de un tráfico creciente. Las manzanas serían cuadradas con una longitud de 113,33 metros (número bien curioso, 13 y 33)  con chaflanes de 15 metros a 45 º para ganar visibilidad; la superficie de la manzana sería de 1,24 hectáreas. Las manzanas se edificarían en dos de sus lados, y serían lados opuestos o en «L»; el espacio restante estaría ocupado por jardines y en el exterior habría un árbol cada 8 metros. La profundidad de la edificación variaría entre los 20 y 24 metros y la altura sería de 16 metros. El crecimiento del Ensanche sería ilimitado, pero seguiría un módulo de 10 x 10 manzanas; en cada módulo se reservaría espacio para mercados, colegios, iglesias y otros servicios públicos.

Dentro del Ensanche hay espacios que son una excepción a la regla del plano octogonal: el espacio comprendido entre el Paseo de Gracia y la Rambla de Cataluña presenta manzanas trapezoidales y las Avenidas Diagonal y Meridiana atraviesan el Ensanche en diagonal. Las vías principales del Ensanche de Barcelona son la Gran Vía de las Cortes Catalanas, la Avenida Diagonal y la Avenida Meridiana, que se cortan en la Plaza de las Glorias Catalanas.

UN PAR DE DATOS DESCONOCIDOS SOBRE BARCINO

Barcino, colonia romana relevante, brinda algunas referencias indirectas sobre temas lúdicos. Pese a que no hay rastro alguno arqueológico ni documental, ¿es lógico sospechar que tuviera una arena?

La historiadora Jordina Sales Carbonell, del Grup de Recerques en Antiguitat Tardana de la Universitat de Barcelona (UB), ha realizado una investigación que le permite sustentar la hipótesis de que la Barcelona romana disponía de una arena o anfiteatro, y sospecha que se hallaba justo donde luego fue levantada encima primero la iglesia de Santa Eulàlia (más tarde denominada Santa Maria de les Arenes) y después Santa Maria del Mar.

Seis son los argumentos básicos en los que la historiadora Sales fundamenta su hipótesis.

Primero. El documento más antiguo conservado en el que aparece citada Santa Maria de les Arenes se remonta a 1104. Este nombre, contrariamente a lo que pudiera insinuar, no se refiere a la playa cercana; y es que ahora sabemos, a diferencia de lo que se había apuntado en tiempos, la línea costera estaba aproximadamente donde hoy se encuentra. Este nombre bien podría estar relacionado con la arena de Barcelona.

Segundo. La minuciosa y solvente excavación llevada a cabo por Marià Ribas (publicada en 1977) en el interior de Santa Maria del Mar informa del hallazgo de arenas allanadas uniformemente y en las que después se excavaron las numerosas tumbas (de los siglos IV a VI) que formaban una extensa necrópolis tardoantigua. No parece razonable que en este periodo se tendiera la mencionada capa de arena para, a renglón seguido, excavarlo y llegar a materializar más de un centenar de enterramientos. Así pues, es más lógico sospechar que la superficie de arena aplanada hubiera sido situada allí con anterioridad y con un fin.

Tercero. Una simple observación aérea de la trama urbana de esta zona de la Ciutat Vella transmite la percepción visual de que se dibujan entorno a Santa Maria del Mar una serie de formas elípticas y de distinto radio. Se trata de una realidad también observable en las trazas urbanísticas de Lecce o Córdoba, y también en Lucca y Florencia. Es la adaptación urbanística posterior a un espacio preexistente. Por ejemplo, la curvatura del edificio frontero a la fachada principal de la iglesia de Santa Maria del Mar o la que originalmente se advertía en la calle Sombrerers. En el supuesto que la arena hubiera estado en el espacio que ahora ocupa Santa Maria, esta estructura lúdica romana tendría la misma superficie de otros anfiteatros romanos existentes en Hispania. Una gran concentración inusual de bóvedas y arcos medievales en las calles del citado entorno permiten no descartar que alguno tuviera un origen mucho más antiguo, al tratarse de soluciones arquitectónicas habituales en arenas.

Cuarto. El recinto amurallado de Barcino era pequeño. De poseer una arena, forzosamente tendría que haber sido colocada extramuros. La calle Argenteria, eje viario ya existente en el periodo de Augusto, unía el portal nordeste y el llano donde hoy se alza Santa Maria. Sería ilógico haber tendido aquella vía para no conducir a ninguna parte; de ahí que no sea aventurado pensar que permitía llegar a una infraestructura existente: quizá la arena.

Quinto. El no haber hallado resto alguno de una necrópolis alto-imperial indica que la zona no era entonces de uso funerario como nos cuenta el mito de Santa Eulaiia, posiblemente porque estuviera entonces ya ocupada por la mencionada arena.

Sexto: El espacio medieval del Born, de signo lúdico, fue emplazado significativamente al lado, al haber ya sido ocupado el lugar por el templo de Santa Maria.

Y ahora una historia desconocida sobre el origen de las columnas del Palau de la Generalitat.

La historia de las cuatro columnas que presiden la entrada del Palau de la Generalitat en la plaza Sant Jaume de Barcelona son en realidad de la Tarraco romana.

Estas cuatro columnas de granito fueron elaboradas en la región de Troya (la Tróade), en la actual Turquía.

Los arqueólogos afirman que un conjunto de 45 columnas viajeras debió de llegar a Tarraco con motivo de la estancia del emperador Adriano en la ciudad, que tuvo lugar durante el invierno del 122-123 d.C.

El destino de los fustes habría sido el foro provincial y, más concretamente, el templo dedicado al emperador Augusto, restaurado en aquella época. Coronaban las columnas capiteles de mármol del Proconeso, en la actual Turquía.

Una vez el Imperio Romano se vino abajo, algunas de la columnas fueron utilizadas en la construcción de una iglesia, hoy desaparecida, en la zona de Sant Pere Sescelades, unos kilómetros al norte de Tarragona.

Fue en el siglo XVI cuando las columnas troyanas de esta iglesia empezaron a ser reutilizadas y así fue como, en el año 1598, cuatro de ellas fueron trasladadas hasta Barcelona para presidir la fachada del palacio de la Generalitat.

UN ENIGMÁTICO MASÓN LLAMADO JOSEP XIFRÉ

Hasta aquí la historia de Josep Xifré i Casas, según la Enciclopedia Catalana:

“Hijo de Juan Bautista Xifré y Huerta, propietario de cuatro bergantines que hacían la ruta de América, arruinado en 1786 a consecuencia de la guerra contra Gran Bretaña y que murió el año siguiente a Cádiz, donde se había refugiado.

Su hermano Domingo se estableció en Buenos Aires, buscando fortuna, y él partió en 1798 hacia Cuba, para trabajar con su tío, Josep Xifré i Huerta, en el curtido de pieles. Pronto tomó la iniciativa del negocio, y consiguió la exclusiva de la exportación de cuero en bruto (1808).

Hombre emprendedor, renovó el proceso industrial con maquinaria nueva importada de Inglaterra. Favorecido por las circunstancias internacionales, inició, con sus veleros «San José» y «Margarita», un comercio regular, con España y sobre todo con EEUU, de cueros y de productos agrícolas, como azúcar y café, y se dedicó a la especulación ya las actividades bancarias.

En 1818 se casó con la hija de su agente en Nueva York, Judit Dowling, y en 1823 se trasladó a esta ciudad, que convirtió en centro distribuidor de la mercancía curtida que se exportaba a Europa, principalmente en Inglaterra.

Hizo construir importantes edificios en las calles más céntricas de Nueva York, se asoció con Peter Harmong para los negocios bancarios (banco emisor de EEUU y Mechanies Bank) y consiguió así una enorme fortuna. Sin embargo, su deseo de volver a Cataluña le hizo liquidar sus negocios americanos, aunque no abandonó las propiedades de Cuba.

En 1831 llegó a Barcelona, donde se estableció definitivamente desde el 1840; su mujer quedó en París con su hijo Josep, donde alternó con la alta sociedad intelectual parisina. En 1840 el matrimonio legitima su situación y se casó católicamente en Roma; Judit tomó entonces el nombre de Julia.

En Barcelona, Josep Xifré se dedicó particularmente a la compra de propiedades rústicas y urbanas: así, en 1835-36 compró un gran terreno frente a la Lonja, donde fueron construidas los Póticos de En Xifré, y donde fijó prácticamente su residencia. Más tarde hizo edificar gran parte del paseo de Isabel II (1836-39).

Políticamente fue hábil en mantenerse en buena relación con las autoridades de diverso signo político. Fue el primer presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad y de la Junta de Beneficencia Pública (1845) y de otras entidades benéficas, económicas y culturales; sin embargo, miró de eludir toda responsabilidad política, y rechazó así el nombramiento de alcalde de Barcelona en 1850.

Nunca olvidó su villa de Arenys de Mar, a la que ayudó en varias ocasiones y para la que hizo construir un nuevo hospital, que dio solemnemente a la villa en 1849.

Filántropo y mecenas, financió los estudios frenológicos de Marià Cubí y dotó a la ciudad de Barcelona de un modernísimo cuerpo de bomberos (1835), del que él era el capitán. Se sintió identificado con las ideas proteccionistas de Joan Güell.

En su actividad industrial temprana en Cuba mostró su temperamento paternalista, principalmente respecto a los esclavos negros, la mano de obra principal. Emigrado pobre, devuelto a su tierra con una fortuna hecha en América, fue el prototipo del americano, y tal vez el más famoso. Su hijo Josep, carente del empuje de su padre, no supo hacer prosperar la inmensa fortuna de éste y estuvo bastante desvinculado de Cataluña, a pesar de obtener algunos cargos políticos; residió de hecho siempre en París. Muerto su padre, hizo construir para el mismo un monumento funerario, en la capilla del hospital de Arenys, por el escultor francés Charles Alphonse Gumery, donde fueron trasladados sus restos en 1861″.

En 1886 una orden del General Prim pone fin a la esclavitud en Cuba y España. En 1865 los Estados Unidos proclaman la abolición de la esclavitud y la hace efectiva a través de una enmienda a su constitución (Enmienda XIII). Julio Vizcarrondo, hacendado puertorriqueño que había dado libertad a sus esclavos, crea la Sociedad Abolicionista Española.

En el Paseo de Isabel II de la Ciudad de Barcelona, a menos de cincuenta metros de los muelles del puerto Josep Xifré mandó construir un edificio singular que alberga a un conocido restaurante, de nombre evocador, «Las siete puertas». La primera vez que contemplamos con detalle este edificio intuimos que sus muros guardaban algún secreto.
Este edificio fue el primero en contar con agua corriente en la ciudad y también sirvió como modelo para tomar la imagen de la primera fotografía hecha en España. Esta también fue la primera residencia de Pablo Ruiz Picasso cuando llega a Barcelona en 1895, desde su azotea pintó algunos de sus paisajes urbanos.

Lo construyeron Josep Buixareu i Françesc Vila, a los que encargaron este conjunto de 5 casas que forman un gran pórtico como vivienda para sus familiares. Cuenta con elementos románticos, de estilo isabelino, y con columnas jónicas que forman sus arcadas. Un gran ejemplo de la burguesía neoclásica de la Barcelona de aquellos años de prosperidad. La planta baja fue destinada a comercios, lo que siempre hemos conocido como “las 7 puertas”, con gran cantidad de bazares.

Su fachada es curiosa. Hay muchísimos relieves donde se refleja el comercio, el mar, un reloj con el dios Cronos que representan el tiempo, medallones con los retratos de Pizarro, Elcano, Hernán Cortés, Colón, Magallanes, y muchísimos símbolos masónicos. Xifré era masón, muchos dicen que de ahí la forma de sus arcos y que sean 7 sus puertas exactamente, que es el número mágico de los masones. Como elementos masónicos podemos contemplar el caduceo de Hermes-Mercurio, referencia directa al hermetismo; los doce símbolos del zodíaco en la parte superior, a modo de bóveda celeste, como en los techos de las logias masónicas; y un curioso reloj al que le faltan dígitos, de tal manera que sus números forman así, de esa forma, el número 33, como los grados de la masonería.

La Sociedad Teosófica había sido fundada en 1875 en Nueva York por Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), de origen ruso, y el coronel estadounidense Henry Steele Olcott, el cual ejercería la presidencia de la Sociedad desde su fundación hasta su muerte en 1907. Apareció como un intento de sincretismo y diálogo entre Oriente y Occidente, intentando adaptar en Occidente las teologías hinduistas y budistas. Según la teosofia, la verdad se encuentra en el fondo de todas las grandes religiones y en los libros sagrados de todos los pueblos, pero especialmente de las antiguas civilizaciones de Egipto, Caldea, Babilonia, la India y la China.

Los dos pilares fundamentales del primer teosofismo español fueron Francesc Montoliu Togores y Josep Xifré Hamel (nieto de Josep Xifré i Casas), los primeros españoles en ingresar a título individual en la Sociedad Teosófica, concretamente en 1889, los principales fundadores y dirigentes del Grupo Teosófico español en 1891 y los dos primeros presidentes de este Grupo (Montoliu lo será hasta su fallecimiento en mayo de 1892, siendo substituído por Xifré, que se mantendrá en su cargo hasta mediados de los años diez).

Josep Xifré i Hamel (1855-1920) era un rico banquero e industrial, nieto del famoso indiano catalán Josep Xifré Casas, el cual había conseguido reunir una de las más abultadas fortunas europeas de la época. Esta fortuna, que nuestro Xifré heredó de su padre Josep Xifré Downing (hijo de Josep Xifré i Casas), fue clave para conseguir la financiación de la mayoría de obras teosóficas españolas hasta 1914, momento en que entró en una crisis económica irreversible que ya no podrá superar. Según Viriato Díaz Pérez –director de Sophia durante los primeros años del siglo XX-, fue Xifré “quien arrancara de su patrimonio el caudal necesario para la publicación de obras como La Doctrina Secreta, Isis, La clave de la teosofía –que él mismo tradujo- y tantas otras; él quien sostuvo de su propio peculio durante 22 años día por día, la gran revista Sophia, que difundió las ideas de Madame Blavatsky por el mundo dilatado de habla española…”.

Además Xifré ayudó en la fundación en 1901 en Barcelona de la editorial Biblioteca Orientalista, de Ramon Maynadé y su mujer Carmen Mateos, que tanto contribuyó a la difusión de la literatura teosófica en los países de habla española y que a la práctica funcionó de editorial del grupo teosófico español. Maynadé, para dar salida a sus publicaciones, se dotó La Librería Orientalista, que estuvo abierta en la ciudad condal hasta la guerra civil.

Xifré, además de ejercer de mecenas del teosofismo y del orientalismo español y de dirigir el grupo teosófico español al menos hasta 1914, también tuvo una colaboración importante, junto con Montoliu, en las tareas de traducción de obras inglesas y fue uno de los principales colaboradores –con artículos propios- de la revista Sophia. Disponía de un nivel cultural muy alto. Según Larrea López, era “un intelectual con un conocimiento elevado del estado de la ciencia en el momento: Bouiller, Müller, Hartmann, Stahl, Tyndall. Domina la teología católica y religiones comparadas”. Había nacido y se había educado en los más selectos ambientes de París, donde entró en contacto con círculos ocultistas y orientalistas. Fue en esta ciudad donde a partir de 1884 empezó a estudiar sánscrito y donde conoció a la principal dirigente teosofista francesa del momento, María Marietegui, marquesa de Pomar, de origen español. Entre París y Londres Xifré también conoció y entabló una firme e íntima amistad con la que sería decisiva en su ingreso al teosofismo: Madame Blavatsky. La conoció en 1888, con motivo de la publicación de La Doctrina Secreta. Xifré fue el único del Grupo Teosófico español que fue discípulo personal de la fundadora de la Sociedad Teosófica. Fue ella precisamente quien le habló de Montoliu –con quien se carteaba-, les puso en relación y les exhortó a fundar y dirigir en España un Grupo teosófico nacional.

En el Siglo XIX existía en Madrid el denominado «barrio de los banqueros» situado en la zona comprendida por los paseos del Prado y Recoletos, Plaza de la Cibeles y las calles adyacentes. Era en esta parte de la ciudad donde fijaron su residencia las familias más pudientes.

Fue aquí donde se edificó el Palacio de Xifré Downing (hijo de Josep Xifré i Casas), que estuvo situado en el Paseo del Prado haciendo esquina con la calle Lope de Vega.

El Palacio, una pequeña imitación de la Alhambra de Granada, fue mandado construir por el empresario José Xifré Downing entre los años 1862 y 1865.

Josep Xifré Downing era heredero de una de las mayores fortunas del siglo XIX, conseguida por el padre Josep Xifré i Casas gracias a sus múltiples negocios en Cuba, Estados Unidos y Europa. Josep Xifré hijo, vivía grandes temporadas en París, donde conoció al arquitecto francés Emile Boeswillwald que le diseño un hermoso Palacio y que fue construido por José Contreras que por entonces era el restaurador de la Alhambra.

José Contreras, fue un pionero de la arquitectura neo árabe y antes de iniciar la construcción del Palacio, fue becado durante seis meses por Xifré para que estudiase la incorporación de los decorados de la Alhambra en su futuro Palacio.

El desaparecido Palacio Xifré, era uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neomudéjar madrileña. Posiblemente en su tiempo fue uno de los edificios más suntuosos de Madrid. Desde la verja exterior, pasando por las fachadas y todo el interior, imitaban de una forma casi perfecta la época dorada de la arquitectura árabe.

Xifré, invirtió una gran fortuna en el acondicionamiento del Palacio, costeando a un grupo especialistas franceses para que realizasen una expedición a Oriente Medio con el fin de reunir antigüedades árabes, como tapices, muebles y todo tipo de decoración.

A la muerte de Josep Xifré Downing, su hijo Josep Xifré Hamel. Hamel vendió el Palacio en el año 1914. El Palacio se convirtió en la Delegación de México siendo propietario del edificio, el embajador Manuel de Iturbe.

Después de unos años de abandono, el edificio es adquirido por el duque del Infantado para su propia residencia. El Ducado del Infantado es un título nobiliario concedido por los Reyes Católicos el 22 de julio de 1475 a Diego Hurtado de Mendoza, II Marqués de Santillana. En 1520 se le concedió la Grandeza de España de primera clase.

En el año 1949, el Palacio es adquirido por una Inmobiliaria que lo derribo un año después para la construcción del edificio de la Delegación Nacional de Sindicatos actualmente Ministerio de Sanidad y Consumo.

Parte de los restos del Palacio se conservan en la actualidad como: La fachada que fue adquirida por Arturo Ruiz Piña, para incorporarla a un hotel en el pueblo de Losa de Riofrío en la provincia de Segovia. La grandiosa y bella escalera del Palacio fue a parar al pueblo de Chiloeches en la provincia de Guadalajara. La embajada de Francia adquirió los pisos de madera que como podemos imaginar eran de una extraordinaria calidad. Los marqueses de Deleitosa compraron aleros, artesanados y para instalarlas en su finca de Salamanca. El patio central, con sus columnas de mármol, fue adquirido por José Soto Huerta, para montarlo en una finca de su propiedad en la antigua autopista de Barajas. La Dirección General de Arquitectura compró una serie de ventanales para depositarlos en la Escuela de Arquitectura, pero fueron literalmente expoliados a excepción de las piezas voluminosas que con el paso de los años, se encuentran muy deterioradas.

LA ORIENTACIÓN DE LA CRIPTA GÜELL

Durante el Gaudí 1st World Congress, celebrado a comienzos de octubre del 2014, en Barcelona, tuve la ocasión de poder asistir a algunas de sus conferencias. Desde estas líneas quiero agradecer a la organización por su impecable puesta en escena de un evento que tardará en olvidarse, dada la enorme calidad de los ponentes.

Hubieros muchas y muy buenas conferencias, pero hubo una que me llamó la atención particularmente, aquella que hace referencia a la Cripta Güell. Dos rusos, Ekaterina y Anton Lyubimkin, tuvieron a bien mostrarnos un vídeo de una infografía con la reconstrucción de la iglesia de la Colonia Güell si ésta se hubiera finalizado. Discrepo en cuanto a sus conclusiones sobre la orientación de la iglesia, dado que como siempre ocurre con los arquitectos sólo ven a Gaudí como un ingeniero, un arquitecto, sin tomar en consideración su parte simbólica. ¡Y ese es el error! No se puede conocer la obra de Gaudí, si aislamos arquitectura de simbolismo, dado que no se puede. ¡Todo es uno!

Por regla general, salvo excepciones, todas las catedrales cumplen una regla común en todas ellas con respecto a su orientación. Desde la celebración del primer Concilio de Nicea (325) la orientación de los edificios religiosos cristianos cambió en 180 grados; se estableció que la cabecera estuviera orientada al este en vez de al oeste como lo estaban los templos egipcios y romanos hasta entonces. Este cambio estaba más acorde con las creencias y simbolismos de la religión católica. Al amanecer, un rayo de luz penetra por los ventanales del ábside iluminando así la entrada, que es la parte más oscura en ese momento; esta luz es la que guía a los fieles, en un recorrido iniciático, desde los pies a la cabecera de la iglesia. Este simbolismo se acentúa más en el gótico, ya que la mayoría de ellas están construidas de vitrales, no de piedra.

Desde el cristianismo primitivo, la oración litúrgica se practicó mirando hacia el este (fuera o no esa la dirección de Tierra Santa), y la orientación arquitectónica de las iglesias se hace con la cabecera hacia el Este de modo que la luz de la mañana ilumina el altar mayor en cualquier parte del mundo. Tal costumbre puede entenderse como herencia de determinadas prácticas de la religión romana (Ex Oriente Lux -«del Este viene la Luz»-), e incluso un Padre de la Iglesia como Tertuliano recoge esta posibilidad de interpretación (una continuidad sincrética de los cultos solares), aunque sea para negarla. También puede entenderse como herencia de la religión judía (la orientación de la oración y las sinagogas hacia el Este -mizrah-).

Según rezaba el principio hermético del Kybalión: como es arriba, es abajo; así, los templos edificados en honor al dios-sol, se orientaban según el ciclo de solar. La Sagrada Familia no es una excepción, y la disposición de las tres fachadas siguen perfectamente este patrón: la del Nacimiento (nordeste), la de la Gloria (sudeste) y la de la Pasión (suroeste). Aunque es preciso añadir que cuando Gaudí se hace cargo de la obra, la orientación ya estaba determinada por la cripta construida por Francesc de Paula del Villar; su antecesor.

El proceso de orientación solar, resumido, sería así:

  1. Se sitúa un gnomon en el centro del solar donde se va a construir y a su alrededor se dibuja un gran círculo.
  2. El espacio de máxima separación entre la sombra proyectada por el sol del amanecer y el de la tarde nos indica el eje este-oeste.
  3. Dos círculos centrados en los puntos cardinales del primero señalan, por la intersección, los ángulos del cuadrado que corresponderá a la base del templo.

Todo ello responde al principio de que para un templo católico, al celebrarse las eucaristías a las doce del mediodía, el Sol recaerá en esos momentos sobre la zona sur, la de la iluminación. Si el ábside está colocado en este lugar, dada la teatralización del ritual católico, es cuando más se ilumina el ábside o altar, y por consiguiente al sacerdote que ejerce la misa. De esta gusa los feligreses quedan perplejos ante la explosión de luz durante la consagración del píxide.

Sin embargo, Gaudí no sigue el estricto canon de la orientación de las iglesias católicas. Gaudí abre sus puertas hacia el Oeste, hacia la zona de Jerusalén (Tierra Santa), como lo hicieron antes los templarios y posteriormente la masonería constructiva. Gaudí no coloca los altares o ábsides al sur, hacia el mediodía, sino al norte, hacia la oscuridad.

Durante los análisis de los arquitectos respecto a la orientación de la actual Cripta Güell, estos dedujeron que su orientación de la puerta hacia el sur responde a que Gaudí enclaustró la iglesia en una montaña, acomodando el espacio a la propia naturaleza. No tienen en cuenta que el genial arquitecto ya hizo lo propio con la Sagrada Familia, siendo un esquema que se repite en la obra de Gaudí. Es decir, no es arbitrario, sino realizado expresamente. No me olvido de que Francisco de Paula del Villar ya realizó en su momento la disposición de la planta de cruz latina en la cripta de la Sagrada Familia; pero será Gaudí el que cambie la disposición de los elementos, manteniendo el ábside hacia el sur en la cripta de la Sagrada Familia, según dispuso Paula del Villar. No obstante, el templo superior está orientado hacia el estilo gaudiniano, con el altar hacia el norte, al igual que ya hizo con la Cripta Güell, y tipificando la puerta sur (como también ocurre con la facha de la Gloria en la Sagrada Familia), como principal, muy del estilo de la masonería constructiva medieval. Y ahí encontramos un dato francamente interesante.

¿Por qué los arquitectos no han dado con este detalle? Se olvidan los arquitectos que Gaudí no es sólo ingeniería, sino simbología. Sólo cuando se auna la arquitectura con la simbología es cuando apreciamos a Gaudí en su conjunto y lo comprendemos. Mientras la obra de Gaudí sea contemplada como un mero ejercicio arquitectónico, los científicos serán incapaces de comprender el significado sobre lo que el genial maestro quiso transmitirnos.

Por cierto que si la iglesia se hubiera concluido el piso superior dispondría de una puerta orientada hacia Tierra Santa, es decir, estaríamos ante una puerta templaria.

Gaudí, genio y figura hasta la sepultura, sigue sorprendiendo a medida que lo vas descubriendo. Sólo me he ocupado de la orientación de esta iglesia; pero ni qué decir tiene que hay otros trucos escondidos; como las ventanas de la llamada cripta, que a modo de crisálidas se transforman en mariposas al abrir sus ventanales tirados por cadenas. Algo que se encuentra reflejado en muchos textos sobre Gaudí; si bien no se menciona que estos ventanales actúan como si de un reloj solar se tratase, comenzando por el lado este a las 6 de la mañana e iluminando cada ventana por cada hora transcurrida.

O el curioso baldaquino de Gaudí, representación de la recepción del Espíritu Santo, que sin embargo no está colocado encima del altar, pues el sacerdote no se lo merece, sino sobre una representación escultórica de la Sagrada Familia. Una pequeña maldad que pasa desapercida a ojos de muchos, pero que expresa sinceramente por quién sintió simpatías el maestro.

LOS NAZIS Y EL TRONO DEL REY MARTIN EL HUMANO

La silla de Martín el Humano, custodiada en la Catedral de Barcelona, es transportable. Tiene dos bisagras para plegarla para poder ser transportada en el pasado por las ciudades catalano-aragonesas. La última vez que se expuso esta silla fue durante el XXXV Congreso Eucarístico Internacional de 1952 en Barcelona.

Desde la muerte de Martín el Humano, nadie ha ocupado este trono, salvo una monja que la probó a finales del siglo XX y que se llevó una buena reprimenda por ello.

La butaca es una obra de finales del siglo XIV. El ostensorio, con viril de pedrería, representa una catedral gótica. Tiene el armazón de madera, recubierta por láminas de plata dorada de estilo gótico flamígero, es portátil y desmontable. La talla de la madera es de gran delicadeza; da la aparencia de ser una obra totalmente de orfebrería (frecuentemente se encuentran publicaciones que indican erroneamente que la silla es de platadorada). Sobre la custodia hay montada una corona en forma de diadema donada por la reina Violante de Baro, aunque según otros, por el propio Martín el Humano. Lleva gravadas las iniciales S YR A, de las cuales no se ha encontrado hasta ahora una transcripción convincente.

El rey Martín el Humano fue el último en sentarse en el trono. No dejó descendencia ni dijo a quién quería como heredero. Sólo dejó estipulado que en el asiento quería ver al Santísimo Redentor, aquel que sería el auténtico dueño de Catalunya. Al dejar dicho esto pasó a la Catedral de Barcelona, que es quien custodia la grada desde ese momento.

Recordemos que Martín el Humano, también conocido como Martín I de Aragón, murió en Barcelona en 1410. Sería en 1406 cuando fallece la reina María de Luna que, a pesar de haberle dado cuatro hijos, ninguno de ellos logró sobrevivir a su padre. Dado que los hijos no habían tenido descendencia, Martín el Humano se volvió a casar el 17 de septiembre de 1409 con Margarita de Prades, pero ya no pudo tener hijos.

Teniendo un nieto bastardo, Fadrique de Luna, quiso legitimarlo, pero las Cortes no se lo permitieron. Con el Compromiso de Caspe, en 1412, llegó un rey castellano de la dinastía de Trastámara, Fernando I.

Hacia finales de 1940 llegó Himmler a Barcelona, preparando el encuentro entre Franco y Hitler, momento que aprovechó para conocer la mítica montaña de Montserrat, vinculada a leyendas griálicas.

Durante su visita, el obispo de Barcelona, Miguel de los Santos Díaz Gómara, le comentó a Himmler que quien se sentara en la poltrona de Martín el Humano se convertiría en rey de Catalunya y “tal vez” en rey del mundo. Le faltó tiempo a Himmler para pedirle prestado el trono al obispo.

Después de la Segunda Guerra Mundial el trono de Martín el Humano fue rescatado por los aliados a las afueras de París. Este vergonzoso episodio de préstamo esotérico a las fuerzas nazis se resolvió por parte del arzobispado de Barcelona argumentando que la silla de Martín el Humano había sido robada por los nazis aprovechando un descuido.