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¿QUE SIGNIFICA LA CRUZ DE LA CARABELA DE COLON?

Vamos a aclarar unas cuantas cosas sobre el almirante, Cristóbal Colón.

La etimología aproximada del nombre griego Cristóbal sería el que lleva consigo a Cristo. Por este motivo, junto a la firma anterior a 1492 del famoso navegante, aparecía la leyenda XPO FERENS.

La firma de Colón es XpoFERENS. Podemos advertir que hay dos partes bien diferenciadas por el uso de mayúsculas y minúsculas. Por un lado tenemos Xpo y por otro FERENS. Xpo son letras griegas, concretamente una ji mayúscula, una ro minúscula y una omicrón minúscula. Son la abreviatura de alguna de las formas de Xpistós (Ji-ro-iota-sigma-tau-omicrón-sigma) nominativo singular masculino del adjetivo Xpistós -n -e (ungido, ungida, ungido traducción al griego del hebreo «mesías», en español Cristo). FERENS es el nominativo de participio presente de la voz activa del verbo fero, fers, ferre, tuli, latum (irregular de la 3ª declinación) cuyo significado es llevar. Por tanto «ferens» es «el que lleva» no «el que lleva a» ni «el que lleva para» porque un caso u otro no viene dado por la forma verbal sino por las restantes palabras de la oración. Lo que lleva (objeto directo) vendrá dado en acusativo, a quien lo lleva (objeto indirecto) en dativo, cuando lo lleva (complemento circunstancial) en ablativo… Si ambas palabras estuvieran en latín, Christumferens sería el que lleva a Cristo (pese a la «a» que es obligada en la traducción al español al ser el objeto directo una persona, entiéndase que es eso, objeto directo, y no indirecto, es decir que lleva algo que es Cristo para una(s) persona(s) que no se menciona(n)) y Christoferens el que lleva (algo que no se menciona) a o para Cristo. Por tanto, en ese caso se tiene razón cuando se asegura que Xpo sólo podría ser la abreviatura de Christo (dativo y por tanto objeto indirecto) y nunca de Christum (acusativo y por tanto objeto directo). El problema, claro, es que las dos palabras no están en latín porque Xpistós es griego (en latín es Christus -i) y en esa lengua el acusativo es Xpiston (Ji-ro-iota-sigma-tau-omicrón-ni) y, por tanto, Xpo es una abreviatura correcta mientras que el dativo sería Xpisto (Ji-ro-iota-sigma-tau-omega) y, por tanto, Xpo no sería una abreviatura correcta porque tendría que figurar una omega en vez de una omicrón.

Todo esto es necesario para demostrar que XpoFERENS sí debe traducirse como «el que lleva a Cristo», es decir, uno de los lemas de la Orden de Cristo.

Ahora veamos qué dice la Wikipedia sobre la Orden de Cristo.

En los siglos XII y XIII, en plena Reconquista, la Orden de los Caballeros Templarios ayudó a los portugueses en las batallas contra los musulmanes. Como recompensa recibieron extensas tierras y poder político. Los castillos, iglesias y poblados prosperaron bajo su protección.

En 1314 el papa Clemente V suprimió la rica y poderosa orden del Temple. En 1319 el rey Don Dinis asignó las propiedades portuguesas y privilegios de los templarios a la recién fundada Orden de Cristo, que se convirtió así en la continuación del Temple en Portugal. No obstante, la Orden de Cristo mantenía una fuerte vinculación con la corona portuguesa, que se arrogó desde el principio el derecho a nombrar el Gran Maestre. Eso, junto al abandono de la Regla del Temple, en cuanto a nombramiento de cargos, normas de ingreso e independencia frente al poder secular, permite considerar a la Orden de Cristo como una sucesión del Temple en un aspecto meramente formal, a fin de dar cabida al enorme potencial humano y recursos económicos de los caballeros templarios, fundamentales para mantener Portugal a salvo de invasiones o incursiones enemigas. De hecho, la Orden de Cristo tomó como sede Castro Marim, a fin de proteger el Algarve portugués. No obstante en 1357 la sede ya se había instalado en Tomar, la antigua sede de los Templarios. La nueva Orden tomaría como Regla la de San Benito y las Constituciones de Calatrava.

¿Y esta descripción para qué sirve?

Para demostrar una cosa sencillamente. Que Cristóbal Colón no llevaba en sus velas la cruz templaria, como muchos conspiranoicos y amantes del misterio nos quieren hacer ver, sino simplemente la cruz de la Orden de Cristo.

De hecho esta cruz era el emblema de la era del descubrimiento, portándose en las carracas y en las carabelas, tanto portuguesas como castellanas (de vela cuadrada), que al permitir más carga prescindían de la navegación de cabotaje.

LA HEREJÍA DE LA NAVIDAD (y II)

Conocemos como Yule o Yuletide las fiestas en celebración del solsticio de invierno que se llevaron a cabo en los pueblos germanos paganos, entre ellos los vikingos. En nórdico antiguo se conoció como júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba alrededor de doce días; una fiesta dedicada tanto a la familia, a los parientes y amigos ausentes como a la fertilidad y que coincidía con el solsticio de invierno, alrededor del 21 de Diciembre.

No sabemos exactamente las fechas entre las que oscilaba; para los vikingos este festival de casi dos semanas habría estado probablemente dentro de los dos meses de su calendario que se correspondían con el final del año, desde mitad de Noviembre hasta mitad de Enero. Se trata de una celebración que se pierde en los albores del tiempo ya que las referencias históricas más antiguas alrededor de esta palabra las encontramos en los primitivos nombres germanos que designaban los meses; Jéola, que significaba “antes de Yule” y Aeftera Jéola, que significaba “después de Yule”. En nórdico antiguo parece ser que ýlir se habría referido a este periodo de tiempo y que jól habría sido el evento concreto según lo que podemos leer en el Skáldskaparmal. La lengua gótica o el inglés antiguo también comparten estas características.

Los grandes dioses del Panteón Romano gozaron de fechas especialmente dedicadas a su culto.

Entre los días 17 y 23 del mes de diciembre se festejaban las Saturnales. Las celebraciones se iniciaban con un sacrificio en honor al dios en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, y proseguían con un banquete público que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje

Las tradiciones populares romanas siguieron manteniéndose en el seno de la comunidad cristiana, alcanzando su punto álgido con la celebración medieval de la irreverentísima Fiesta de los Locos, en torno a los días de Navidad y fin de año, que se extenderá durante el Renacimiento.

Aparecen formas cómicas puras al lado de las manifestaciones canónicas. Se tolera la existencia de un culto paralelo de ritos específicamente cómicos. La risa tiene una significación positiva, regeneradora, creadora. Y el Renacimiento explotará este potencial amparado en los clásicos: Hipócrates, Aristóteles, Luciano…

Una de las descripciones más singulares de esta peculiar fiesta nos la proporcionó Louis Moreri en 1753, dentro de su obra «El gran diccionario histórico, o Miscellanea curiosa de la Historia Sagrada y Progana». En ella Moreri la describe como «regocijo lleno de sacrilegios e impiedades que los clérigos, diáconos y sacerdotes celebraban en algunas iglesias, durante el oficio divino, en cierto día, desde las fiestas de navidad hasta la de reyes y principalmente el día primero de año y por esto se llamaba también la fiesta de las calendas«.

Cuenta Moreri ejemplos de estos sacrilegios: «Creaban los clérigos y sacerdotes un obispo o un papa y lo llamaban el obispo o el papa de los locos. Entraban enmascarados en la iglesia, vestidos de bufones y en trajes de mujeres. Danzaban en la nave y en el coro, cantando chanzonetas diabluras; comían carne sobre el borde mismo del altar al lado del sacerdote que ofrecía el sacrificio; jugaban allí mismo a los dados y perfumaban el altar con el humo de cueros viejos o podridos, que quemaban en sus incensarios y finalmente, cometían impiedades, dignas de la execración de todos los cristianos» o también «danzaban en las iglesias el día de Navidad, inmediatamente después de vísperas, los diáconos, cantando una antífona en honor de San Esteban; hacían lo mismo los sacerdotes el día de San Esteban en honor de San Juan Evangelista; los clérigos de menores, el día mismo de San Juan Evangelista; y se llamaba lo que hacían los subdiáconos en las iglesias el día de la circuncisión, la fiesta de los subdiáconos o la fiesta de los locos.»

La Iglesia, a base de decretos, concilios, recomendaciones y otros medios, intentó acabar con estas prácticas y decretó que el 28 de diciembre se celebrara el Día de los Santos Inocentes, con lo que la conmemoración de estos pequeños mártires ha llegado a nuestros días mezclada con el tono irreverente de la burla y la broma, manteniendo en la tradición popular de muchos pueblos, como parte de su celebración del Día de los Santos Inocentes, algunas prácticas de las descritas por Moreri.

El Día de San Esteban o la Fiesta de San Esteban es un día de santo cristiano que se celebra el día posterior a Navidad (26 de diciembre) en la Iglesia Latina y el 27 en la Iglesias eslavo-bizantinas. En este día se recuerda a San Esteban, el primer mártir del cristianismo.

Pero personalmente me tiene fascinado que se celebre la muerte de Esteban en manos de Pablo de Tarso. Porque aunque los exégetas cristianos den a entender que sólo estaba sosteniendo las vestiduras, sí participó en la lapidación de Estebán, apedreándolo hasta morir.

Veamos este texto de Robert Ambelain para entenderlo:

«Si Saulo-Pablo es judío, y según los historiadores católicos, nacido «en los primeros años de la era cristiana, si no un poco antes incluso…» (cf. monseñor Ricciotti, Saint Paúl, apotre, p. 149), cuenta aproximadamente unos treinta y cinco años de edad cuando se produce la muerte del diácono Esteban, en el año 36 de nuestra era. Entonces se concibe perfectamente que pudiera:

a) encontrarse al mando de un cuerpo de policía (Hechos de los Apóstoles, 8, 3, y 9, 1);

b) obtener del pontífice de Israel, en este caso Gamaliel, una orden que le permitiera operar lejos de Jerusalén en misión de búsqueda de cristianos (el problema sobre si esta acción era o no lícita será discutido en otro lugar);

c) haber aprobado la condena y ejecución de Esteban, en virtud de su edad y su función (Hechos de los Apóstoles, 8, 1, y 22, 20).

Pero entonces, en el curso de esta ejecución, no puede lógicamente ver reducido su papel al de un simple joven judío a quien tan sólo se le confía la guardia de las vestiduras de los encargados de la lapidación. Porque si es judío, y de unos treinta y cinco años de edad, hace mucho que tiene la mayoría de edad religiosa y civil en Israel, y por lo tanto debe participar, legalmente, en la lapidación, ya que se encuentra en el lugar (Deuteronomio, 17, 7). Para él es obligatorio.»

Es decir, tú no puedes entrar en el lugar de lapidación y dedicarte a mirar, sino que debes participar. De hecho, la lapidación tiene unas normas. Los judíos deben estar a unos cuatro metros de altura sobre el reo, y la primera piedra se arroja sobre el condenado, que está tumbado de espaldas (que ni estaba de pie ni rezando, pues la ley mosaica se lo impide), encima del corazón. Incluso la primera piedra es tan grande que debe ser levantada entre dos personas.

El cristianismo, una vez más, en sus extrañas aberraciones, celebra la condena de Esteban a manos de Pablo, que forma parte de los escritos estudiados y venerados en el Nuevo Testamento. Un asesino como Pablo es tenido en consideración por todos los cristianos. Indignante y de burros, oiga.

En el siglo V el Papa León I fijó oficialmente el número de Reyes Magos en tres, y en el siglo VI se les asignaron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

A pesar de ello los armenios mantienen que los Reyes Magos eran doce, y la iglesia copta fija su número en sesenta.

Dejando de lado la tradición armenia y copta, hay una versión sobre los Reyes Magos que dice que eran cuatro y no tres. A este cuarto Rey Mago se le llama Artabán, si bien en la tradición rusa recibe el nombre de Ogamyer Otraucle.

Según la tradición católica, uno de ellos era asiático, el otro africano, y el otro europeo. Melchor, anciano con cabellos y larga barba blanca, llevaba oro como ofrenda; Gaspar, rubio y sin barba, llevaba incienso; y Baltasar, que llevaba mirra como ofrenda, era negro y con barba.

¿Y por qué son magos? Aparte de las repuestas previsibles hay que decir que se les llamaba así a los sacerdotes de la religión zoroástrica, adoradores del fuego, y para Jacobo de Voragine, el autor de la Leyenda Aurea son sabios, no hechiceros como se sospecha por la palabra magos. ¿De dónde salieron los nombres? Pues parece que los nombres aparecen por primera vez en el Liber Pontificalis de Rávena en el siglo IX, con lo que los nombres sobre el mosaico del friso del siglo VI donde aparecen por primera vez serían puestos posteriormente.También se les llamó Apelio, Amerio y Damasco, Gálgala, Malgalat y Sarathin…, y ¿reyes? Reyes los convirtió Tertuliano hacia el 160-230 d.C. Para la época del románico son reyes con manto, túnica larga y corona y uno de ellos siempre se postrará ante el Niño.

Posteriormente en el siglo XV Hans Memling es el primero que representa a un rey mago de color «negro» simbolizando los 3 continentes o razas que se conocían en la época: Europa, Asia y África.

¿De dónde venían los Reyes Magos?

En Irán, la tradición dice que los Reyes Magos viajaron desde el pueblo de Saveh, lugar donde luego fueron enterrados. Así lo recogió Marco Polo en sus notas de viaje cuando pasó por aquellas tierras en el siglo XIII.

Saveh, en árabe Sawa, es una pequeña ciudad iraní de la provincia de Markazi, situada a unos ciento treinta kilómetros al suroeste de Teherán, a una altitud de novecientos noventa y cinco metros.

Por otra parte, el papa Benedicto XVI en un estudio sobre la infancia de Jesús estableció que los Reyes Magos probablemente no venían de Oriente, sino de Tartessos, zona que los historiadores sitúan en Andalucía (España) entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Esto contradiría la tesis católica tradicional según la cual uno de ellos era asiático, el otro africano, y el otro europeo.

Por otra parte, el origen de los Reyes Magos enlaza con la leyenda del Preste Juan, que fue muy popular entre los siglos XII y XVII, según la cual este personaje era un descendiente de los Reyes Magos, y era rey o dirigente de una nación cristiana ubicada en el Oriente, en medio de tierras musulmanas y paganas. El lugar donde se encontraba el reino del Preste Juan se situó inicialmente en la India, y posteriormente en Asia Central, e incluso en Etiopía. Se creía que los Reyes Magos habían tenido su procedencia del Reino del Preste Juan.

En la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) tenemos este friso de los Reyes Magos, datado en el siglo VI. Fijaos que aparecen los nombres de los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, para que no haya ningún género de dudas sobre quiénes son.

Pues bien, portan el gorro frigio, atributo del dios Mitra, que siempre se representa con él. O lo que es lo mismo los Reyes Magos reconocen que están adorando al auténtico nacido en el día del Sol Invictus, 25 de diciembre, Mitra.

Me encanta. Hasta los mismos Reyes Magos, a través de esta alegoría, reconocen el mito del nacimiento de Jesús.

LA VIDA EN ROMA (y II)

La primera escuela pública fue abierta en Roma a mediados del siglo III a.C por Spurio Cavilio. El maestro era el litterator. En las escuelas grammaticus se aprendía el latín y el griego, ya que los romanos cultos eran bilingües. El horario escolar era de 6 horas. Desde los 12 años sólo los niños de clases más acomodadas seguían estudiando. La educación finalizaba a los 17 años, cuando el joven adquiría la toga viril y se presentaba públicamente en el foro. Luego podía comenzar su carrera militar.

Se utilizaban diversos soportes para escribir. Cartas, notas, textos escolares y otros documentos de extensión breve se escribían en tablillas de cera sobre soportes de madera. La palabra libro procede del latín liber, que hace referencia a la corteza de los árboles usada como soporte de la cera. También se usaron pieles de animales cosidas por el lomo para registros, actas y textos oficiales; aunque el libro por antonomasia siempre fue el papiro. Los tallos de la planta de papiro se prensaban y secaban hasta obtener unas tiras que, posteriormente, se trenzaban en forma de hojas. Al pegarse unas a otras se enrollaban formando cilindros de 7 u 8 metros de longitud. Cada rollo podía contener unas 20 o 30 páginas de un libro actual.

Para las copias de los libros se usaban copistas. Los costes de la edición de un libro corrían a cargo del editor. Y por supuesto se vendían en la taberna libraría.

En el año 39 a.C. se fundó la Atrium Libertus, la gran biblioteca romana, a cargo del historiador Asinio Polión. En el 28 a.C., junto al templo de Apolo, en el monte Palatino, César Augusto hizo construir la segunda biblioteca romana, la Palatina. En el 23 a.C. junto a las proximidades del pórtico de Octavia apareció la tercera biblioteca.

Eb el 112 d.C, Trajano construyó la biblioteca más grande (dos plantas) de Roma con 20.000 rollos.

Para que las bibliotecas no fueran de uso elitista, las siguientes se construyeron dentro de las termas públicas. La responsabilidad de organizar y trabajar en las bibliotecas corría a cargo de los procuratores bibliotecae Augusti, ciudadanos romanos.

Otros momentos de ocio lo representaban los dados, el tesserae, fabricados en hueso, metal o marfil. El fritilus, el cubilete, era precisamente para evitar trampas con dados trucados. El duocedim scripta o tablas reales era un juego similar al de la oca, donde las fichas se movían conforme a los números de los dados. Los tabulae lussoriae eran juegos de mesa más intelectuales.

Para el teatro, en el año III a.C. sólo existía la scaeana, es decir, la tribuna. Ya con Pompeyo, en el 55 a.C. se construyó el primer teatro pétreo. Con Augusto se edificó el teatro de Marcelo y el teatro de Balbo, junto al Tíber.

En la antigua Roma los lupanares o prostíbulos eran fáciles de identificar. Las prostitutas llevaban el pelo teñido de azul o naranja. Las scorta erratica eran las chicas que ejercían este oficio en la calle. Hacia los lupanares se iba siguiendo el rastro de unos penes modelados en el suelo o paredes.

Entre las clases medias estaba mal visto los burdeles, pues se suponían para la plebe. En esta mentalidad estaba permitida la homosexualidad si entre las clases altas, si el hombre gozaba y no hacía gozar con el sexo oral. El adulterio y la pedofilia se aceptaban con los esclavos y esclavas.

Hasta comienzos del siglo II a.C. no llegaron los médicos, siendo de condición griega la mayoría. Para evitar la intrusión de los charlatanes, se impuso el estudio de la profesión médica en la scola medicorum.

En el 219 a.C. surgió en Roma el primer consultorio médico, el de Arcágato. A mediados del siglo II d.C. se creó un sistema sanitario público y gratuito para romanos sin recursos.

En cuanto a los caminos, la Vía Apia es la más antigua, obra de Apio Claudio el Ciego en el 312 a.C. Fueron construidos por los legionarios. Consistían en terraplenes  o ager, con una zanja en la que se colocaba una capa gruesa de piedras, el statumen, de entre 25 y 60 centímetros. La forma era abombada para que el agua de la lluvia cayera hacia los lados.

Sobre el statumen se disponía una capa de arena y gravilla, el rudus. A continuación venía el nucleus, la capa de piedras trituradas y mezcladas con cal. Y por último teníamos el pavimentum, el conjunto de losas uniformes talladas. En los extremos teníamos los bordillos laterales estaban los crepidines, que eran de 45 y 60 centímetros de alto.

Para la señalización y balizamiento las calzadas se marcaban con miliarios, colocados cada mil pasos, es decir, cada 1.478 metros. Estos indicaban aparte el nombre de la calzada y quién la construyó.

Las postas se situaban cada 30 ó 40 kilómetros para contar con áreas de descanso. Como medio de transporte se disponía de la birota, carroza ligera de dos ruedas. La litera o sedaán se portaba con cuatro y ocho esclavos. La carruca fue un coche dormitorio para no hacer paradas.

El cursus publicus fue el sistema de correo con jinetes. El impuesto del munera publica hacía que los ciudadanos pudieron usar este servicio de forma gratuita. El cartero se identificaba por su casco alado de Mercurio.

Para la comunicación escrita hubo Acta diurni populi, o sea las actas de los senadores que se colocaban en distintos lugares del Foro.

Los diurnarii fueron los diarios colegiados. Se pagaba de dos a cuatro sertercios sobre cada copia del diario de no más de 20 páginas. Se pagaba 20 sestercios por libros de cuarenta páginas. Como había mucho analfabetismo en Roma existía la figura del pregonero de noticias, el praeco.

La religión romana contó con dos tipos de divinidades, las originales romanas y las nuevas divinidades adoptadas según se conquistaban otros países.

En época republicana hubo 235 fastos o laborables, y 109 días nefastos o festivos. Según la tradición Rómulo generó el primer calendario de diez meses lunares, de marzo a diciembre. Durante el reinado de Numa Pompilio se pasó de los 29 a los 31 días por mes. Desde mediados del siglo II a.C. y para contar con meses de preparación para guerras el año comenzó en enero (el dedicado al dios Jano). El total de días era de 355 días.

En tiempos de Julio César el calendario lunar contaba con un desfase de dos meses con respecto al año solar. En el año 46 a.C. se suman dos meses más, basándose en los cálculos de Sosígenes, y se establecen los 365 días. El calendario juliano, que contaba con un error de cálculo, no sería corregido hasta el año 1582 a instancias de Gregorio XIII.

LA VIDA EN ROMA (I)

Cómo se vivía en Roma, cuál es la vida diaria y su modo de hacer las cosas. Conozcamos algunas anécdotas de esa Roma que duró 1000 años.

Tenemos dos tipos de esclavos, los ordinarii, especializados en un oficio completo. Y los llamados vulgares. Los esclavos griegos estaban cotizados, se encargaban de la educación de los hijos de aristócratas.

Los esclavos podían llevar una placa con su nombre colgado del cuello, e incluso un collar con la recompensa que se entregaría en caso de fuga.

A los esclavos fugitivos, a los calumniadores y a los ladrones se les marcaba la frente con un hierro candente. Constantino fue quien promulgó que las iniciales de estas marcas se hicieran en brazos y piernas.

Los esclavos se convertían en libertos si así lo expresaba por escrito su dominus. Sin embargo quedaban ligados a sus antiguos propietarios, entregando una serie de tributos anuales o trabajando para ellos unas cuantas horas semanales.

Roma tuvo colonias romanas, fundaciones de ciudadanos romanos; colonias latinas, donde se asentaban los indígenas de condición latina; ciudades libres o federadas, autónomas y que no pagaban tributos, ciudades estipendiarias, y las que pagaban un tributo aunque eran libres.

El agua de las fuentes era libre y procedía de acueductos regulados por cálices de bronce que actuaban como válvulas. Las calles de Roma nunca tuvieron nombres ni las casas estaban numeradas. Sólo las calles anchas de entre 4,5 y 7 metros tuvieron nombre.

Las basílicas fueron los lugares donde se impartió justicia, hasta que el nombre de las mismas fue usado por el cristianismo cuando ocupó estos templos.

Las tabernae fueron los mercados locales. El Foro Olitorio se especializó en productos agrícolas. Y el Foro Boario en la venta de carne.

Los comportamientos indebidos se pagaban con noche en el calabozo. Habían vigiles durante la noche y una cohorte urbana durante el día. La lucha contra el crimen quedaba en manos de los ciudadanos. Los juicios tenían lugar en el anfiteatro siendo públicos y enjuiciados por un pretor, en base a la llamada Ley de las Doce Tablas, el primer código legislativo. Se podía acabar en la cárcel, aunque lo más habitual era un castigo o el exilio. Las penas de muerte de ciudadanos romanos acababan con la decapitación. Los que no eran romanos eran flagelados hasta la muerte, quemados, crucificados o arrojados a las bestias.

La típica casa roma siempre fue la domus. El atrium siempre fue un patio central rodeado de un pórtico en el cual se distribuyen las estancias de la vivienda. El vano o compluvium captaba el agua de los canales que caía en el estanque o impluvium. El perystylum es un jardín circundado por un pórtico columnado.

Las cubícula son los dormitorios, pequeños y carentes de ventilación. Los pavimentos y las paredes se decoraban con mosaicos y los techos con estucos.

El Triclinium fue la sala del almuerzo. El Tablinium fue la sala de recepción. El Cella la sala de los esclavos. La domus tuvo biblioteca, cocina, retretes, baños e incluso solárium en el piso superior.

La iluminación fue proporcionada por hacernas y candelabros. Todos los armarios estaban cerrados con llave y se usaban para guardar objetos. El vestibulum es donde se almacenan los ropajes.

El sgabelo era un taburete con cuatro patas. La sella es una silla con brazos. La catedra fue una butaca con respaldo curvo.

La mayoría de la población vivía en las insulae, edificios de varios pisos de altura. Las habitaciones cumplían varias funciones, aunque no se cocinaba en ellas por temor que se quemaran. Así que se cocinaba en la calle. Las insulae llegaron a medir 20 metros de altura y alcanzaron hasta 7 pisos. El color de las paredes de estos pisos casi siempre fue el naranja, el azul y el rojo pompeyano.

En las plantas inferiores había agua corriente, mientras en los pisos superiores no había. Las aguas sucias se arrojaban a la calle por la ventana, pues no había desagües en las viviendas.

En las plantas bajas vivían los dueños de tabernae o tiendas.

Los romanos, llegado el óbito de un pariente, recogían con un último beso su aliento. Las pompas fúnebres se llamaban polinctores. Se lavaba el cuerpo del difunto con agua caliente, se le untaban ungüentos, y se le embalsamaba después de haberlo vestido con sus mejores hábitos. Se le colocaba una guirnalda en la cabeza, bajo la lengua una moneda para pagar a Caronte, y alrededor del difunto se colocaban lámparas y candelabros donde se arrojaban flores y coronas en señal de luto. Las plañideras le lloraban y se arrancaban el pelo.

Durante el trayecto a la necrópolis se pronunciaba su nombre una y otra vez, la conclamatio. En el Foro romano de cada ciudad se podía proceder a exhibir al difunto públicamente.

Los plebeyos eran enterrados en un ataúd de madera. Los nobles se solían quemar en una pira funeraria. El féretro o lectus se solía depositar en buenos lacus con cipreses, estatuas y bien decorados. La Vía Apia, según la ley romana, estaba flanqueada de estas tumbas, ya que no se permitían los enterramientos dentro de la ciudad.

En cuanto a la vestimenta romana consistía en una túnica holgada, corta o larga. Si hacía frío se cubría con un manto o una segunda túnica más gruesa. La prenda por antonomasia era la toga, portada sobre la túnica. La toga era semicircular y medía 6 metros, con lo cual se necesitaba un esclavo para acondicionarla.

Hubo prendas con capucha, como el cucullus, el birrus y la canacalla.

Las mujeres vistieron la palla, velo rectangular que se colocaba encima de los hombros y que servía para cubrir la cabeza cuando se requería. También contaron con stola, la túnica holgada y ajustada con dos cinturones. Y mientras la stola masculina era beige, la femenina podía ser rojo, verde, azul o negro.

La ropa interior de las mujeres consistía en una subucula, un slip. Usaban sujetador, el mamillar o fascia pectoralis. Los hombres usaban un taparrabos de lino, el subligar.

Los pantalones fueron moda de los germanos y celtas. Sólo los legionarios comenzaron a usarlos a partir del siglo II.

Sobre calzado se disponía de sandalias, soleae; zapatos, calcei; y botas, caligae.

Las sandalias, moda griega, eran simples suelas de cuero con lazos o cordones. En determinados ambientes no se llevaban; aunque Marco Antonio era tildado de plebeyo por usarlas a todas horas.

Los zapatos de tradición etrusca eran los más habituales. No llevan tacón y tenían suelas de cinco milímetros de espesor. Son muy parecidos a los actuales mocasines y se llevaban con la toga. El calceus senatorius de los senadores era de color rojo.

La plebe contaba con zuecos de corcho o de madera, las sculponae.

Las botas servían mucho a los campesinos y soldados. Las suelas llevaban tachuelas de hierro o cobre.

Los romanos se lavan el cuerpo en sus baños, las lavatrinas, una vez cada semana o una vez cada nueve días. Seneca afirmaba que se lavaban a diario cara, manos y piernas, si bien cada día estaban en remojo en las termas.

A las mujeres les gustaba maquillarse el rostro de color blanco, con una mezcla de yeso, harina de habas, sulfato de calcio y albayalde. El vinagre, la miel y el aceite de oliva aclaraban el rostro. Los pómulos se resaltaban en rojo, símbolo de  la buena salud. El carmín labial se obtenía de líquenes de moluscos, con frutas podridas o nimio. Para la sombra de las ojos se usaba la ceniza y la azurita, dando un color azul. Los ojos se perfilaban con galena o polvo de antimonio.

La esposa de Nerón inventó la primera mascarilla facial, a base de leche de burra y una mezcla de pasta, que se aplicaba antes de acostarse. Cleopatra se hacía acompañar de cientos de burras en sus viajes, para que le proporcionaran un baño matutino de leche de burra hidratante.

Hubo más de 60 tipos de perfumes, que costaban a dos denarios el gramo. Un perfume medio te podía llegar a costar entre 5 y 17 denarios en total.

Se considera a Escipión el Africano el primero en imponer la moda de afeitarse a diario. Marco Claudio Marcelo fue el primero en aparecer en monedas romanas totalmente afeitado.

El color azul y el naranja en el pelo teñido era propio de prostitutas, para identificarse ante los clientes.

Las mujeres romanas tenían costumbre de depilarse íntegramente. Lo hacían con pinzas de metal, las forcipes aduncae; también lo hacían con unas cataplasmas resinosas.

En la limpieza bucal se usaba el vinagre, los nitratos, la soda y el bicarbonato.

A partir del siglo II d.C. aparecieron los primeros baños termales. A la hora del mediodía se comenzaban a encender los hornos, dándose la apertura mediante un gong. Las termas se calentaban mediante hypocausis, hornos de carbón de leña.

El billete de acceso a las termas era muy económico, siendo niños, soldados y esclavos los que no pagaban. Se abonaba, eso sí, por los servicios prestados, masajes, por ejemplo.

La entrada principal conducía a la natatio, una inmensa piscina de profundidad no superior a un metro, pues los romanos no saben nadar.

El agua de las temas llegaba desde los acueductos y se almacenaba en cisternas. Las salas más importante fueron la apodyterium, el vestidor; la tepidarium, la piscina de aguas templadas; la caldarium, la sala de vapor o de aguas calientes; la frigidarium, donde se tomaban baños de agua fría; la laconicum, sala de aires cálidos que corrían entre las paredes. Las unctorium fueron las salas de masajes, las salas de depilación se llamaron alipius.

En la Roma de Trajano hubo 144 letrinas públicas. No había cortinas entre uno y otro ambiente, con lo que no existía intimidad. Se trataba de bancadas largas, y bajo éstas un canal de agua constante que desaguaba en las cloacas. La limpieza se llevaba a cabo con una esponja adosada a un bastón, sumergida en una bañera de mármol en medio de la habitación.

El desayuno o jentaculum constaba de gachas de harina de trigo, tortas, panes, dulces con miel, mermeladas, leche, frutas y queso.

El almuerzo o prandium se solía realizar en las thermopolia, es decir, en las cantinas o tabernas. Se podía comer en el interior o exterior. Se servían legumbres, huevos, aceitunas, quesos, anchoas, higos o cebollas. El plato más solicitado era el pipenatum, una mezcla de pimienta, miel, vino y agua caliente.

Los banquetes se daban con hortalizas (espárragos y alcachofas sólo eran para los más adinerados). Procedente de Oriente llegaron frutas como la manzana, la pera, la cereza, la uva, la nuez, la almendra, la castaña y los dátiles. Se consumía mucho pescado y aves. La carne solía ser de cerdo, buey, cordero, oveja, cabra, gamo y gacela.

Los banquetes comenzaban no muy tarde, en hora diurna, en hora octva o diurna (dos o tres de la tarde en nuestro horario actual). Los comensales se acomodaban en tricilinios, apoyando su codo izquierdo. El nomemclator era el encargado de presentar a los comensales, según fueran llegando. Los banquetes podían prolongarse 6 ó 10 horas, y eran amenizados por músicos que tocaban flautas, liras y tambores. Contaban con bailarines, acróbatas y bufones.

Estos banquetes contaban con entrantes, los llamados gustus. En la primera mena se solían servir una gran cantidad de asados. En la segunda mena se servían picantes y frutos secos para estimular la sed de vino. Algunos banquetes eran tan abundantes que algunos invitados acudían al vomitorium para introducir plumas de pavo real en la garganta y provocar el vómito.

No es cierto que los banquetes acabaran en orgías.

Con la conmitattio, al finalizar el banquete, comenzaba el turno de beber varias copas de vino de un solo trago. Nunca fue signo de mala educación coger la comida con las manos, aunque ya existían los cubiertos.

Hablemos ahora de gladiadores romanos.

Empecemos por tipos de gladiadores. He aquí la lista:

  • Reciario. Con red en mano derecha, tridente, puñal y protector del brazo izquierdo.
  • Perseguidor. Casco integral, y escudo grande, rectangular y curvo.
  • Mirmilón, Casco con cresta, escudo grande, rectangular y curvo.
  • Tracio. Casco integral, escudo pequeño y redondo. Con espada corta.
  • Hoplómaco. Escudo redondo, casco, grebas (espinilleras) metálicas y altas, lanza y manica (protector brazo derecho).
  • Dimachareus. Sin protección alguna y dos espadas.
  • Esedario. Combatiente desde carro.
  • Caballero. Casco, escudo redondo, protector de las piernas, y caballo.
  • Gladiador ligero. Casco, túnica ligera, protector de las piernas, y espada.

Antes de comenzar el espectáculo, la última cena se llamaba «cena libera», con grandes manjares, por si se trataba de la última comida de su vida. Los gladiadores se encomendaban a Némesis, diosa de la fortuna y la venganza.

Los combates podían terminar con el público pidiendo «Mite» (perdónalo), «Iugula» (degüellalo), o proclamando «Nica», la victoria del gladiador.

Y ahora viene lo mejor. Los signos con los dedos de la mano, los auténticos, lejos de aquellos que nos han vendido en las películas.

Esto era lo que pedía el público:

  • Pulgar hacia arriba. Significa que se vaya al Olimpo, es decir, matar al oponente. Ya sé que en las películas lo explican al revés.
  • Pulgar hacia abajo. Dejar la espada.
  • Pulgar extendido con el mismo apuntando a la garganta. Matar al vencido.
  • Dos dedos extendidos. Solicitar el perdón.

El gladiador moría con honor, extendiendo su cabeza hacia atrás, mientras el oponente le clavaba la espada hasta el corazón.

Un tipo disfrazado de Mercurio acudía hasta el cuerpo inerte y le aplicaba un hierro candente para asegurarse de que estaba muerto. Otro tipo disfrazado de Caronte le golpeaba con un martillo.

El cuerpo se conducía al Spolarium, se le despojaban de las armas y se le daba entierro en una tumba con epitafio.

Los que alcanzaban varias victorias recibían la Rudis, la espada de madera que demostraba haber alcanzado la libertad. En ese caso se convertían en libertos o bien en doctores, entrenadores de gladiadores.

Los Ludi Romani, los juegos romanos, se prolongaban durante 16 días, del 4 al 29 de septiembre. Comenzaron a celebrarse en honor de Júpiter Optimo Máximo desde el 390 a.C.. En el 212 a.C. se instauraron Los Ludi Apollinares, en honor a Apolo. Y en el 204 a.C. los Ludi Megalenses, dedicados a Cibeles y la Dea Mater.

Las ceremonias previas a los juegos consistían en el sorteo de parejas, la probatio armorum.

Todo gladiador victorioso, tras quitarse el yelmo, recibía una palma, símbolo de la victoria, junto a dos platos repletos de oro.  Las escuelas de gladiadores se llamaban Ludus.

Fueron muy importantes las Naumaquias, los simulacros de combates navales. En estos escenarios también tuvo lugar las venationes, las cacerías de animales salvajes. Los venatores luchaban contra las fieras.

Las carreras de cuádrigas fueron un gran negocio, con cuadras privadas que tenían sus propios seguidores, identificados por sus colores. Durante la carrera, al completar una vuelta, los aurigas contabilizaban las vueltas retirando uno de los siete huevos colocados en las spina, las barreras centrales.

Vespasiano comenzó las obras del Coliseo romano en los años 70 y fue su hijo Tito quien lo inauguró en el año 82. El Coliseo tenía capacidad para 45.000 espectadores. Su arena consistía en una plataforma ovalada, construida en madera y cubierta de tierra. El subsuelo presentaba un complejo entramado de túneles y mazmorras que daban cabida a los gladiadores, los condenados a muerte y los animales. Contaba con 80 puertas de acceso (66 de ellas para espectadores de a pie, 2 para la familia imperial y su séquito, y 2 para los gladiadores). El acceso de los pasillos hasta las gradas se efectuaba a través de los vomitoria.

Los pisos más elevados, realizados en madera, daban asiento a las mujeres.

EL MENHIR DEL PARC DE LA CIUTADELLA DE BARCELONA

Detrás de la cascada principal del Parc de la Ciutadella se puede encontrar un menhir que no es tal. En realidad esta piedra tosca tuvo otra ubicación en el parque, como se puede apreciar en la foto, aunque luego más tarde se trasladó a un lugar prácticamente oculto durante la etapa del Franquismo.

En realidad no es un menhir, pues se trata de una piedra bruta con un texto en el que puede leerse: “Instauración de la fiesta del árbol. 1899”.

Todo comenzó en fecha 21 de septiembre de 1898, cuando el periódico La Vanguardia publicó un artículo titulado «La Patria y el Árbol. Síntesis de un proyecto y de su inmediata ejecución», firmado por Rafael Puig i Valls. Esta fiesta del árbol, también conocida como “fiesta del árbol de la libertad”, tiene connotaciones republicanas y fui introducida en España por la Revolución Francesa.

Se ha podido constatar que la primera Fiesta del Árbol celebrada en nuestro país fue en 1898, el mismo año en el que se creó en Barcelona la asociación de amigos de esta fiesta pionera. Tuvo lugar un 30 de abril en el Parc de la Ciutadella de Barcelona (aunque la fiesta fue aprobada un 11 de febrero, coincidiendo con la conmemoración de la Primera República Española), en la Sección Marítima de este parque y al costado del Museo zootécnico. A la misma acudieron nada menos que unos mil quinientos niños y niñas entre los que plantaron unos cuatrocientos pinos. Tras la plantación pronunciaron sendos discursos tanto el Alclade de Barcelona como el propio Puig y Valls. Finalmente se sirvió una enorme merienda en el Pabellón de la Transatlántica, obra de Gaudí.

Se ha conseguido localizar otra reseña de una Fiesta del Árbol promovida por Rafael Puig i Valls. Esta tuvo lugar en un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona, La Pobla de Lillet, en 1904, frente a los Jardines Artigas de Gaudí.