Conocemos como Yule o Yuletide las fiestas en celebración del solsticio de invierno que se llevaron a cabo en los pueblos germanos paganos, entre ellos los vikingos. En nórdico antiguo se conoció como júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba alrededor de doce días; una fiesta dedicada tanto a la familia, a los parientes y amigos ausentes como a la fertilidad y que coincidía con el solsticio de invierno, alrededor del 21 de Diciembre.

No sabemos exactamente las fechas entre las que oscilaba; para los vikingos este festival de casi dos semanas habría estado probablemente dentro de los dos meses de su calendario que se correspondían con el final del año, desde mitad de Noviembre hasta mitad de Enero. Se trata de una celebración que se pierde en los albores del tiempo ya que las referencias históricas más antiguas alrededor de esta palabra las encontramos en los primitivos nombres germanos que designaban los meses; Jéola, que significaba “antes de Yule” y Aeftera Jéola, que significaba “después de Yule”. En nórdico antiguo parece ser que ýlir se habría referido a este periodo de tiempo y que jól habría sido el evento concreto según lo que podemos leer en el Skáldskaparmal. La lengua gótica o el inglés antiguo también comparten estas características.

Los grandes dioses del Panteón Romano gozaron de fechas especialmente dedicadas a su culto.

Entre los días 17 y 23 del mes de diciembre se festejaban las Saturnales. Las celebraciones se iniciaban con un sacrificio en honor al dios en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, y proseguían con un banquete público que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje

Las tradiciones populares romanas siguieron manteniéndose en el seno de la comunidad cristiana, alcanzando su punto álgido con la celebración medieval de la irreverentísima Fiesta de los Locos, en torno a los días de Navidad y fin de año, que se extenderá durante el Renacimiento.

Aparecen formas cómicas puras al lado de las manifestaciones canónicas. Se tolera la existencia de un culto paralelo de ritos específicamente cómicos. La risa tiene una significación positiva, regeneradora, creadora. Y el Renacimiento explotará este potencial amparado en los clásicos: Hipócrates, Aristóteles, Luciano…

Una de las descripciones más singulares de esta peculiar fiesta nos la proporcionó Louis Moreri en 1753, dentro de su obra “El gran diccionario histórico, o Miscellanea curiosa de la Historia Sagrada y Progana”. En ella Moreri la describe como “regocijo lleno de sacrilegios e impiedades que los clérigos, diáconos y sacerdotes celebraban en algunas iglesias, durante el oficio divino, en cierto día, desde las fiestas de navidad hasta la de reyes y principalmente el día primero de año y por esto se llamaba también la fiesta de las calendas“.

Cuenta Moreri ejemplos de estos sacrilegios: “Creaban los clérigos y sacerdotes un obispo o un papa y lo llamaban el obispo o el papa de los locos. Entraban enmascarados en la iglesia, vestidos de bufones y en trajes de mujeres. Danzaban en la nave y en el coro, cantando chanzonetas diabluras; comían carne sobre el borde mismo del altar al lado del sacerdote que ofrecía el sacrificio; jugaban allí mismo a los dados y perfumaban el altar con el humo de cueros viejos o podridos, que quemaban en sus incensarios y finalmente, cometían impiedades, dignas de la execración de todos los cristianos” o también “danzaban en las iglesias el día de Navidad, inmediatamente después de vísperas, los diáconos, cantando una antífona en honor de San Esteban; hacían lo mismo los sacerdotes el día de San Esteban en honor de San Juan Evangelista; los clérigos de menores, el día mismo de San Juan Evangelista; y se llamaba lo que hacían los subdiáconos en las iglesias el día de la circuncisión, la fiesta de los subdiáconos o la fiesta de los locos.

La Iglesia, a base de decretos, concilios, recomendaciones y otros medios, intentó acabar con estas prácticas y decretó que el 28 de diciembre se celebrara el Día de los Santos Inocentes, con lo que la conmemoración de estos pequeños mártires ha llegado a nuestros días mezclada con el tono irreverente de la burla y la broma, manteniendo en la tradición popular de muchos pueblos, como parte de su celebración del Día de los Santos Inocentes, algunas prácticas de las descritas por Moreri.

El Día de San Esteban o la Fiesta de San Esteban es un día de santo cristiano que se celebra el día posterior a Navidad (26 de diciembre) en la Iglesia Latina y el 27 en la Iglesias eslavo-bizantinas. En este día se recuerda a San Esteban, el primer mártir del cristianismo.

Pero personalmente me tiene fascinado que se celebre la muerte de Esteban en manos de Pablo de Tarso. Porque aunque los exégetas cristianos den a entender que sólo estaba sosteniendo las vestiduras, sí participó en la lapidación de Estebán, apedreándolo hasta morir.

Veamos este texto de Robert Ambelain para entenderlo:

Si Saulo-Pablo es judío, y según los historiadores católicos, nacido «en los primeros años de la era cristiana, si no un poco antes incluso…» (cf. monseñor Ricciotti, Saint Paúl, apotre, p. 149), cuenta aproximadamente unos treinta y cinco años de edad cuando se produce la muerte del diácono Esteban, en el año 36 de nuestra era. Entonces se concibe perfectamente que pudiera:

a) encontrarse al mando de un cuerpo de policía (Hechos de los Apóstoles, 8, 3, y 9, 1);

b) obtener del pontífice de Israel, en este caso Gamaliel, una orden que le permitiera operar lejos de Jerusalén en misión de búsqueda de cristianos (el problema sobre si esta acción era o no lícita será discutido en otro lugar);

c) haber aprobado la condena y ejecución de Esteban, en virtud de su edad y su función (Hechos de los Apóstoles, 8, 1, y 22, 20).

Pero entonces, en el curso de esta ejecución, no puede lógicamente ver reducido su papel al de un simple joven judío a quien tan sólo se le confía la guardia de las vestiduras de los encargados de la lapidación. Porque si es judío, y de unos treinta y cinco años de edad, hace mucho que tiene la mayoría de edad religiosa y civil en Israel, y por lo tanto debe participar, legalmente, en la lapidación, ya que se encuentra en el lugar (Deuteronomio, 17, 7). Para él es obligatorio.

Es decir, tú no puedes entrar en el lugar de lapidación y dedicarte a mirar, sino que debes participar. De hecho, la lapidación tiene unas normas. Los judíos deben estar a unos cuatro metros de altura sobre el reo, y la primera piedra se arroja sobre el condenado, que está tumbado de espaldas (que ni estaba de pie ni rezando, pues la ley mosaica se lo impide), encima del corazón. Incluso la primera piedra es tan grande que debe ser levantada entre dos personas.

El cristianismo, una vez más, en sus extrañas aberraciones, celebra la condena de Esteban a manos de Pablo, que forma parte de los escritos estudiados y venerados en el Nuevo Testamento. Un asesino como Pablo es tenido en consideración por todos los cristianos. Indignante y de burros, oiga.

En el siglo V el Papa León I fijó oficialmente el número de Reyes Magos en tres, y en el siglo VI se les asignaron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

A pesar de ello los armenios mantienen que los Reyes Magos eran doce, y la iglesia copta fija su número en sesenta.

Dejando de lado la tradición armenia y copta, hay una versión sobre los Reyes Magos que dice que eran cuatro y no tres. A este cuarto Rey Mago se le llama Artabán, si bien en la tradición rusa recibe el nombre de Ogamyer Otraucle.

Según la tradición católica, uno de ellos era asiático, el otro africano, y el otro europeo. Melchor, anciano con cabellos y larga barba blanca, llevaba oro como ofrenda; Gaspar, rubio y sin barba, llevaba incienso; y Baltasar, que llevaba mirra como ofrenda, era negro y con barba.

¿Y por qué son magos? Aparte de las repuestas previsibles hay que decir que se les llamaba así a los sacerdotes de la religión zoroástrica, adoradores del fuego, y para Jacobo de Voragine, el autor de la Leyenda Aurea son sabios, no hechiceros como se sospecha por la palabra magos. ¿De dónde salieron los nombres? Pues parece que los nombres aparecen por primera vez en el Liber Pontificalis de Rávena en el siglo IX, con lo que los nombres sobre el mosaico del friso del siglo VI donde aparecen por primera vez serían puestos posteriormente.También se les llamó Apelio, Amerio y Damasco, Gálgala, Malgalat y Sarathin…, y ¿reyes? Reyes los convirtió Tertuliano hacia el 160-230 d.C. Para la época del románico son reyes con manto, túnica larga y corona y uno de ellos siempre se postrará ante el Niño.

Posteriormente en el siglo XV Hans Memling es el primero que representa a un rey mago de color “negro” simbolizando los 3 continentes o razas que se conocían en la época: Europa, Asia y África.

¿De dónde venían los Reyes Magos?

En Irán, la tradición dice que los Reyes Magos viajaron desde el pueblo de Saveh, lugar donde luego fueron enterrados. Así lo recogió Marco Polo en sus notas de viaje cuando pasó por aquellas tierras en el siglo XIII.

Saveh, en árabe Sawa, es una pequeña ciudad iraní de la provincia de Markazi, situada a unos ciento treinta kilómetros al suroeste de Teherán, a una altitud de novecientos noventa y cinco metros.

Por otra parte, el papa Benedicto XVI en un estudio sobre la infancia de Jesús estableció que los Reyes Magos probablemente no venían de Oriente, sino de Tartessos, zona que los historiadores sitúan en Andalucía (España) entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Esto contradiría la tesis católica tradicional según la cual uno de ellos era asiático, el otro africano, y el otro europeo.

Por otra parte, el origen de los Reyes Magos enlaza con la leyenda del Preste Juan, que fue muy popular entre los siglos XII y XVII, según la cual este personaje era un descendiente de los Reyes Magos, y era rey o dirigente de una nación cristiana ubicada en el Oriente, en medio de tierras musulmanas y paganas. El lugar donde se encontraba el reino del Preste Juan se situó inicialmente en la India, y posteriormente en Asia Central, e incluso en Etiopía. Se creía que los Reyes Magos habían tenido su procedencia del Reino del Preste Juan.

En la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) tenemos este friso de los Reyes Magos, datado en el siglo VI. Fijaos que aparecen los nombres de los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, para que no haya ningún género de dudas sobre quiénes son.

Pues bien, portan el gorro frigio, atributo del dios Mitra, que siempre se representa con él. O lo que es lo mismo los Reyes Magos reconocen que están adorando al auténtico nacido en el día del Sol Invictus, 25 de diciembre, Mitra.

Me encanta. Hasta los mismos Reyes Magos, a través de esta alegoría, reconocen el mito del nacimiento de Jesús.

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