Hasta aquí la historia de Josep Xifré i Casas, según la Enciclopedia Catalana:

“Hijo de Juan Bautista Xifré y Huerta, propietario de cuatro bergantines que hacían la ruta de América, arruinado en 1786 a consecuencia de la guerra contra Gran Bretaña y que murió el año siguiente a Cádiz, donde se había refugiado.

Su hermano Domingo se estableció en Buenos Aires, buscando fortuna, y él partió en 1798 hacia Cuba, para trabajar con su tío, Josep Xifré i Huerta, en el curtido de pieles. Pronto tomó la iniciativa del negocio, y consiguió la exclusiva de la exportación de cuero en bruto (1808).

Hombre emprendedor, renovó el proceso industrial con maquinaria nueva importada de Inglaterra. Favorecido por las circunstancias internacionales, inició, con sus veleros “San José” y “Margarita”, un comercio regular, con España y sobre todo con EEUU, de cueros y de productos agrícolas, como azúcar y café, y se dedicó a la especulación ya las actividades bancarias.

En 1818 se casó con la hija de su agente en Nueva York, Judit Dowling, y en 1823 se trasladó a esta ciudad, que convirtió en centro distribuidor de la mercancía curtida que se exportaba a Europa, principalmente en Inglaterra.

Hizo construir importantes edificios en las calles más céntricas de Nueva York, se asoció con Peter Harmong para los negocios bancarios (banco emisor de EEUU y Mechanies Bank) y consiguió así una enorme fortuna. Sin embargo, su deseo de volver a Cataluña le hizo liquidar sus negocios americanos, aunque no abandonó las propiedades de Cuba.

En 1831 llegó a Barcelona, donde se estableció definitivamente desde el 1840; su mujer quedó en París con su hijo Josep, donde alternó con la alta sociedad intelectual parisina. En 1840 el matrimonio legitima su situación y se casó católicamente en Roma; Judit tomó entonces el nombre de Julia.

En Barcelona, Josep Xifré se dedicó particularmente a la compra de propiedades rústicas y urbanas: así, en 1835-36 compró un gran terreno frente a la Lonja, donde fueron construidas los Póticos de En Xifré, y donde fijó prácticamente su residencia. Más tarde hizo edificar gran parte del paseo de Isabel II (1836-39).

Políticamente fue hábil en mantenerse en buena relación con las autoridades de diverso signo político. Fue el primer presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad y de la Junta de Beneficencia Pública (1845) y de otras entidades benéficas, económicas y culturales; sin embargo, miró de eludir toda responsabilidad política, y rechazó así el nombramiento de alcalde de Barcelona en 1850.

Nunca olvidó su villa de Arenys de Mar, a la que ayudó en varias ocasiones y para la que hizo construir un nuevo hospital, que dio solemnemente a la villa en 1849.

Filántropo y mecenas, financió los estudios frenológicos de Marià Cubí y dotó a la ciudad de Barcelona de un modernísimo cuerpo de bomberos (1835), del que él era el capitán. Se sintió identificado con las ideas proteccionistas de Joan Güell.

En su actividad industrial temprana en Cuba mostró su temperamento paternalista, principalmente respecto a los esclavos negros, la mano de obra principal. Emigrado pobre, devuelto a su tierra con una fortuna hecha en América, fue el prototipo del americano, y tal vez el más famoso. Su hijo Josep, carente del empuje de su padre, no supo hacer prosperar la inmensa fortuna de éste y estuvo bastante desvinculado de Cataluña, a pesar de obtener algunos cargos políticos; residió de hecho siempre en París. Muerto su padre, hizo construir para el mismo un monumento funerario, en la capilla del hospital de Arenys, por el escultor francés Charles Alphonse Gumery, donde fueron trasladados sus restos en 1861″.

En 1886 una orden del General Prim pone fin a la esclavitud en Cuba y España. En 1865 los Estados Unidos proclaman la abolición de la esclavitud y la hace efectiva a través de una enmienda a su constitución (Enmienda XIII). Julio Vizcarrondo, hacendado puertorriqueño que había dado libertad a sus esclavos, crea la Sociedad Abolicionista Española.

En el Paseo de Isabel II de la Ciudad de Barcelona, a menos de cincuenta metros de los muelles del puerto Josep Xifré mandó construir un edificio singular que alberga a un conocido restaurante, de nombre evocador, “Las siete puertas”. La primera vez que contemplamos con detalle este edificio intuimos que sus muros guardaban algún secreto.
Este edificio fue el primero en contar con agua corriente en la ciudad y también sirvió como modelo para tomar la imagen de la primera fotografía hecha en España. Esta también fue la primera residencia de Pablo Ruiz Picasso cuando llega a Barcelona en 1895, desde su azotea pintó algunos de sus paisajes urbanos.

Lo construyeron Josep Buixareu i Françesc Vila, a los que encargaron este conjunto de 5 casas que forman un gran pórtico como vivienda para sus familiares. Cuenta con elementos románticos, de estilo isabelino, y con columnas jónicas que forman sus arcadas. Un gran ejemplo de la burguesía neoclásica de la Barcelona de aquellos años de prosperidad. La planta baja fue destinada a comercios, lo que siempre hemos conocido como “las 7 puertas”, con gran cantidad de bazares.

Su fachada es curiosa. Hay muchísimos relieves donde se refleja el comercio, el mar, un reloj con el dios Cronos que representan el tiempo, medallones con los retratos de Pizarro, Elcano, Hernán Cortés, Colón, Magallanes, y muchísimos símbolos masónicos. Xifré era masón, muchos dicen que de ahí la forma de sus arcos y que sean 7 sus puertas exactamente, que es el número mágico de los masones. Como elementos masónicos podemos contemplar el caduceo de Hermes-Mercurio, referencia directa al hermetismo; los doce símbolos del zodíaco en la parte superior, a modo de bóveda celeste, como en los techos de las logias masónicas; y un curioso reloj al que le faltan dígitos, de tal manera que sus números forman así, de esa forma, el número 33, como los grados de la masonería.

La Sociedad Teosófica había sido fundada en 1875 en Nueva York por Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), de origen ruso, y el coronel estadounidense Henry Steele Olcott, el cual ejercería la presidencia de la Sociedad desde su fundación hasta su muerte en 1907. Apareció como un intento de sincretismo y diálogo entre Oriente y Occidente, intentando adaptar en Occidente las teologías hinduistas y budistas. Según la teosofia, la verdad se encuentra en el fondo de todas las grandes religiones y en los libros sagrados de todos los pueblos, pero especialmente de las antiguas civilizaciones de Egipto, Caldea, Babilonia, la India y la China.

Los dos pilares fundamentales del primer teosofismo español fueron Francesc Montoliu Togores y Josep Xifré Hamel (nieto de Josep Xifré i Casas), los primeros españoles en ingresar a título individual en la Sociedad Teosófica, concretamente en 1889, los principales fundadores y dirigentes del Grupo Teosófico español en 1891 y los dos primeros presidentes de este Grupo (Montoliu lo será hasta su fallecimiento en mayo de 1892, siendo substituído por Xifré, que se mantendrá en su cargo hasta mediados de los años diez).

Josep Xifré i Hamel (1855-1920) era un rico banquero e industrial, nieto del famoso indiano catalán Josep Xifré Casas, el cual había conseguido reunir una de las más abultadas fortunas europeas de la época. Esta fortuna, que nuestro Xifré heredó de su padre Josep Xifré Downing (hijo de Josep Xifré i Casas), fue clave para conseguir la financiación de la mayoría de obras teosóficas españolas hasta 1914, momento en que entró en una crisis económica irreversible que ya no podrá superar. Según Viriato Díaz Pérez –director de Sophia durante los primeros años del siglo XX-, fue Xifré “quien arrancara de su patrimonio el caudal necesario para la publicación de obras como La Doctrina Secreta, Isis, La clave de la teosofía –que él mismo tradujo- y tantas otras; él quien sostuvo de su propio peculio durante 22 años día por día, la gran revista Sophia, que difundió las ideas de Madame Blavatsky por el mundo dilatado de habla española…”.

Además Xifré ayudó en la fundación en 1901 en Barcelona de la editorial Biblioteca Orientalista, de Ramon Maynadé y su mujer Carmen Mateos, que tanto contribuyó a la difusión de la literatura teosófica en los países de habla española y que a la práctica funcionó de editorial del grupo teosófico español. Maynadé, para dar salida a sus publicaciones, se dotó La Librería Orientalista, que estuvo abierta en la ciudad condal hasta la guerra civil.

Xifré, además de ejercer de mecenas del teosofismo y del orientalismo español y de dirigir el grupo teosófico español al menos hasta 1914, también tuvo una colaboración importante, junto con Montoliu, en las tareas de traducción de obras inglesas y fue uno de los principales colaboradores –con artículos propios- de la revista Sophia. Disponía de un nivel cultural muy alto. Según Larrea López, era “un intelectual con un conocimiento elevado del estado de la ciencia en el momento: Bouiller, Müller, Hartmann, Stahl, Tyndall. Domina la teología católica y religiones comparadas”. Había nacido y se había educado en los más selectos ambientes de París, donde entró en contacto con círculos ocultistas y orientalistas. Fue en esta ciudad donde a partir de 1884 empezó a estudiar sánscrito y donde conoció a la principal dirigente teosofista francesa del momento, María Marietegui, marquesa de Pomar, de origen español. Entre París y Londres Xifré también conoció y entabló una firme e íntima amistad con la que sería decisiva en su ingreso al teosofismo: Madame Blavatsky. La conoció en 1888, con motivo de la publicación de La Doctrina Secreta. Xifré fue el único del Grupo Teosófico español que fue discípulo personal de la fundadora de la Sociedad Teosófica. Fue ella precisamente quien le habló de Montoliu –con quien se carteaba-, les puso en relación y les exhortó a fundar y dirigir en España un Grupo teosófico nacional.

En el Siglo XIX existía en Madrid el denominado “barrio de los banqueros” situado en la zona comprendida por los paseos del Prado y Recoletos, Plaza de la Cibeles y las calles adyacentes. Era en esta parte de la ciudad donde fijaron su residencia las familias más pudientes.

Fue aquí donde se edificó el Palacio de Xifré Downing (hijo de Josep Xifré i Casas), que estuvo situado en el Paseo del Prado haciendo esquina con la calle Lope de Vega.

El Palacio, una pequeña imitación de la Alhambra de Granada, fue mandado construir por el empresario José Xifré Downing entre los años 1862 y 1865.

Josep Xifré Downing era heredero de una de las mayores fortunas del siglo XIX, conseguida por el padre Josep Xifré i Casas gracias a sus múltiples negocios en Cuba, Estados Unidos y Europa. Josep Xifré hijo, vivía grandes temporadas en París, donde conoció al arquitecto francés Emile Boeswillwald que le diseño un hermoso Palacio y que fue construido por José Contreras que por entonces era el restaurador de la Alhambra.

José Contreras, fue un pionero de la arquitectura neo árabe y antes de iniciar la construcción del Palacio, fue becado durante seis meses por Xifré para que estudiase la incorporación de los decorados de la Alhambra en su futuro Palacio.

El desaparecido Palacio Xifré, era uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neomudéjar madrileña. Posiblemente en su tiempo fue uno de los edificios más suntuosos de Madrid. Desde la verja exterior, pasando por las fachadas y todo el interior, imitaban de una forma casi perfecta la época dorada de la arquitectura árabe.

Xifré, invirtió una gran fortuna en el acondicionamiento del Palacio, costeando a un grupo especialistas franceses para que realizasen una expedición a Oriente Medio con el fin de reunir antigüedades árabes, como tapices, muebles y todo tipo de decoración.

A la muerte de Josep Xifré Downing, su hijo Josep Xifré Hamel. Hamel vendió el Palacio en el año 1914. El Palacio se convirtió en la Delegación de México siendo propietario del edificio, el embajador Manuel de Iturbe.

Después de unos años de abandono, el edificio es adquirido por el duque del Infantado para su propia residencia. El Ducado del Infantado es un título nobiliario concedido por los Reyes Católicos el 22 de julio de 1475 a Diego Hurtado de Mendoza, II Marqués de Santillana. En 1520 se le concedió la Grandeza de España de primera clase.

En el año 1949, el Palacio es adquirido por una Inmobiliaria que lo derribo un año después para la construcción del edificio de la Delegación Nacional de Sindicatos actualmente Ministerio de Sanidad y Consumo.

Parte de los restos del Palacio se conservan en la actualidad como: La fachada que fue adquirida por Arturo Ruiz Piña, para incorporarla a un hotel en el pueblo de Losa de Riofrío en la provincia de Segovia. La grandiosa y bella escalera del Palacio fue a parar al pueblo de Chiloeches en la provincia de Guadalajara. La embajada de Francia adquirió los pisos de madera que como podemos imaginar eran de una extraordinaria calidad. Los marqueses de Deleitosa compraron aleros, artesanados y para instalarlas en su finca de Salamanca. El patio central, con sus columnas de mármol, fue adquirido por José Soto Huerta, para montarlo en una finca de su propiedad en la antigua autopista de Barajas. La Dirección General de Arquitectura compró una serie de ventanales para depositarlos en la Escuela de Arquitectura, pero fueron literalmente expoliados a excepción de las piezas voluminosas que con el paso de los años, se encuentran muy deterioradas.

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