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PERE FALQUÉS, GAUDÍ Y EL 33

Aunque la mayoría de textos sobre Barcelona, indica que hay 32 farolas-bancos y que fueron inauguradas el 21 de diciembre de 1906, en realidad son 33. Me dediqué a contarlas cuando sospeché del dato oficial.

Las mismas son de Pere Falqués, que nació en Sant Andreu del Palomar en 1850 y murió en Barcelona en 1916. Fue uno de los arquitectos que, a finales del siglo XIX, trabajaron intensamente coincidiendo con la Exposición Universal de 1888 y la urbanización del Eixample.

Suyas son las fuente de Canaletas y de Sant Pere y una serie de las que farolas hoy están en el Passeig Lluis Companys, junto al Arc de Triomf, en la Avinguda Gaudí, en su día en el cruce de la Diagonal, el popular Cinc d’Oros, o las de Paseo de Gracia que son las protagonistas de estas palabras.

Curiosamente las del Passeig Lluis Companys tienen forma de compás y escuadra. Mientras que en la Avenida Gaudí, situada por encima de esa Sagrada Familia, colocada a 33 metros por encima del nivel del mar, tenemos una avenida con sus farolas, que corta en dos una manzana del Eixample, mostrando dos triángulos a vista de pájaro.

La loseta Gaudí (en catalán, panot Gaudí) es un pavimento de forma hexagonal diseñado por Antoni Gaudí hacia 1904 y que se ha convertido en su obra no arquitectónica con más fortuna, la más editada y probablemente la más popular. Es el pavimento que recubre el paseo de Gracia de Barcelona.

Cada baldosa está decorada con un tercio de cada uno de los componentes de la loseta, un tercio de estrella de mar (equinodermo), un tercio de amonites y un tercio de algas del género sargassum. Así, se necesitan siete baldosas juntas para poder contemplar en su totalidad los tres componentes que conforman el conjunto. Para que una logia sea justa y perfecta, cabe recordar, que siete deben ser sus oficiales.

Frente a la Casa Massó de Girona, el puente de Sant Agustí, que da a la plaça de la Independència, también está pavimentado con las losetas de Gaudí.

CÓMO FUNCIONA EL CALENDARIO EGIPCIO DE LA MASONERÍA

El cómputo de los meses del rito egipcio de la masonería, se establece partiendo del solsticio de verano, cuando en realidad el primer mes del año de la Verdadera Luz en Memphis comienza con el Equinoccio de Primavera, al celebrarse “El Despertar de la Naturaleza”, en la misteriosa estación de Sha en el mes de Thot.

El año egipcio masónico comienza con el trono de Ramsés II.

Cuando se hace referencia a nomenclaturas esto es lo que hay que saber.

Era Vulgar (E.·.V.·.), Era Masónica (E.·.Mas.·.). Las fechas indicadas según el calendario civil son, en general, en los textos masónicos rituales (actas de las sesiones o planchas grabadas, por ejemplo) seguidas de esta abreviatura V.·.L.·. (Verdadera Luz).

En el Rito de Memphis-Misraïm se usa el término “Luz de Egipto” (ejemplo: “21° días del mes de Paophi, del año 5992 de la Luz de Egipto”).

La Tradición masónica agrega 4000 años al milésimo de año. En tanto, otra Tradición, propia del Rito de Memphis-Misraïm, que no es seguida por todas las Logias, hace comenzar su cronología en el año 1292 antes de nuestra era, fecha en que Ramsés II asumió el trono de Egipto.

El Calendario Egipcio o del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis, está compuesto por 12 meses, estos a su vez por treinta (30) días cada uno.

Los meses estaban agrupados de cuatro en cuatro, formando las tres estaciones del año, las cuales son:

  • Otoño (Inicio del Año Sacro)
  • Invierno
  • Primavera

Por ejemplo, si queremos referirnos masónicamente a la fecha 26 de septiembre de 2018 e. v, (era vulgar) sería: 29 día del primer mes de Thot, de la estación de Sha, del año 3310 de la Luz de Egipto.

En la  siguiente tabla mostramos el calendario del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis del cual te ofrecemos las siguientes instrucciones:

  1. Esta tabla está dividida en tres secciones de cuatro meses, cada una corresponde a una estación: Sha, Pre y Schemon.
  2. Para seleccionar una fecha, solo buscarás el mes y día, y luego en la columna extrema izquierda el orden del día que va desde 1 hasta 30.
  3. Ya seleccionado busca en el tope de la columna el mes egipcio y ya está.

Los días epagómenos están fuera de la cronología humana; por lo tanto en el calendario estos no están descritos.

Días epagómenos

El último día del mes doce (12) egipcio termina el 23 de Agosto. Se da un espacio de cinco (5) días antes de empezar el primer día del año siguiente, en el mes de Thot (29 de Agosto). Estos son los llamados cinco (5) días epagómenos, que son colocados fuera de la cronología humana, para el trabajo de la naturaleza.

Día No. Nacimiento de Día del mes de Agosto
1 Osiris 24
2 Horus 25
3 Seth 26
4 Isis 27
5 Nefitis 28

PRIMERA ESTACION

SEGUNDA ESTACION

TERCERA ESTACION

JESÚS, EL HIJO BASTARDO DE UN LEGIONARIO ROMANO

Celso fue un filósofo griego que sobre el año 178 d.C. publicó su obra “El discurso verdadero” o “Sobre la verdadera doctrina”, de la cual conocemos párrafos textuales gracias a que fue criticada por Orígenes de Alejandría hacía el año 248 d.C. en su libro “Contra Celso”. Celso, aunque su nombre es romano, escribió su obra en griego y conocía muy bien las obras de Platón. El trabajo de Celso destaca sobre otros autores paganos por su gran ilustración, pues había leído los Libros del Antiguo Testamento, los evangelios de Mateo, Lucas y Marcos, así como las Epístolas de Pablo. También conoce de la existencia del evangelio de Juan y apócrifos. Sabe de las principales disputas entre judíos y cristianos y desde luego conoce a la perfección las diferencias entre cristianos y paganos. Viajó a Egipto y Palestina, y ello sin duda alguna, condicionó también el contenido de su obra.

Celso plasma en su libro las principales acusaciones judías contra los cristianos, introduciendo un interlocutor judío. Es probable que Celso conociese la obra “Diálogo con Trifón” de Justino, obra anterior en donde se recogen numerosas acusaciones que vuelven a recogerse en “El Discurso Verdadero”. Es típico de Celso comparar la historia judía y cristiana con los mitos paganos.

Celso conocía bien las obras de Homero, y otros autores de la literatura clásica tanto romanos como griegos. Su ataque contra el cristianismo es serio y metódico.

El mismísimo Celso habló de la virginidad de María, como puede leerse en el siguiente párrafo de la obra de Orígenes: “Después de esto introduce a un fingido judío – ni siquiera filósofo -, que habla con Jesús mismo, a quien arguye, según él se imagina, sobre muchas cosas. Y, en primer lugar, de que se inventara el nacimiento de una virgen para acallar los rumores acerca de las verdaderas circunstancias de su origen, nada lisonjeras. Échale igualmente en cara que proviniera de una aldea judaica – Belén, la ciudad de David – y de la mujer lugareña y mísera que se ganaba la vida hilando; y añade que ésta, convicta de adulterio, fue echada de casa por su marido, carpintero de oficio, tras quedar preñada de un soldado romano llamado Pantera, anduvo ignominiosamente errante y, a sombra de tejado, dio a luz a Jesús. En cuanto a éste, apremiado por la necesidad, se fue a trabajar de jornalero a Egipto, y allí se ejercitó en ciertas habilidades- magia y hechicería- de que blasonan los egipcios; vuelto a su patria, hizo alarde de esas mismas habilidades, y por ellas se proclamó a sí mismo por Dios”. (Cels. Ap Oríg. Lib. 1. nn, 28.32)

¿Es esta acusación un bulo más de los proferidos por los paganos anticristianos como hemos visto anteriormente o por el contrario hay alguna base real para tal acusación? El asunto no es baladí y merece al menos un estudio separado.

El hecho de que en Marcos 6:3 (como al final hablaremos) no se mencione a José y se identifique a Jesús como “el hijo de María” cuando los patronímicos judíos van referidos al padre, es visto por algunos como un indicio de la bastardía de Jesús. Y es que el Evangelio de Marcos no relata el nacimiento de Jesús, sino que su narrativa comienza con Jesús adulto, siendo bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista, implicando una falta de datos sobre la paternidad de Jesús.

Lo cierto es que Mateo es el primero que plantea la cuestión del adulterio. En Mateo 1:18-25 puede leerse: “El origen de Jesús fue de esta manera. Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo *José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a Luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados*.

Daría la sensación de que Mateo está tapando un adulterio, a sabiendas de los orígenes del personaje.

Hay pocas alusiones a José en los cuatro evangelios, para evitar mencionar la posibilidad de que Pantera fuese un personaje real que estuviese en Palestina durante la época de la concepción de Jesús. Y es que el nombre Pantera descansa sobre las tradiciones rabínicas predicadas por el Rabino Eliezer ben Hyrcanus el cual refiere a Jesús como el “hijo de Pantera”.

Ciertamente hay varias tradiciones rabínicas textuales donde parece identificarse a Jesús. Una la hallamos en los textos del Talmud y Midrás. En el Talmud babilónico se le llama Yeshu Ben Pantera (Jesús hijo de Pantera), un personaje alborotador, hereje y bastardo. Se dice en este texto que su madre se llamaba Miriam, y que estaba casada con Stada, pero que tenía como amante a Pantera; fruto de este romance nació Jesús (Sanedrín 67a). El mismo Talmud cita que Yeshu ben Pantera fue perseguido y huyó a Egipto, practicó la brujería y la seducción y llevaba a Israel por mal camino (Sanedrín 107b); se relacionó con gobernantes y funcionarios, siendo ejecutado en la víspera de la Pascua (Sanedrín 43a); y tuvo varios discípulos, algunos de los cuales fueron a su vez ejecutados.

Lo curioso es que en estos textos también se menciona a un tal Balaam, que fue ejecutado a los 33 o 34 años (Sanedrín 106b); que corrompió a muchos judíos con sus doctrinas heréticas (Avot Rabí Natam 2,5), por lo que acabó pudriéndose en el infierno (Talmud Gittin 56b-57a). Aquí el nombre Balaam parece tener una clara alusión al dios cananeo Baal. El nombre Balam es bien conocido en la Biblia (números22:5-6) como un mago o hechicero que trabajaba por encargo; por ello se utiliza la expresión balamita para describir a quien hace uso de la religión para lucrarse. O sea, el apodo de Balaam haría referencia al mago Jesús.

Habíamos citado el vocablo Stada, que hace referencia a José, y que puede derivar de “S’tath da” que en arameo significa “extraviado, perdido, ir por mal camino, desviado” y en hebreo es Seatahdad. Así que Yeshu Ben Stada significaría “Jesús hijo de quien se ha desviado”, en el sentido de una infidelidad al desposado.

Tenemos entonces que si Stada no es un patronímico, sino un calificativo, ¿sucede lo mismo con Pantera?

La redacción más antigua de la palabra Pantera fue escrita por Celso en griego y este autor añade que fue un soldado romano, por lo que bien podría tratarse de un nombre sin ninguna etimología hebrea. Desde antaño, los eruditos han buscado un posible origen hebreo o arameo al nombre Pandera o Pantera. Así por ejemplo Orígenes (padre de la iglesia oriental en el siglo III) respondiendo a Celso dice que Pantera fue el patronímico de José, el marido de María, el cual provenía de su padre Jacob, quien era llamado Panter.

El problema es que se ha tratado de buscar un origen hebreo a una palabra que no lo es. Todos los textos judíos más antiguos donde se menciona a Yeshu Ben Pantera con sus variantes están redactados entre los años 200 y 500 d.C., una época de polémicas entre judíos, cristianos y paganos; sin embargo, el Rabino Eliezer ben Hyrcanos, al que se le atribuye la mención de Yeshu ben Pantera, vivió a finales del siglo I y principios del siglo II d.C. Tenemos por consiguiente una redacción del nombre Pantera muy temprana en el tiempo.

Pantera, para que lo entendamos, fue un nombre griego o romano no muy común, pero que fue utilizado por personas durante el siglo I y antes. No es por tanto un nombre ficticio.

Lo que sacó a Pantera de su ámbito mitológico fue, como en tantas ocasiones, la arqueología. En octubre de 1859, durante las obras del ferrocarril de Bingen (Alemania) fueron descubiertos nueve enterramientos romanos con sus correspondientes monumentos y estelas funerarias. La inscripción en una de ellas (CIL XIII 7514) rezaba ser de un tal Tiberio Julio Abdes Pantera (Tiberius Iulius Abdes Pantera, en latín) portaestandarte de la 1ª Cohorte Auxiliar de Arqueros, que nació en Sidón (Fenicia, actual Líbano) y que sirvió en ella durante 40 años hasta fallecer a los 62.

Tib(erius) Iul(ius) Abdes Pantera
Sidonia ann(orum) LXII
stipen(diorum) XXXX miles exs(ignifer?)
coh(orte) I sagittariorum
h(ic) s(itus) e(st)

Traducción:

Tiberio Julio Abdes Pantera
de Sidon, de 62 años
sirvió 40 años, portaestandarte oficial(?)
de la primera cohorte de arqueros
yace aquí

Se trataría entonces de Tiberium Iulius Abdes Pantera, un arquero que nació en Sidonia o Sidón, la ciudad fenicia, en el año 22 a.C. y que fue arquero de la Cohorte I Sagittariorum.

Tiberius Iulius es, probablemente, un nombre romano obtenido cuando adquirió la ciudadanía romana después de prestar 25 años de servicio militar durante el mandato del emperador Tiberio entre los años 19 y 37 d.C.

Hasta el año 9 d.C. la cohorte I Sagittariorum permaneció en Judea y en Bingen, entre los años 40 y 70 d.C. Este Pantera por tanto vivió entre los años 22 a.C. y 40 d.C.

Volvamos de nuevo a un texto evangélico. En el texto de Marcos se indica: «¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están aquí también con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”. (Marcos 6:3)

Marcos menciona a Jesús sólo como “hijo de María”, cuando lo normal (no había excepciones) era mencionar la filiación paterna.

Vemos, como conclusión, que hasta los mismos escritores evangelistas ya sospechaban del adulterio de María. Y que el tema ya era cuestionado en los primeros textos bíblicos.

Isaías 7:14 dice que una virgen dará a luz un hijo. El problema es tratar con la palabra hebrea para “virgen”, la cual es “almah”. De acuerdo a la Concordancia Strong, esta palabra significa: “Virgen, mujer joven 1a) de edad para casarse 1b) doncella o recién casada.” Por lo tanto, la palabra “almah” no significa virgen. La palabra “almah” se incluye en otros lugares del Antiguo Testamento, como Génesis 24:43 (‘doncella’); Éxodo 2:8 (‘doncella’); Salmo 68:25 (‘doncellas’); Proverbios 30:19 (‘doncella’); y Cantar de los Cantares 1:3; 6:8 (‘doncellas’). Y es que existe adicionalmente otra palabra en hebreo para «virgen» la cual es «bethulah».

La LXX (Septuaginta) es la traducción de las Escrituras en hebreo al griego, que es aquí donde se tradujo erróneamente este término.

Así pues, tenemos una virgen que no es virgen, cuya alusión original debería ser doncella María, y que, además, sus congéneres ya advertían que era una adúltera, fruto de lo cual nació Jesús, que pudo ser el hijo bastardo del tal Pantera. Por supuesto, para un creyente esto sería una aberración. Pero recordemos el origen judío de Jesús, y que quienes escribieron esto conocían al personaje mucho mejor que nosotros, más de veinte siglos después. Por tanto, ¿quiénes somos nosotros para cuestionar a quienes conocieron a María o Jesús y sabían sobre su vida? Es como si alguno de los que esto leen sabe perfectamente de los desmanes de algún vecino suyo, y así lo deja por escrito. Sin embargo, veinte siglos después, como tu vecino es considerado un dios, los exégetas del futuro dicen y afirman que tales desmanes no existieron y que te los inventaste para dar crédito a su fábula.

Así estamos. Evidentemente estamos ante un espinoso asunto, que ningún creyente querrá creer por más pruebas que se lo presenten. Y es que ya se sabe que la fe es un dogma irrefutable que no se puede cuestionar.

CARA A CARA CON SATANÁS

Reconozco que no había terminado de leer el libro de Teresa Porqueras hasta anoche. Y la verdad, debo reconocer que me ha encantado su forma de escribir. Su narración en primera persona sobre los hechos acontecidos durante las diversas entrevistas al dominico Juan José Gallego Salvadores enganchan. Teresa sabe transmitir y escribir muy bien, y eso se nota de inmediato.

En cuanto a lo que aquí se describe, pues se agradece la sinceridad de Teresa con el relato, sin ocultar nada de lo que le ocurrió. Ahora bien, me sorprende que se hable tan a la ligera del “maligno” o de que cada caso de supuesta posesión se le atribuya a Satanás. Eso demuestra una creencia religiosa previa, lejos del rigor con el que se deberían abordar estos temas.

Y es que el dominico, antiguo exorcista de Barcelona, habla con una facilidad pasmosa de Satanás. Me pregunto si, como teólogos que son estos frailes, conocen la auténtica verdad tras estas figuras inventadas.

El nombre “Satanás” en realidad proviene de la palabra aramea shatán que significa acusador, enemigo, adversario. Es tan solo la latinización de dicha palabra. En los textos del Tanaj (Antiguo Testamento) se empleaba con esa intención.

Los griegos la tradujeron del hebreo ha-shatán (mencionado en el Tanaj como un espía errante del dios hebreo que rondaba sobre la Tierra para mostrarle a este dios todo lo que había cometido la humanidad).

En el Libro de Job (Iyov), ha-satan es un título, no un nombre propio, de un ángel gobernado por Dios; él es el jefe perseguidor de la corte divina. En el Judaísmo ha-satan no hace el mal, le indica a Dios las malas inclinaciones y acciones de la humanidad. En esencia, ha-satan no tiene poder hasta que los humanos no hagan cosas malas.

Al traducir la biblia al griego (LXX) y al latín y emplearla en el Nuevo testamento, los escribas y sacerdotes decidieron no traducir dicha palabra y emplearla como si el “ángel acusador” fuera en realidad un diablo enemigo del dios hebreo (todo lo contrario al significado real y la descripción dada por los autores del Antiguo Testamento hebreo).

En diversos versículos se usó el término Satán para designar a adversarios humanos de, por ejemplo, David (1 Sm 29,4) o Salomón (1 Re 5,18); mientras que en el ámbito de lo celestial apareció el concepto en relación con un ángel de Dios enviado a obstaculizar al profeta Balam, contratado por Moab para lanzar una maldición sobre Israel, siendo, pues, un mero adversario (Nm 22,22), no un «demonio».

El término Satán, en historias como la de Zorobabel, designó el rol de acusador en juicios ante Dios (Zac 3,1), un papel que desempeñará igualmente el ángel-satán que aparece en la historia de Job, actuando como un simple fiscal que acusa y pide pruebas (castigos).

En el libro de Números se llama shatán (en el sentido de ‘adversario’, ‘oponente’), al mensajero-ángel que Yahveh envía para impedir que Balaam maldiga al pueblo de Israel. (Num 22:22-32).

El término shatán también entra en la vida jurídica israelita, y alcanza el sentido de ‘acusador delante del tribunal’ (Salmos 109:6) (Zacarías 3:1) y el término shitna, derivado de la misma raíz, es la “acusación”.

Solo en el Nuevo testamento, los autores deciden otorgar el papel de enemigo del dios literario en un intento de confundir al lector haciéndole pensar que es un ángel enemigo de ese Dios/Cristo que decide tentarle y provocarle (Marcos 1:12-13) (Mateo 4:1-11) (Lucas 4:1-13) o un ángel que posee cuerpos que más tarde Jesús espanta realizando exorcismos (Marcos 3:22-27) (Mateo 12:22-30) (Lucas 11:14-23).

En lengua árabe se le llama shaytán, que también significa serpiente (de esta forma consiguieron asociarlo a la serpiente del Génesis que tienta a Adán y Eva con el fruto prohibido. Algo que no figura en el libro del Génesis, donde a la serpiente se la denomina solamente como “la criatura más astuta e inteligente de la creación”).

Por tanto, Satán a Satanás es sencillamente un personaje inventado por la fábula cristiana.

¿Y qué decir de Lucifer? Pues tres cuartos de lo mismo. El nombre de Lucifer habría aparecido por primera vez en la Vulgata (c. 400), que fue el «original» traducido por Scío. Jerónimo de Estridón no inventó la palabra (que significa «portador de la luz», sinónimo latino habitual de Venus), pero la transformó por completo al utilizarla para traducir el hebreo «helel ben-shahar» siguiendo literalmente la versión griega de la Septuaginta (siglos II-III a. e. c.), que había utilizado «to heosphoros» (portador del alba). Eósforo (también llamado Fósforo) es hijo de Eos, personificado en Venus, el Lucero del Alba. Concluyendo Lucifer es el planeta Venus. Y el ahora San Jerónimo se lo sacó de la manga por una mala traducción.

En el libro de Teresa vemos que los supuestos endemoniados temen a la Virgen María. ¿A la virgen María? En la versión hebrea de la Biblia se utiliza la palabra «almah» que significa «mujer joven» al hacer referencia a la adolescente María. “Almah” no tiene ninguna acepción ni relación con la virginidad, para lo cual se debería haber utilizado la palabra «bethulah». El error ocurrió durante la traducción al griego de la versión precristiana conocida como «Septuaginta». El hebreo ha’almah se traduce en la Septuaginta como parthenos, que realmente significa virgen. Así que tenemos que una adolescente María luego será virgen por culpa de una mala traducción. ¡Una vez más!

Teniendo en consideración todo lo anterior… ¿cómo es posible que existan posesiones con personajes mitológicos que nunca han existido y que fueron fruto de las invenciones cristianas?

Eso mismo me pregunto yo. ¿O es que estamos ante casos que corresponden a la psiquiatría moderna? La conclusión es más que evidente. No existe un solo caso de posesión real comprobado, el 100% de los casos son fruto de la mente humana.

El libro de Teresa lo deja claro. Aparece el caso de Anais, un apodo de una mujer de Lleida que, como creyente, dice estar poseída, asiste a misa diaria, y entra en trances. Me recuerda a los muchos casos similares que me encontré cuando investigaba sobre exorcismos para la revista Primera Línea, de Grupo Zeta, hace más de 20 años. Recuerdo el caso de una supuesta posesa de Sant Boi de Llobregat, donde casi me muero de la risa cuando la vi hablar supuestas lenguas muertas. Aún tengo en la memoria las conversaciones que me di con aquel supuesto demonio que la poseía. Por descontado acabé desviándola a un buen amigo médico psicólogo.

Los casos de xenoglosia están bien estudiados, gracias a los estudios realizados en el mundo protestante evangelista. Una xenoglosia es la capacidad de hablar en lenguas sin haberlas estudiado ni aprendido anteriormente. La glosolalia es una enfermedad que afecta al lenguaje y que consiste en la invención de palabras adjudicándoles un significado. Esos sonidos parecidos al lenguaje, de los grupos pentecostales, corresponden a una glosolalia; las profetisas de Delfos ya usaban este truco. Me hace mucha gracia cuando alguien que quiere dar crédito a sus infundadas creencias, te dice que el poseso hablaba sumerio. Claro, claro, ¿alguien sabe sumerio para saber si ese era el idioma? O cuando te dicen que tal o cual supuesto poseso, como me sucedió a mí, hablaba en latín y griego. Lo malo de quien me dijo aquello es que yo había estudiado estas dos lenguas en bachillerato, y sabía perfectamente que aquella “endemoniada” de Sant Boi no conversaba en estas lenguas.

Los frailes no dudan en achacar los males de sus demonios inventados al reiki o el yoga. Sí, tal y como se oye. Si alguien tiene la potestad del ritual son ellos, y no van a permitir que su negocio se desmorone con otro tipo de prácticas.

Anneliese Michel (Leiblfing, Baviera, Alemania Occidental, 21 de septiembre de 1952 – 1 de julio de 1976, Klingenberg am Main, Baviera) fue una mujer alemana y católica que fue sometida a un exorcismo en 1975 y que murió al año siguiente, tras negarse a continuar con el tratamiento médico y psiquiátrico que le habían encomendado durante los 7 años anteriores a su fallecimiento. Investigaciones posteriores determinaron que Michel presentaba cuadros de desnutrición y deshidratación; sus padres y los sacerdotes responsables fueron acusados de homicidio negligente. La investigación y el juicio subsiguientes atrajeron la atención del público y los medios de comunicación, debido a la decisión inusual de la Iglesia Católica de emplear un ritual de 400 años de antigüedad, algo que ha sido rara vez visto desde el siglo XVIII.

El caso de Anneliese demostró que sus padres y los curas habían provocado su muerte, ante lo que era un caso declarado de epilepsia. Por descontado los monjes salieron prácticamente indemnes, con una condena de 6 meses de cárcel, que se sustituyó por una simple fianza, que abonó el arzobispado alemán.

Afortunadamente, la misma Teresa reconoce al final de su libro que una buena parte de sacerdotes o incluso cardenales de la iglesia Católica no creen en la existencia del demonio. Lógico, como buenos teólogos saben cómo se gestaron sus invenciones. O que los supuestos endemoniados son todos creyentes, no existiendo un solo caso de un confeso ateo.

Dejo para el final una reflexión. A día de hoy se siguen practicando exorcismos en el Convento de Santa Catalina, de la calle Bailén número 10, de Barcelona, con el consiguiente perjuicio para estas familias creyentes. ¿No deberían prohibirse estas prácticas? ¿No hay unas leyes que protegen el abandono familiar para los menores? ¿Por qué no se realiza lo mismo, un tutelaje sobre personas afectadas de transtornos psicológicos y se deja en manos de los irresponsables de la iglesia Católica un tratamiento en forma de exorcismo peliculero?

En defintiva, «Cara a cara con Satanás» es un libro altamente recomendable para, cuando menos, forjarse una opinión fundada sobre el fenómeno de los exorcismos.

Ficha técnica:

Título original: Cara a cara con Satanás
Editorial: Apostroph, edicions i propostes culturals, S.L.
Calle Major, 14, pb. 1 25660 Alcoletge (Lleida)
www.apostroph.cat
Primera edición: octubre 2016
ISBN: 978-84-945229-2-5
Depósito legal: DL L 1316-2016
Páginas: 254
Encuadernación: rústica
Medidas: 23 x 15 cm
Precio: 18,50 Euros (IVA incluido)