JESÚS NO RESUCITÓ, SEGÚN SE DESPRENDE DE LOS EVANGELIOS ORIGINALES

Siempre me he preguntado en qué nos basamos para afirmar que Jesús resucitó de entre los muertos. O que Jesús fue llevado a una cueva por José de Arimatea y Nicodemo. Lo curioso de esta pregunta es que todos dan por sentado que los evangelios que sugieren esta historia son auténticos, que provienen de la época de Jesús, y que son poco más o menos que una fuente histórica.

Pero la realidad es bien diferente. Los evangelios más antiguos, próximos a la época de Jesús, que son los únicos que podrían haber estado escritos por allegados al personaje, no insinúan nada sobre una resurrección.

Para demostrarlo vamos a basarnos en las fuentes originales. Analicemos los evangelios conocidos a la luz de la lupa y lleguemos a unas conclusiones.

El papiro P52 o Papiro Biblioteca Rylands  (Papyrus Ryl. Gr. 457, i J. Rylands Library), también llamado “El fragmento de San Juan”, es el trozo de manuscrito escrito en papiro más antiguo del Nuevo Testamento hasta el momento y está conservado en la biblioteca John Rylands, Mánchester, Reino Unido.

Contiene un texto del Evangelio de Juan (18:31-33. 37-38) supuestamente escrito hacia el año 125. Está generalmente aceptado como el extracto más antiguo de un Evangelio canónico, convirtiéndose en el primer documento que, cronológicamente, concierne a la figura de Jesús de Nazaret. La parte delantera del pergamino (anverso) contiene versículos del evangelio de Juan 18:31-33, en griego, y la parte de atrás (reverso) contiene los versículos 37-38.

Sobre la datación del papiro no existe un consenso entre los eruditos críticos. El estilo de la escritura es fuertemente adriánico, lo que sugeriría una fecha entre el año 125 y el año 160. Pero la dificultad de fijar la fecha, solamente por paleografía, de una evidencia basada en un pequeño fragmento, permite un lapso de tiempo que se extiende desde el año 100 hasta la segunda mitad del siglo II; lo que, de todas maneras, indica que son copias manuscritas bastante cercanas a la época de los hechos allí relatados.

Veamos qué dice el único evangelio original de Juan que hemos encontrado.

Empecemos por el anverso. Se lee lo siguiente:

Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie». Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Y por el anverso se lee:

«Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él».

El Papiro 66, también llamado P66, es un códice casi completo del Evangelio de Juan, hallado en Egipto, que forma parte de la colección de papiros conocida como los papiros Bodmer. Está datado en el año 200.

El manuscrito contiene las siguientes secciones:
•    1:1-6:11
•    6:35b-14:26
•    14:29-30
•    15:2-26
•    16:2-4.6-7
•    16:10-20:20
•    20:22-23
•    20:25-21:9
•    21:12.17

Actualmente se encuentra en la Biblioteca Bodmeriana de Cologny-Ginebra, Suiza.

Karyn Berner y Philip Comfort sostuvieron que el P66 debió estar escrito por tres individuos: el original (escriba profesional), un corrector minucioso y un corrector menor, debido a las variantes lingüísticas de una misma palabra.

Lo curioso de este P66 es que no incluye la perícopa de la adúltera, es decir, al igual que en todos los evangelios antiguos, no se menciona en parte alguna que una mujer adúltera deba ser apedreada por los fariseos. Jesús no evita esta ejecución porque, sencillamente, es una interpolación de siglos posteriores para hacernos parecer a Jesús más humano con las mujeres. Este pasaje sólo se da en la Vulgata del siglo IV, o sea que se trata de una interpolación de Jerónimo de Estridón.

El Papiro 75 o P75 (Papiro Bodmer XIV-XV) es un papiro del Nuevo Testamento en griego antiguo. Contiene cerca de la mitad del texto de dos Evangelios: el de Lucas (Papiro Bodmer XIV) y el de Juan (Papiro Bodmer XV) en griego. Está fechado en Nestle-Aland (27a. edición, NA27) como un manuscrito a principios del siglo III. El manuscrito está actualmente en la Biblioteca Vaticana (P. Bodmer XIV-XV) en Roma.

El Papiro 45 o P45 (P. Chester Beatty I) es un manuscrito antiguo del Nuevo Testamento que es una parte de los Papiros Chester Beatty. Probablemente fue creado cerca del año 250 en Egipto. Contiene el texto de Mateo 20-21 y 25-26; Marcos 4-9 y 11-12; Lucas 6-7 y 9-14; Juan 4-5 y 10-11; y los Hechos 4-17. Se conserva en la Biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, a excepción de una hoja que contiene Mateo. 25:41-26:39 que está en la Biblioteca Nacional de Austria, en Viena (Pap. Vindob. G. 31974).

Los unciales ya son posteriores. Con lo que tenemos que el único evangelio que podríamos atribuir a Juan por su fecha (aunque algo tardía, año 125) es el P52. Si bien se aprecia la mano de 3 autores diferentes.

Con todo, el P52 no habla de resurrección alguna. El P66, P75 y P45 son bastante posteriores, y parecen evangelios escritos por un sinfín de escribas y con interpolaciones que no debieron existir en el primer original.

El 7Q5 es la manera como se codifica uno de los restos de papiro bajo el número 5 de la séptima cueva de Qumram. Fue uno de los múltiples restos de papiro descubiertos entre 1947 y 1955. El papiro está escrito en griego por un sólo lado en tinta negra y es de color castaño grisáceo. Su tamaño es el de una estampilla con una dimensión de 3,9 centímetros de altura máxima con 2,7 centímetros de anchura máxima. Sólo tiene 20 letras. Y eso ha servido al papirólogo Josep O’Callaghan Martínez para afirmar que estamos ante los fragmentos de Marcos 6,52-53, datados en el año 68, pero ello no es concluyente por el escaso texto y por el mal estado del mismo. Se encuentra en el Museo de Israel.

Pero cómo se data el evangelio de Marcos, más allá del 7Q5. Ateniéndose a lo llegado hasta la fecha, se dice que tiene que ser del año 71, considerando que el pasaje conocido como “Pequeño Apocalipsis” o “Apocalipsis Sinóptico” (Marcos 13) es un vaticinium ex eventu y fue por tanto escrito después de la destrucción de Jerusalén por el ejército romano en el año 70.

En los versículos 1-4 (Marcos 13:1-4) Jesús profetiza la destrucción del templo; poco después (Marcos 13:5-8) menciona “guerras y rumores de guerras”, pero, dice “aún no es el fin”. En los versículos siguientes Jesús profetiza que el Evangelio será predicado a todas las naciones y que los cristianos serán perseguidos: ambas cosas describen, según Robert Funk, el presente de las comunidades cristianas en el momento en que Marcos redacta su evangelio.

En otras palabras, sería del año 71 ateniéndonos a que el original fuera encontrado. ¿Pero dónde está el original?  Sólo tenemos el P45 y es del año 200. No hay original antiguo.

Pánfilo y Eusebio se ocuparon juntos de la lectura crítica de las Escrituras tal como eran presentadas en la versión de la Biblia llamada la Septuaginta. Se dedicaron al estudio del Antiguo Testamento y especialmente del Nuevo Testamento. Efectivamente, parece que uno de los manuscritos de la Septuaginta preparado por Orígenes, habría sido trabajado y revisado por los dos, según San Jerónimo.

Para facilitar la búsqueda de los textos evangélicos, Eusebio dividió la versión de las Escrituras que tenía en su poder en párrafos que remetían en una tabla sinóptica, para así encontrar los versículos que se referían mutuamente.

O sea que la traducción que tenemos en el actual Nuevo Testamento, sea la versión que sea, es la de los copistas de Eusebio de Cesarea. Tenemos que creer que Eusebio disponía de los originales, a pesar de no haber sido localizados. Y estamos hablando del año 300.

¿Podemos dar por buena la copia de Eusebio de Cesarea del Evangelio de Marcos, escrita en el año 300? Es evidente que no.

El Evangelio de Lucas, o Evangelio según Lucas es el tercero y más extenso de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento bíblico. Relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte y resurrección. Termina con un relato de su ascensión.

La mayoría de los autores sitúan la composición de este evangelio en la década de los 80 d.C., debido a que suponen que Lucas 21, donde se describe la destrucción del Templo de Jerusalén, acontecida el año 70, es una narración post eventum; es decir, que Lucas estaría poniendo en boca de Jesús una profecía que ya se había cumplido. Todo ello teniendo en cuenta que encontráramos el original.

¿Pero tenemos el original de Lucas?

No. Sólo un fragmento del P45.

El texto que nos ha llegado hasta hoy casi todo proviene del Códice Alejandrino. Este códice (Codex Alexandrinus) es un manuscrito del siglo V de la Biblia Griega, conteniendo la mayor parte de la Septuaginta y del Nuevo Testamento. Junto con el Codex Sinaiticus y el Codex Vaticanus, es uno de los primeros y más completos manuscritos de la Biblia. Deriva su nombre de la ciudad de Alejandría, donde se cree que fue hecho. En 1627 el patriarca de Constantinopla, Cirilo Lukaris, quien fue previamente patriarca de Alejandría, presentó el Codex a Carlos I de Inglaterra.

Pero habíamos mencionado más arriba que el Papiro 75 contiene versículos de Lucas. En concreto 3:18-24:53. Este manuscrito, el más antiguo de Lucas, es del siglo III.  Es más, la controversia está servida. La frase de 23:34 tiene omitidas las palabras: “Y Jesus dijo: Padre, perdónalos, ellos no saben lo que hacen”.

Esta omisión que ya se había visto en el Códice Sinaítico (uncial, del año 330) es importante, ya que los exégetas de la iglesia se basan en este texto para darnos la siguiente interpretación:

En Jesús crucificado caben todos los hombres. Toda la miseria y sufrimiento humanos están en Él. En este sentido, todos los hombres están en Cristo. En la ignominia y escándalo de la cruz se ha mostrado cómo Dios mismo, en la Persona del Hijo, ha planificado la naturaleza humana, pues para resucitar ha pasado por la muerte como la más profunda experiencia humana. Es en este momento de abandono en la muerte, a la puerta de la nada, que Jesús perdona a sus verdugos. Con este signo de caridad ha mostrado la perfección del amor, que desea el bien, y nos ha enseñado a hacer lo mismo”.

En resumidas cuentas, si el texto está interpolado, pues el más antiguo ni lo menciona, Jesús no vino siquiera a perdonarnos nuestros pecados.

¿Y qué pasa con el último evangelio reconocido? ¿El de Mateo?

La datación de la mayoría de los especialistas contemporáneos sitúa hacia el año 80 a 90 la redacción de este evangelio en su versión griega conocida hoy.

Una de las principales razones esgrimidas para esa datación es que difícilmente se habría consignado la profecía de Jesús de Nazaret sobre la destrucción del templo de Jerusalén (acaecida en forma efectiva por parte de las legiones romanas de Tito en el año 70) de la forma que el Evangelio de Mateo la contiene si ésta no se hubiese cumplido.

O sea, estamos ante el mismo caso de Marcos y Lucas.

Las dataciones más tardías están limitadas por los papiros P64 y P67 (datados del año 200).

El Papiro Magdalena o Papiro Magdaliniense es el conjunto de los fragmentos: P64 y P67 (en la numeración Gregory-Aland). Estos fragmentos en papiro transmiten parte del Evangelio según Mateo. Fue comprado en Luxor, Egipto, en 1901 por el Reverendo Charles Bousfield Huleatt (1863–1908), identificó los fragmentos en griego como porciones del Evangelio según Mateo (3, 5, 26) y los presentó al Colegio Magdalena, Oxford, en donde los catalogaron como P64 y P67.

Los pasajes 3, 5, 26 no mencionan la resurrección de Jesús. Tratan de la entrega de Jesús, nada más.

Entonces, ¿quién diantres redactó este evangelio, el de Mateo, como lo conocemos hoy? Una vez más la respuesta la tenemos en Eusebio de Cesarea.

Una hipótesis de algunos teólogos señala que Mateo habría redactado un primer escrito en arameo, que no se ha conservado. Eusebio de Cesarea cita palabras de Papías de Hierápolis: «Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno los interpretó [tradujo] conforme a su capacidad» (Hist. Ecl. III,39,16).

Como este texto de Mateo, copiado por Papías de HIerápolis en hebreo, es mencionado por Eusebio de Cesarea, Ireneo de Lyon hacia el 180, y Clemente de Alejandría hacia el año 200, se presupone que debió existir, aunque tampoco lo tenemos.

¿Podemos presumir por ello que el texto de Papías de Hierápolis, del 125, aludía a la resurrección de Jesús? Pues como no lo tenemos, no podemos decirlo. Es más, Eusebio de Cesarea tampoco habla de ello.

Vayamos resumiendo todo este embrollo. Las traducciones de los evangelios actuales se basan en las copias de Eusebio de Cesarea en el siglo III y en la Vulgata redactada en el sigo IV. ¿Podemos dar por buenas versiones, en su mayoría interpoladas, escritas más de 300 años después de haber muerto Jesús?

¿Y qué ocurre con los papiros griegos señalados en este artículo? Pues que disponemos de fragmentos, no de textos completos, que sólo nos han servido para realizar dataciones. Es más, sólo podemos dar por bueno el más antiguo, el P52, el de Juan, y encima ni menciona la resurrección de Jesús.

Así que sólo tenemos un texto, el P52, que por su antigüedad podría ser una fuente histórica. Y no obstante no afirma nada de una resurrección de Jesús.

Concluyendo, sometido todo a un análisis, podemos rematar lo siguiente: ni Jesús vino a perdonar nuestros pecados (pues se ha demostrado que eso es una interpolación que no estaba en el original, P75) ni resucitó de entre los muertos.

Como siempre digo, una cosa es la fe y otra bien distinta  la historia. A pesar de que esta historia es comprobable por todos los que quieran acercarse a la verdad, al creyente le dará igual que sea así, pues su fe no le permite ver otra cosa que lo que siempre ha querido creer. Mientras el taimado pastor o sacerdote dará por bueno lo que siempre se ha dicho por alusión u omisión, no vaya a ser que se le desmonte el cuento del que ha vivido toda la vida.

CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

3 comentarios

  1. Vas muy bien con tu investigación, pero aún no es concluyente, debes agrupar aún más evidencia que simplemente los manuscritos más antiguos. Debes tomar también lo que se llama las copias testigo ¿Has tratado de considerar no sólo el testimonio de los evangelios, sino también el testimonio de San Pablo en sus cartas? ¿Has revisado el libro de los Hechos el cual fue Escrito por San Lucas? ¿Has considerado evaluar los Escritos de los Padres apostólicos como Policarpo de Esmirna y Justino Martir? Has comenzado con la primer parte de la evidencia, ¿por qué no continúas con tu investigación? La omisión de pruebas no es concluyente. Sólo has analizado los fragmentos en más mal estado, aunque son los más antiguos siguen siendo los de más mal estado.

    Sigue adelante y ánimo!

  2. Walter hugo albornoz

    29 abril, 2018 a las 00:20

    Walter hugo:::O sea…….el nuevo testamento…un fracaso total….segun tu punto de vista….y evidentemente un DIOS no todopoderoso,porque su palabra se diluyó en el tiempo

  3. Practicamente adecir verdad, Esa investigacion tiene lógica y precision.

    Se dice qué Jesús resucitó y ascendió, cómo explican qué descendio al infierno?? Se contradice la misma dictadura biblica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *