El Evangelio de Juan, también llamado Evangelio según san Juan o Evangelio según Juan, y conocido como «el cuarto evangelio», es uno de los evangelios canónicos constitutivos del Nuevo Testamento, caracterizado por las marcadas diferencias estilísticas y temáticas, y por las divergencias en su esquema cronológico y topográfico respecto de los otros tres, llamados evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). El Evangelio de Juan no solo contiene muchos pasajes sin equivalente en los otros evangelios canónicos, sino que aun los pasajes con cierta similitud son presentados de forma totalmente diversa en cuanto al contenido, al lenguaje, a las expresiones y giros con que predica Jesús de Nazaret y a los lugares de su ministerio. La tradición apostólica atribuye la autoría de este evangelio a Juan el apóstol y evangelista aunque, dada la falta de unidad en su redacción final, el estilo y la fecha supuesta de redacción (en torno al año 90 d.C.), entre otros puntos, se cuestiona tanto la autoría en sí como sus alcances (redactor, comunidad responsable). Existe la posibilidad de que el Evangelio de Juan fuera fruto de la comunidad fundada alrededor de uno de los discípulos de Jesús, presentado en el evangelio con el título de «discípulo a quien Jesús amaba», seguramente la de Éfeso.

La opinión de los especialistas, a finales del siglo XIX y principios del XX, era que el evangelio de Juan había sido escrito en el último cuarto del siglo II. Esta era la opinión de acreditados especialistas como Baur y de la Escuela de Tubinga. Sin embargo, en 1935 el papirólogo británico Colin H.Robert publicó el fragmento del papiro P52. Este papiro fue datado en el año 125, y ello obligó a replantear totalmente la fecha de la redacción del evangelio de Juan. Este papiro no sólo desplazaba la redacción del evangelio de Juan en medio siglo (de finales del siglo II al año 125). El efecto era todavía mayor. Al ser el papiro P52 de procedencia egipcia (a 1000 Km de donde Juan lo habría escrito), había que conceder un espacio de tiempo para la divulgación del evangelio, su aceptación y finalmente su copia por parte de los cristianos que allí residían. Así, y únicamente como consecuencia del descubrimiento del papiro P52, el final del siglo I (80 o 90) es la fecha más tardía de la redacción del evangelio de Juan.

El papiro P52, también llamado “El fragmento de San Juan”, es el trozo de manuscrito escrito en papiro más antiguo conocido del Nuevo Testamento hasta el momento y está conservado en la biblioteca John Rylands, Mánchester, Reino Unido. Contiene un texto del Evangelio de Juan (18,31-33. 37-38) supuestamente escrito hacia el año 125.

El Evangelio según Marcos o Evangelio de Marcos (abreviado, Mc) es el segundo libro del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana.

Es el más breve de los cuatro evangelios canónicos y también el más antiguo según la opinión mayoritaria de los expertos bíblicos.

Entre los estudiosos existe un amplio consenso en datar el Evangelio de Marcos a finales de los años 60 del siglo I d.C., o poco después del año 70 d.C.  Su autor es desconocido, aunque una tradición cristiana tardía lo atribuye a Marcos, personaje citado en otros pasajes del Nuevo Testamento. Narra la vida de Jesús de Nazaret desde su bautismo por Juan el Bautista hasta su resurrección.

No existen pruebas definitivas acerca de quién fue el autor de este evangelio. El texto no incluye ninguna indicación sobre su autoría.

La tradición cristiana, sin embargo, ha atribuido el evangelio a Marcos, discípulo de Pedro. La base de esta tradición se encuentra en algunas referencias de los primitivos autores cristianos a la idea de que Marcos puso por escrito los recuerdos del apóstol Pedro. Eusebio de Cesárea, que escribió a comienzos del siglo IV, cita en su Historia eclesiástica un fragmento de la obra hoy perdida de Papías de Hierápolis, de comienzos del siglo II. Papías, a su vez, remonta su testimonio a Juan el Presbítero.

y el anciano decía lo siguiente: Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero no en orden de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino, como dije, después a Pedro. Éste llevaba a cabo sus enseñanzas de acuerdo con las necesidades, pero no como quien va ordenando las palabras del Señor, más de modo que Marcos no se equivocó en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso
Eusebio, Hist. Ecl. III 39.

En el año 1972 el papirólogo español José O’Callaghan publicó un artículo en el que identificaba el papiro 7Q5, encontrado en la cueva número 7 de Qumram, como un pasaje del evangelio de Marcos.

La identificación del papiro 7Q5 encontrado en Qumram como un fragmento de Marcos supone igualmente que es necesario el retrasar también el año de redacción de este evangelio. Las cuevas de Qumram se clausuraron el año 68, por lo que el evangelio es ya anterior a dicho año. Pero además el fragmento 7Q5 ha sido datado como  no más tarde del año 50. Esto supondría que el evangelio de Marcos existía ya a mediados del siglo I, posiblemente en  el año 40.

El Evangelio de Mateo es uno de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento.

En 1994 el papirólogo alemán Carsten Peter Thiede procedió a publicar una nueva datación del papiro P64, también conocido como el papiro del Magdalen College de Oxford. Este  papiro, identificado sin ninguna duda como un fragmento del evangelio de Mateo, hasta entonces se databa alrededor del año 200. Sin embargo, según Thiede, un análisis de la escritura griega y una comparación detallada con la caligrafía de otros manuscritos obligaban a datar este papiro  en el siglo I, alrededor del año 75, como muy tarde. Esta datación es muy controvertida, dado que la opinión mayoritaria de los  especialistas no sitúa la redacción del evangelio de Mateo hasta unos años más tarde.

La datación de la mayoría de los especialistas contemporáneos sitúa hacia el año 80 a 90 la redacción de este evangelio en su versión griega conocida hoy.

Una de las principales razones esgrimidas para esa datación es que difícilmente se habría consignado la profecía de Jesús de Nazaret sobre la destrucción del templo de Jerusalén (acaecida en forma efectiva por parte de las legiones romanas de Tito en el año 70) de la forma que el Evangelio de Mateo la contiene si ésta no se hubiese cumplido ya. La destrucción del templo fue un hecho que caló tan profundamente en el animus judío, que se suelen diferenciar con cierto grado de certidumbre las obras anteriores de los posteriores a esa fecha por la forma en que aluden a ese acontecimiento notable. En el Evangelio de Mateo, la destrucción del templo de Jerusalén aparece como profecía directa (Mateo 24:1-2) e incluso hay referencias indirectas (tal lo presupuesto en otros pasajes, como Mateo 23:38 o en forma de parábola en Mateo 22:7). De allí la dificultad que encuentran la mayoría de los autores para pensar en una composición anterior al año 80.

El Evangelio de Lucas, o Evangelio según Lucas es el tercero y más extenso de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento bíblico. Relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte y resurrección. Termina con un relato de su ascensión.

La mayoría de los autores sitúan la composición de este evangelio en la década de los 80 d.C., debido a que suponen que Lc 21, donde se describe la destrucción del Templo de Jerusalén, acontecida el año 70, es una narración post eventum; es decir, que Lucas estaría poniendo en boca de Jesús una profecía que ya se había cumplido. Así, refiriéndose al templo Jesús dice: «llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» y, respondiendo a la pregunta de cuándo sucedería responde: «Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato» y «Se levantará nación contra nación y reino contra reino».

Sin embargo las dataciones más tardías tienen que explicar varios datos que parecen querer una datación anterior:

  • La presencia de este evangelio en el papiro P75 (hacia el año 200) y la mención del evangelio de Lucas que hacen Ireneo de Lyon y el Fragmento muratoriano hacia el año 180 es extraña si fuera de finales del siglo I; es poco tiempo para haberse difundido tanto.
  • La conclusión abrupta de los Hechos de los Apóstoles, segunda parte de la obra, donde, contrariamente a lo que se esperaría, no se narra la muerte de Pablo, parecería indicar que Pablo no habría muerto aún cuando se compuso. Pablo murió bajo Nerón hacia el año 64. Sin embargo quienes sostienen la datación tardía explican que Lucas este final abrupto es sólo aparente, pues Lucas querría demostrar que el Evangelio llegó hasta los confines de la tierra, y esto lo logra cuando Pablo llega a Roma. De modo que, aunque Pablo hubiese muerto, Lucas habría escrito este final.
  • La sección “nosotros” de los hechos: Si Lucas viajó con Pablo, en los años 50, no pudo sobrevivir demasiado tiempo al apóstol.
  • Parece que Lucas no conoce las cartas de Pablo, ya extendidas a finales del siglo I d.C. (como atestigua la segunda epístola de Pedro, pues si fuese así no daría datos que contrastan con éstas.

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