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LAS BRUJAS DE LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI

En 1608 el tribunal inquisitorial de Logroño abarcaba tan amplias tierras que era necesario andar cinco jornadas a uña de caballo para poder recorrerlas de punta a cabo: toda la Navarra, el territorio vascongado, la diócesis de Calahorra, de Santo Domingo de la Calzada, parte de Osma y algo del Arzobispado de Burgos; pero si grandes eran las tierras de su encomienda, mayor era su poder, cuyos tentáculos alcanzaban más allá de Ainhoa y Sare aldeas pertenecientes a la diócesis de Bayona.

Por esas fechas, en un pequeño rincón de este vasto territorio, rayano con la frontera francesa, un clérigo de mirada torva y delirios de santidad: fray León de Araníbar, abad del monasterio premostratense de Urdax, desató la más descabellada  caza de brujas que jamás se haya conocido en tierras navarras.

La cosa empezó con veladas amenazas entre vecinos por rencillas de herencias o lindes mal trazados; luego vinieron las denuncias ante el abad por blasfemias dichas al calor de una disputa: blasfemias tan comunes como darse al Diablo, mandar a alguien a las llamas del Infierno, dudar de que Dios pudiera salvar boca tan mentirosa o llamar a un cristiano viejo «marrano comedor de niños», para pasar a acusaciones formales de haber visto a gentes del pueblo en celebraciones salvajes las vísperas de San Juan y fechas parejas, lo que llevó al reverendo a encaramarse en el púlpito y clamar contra el Maligno, contra sus amantes y lacayos a los que sacralizó con una terrible palabra: brujos; y esto no fue más que el comienzo de una espantosa locura colectiva.

Pero los hechos se precipitaron definitivamente cuando a primeros de enero de 1609,  don Juan de Monterola, comisario de la Inquisición en el pueblo de Arano, asistido de un notario y seis hombres armados, se presentó a instancias de fray León en el pueblo de Zugarramurdi para levantar acta de las declaraciones hechas por ocho feligreses, testigos de la confesión pública que hicieran cuatro mujeres del lugar en la iglesia, de haber practicado las malas artes de la brujería  y haberse dado al Diablo por aquellos montes y aquellas cuevas en fechas recientes.

El día 27 del mismo mes ingresaron las acusadas en las cárceles secretas de la Inquisición de Logroño y, a partir de este momento, todo fue rodando hasta acabar en un solemne Auto de Fe que tuvo lugar el 7 de noviembre de 1610 donde fueron condenadas unas cincuentena personas acusadas de la más variopinta sarta de maldades brujeriles y satánicas.

La cosa acabó tan mal, que basta leer la Cautela Inquisioral, traída por Zacaróas Covaleda, para darse cuenta del pensar de la Santa Iglesia respecto a estos temas:

A los Reverendísimos Señores Inquisidores de Logroño:

Encarecidamente les rogamos que atiendan  a las siguientes conclusiones habidas en este  Tribunal,  dadas por fiscales y asesores del mismo, a la vista de las condenas hechas en el Auto de Fe acaecido en esa ciudad el año de 1610.

Por esto venimos a pronunciar y pronunciamos:

Que  los señores Inquisidores procederán en todo momento según los criterios  que  ordenare la Santa Madre Iglesia, las doctrinas de sus Pastores  y lo que corresponda a  la buena fama de sus fieles.

Que en las causas de brujos que se ofrecieren de aquí en adelante inquieran y se informen bien antes de denunciar los hechos que se les achacan:  si las  muertes de criaturas y personas que los brujos confiesan haber hecho sucedieron realmente  en  aquellas  noches como dicen, no sea que previamente  estuvieran enfermos, o que hubiera algún accidente o causa  para  que  murieran  de  muerte  natural  o  violentamente.  Que para ello examinen físicos y peritos en medicina si hallaron  señales  en  los  cuerpos  u otras circunstancias para saber de qué murieron.

Item, que recaben mejor información por donde entran y salen en las casas cuando dicen acudir a sus aquelarres. Que procuren saber si van realmente a hacer los daños que dicen,  y  si  hay  alguno que no sea de ellos que  los haya visto de  día o  de  noche en sus juntas o haciendo algún maleficio.

Item, que se informen de los dueños de ganados si es verdad que murieron y cómo fue lo de las reses, y qué señales hallaron en ellas.

Item, que anoten  las devastaciones  y daños que confiesan haber hecho en los trigos, frutos y campos, si los vieron o hallaron dañados, o si en aquellos tiempos vino piedra, niebla o algún mal aire o hielo que fuese causa de la perdición de dichos campos. Si esto sucedió en invierno,  en verano, o en el tiempo en que naturalmente suelen venir estos accidentes.

Item, que los Inquisidores adviertan a los predicadores y den a entender a las gentes, que  el perderse los panes u otros daños  en los frutos nos los envía Dios por nuestros pecados y por la disposición del tiempo, como acontece en otros lugares que no hay brujos, y que es grande inconveniente imaginarse que estas cosas y otras enfermedades las hagan solamente estas personas.

Item, que los Inquisidores hagan diligencias y averiguaciones para verificar si  estas gentes se juntan solos, o si en aquellas noches que confiesan ir a los aquelarres  van con el Demonio, o se quedan en sus casas sin salir de ellas, lo que se podrá saber por personas vecinas. Y si se untan algún ungüento,  saber si es para ir corporalmente a las reuniones o es para dormirse. O qué diferencia hay entre el unto para volar e ir al aquelarre y los polvos y el agua amarilla que usan para provocar los maleficios.

Item, que cuando uno acuda a declarar de sí o de otros, se escriba puntualmente lo que dijere y le pregunten qué causa le ha movido a hacer tal declaración. Si han sido forzados, persuadidos o atemorizados y si tienen enemistad con la tal persona denunciada.

Item, que estén advertidos si lo que confesaren y testificaren los de esta secta de brujos se puede comprobar con otras personas ajenas a los cómplices, o que las hayan hecho en diferente tiempo y lugar del que dicen haber ido y estado en sus juntas y aquelarres.

Item, que las revocaciones que hicieren los reos y testigos antes o después de ser reconciliados o sentenciados se consideren  con mucha puntualidad y se ponga en los procesos, recibiéndoles con toda blandura  para  que con más libertad puedan descargar sus conciencias, sin que les estorbe el miedo que comúnmente se tiene de ser castigado por semejantes revocaciones, y que  esta orden se dé a los Comisarios del Santo Oficio para que lo cumplan y remitan al Tribunal.

Item, que en viniendo cualquier persona, hombre o mujer, de edad legítima que según derecho en los hombres es de catorce años arriba, y de doce en las mujeres, según su propia y espontánea voluntad, sin haber precedido violencia, fuerza ni temor ninguno, sea acogida con palabras de amor y caridad, mostrando señales de dolor y arrepentimiento, confesando sus errores de haber ido a aquelarres, solos o acompañados y haber hecho reverencia y acatamiento del Demonio que aparecía en signos diferentes tomándole por señor, renegando de Dios, del Bautismo y de las creencias de todo buen cristiano.

A  tales personas se les preguntará cuántos años llevan en la apostasía y si fuera de las noches que van, si han perseverado de día, despiertos, en adorar al Demonio. Y si para ir a los aquelarres se han untado o hecho actos encaminados a ir a adorar al Demonio y mantenerse en la apostasía de la fe.

A los que hicieren espontáneas confesiones, se les reconciliará sin confiscación de bienes. Y a los que confesaren no haber perseverado después de despiertos en la herejía, se les medicine las almas absolviéndolos ad cautélam, tal como se hace con los extranjeros luteranos holandeses, escoceses e ingleses que están en algunos presidios por herejes.

Item, que aquellas Justicias seglares o eclesiásticas que hubieren conocido o comenzado un proceso, se lo remitan al Santo Oficio. Y estén muy advertidos los Inquisidores, si los tales reos o testigos fueron antes atormentados  por dicha Justicia y la manera del tormento, porque si los indicios no fueran bastantes, se vea cuánta fe se puede dar a tales confesiones forzosas.

Item, que todas las testificaciones y probanzas hechas se suspendan para que,  empezando unas nuevas, no se proceda contra ninguno por las testificaciones ni se tenga por anotado en el Santo Oficio. Si sobreviene otra testificación, que se acumule a las existentes para que  juntas se voten en el tribunal, excepto cuando se suspendiere la causa.

Item, y que cuanto a las personas que murieron en las cárceles o fuera de ellas estando pendientes sus causas, que no las prosiga el Fiscal y no les conste a sus descendientes para cosas y oficios honrosos.

Item, que las personas que en el Auto de Fe de 1610 fueron relajadas al brazo secular y de los que fueron reconciliados, no se pongan los sambenitos en ningún  tiempo o lugar, ni se les confisquen los bienes y se adicionen a sus procesos estas resoluciones para que no les obste a los hijos ni descendientes para un oficio de honra o del Santo Oficio.

Item, que los Inquisidores dejen libremente actuar a la Corte de Navarra y a cualesquiera otra  Justicia  proceder  y  castigar los delitos de brujería sin  impedírselo  por  ninguna vía judicial, ni medios particulares.

Item, que a los Confesores y Curas se les dé orden por medio de los Comisarios y se les advierta  de  palabra la moderación y templanza con que han de proceder sin excederse en  ninguna cosa más de lo que va puesto en estas Instrucciones, ordenándoles lo guarden  con toda  puntualidad. Que no prohíban la comunión de los Sacramentos a los que estuvieren anotados en esta secta de brujería hasta que por el Santo Oficio se mande otra cosa.

Item, que de todas las Cartas e Instrucciones del Santo Oficio se saque copia y cuaderno continuado para que así junto se halle a mano y estén advertidos para los casos que se ofrecieren en adelante.

Dado en Madrid, a 29 de Agosto de 1614

Desde los altos del puerto de Otsondo, en Navarra, en un día claro, casi puede verse el mar si la selva de hayas y robles que lo visten te permiten otear el horizonte. A sus pies, tras una endiablada pendiente, salen al paso Urdax y Zugarramurdi, dos pueblecitos que saben de leyendas, cuevas y conjuros, sambenitos y otros misterios que se dieron hace cuatrocientos años, cuando empezó a hablarse de brujas y demonios por aquellos caseríos.

Las sorguiñas, mujeres de aspecto huraño, iban y venían de uno al otro lado de la muga en un tránsito de pueblos vecinos para acudir a esas reuniones que pronto los inquisidores conocieron como akelarres: fiestas a campa abierta sin otra pretensión que bailar y danzar hasta el amanecer al son del txistu, los atabales y el tamboril.

Pero todo se torció cuando la Inquisición pretendió ver un culto al Diablo  en esas celebraciones nocturnas que reunían a gentes venidas de los alrededores en torno a una hoguera, en las que se comía, se bebía y fornicaba a pierna suelta con la sana intención de olvidarse por una noche del duro trabajo de cada día.

El Diablo en forma de macho cabrío se les aparece para sodomizarlas y hacer escarnio en nuestra santa religión -rugía fray León de Araníbar desde su abadía de Urdax-, y ellas se complacen en ofrecer los cuerpos para satisfacer sus deseos nefandos.

Pronto  se corrió la voz de que la Inquisición necesitaba nuevas brujas para las hogueras de Logroño y los párrocos de la ribera del Baztán, desde Elizondo a Vera de Bidasoa, se  aprestaron  a complacerlos predicando rigurosos edictos que pusieran coto a una depravación imaginada, porque nadie tenía noticia de que realmente existieran las mal llamadas sorguiñas.

Aquella locura fue el comienzo, el Auto de Fe, la quema y todo lo demás vino después.

Lo cierto es que, a lo largo y ancho de una Europa obsesionada por la salvaguarda de unos valores religiosos fanatizados, fueron quemados cientos de pobres hombres y mujeres cuyo mayor delito era, precisamente, ése: ser pobres.

En medio de esta orgía descabellada de sangre y fuego que llamaban Auto de Fe, aparecen unos protagonistas involuntarios y malquistos: los verdugos; gente del pueblo mal pagada y aborrecida que se limitaban a cumplir con su cruel cometido: el de ajusticiar a otros cristianos en nombre de la Religión.

Pues bien, aparte lo anterior, hete aquí que por primera vez en mucho tiempo he localizado una copia íntegra del Malleus Maleficarum, o lo que es lo mismo, El Martillo de los herejes, la obra que sirvió a la Inquisición para desatar la caza de brujas en España, el exterminio de todos aquellos que servían para consolidar a una Iglesia sedienta de sangre y con las ganas de quien no quiere perder el poder.

Veamos, lo que dice la Wikipedia del Malleus Maleficarum:

El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas), es probablemente el tratado más importante que se haya publicado en el contexto de la persecución de brujas y la histeria brujeril del Renacimiento. Es un exhaustivo libro sobre la caza de brujas, que, luego de ser publicado primeramente en Alemania en 1486, tuvo docenas de nuevas ediciones, se difundió por Europa y tuvo un profundo impacto en los juicios contra las brujas en el continente por cerca de 200 años. Esta obra es notoria por su uso en el período de la histeria por la caza de brujas que alcanzó su máxima expresión desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII.

El Malleus Maleficarum fue compilado y escrito por dos monjes inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, quienes aseguraron en el libro que les habían sido otorgados poderes especiales para procesar brujas en Alemania por el Papa Inocencio VIII, por medio de un decreto papal del 5 de diciembre de 1484; pero este decreto había sido emitido antes de que el libro fuese escrito y antes de que sus planeados métodos fueran dados a conocer.

Kramer y Sprenger presentaron el Malleus Maleficarum a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia el 9 de mayo de 1487, esperando que fuese aprobado. En cambio, el clero de la Universidad lo condenó, declarándolo tanto ilegal como antiético. Kramer, no obstante, insertó una falsa nota de apoyo de la Universidad en posteriores ediciones impresas del libro. La fecha de 1487 es generalmente aceptada como la fecha de publicación, aunque ediciones más tempranas de la obra pudieron haber sido producidas en 1485 o 1486. La Iglesia proscribió el libro poco después de la publicación, ubicándolo en la Lista de Obras Prohibidas (Index Librorum Prohibitorum). A pesar de esto, en todo caso, entre los años 1487 y 1520, la obra fue publicada 13 veces. Después de unos 50 años, fue nuevamente publicada, entre 1574 y la edición de Lyon de 1669, un total de 16 veces. La supuesta aprobación que aparece al inicio del libro contribuyó a su popularidad, dando la ilusión de que se le había otorgado un respaldo garantizado.

Con todo, el texto llegó a ser tan popular que vendió más copias que cualquier otro, aparte de la Biblia, hasta que El Progreso del Peregrino, de John Bunyan fue publicado en 1678.

Los efectos del Malleus Maleficarum se esparcieron mucho más allá de las fronteras de Alemania, causando gran impacto en Francia e Italia, y, en menor grado, en Inglaterra.

Lo que viene a continuación, más abajo, es el libro en PDF, en rigurosa primicia para los lectores de este blog.

Malleus Maleficarum (primera parte)

Malleus Maleficarum (segunda parte)

Esta aventura está dedicada a Laura, mi compañera de aventuras, que me arrastró hasta Zugarramurdi en el invierno del 2008, descubriéndome un paisaje idílico y una historia que no conocía. Aparte de la visita obligada a las cuevas de Zugarramurdi recomiendo el turismo rural, donde por muy poco se puede disfrutar de una casa rural con todo tipo de lujos, chimenea y leña para pasar las noches frías. Más información sobre casas rurales en Navarra.

Más info y alojamientos en: http://www.haitzetxea.es/Cuevas%20y%20museo/cuevas.htm
y http://www.xareta.es/cuevas/cuevas.htm

EL BARRIO JUDIO DE BARCELONA

Las juderías surgieron en principio como resultado de la intolerancia practicada por los cristianos y del deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad. El papa Pablo IV creó la primera judería legal en Roma en el año 1555. Juderías similares fueron creadas en la mayoría de los países de Europa durante los tres siglos siguientes. Solían estar rodeadas por murallas y sus puertas se cerraban al anochecer. En muchos casos los judíos estaban obligados a llevar un identificativo cuando salían fuera de su recinto. La abolición de este sistema se produjo a raíz de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX. En 1870 la judería de Roma, la última legal que quedaba en Europa, fue abolida por Víctor Manuel II, rey de Italia.

Call , como se les conoce en catalán, y  del hebreo kahal (???), es la palabra utilizada en para designar las juderías o barrios judíos. Sólo hace referencia al espacio físico, en ningún momento se utiliza este término como sinónimo de comunidad judía.

Los calls más importantes fueron los de Barcelona, Girona y Palma de Mallorca.

El Call de Barcelona estaba en el actual Barrio Gótico, en los alrededores de la catedral. Era el call más grande, con una población de unas 5.000 personas. Entre la plaza de Sant Jaume y la calle de Sant Honorat se encontraba una de las dos puertas de la judería. La actual calle de Sant Domènec del Call era la arteria principal del barrio. Debe su nombre a la destrucción del mismo, que tuvo lugar a consecuencia de un linchamiento el 5 de agosto de 1391, festividad de santo Domingo. El saqueo duró dos días, durante los cuales fueron asesinados 200 judíos y expulsado el resto.

Recientemente el historiador Jaume Riera i Sans ha podido documentar el emplazamiento de la antigua sinagoga mayor de la judería de Barcelona en la confluencia de las calles Sant Domènec del Call y Marlet. Parece que el emplazamiento de la sinagoga está claro, aunque no los restos arqueológicos que se han podido conservar.

Entendemos que el edificio primitivo era exento, es decir, no tenía ningún edificio colindante. Lindaba al Norte con la llamada calle de la Escola Major, al Este con la calle Marlet, al Sur con el Carrer de les Dones, sobre el que se construyó un angosto edificio en el s.XIX, y al Oeste tenía un atrio, hoy ocupado por un pequeño local comercial. En la pared Norte exterior se encuentra la efigie de Santo Domingo, colocada allí al cambiar el nombre de la calle. Los edificios emblemáticos de las juderías se cristianizaban con la efigie de algún santo.

A partir de entonces, la calle cambió su nombre por la de Sant Doménec y el edificio pasó, junto a todos los bienes de la comunidad, a ser propiedad del rey.

Nos encontramos, pues, ante un edificio cuyos cimientos se remontan a época romana, en algunos lugares con construcciones superpuestas alto-medievales, una estructura central del s. XIII, y modificaciones efectuadas en el s. XVII, cuando se construyeron los pisos superiores.

Vamos a entrar desde la calle Marlet por una puerta minúscula. Deberemos agacharnos.

Sinagogas

La sinagoga es el lugar de reunión, de oración y también de estudio y formación por excelencia del judaísmo histórico. El 5 de agosto de 1391, la sinagoga, así como el resto de edificios del barrio fueron asaltados. Fue un golpe que la comunidad judía barcelonesa, como el resto de los judíos de la Corona de Aragón, no pudo superar. Se liquidó la aljama, la mayoría se convirtieron al cristianismo, sus propiedades comunales fueron expoliadas por el rey y las privadas fueron malvendidas. La torre del portal de acceso a la judería fue derribada y parte del barrio cuarteado.

Poco después de la destrucción de la judería de Barcelona (a la que la documentación de la época se refiere), se inicia la ampliación del Palau de la Generalitat sobre les casas derruidas del Call. Cuando a principios del siglo XX se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas en el palacio, aparecieron sus restos bajo el Pati dels Tarongers. Las calles de la judería, como ha pasado en todas las épocas de la historia, fueron rebautizadas con nombres más adecuados al momento: la calle principal, la de la Sinagoga, fue rebautizada con la festividad del santo en que se produjo el asalto y desaparición de la judería, santo Domingo, el trágico 5 de agosto, y se colocó su imagen sobre la puerta de acceso a la extinta sinagoga (la hornacina con el santo todavía se conserva, pese a que su ubicación y la imagen probablemente hayan cambiado). También se rebautizó la calle de la Font, donde, como su nombre indica, se localizaba la fuente pública de los judíos, que tenían prohibido tomar agua de la fuente de la plaza Sant Jaume, reservada sólo para los cristianos a partir de 1356 aproximadamente; se sabe que a los judíos que iban a buscar agua a la de Sant Jaume les apedreaban y les rompían los cántaros. Esta calle primero se rebautizó con el nombre de calle de la Font de Sant Honorat (cuya imagen debía de estar sobre la fuente, como había pasado en la sinagoga con la de santo Domingo) y después el recuerdo de la fuente se ha perdido para denominarse, como en la actualidad, calle Sant Honorat. Vendidas sus propiedades, y confiscadas otras por la Corona, la ciudad cristiana ocupó muy pronto todo el barrio.

Los judíos catalanes medievales hablaban catalán y hebreo en su vida diaria, un hecho especialmente singular en Europa, donde las comunidades judías asumían exclusivamente la lengua dominante de referencia. Los judíos barceloneses se llamaban Abraham, David, Isaac, Samuel, Salomó, Astruc, Jucef, Bonjudà, Bonsenyor, Bonhom, Bondia, Bendit, Benvenist, Caravita, Perfet, Baruc, Bellshom, Jaffia, Maimó, Vidal, Duran, y las mujeres Regina, Preciosa, Rica, Bonadona, Bonafilla, Dolça, Clara, Goig, Estel•lina, Astruga, Ester o Sara, entre otros. Hoy su recuerdo se ha extinguido completamente de la patronimia, pese a que muchas personas buscan infructuosamente rastros de un posible pasado judío en sus nombres familiares.

En 1492 se fueron todos los judíos que no quisieron convertirse al cristianismo. Su marcha fue recogida de la siguiente manera en el Dietario de la Diputación del General: «1492. Agost. Dijous a [día] II. Jueus. Entraren e surgiren en la plaia de Barchinona una gran nau de Rodes […] e una galeassa grossa de França e VIII entre nauetes e galeons, totes carreguades de juheus que exien de Aragó, de València e de Cathalunya e eren•se enbarchats part en Tortosa e part en Tarragona, exints de dites terres per manament de la maiestat del senyor rey. Restaren•ne en Barchinona circa de XX qui•s faheren christians; los altres ab dites fustes se•n anaren la via de Levant e entre tots eren passats deu mil juheus entre homens, dones e enfants.»

El Barrio Judío

Los límites de la judería medieval de Barcelona están bastante claros: el barrio judío estaba delimitado por las actuales calles Call -que era la entrada principal en su confluencia con la plaza Sant Jaume-, Banys Nous -cuando todavía se erigía en ella la muralla romana que hoy ha quedado oculta bajo los edificios impares de la calle y que es visible en algunos tramos-, la Baixada de Santa Eulàlia, la calle Sant Sever y, por último, la actual calle Sant Honorat, que antes de la construcción del Palau de la Generalitat llegaba prácticamente hasta la calle Bisbe.

A partir de un manuscrito del año 1400 localizado por la profesora Teresa Vinyoles en el archivo de la Catedral de Barcelona, el Llibre de censos o morabatins de Jaume Colom, el historiador y archivero Jaume Riera i Sans ha podido efectuar la reconstrucción virtual de la antigua judería con la localización de sus principales edificios, especialmente el de la sinagoga mayor. Una vez destruida la judería en 1391, y convertidos al cristianismo la mayoría de sus habitantes, estos tuvieron que continuar pagando unas contribuciones voluntarias que habían contraído años antes como rentas anuales con fines piadosos para la comunidad judía (mantenimiento del hospital y la sinagoga, asistencia a los necesitados, etc.).

Desaparecido el barrio judío, y su estatus jurídico dependiente de la monarquía, estas rentas, o morabetinos, pasaron a manos del fisco real, perdieron su originaria función piadosa hacia la comunidad y fueron vendidas, mayoritariamente, a un cambista cristiano, Guillem Colom, que a su vez las dio a su hijo Jaume. La importancia de este documento es que recoge el itinerario seguido, de manera detalladísima, por el procurador en sus visitas a la judería, con la indicación de 87 edificios y sus propietarios, lo que ha permitido la reconstrucción de la estructura del barrio y, cómo no, la localización documentada del emplazamiento de la sinagoga mayor de los judíos de Barcelona.

Los judíos barceloneses medievales disponían, como mínimo, de cuatro sinagogas documentadas: la sinagoga mayor, la sinagoga llamada «Poca» (debajo de la actual capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat), la sinagoga nueva o menor (bajo los restos de la iglesia de la Trinitat, en la calle Ferran) y la sinagoga o «escuela de las mujeres» (que ocupaba el actual solar en el que se erige un edificio exento en la plaza Manuel Ribé, en la judería), que disponían de un espacio propio para la oración dado que no cabían en otras. Se conoce su localización pese a que la certidumbre de que en la actualidad se hayan podido conservar restos materiales debe tomarse con reservas.

En Barcelona no se conserva, como pasa en Girona o Besalú, ninguna grieta para colocar la mezuzá (pequeño pergamino que contenía una oración escrita) en el marco derecho de las puertas de las casas judías, donde se podía leer la palabra «Todopoderoso» y que los devotos estaban obligados a tocar al entrar y salir.

Barcelona, igual que Girona, cuenta con numerosos restos arqueológicos judíos, como por ejemplo lápidas con inscripciones hebraicas que han sido reutilizadas a lo largo del tiempo como materiales de construcción y que son visibles en la actualidad en el Palau del Lloctinent (en la plaza Sant Iu, delante de la puerta de acceso al patio del Museu Marès, se puede contemplar una a pie de calle), en el subsuelo de la Plaça del Rei, en el Museu Militar de Montjuïc y también al lado de la capilla románica del Poble Espanyol.

Otros han aparecido como resultado de excavaciones arqueológicas en cierto modo inesperadas, como es el caso de la colección de lápidas funerarias halladas con motivo de las excavaciones llevadas a cabo durante la posguerra en el campo de tiro de Montjuïc y por debajo de la actual carretera que conduce a él, donde hace siglos estaba situada la necrópolis judía que ha dado nombre a la montaña: aparecieron más de 170 enterramientos, con los pies apuntando hacia el este. Uno de los hallazgos más espectaculares fueron los pendientes de plata y los anillos de oro que se encontraron como restos de un ajuar. Uno de estos anillos de oro lleva una bella inscripción en hebreo: «Entre las mujeres de la tienda, Astruga sea bendecida«, uno de los nombres femeninos más habituales entre las antiguas judías barcelonesas.

Dos anillos de oro aparecieron en el mismo dedo de la mano derecha de una joven enterrada. Otro, de plata, posee una inscripción en árabe. Los pendientes no se conservan en demasiado buen estado, pero recientemente han aparecido en Girona otros muy semejantes y en perfecto estado de conservación, que ayudan a hacerse una idea de cómo eran en realidad.

También, durante las obras de reforma del Pati dels Tarongers, junto con los restos de los muros que rodeaban la judería aparecieron unas lamparillas cerámicas entre los restos de las antiguas construcciones.

Desgraciadamente, desde el desmantelamiento, ya hace demasiados años, de la colección permanente del Museu d’Història de la Ciutat, los anillos, pendientes, restos originales de los baños y lápidas judías ya no se encuentran en exhibición pública, a la espera de una nueva presentación museística.

Es bien conocida la lápida que se puede ver en la calle Marlet de la judería. Se trata de una copia que sustituyó a la original en 1981 (la original también se encuentra en un almacén del Museu d’Història de la Ciutat) y recuerda la fundación de un hospital auspiciado por Samuel ha-Sardí, uno de los miembros más destacados de la aljama de Barcelona durante el siglo XIII. En 1820 (fecha de la construcción del edificio donde se encontraba la lápida) se colocó al lado una extensa, pero errónea, interpretación de los caracteres hebreos, que tiene poco que ver con las traducciones autorizadas modernas.

El hebraista Eduard Feliu la ha traducido como: «Fundación pía de Samuel ha-Sardí; su luz arde permanentemente».

La gran mayoría de los ricos manuscritos iluminados de los judíos medievales realizados en Cataluña se encuentran dispersos en la actualidad por todo el mundo: la famosísima Hagadà de Barcelona en el Museo Británico, la Bíblia de Cervera en la Biblioteca Nacional de Portugal, la Guia dels Perplexos de Maimónides en la Biblioteca Real de Copenhague, L’Atlas català de Abraham Cresques en la Biblioteca Nacional de Francia…

Del rico patrimonio bibliográfico judío producido en juderías como la de Barcelona no queda prácticamente nada en los archivos y bibliotecas de la ciudad.

Lugar destacado para visitar

El que fuera el principal centro de la actividad judía durante el siglo XIII, actualmente pasa casi desapercibido entre las callecitas del Call o barrio judío. La Sinagoga Mayor de Barcelona es la más antigua de España e, incluso, de toda Europa y actualmente puede visitarse su planta subterránea. Lo más curioso es que, a pesar de la importancia del templo, la sinagoga fue descubierta casi por casualidad.

Los ataques al Call y el desmembramiento de la cultura judía en Barcelona hicieron que fuera perdiendo importancia hasta convertirse, primero en una tintorería, y más tarde en un depósito de materiales eléctricos.

Durante años nadie reparó en este espacio hasta que, a finales del siglo XX, unos estudios de la Asociación Call de Barcelona, demostraron que el lugar había sido el templo de culto judío y se procedió a su rehabilitación. Con el tiempo se realizaron unas excavaciones que descubrieron en el suelo de la sinagoga los restos de unas paredes romanas del tiempo del emperador Caracalla que datan, aproximadamente, del siglo II (actualmente están protegidas por un cristal y se puede caminar sobre ellas).

Su fachada principal está orientada hacia el sudeste mirando a Jerusalén. Junto a dos grandes vidrieras se ha colocado un candelabro de siete brazos (también llamado menorah), hecho en hierro forjado. A su lado también puede verse el “toral” donde se guardan los manuscritos del libro santo, la Torá.

Sinagoga Mayor de Barcelona
C/ Marlet, 5

•   Cómo llegar: Metro: Liceu (L3) y Jaume I (L4)
•   Precios: Entrada libre
•   Horarios de apertura: De martes a sábado: de 11:00h a 14:00h y de 16:00h a 19:00h. Domingos: de 11:00 a 14:00h
•   Sitio web: http://www.calldebarcelona.org

¿Por qué eran tan malos los judios?

¿Por qué fueron perseguidos hasta tal punto de producirse linchamientos en toda Europa? ¿Qué ocurrió en Barcelona?

Una de las causas de la crisis agraria de la Edad Media puede ser la disminución de la cosecha de cereales que sería, a su vez, consecuencia -por ejemplo- del periodo de malas condiciones climatológicas persistentes (sequías, lluvias a destiempo, agotamiento de los terrenos, crisis de subsistencias…).

Una gran cantidad de epidemias que sufrió Europa en el siglo XIV son conocidas como Peste negra. Aunque se sospecha que se trata de un conjunto de enfermedades bacterianas —generalmente variantes de la Peste pulmonar, como la Peste bubónica y la Peste septicémica; unidas quizá al Ántrax— que atacaban juntas, no hay una explicación definitiva. Estas enfermedades vinieron de Oriente transportadas por las ratas negras de los barcos y se habla de ella por primera vez en el año 1348. La peste tomó su nombre de uno de sus más terribles síntomas: unos ganglios, llamados bubones o landres, de aspecto negruzco que, si reventaban, supuraban sangre y pus. Otros síntomas eran, la fiebre alta, el dolor de cabeza, los escalofríos y los delirios. La mayor parte moría en un plazo de 48 horas pero, afortunadamente, una minoría lograba superar la enfermedad y sobrevivir, quedando inmunizados.

En el caso de España, se piensa que llegó por primera vez al puerto de Palma de Mallorca (febrero de 1348), de allí pasó a las costas del resto de la Corona de Aragón (mayo de 1348) y, poco a poco, fue penetrando hacia el interior favorecida por las malas cosechas y por las guerras civiles que sufrió la Península; en Castilla los datos son muy escasos, aunque sabemos que en octubre la enfermedad ha llegado a Galicia.

Las dificultades afectan sobre todo a la masa social, incapaz de hacer frente a las penurias y al alza de precios. La reacción suele ser la desesperación, provocando desórdenes sociales o el refugio en lo trascendente. Hay un ambiente general muy tenso, los grupos sociales toman conciencia de su identidad y luchan encarnizadamente entre sí. Por un lado, están los problemas étnico-religiosos y por otro las luchas entre diferentes comunidades sociales.

En general, los males se achacaban a algún tipo de castigo divino, es como si los cuatro jinetes del Apocalipsis se cernieran sobre la Tierra, lo que exacerbó la religiosidad popular, la superstición y el fanatismo. Por un lado, proliferan las rogativas y las misas, las procesiones de disciplinantes, vestidos con harapos, flagelándose y pidiendo perdón a Dios al grito de poenitentiam agite. Por otro, se produce una creciente tendencia a refugiarse en lo trascendente, a la búsqueda de respuestas en otra parte, desconfiando de la Iglesia; el caso más extremo (y en España muy minoritario) es la pérdida de confianza en la propia religión: la recuperación de la idea del Carpe diem, fielmente reflejada en el Decamerón de Bocaccio.

En cualquier caso, predominan las explicaciones supersticiosas y llenas de prejuicios, como quienes propusieron que un cometa envenenó el aire; pero la mayoría echó las culpas a las minorías no cristianas: moriscos y, sobre todo, judíos.

Las minorías religiosas son continuamente atacadas. Tradicionalmente se viene considerando que en la España medieval, y hasta el siglo XIV, cristianos, judíos y musulmanes habían convivido pacíficamente en un clima de tolerancia religiosa. Sin embargo, todo parece indicar que se daba una auténtica segregación racial. Cualquier adversidad podía provocar conflictos, como así ocurrió.

En los siglos XIV y XV, a raíz de la crisis que nos ocupa, el antijudaísmo comienza a calar en la sociedad española, sucediéndose episodios violentos. Con la guerra civil de los Trastámara, el aspirante Enrique utilizó el antisemitismo latente en los castellanos para conseguir partidarios: en 1367 sus tropas asaltaron las juderías de Briviesca, Aguilar de Campoo y Villadiego; y sus patidarios saquearon las de Segovia, Ávila y Valladolid. Toledo se llevó la peor parte. Al terminar la guerra, el rey quiso enmendar su política, pero el odio a los judíos había arraigado muy hondo y desembocó en los pogromos de Sevilla en 1391. Desde Andalucía, los disturbios pasaron a Castilla (Toledo, Madrid, Burgos, Logroño) y, desde allí, a Aragón, donde fueron saqueadas las juderías de Barcelona, Palma y Valencia, entre otras.

El mito de la profanación de la hostia por parte de los judíos surgió del mismo ritual cristiano, que traduce simbólicamente el vino en sangre y la oblea en carne de Cristo. En la Edad Media no fueron pocos los que vieron en ella manchas de sangre, atribuyendo a este hecho un carácter milagroso cuando posiblemente, según cuenta Tannahill (1976), se trataba de un fenómeno de putrefacción por la acción de un bacilo. Los judíos serían acusados reiteradamente de tratar de imitar esta ceremonia punzando la hostia para que manase sangre. En 1410, en Segovia los hebreos se conjuraron, al parecer, para ultrajar, quemándola, una hostia consagrada. Berceo (Milagros de Nuestra Señora) describe el episodio de un niño judío horneado por sus propios padres, aunque salió ileso, al confesarles que había estado oyendo misa y comulgando con los cristianos.

Se conocen numerosos relatos, más o menos históricos, en los que se vieron envueltos los judíos. En Cuenca circula la leyenda de los amores de un caballero cristiano, Fernando Sánchez de Jaraba, y una hermosa hebrea, Isabel. Dispuesta a contraer matrimonio, la muchacha se convirtió al cristianismo, despertando los celos de un pretendiente judío. Reunida secretamente la comunidad hebrea para juzgar su traición, la joven desapareció, corriéndose la voz de que había sido crucificada y enterrada. Los cristianos, inflamados por el rumor de que los judíos sacrificaban niños y doncellas en el transcurso de sus ritos, asaltaron la judería, provocando una matanza que ha pasado a los anales de la ciudad. Parecida leyenda es recogida por Bécquer en «La rosa de Pasión». En torno al año 1260 los judíos de Salamanca fueron acusados de raptar, robar y asesinar al hijo de un mercader, aunque luego se demostró que eran otros los culpables.

SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (y IV)

Nos levantamos a la 1:30 de la madrugada. Diego, uno de nosotros, se quedará en este desierto una semana más, recorriendo más lugares donde se pierden pinturas rupestres. El desierto encierra miles de ellas.

Diego nos contó que para venirse hasta el Tassili había tenido que realizar el esfuerzo de vender su coche para disponer de dinero. Es un tipo muy honesto y valiente; y muy admirable.

Los todoterreno nos conducen a todo gas hasta el aeropuerto de Djanet, Ifri, en plena noche. Nada más llegar comienza el tema de los controles.

Facturamos las maletas y nos tomamos el primer café del día en una miserable cafetería de dos metros cuadrados atestada de gente.

Nos llaman. Pasamos un segundo control. Con las prisas olvidé de meter la navaja multiusos en el equipaje. Me obligan a facturarla. ¡Qué despiste! Siempre me pasa lo mismo. Por fortuna llevo el saco de dormir como equipaje de mano. Así que introduzco la navaja en sus pliegues y facturo el talego.

Antes de acercarnos al avión, nos alcanza una camioneta con nuestros equipajes. En estos países árabes tienes que subir tú mismo la maleta a la bodega de la aeronave. Me pongo nervioso porque no aparece el saco de dormir. Se lo comento a uno de los guardas. Al momento llega un tractor con equipajes sueltos donde se halla el fardo.

El avión de Air Algerie está hecho un asco. Los asientos se desplazan, están rotos, y sus forros destrozados por completo.

Entre vaivenes llegamos a Argel, muertos de cansancio y sueño. Allí nos espera uno de los organizadores del viaje, junto a los habituales coches patrulla que nos acompañarán en el trayecto hasta el hotel, para que no nos ametrallen.

Los turistas no pueden pasear por Argel sin escolta policial. Es muy peligroso. Los últimos atentados han puesto de manifiesto que la situación está al rojo vivo. Todo se debe al integrismo fundamentalista.

Los taxis nos dejan en un hotel de 5 estrellas, en teoría, porque el edificio es decadente y sucio, con baños que tiran para atrás nada más verlos. Esto es Argel y lo que queda de la colonización francesa que no han sabido mantener.

Por un suplemento de 20 euros nos proporcionan habitaciones individuales a cada uno de nosotros. El organizador argelino no quiere que paguemos en el hotel; pretende que le demos a él nuestros importes extra con los que luego arreglará los suplementos. Esto corrobora lo que tenía oído sobre los argelinos: son muy ladrones y viene intrínseco en su naturaleza.

Tenemos que esperar más de una hora hasta que tenemos listas nuestras habitaciones. En el interín desayunamos frugalmente en el comedor.

Es hora de descansar. Quedamos a las 13 horas para irnos a comer. Por la tarde nos toca paseo hacia el Zoco. Lo penoso es que no podremos visitar el Museo del Bardo, como proyectábamos y estaba pactado, ya que hoy es viernes, día de descanso para los árabes. ¡Malditos argelinos!

Cuando voy al baño y tiro de la cisterna, el agua inunda la habitación y toda la moqueta. Más tarde, cuando pregunte a los otros, me dirán que les ocurre lo mismo.

Lo curioso es que estuve un buen rato intentando encontrar el retrete, ya que no lo localizaba en el baño. Al final, acerté detrás de una puerta que parecía un armario.

Pongo la televisión. Hay varios canales de películas. En la televisión estatal no paran de emitir entrevistas a Imanes, lo más equivalente a uno de nuestros sacerdotes. Con los subtítulos en francés me entero de que está arengando a la Jihad y que invita a los musulmanes a que colonicen Europa, pues así les será más fácil cortarnos el cuello cuando comience la Guerra Santa. Siento curiosidad, así que me detengo a leer esta entrevista. Respecto a España asegura que podrán reconquistar Al Andalus cuando eliminen a Zapatero, el actual presidente de gobierno. Cree que sin un presidente será un paseo la reconquista.

Salimos a pasear por la ciudad. Imposible sin la escolta policial. No nos permiten movernos libremente. Acabamos en una cafetería próxima, escoltados.

Nada más regresar al hotel se produce un altercado en la calle. De la nada surgen varios policías secretos y comienzan a repartir estopa con sus porras a todo quien se aproxima.

Esta ciudad es de locos. La suciedad y la basura se amontona por todas partes. Apenas hay mujeres por las calles, y las que se atreven a salir lo hacen con velo y acompañadas de sus esposos o madres. Los hombres están por todas partes, atiborrando las calles, gesticulando y gritando. Nos miran con curiosidad y odio. Supongo que, aparte de infieles, representamos todo aquello que inconscientemente ansían. Aunque, dada su naturaleza, si los árabes fueran poseedores de nuestro mundo occidental, tampoco sabrían mantenerlo. A la vista está el país en que me encuentro.

De vuelta al hotel hay un momento para la tertulia en la cafetería. Quedamos a las ocho para ir a cenar.

A la hora señalada paseamos por las calles, sin la escolta policial, haciendo caso omiso de los avisos. Hay decenas de miradas asesinas en cada esquina, sintiéndolas en la nuca. Estamos buscando un buen restaurante, algo que parece improbable.

Al apartarme un momento del grupo, un coche oscuro se detiene cerca, con dos ocupantes que nos vigilan. Nos observan. No sabemos si se trata de policía secreta o no; pero tampoco nos detenemos a averiguarlo. Te ponen los pelos de punta.

Por primera vez me alegro de haber traído conmigo la porra extensible como defensa. La llevo en uno de los bolsillos y me aferro a ella con fuerza, por si hubiera que utilizarla.

Cenamos en uno de esos restaurantes aglomerados de personas. Quedamos a las 6:00 de la mañana para levantarnos y dirigirnos al aeropuerto. La verdad es que ni por un segundo más me quedaría en Argel. Antes de irnos a dormir, los del hotel nos regalan unas rosas del desierto que nos repartimos. A mí me ha tocado el pedrusco de sal más grande.

Después de desayunar en el hotel, nos conducen al aeropuerto en una nueva odisea. Escoltados por coches patrulla, nuestro taxista está a punto de topar con otros coches cada cinco minutos. Las autopistas están atestadas de vehículos abollados y muy sucios. Cada dos por tres oímos un impacto de autos. Es su forma de conducir, sin respetar las normas. No hay un solo coche en Argel que se encuentre en buen estado.

Los autobuses rebosan de gente, como si se tratara de ganado. A pesar de ser un día normal, no se ven mujeres por ninguna parte. El taxista grita y gesticula, y en más de una ocasión me dan ganas de coger el volante, pues tiene la costumbre de soltarlo cada vez que comienza una diatriba en árabe.

Estamos a punto de entrar al aeropuerto. Antes de llegar al control de carretera, ya parados, observo a un tío defecando en el arcén, a la vista de todo el mundo. Es lo habitual, por lo visto.

Esta carretera está cercada con alambres de espino. Antes de alcanzar el aeropuerto hemos observado varias cárceles. No cabe duda de que el nivel de delincuencia en Argel tiene que ser altísimo.

El aeropuerto está abarrotado de árabes haciendo cola. Primeros controles. A la hora de facturar más controles. En uno de estos me requisan la rosa del desierto, pues según el policía podría herir con la piedra a alguien. ¡Malditos argelinos!

A una de mis compañeras, Silvia, le exigen dinero para sellar el pasaporte. Por suerte está Manuel para arreglarlo. Pero compruebo que estos árabes nada tienen que ver con la hospitalidad y la amabilidad de los tuaregs.

Antes de subir al avión todavía sufrimos dos controles adicionales. Uno durante la entrega de la tarjeta de embarque, y otro donde nos cachean de arriba abajo. No acabo de entender cómo nos inspeccionan a los turistas, cuando se supone que somos nosotros el blanco de los terroristas islámicos. Pero así son las cosas aquí. Nos deben proteger, mas da la sensación de que protegen a los suyos de nosotros.

Llegamos a Barajas. Como ya va siendo habitual en los aviones de Air Algerie, las maletas vienen rotas, sucias y abiertas.

Antonio se marcha corriendo a su siguiente avión, el que le ha de llevar a Granada. Los demás quedan invitados a una buena cerveza con alcohol en el bar más próximo.

Es nuestra última charla. Voy a echar de menos a todos mis compañeros.

Con Manuel quedo para nuestra siguiente aventura, el próximo año, en Egipto. Y a Silvia le digo que nos veremos en París, con Diego, para nuestra siguiente aventura en busca de los calcos de Henry Lhote. Pero esa es otra historia.

Agradecimientos a todos mis compañeros en esta aventura: Diego, Silvia, Antonio, Belén, Mercedes, Georgi y Manuel. Sin ellos no hubiera sido lo mismo. Los llevaré en mi corazón toda la vida.

CONCLUSIONES TASSILI: ENTRE LOS ORIGENES DE EGIPTO

Dicen que el Tassili se encuentra a medio camino entre el infierno y el paraíso. Sus agónicas cuestas y su ambiente desolado contrastan con la aplastante serenidad del desierto. Era ya nuestra tercera expedición a las montañas argelinas, aunque ello no impedía que nos arropásemos con las emociones del primerizo.

Resulta imposible sustraerse a un paisaje que más parece lunar que terrestre. Los tuaregs que nos acompañaban volvían a mostrarse tan silenciosos  como los espacios que tenían ante sus ojos. Como siempre se mostraban acogedores; y con una soltura indiferente e ilimitada como el horizonte y el cielo estrellado que nos protegía cada noche. Pero no eran los únicos con los que compartíamos sentimientos. Al abrigo de cada cueva nos imaginábamos las siluetas invisibles de personajes milenarios que alguna vez poblaron ese territorio, cuando el agua y la vegetación eran tan abundantes como lo es el polvo hoy. Ancestros que pasaron por allí cargados con su herencia cultural, que la enriquecieron a lo largo del camino y que la expandieron al valle del Nilo, donde fueron a parar. Un Egipto que se desarrolló con la mirada puesta en el recuerdo de sus antepasados del Tassili.

¿Egipcios en el Tassili?

El Tassili es un macizo montañoso situado en el centro del Sahara, con una extensión de 800 km. de largo por poco más 60 km. de ancho, que recorre la frontera de Argelia con Libia. «Tassili», en la lengua de los tuaregs, significa «meseta de los ríos». De hecho, gran parte del Tassili se encuentra atravesada por wadis, ríos secos que recorren el territorio, dándonos una idea clara de lo que fue aquella inmensidad en tiempos remotos.

El Parque Natural, galardonado como Patrimonio de la Humanidad desde 1982 por la Unesco, está considerado como “la capilla sixtina del arte rupestre”. Están catalogadas 15.000 pinturas prehistóricas aunque es posible que en su totalidad asciendan a 80.000. En 1956 Henry Lothe dirigió la primera expedición francesa para estudiar las pinturas. Tras tres campañas en las montañas del Tassili publicó un libro en donde refería que, junto a representaciones propias de la cultura aborigen, existían otras pinturas con marcado estilo egipcio. Esta afirmación causó desconcierto en los ambientes académicos,  una polémica que quedó saldada cuando surgió la información de que el dibujo de las “señoritas con cabeza de pájaro y aureus” resultaba ser un fraude, y que debió ser pintado por un miembro de la expedición para gastar una broma. Algo que, por supuesto, afirman estar demostrado.

Nosotros hemos intentado averiguar quién fue el causante de la “broma” y en qué escrito Henry Lothe reconoce el fraude, pero no hemos tenido éxito. Lo que sí hemos constatado es que tal pintura ha sido borrada expresamente para evitar su estudio, por lo que ya hoy no se puede ver. Esta barbarie no es única en el Tassili, ya que una mano invisible también ha picado convenientemente la cabeza del hombre del dibujo denominado “El rapto”; tal vez porque no cuadraba demasiado que un personaje con cabeza redonda estuviera en la misma escena junto a las nativas prehistóricas. De cualquier forma, nosotros hemos encontrado otras muchas pinturas con marcado carácter egipcio.

La Tercera Ruta de Herodoto

Karl W. Butzer, explica que en el Holoceno Temprano, hace 12.000 años, en época posterior al fin de la cuarta glaciación, se dio un aumento de temperaturas en nuestro planeta entre 2,3 y 2,7 grados, produciendo abundantes precipitaciones en zonas del norte de Africa. Ello produjo el asentamiento de tribus en lugares hasta entonces despoblados. El Sahara fue habitable desde el 9000 al 2500 aC. Desde el 2500 aC, la sabana comenzó a transformar el desierto en lo que es ahora, por lo que las poblaciones abandonaron su habitad y el Tassili sólo albergó a ciertas tribus de nómadas y a los viajeros que atravesaban de lado a lado el continente.

Según Herodoto las vías de comunicación de la época prehistórica africana fueron tres, y todas ellas terminaban en Abydos, la ciudad santa del Nilo. La primera comunicaba la Gran Sirte con las islas del Egeo. La segunda, o ruta del atlas, entre el Asia Menor y las altas mesetas de Numidia y Mauritania, yendo hasta las columnas de Hércules. La tercera, y más antigua, fue la ruta tropical, entre el Ponant (poniente) y Egipto (oriente).

La condesa Marcelle Weissen-Szumlanska, geóloga, botánica, etnóloga y arqueóloga, que participó en excavaciones en Numidia, se propuso investigar la veracidad de la tercera ruta marcada por Herodoto, para lo que organizó una expedición que recorrería aquellos caminos milenarios, siguiendo los restos dejados en forma de pinturas, relieves y asentamientos.

Por esta ruta transcontinental, entre los paralelos 25 y 28, se encaminaron antaño los futuros pobladores del Nilo. Así fue consignado en las losas de roca consagradas a esos portadores de “todos los conocimientos necesarios para el desarrollo de una civilización”. Esta ruta fue llamada “la ruta de los grandes nómadas”; pero también en Egipto aparecen inscripciones que la denominan “camino de los muertos”, debido a que marcaba el lugar de enterramiento de sus antepasados.

Weissen-Szumlanska descubrió que el cabo Soloeris, mencionado por Herodoto, se correspondía con el actual cabo Yubi, situado en la costa atlántica de Marruecos, frente a las islas Canarias, que en tiempos del historiador griego se correspondía con en “el punto más avanzado de Libia”. Desde allí comenzó su periplo para encontrar y recorrer el tramo de la Vía Imperial entre occidente y Egipto. Los asentamientos de los antiguos pobladores la condujeron hacia el sur de Argelia, recorriendo las pistas del Hoggar, cruzando el Tassili, y enlazando con los oasis milenarios de Merzug, Cufra, Dakhel y Kargueh, hasta llegar tan solo a 3 km. de la ciudad santa de Abydos.

El origen de Egipto

Las crónicas prefaraónicas, los comentarios de Manethon, los relatos de Herodoto y hasta las primeras líneas de La Odisea, nos hablan de una gran comarca desaparecida “en el otro extremo de Libia, allá donde se pone el sol”. Si hay algo mítico en el reinado terrestre de Osiris es que tuvo lugar en otra parte, en el Primer País, en el “Amenti”, la montaña de occidente, morada feliz entre todas las moradas. Los antiguos egipcios no dejaron de pensar en ese “Primer País”, de añorarlo, de desear volver a él. Fue un deseo alimentado por todos los egipcios e inscrito en un rollo de papiro, más o menos importante, depositado sobre el pecho de las momias.

Para Albert Slosman, doctor en matemáticas y en informática y colaborador de la NASA en los proyectos Pioneer sobre Júpiter y Saturno, la palabra “Amenti” provenía de los vocablos egipcios AHA-MEN-PTAH, cuya traducción sería «primer corazón de Ptah o corazón primogénito de Ptah», siendo Ptah el dios principal. Los nuevos pobladores que llegaron a Egipto, desde occidente, llamaron a esta nueva tierra ATH-KA-PTAH, que significa el «segundo corazón de Ptah», y que los griegos fonetizaron en la palabra Ae-gy-ptos. Por ello la palabra EGIPTO sería el nuevo nombre del país primigenio.

Este origen de Egipto, alejado de las riberas del Nilo, podría considerarse mitológico, si no existieran pruebas documentales que avalaran tal afirmación. Según J.B. Bourguignat, en la antigua Numidia, en las zonas arqueológicas de Bou-Noura, de Sigus, de Bou-Merzug, y junto a algunos dólmenes, se encontraron gran cantidad de tumbas más pequeñas. Los antropólogos identificaron los esqueletos como pertenecientes a egipcios de las primeras dinastías. Existen asentamientos, como las estaciones neolíticas de Merimde y de Meadi, cuyo estudio certifica que tales asentamientos del Alto Egipto son anteriores a la época dinástica. Numerosos autores, como los egiptólogos Evers, Dümichen y H. Brugsch, afirman que las concepciones, y los conocimientos primigenios del pueblo egipcio, se debían a una “invasión” de Egipto por pueblos provenientes del sur. Lo que nos indicaría que los aportes vinieron en primer lugar del sur, o más bien del sudoeste, por el camino señalado por Herodoto y llamado todavía hoy “Ruta de los grandes nómadas”.

Los investigadores Wilkinson y Zitman abogan por una reinterpretación radical de los orígenes del antiguo Egipto. Para Wilkinson, las pinturas rupestres en el sur de Egipto proporcionan la prueba de que es allí donde debemos buscar la «Génesis de los faraones» (el título de su libro).

Los Shemsu Hor

Kurt Sethe, en “Beiträge zur ältesten Geschichte Ägyptens” escribió que en el proto-Egipto se registró la llegada, en pequeños grupos, de quienes se conocen como los “Servidores de Horus”. La Piedra de Palermo, que tiene grabados un conjunto de acontecimientos desde la época predinástica hasta la dinastía V de Egipto, nos informa de esos reinados de los Shemsu Hor, anteriores al Egipto histórico. En el Libro de los Muertos se hace una alusión a favor del joven Horus, el retoño rojo, después de la muerte de su padre, con posterioridad a la llegada al Valle del Nilo “de los grandes jefes divinos del horizonte del oeste por los caminos de los muertos, luego de la noche trágica de los que ya no son…”.

Ese trasvase de gentes y conocimientos ya se producía milenios antes del primer monarca de la primera dinastía. En algunos emplazamientos prehistóricos, tales como los de Tasa, de Heluan, en el Bajo Egipto, de Merimde-Beni-Salamé, los estudios arqueológicos efectuados indican ciertas fechas que ascenderían alrededor de doce milenios. Los nuevos pobladores adaptaron el territorio nilótico construyendo diques, canales y embalses para regular las crecidas del río. Drioton asegura que esta ingeniería pétrea fue realizada en tiempos prehistóricos, mucho antes del nacimiento del Egipto faraónico que conocemos. Esa cabeza de maza del rey Escorpión, del Ashmolean Museum, o el bastón que alza Narmer, podrían simbolizar el trabajo de abrir canales para irrigar las tierras.

La Dinastía 0 de gobernantes egipcios fue durante muchos años desestimada por los egiptólogos, siendo sólo reconocida a partir de las excavaciones de Emile Amelineau y Flinders Petrie en el cementerio de Umm el-Qaab (Abidos), entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y también por las excavaciones de James Edward Quibell en Nejen (Hieracómpolis). Estos gobernantes son blanco continuo de debate, relativo a la extensión de sus reinos en época tan antigua de la historia de las civilizaciones humanas. En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis en Abidos, Nubet en Ombos, Nejeb en Eileithyaspolis, Nejen en Hieracómpolis, Per-Montu en Hermontis, Uetyeset-Heru en Edfu, y Ab en Elefantina.

La conexión canaria

En la región de Eyzies, donde se encontraron los primeros esqueletos de los llamados Cromañón, los ejemplos más antiguos de los Homo Sapiens, los constructores de una vía férrea derribaron la pared de una gruta en cuyo fondo se hallaba un esqueleto fósil humano, de aproximadamente 1,90 metros, cubierto de ocre rojo. Este rito de cubrir los cuerpos de rojo no es exclusivo de los cromañones, sino que tal práctica también era común en Egipto. Los grandes sacerdotes del Nuevo Imperio – que ya no aplicaban el ocre rojo en su vida ordinaria – se pintaban para las ceremonias, los oficios populares, durante los días festivos. Herodoto, cuando se refiere a las poblaciones más occidentales de libia, asegura: “Los maxyes autóctonos se pintan el cuerpo con bemellón”. Gracias a los trabajos en momias antiguas del profesor Frédéric Falkenburger, de la universidad de Maguncia, sabemos de la presencia en Egipto de una población de cromañones cercana al 10 % del total. El tipo puro se encuentra hasta después de la Dinastía XX (de Abidos a Denderah) y, esporádicamente, hasta la época moderna (Cairo).

Ya los pioneros de la prehistoria, de Auqtrefages y Hami, insistieron en las analogías que presentaban, con la raza de Cromañón, los individuos descubiertos en las tumbas megalíticas de Roknia, en las alta mesetas de Numidia. Bourguignat los consideraría como antiguos egipcios. Tales resultados indujeron a los antropólogos  a dirigirse cada vez más hacia el oeste, hacia los archipiélagos atlánticos. La identificación con la raza de Cromañón fue confirmada en una misión de cinco años. Verneau estableció, sobre la base de numerosos ejemplos, la enorme capacidad craneana de los guanches, su elevada estatura, y esa deformación postcoronal específicamente cromañoide “que no se debe a una deformación ritual (como en los semitas) sino que se encuentra siempre en un punto preciso y entre pueblos donde ese rito no existe, especialmente entre los egipcios”.

Por todo ello los investigadores proponen el occidente de Africa como lugar de donde procedían los cromañones que poblaron Egipto, y en concreto de las islas Canarias. El Prof. F. Falkenburger, realizó estudios sobre la craneológica de los antiguos habitantes de las Islas Canarias y sobre la craneología egipcia, comparando 1787 cráneos egipcios desde el predinástico hasta nuestros días. Estos esqueletos pertenecían a la raza de los Cromañón atlánticos, y esta base antigua va disminuyendo hasta desaparecer después de la dinastía XVII, por la aportación del tipo africano-árabe-semítico.

Los vestigios de una conexión de los antiguos canarios con los antiguos egipcios, por la 3ª Ruta de Herodoto (vía el Tassili), se aprecia también en grabados que salpican todos los caminos que recorrieron aquellos emigrantes. En la isla de La Palma se encuentran, grabadas en las rocas, esas famosas espirales de las que aún no se conoce su significado. Tales laberintos circulares los hemos encontrado en las montañas del Tadrart, al sur del Tassili. Pero fue en Egipto donde alcanzó su apogeo esta representación espiral que se elevó hasta concepción de la Unidad-Energía creadora y de su eternidad.

El Dr. Etienne Drioton afirma que los vestigios encontrados en Badari revelan un notable progreso de aquellos pueblos primitivos en lo que a comodidad se refiere. El mobiliario se enriquece con esteras y hasta con camas de madera sobre las que se disponían almohadones de tela o de cuero rellenos de paja. En el Museo Canario abundan esas esteras antiguas de admirable regularidad, y esos trabajos en cuero de cabra: vestidos, envolturas para los muertos, almohadones para los vivos, que no existían en parte alguna en esos tiempos. Esta similitud de objetos demuestra una conexión entre Canarias y Egipto.

En la necrópolis de Beni-Hassan se abre la más vasta de sus cámaras. Mide 15 x 10 metros. Sobre la gran pared del fondo, en ocho líneas de diez metros de largo y cinco de altura, divididas en tramos iguales, están pintadas desde el suelo a la bóveda, representaciones de lucha a mano abierta, entre hombres de auténtico tipo egipcio y otros del más estricto tipo guanche, es decir cromañoide. Son una representación detallada de la “lucha” canaria, vigente todavía durante las fiestas locales. Quienes hayan visto solamente una vez la lucha canaria reconocerán de inmediato los pases bien diferenciados y las peripecias de esos duelos o luchas personales, representadas en más de ciento veinte grupos en los bajorrelieves de Beni-Hassan.

Recuerdos del Tassili

La visita al Tassili constituye un reto. El esfuerzo físico no es tan importante y las cuestas del primer día de ascensión (3 horas) nos conducen a un territorio plano, que no abandonaremos durante toda la expedición. La soledad se acopla como inseparable compañera de viaje. Durante el día, el silencio sólo es transgredido por el permanente chocar de las botas con los guijarros. Los tuaregs, acomodados a ese territorio hostil, nos indican en ocasiones la presencia de un camello, de un chacal o de un carnero en la lejanía. Nosotros sólo podemos divisarlos con los prismáticos. El camino se realiza a marcha lenta, pues en cada recodo aparece alguna pintura que merece su contemplación. Por la noche, el crepitar del fuego se funde con los tambores y los cantos de nuestros guías, hasta que el sueño hace que el campamento quede mudo. Es cuando uno se funde con aquellos antiguos pobladores. Es cuando se intenta comprender su forma de vida y de pensamiento. Ese es el verdadero reto.

Tras muchas jornadas de contemplar miles de pinturas hemos llegado a la conclusión de que aquellos artistas no buscaban el mero motivo ornamental. Los diseños dibujados en las corcovas pétreas, con todo tipo de escrituras y representaciones, obedecía a otros motivos alejados de la pura decoración. Pudimos observar señales de aviso, como dibujos que avisaban de la presencia de cocodrilos. Logramos establecer lugares que indudablemente eran de culto, pues su ubicación se correspondía con fantásticos oteros desde donde se divisaba un paisaje privilegiado. La ubicación de grandes monolitos de piedra a modo de templos, alejados de cualquier ruta transitable, en donde estaban dibujados grandes sacerdotes y sacerdotisas en actitud de celebración de liturgias insospechadas, no daba lugar a dudas. Estamos convencidos que, junto a muchos garabatos realizados posiblemente para matar el tiempo, existen pinturas con un carácter mágico. Las escenas de animales, realizadas en lugares buscados y concretos, tenían como misión propiciar la caza, así como las escenas de batallas buscaban algún tipo de protección.

Wim Zitman, ha identificado una connotación astronómica a algunas pinturas. Concretamente, centra su atención en el llamado «nadador», representado en Ti-n-Tazarift, y sostiene que ésta es, de hecho, la representación de una constelación. Asimismo, aboga por una relación entre las pinturas rupestres del Tassili y el origen de la civilización egipcia, preguntándose si los chamanes del Tassili tal vez no hayan sido los «Seguidores de Horus».

En las grandes “plazas”, como en Sefar, aparece la famosa imagen del “dios Orantes”, como si aquella roca fuese el escenario de un gran teatro, en donde alguna vez se corrió el telón para que esas imágenes fueran contempladas por todos los que llenaban el recinto que lo rodea. Sir-Wallis Budge fue uno de los primeros en identificar que los antiguos egipcios eran los herederos de la tradición chamánica de África, algo en lo que estuvieron de acuerdo Wilkinson y McKenna.

Junto a pinturas de claro significado realista existen otras más abstractas, en donde el artista quiso posiblemente reflejar un mundo onírico o de clara influencia transcendental. El viaje del alma tras la muerte, ayudada por espíritus de otra dimensión, está representado en formas estilizadas precursoras de la misma simbología religiosa que hemos observado en más de ochenta viajes a Egipto. Aparecen como en una especie de mezcla entre misteriosos ritos y sesiones de espiritualidad con posible presencia de alucinógenos.

Terence McKenna cree que los cabezas redondas fueron de otro mundo, no en el sentido de extraterrestre, pero sí en el sentido de otra dimensión. En su opinión, algunas pinturas reflejan los efectos producidos por la ingestión de setas alucinógenas. Algunas de ellas parecen verse representadas por sí solas, y en ocasiones, se entreven junto a individuos que las portan en las manos, como encontramos en Matalen-Amazar y Ti-n-Tazarift. El hecho de que, algunas pinturas, reflejen la presencia de chamanes, se sustenta por la presencia de máscaras, de manos levantadas en señal de protección y de todo un arsenal de artefactos de claro servicio litúrgico.

Misterios del Tassili

Las pinturas del Tassili revelan misterios evidentes. La fidelidad de sus trazos no ofrece terreno a las dudas. Los dibujos realizados tan minuciosamente reflejan, como si de una fotografía se tratara, detalles que desconciertan. La primera vez que Lhote llegó a la región de Jabbaren, cuyo significado en tuareg es «los gigantes», se encuentró con que las paredes reflejaban a sus antiguos pobladores junto a unos enigmáticos «cabezas redondas», una suerte de personajes extraños, cuya imagen siempre se representa con una especie de máscara o escafandra (pues a veces se personifican con tubos a la espalda o que parten de sus bocas) y sólo cuatro dedos en sus manos. Cuando le preguntamos a los guías tuaregs sobre el significado de estos gigantes nos explicaron cómo cuando construían sus casas de adobe y barro en el oasis de Djanet, la capital del territorio tuareg, desenterraron huesos humanos de individuos que superaban los dos y los tres metros de altura. Evidentemente, ningún tuareg quiere indicar en qué fosa colectiva enterraron los huesos de estos gigantes.

Tassili-Egipto

Algunos símbolos que aparecen junto a los dibujos se asemejan demasiado a las «palabras de los dioses», como así llamaban los egipcios a su escritura. Hay que tener en cuenta que en Egipto, el lenguaje escrito más antiguo se realizaba por ideogramas, dibujos que daban la idea de lo que realmente representaban. Veamos algunos de estos símbolos. La representación de las casas de aquellos primeros pobladores del Tassili se manifestaba en forma de cartuchos contenedores, donde incluso se aprecian personas en los mismos. El determinativo de «faraón» en el egipcio clásico es un cartucho, un contenedor del nombre del legítimo heredero de los dioses. Por tanto, ¿cabría traducirlo como «casas de los dioses»?

En los personajes denominados «cabezas redondas» se aprecia una especie de máscara con unos símbolos. El emblema del círculo en forma de ojo, se traduce en los jeroglíficos como «sol» o «luz». Y las insignias que se repiten en esas escafandras, máscaras o lo que sea, se traducen como «ciudad de Egipto». Otro determinativo genérico. La figura del «Gran Dios Marciano» porta uno de esos cascos con el símbolo egipcio del «sol» en forma de ojo.

Lo que para unos son medusas, y para otros son naves celestes, parecería ser una combinación de jeroglíficos. Involucra a la palabra «casa» y el determinativo «correr». En consecuencia, estaríamos hablando de casas que corren. Un complicado rompecabezas para lo que no tenemos respuesta.

Otro personaje parece transportar una cometa. En la simbología egipcia sería el «shenu», el halo protector de los dioses en el antiguo Egipto.

La cazadora con cuernos del Tassili, la figura que lo rememora, recuerda extrañamente a las damas blancas de Damaraland, en Namibia. Pero es que el llamado Proyecto Djehuty de la Universidad de Sevilla desenterró recientemente un sarcófago antropomorfo, al que llamaron la Dama Blanca, por su similitud con este tipo de figuras. Se expone en el Museo Luxor.

La silueta de un ser que flota ingrávido en un parapeto del Tassili, arrastrando a una persona, también tiene un significado en los determinativos del egipcio clásico. Encarna a la muerte. Por ende, la escena nos habla del tránsito hacia la otra vida.

Un icono en el Tassili muestra otro símbolo reconocible en los fonogramas unilaterales del alfabeto egipcio, la placenta, traducido como la letra J.

Un tipo de lengua anterior al bereber y el tuareg rellena multitud de rocas. Una lengua que hoy en día nadie sabe interpretar, y que a simple vista, puede parecer el preludio de la compleja escritura artística que florecería en Egipto.

Se supone que los hicsos aparecieron en el siglo XVII A.C. Introdujeron el arco compuesto, las armaduras de escamas de bronce, las dagas y los carros de guerra, desconocidas por los egipcios. Pues bien, los moradores del Tassili se dibujaban con estos arcos y unas extrañas vestimentas muy ceñidas con escamas. Y cómo no, surgen las dagas y los carros esporádicamente en las paredes.

Tenemos que reconstruir la historia

Poco después de terminar nuestro artículo, y para ser críticos con nosotros mismos, fuimos a ver a un grupo de reputados arqueólogos a un importante museo egipcio de nuestro país, del que no podemos dar pistas, pues no querían aparecer mencionados en una revista no catalogada como académica.

Cuando vieron los nuestro escrito afirmaban entre otras cosas, que desconocían los dibujos de las señoras con cabeza de pájaro y aureus. También se mostraban sorprendidos cuando afirmábamos que en el 7.000 aC hubo marineros. Desconocían la existencia de una tercera ruta entre Ponant  y Egipto. ¿De dónde habíamos obtenido esa información a la que ellos no tenían acceso?

Nos discutieron la traducción literal de AHA-MEN-PTAH que, según una egiptóloga de las presentes, se debería traducir correctamente como «La lucha de Ptah permanece».

Ante la involución manifiesta de las pirámides se quedaron sorprendidos. Según ellos, no hubo involución, sino evolución. El deterioro de pirámides de las últimas dinastías se debe al factor de saqueo del hombre. Aunque cuando se les menciona la existencia de agujeros de brocas de 12 centímetros y 40 de profundidad, junto a la Gran Pirámide, no saben dar respuesta. Como tampoco pueden decir nada del obelisco inacabado de Assuán, con 1.200 toneladas de peso y 42 metros de largo. Su explicación es que la roca se excavó con dolorita.

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Más desconciertos. ¿De dónde habíamos sacado la información de que los seguidores de Horus se distinguían por una cicatriz en las mejillas? ¿Por qué afirmábamos que las momias están teñidas de ocre para buscar esa supuesta conexión canaria? ¿Hay una diferencia entre razas en las pintadas de Beni-Hassan?

Afirmar que las pinturas del Tassili relacionadas con carros egipcios tienen 6.000 años de antigüedad también les extrañó. Según su experiencia, la proximidad de pinturas de bóvidos con otras, no significa necesariamente que tengan la misma datación.

En lo que sí estábamos de acuerdo todos en que Herodoto no es una fuente fiable ya y que en algún momento se deberá revisar la historia. El problema es ver cómo se hace y quién da el paso. «En algún momento tendremos que revisar la historia –intercedió la egiptóloga-, pero (risas) no sabemos si lo haremos basándonos en teorías como las vuestras o no, aunque lleváis mucha razón«.

Sobre las fuentes tomadas para este artículo, esa es otra historia que prometemos desvelar pronto, por lo que, por lo visto, a la arqueología moderna le faltan muchos datos que no han contrastado por no prestar atención a las nuevas formas de investigación, provenientes de entusiastas o periodistas como nosotros.

Escrito por Carlos Mesa y Manuel Delgado

¿DONDE COMENZARA LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?

«No toméis a los judíos y a los cristianos por amigos. Algunos de ellos son amigos de los otros, y quien de vosotros se amista con ellos, ciertamente es de ellos. En verdad, Alá no encamina al pueblo de los inicuos«. (El Corán V-56).

Pero si esto parece poco, vamos a ir mirando algunos pasajes del Corán, igual de interesantes.

«Y combatid en la senda de Alá a los que os combaten a vosotros y no infrinjáis. En verdad Alá no ama a los infractores«. (II-186).

«Y matadlos dondequiera que los encontréis, y echadlos de donde ellos os echaron a vosotros«. (II-187).

«Y matadlos hasta que no haya discordia, y haya la ley de Alá; pero si se abstienen, entonces, no haya enemistad, sino con los inicuos«. (II-189).

«Los que creen combaten en la senda de Alá y los que no creen, combaten en la senda de Tagut. Combatid, pues, a los amigos de Satán». (IV-78).

«Combate a los infieles y a los hipócritas, y ensáñate en ellos. Y su morada será chehennam, y ¡qué mal paradero!» (IX-74).

El Islam debe implantarse por la fuerza, a través de la “jihad” (lucha). El Corán, como tal, está plagado de arriba a abajo de llamadas a la Guerra Santa en contra de los infieles, los incrédulos, los inicuos, los infractores, los amigos de Satán, y todos aquellos que no abracen su religión. Para llegar a esta conclusión no hace falta ser ningún entendido, simplemente hay que limitarse a leer el Corán, interpretándolo en su sentido literal.

Una de las partes más interesantes es aquella que dice que al llegar al Paraíso tendréis “huríes enclaustradas en pabellones”. Las huríes, para quienes no lo sepan, son “mujeres honorables creadas por Dios en el Paraíso para los amigos de Dios, dotadas de inteligencia y razón discursiva, y obedientes a Dios en la vida feliz que han sido creadas”. En definitiva, se les dice a los musulmanes que, aparte de obtener manjares y bebidas en el Paraíso, también obtendrán placeres sexuales por parte de las huríes, al llegar a este peculiar Paraíso, al que se ingresa por la puerta grande en caso de Jihad.

La historia del profeta Mahoma, cuando menos, es singular. El profeta murió aproximadamente en el año 632 según nuestro calendario. Las primeras noticias de su vida fueron redactadas ciento veinte años después por Ibn Ishaq. Sin embargo, el original se perdió y sólo puede ser consultado en su forma revocada por Ibn Hisham, quien murió en 834. Añádase a toda esto el cómo los seguidores del profeta ensamblaron el Corán o cómo quedaron sus aleyas, modificados y codificados por sus discípulos. Este problema se ve acrecentado por la descendencia. Mahoma fue general y político y un padre prolífico, aunque no dejó instrucciones sobre quién debía sucederle. Las disputas sobre el liderazgo comenzaron casi tan pronto como murió, y el Islam tuvo su primer gran cisma, entre suníes y chiítas, incluso antes de establecerse como sistema. Entiéndase que entre ellos también tienen, entonces, sus discrepancias internas.

A todo ello, si entre el pueblo pakistaní y el de la India, ya existen divergencias graves por tratarse de un único país que fue dividido en dos mitades, por razones religiosas entre hindués y musulmanes, ni qué decir tiene que sucede algo parecido entre israelíes y el mundo árabe. Contenciosos donde los fanáticos de siempre se encuentran involucrados.

Justo cuando iba a comenzar a escribir estas líneas, el conflicto entre palestinos e israelíes ha comenzado de nuevo. No creo que vaya más allá de unas escaramuzas, en previsión de una ofensiva mayor. ¿Pero cuándo llegará ésta? Esa es la gran pregunta.

Los judíos, un pueblo acostumbrado a lamentarse de todo, es muy dado a la provocación. Ello me sirvió para ver el mayor desafío planeado por el estado de Israel: la reconstrucción del Templo de Salomón, el lugar que acogió el Arca de la Alianza, símbolo de la unificación de este pueblo semita.

Todo podría parecer de lo más correcto, si no fuera porque las ruinas del Templo de Salomón, donde se tendría que levantar la nueva edificación, se encuentran debajo de la llamada Cúpula de la Roca.

Leamos en la Wikipedia algo más acerca de la Cúpula de la Roca, también llamada en lengua árabe, “Qubbat as-Sajra, un templo islámico situado en Jerusalén, en el centro de la Explanada de las Mezquitas. Fue construido entre los años 687 y 691 por el noveno califa, Abd al-Malik. También se le conoce como la mezquita de Umar (aunque en realidad no es una mezquita al uso) debido a que es el lugar donde el segundo califa Umar rezó tras la conquista de Jerusalén por parte de los musulmanes. Los musulmanes consideran además que éste fue el lugar donde Mahoma subió al cielo”.

O sea, por un lado, tenemos que la Cúpula de la Roca se encuentra en el mismo lugar donde Mahoma fue llevado hasta Alá, acompañado del arcángel Gabriel. Por otro, es el mismo sitio donde estuvo situado el Templo de Salomón, y donde según la tradición judía, Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac, ante los ojos de Dios. El mismo terreno donde Jacob ascendió por su singular escalera hacia el cielo.

¿Alguien se imagina lo que ocurriría si Israel destruyera la Cúpula de la Roca para construir sobre ella el nuevo Templo de Salomón?

Si todavía hay quien alberga dudas, sólo le diré una cosa. La bandera de la organización terrorista Hamas contiene tres colores, cuya izquierda viene precedida de tintes rojos, con un escudo en su interior. Escudo donde se dibuja… ¡la Cúpula de la Roca!

¿Existe mayor afrenta que derribar la Cúpula de la Roca para reconstruir encima un símbolo sionista? ¿Somos capaces de imaginar siquiera lo que ocurriría si se convierte en realidad? Y si te digo a ti, que lees estas líneas, que entre los planes de Israel se encuentra la reconstrucción del Templo de Salomón, ¿qué crees que ocurrirá después?