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ESTRUC Y LA PEDRA ESCURÇONERA

En la calle Estruc de Barcelona, encontramos una placa muy extraña al comienzo de la misma, colocada en noviembre de 1998 por el hipnólogo Ricard Bru.

En la placa puede leese lo siguiente:

A primeros del s.XV la gente llamaba a esta calle Astruc Sacanera, o sea del astrólogo o brujo de Sacanera. Astruc es una hierba curativa y un palabra antigua aplicada a astrólogos o brujos. Aquí se vendía la ‘pedra escurçonera’, poseedora de virtudes contra la rabia y las picaduras.

Precisamente en el número 22 de la misma calle hay otra placa que indica que allí era donde supuestamente se vendía dicha piedra. Es decir, se trata de la supuesta tienda del mago Astruc Sacanera.

Plinio el Viejo ya hacía referencia en su Historia Natural al Ovum anguinum a esta curioso elemento, que se solidificaba como una piedra y que era utilizada por los druidas de la Galia como remedio curativo contra picaduras venenosas. Parece ser que en nuestro caso la pedra escurçonera correspondía a un hueso de la cabeza de la serpiente. Sea cual fuere su origen o composición, ésta tenía que aplicarse sobre la herida de tal manera que se adhería o fijaba inmediatamente en la misma hasta que hubiera absorbido todo veneno, momento en que se soltaba de forma misteriosa. Aún hoy se sigue utilizando en algunos lugares del mundo donde es conocida como piedra negra o piedra belga.

Ahora os explicará cómo realizar la “pedra escurçonera”.

Corta un hueso largo de las piernas traseras de un búfalo, vaca o buey; de preferencia un hueso viejo, porque tiene poca grasa.

Lávalo, frotándolo bien, con bastante detergente; sécalo y lávalo de nuevo, mínimo de tres veces, hasta que no tenga grasa o aceite.

Corta en pedazos de aproximadamente 5 cm. por 2 cm.

Límalo bien para abrir los poros del hueso.

Coloca carbón de leña en una plancha metálica, enciéndelo hasta que  la plancha este muy caliente.

Cuando esté bien caliente la plancha, abre el carbón y coloca los huesos en filas y vuelve a tapar  con el carbón de leña, permitiendo una buena circulación de aire para que el carbón arda mucho.

Mantén los huesos tapados con el carbón, durante 15 minutos.

Abre a los 15 minutos y mira si los huesos están negros y brillantes. Si están de color marrón, vuelve a tapar los huesos.

Si están negros y brillantes, retíralos, sujetándolos con una pinza o alicate y mételo en agua fría cruda, de pozo, manantial o de río (no meterlo en agua tratada con cloro o hervida) durante unos segundos.  Así la piedra se hará más dura.

Sin embargo la picaresca hizo que se vendieran piedras de alumbre como si se tratara de “pedras escurçoneras” con un efecto astringente.

Se conoce como alumbre a un tipo de sulfato doble compuesto por el sulfato de un metal trivalente, como el aluminio, y otro de un metal monovalente.

En medicina, el alumbre se administraba al interior, sea disuelto en una poción, a la dosis de diez granos a una dracma por día y más, sea en píldoras en menor cantidad: es un astringente poderoso preconizado en un sinnúmero de enfermedades. Al exterior, se usaba contra las excrecencias fungosas, las úlceras, los dolores de las encías, los sabañones y un largo etcétera.

JESÚS, EL TERRORISTA

¿Existieron unas actas de Poncio Pilato que intentaron ser acalladas por la Iglesia Católica?

Lo curioso es que hoy en día perviven unas actas de Poncio Pilato, las de Justino Mártir, del año 150, aludidas en su “Primera Apología”. Y otras que también aparecen en el “Apologético” de Tertuliano, hacia el año 200. Ambas explican los hechos de la Pasión y se trata de cartas originales enviadas al emperador Tiberio.

No obstante sólo tenemos alusiones indirectas en estas obras.

Las verdaderas actas de Poncio Pilato fueron mencionadas por Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica”. Las actas ponían contra las cuerdas a Jesús tratándolo de zelote terrorista, lo que para Eusebio de Cesarea era difamatorio. Por lo visto se leían en las escuelas paganas a los estudiantes antes de la llegada del emperador Constantino. Así comenzaron los preparativos de unas actas de Pilato falsificadas, que sirvieran para contrarrestar las auténticas.

Epifanio de Salamina, hacia el 376, en su “Refutación de las herejías” cita parte de las nuevas, las falsas en su obra. A partir de ese momento comienzan a circular entre los textos cristianos. Tendremos que esperar al siglo X para que las actas falsificadas y un supuesto descenso a los infiernos se aúnen en el llamado “Evangelio de Nicodemo”, que es el que ha llegado a nuestros días en latín original. Conocemos el título moderno porque se mencionan de esta forma en el “Speculum Historiae” de Vicente de Beauvais, el fraile dominico que fallece en 1260.

Juan Manuel Castells lo explica sobradamente en este estupendo trabajo que intenta reconstruir las actas de Poncio Pilato originales (que habían sido destruidas por la Iglesia Católica):

http://es.scribd.com/doc/213401237/Cartas-de-Poncio-Pilatos-a-Tiberio

Hay que prestar atención a los comentarios sobre quién es Johanan, con un hermano gemelo llamado Judas, una tía materna llamada Myriam Cleofás, para unir cabos de inmediato. Este Johanan se estaría proclamando rey de los judíos, y sería a su vez hijo de un zelote ajusticiado por Roma llamado Judas de Gamala. A este mesías le llamarían sus seguidores “Bar José”, en relación al patriarca judío Josué, José, como otro salvador llegado del cielo.

Tiberio propone a Poncio Pilato en su quinta carta que Johanan ocupe la tetrarquía de Filipo, temiendo una sublevación. Johanan está obsesionado por el derrocamiento de Herodes. Anás y Caifás se prestan a falsos testimonios contra Johanan para evitar su trono.

Como no hay posibilidad de obtener su trono, Johanan opta por la fuerza entrando en el templo de Jerusalén para apoderarse de las armas y sus tesoros. Poncio Pilato manda su arresto en el huerto de Getsemaní, donde se produce un confrontamiento contra los legionarios.

A pesar del arresto, Simón de Cirene, otro zelote, logra ayudar a la fuga de Johanan, siendo crucificado éste en su lugar, por sedición contra Roma.

Johanan será capturado en Samaria, decapitado en el lugar de su arresto, y enterrado en el mismo lugar, en el borde del monte Garizín.

El nombre Jeoshua es el nombre hebreo de Josué, el primer salvador de Israel, descendiente de Moisés. Este es el nombre dado a los mesías. Será en la Septuaginta cuando aparezca en griego como Jesús. Castells comenta que el zelote Barrabás también fue referido como Jeoshua por los suyos, al ser considerado un mesías.

Lo singular de estas cartas de Poncio Pilato es que Johanan y Jesús parecen ser la misma persona. Y que Jesús no habría sido crucificado, sino decapitado. Esto puede parecer extraño, pero es cierto que no se han encontrado obras pictóricas que representen a Jesús crucificado, sino que éstas surgen a partir del siglo V.

A todo ello cabe sumar que en el Evangelio de Juan 19:37 tenemos la respuesta:

“kai {y} palin {de nuevo} etera {otra} grafh {escritura} legei {dice,} oyontai {ellos mirarán} eiV {a} on {quien} exekenthsan {ellos traspasaron o decapitaron}”.

O sea, en el único evangelio antiguo, el de Juan, datado en el año 125 no se estipula que Jesús fuera crucificado, sino traspasado o decapitado.

Para entender algunos de los detalles que nos faltan de esta historia diré que cuando se usa la palabra «cananeo» ésta corresponde a una transposición al griego de la palabra hebrea que designa a los zelotes: qanaim. En otras palabras, el que en algunas Biblias se cita como Simón el Cananeo no es otro que Simón el zelote. Jesús tiene zelotes entre sus filas apostólicas.

En el “Testamento en Galilea de Nuestro Señor Jesucristo”, obra apócrifa etíope, se menciona a Judas como zelote (capítulo II, versículo 12).

Los Emmanueles fueron la facción más violenta del judaísmo de su época, enfrentándose frecuentemente a otras facciones como los fariseos o saduceos, a quienes acusaban de tener «celo por el dinero».  El vocablo zelota ha pasado a ser sinónimo en varios idiomas de intransigencia o radicalismo militante.

Algunos historiadores los consideran como uno de los primeros grupos terroristas de la historia ya que utilizaban el homicidio de civiles que a su entender colaboraban con el gobierno romano, para disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelota, una facción radicalizada conocida como los sicarios, se distinguió por su particular virulencia y sectarismo.

Al respecto de la vinculación al movimiento zelote de Jesús remito al lector a una reciente obra, “El Zelote”, de Reza Aslam, publicado en español por Urano.

Esta es la sinopsis del libro:

“Hace dos mil años, un predicador itinerante recorrió Galilea, reclutando seguidores para establecer un «reino de Dios». El movimiento revolucionario que creó representaba una amenaza tan importante para el orden establecido que ese hombre fue capturado, torturado y ejecutado como un criminal. Décadas después, sus seguidores lo llamaban Dios.

“Desentrañando siglos de mitos, el historiador Reza Aslan ofrece una nueva luz sobre uno de los personajes más influyentes y enigmáticos de la historia, examinando a Jesús a través de la lente de la tumultuosa época en la que vivió.

“Confrontando al Jesús de los Evangelios con las fuentes históricas, Aslan describe a un hombre lleno de convicciones y pasión, y a la vez plagado de contradicciones”.

El libro puede adquirirse en Amazon, por ejemplo: http://www.amazon.es/El-Zelote-Indicios-Reza-Aslan/dp/8415732031

JESÚS NO RESUCITÓ, SEGÚN SE DESPRENDE DE LOS EVANGELIOS ORIGINALES

Siempre me he preguntado en qué nos basamos para afirmar que Jesús resucitó de entre los muertos. O que Jesús fue llevado a una cueva por José de Arimatea y Nicodemo. Lo curioso de esta pregunta es que todos dan por sentado que los evangelios que sugieren esta historia son auténticos, que provienen de la época de Jesús, y que son poco más o menos que una fuente histórica.

Pero la realidad es bien diferente. Los evangelios más antiguos, próximos a la época de Jesús, que son los únicos que podrían haber estado escritos por allegados al personaje, no insinúan nada sobre una resurrección.

Para demostrarlo vamos a basarnos en las fuentes originales. Analicemos los evangelios conocidos a la luz de la lupa y lleguemos a unas conclusiones.

El papiro P52 o Papiro Biblioteca Rylands  (Papyrus Ryl. Gr. 457, i J. Rylands Library), también llamado «El fragmento de San Juan», es el trozo de manuscrito escrito en papiro más antiguo del Nuevo Testamento hasta el momento y está conservado en la biblioteca John Rylands, Mánchester, Reino Unido.

Contiene un texto del Evangelio de Juan (18:31-33. 37-38) supuestamente escrito hacia el año 125. Está generalmente aceptado como el extracto más antiguo de un Evangelio canónico, convirtiéndose en el primer documento que, cronológicamente, concierne a la figura de Jesús de Nazaret. La parte delantera del pergamino (anverso) contiene versículos del evangelio de Juan 18:31-33, en griego, y la parte de atrás (reverso) contiene los versículos 37-38.

Sobre la datación del papiro no existe un consenso entre los eruditos críticos. El estilo de la escritura es fuertemente adriánico, lo que sugeriría una fecha entre el año 125 y el año 160. Pero la dificultad de fijar la fecha, solamente por paleografía, de una evidencia basada en un pequeño fragmento, permite un lapso de tiempo que se extiende desde el año 100 hasta la segunda mitad del siglo II; lo que, de todas maneras, indica que son copias manuscritas bastante cercanas a la época de los hechos allí relatados.

Veamos qué dice el único evangelio original de Juan que hemos encontrado.

Empecemos por el anverso. Se lee lo siguiente:

Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie». Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Y por el anverso se lee:

«Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él».

El Papiro 66, también llamado P66, es un códice casi completo del Evangelio de Juan, hallado en Egipto, que forma parte de la colección de papiros conocida como los papiros Bodmer. Está datado en el año 200.

El manuscrito contiene las siguientes secciones:
•    1:1-6:11
•    6:35b-14:26
•    14:29-30
•    15:2-26
•    16:2-4.6-7
•    16:10-20:20
•    20:22-23
•    20:25-21:9
•    21:12.17

Actualmente se encuentra en la Biblioteca Bodmeriana de Cologny-Ginebra, Suiza.

Karyn Berner y Philip Comfort sostuvieron que el P66 debió estar escrito por tres individuos: el original (escriba profesional), un corrector minucioso y un corrector menor, debido a las variantes lingüísticas de una misma palabra.

Lo curioso de este P66 es que no incluye la perícopa de la adúltera, es decir, al igual que en todos los evangelios antiguos, no se menciona en parte alguna que una mujer adúltera deba ser apedreada por los fariseos. Jesús no evita esta ejecución porque, sencillamente, es una interpolación de siglos posteriores para hacernos parecer a Jesús más humano con las mujeres. Este pasaje sólo se da en la Vulgata del siglo IV, o sea que se trata de una interpolación de Jerónimo de Estridón.

El Papiro 75 o P75 (Papiro Bodmer XIV-XV) es un papiro del Nuevo Testamento en griego antiguo. Contiene cerca de la mitad del texto de dos Evangelios: el de Lucas (Papiro Bodmer XIV) y el de Juan (Papiro Bodmer XV) en griego. Está fechado en Nestle-Aland (27a. edición, NA27) como un manuscrito a principios del siglo III. El manuscrito está actualmente en la Biblioteca Vaticana (P. Bodmer XIV-XV) en Roma.

El Papiro 45 o P45 (P. Chester Beatty I) es un manuscrito antiguo del Nuevo Testamento que es una parte de los Papiros Chester Beatty. Probablemente fue creado cerca del año 250 en Egipto. Contiene el texto de Mateo 20-21 y 25-26; Marcos 4-9 y 11-12; Lucas 6-7 y 9-14; Juan 4-5 y 10-11; y los Hechos 4-17. Se conserva en la Biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, a excepción de una hoja que contiene Mateo. 25:41-26:39 que está en la Biblioteca Nacional de Austria, en Viena (Pap. Vindob. G. 31974).

Los unciales ya son posteriores. Con lo que tenemos que el único evangelio que podríamos atribuir a Juan por su fecha (aunque algo tardía, año 125) es el P52. Si bien se aprecia la mano de 3 autores diferentes.

Con todo, el P52 no habla de resurrección alguna. El P66, P75 y P45 son bastante posteriores, y parecen evangelios escritos por un sinfín de escribas y con interpolaciones que no debieron existir en el primer original.

El 7Q5 es la manera como se codifica uno de los restos de papiro bajo el número 5 de la séptima cueva de Qumram. Fue uno de los múltiples restos de papiro descubiertos entre 1947 y 1955. El papiro está escrito en griego por un sólo lado en tinta negra y es de color castaño grisáceo. Su tamaño es el de una estampilla con una dimensión de 3,9 centímetros de altura máxima con 2,7 centímetros de anchura máxima. Sólo tiene 20 letras. Y eso ha servido al papirólogo Josep O’Callaghan Martínez para afirmar que estamos ante los fragmentos de Marcos 6,52-53, datados en el año 68, pero ello no es concluyente por el escaso texto y por el mal estado del mismo. Se encuentra en el Museo de Israel.

Pero cómo se data el evangelio de Marcos, más allá del 7Q5. Ateniéndose a lo llegado hasta la fecha, se dice que tiene que ser del año 71, considerando que el pasaje conocido como «Pequeño Apocalipsis» o «Apocalipsis Sinóptico» (Marcos 13) es un vaticinium ex eventu y fue por tanto escrito después de la destrucción de Jerusalén por el ejército romano en el año 70.

En los versículos 1-4 (Marcos 13:1-4) Jesús profetiza la destrucción del templo; poco después (Marcos 13:5-8) menciona «guerras y rumores de guerras», pero, dice «aún no es el fin». En los versículos siguientes Jesús profetiza que el Evangelio será predicado a todas las naciones y que los cristianos serán perseguidos: ambas cosas describen, según Robert Funk, el presente de las comunidades cristianas en el momento en que Marcos redacta su evangelio.

En otras palabras, sería del año 71 ateniéndonos a que el original fuera encontrado. ¿Pero dónde está el original?  Sólo tenemos el P45 y es del año 200. No hay original antiguo.

Pánfilo y Eusebio se ocuparon juntos de la lectura crítica de las Escrituras tal como eran presentadas en la versión de la Biblia llamada la Septuaginta. Se dedicaron al estudio del Antiguo Testamento y especialmente del Nuevo Testamento. Efectivamente, parece que uno de los manuscritos de la Septuaginta preparado por Orígenes, habría sido trabajado y revisado por los dos, según San Jerónimo.

Para facilitar la búsqueda de los textos evangélicos, Eusebio dividió la versión de las Escrituras que tenía en su poder en párrafos que remetían en una tabla sinóptica, para así encontrar los versículos que se referían mutuamente.

O sea que la traducción que tenemos en el actual Nuevo Testamento, sea la versión que sea, es la de los copistas de Eusebio de Cesarea. Tenemos que creer que Eusebio disponía de los originales, a pesar de no haber sido localizados. Y estamos hablando del año 300.

¿Podemos dar por buena la copia de Eusebio de Cesarea del Evangelio de Marcos, escrita en el año 300? Es evidente que no.

El Evangelio de Lucas, o Evangelio según Lucas es el tercero y más extenso de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento bíblico. Relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte y resurrección. Termina con un relato de su ascensión.

La mayoría de los autores sitúan la composición de este evangelio en la década de los 80 d.C., debido a que suponen que Lucas 21, donde se describe la destrucción del Templo de Jerusalén, acontecida el año 70, es una narración post eventum; es decir, que Lucas estaría poniendo en boca de Jesús una profecía que ya se había cumplido. Todo ello teniendo en cuenta que encontráramos el original.

¿Pero tenemos el original de Lucas?

No. Sólo un fragmento del P45.

El texto que nos ha llegado hasta hoy casi todo proviene del Códice Alejandrino. Este códice (Codex Alexandrinus) es un manuscrito del siglo V de la Biblia Griega, conteniendo la mayor parte de la Septuaginta y del Nuevo Testamento. Junto con el Codex Sinaiticus y el Codex Vaticanus, es uno de los primeros y más completos manuscritos de la Biblia. Deriva su nombre de la ciudad de Alejandría, donde se cree que fue hecho. En 1627 el patriarca de Constantinopla, Cirilo Lukaris, quien fue previamente patriarca de Alejandría, presentó el Codex a Carlos I de Inglaterra.

Pero habíamos mencionado más arriba que el Papiro 75 contiene versículos de Lucas. En concreto 3:18-24:53. Este manuscrito, el más antiguo de Lucas, es del siglo III.  Es más, la controversia está servida. La frase de 23:34 tiene omitidas las palabras: «Y Jesus dijo: Padre, perdónalos, ellos no saben lo que hacen”.

Esta omisión que ya se había visto en el Códice Sinaítico (uncial, del año 330) es importante, ya que los exégetas de la iglesia se basan en este texto para darnos la siguiente interpretación:

En Jesús crucificado caben todos los hombres. Toda la miseria y sufrimiento humanos están en Él. En este sentido, todos los hombres están en Cristo. En la ignominia y escándalo de la cruz se ha mostrado cómo Dios mismo, en la Persona del Hijo, ha planificado la naturaleza humana, pues para resucitar ha pasado por la muerte como la más profunda experiencia humana. Es en este momento de abandono en la muerte, a la puerta de la nada, que Jesús perdona a sus verdugos. Con este signo de caridad ha mostrado la perfección del amor, que desea el bien, y nos ha enseñado a hacer lo mismo”.

En resumidas cuentas, si el texto está interpolado, pues el más antiguo ni lo menciona, Jesús no vino siquiera a perdonarnos nuestros pecados.

¿Y qué pasa con el último evangelio reconocido? ¿El de Mateo?

La datación de la mayoría de los especialistas contemporáneos sitúa hacia el año 80 a 90 la redacción de este evangelio en su versión griega conocida hoy.

Una de las principales razones esgrimidas para esa datación es que difícilmente se habría consignado la profecía de Jesús de Nazaret sobre la destrucción del templo de Jerusalén (acaecida en forma efectiva por parte de las legiones romanas de Tito en el año 70) de la forma que el Evangelio de Mateo la contiene si ésta no se hubiese cumplido.

O sea, estamos ante el mismo caso de Marcos y Lucas.

Las dataciones más tardías están limitadas por los papiros P64 y P67 (datados del año 200).

El Papiro Magdalena o Papiro Magdaliniense es el conjunto de los fragmentos: P64 y P67 (en la numeración Gregory-Aland). Estos fragmentos en papiro transmiten parte del Evangelio según Mateo. Fue comprado en Luxor, Egipto, en 1901 por el Reverendo Charles Bousfield Huleatt (1863–1908), identificó los fragmentos en griego como porciones del Evangelio según Mateo (3, 5, 26) y los presentó al Colegio Magdalena, Oxford, en donde los catalogaron como P64 y P67.

Los pasajes 3, 5, 26 no mencionan la resurrección de Jesús. Tratan de la entrega de Jesús, nada más.

Entonces, ¿quién diantres redactó este evangelio, el de Mateo, como lo conocemos hoy? Una vez más la respuesta la tenemos en Eusebio de Cesarea.

Una hipótesis de algunos teólogos señala que Mateo habría redactado un primer escrito en arameo, que no se ha conservado. Eusebio de Cesarea cita palabras de Papías de Hierápolis: «Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno los interpretó [tradujo] conforme a su capacidad» (Hist. Ecl. III,39,16).

Como este texto de Mateo, copiado por Papías de HIerápolis en hebreo, es mencionado por Eusebio de Cesarea, Ireneo de Lyon hacia el 180, y Clemente de Alejandría hacia el año 200, se presupone que debió existir, aunque tampoco lo tenemos.

¿Podemos presumir por ello que el texto de Papías de Hierápolis, del 125, aludía a la resurrección de Jesús? Pues como no lo tenemos, no podemos decirlo. Es más, Eusebio de Cesarea tampoco habla de ello.

Vayamos resumiendo todo este embrollo. Las traducciones de los evangelios actuales se basan en las copias de Eusebio de Cesarea en el siglo III y en la Vulgata redactada en el sigo IV. ¿Podemos dar por buenas versiones, en su mayoría interpoladas, escritas más de 300 años después de haber muerto Jesús?

¿Y qué ocurre con los papiros griegos señalados en este artículo? Pues que disponemos de fragmentos, no de textos completos, que sólo nos han servido para realizar dataciones. Es más, sólo podemos dar por bueno el más antiguo, el P52, el de Juan, y encima ni menciona la resurrección de Jesús.

Así que sólo tenemos un texto, el P52, que por su antigüedad podría ser una fuente histórica. Y no obstante no afirma nada de una resurrección de Jesús.

Concluyendo, sometido todo a un análisis, podemos rematar lo siguiente: ni Jesús vino a perdonar nuestros pecados (pues se ha demostrado que eso es una interpolación que no estaba en el original, P75) ni resucitó de entre los muertos.

Como siempre digo, una cosa es la fe y otra bien distinta  la historia. A pesar de que esta historia es comprobable por todos los que quieran acercarse a la verdad, al creyente le dará igual que sea así, pues su fe no le permite ver otra cosa que lo que siempre ha querido creer. Mientras el taimado pastor o sacerdote dará por bueno lo que siempre se ha dicho por alusión u omisión, no vaya a ser que se le desmonte el cuento del que ha vivido toda la vida.

DATACION DE LOS EVANGELIOS

El Evangelio de Juan, también llamado Evangelio según san Juan o Evangelio según Juan, y conocido como «el cuarto evangelio», es uno de los evangelios canónicos constitutivos del Nuevo Testamento, caracterizado por las marcadas diferencias estilísticas y temáticas, y por las divergencias en su esquema cronológico y topográfico respecto de los otros tres, llamados evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). El Evangelio de Juan no solo contiene muchos pasajes sin equivalente en los otros evangelios canónicos, sino que aun los pasajes con cierta similitud son presentados de forma totalmente diversa en cuanto al contenido, al lenguaje, a las expresiones y giros con que predica Jesús de Nazaret y a los lugares de su ministerio. La tradición apostólica atribuye la autoría de este evangelio a Juan el apóstol y evangelista aunque, dada la falta de unidad en su redacción final, el estilo y la fecha supuesta de redacción (en torno al año 90 d.C.), entre otros puntos, se cuestiona tanto la autoría en sí como sus alcances (redactor, comunidad responsable). Existe la posibilidad de que el Evangelio de Juan fuera fruto de la comunidad fundada alrededor de uno de los discípulos de Jesús, presentado en el evangelio con el título de «discípulo a quien Jesús amaba», seguramente la de Éfeso.

La opinión de los especialistas, a finales del siglo XIX y principios del XX, era que el evangelio de Juan había sido escrito en el último cuarto del siglo II. Esta era la opinión de acreditados especialistas como Baur y de la Escuela de Tubinga. Sin embargo, en 1935 el papirólogo británico Colin H.Robert publicó el fragmento del papiro P52. Este papiro fue datado en el año 125, y ello obligó a replantear totalmente la fecha de la redacción del evangelio de Juan. Este papiro no sólo desplazaba la redacción del evangelio de Juan en medio siglo (de finales del siglo II al año 125). El efecto era todavía mayor. Al ser el papiro P52 de procedencia egipcia (a 1000 Km de donde Juan lo habría escrito), había que conceder un espacio de tiempo para la divulgación del evangelio, su aceptación y finalmente su copia por parte de los cristianos que allí residían. Así, y únicamente como consecuencia del descubrimiento del papiro P52, el final del siglo I (80 o 90) es la fecha más tardía de la redacción del evangelio de Juan.

El papiro P52, también llamado «El fragmento de San Juan», es el trozo de manuscrito escrito en papiro más antiguo conocido del Nuevo Testamento hasta el momento y está conservado en la biblioteca John Rylands, Mánchester, Reino Unido. Contiene un texto del Evangelio de Juan (18,31-33. 37-38) supuestamente escrito hacia el año 125.

El Evangelio según Marcos o Evangelio de Marcos (abreviado, Mc) es el segundo libro del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana.

Es el más breve de los cuatro evangelios canónicos y también el más antiguo según la opinión mayoritaria de los expertos bíblicos.

Entre los estudiosos existe un amplio consenso en datar el Evangelio de Marcos a finales de los años 60 del siglo I d.C., o poco después del año 70 d.C.  Su autor es desconocido, aunque una tradición cristiana tardía lo atribuye a Marcos, personaje citado en otros pasajes del Nuevo Testamento. Narra la vida de Jesús de Nazaret desde su bautismo por Juan el Bautista hasta su resurrección.

No existen pruebas definitivas acerca de quién fue el autor de este evangelio. El texto no incluye ninguna indicación sobre su autoría.

La tradición cristiana, sin embargo, ha atribuido el evangelio a Marcos, discípulo de Pedro. La base de esta tradición se encuentra en algunas referencias de los primitivos autores cristianos a la idea de que Marcos puso por escrito los recuerdos del apóstol Pedro. Eusebio de Cesárea, que escribió a comienzos del siglo IV, cita en su Historia eclesiástica un fragmento de la obra hoy perdida de Papías de Hierápolis, de comienzos del siglo II. Papías, a su vez, remonta su testimonio a Juan el Presbítero.

y el anciano decía lo siguiente: Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero no en orden de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino, como dije, después a Pedro. Éste llevaba a cabo sus enseñanzas de acuerdo con las necesidades, pero no como quien va ordenando las palabras del Señor, más de modo que Marcos no se equivocó en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso
Eusebio, Hist. Ecl. III 39.

En el año 1972 el papirólogo español José O’Callaghan publicó un artículo en el que identificaba el papiro 7Q5, encontrado en la cueva número 7 de Qumram, como un pasaje del evangelio de Marcos.

La identificación del papiro 7Q5 encontrado en Qumram como un fragmento de Marcos supone igualmente que es necesario el retrasar también el año de redacción de este evangelio. Las cuevas de Qumram se clausuraron el año 68, por lo que el evangelio es ya anterior a dicho año. Pero además el fragmento 7Q5 ha sido datado como  no más tarde del año 50. Esto supondría que el evangelio de Marcos existía ya a mediados del siglo I, posiblemente en  el año 40.

El Evangelio de Mateo es uno de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento.

En 1994 el papirólogo alemán Carsten Peter Thiede procedió a publicar una nueva datación del papiro P64, también conocido como el papiro del Magdalen College de Oxford. Este  papiro, identificado sin ninguna duda como un fragmento del evangelio de Mateo, hasta entonces se databa alrededor del año 200. Sin embargo, según Thiede, un análisis de la escritura griega y una comparación detallada con la caligrafía de otros manuscritos obligaban a datar este papiro  en el siglo I, alrededor del año 75, como muy tarde. Esta datación es muy controvertida, dado que la opinión mayoritaria de los  especialistas no sitúa la redacción del evangelio de Mateo hasta unos años más tarde.

La datación de la mayoría de los especialistas contemporáneos sitúa hacia el año 80 a 90 la redacción de este evangelio en su versión griega conocida hoy.

Una de las principales razones esgrimidas para esa datación es que difícilmente se habría consignado la profecía de Jesús de Nazaret sobre la destrucción del templo de Jerusalén (acaecida en forma efectiva por parte de las legiones romanas de Tito en el año 70) de la forma que el Evangelio de Mateo la contiene si ésta no se hubiese cumplido ya. La destrucción del templo fue un hecho que caló tan profundamente en el animus judío, que se suelen diferenciar con cierto grado de certidumbre las obras anteriores de los posteriores a esa fecha por la forma en que aluden a ese acontecimiento notable. En el Evangelio de Mateo, la destrucción del templo de Jerusalén aparece como profecía directa (Mateo 24:1-2) e incluso hay referencias indirectas (tal lo presupuesto en otros pasajes, como Mateo 23:38 o en forma de parábola en Mateo 22:7). De allí la dificultad que encuentran la mayoría de los autores para pensar en una composición anterior al año 80.

El Evangelio de Lucas, o Evangelio según Lucas es el tercero y más extenso de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento bíblico. Relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte y resurrección. Termina con un relato de su ascensión.

La mayoría de los autores sitúan la composición de este evangelio en la década de los 80 d.C., debido a que suponen que Lc 21, donde se describe la destrucción del Templo de Jerusalén, acontecida el año 70, es una narración post eventum; es decir, que Lucas estaría poniendo en boca de Jesús una profecía que ya se había cumplido. Así, refiriéndose al templo Jesús dice: «llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» y, respondiendo a la pregunta de cuándo sucedería responde: «Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato» y «Se levantará nación contra nación y reino contra reino».

Sin embargo las dataciones más tardías tienen que explicar varios datos que parecen querer una datación anterior:

  • La presencia de este evangelio en el papiro P75 (hacia el año 200) y la mención del evangelio de Lucas que hacen Ireneo de Lyon y el Fragmento muratoriano hacia el año 180 es extraña si fuera de finales del siglo I; es poco tiempo para haberse difundido tanto.
  • La conclusión abrupta de los Hechos de los Apóstoles, segunda parte de la obra, donde, contrariamente a lo que se esperaría, no se narra la muerte de Pablo, parecería indicar que Pablo no habría muerto aún cuando se compuso. Pablo murió bajo Nerón hacia el año 64. Sin embargo quienes sostienen la datación tardía explican que Lucas este final abrupto es sólo aparente, pues Lucas querría demostrar que el Evangelio llegó hasta los confines de la tierra, y esto lo logra cuando Pablo llega a Roma. De modo que, aunque Pablo hubiese muerto, Lucas habría escrito este final.
  • La sección «nosotros» de los hechos: Si Lucas viajó con Pablo, en los años 50, no pudo sobrevivir demasiado tiempo al apóstol.
  • Parece que Lucas no conoce las cartas de Pablo, ya extendidas a finales del siglo I d.C. (como atestigua la segunda epístola de Pedro, pues si fuese así no daría datos que contrastan con éstas.

DULCINIANOS, LA HEREJIA MENCIONADA EN EL NOMBRE DE LA ROSA

Los dulcinistas han pasado a la historia como una congregación religiosa que ejerció de Robin Hood durante los años finales del siglo XIII y primeros del siglo XIV, robando a los ricos para dárselo a los pobres. Pero permitidme narrar una de esas historias que dejarán a más de uno sin sentido, una narración extraordinaria que pondrá de nuevo en evidencia a la aterradora Iglesia Católica.

El nombre de dulcinistas viene dado por Dulcino da Novara o Fray Dulcino (1250-1307), cuyo  verdadero nombre fue Davide Tornielli. Se cree que nació en el Piamonte italiano, en la provincia de Novara. Según la Inquisición, el personaje era hijo ilegítimo de un cura,  de nombre Julio, que fue condenado por ladrón, y que huyó para unirse a los seguidores de Segarelli, “un méndigo loco y sodomita” (según el inquisidor Bernardo Gui), que además añade: “donde continuó con sus robos y practicando el sexo libre”. Otras fuentes apuntan a que Dulcino fue hijo de una rica familia, que tuvo una infancia religiosa, y que cursó desde joven estudios eclesiásticos.

A la muerte de Segarelli, Dulcino pasó a ser el cabecilla de los Hermanos Apostólicos, y en el año 1303 viajó hasta el lago de Garda, donde conoció a la que sería su compañera, Margherita.

Se calcula que en su época de mayor esplendor, pudieron contar entre 5.000 y 10.000 seguidores.

Los ideales de los dulcinianos eran los siguientes:

  • La oposición a la jerarquía eclesiástica y la conversión de la iglesia a los ideales de pobreza y humildad.
  • La oposición al sistema feudal.
  • La liberación de los hombres de cualquier restricción.
  • La organización de una sociedad igualitaria, de ayuda y respeto mutuos, basada en la propiedad comunitaria y en la igualdad de sexos.

La Iglesia Católica encabezada por el papa Clemente V, preparó desde Aviñón una cruzada para terminar con los que, según él, eran herejes. Las tropas comandadas por el obispo de Vercelli, Raniero, comenzaron el atosigamiento a los seguidores de Dulcino.

Predicaron en Bolonia, Padua, Riva de Garda, Plasencia, Vicencia y Trento. A finales de 1304, Dulcino se encuentra en su ciudad natal, en la lombarda Novara. Acorralada por la Iglesia Católica y sus secuaces, se refugia más al norte, en el valle de Sesia, Serravalle.

En 1305, Clemente V, el Papa que acabó con la orden de los templarios, quemando vivo a Jacques de Molay (su gran maestre), arremete contra los dulcinianos, lanzando una cruzada. Estos huyen hacia el Sorba, instalándose en la cima de Parete Calva, a 1.600 metros de altura.

Tuvieron que soportar un invierno frío, con muchísima hambre, no quedándoles más remedio que matar y robar. La situación se hace insostenible: Dulcino y los suyos tienen que huir. El 9 de mayo de 1306, abandonando a los más débiles de sus hombres a su suerte, parten hacia el sur. Dulcino sabe que en cuanto sus hombres caigan en manos de las tropas del Papa Clemente V serán quemados en la hoguera.

Dulcino atraviesa el Monte Barone aún nevado, llegando a Monte Robello, a 1.400 metros de altitud. El obispo de Vercelli, Rainiero Avogrado, siguiendo las órdenes del Papa, sitiará este lugar, creando una situación similar a la de Montségur y la cruzada cátara (los cristianos torturados por orden del Papa Inocencio III por arrebatarles feligreses católicos, tránsfugas a la religión cristiana cátara).

El invierno es infernal y apenas hay víveres. Los dulcinianos van muriendo, los supervivientes optan por el canibalismo, alimentándose con la carne de sus muertos.

El 23 de marzo de 1307 se produce el asalto, en el que mueren muchísimos dulcinianos, llevándose los capturados a Biella. Comenzará un juicio terrible de la Inquisición Católica contra ellos.

Margherita fue crucificada y descuartizada en presencia de Dulcino. A Dulcino la Inquisición lo desolló antes de crucificarlo, para luego ser descuartizado.

En la novela “El nombre de la Rosa” de Umberto Eco, el inquisidor Bernardo Gui está convencido que detrás de los asesinatos de la abadía se encuentran los adeptos de Dulcino, arrancando a varios monjes la confesión de que son dulcinianos, y por ello serán quemados. Si alguno recuerda la genial película que se hizo después, se acordará de este particular y de cómo Baskerville (Sean Connery) dará con la auténtica solución a estos crímenes.