La Iglesia Católica está plagada de mentiras y crímenes. Sólo hace falta repasar su historia para comprender que un secreto perturbador será tratado de inmediato con severidad para seguir manteniendo el mayor imperio económico del planeta. Es por eso que he querido repasar la historia de los Papas, para comprender que si a lo largo de veinte siglos hemos sido engañados continuamente, no tendrán ningún reparo en llevar su farsa hasta el límite de las consecuencias. No es un somero repaso a todos los Papas de la historia, sino que me he militado a exponer aquellos que por sus actos y atrocidades, son capaces de ponernos el vello de punta.

Comencemos por Víctor I (189-198) que fue el primero en imponer con acritud la fecha de Pascua. La Iglesia de Asia celebraba la Pascua cristiana en la misma fecha de la judía, amparándose en los dichos de San Juan. La Iglesia romana celebraba el misterio de la resurrección de Jesús el domingo siguiente a la Pascua judía. Así que Víctor I excomulgó a las diócesis que no observaran el cristianismo romano.

Anacleto (76-88) impuso la comunión del pan eucarístico, excomulgando a todo aquél que no lo consumiera.

Alejandro I (105-115) instaura el agua bendita, en los bautisterios y pilas, y también la mezcla de agua y vino en la eucaristía, sin ninguna razón concreta.

Aniceto (155-166) inauguró la moda de que los presbíteros se rapasen la cabeza en forma de corona.

Esteban I (254-257) realiza alguna modificación en el Evangelio de Mateo para que a partir de ese momento se lea: “Tú eres el Cristo,  el Hijo del Dios viviente, afirmó Simón Pedro. Dichoso tú,  Simón,  hijo de Jonás, le dijo Jesús,  porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia,  y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos;  todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo,  y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

El sustantivo Pedro encuentra en caso dativo, y en singular masculino. La palabra “petra” (en griego) escogida en este pasaje, tiene la  función gramatical de sustantivo, piedra es un sustantivo utilizado en este pasaje como sujeto con atributos en la oración. Esto implica que en general realiza la acción del verbo: Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. (NVI). Esta palabra en griego petra”, denota una masa de roca, en distinción a petros”, una piedra o peñasco suelto, o una piedra que se pueda arrojar o mover con facilidad. Este corto análisis gramatical nos da la idea de un cimiento fuerte sobre el cual se puede construir.

William Hendricksen (teólogo protestante) analiza: “Jesús intencionadamente usa dos palabras griegas que aunque no son idénticas, tienen un sentido estrechamente relacionado. Lo que le dijo a Pedro fue: “tú eres Petros, y sobre esta petra edificaré mi risco”. Es decir, nunca quiso crear una iglesia nueva, ni mucho menos una religión. Recordemos que Jesús era judío, y como tal, vivió.

Fimiliano, obispo de Cesárea, reconoció la falsedad de inmediato, asegurando que no daría “primacía de derechos al obispo de Roma”.

Dionisio (259-268) exigió al obispo de Alejandría, también llamado Dionisio, que se pronunciase sobre sus declaraciones heréticas respecto a que no creía en la Trinidad. El Triteísmo oriental creía en la separación de las tres personas que componen la Trinidad en tres deidades distintas. Muerto el 26 de diciembre de 268, ello impidió de nuevo la excomunión de Asia.

El 28 de octubre de 312 Constantino gana la batalla de Milvio, quedando como emperador de Roma. Y en el 313 promulgó un edicto, el de Milán, por el cual había libertad de conciencia para los ciudadanos. Se dice que Constantino abrazó el cristianismo sin más, pero lo cierto es que el estudio de sus monedas demuestra que seguía celebrando la fiesta del Sol Invictus, aquella que conmemoraba el nacimiento del dios Mitra el 25 de diciembre, y que aparecía en el anverso de sus monedas. Constantino simplemente se posicionó en la política, más que en la creencia. Cabe recordar que Mitra es un dios persa, luego adoptado por los romanos, nacido en el 1400 a.C., cuyo nacimiento se dio en una cueva, cuando algunos pastores lo encontraron junto a un buey y una mula.

Las monedas de Constantino con el símbolo solar del dios Mitra se extendieron hasta el 324.  Para ser un buen cristiano, como así asegura la Iglesia Católica, el emperador Constantino asesinó a su suegro, tres cuñados, a su propio hijo Crispo, y estranguló a su esposa Fausta.

Constantino dio el título de católica a la cristiandad vigente en Nicea, es decir, universal. Dogmatizó el credo del misterio de la Trinidad con estas palabras: “El Verbo es engendrado, hecho cosustancial (homusius) al Padre”, que nunca fue declarada por Jesús ni ninguno de sus apóstoles. Todos los prelados que asistieron al Concilio de Nicea debieron firmar su asentimiento a este credo nuevo, bajo amenaza de ser excomulgados.

Durante el Pontificado de Silvestre I (314-335) apareció Arrio, sacerdote de Alejandría, nacido en Libia y educado en Egipto. Comenzó a enseñar que Jesús no era ningún dios, sino una criatura única, con sufrimientos y sentimientos. El emperador Constancio fue un acérrimo defensor del arrianismo, en contra de la doctrina de Atanasio. Su lema, y eso que se presuponía cristiano fue: “Lo que yo quiero debe valer como ley de la iglesia”. Exilió al Papa Liberio (352-366) por no aceptar el arrianismo.

Arriano tuvo otro valedor, el obispo Prisciliano de Ávila. Fue llamado ante el Papa Dámaso (366-384) para defenderse de esta herejía. En el año 385 Prisciliano llega a Tréveris, donde es acusado, a través de Evodio, prefecto del emperador, de la práctica de rituales mágicos que incluyen danzas nocturnas, el uso de hierbas abortivas y la práctica de la astrología cabalística.

Tras obtener mediante tortura una confesión del mismo Prisciliano es decapitado junto a sus seguidores Felicísimo, Armenio, Eucrocia (la viuda de Delphidius), Latroniano, Aurelio y Asarino. El cadáver de Prisciliano fue llevado a España, para enterrarse junto a dos discípulos suyos, otro Atanasio y Teodoro, haciéndose pasar en la actualidad por la tumba del supuesto apóstol Santiago. La Iglesia Católica siempre ha sacado pingües beneficios de las peregrinaciones a Compostela.

Debajo del altar del supuesto Santiago, para que no quepa dudas, puede leerse: “Athanasio martyr”, que no es otro que el discípulo de Prisciliano.

Julio I (337-352), después de la muerte de Constantino (que se había declarado Sumo Pontifex, como existía en las jerarquías de sacerdotes duumviros romanos), declara al emperador hereje arriano y se autodeclara Papa, utilizándose por primera vez esta expresión.

Del Papa Dámaso I (366-384) surgió la idea de una biblia en latín, la llamada Vulgata, que pondría fin a tantas versiones bíblicas hasta la fecha, y al hecho que ésta sólo estuviera al alcance de los sacerdotes, que eran los únicos que conocían el latín. Durante su papado el catolicismo es considerado la religión del estado. Los no cristianos son tachados de herejes y perseguidos sangrientamente.

En el 370, el emperador Teodosio (379-395), viendo el cúmulo de riqueza que profesaba la reciente Iglesia Católica, promulgó un decreto por el cual se impedía a los eclesiásticos visitar las casas de las viudas, de las que siempre buscaban sus dones. Cerró los Juegos Olímpicos de Grecia por considerarlos poco cristianos.

El Papa Siricio (384-399) sería el encargado de derribar de Roma todos los ídolos, o sea esculturas, de dioses paganos. Durante ese período, el obispo San Agustín de Hipona, decretó que la Tierra era completamente plana, en contra de las ideas helenísticas o de Ptolomeo.

En el 391 se prohibieron las celebraciones paganas en Roma, comenzando las persecuciones contra quienes no se acogieran a este particular.

Inocencio I (401-417) excomulgó a todos aquellos que siguieran otras controversias doctrinales, que no fueran las expresadas por sus antecesores romanos. A los obispos de Galia les señaló cuáles eran los evangelios canónicos, denominando al resto como apócrifos.

Zósimo (417-418) proclama que “el matrimonio se limite a la función reproductora y no se deje arrastrar por la ignominia del deseo”. Esto provocó un conflicto tal que al año de su papado, curiosamente Zósimo moriría de forma súbita.

Bonifacio I (418-422) prohibió a las mujeres lavar lienzos sagrados o quemar incienso en las iglesias, relegando a la mujer a un segundo plano de la sociedad.

Celestino I (422-432) se enfrentó en el Concilio de Éfeso del 431 en contra de aquellos que estipulaban que la llamada Virgen María no era madre de Dios. Celestino envió a Palladio a Escocia para masacrar a los llamados nestorianos que defendían esta idea.

León el Grande (440-461) se encontró con Atilia, rey de los hunos, en Mantua, entrevistándose con él en Mantua, invitándole a no invadir Roma. Hace ahora unos 40 años los historiadores encontraron un documento en el que se mostraba un acuerdo firmado entre el Papa y Atila, para darle un cargo vitalicio a él y todos sus descendientes. El documento fue recuperado por el Vaticano, archivado, y condenado por estos como falso.

León el Grande se sacó de la manga su famosa “Donación de Constantino”, totalmente falsa, por la que este emperador donaba el imperio occidental al Papado. Lorenzo Valla, renacentista, tumbó este documento que lo único que pretendía fue el poder, mil años más tarde.

Este mismo Papa llevó a los seguidores de Prisciliano de la tortura a la muerte, luego de arrebatarle sus bienes.

Félix III (483-492) excomulgó al patriarca de Constantinopla, Acacio, por su defensa del Henotikon, que condenaba el Concilio de Calcedonia (451), entre otros. En este concilio se había decretado lo siguiente:

“Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás”.

Félix IV (526-530) encomendó a Dionisio El Exiguo buscar los años cristianos, que éste postuló desde el 25 de diciembre del año 753 de la Fundación de Roma, adoptando por un lado la fecha del nacimiento del dios Mitra como si fuera la de Jesús de Nazaret. Y por otro, el error de 6 años en la ubicación de su año 1 que cometió Dionisio por no saber situar el mandato de Herodes el Grande.

Bonifacio IV (608-615) obtuvo autorización del emperador Phocas para convertir el templo pagano conocido como el Pantheon en iglesia cristiana. Así, en mayo del año 609, el templo que Agripa erigió en honor a Júpiter, Venus y Marte fue transformado en iglesia cristiana. Fue el primer papa que logró que un templo pagano fuera convertido en santuario cristiano.

Durante este papado Mahoma se proclama profeta del dios primigenio El (Alá para los musulmanes), comenzando a redactarse el Corán.

Bonifacio V (619-625) dictamina bajo ley papal que todos los malhechores que se refugien en una basílica no podrán ser detenidos por las autoridades imperiales.

Vitaliano (657-672) instala el órgano en las iglesias para darle mayor solemnidad a las misas religiosas, además de añadir cantores a los que llamó “vitaliani”. Como estos eran de Roma los vitaliani pasaron a llamarse los “italiani”, de donde se tomó el nombre de la futura Italia.

Adeotado II (672-676) en el Concilio de Toledo del 675 acuerda: “El Padre es lo mismo que el Hijo, el Hijo es lo mismo que el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza”. Algo que en la actualidad todavía no hay nadie que entienda.

León II (682-683) acepta el soborno de Ervigio, después de que éste asesinara al rey Wamba, declarando al asesino como sucesor del reino español.

Sergio I (687-701) introduce el Agnus Dei, propio de la liturgia siria, en la misma, e instituye las nuevas fiestas de la Candelaria y la Anunciación. También establece la nominación papal sin necesidad de la confirmación por parte del emperador.

Constantino I (708-715) pacta con el diácono Félix, arzobispo de Rávena, su elección como Papa. Luego de su nombramiento manda encadenar a Félix, conduciéndolo a Constantinopla, para arrancarle la lengua y los ojos, y luego enviarle al desierto. Con ayuda del emperador Justiniano hizo lo mismo con el patriarca Calinico.

Puso de moda las peregrinaciones a Roma, donde visitando las tumbas de los apóstoles y entregando grandes dádivas se obtenían todas clases de indulgencias papales.

Esteban II (752-757) falsifica la llamada “Donación de Roma”, supuestamente fechada por Constantino en el 315, para proclamar los Estados Pontificios (en realidad la donación cedía al Papa Silvestre sólo algunos bienes imperiales romanos). Pipino acaba con la dinastía de los reyes merovingios con el beneplácito del Papa, que se autodenominaban descendientes de Jesús y María Magdalena.

Esteban III (768-772) condena al antipapa Constancio II a penitencia perpetua, torturando a quienes hubieran apoyado a Constancio, como había sido el caso de los obispos Teodoro y Waldiperto, a los que arranca la lengua. Corona a Carlomagno en el 771, el hijo de Pipino.

Adriano I (772-795) persiguió a muerte a los sajones no bautizados. Tuvo cuatro mujeres y varias concubinas. Aparece mencionado en la Divina Comedia de Dante como el Papa rico.

Pascual I (817-824) obtiene el Papado pagando una importante fortuna para obtener la tiara. Falto de fondos se inventa el milagro de la Santa Cecilia sangrante (de donde huía lo dejaba todo empapado en sangre) para estimular las dádivas de los feligreses y aumentar las arcas. Pascual I también se inventó la reliquia del pene momificado de Cristo que, a base de morbo, para ver cuán largo era, incrementó mucho más su patrimonio.

Gregorio IV (827-844) fue sospechoso de haber asesinado al anterior Papa, Valentín.

Estableció la festividad de Todos los Santos para erradicar la fiesta pagana celta dedicada al día de los muertos.

Aproximadamente trescientos años antes del nacimiento de Jesús, los celtas vivieron en las Islas Británicas, Escandinavia y Europa Occidental. Eran una sociedad como cualquiera de las de hoy, pero sus usos y costumbres fueron controlados por una sociedad de sacerdotes paganos, llamada los druidas, que adoraban y servían a Samhain, dios de la muerte. Cada año, el 31 de octubre, los druidas celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios Samhain.

Si bien se sabe poco de estas celebraciones, parece que las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 y el 7 de noviembre (a la mitad del equinoccio de verano y el solsticio de invierno) con una serie de festividades que duraban una semana, finalizando con la fiesta de los muertos, que daba inicio al año nuevo celta. En esta fiesta, los druidas, a manera de médiums, se comunicaban con sus antepasados esperando ser guiados en esta vida hacia la inmortalidad. Los druidas creían que en esa noche en particular los espíritus de los muertos regresaban a sus antiguos hogares para visitar a los vivos. Y si los vivos no proveían comida a estos espíritus malignos, toda clase de cosas terribles podrían ocurrirles.

León IV (847-855) con la ayuda del emperador Lotario logra construir y amurallar la ciudad del Vaticano para proteger la Basílica de San Pedro.

Juana VIII (855-858) fue la primera papisa en pisar el trono de San Pedro. Se considera en la actualidad legendaria para dignificar la historia pontificia. Se le conoció como Juan VIII, y siempre se hizo pasar por varón. Se descubrió que era mujer, cuando se quedó preñada de un cardenal romano llamado Sergio. Al caerse de un caballo se reveló su estado, y varios sacerdotes ahogaron a su hijo, recién nacido, para ocultar la infamia.

La Iglesia Católica ha borrado su obra pontificia, suprimiendo el nombre de Juan, incluyendo en sus listados el Papado de León IV a Benedicto III. Sólo en la Catedral de Siena, ya en el siglo XV, se puso de nuevo su busto entre las figuras de León IV y Benedicto III con esta inscripción: “Juan VIII, Papa mujer”.

Durante un tiempo el cardenal candidato a Papa debía sentarse en una silla conocida como “sedia stercoraria”, la cual tenía un agujero en su mitad. Posteriormente, el cardenal más joven del cónclave tenía que palpar los genitales al Papa introduciendo la mano por debajo de la silla y “testificar” luego a los demás que no había fraude en la elección. Si la prueba era válida, exclamaba en voz alta “Duos habet et bene pendebant” (”tiene dos y cuelgan bien”), atestiguando así que ninguna mujer se ha hecho pasar por hombre. De ahí que la “testificación” haya pasado a la etimología del término “testículos”.

Marino I  (882-884) compra la tiara papal a los condes de Toscanella. Adriano III (884-885) también lleva a cabo la misma compra.

Bonifacio VI (896) pasa a conocerse como el Para de los adulterios y asesinatos. Duró quince días en el trono por sus excesos.

Esteban VI (896-897) deshonró al Papa Formoso (891-896) convocando el llamado Sínodo del Cadáver porque extrajo los restos de Formoso de su tumba, vistiéndolo con sus ornamentos pontificios, y colocándolo en el trono de San Pedro. Un diácono, al lado del cadáver de Formoso, lo acusó de perjurio, simonía e incumplimiento de deberes. Esteban VI lo abofeteó, le quebró los dedos personalmente, lo despojó de sus vestimentas, e hizo que pasearan su cuerpo por toda Roma, arrastrado a caballo. Finalmente lo decapitaron y sus despojos fueron arrojados al río Tíber.

Esteban VI acabó  encarcelado y estrangulado con los jirones de su dalmática.

Romano (897) da sepultura a los restos de Formoso. Fue depuesto a los cuatro meses y asesinado por los Spoletto.

Teodoro II (897) vuelve a enterrar los restos de Formoso en la Basílica de San Pedro. Será asesinado a los 20 días de su pontificado.

Juan IX (898-900) encomienda al rey de España, el rey Alfonso III, el levantamiento de una catedral en Compostela para rendirle culto a los restos de Santiago (es decir, Prisciliano), que a partir de ese momento se convertirá en matamoros.

Juan IX muere en un extraño accidente de caza.

Benedicto IV (900-903) es conocido por ser el Papa que gastaba el dinero de los pobres en orgías, sodomía y corrupción.

Sergio III (904-911) se entrega a los brazos de Teodora, amante de Adalberto, el marqués de Toscana. Con la hija de ésta, Marozia, tendrá dos hijos, uno de los cuales será el futuro Papa. Marozia Crescenti contrajo nupcias, luego de tener sus dos hijos, con Guido de Toscana, y más tarde con Hugo de Provenza.

Juan X (914-928) será puesto en el trono por su amante, Teodora. Otorgó a Cluny la exención de la autoridad episcopal de los señores feudales, dependiendo de Roma a partir de ese momento. Marozia hizo asesinar al hermano de Juan X delante de él.

Esteban VII (928-911) tuvo numerosas concubinas. Las crónicas de la época lo reflejan de la siguiente manera: “Si alguien les descubría en plena acción, debía interpretarse como una bendición íntima y profunda”.

Juan XI (931-936) era hijo de Marozia. Con todo se sabe que en los jardines del Palacio de Letrán se entregaba al incesto con su madre.

León VII (936-939) llegó a un acuerdo con los musulmanes que iban a invadir Marsella, para que pagaran un peaje, antes de invadir esos territorios, ya que pasaban cerca de Roma.

Juan XII (955-964), hijo bastardo de Alberico II y nieto de Marozia, cometió incesto con su abuela y con su tía. Abandonaba constantemente el altar para irse a emborrachar o acudir a alguna orgía. Fue depuesto por el emperador Ottón I y encerrado en Hamburgo, donde tuvo relaciones con una casada, hasta el que el marido se enteró; pero lejos de acometer contra él, el esposo asestó varias puñaladas a su mujer y luego arrojó su cuerpo por una alcantarilla. Juan XII se refugió en Tívoli, llevando consigo cuanto pudo usurpar.

Juan XII regresó  a Roma para acusar al siguiente Papa, León VIII (963-965) de usurpación. Sin embargo, aprovechó el tiempo para caer en las manos de otra mujer casada. Pero en esta ocasión el marido hirió en el cráneo a Juan XII, que murió en los brazos de su amante.

Silvestre II (999-1003), estudió durante dos años con el abad Atón de Vic y en academias árabes donde fue instruido en matemáticas, alquimia, y astrología. Fue educado en la abadía de Aurillac y era benedictino. Era tan cruel que cuando Guy de Limoges quiso usurpar la abadía de Brantome le condenó a ser arrastrado por dos caballos hasta que estos lo descuartizaron. Murió envenenado por la viuda Crescenti que le había acusado de violar a una de sus hijas.

Siempre se le consideró un brujo, porque de su sarcófago de Letrán brotaba agua o se oían extraños ruidos. En 1909 se abrió su tumba, y sus huesos se desintegraron al instante, quedando únicamente su anillo, como así cuentan los testigos.

No obstante a su favor fue el Papa que instauró los números arábicos, en forma de guarismos (el número 0), estableciendo además el sistema decimal.

Benedicto VIII (1012-1024) condena el matrimonio clerical para que los bienes del Vaticano no se repartan entre los familiares y descendientes del Papa de turno. Desde entonces el Papado adopta esta fórmula, lo que ha permitido el cúmulo de riquezas en el trono de San Pedro.

Juan XIX (1024-1032) fue el primero en vender absoluciones, incluso a excomulgados, aunque en un sínodo de Limoges esas bulas quedaron sin efecto, por haberlas otorgado sin consultar a los obispos.

Benedicto IX (1032-1044) superó el desenfreno de sus predecesores, pues a los 14 años ya se entregaba a toda clase de orgías. El problema estaba en que este Papa asumió el pontificado a los 11 años (aunque en la Enciclopedia Católica se dice que 20 para no asustar a los feligreses). Por su depravación fue depuesto y todavía hoy en día puede leerse en su acta final: “Yo, Teofilacto (su auténtico nombre), siervo de Dios, por causa de la simonía, que intervino en mi elección, determino que debo ser depuesto por mi obispado romano”.

Gregorio VI (1045-1046) estuvo sólo nueve meses en el pontificado, dejando al pueblo italiano en un estado de miseria deplorable. Se declaró convicto de simonía y abandonó la tiara.

Dámaso II (1048) ocupó el trono durante 23 días. Fue envenenado por Teofilacto, el que fuera Papa Benedicto IX.

Víctor II (1055-1057) excomulga a Cerulio, rompiendo con Bizancio y creando el Cisma de Oriente, invocando para ello la falsa Donación de Constantino.

Esteban IX (1057-1058) se hizo nombrar Papa a coste oro, para acallar a otros pretendientes. Expolió gran parte del patrimonio de Montecassino. Empleó la riqueza en formar un ejército para apoyar a su hermano Godofredo que quería apoderarse del reino de Alemania, en manos de Enrique IV.

Gregorio VII (1073-1085) emprende la llamada reforma gregoriana y añade las disposiciones Dictae Papa, que dicen lo siguiente:

  1. Sólo el romano pontífice debe ser llamado universal.
  2. El Papa no puede ser juzgado por nadie.
  3. Cristo había puesto sobre los hombros de Pedro la tarea de llevar a los hombres a la salvación eterna, único bien absoluto.
  4. La Iglesia romana nunca erró y según las escrituras no errará jamás.
  5. La costumbre de Roma consiste en tolerar ciertas cosas y silenciar otras.

Esos puntos mencionados son palabras textuales de Gregorio VII.

Este Papa sostuvo relaciones sexuales con la duquesa Beatriz, tía del emperador, y con su prima, la condesa Matilde. Godofredo el Cojo, marido de Matilde, se enteró del particular, y antes de que pudiera hacer nada, su esposa mandó asesinarle en Cinvers. En agradecimiento al crimen, el Papa, tras pasar una noche con la duquesa Beatriz, la estranguló con sus propias manos, y coronó a Matilde con varios estados.

Urbano II (1088-1099) proclama la cruzada contra los infieles con el siguiente lema: “La violencia puede ser legítima si sirve a la gloria de Dios”. Las tropas de los cruzados masacraron a miles de judíos, a orillas del Danubio, antes de tomar Jerusalén, al grito de “Dios lo quiere”, con la promesa del Papa de que sus pecados serían absueltos.

Pascual II (1099-1118) hizo desenterrar las cenizas de Nerón, debajo de un nogal, y las arrojó al Tíber, para evitar el culto que se estaba extendiendo en torno a la brujería de Nerón.

Compró a unos cruzados de Antioquía una lanza con la que se decía se había herido el costado de Cristo, la primera Lanza de Longinos.

Persiguió a Enrique IV y al antipapa Clemente III, al que hizo envenenar. El siguiente antipapa, Alberto, también fue prendido y encerrado en un calabozo. Enrique IV coronó a dos nuevos Papas, Teodorico y Maguinulfo, que fueron arrestados por Clemente III. Enrique IV fue excomulgado e hizo que se abdicara a favor de su hijo, Enrique V, en su mayoría de edad, llegaría a sitiar Roma. Pascual II recuperó Roma gracias a la ayuda de los normandos.

Calixto II (1119-1124) se enfrentó de nuevo a Enrique V, que había colocado un nuevo antipapa, al que Calixto III hizo arrancar los ojos y castrarlo. Luego a modo de guisa lo hizo pasear por Roma, sentado de espaldas en un camello, y con una capa de piel sangrante de burro a modo de ropaje. Este Papa impuso el celibato con un dogma que aún sigue vigente, y al que añade “que quienes no acaten el celibato irán al infierno o al purgatorio, del que se puede salir mediante donaciones a la Iglesia”.

El famoso Códice Calixtino, guía del camino de Santiago, recibió el nombre de este Papa, por las especiales relaciones que había mantenido con Compostela.

Lucio II (1144-1145) proclamó una segunda cruzada en Vézelay, cuando Jerusalén cayó en manos de los árabes.

Alejandro III (1159-1181) condenó a los cátaros, prometiendo indulgencias a cuantos tomasen la cruz contra ellos.

Clemente III (1187-1191) organiza una tercera cruzada contra Palestina, en manos de Federico Barbarroja, que contó con la ayuda de Felipe Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León. Los cruzados tomaron San Juan de Acre, pero serían vencidos por Saladino a las puertas de Jerusalén. Saladino permitió a Ricardo Corazón de León visitar el Santo Sepulcro.

Inocencio III (1198-1216) ordenó a varios señores feudales acometer la Cuarta Cruzada contra Jerusalén, momento que aprovecharon para destruir Bizancio, expoliando Constantinopla. La bula papal afirma: “Justo juicio de Dios, el reino de los griegos se traslada de los desobedientes a los fieles”.

En 1209 instiga a Simón de Montfort contra los cátaros, a los que masacraron a millares. Suya es la frase: “Matadlos a todos, que Dios sabrá reconocer a los suyos”, pronunciada por el brazo derecho del Papa, Arnaldo Amalric, antes de entrar en Béziers, en clara referencia a los cristianos católicos que habían sido sitiados junto a los cátaros en esta ciudad.

Honorio III (1216-1227) aprueba las órdenes carmelitas, dominicas y franciscanas. En 1223 promulga la Quinta Cruzada, asistida por los reyes de Austria.

Gregorio IX (1227-1241) continuó con la tónica de quemar a los cátaros supervivientes de la cruzada contra ellos. En 1228 dio comienzo a la Sexta Cruzada, donde recuperarán Jerusalén durante 10 años.

Inocencio IV (1243-1254) enfrentó a Portugal contra Jaime I de Aragón, el hijo de Pedro II, defensor de los cátaros y que había muerto por ellos en la batalla de Muret.

Este Papa trató de envenenar al emperador Federico haciendo que su médico le diera un jarabe envenenado un día que éste había enfermado. Federico sospechaba del médico y le hizo beber el jarabe antes, lo que hizo que cayera fulminado.

Inocencio IV publicó el manual de la Inquisición de Raimundo de Peñafort y la justificación teológica de Santo Tomás.

A su muerte, lo dejaron desnudo, durante varios días, en la iglesia de Perugia, donde nadie quería darle sepultura.

Urbano IV (1261-1264) establece, según las revelaciones de unas monjas iluminadas, la celebración del Corpus Cristi.

Para entender esta fiesta se cuenta que en Lieja, Bélgica, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Cornillón (1192-1258) tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía.

Una noche, la luna llena brillaba como plata, pero con una mancha negra; interpretó que la luna representaba a la Iglesia militante en la tierra, que recibe la luz del Sol: Cristo Jesús; la mancha significó para ella la carencia de una celebración litúrgica para la Eucaristía.

Juliana de Cornillón o Juliana de Lieja, como también se le reconoce, presentó petición a las autoridades eclesiásticas, hasta que el Obispo de Lieja Roberto de Theorette en el año de 1246, celebró el primer Corpus.

Más adelante, el Papa Urbano IV instituyó la celebración del Corpus Christi para la Iglesia Católica Universal, fijándola el jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Gregorio X (1271-1276) establece en el II Concilio de Lyon la bula Ubic Periculum con este dogma: “El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no como dos principios, sino como de un principio único y con una sola espiración, no con dos”. Quería decir con ello que los cardenales se debían reunir en un cónclave para elegir Papa, y que éste siempre será elegido por obra del Espíritu Santo.

Clemente V (1305-1314) declaró herejes a los templarios, juntamente con el rey francés Felipe IV, arrestando al Gran Maestre Jacques de Molay, con una trampa, conduciéndolo a la hoguera, después de siete años de torturas contra él y los suyos. Clemente V y Felipe IV estuvieron presentes cuando se les quemó. El Papa fue el inventor de la tortura del Tercer Grado, aquella por la cual se descoyuntaba a un preso, después de arrojarlo desde una polea al vacío. Esta salvajada fue aplicada por los dominicos (domini canes, es decir, los perros de Dios, del latín) cuando torturaban a los templarios; más de dos mil templarios pasaron por el potro de los tormentos.

Felipe IV se quedó con las tierras de los templarios franceses, y Clemente V todo el oro y las pedrerías, aparte de las tierras templarias en otros países que no fueran de Francia.

El Papa murió de un cáncer de colón. Dante también lo retrató en su Divina Comedia.

Juan XXII (1316-1334) provocó en Alemania e Italia multitud de guerras, quemando y expoliando a diez mil herejes. Su bula, la conocida “Taxa Camerae”, por la que absolvía a los que hubieran cometido algún crimen, le procuró en aquellos tiempos 50 mil millones de florines de oro.

Juan XXII dictaminó que Jesús y sus apóstoles nunca habían sido pobres, para acabar con la herejía de todos los que acusaban al Vaticano de posesión de riquezas.

Benedicto XIII de Aviñon (1328-1423) fue considerado antipapa, y hoy es muy conocido por los españoles por tener el apelativo de Papa Luna (su verdadero nombre era Pedro Martínez de Luna). Fue elegido por 20 cardenales, del total de 21, pero Francia no lo reconoció como Papa. Murió a los 96 años en el castillo de Peñíscola, que había pertenecido con anterioridad a la orden del Temple. Martín V, el Papa número 206 oficial del Vaticano, quiso envenenarlo en sucesivas ocasiones.

Clemente VI (1342-1352) celebraba orgías en su Palacio de Aviñón de forma constante. Sería el historiador Petrarca el que dejara por escrito estos abusos de vida licenciosa y los crímenes que cometió. Este benedictino compró para el Estado pontificio la ciudad de Avignon por la que pagó 80.000 florines de oro a la reina Juana I de Nápoles.

Bonifacio IX (1398-1404) nada más llegar al trono de San Pedro proclama un nuevo año santo y envía frailes mendicantes por todo el continente europeo, con los que obtuvo medio millón de florines de oro. Vendía cargos eclesiásticos a los que mejor pagaban. Ocupó el cargo que le hubiera correspondido al Papa Luna.

Martín V (1417-1431) es conocido por ser el Papa que mandó a Juana de Arco a la hoguera. Anatematizó al rey de Aragón, el rey Alfonso, por oponerse a sus órdenes.

Pío II (1458-1464), antes de ser Papa fue escritor de relatos eróticos. Vendió la corona de Nápoles al hijo bastardo del rey de Inglaterra, por la suma de 600.000 escudos de oro.

Sixto IV (1471-1484) fue acusado por Maquiavelo y Pedro Volatteran de pederasta, porque se hacía traer niños al Vaticano para complacer sus apetitos. Hizo asesinar a los Medici mientras asistían a una misa, acabando con Juliano, pero salvándose Lorenzo de la trampa tendida por el Papa. Este, a sabiendas de que se había salvado, excomulgó a Lorenzo.

Sixto IV reconoce a Fernando de Aragón como rey de España, después de su boda con Isabel de Castilla. Otorga a los Reyes Católicos la bula Exigit sincerae devotionis, en la que autoriza a los reyes a nombrar sus propios inquisidores, lo cual hicieron de inmediato nombrando a Torquemada inquisidor general.

Sixto IV expulsó a los judíos de todas partes, confiscando sus bienes. Masacró, en sólo una semana, diez mil judíos en diversos pogromos por varios estados. Millón y medio de judíos logró huir, pero los que no pudieron acabaron en la hoguera. Gracias a esta acción las arcas de Roma y España rebosaron de oro. Para seguir incrementando la riqueza declararon que los ricos, bajo auto de fe, serían declarados herejes si no participaban en el pago de impuestos.

Sixto IV estableció los 28 artículos más perversos de la Inquisición, nombrando a Torquemada gran Inquisidor de España.

Con todo el dinero recaudado, Sixto IV se hizo pintar la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Enemigo declarado de Leonardo Da Vinci.

Inocencio VIII (1488-1492) era el sobrino de Sixto IV. Casó a su hijo Francheschetto con una hija de Lorenzo de Medici, en una ceremonia en la que no ocultó que él como Papa era el padre. Vendió con desparpajo los cargos de la curia papal, haciendo que el Papado se convirtiera en un nido de víboras que querían amortizar los puestos comprados. Como no pudo convencer a los cristianos de invadir a los turcos, llegó a un acuerdo con los infieles, reteniendo en Roma a Djem, hermano del sultán, a cambio de un tributo anual de 40.000 ducados. El sultán le regaló la segunda lanza de Longinos.

Alejandro VI (1492-1503), cuyo nombre real era Rodrigo de Borgia, tuvo dos hijos de madres desconocidas, y cuatro hijos más de su amante Vannozza Cattanei: César, Juan, Joffre, y la famosa Lucrecia.

Compró el Papado con oro, instalándose en el Palacio de Letrán junto a su amante y sus hijos. Proclamó la matanza de los indígenas de las Américas, que no quisieran evangelizarse. Los misioneros españoles, dando órdenes a los soldados españoles, cortaron miles de cabezas

Casó a su hija Lucrecia con Juan Sforza, señor de Pesaro, en una boda con fiestas orgíacas, donde estuvo participando el Papa durante varios días, entregándose a todo tipo de placeres. Cuando Lucrecia se divorció de Juan Sforza y regresa al Vaticano, sostuvo incesto con su padre. En 1497, el hijo del Papa, Juan, Duque de Gandía, será asesinado y su cuerpo tirado al Tíber. El Papa, sospechando de Savonarola, duque florentino, manda ahorcarlo en 1498, siendo arrojado luego su cuerpo a una hoguera.

Alejandro VI manda quemar todas las obras de Boticelli. Lucrecia mantendrá relaciones incestuosas con su hermano César, pero el Papa la casará de nuevo con el hijo bastardo de Juan II de Nápoles, que enseguida será asesinado por César.

De vuelta al Vaticano, Lucrecia finalmente se casará con Alfonso d’Esste, donde vivió hasta su muerte en la corte de Ferrara.

Alejandro VI promulgó que los estados de la Iglesia formasen parte de la familia Borgia. Murió envenenado, junto a su hijo César, después de ingerir vino en una de sus numerosas bacanales.

Julio II (1503-1513), franciscano, pese a sus votos de pobreza, obtuvo la tiara papal pagando 100.000 ducados de oro. Prometió a César Borgia capitanear su ejército y reponer a los Sforza en el Milanesado.

Sin embargo, arrestó a César Borgia y le obligó a devolver sus posesiones a cambio de la libertad.

Erasmo publica en Rotterdam su “Elogio de la locura” burlándose de la corrupción de Roma, al que sigue el libro “Julius Exclusus” donde ataca frontalmente al Papa. Nicolás Copérnico expone en su obra “De revolutionibus orbium coelestium” que el Sol da vueltas sobre el eje de la Tierra, lo que casi le cuesta la vida después de ser condenado por Julio II.

Martin Lutero se suma a la protesta de los abusos papales, con 95 tesis que denuncian los abusos de Roma. Comienza la llama Reforma protestante.

León X (1513-1521), otro Medici, rehúsa hacerse la prueba de virilidad en la silla horadada, mandando suprimir esta costumbre, originada por la Papisa Juana.

Todo libro científico debía ser leído por la censura papal antes de publicarse. Restableció, además, la Taxa Camarae, la bula que decretaba abierto el cielo para los clérigos que hubieran violado a mujeres, niños o adultos, o asesinado a hombres y niños, bajo un pago papal, eso sí.

Martín Lutero condenó esta infabilidad papal, convocando un concilio general. En 1520, mediante la bula Exurge Domine, condena a Lutero, quien la quema en el convento de los Agustinos de Wittenberg. Lutero, protegido por el emperador alemán, se presentó en Augsburgo, respondiendo a las cuestiones de quienes le amenazaban con la Inquisición.

León X murió envenenado a los 49 años de edad en un banquete con orgía incluida.

Clemente VII (1523-1534), cuyo nombre auténtico fue Julio de Medici. Propuso quemar todos los escritos de Lutero, y quemar en la hoguera a todas las personas que apoyaran el luteranismo, incluyendo conventos.

Carlos V fue coronado en Florencia. Pero al partir éste, el Papa mandó torturar a todos los luteranos, nombrando luego como duque de Florencia al hijo bastardo que había tenido con una posadera.

Cuando Carlos V se dio cuenta de los excesos del Papa, asedió Florencia muriendo más de 4.000 personas. No obstante, el Papa pudo huir por un pasadizo a Saint Angelo. Para salvar su vida, el Papa coronó a Carlos V como emperador en Bolonia, hacia el año 1530.

Este Papa saltó de un aliado a otro, intrigando contra Carlos V. Para continuar la obra del Vaticano aplicó la Taxa Camarae, vendiendo indulgencias a criminales, adúlteros, violadores y demás ralea. Promulgó un breve haciendo que la Inquisición del Reino de Aragón torturara a los homosexuales por sodomía, quemándolos vivos después.

Sería él mismo el que encargara a Miguel Ángel el fresco del Juicio Final para la Capilla Sixtina.

Pablo III (1534-1549), favorecedor del nepotismo y padre de varios hijos ilegítimos. Obtuvo la tiara papal comprando los votos de los cardenales. Se enfrentó con Enrique VIII declarando a los cristianos británicos hijos bastardos.

Este Papa para combatir la herejía de Calvino, que rechazaba la necesidad del bautismo y la comunión para la salvación humana, ayudó a Ignacio de Loyola para fundar su denostada Compañía de Jesús, aprobada con la bula papal Regiminis Militante Ecclesiae. Estos llegaron a usar el tormento para obtener confesiones contra los reformistas.

Pablo III aprobó el Santo Oficio para actuar contra Lutero y sus escritos y traducciones. Nombró a Miguel Ángel arquitecto para el nuevo San Pedro, rematando la cúpula de 112 metros de altura.

Julio III (1550-1555) fue sorprendido continuamente sodomizando jóvenes. Junto con el cardenal Crescencio compartían una cortesana, con la que tuvieron varios hijos.

Dio plenos poderes a los jesuitas para la caza de herejes. Los jesuitas derrocaron al emperador de Alemania, que cedió el reino a su hermano Fernando. El príncipe que ya era rey de Hungría, logró Transilvania por expoliación. Un confidente de Fernando mató al obispo Jorge Matinuzzi, que le había ayudado en la obtención de Transilvania. El Papa excomulgó a Fernando por este motivo.

Marcelo II (1555), hijo de Lucrecia Borgia, murió a los 21 días de Pontificado, envenenado, por licenciar a la Guardia Vaticana, de la que decía que no necesitaba soldados para cumplir su misión. Mandó repartir entre los más necesitados el dinero pontificio.

Pablo IV (1555-1559)  intentó conquistar Nápoles por la fuerza de las armas. Pidió ayudas a los franceses prometiéndoles el reino de Nápoles, pero el Duque de Alba los derrotó en el camino. El Papa, furioso, mandó a los jesuitas montar hogueras por doquier. Expolió a los judíos, y las ediciones del Talmud fueron quemadas.

Pío IV (1559-1565), padre de tres hijos ilegítimos, atacó al Cardenal Caraffa y encerró a todos sus familiares. El único que escapó con vida, Alfonso, sería envenenado luego por los jesuitas. Autor de la bula Benedictus Deus, promulgó decretos sobre el purgatorio e indulgencias económicas sobre sus nuevas reformas.

Abrió el Concilio de Trento, estableciendo entre otras cosas el Catecismo para la formación de los jóvenes.

Pío V (1566-1572), comisario del Santo Oficio, su crueldad no tenía rival. Presidió personalmente los suplicios de la Inquisición. Colocó a las 40.000 prostitutas de Roma en un gueto de los suburbios para que los cardenales no practicaran la sodomía y tuvieran sus placeres carnales con estas mujeres.

Excomulgó a Isabel I de Inglaterra por apoyar el cisma del anglicanismo. Apoyó a María Estuardo, reina de Escocia, por su catolicismo. Envió al Duque de Alba una espada bendecida, en obsequio por la masacre cometida contra los calvinistas en Holanda.

Arremetió contra los hugonotes franceses, que sucumbieron en la batalla de Montcontour. El Papa protestó por dejar supervivientes. Los que quedaron con vida acabaron en manos del jesuita Rabelot, que les dio tortura hasta morir. El Papa aprobó que los soldados violaran a las prisioneras antes de degollarlas.

Su ardor de guerrero le llevó a dirigir una cruzada contra los turcos que desembocó en la famosa Batalla de Lepanto de 1571.

Murió cuando estaba organizando con los jesuitas el exterminio de los protestantes.

Gregorio XIII (1572-1585) dio muerte a 30.000 hugonotes en menos de 48 horas, a los que hay que sumar 70.000 calvinistas a los que mató bajo sus órdenes en los dos siguientes meses, por toda Francia. Fue este Papa el que exaltó a Teresa de Ávila y la reforma de las carmelitas descalzas.

Cuando se trasladó el Concilio de Trento a Bolonia tuvo tiempo de hacer un hijo a una joven soltera, que acabo reconociendo. Casó a la joven con un albañil.

En 1582 transformó el calendario juliano suprimiendo los once días comprendidos entre el 4 y el 15 de octubre de aquel año, estableciendo el calendario gregoriano. Fueron considerados bisiestos todos los años divisibles por 4, menos los años iniciales de cada siglo que no fueran múltiples de 400.

Sixto V (1585-1590) fue inquisidor de Venecia, desde donde fue expulsado por su crueldad. Mandó levantar cuatro patíbulos frente al Palacio de Letrán, desde donde mató mandar a 70 herejes en distintos momentos, dado que le gustaba verlos colgar del cuello. Puso cabezas de herejes en las picas de Saint Angelo. El mismo día que obtuvo el anillo del Pescador mandó colgar a 4 herejes para celebrar su Papado.

Encargó a Giácomo de la Porta rematar la cúpula de San Pedro, y colocar un obelisco egipcio en el centro de la plaza de San Pedro, símbolo de la autoridad. Colocó otros obeliscos en San Juan de Laterano, Santa María la Mayor y el Popolo. El obelisco de San Pedro fue traído por Calígula en el año 37 y pesaba 350 toneladas. Necesitó 800 hombres, 40 caballos, y 40 máquinas especialmente diseñadas, para ponerlo en pie.

Sixto V murió de malaria a los 68 años.

Urbano VII (1590) duró sólo 12 días, después que mandara poner a raya a los jesuitas que lo envenenaron.

Inocencio IX (1591) fue envenado por los jesuitas, después que los españoles mandarán asesinarlo.

Clemente VIII (1592-1605) fue el que envió a los jesuitas a las misiones de Asia y América, donde comenzaron a hacer de las suyas. Condenó a la hoguera a  Giordano Bruno, por atreverse este matemático a mencionar la mera existencia de astros y estrellas.

El Cardenal Odoardo Farnesio, que encabezó una rebelión contra el Papa, la pagó siendo envenenado, una vez más, por los jesuitas.

León XI (1605) quiso erradicar el poder de los dominicos y los jesuitas. Fue envenenado a los 26 días de recibir la tiara papal.

Pablo V (1605-1621) fue quien construyó el palacio de la Villa Borghese, una verdadera mansión para él. Reabrió las puertas a los jesuitas de Inglaterra con la llegada del nuevo rey, Jacobo I. Aunque fueron recriminados por sus excesos por el propio rey, lo que detonó que los jesuitas colocaran un barril de pólvora en la Cámara del Rey para acabar con éste y su esposa. El plan fue descubierto y el rey mandó torturar al jesuita Fawk hasta que denunció a sus cómplices. Los jesuitas Garnet y Oldercon confesaron haberlo hecho por orden del Papa. Jacobo I ordenó no obedecer al Papa, lo que fue respondido por éste con la condena a todos los reyes ingleses y sus sucesores.

Enrique IV será asesinado en su carroza de Ravaillac por un sicario adiestrado por los jesuitas. María de Médicis, amante del Cardenal Richelieu, eligió al jesuita Cotton como confesor  de su hijo Luis XIII. Los jesuitas fueron expulsados de diversos países, acusados de regicidas y esbirros del pontífice. En Francia, Richelieu y el jesuita Cotton fueron expulsados.

Los jesuitas casi acaban con la vida de los indios guaraníes del Paraguay, y aun así el Papa beatificó a Ignacio de Loyola y Francisco Javier, reconociendo sus servicios.

El emperador Matías de Bohemia hizo quemar las iglesias de los protestantes, lo que dio lugar a la defenestración de Praga, asesinatos de husistas, origen de la Guerra de los Treinta Años.

Prohibió la lectura de los libros de Galileo Galilei.

Gregorio XV (1621-1623) estableció la nueva normativa para elegir Papa: escrutinio, compromiso y exclamación. Fundó la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, el órgano de la evangelización misionera, canonizando a Teresa de Ávila y a Felipe Neri.

Urbano VIII /1623-1644) condenó a Jansenius por contravenir la prohibición de no publicar nada contra la Iglesia, y a Galileo por defender la teoría de Copérnico. Este Papa tuvo como amante a Camilo Astali, que fue nombrado cardenal el día que le fue presentado por Olimpia, su cuñada.

Condenó por segunda vez a Galileo, haciéndole rechazar el sistema copernicano el 22 de junio de 1633.

Inocencio XII (1691-1700) fulminó a los jansenistas bajo el dictado de los jesuitas. Mandó a los sacerdotes vestir hábito talar y no llevar peluca.

Clemente XI (1700-1721) aceptó al archiduque Carlos de Austria como rey de España. Los franceses, en respuesta, invadieron el Milanesado. Para establecer la paz con el Papa, Felipe V se casó con Isabel de Farnesio.

Este Papa se indispuso con los jesuitas por sus excesos en China e India. De China fueron expulsados los jesuitas y todos los templos católicos quemados.

Como el jansenismo rebrotaba, los jesuitas obtuvieron del Papa la declaración de herejes a través de su bula Unigenitus.

Inocencio XIII (1721-1724)  fue informado de que los jesuitas habían implantado en China un ritual semi-confucionista para que ellos pudieron seguir ejerciendo su dominio. El Papa que había enviado al cardenal de Tournon para hablar de estos temas con el emperador Hkanh-His, fue encerrado por los jesuitas en una cárcel de Macao, al que acabaron asesinando. Serán los mismo jesuitas los que, después que Inocencio III anunciara la reforma de la Compañía de Jesús, acabaran envenenándolo.

Clemente XIII (1758-1769) anunció que aboliría la Compañía de Jesús, después que se enterase que estos habían asesinado al rey José I, de Portugal. Carlos III, por su parte, le envió 5.000 jesuitas expulsados de España por sus desproporcionadas formas, donde ni el Papa quiso aceptarlos en Roma. En la víspera de la disolución de los jesuitas fue envenenado, una vez más, por los propios jesuitas.

Clemente XIV (1769-1774) volvió a intentar disolver a los jesuitas, mediante la bula Dominus ac Redemptor, encarcelando al general jesuita padre Ricci de por vida en Sant Angelo. Al firmar esta bula pronunció estas palabras: “Firmo mi sentencia de muerte, pero obedezco a mi consciencia”. Y efectivamente, fue envenenado por los jesuitas.

Pío VI (1775-1799) conspiró con los jesuitas para llegar al Papado. Tuvo dos bastardos con su propia hermana. Con uno de estos hijos mantuvo relaciones, mientras el joven también se amancebaba con su madre, su hermana y Constanza, hija que el Papa había tenido con la Condesa Falconi.

Impidió que los judíos pudieran leer el Talmud y les obligó a vestir de amarillo, el color de la infamia que vestían las prostitutas.

Con la llegada de la Revolución Francesa y las sociedades secretas, lanzó un ataque contra Francia, pero Napoleón Bonaparte invadió parte de Italia para frenar las aspiraciones pontificias. El Vaticano fue ocupado por Bonaparte y Pío X murió exiliado en Valence.

Pío VII (1800-1823) reconoció la República de Napoleón y pudo volver al Vaticano,  declarando al catolicismo como religión de la mayoría de los franceses. Napoleón exigió al Papa la expulsión de Roma de todos los ciudadanos de naciones en guerra contra Francia. Pío VII se negó y Napoleón lo sitió en Fontainebleu, donde le hizo claudicar de todos los Estados Pontificios. Pío VII lo excomulgó y Napoleón lo arrestó en Grenoble. Después de la derrota de Napoleón en Waterloo, Pío VII recuperó el Vaticano y su trono en 1814, restableciendo el poder de los jesuitas.

Pio IX (1864-1878) se tuvo que enfrentar a la derrota del catolicismo en Suiza. Para colmo el pueblo romano instó a que expulsaran a los jesuitas de Roma. En 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, a pesar de que en los evangelios no se mencione nada de ello. Exaltó el Sagrado Corazón de Jesús, convirtiéndolo en una fiesta católica. Con su encíclica Sylabus condenó a la masonería y el modernismo, por liberal y democrático.

Coronó a Bernardette Soubirous, en Lourdes, por tener sus 18 apariciones marianas.

León XIII (1878-1903) proclamó a la Virgen de Montserrat patrona de los catalanes. Durante su poder vio cómo la III República Francesa expulsaba a los jesuitas y los benedictinos de Francia.

Pío X (1903-1914) extendió el Index de libros prohibidos por la Iglesia Católica hasta un total de 200. Introdujo la bula papal Pascendi condenando al modernismo por sus implicaciones esotéricas y masónicas. Gaudí tuvo que renunciar a ser considerado como un arquitecto modernista.

Benedicto XV (1914-1922) vio cómo comenzaba la Primera Guerra Mundial. Intentó pararla, echando la culpa de todo a los modernistas. No se comprometió con ningún bando en la guerra. Por la canonización de Juana de Arco consiguió restablecer las relaciones con París. Por último, convirtió las apariciones de Fátima instando un proceso canónico para convertir el lugar en uno de los más importantes centros marianos del mundo.

Pío XI (1922-1939) utilizó la radio para impartir sus misas por todo el mundo, encargando a Marconi la Radio Vaticana en 1931. Se presentó en Polonia para evitar una invasión bolchevique. Condenó el divorcio. Por el Tratado de Letrán de 1929 obtuvo de Mussolini el reconocimiento de la independencia del Vaticano, sobre el que solo el Papa podía gobernar. Llegó a acuerdos con Mussolini y Hitler para restablecer el catolicismo en estos países. Estableció un concordato con Franco. A pesar de estos acuerdos escribió dos encíclicas contra el comunismo y el nazismo. Aun así hizo que se apoyara al partido fascista de Mussolini.

En 1926 se firmó un acuerdo entre la Santa Sede e Italia para reconocer la creación de un minúsculo estado Vaticano, mediante un convenio económico.

Aprobó la existencia del Opus Dei en 1947.

Pío XII (1939-1958) empeñado en encontrar los restos de San Pedro, encargó a un grupo de arqueólogos jesuitas que escarbaran bajo la cúpula de San Pedro, donde se hallaron tres cuerpos, uno de ellos de mujer. Proclamando la inspiración divina, Pío XII afirmó que uno de los cadáveres pertenecía a Pedro, el príncipe de los apóstoles.

Escribió a Hitler para proclamar la simpatía que le tenía. Cuando no recibió la respuesta que esperaba trató de impedir la alianza Mussolini-Hitler. Viendo que la paz era imposible negoció con los aliados para asesinar al Führer. Excomulgó a los comunistas.

Estando a sabiendas del genocidio judío de Hitler lo cayó todo cuanto pudo. Este Papa, además, apoyó al franquismo desde sus comienzos. En 1950 declaró el dogma de la Asunción al cielo de la Virgen María. Luchó contra las curas obreros, apoyados por el Arzobispo de París, Suhard.

Tuvo escarceos amorosos con su camarera, Sor Pascualina. Se hizo tratar de sus problemas de impotencia por un curandero austríaco que lo trató con placenta.

Juan XXIII (1958-1965) dio órdenes para que Sor Pascualina fuera expulsada del Vaticano en menos de 24 horas. Amplió el colegio cardenalicio a los 87 miembros.

Convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II en 1962 para unir a todas las sectas cristianas en una sola. En este mismo concilio desaprobó el uso de la píldora anticonceptiva como control de la natalidad.

Pablo VI (1963-1978) proclamó en el Concilio Vaticano II que los únicos métodos para el control de la natalidad eran la abstinencia y el método Ogino, estando todo lo demás prohibido por la Iglesia Católica.

Se vio inmerso en escándalos de la Banca Vaticana, que incluso llegó a falsificar 950 millones de dólares que servirían como bonos para el Banco Vaticano. El jefe de una sección del departamento de justicia, Willian Lynch, denunció en 1973 que el Papa estaba detrás de este asunto. El artífice de esta estafa fue Michele Sidona, alias el Tiburón, un poderoso jefe de la Mafia de Milán, a las órdenes del Papa. Michele Sidona traficó con heroína en una importante red de drogas por toda Italia, con el beneplácito del Papa.

En toda esta mafia instalada en el Vaticano, destacaba Gelli, el jefe de una organización paramasónica (nunca reconocida por la masonería) llamada P2, de la que Pablo VI conocía su existencia.

Regaló su lujoso descapotable a la madre Teresa de Calcuta. Reformó la Congregación del Santo Oficio que pasó a nombrarse Congregación de la Doctrina de la Fe, la versión moderna de la Inquisición.

Juan Pablo I (1978) quiso imponer disciplina en el Vaticano, intentando colocar orden en los desmanes de la Banca Vaticana. Quiso expulsar del Vaticano al Cardenal Marcinkus, ministro del tesoro, y responsable de los desmanes de la Banca Vaticana.

La hermana Vicenta descubrió el cadáver del Papa al llevarle un café a las 4:30 de la mañana. El Cardenal Villot descubrió un frasco de medicamentos encima de la mesa del dormitorio del Papa, y se los embolsó en la sotana. Le arrebató los papeles que el Papa agarraba en la mano y los hizo desaparecer. Finalmente Villot llamó al doctor Buzzonetti que certificó la muerte del Papa por infarto de miocardio. Desde entonces planean rumores de todo tipo sobre el asesinato de Juan Pablo I.

Juan Pablo II (1978-2005) fue disparado el 13 de mayo de 1981 por Alí Agca. A punto de morir, vio cómo en el Vaticano la logia paramasónica P2 y el Opus Dei se disputaban el poder. Cuando salió de su convalecencia intentaron asesinarlo de  nuevo mediante un navajazo en Fátima. Para protegerse de tanto intento de acabar con su vida se hizo construir el Papamóvil,  un coche con vidrios blindados y de suficiente altura para ser visto de pie.

Juan Pablo II reconoció a Pinochet y lo llegó a visitar. Pinochet regaló al Papa la moneda que conmemoraba el asesinato de Allende.

Juan Pablo II intervino en la disgregación de Yugoslavia, que daría pie a la Guerra de los Balcanes. Este Papa también condenó el uso del preservativo, a pesar de que el SIDA hacía su aparición y comenzaba a extenderse por todo el mundo.

Juan Pablo II definió al purgatorio y al infierno no como lugares, sino como estados de ánimo. Estableció indulgencias eclesiásticas a cambio de dinero para salir del purgatorio.

Canonizó a José María Escrivá, fundador del Opus Dei.

Benedicto XVI (2005-2013), miembro del Opus Dei, gran inquisidor en la Congregación de la Doctrina de la Fe, y miembro de las juventudes hitlerianas en su juventud.

Erradica las figuras del buey y la mula del tradicional Belén navideño por considerar que éstas no son mencionadas en los evangelios, y que en realidad proceden del culto al dios Mitra.

Este Papa encubrió numerosos casos de pederastia, entre ellos el de Marcial Maciel (fundador de la congregación católica Los Legionarios de Cristo) y destapó otros. “En los 70, la pedofilia se entendía como algo completamente en conformidad con el hombre e incluso con los niños”, llegó a declarar este Papa. Tal vez por eso fue acusado de crímenes contra la Humanidad orden emitida desde Canadá el 4 de marzo de 2013 , en la que fue sentenciado a 25 años de prisión por amparar casos de pederastia.

Antes de que llegara la sentencia, el Papa se retiró el 28 de febrero de 2013, mudándose al monasterio de clausura Mater Ecclesiae, para evitar el arresto ante el mundo entero.

Francisco I (2013-actualidad) cuyo verdadero nombre es Jorge Bergoglio está implicado en el papel de la muerte de ciudadanos argentinos durante la dictadura de Videla. De momento no se ha podido demostrar nada de ello. La historia del futuro nos demostrará si está implicado o no.

Inmerso en una reforma de la iglesia, cuenta con un poderoso departamento de marketing que intenta lavar la imagen del Vaticano. Sin embargo, pese a sus intentos de afirmar que aceptará a homosexuales y mujeres en la iglesia, todavía no ha dado un solo paso al respecto.

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