Los copistas de la Biblia son tan malos que ni siquiera tienen inventiva. Los textos atribuidos a Salomón y que aparecen en Proverbios son en realidad de Amenemope, faraón de la dinastía XXI, que gobernó en Egipto desde 993 al 984 a.C.

En el libro de la sabiduría de Amenemope podemos leer lo siguiente:

“Presta tu oído y atiende a lo que digo y aplica el corazón para aceptarlo, pues bueno es situarlas en tu corazón, que seguras descansen en el cofre de tu barriga para que puedan actuar como una clavija sobre tu lengua.

“Considera estos 30 capítulos que deleitan e instruyen. Conocimientos para contestar al que hable y cómo dar un informe sobre alguien a quien te lo pida.

“Líbrate de robar al pobre y oprimir al afligido.

“Un escriba que conoce su oficio se considera digno de ser un cortesano.

“No comas en presencia del que manda y no te eches hacia adelante con la boca ante un gobernante cuando estés lleno con eso a lo cual derecho no tienes; solo será una delicia para tu saliva. Mira el manjar que tienes delante y deja que [sólo] tu necesidad satisfaga…

“No vuelques en nadie lo hondo de tu alma, ni malgastes [así] tu sabiduría”.

Teniendo en consideración que Moisés es, a lo sumo, del 1500 a.C., Proverbios se escribió bastante tiempo después, plagiando directamente de los egipcios. Incluso el reinado de Salomón, cronológicamente hablando, coincide con los principios de la dinastía XXI.

Y ahora veamos qué dice Proverbios 22:17 a 23:9:

17 Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi sabiduría;
18 Porque es cosa deliciosa, si las guardares dentro de ti;
Si juntamente se afirmaren sobre tus labios.
19 Para que tu confianza sea en Jehová,
Te las he hecho saber hoy a ti también.
20 ¿No te he escrito tres veces
En consejos y en ciencia,
21 Para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad,
A fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?
22 No robes al pobre, porque es pobre,
Ni quebrantes en la puerta al afligido;
23 Porque Jehová juzgará la causa de ellos,
Y despojará el alma de aquellos que los despojaren.

El parecido es tan notable, que el plagio es más que evidente. Salomón cuando canta a Yahvé, no deja de ser un miserable imitador, calcando lo que forma parte de los textos egipcios.

Esto queda respaldado al notar relaciones directas de esta porción de Proverbios con otras partes del mismo libro (comparando la expresión “inclina tu oído” de 22:17 con 5:1 y 7:1; “palabras de los sabios” de 22:17 con 1:6 y 24:23; “pon tu corazón” de 22:17 con 2:1 y siguientes; “consejos y conocimiento” de 22:20 con 8:6; “quitar tu cama” de 22:27 con 20:16; “no trabajes por ser rico” de 23:4 con 15:27; “pon coto a tu prudencia” de 23:4 con 3:5,7 y 26:12, etc.).

Los copistas de la Biblia tienen tan poca vergüenza de afirmar que estos salmos provienen de Dios, cuando la realidad es demasiado evidente.

Algunas partes del Libro de los Proverbios se remontan a los antiguos proverbios de Egipto y de Mesopotamia que fueron adaptados por los judíos para instruir a los jóvenes. Otras partes provienen de colecciones hechas por maestros para educar a los estudiantes en la corte real o en sus propias escuelas. Alrededor del año 440 A.C., estos y otros refranes fueron editados en el Libro de los Proverbios por un plagiador cuyo nombre se desconoce.

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