ARQUEOLOGIA Y FOTOGRAMETRIA

5 Junio 2009

Habíamos ido al desierto del Tassili a conocer de mano las pinturas rupestres descubiertas por Henry Lothe en 1956, con unas dataciones en las que, según los entendidos, abarcan desde los 10.000 hasta los 5.000 años de antigüedad. Pero nos encontramos un inconveniente. Según los arqueólogos, la datación de las pinturas se realiza por pruebas con el carbono 14 y termoluminiscencia, midiendo el tiempo al que ha estado expuesto el cuarzo, como mineral que se encuentra presente en las rocas.

Ahora bien, mientras que para la arqueología, todas las pinturas rupestres por proximidad, son catalogadas dentro de un período; para otros, como nosotros, no tenía por qué ser así. De hecho, se veía que las pinturas habían sido confeccionadas en distintas etapas, superponiéndose unas a otras, en un collage de capas.

¿Tiene ello importancia? Mucha, más de lo que uno se cree. Porque si del Tassili hablamos, un margen de datación de 5.000 años de antigüedad puede dar al traste con muchas teorías. Una de ellas puede leerse en más abajo de este artículo, y era el hecho de que el Tassili fue anterior a las primeras dinastías de Egipto, un bastión desde el que probablemente fuera uno de los ejes del Egipto faraónico, el lugar al que llegaron los primeros “dioses bajados del cielo”.

Viaje a París

Todos ello nos conducía a ver, en primera estancia, los famosos calcos de Henry Lothe, expuestos en el Museo del Hombre, en París. Estos calcos debían encontrarse en mejores condiciones que las propias pinturas rupestres, ya que Lothe destrozó los originales, al embadurnar con agua estos para colocar el papel de calco. Al separar el papel de la tierra, el color de las pinturas originales se perdería para siempre.

El 13 de diciembre del 2008 partíamos hacia París, hasta el aeropuerto de Beauvais, donde nos esperaba uno de los peores inviernos de la ciudad. En esta ocasión viajé con Diego, uno de mis compañeros de aventura al desierto del Tassili, donde había estado no hará unos meses.

La visita al Museo del Hombre no fue lo que esperábamos. El museo estaba hecho un desastre, con todos sus enseres en mal estado. Lo poco que se exponía era de hace 50 años, con cráneos falsos y réplicas arqueológicas hechas una calamidad.

No veíamos los calcos de Henry Lothe por ninguna parte; así que preguntamos por ellos al director de este centro, Jean Pierre Mohen. No pudimos hablar con él en una primera ocasión; lo haríamos al día siguiente.

Mohen nos comentó que el museo iba a cerrar en marzo del 2009, y que no se abriría hasta el año 2013, después de unas reformas. Los calcos de Lhote se estaban restaurando para ser transportados hasta Provenza, en la Occitania, donde permanecerán olvidados durante años.

Le insistimos en verlos, pero no hubo manera. Jean Pierre Mohen se amparaba en que los calcos se encontraban muy mal. Era imposible verlos y mucho menos fotografiarlos. Pero nos dio una pista. Todos ellos habían sido fotografiados no haría mucho por los responsables del Departamento de Restauración del Museo del Louvre. Ellos tenían esas fotografías, por si estábamos interesados.

El Museo del Louvre

Nos acercamos hasta el Departamento de Restauración del Museo del Louvre, junto al Patio de los Leones. Estuvieron muy atentos con nuestra visita. Es más, conseguimos hablar con Michel Menu, el director de este departamento del museo.

Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Nos escucha con interés. Nos guiña un ojo y nos muestra algo. No solamente han fotografiado los calcos de Lothe, sino que además han realizado varias expediciones al Tassili, en Argelia, para fotografiar personalmente las pinturas rupestres; con un añadido. Han utilizado técnicas de fotogrametría para obtener las imágenes.

Si queremos conocer personalmente al fotógrafo que ha captado estas tomas, podemos hacerlo. Casualmente trabaja allí y se encuentra ahora mismo en las instalaciones.

¿Queremos conocerle? ¿Queremos saber algo más sobre la fotogrametría? Aceptamos encantados.

El fotógrafo que está realizando las fotografías, nos contempla extrañados. Pero accede a mostrarnos las primeras imágenes del Tassili mediante fotogrametría, mientras Michel Menu se somete a nuestra entrevista:

Pregunta: ¿Cómo comenzó toda esta aventura?

Respuesta de Michel Menu: Bueno, desde el Museo del Hombre nos pidieron que reconstruyéramos los calcos de Henry Lothe, esos mismos que andabais buscando. Fue ahí cuando cobramos interés por los mismos. Nos pareció interesante la idea de aplicar la fotogrametría a las pinturas rupestres del Tassili, ya que habíamos recibido los primeros equipos fotogramétricos en el Museo del Louvre. Así que nos pusimos en contacto con Malika Hachid, directora del Parque Nacional del Tassili; no sólo para pedirle los permisos necesarios, sino para que nos acompañara en las futuras expediciones. Ella había escrito un maravilloso libro ilustrado llamado “Le Tassili Des Ajjer”. Era la persona indicada para proporcionarnos toda la información que precisáramos.

P: ¿Cuántas expediciones habéis realizado al Tassili?

R: Dos por ahora, pero aún nos queda muchísimo hasta fotografiar la práctica totalidad de las pinturas rupestres conocidas. No sólo es Jabbaren o Sefar, sino tantas otras que nos son desconocidas. Teniendo en cuenta que por cada foto podemos estar prácticamente dos o tres horas, estamos ante un trabajo de varios meses, que iremos alternando en sucesivas expediciones.

P: ¿Qué pensáis hacer con los resultados de estas fotografías?

R: Publicaremos un libro con las imágenes y el resultado de nuestra investigación. Pero no creo que lo hagamos hasta dentro de unos años. De momento, acabamos de comenzar.

P: ¿Y qué se basa todo vuestro estudio con fotogrametría?

R: Para que se pueda entender, sin demasiados tecnicismos, lo que hacemos es dar relieve a las imágenes tradicionales. Lo combinamos con fotografía infrarroja y ultravioleta. De esta forma aparecen todas las capas de una pintura rupestre, pudiendo diferenciar unas de otras. Así logramos datar con total certeza grabados que parecen realizados en el mismo tiempo, por proximidad, cuando no lo son. Con esta técnica es posible ver cuándo un tallado pertenece a un tiempo u otro. Separando capas podemos realizar dataciones exactas, lo que para la arqueología es un alivio.

El fotógrafo nos enseña un primer borrador del libro electrónico con las primeras fotografías. Son de muy alta resolución. Le pedimos que nos preste alguna para su publicación, pero Michel Menu no quiere que el mundo conozca nada de todo esto hasta más adelante.

La entrevista se prolonga poco más de una hora. El ambiente es muy distendido, y finalmente intercambiamos correos electrónicos. Nos proponen que les acompañemos en su próxima expedición. Sería un honor, pero no tenemos a nadie que nos subvencione el enorme gasto que acarrea viajes de este tipo.

Ahí termina todo, por ahora. Después de la consabida visita obligada al Museo del Louvre, partimos hacia el aeropuerto, con las calles atestadas de vehículos y las prisas por coger el avión de vuelta. Nos proponemos proseguir con esta investigación más adelante.

¿Qué es la fotogrametría?

La fotogrametría es la ciencia o técnica cuyo objetivo es el conocimiento de las dimensiones y posición de objetos en el espacio, a través de la medida o medidas realizadas a partir de la intersección de dos o más fotografías, o de una fotografía y el modelo digital del terreno correspondiente al lugar representado, el cual ha de ser realizado anteriormente por intersección de dos o más fotografías.

La palabra fotogrametría se deriva del vocablo “fotograma” (de “phos”, “photós”, luz, y “gramma”, trazado, dibujo), como algo listo, disponible (una foto), y “metrón”, medir.

Por lo que resulta que el concepto de fotogrametría es: “medir sobre fotos”.

Si trabajamos con una foto podemos obtener información en primera instancia de la geometría del objeto, es decir, información bidimensional. Si trabajamos con dos fotos, en la zona común a éstas (zona de solape), podremos tener visión estereoscópica; o dicho de otro modo, información tridimensional.

ArcheOS

De ArcheOS, como distribución Linux, con todo lo necesario para realizar tomas métricas, ya hablamos en este artículo. Así que nos bastaría ver cómo operar con los programas informáticos que incluye.

Si abrimos el programa Stereo, desde esta distro, bastará con descompactar el programa en /usr/src/

Con un editor de texto abriremos el archivo “global.h” y modificarremos TEMPDIR y DATADIR (hacia donde se desee guardar las imágenes y los archivos de calibración).

Teclearemos desde la shell de comando “./configure” en el directorio /usr/src/stereo/ y compilaremos con “make” en el directorio /usr/src/stereo/

Hay que tener en cuenta que:

1.  Las fotos del objeto fotográfico tienen que estar tomadas desde varios ángulos, pero que engloben siempre los puntos de calibración. El programa solo lee el formato TIFF en blanco y negro.

2.  Debe existir un archivo de texto (.txt) compuesto por 3 coordenadas separadas por un espacio (x y z), posicionadas una encima de otra.

Abriremos el programa Stereo desde el menú “Archaeology” y submenú “Photogrammetry”, haciendo clic en “Stereo”. Cargamos las imágenes utilizando el control “Load Image” y sucesivamente importamos el archivo de calibración con la opción “Load Calibration File”. Este es el momento de máxima inestabilidad del programa; hay que acordarse de guardar con la opción “Save Previosus Desktop”.

Por cada imagen cargada el programa se abren dos ventanas. En el “recuadro-foto principal” está contenida la foto a máxima resolución; en el “recuadro-foto aumentada” es posible aumentar la foto haciendo clic con el botón derecho del ratón, mientras con el izquierdo es posible añadir un punto de coordenada.

Empezaremos a introducir los cuatro puntos de coordenadas en el interior de las dos fotos, haciendo clic en el recuadro “recuadro-foto aumentada”. El orden tiene que ser, sin falta, el que está reflejado en el archivo de calibración.

Calibramos las dos imágenes con la opción “Calibrate” en el “recuadro-foto principal”.

Llegados aquí las dos fotos están calibradas; podemos eliminar todos los puntos, haciendo clic en la opción “Remove All”, digitalizando puntos, líneas, superficies, cilindros y elipses.

Llegados a este paso podemos empezar a seleccionar los puntos que nos interesan para construir nuestra primera superficie. Los puntos tienen que seleccionarse con el mismo orden en ambas imágenes.

Si nos interesa recavar las coordenadas de un solo punto tenemos que seleccionar la opción “Triangulate Point”. Esta opción genera superficies, pidiendo 2 valores (“Enter Width” “Enter Heigh”), la suma de los cuales tiene que dar el numero de puntos utilizados para definir la superficie. El programa genera superficies uniendo triángulos; así para digitalizar una superficie de cuatro lados serán suficientes 4 puntos tomados de manera que formen una “Z” (a la pregunta “Enter Widht” “Enter Heigh” bastará con introducir en ambos los apartados “2”). Para una superficie mas grande (ejemplo 8 puntos) conviene coger los puntos en zigzag (a la pregunta “Enter Width” “Enter Heigh” se puede probar a introducir o “2” y “4” ó “4” y “2”). Dependiendo de la opción escogida, la visualización de nuestra superficie cambia. Valoremos cuál es la configuración mejor para nuestro objetivo (se puede cambiar directamente el valor numérico de “With” y “Heigh” en la ventanilla azul para salvar datos).

Introduciremos en la parte mas alta de la ventana azul, en donde se guardan los datos con sus coordenadas, la palabra “scale” seguida de un espacio y el número del tamaño en el cual deseamos ver el objeto (generalmente “1”). Introduciremos “Offset” seguido por un espacio y por tres números separados por un espacio. Indicaremos entonces la posición de la cámara desde la cual se observa el objeto (generalmente funciona con la media de los números de las tres coordenadas del objeto seguida por el símbolo “-“). Haremos clic en el interior de la ventana azul con el ratón, pulsando Alt-R en el teclado. Finalizremos, guardando los datos (un archivo.txt) en el archivo deseado.

Apretaremos nuevamente Alt-R y los datos seran visualizados en la ventana todavía sin utilizar (quien no haya logrado crear el proyecto puede probar el visualizador 3D, descargándose el archivo y cargándolo dentro de la ventana azul con la opción “Open”). Las teclas de arriba, a la derecha, tienen las siguientes funciones:

1:”Shrink” tiene la funcion de zoom out

2: “Enlarge” zoom in

3: “New rend” cambia el tipo de rendering

4: “Flat Tri” tiene function de smooth

En la ventana azul, el ratón no funciona con las opciones de arriba. Se pueden utilizar los mandos del teclado correspondientes a las órdenes o las flechas del teclado para moverse y la tecla enter/envío para seleccionar.

Teoría sobre los orígenes del Tassili

Mapa de AlgeriaMapa de Algeria

Sobre los orígenes del Tassili ya hemos hablado largo y tendido en una serie de artículos. Baste añadir a todo ello un último dato hasta ahora inédito. Si uno se fija en el Dios Orantes, la figura rupestre de Sefar, que mostraba a un ser gigantesco con escafandra, descubrirá algunos datos curiosos. De entrada, la figura tiene todo el aspecto reptiliano de los Annunaki, los dioses sumerios que descendieron a la Tierra. Aparte, parecen distinguirse seis dedos en cada una de sus manos.

En primero de Crónicas 20:4, del Antiguo Testamento, se lee lo siguiente:

Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gezer contra los filisteos; y Sibecai husatita mató a Sipai, de los descendientes de los gigantes; y fueron humillados. 5 Volvió a levantarse guerra contra los filisteos; y Elhanán hijo de Jair mató a Lahmi, hermano de Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como un rodillo de telar. 6 Y volvió a haber guerra en Gat, donde había un hombre de grande estatura, el cual tenía seis dedos en pies y manos, veinticuatro por todos; y era descendiente de los gigantes. 7 Este hombre injurió a Israel, pero lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David. 8 Estos eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.

Representación de uno de los dioses sumerios. Cabe advertir los seis dedos en sus manos.

Representación de uno de los dioses sumerios. Cabe advertir los seis dedos en sus manos.

Los nephilim, los gigantes que aparecen mencionados en el Génesis, son referenciados en sucesivas ocasiones. La raza de los nephilim es la misma como se conoce a los Annunaki.

Fijémemonos en un detalle. Los gigantes bíblicos parecen provenir de Gat, una tierra que nadie sospechaba donde se ubicaba. ¡Hasta la fecha! Porque si nos fijamos y ampliamos el mapa adjunto de Algeria veremos que uno de los pasos de caravanas tuareg se llama, precisamente, Ti-n-Alkoum-Ghat. La tierra de los gigantes no es ni más ni menos que lo que hoy conocemos como desierto del Tassili, el lugar al que descendieron aquellos dioses, conocidos posteriormente por los hebreos, sumerios, asirios, babilonios y egipcios.

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SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (y IV)

8 Enero 2009

Nos levantamos a la 1:30 de la madrugada. Diego, uno de nosotros, se quedará en este desierto una semana más, recorriendo más lugares donde se pierden pinturas rupestres. El desierto encierra miles de ellas.

Diego nos contó que para venirse hasta el Tassili había tenido que realizar el esfuerzo de vender su coche para disponer de dinero. Es un tipo muy honesto y valiente; y muy admirable.

Los todoterreno nos conducen a todo gas hasta el aeropuerto de Djanet, Ifri, en plena noche. Nada más llegar comienza el tema de los controles.

Facturamos las maletas y nos tomamos el primer café del día en una miserable cafetería de dos metros cuadrados atestada de gente.

Nos llaman. Pasamos un segundo control. Con las prisas olvidé de meter la navaja multiusos en el equipaje. Me obligan a facturarla. ¡Qué despiste! Siempre me pasa lo mismo. Por fortuna llevo el saco de dormir como equipaje de mano. Así que introduzco la navaja en sus pliegues y facturo el talego.

Antes de acercarnos al avión, nos alcanza una camioneta con nuestros equipajes. En estos países árabes tienes que subir tú mismo la maleta a la bodega de la aeronave. Me pongo nervioso porque no aparece el saco de dormir. Se lo comento a uno de los guardas. Al momento llega un tractor con equipajes sueltos donde se halla el fardo.

El avión de Air Algerie está hecho un asco. Los asientos se desplazan, están rotos, y sus forros destrozados por completo.

Entre vaivenes llegamos a Argel, muertos de cansancio y sueño. Allí nos espera uno de los organizadores del viaje, junto a los habituales coches patrulla que nos acompañarán en el trayecto hasta el hotel, para que no nos ametrallen.

Los turistas no pueden pasear por Argel sin escolta policial. Es muy peligroso. Los últimos atentados han puesto de manifiesto que la situación está al rojo vivo. Todo se debe al integrismo fundamentalista.

Los taxis nos dejan en un hotel de 5 estrellas, en teoría, porque el edificio es decadente y sucio, con baños que tiran para atrás nada más verlos. Esto es Argel y lo que queda de la colonización francesa que no han sabido mantener.

Por un suplemento de 20 euros nos proporcionan habitaciones individuales a cada uno de nosotros. El organizador argelino no quiere que paguemos en el hotel; pretende que le demos a él nuestros importes extra con los que luego arreglará los suplementos. Esto corrobora lo que tenía oído sobre los argelinos: son muy ladrones y viene intrínseco en su naturaleza.

Tenemos que esperar más de una hora hasta que tenemos listas nuestras habitaciones. En el interín desayunamos frugalmente en el comedor.

Es hora de descansar. Quedamos a las 13 horas para irnos a comer. Por la tarde nos toca paseo hacia el Zoco. Lo penoso es que no podremos visitar el Museo del Bardo, como proyectábamos y estaba pactado, ya que hoy es viernes, día de descanso para los árabes. ¡Malditos argelinos!

Cuando voy al baño y tiro de la cisterna, el agua inunda la habitación y toda la moqueta. Más tarde, cuando pregunte a los otros, me dirán que les ocurre lo mismo.

Lo curioso es que estuve un buen rato intentando encontrar el retrete, ya que no lo localizaba en el baño. Al final, acerté detrás de una puerta que parecía un armario.

Pongo la televisión. Hay varios canales de películas. En la televisión estatal no paran de emitir entrevistas a Imanes, lo más equivalente a uno de nuestros sacerdotes. Con los subtítulos en francés me entero de que está arengando a la Jihad y que invita a los musulmanes a que colonicen Europa, pues así les será más fácil cortarnos el cuello cuando comience la Guerra Santa. Siento curiosidad, así que me detengo a leer esta entrevista. Respecto a España asegura que podrán reconquistar Al Andalus cuando eliminen a Zapatero, el actual presidente de gobierno. Cree que sin un presidente será un paseo la reconquista.

Salimos a pasear por la ciudad. Imposible sin la escolta policial. No nos permiten movernos libremente. Acabamos en una cafetería próxima, escoltados.

Nada más regresar al hotel se produce un altercado en la calle. De la nada surgen varios policías secretos y comienzan a repartir estopa con sus porras a todo quien se aproxima.

Esta ciudad es de locos. La suciedad y la basura se amontona por todas partes. Apenas hay mujeres por las calles, y las que se atreven a salir lo hacen con velo y acompañadas de sus esposos o madres. Los hombres están por todas partes, atiborrando las calles, gesticulando y gritando. Nos miran con curiosidad y odio. Supongo que, aparte de infieles, representamos todo aquello que inconscientemente ansían. Aunque, dada su naturaleza, si los árabes fueran poseedores de nuestro mundo occidental, tampoco sabrían mantenerlo. A la vista está el país en que me encuentro.

De vuelta al hotel hay un momento para la tertulia en la cafetería. Quedamos a las ocho para ir a cenar.

A la hora señalada paseamos por las calles, sin la escolta policial, haciendo caso omiso de los avisos. Hay decenas de miradas asesinas en cada esquina, sintiéndolas en la nuca. Estamos buscando un buen restaurante, algo que parece improbable.

Al apartarme un momento del grupo, un coche oscuro se detiene cerca, con dos ocupantes que nos vigilan. Nos observan. No sabemos si se trata de policía secreta o no; pero tampoco nos detenemos a averiguarlo. Te ponen los pelos de punta.

Por primera vez me alegro de haber traído conmigo la porra extensible como defensa. La llevo en uno de los bolsillos y me aferro a ella con fuerza, por si hubiera que utilizarla.

Cenamos en uno de esos restaurantes aglomerados de personas. Quedamos a las 6:00 de la mañana para levantarnos y dirigirnos al aeropuerto. La verdad es que ni por un segundo más me quedaría en Argel. Antes de irnos a dormir, los del hotel nos regalan unas rosas del desierto que nos repartimos. A mí me ha tocado el pedrusco de sal más grande.

Después de desayunar en el hotel, nos conducen al aeropuerto en una nueva odisea. Escoltados por coches patrulla, nuestro taxista está a punto de topar con otros coches cada cinco minutos. Las autopistas están atestadas de vehículos abollados y muy sucios. Cada dos por tres oímos un impacto de autos. Es su forma de conducir, sin respetar las normas. No hay un solo coche en Argel que se encuentre en buen estado.

Los autobuses rebosan de gente, como si se tratara de ganado. A pesar de ser un día normal, no se ven mujeres por ninguna parte. El taxista grita y gesticula, y en más de una ocasión me dan ganas de coger el volante, pues tiene la costumbre de soltarlo cada vez que comienza una diatriba en árabe.

Estamos a punto de entrar al aeropuerto. Antes de llegar al control de carretera, ya parados, observo a un tío defecando en el arcén, a la vista de todo el mundo. Es lo habitual, por lo visto.

Esta carretera está cercada con alambres de espino. Antes de alcanzar el aeropuerto hemos observado varias cárceles. No cabe duda de que el nivel de delincuencia en Argel tiene que ser altísimo.

El aeropuerto está abarrotado de árabes haciendo cola. Primeros controles. A la hora de facturar más controles. En uno de estos me requisan la rosa del desierto, pues según el policía podría herir con la piedra a alguien. ¡Malditos argelinos!

A una de mis compañeras, Silvia, le exigen dinero para sellar el pasaporte. Por suerte está Manuel para arreglarlo. Pero compruebo que estos árabes nada tienen que ver con la hospitalidad y la amabilidad de los tuaregs.

Antes de subir al avión todavía sufrimos dos controles adicionales. Uno durante la entrega de la tarjeta de embarque, y otro donde nos cachean de arriba abajo. No acabo de entender cómo nos inspeccionan a los turistas, cuando se supone que somos nosotros el blanco de los terroristas islámicos. Pero así son las cosas aquí. Nos deben proteger, mas da la sensación de que protegen a los suyos de nosotros.

Llegamos a Barajas. Como ya va siendo habitual en los aviones de Air Algerie, las maletas vienen rotas, sucias y abiertas.

Antonio se marcha corriendo a su siguiente avión, el que le ha de llevar a Granada. Los demás quedan invitados a una buena cerveza con alcohol en el bar más próximo.

Es nuestra última charla. Voy a echar de menos a todos mis compañeros.

Con Manuel quedo para nuestra siguiente aventura, el próximo año, en Egipto. Y a Silvia le digo que nos veremos en París, con Diego, para nuestra siguiente aventura en busca de los calcos de Henry Lhote. Pero esa es otra historia.

Agradecimientos a todos mis compañeros en esta aventura: Diego, Silvia, Antonio, Belén, Mercedes, Georgi y Manuel. Sin ellos no hubiera sido lo mismo. Los llevaré en mi corazón toda la vida.

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CONCLUSIONES TASSILI: ENTRE LOS ORIGENES DE EGIPTO

7 Enero 2009

Dicen que el Tassili se encuentra a medio camino entre el infierno y el paraíso. Sus agónicas cuestas y su ambiente desolado contrastan con la aplastante serenidad del desierto. Era ya nuestra tercera expedición a las montañas argelinas, aunque ello no impedía que nos arropásemos con las emociones del primerizo.

Resulta imposible sustraerse a un paisaje que más parece lunar que terrestre. Los tuaregs que nos acompañaban volvían a mostrarse tan silenciosos  como los espacios que tenían ante sus ojos. Como siempre se mostraban acogedores; y con una soltura indiferente e ilimitada como el horizonte y el cielo estrellado que nos protegía cada noche. Pero no eran los únicos con los que compartíamos sentimientos. Al abrigo de cada cueva nos imaginábamos las siluetas invisibles de personajes milenarios que alguna vez poblaron ese territorio, cuando el agua y la vegetación eran tan abundantes como lo es el polvo hoy. Ancestros que pasaron por allí cargados con su herencia cultural, que la enriquecieron a lo largo del camino y que la expandieron al valle del Nilo, donde fueron a parar. Un Egipto que se desarrolló con la mirada puesta en el recuerdo de sus antepasados del Tassili.

¿Egipcios en el Tassili?

El Tassili es un macizo montañoso situado en el centro del Sahara, con una extensión de 800 km. de largo por poco más 60 km. de ancho, que recorre la frontera de Argelia con Libia. “Tassili”, en la lengua de los tuaregs, significa “meseta de los ríos”. De hecho, gran parte del Tassili se encuentra atravesada por wadis, ríos secos que recorren el territorio, dándonos una idea clara de lo que fue aquella inmensidad en tiempos remotos.

El Parque Natural, galardonado como Patrimonio de la Humanidad desde 1982 por la Unesco, está considerado como “la capilla sixtina del arte rupestre”. Están catalogadas 15.000 pinturas prehistóricas aunque es posible que en su totalidad asciendan a 80.000. En 1956 Henry Lothe dirigió la primera expedición francesa para estudiar las pinturas. Tras tres campañas en las montañas del Tassili publicó un libro en donde refería que, junto a representaciones propias de la cultura aborigen, existían otras pinturas con marcado estilo egipcio. Esta afirmación causó desconcierto en los ambientes académicos,  una polémica que quedó saldada cuando surgió la información de que el dibujo de las “señoritas con cabeza de pájaro y aureus” resultaba ser un fraude, y que debió ser pintado por un miembro de la expedición para gastar una broma. Algo que, por supuesto, afirman estar demostrado.

Nosotros hemos intentado averiguar quién fue el causante de la “broma” y en qué escrito Henry Lothe reconoce el fraude, pero no hemos tenido éxito. Lo que sí hemos constatado es que tal pintura ha sido borrada expresamente para evitar su estudio, por lo que ya hoy no se puede ver. Esta barbarie no es única en el Tassili, ya que una mano invisible también ha picado convenientemente la cabeza del hombre del dibujo denominado “El rapto”; tal vez porque no cuadraba demasiado que un personaje con cabeza redonda estuviera en la misma escena junto a las nativas prehistóricas. De cualquier forma, nosotros hemos encontrado otras muchas pinturas con marcado carácter egipcio.

La Tercera Ruta de Herodoto

Karl W. Butzer, explica que en el Holoceno Temprano, hace 12.000 años, en época posterior al fin de la cuarta glaciación, se dio un aumento de temperaturas en nuestro planeta entre 2,3 y 2,7 grados, produciendo abundantes precipitaciones en zonas del norte de Africa. Ello produjo el asentamiento de tribus en lugares hasta entonces despoblados. El Sahara fue habitable desde el 9000 al 2500 aC. Desde el 2500 aC, la sabana comenzó a transformar el desierto en lo que es ahora, por lo que las poblaciones abandonaron su habitad y el Tassili sólo albergó a ciertas tribus de nómadas y a los viajeros que atravesaban de lado a lado el continente.

Según Herodoto las vías de comunicación de la época prehistórica africana fueron tres, y todas ellas terminaban en Abydos, la ciudad santa del Nilo. La primera comunicaba la Gran Sirte con las islas del Egeo. La segunda, o ruta del atlas, entre el Asia Menor y las altas mesetas de Numidia y Mauritania, yendo hasta las columnas de Hércules. La tercera, y más antigua, fue la ruta tropical, entre el Ponant (poniente) y Egipto (oriente).

La condesa Marcelle Weissen-Szumlanska, geóloga, botánica, etnóloga y arqueóloga, que participó en excavaciones en Numidia, se propuso investigar la veracidad de la tercera ruta marcada por Herodoto, para lo que organizó una expedición que recorrería aquellos caminos milenarios, siguiendo los restos dejados en forma de pinturas, relieves y asentamientos.

Por esta ruta transcontinental, entre los paralelos 25 y 28, se encaminaron antaño los futuros pobladores del Nilo. Así fue consignado en las losas de roca consagradas a esos portadores de “todos los conocimientos necesarios para el desarrollo de una civilización”. Esta ruta fue llamada “la ruta de los grandes nómadas”; pero también en Egipto aparecen inscripciones que la denominan “camino de los muertos”, debido a que marcaba el lugar de enterramiento de sus antepasados.

Weissen-Szumlanska descubrió que el cabo Soloeris, mencionado por Herodoto, se correspondía con el actual cabo Yubi, situado en la costa atlántica de Marruecos, frente a las islas Canarias, que en tiempos del historiador griego se correspondía con en “el punto más avanzado de Libia”. Desde allí comenzó su periplo para encontrar y recorrer el tramo de la Vía Imperial entre occidente y Egipto. Los asentamientos de los antiguos pobladores la condujeron hacia el sur de Argelia, recorriendo las pistas del Hoggar, cruzando el Tassili, y enlazando con los oasis milenarios de Merzug, Cufra, Dakhel y Kargueh, hasta llegar tan solo a 3 km. de la ciudad santa de Abydos.

El origen de Egipto

Las crónicas prefaraónicas, los comentarios de Manethon, los relatos de Herodoto y hasta las primeras líneas de La Odisea, nos hablan de una gran comarca desaparecida “en el otro extremo de Libia, allá donde se pone el sol”. Si hay algo mítico en el reinado terrestre de Osiris es que tuvo lugar en otra parte, en el Primer País, en el “Amenti”, la montaña de occidente, morada feliz entre todas las moradas. Los antiguos egipcios no dejaron de pensar en ese “Primer País”, de añorarlo, de desear volver a él. Fue un deseo alimentado por todos los egipcios e inscrito en un rollo de papiro, más o menos importante, depositado sobre el pecho de las momias.

Para Albert Slosman, doctor en matemáticas y en informática y colaborador de la NASA en los proyectos Pioneer sobre Júpiter y Saturno, la palabra “Amenti” provenía de los vocablos egipcios AHA-MEN-PTAH, cuya traducción sería “primer corazón de Ptah o corazón primogénito de Ptah”, siendo Ptah el dios principal. Los nuevos pobladores que llegaron a Egipto, desde occidente, llamaron a esta nueva tierra ATH-KA-PTAH, que significa el “segundo corazón de Ptah”, y que los griegos fonetizaron en la palabra Ae-gy-ptos. Por ello la palabra EGIPTO sería el nuevo nombre del país primigenio.

Este origen de Egipto, alejado de las riberas del Nilo, podría considerarse mitológico, si no existieran pruebas documentales que avalaran tal afirmación. Según J.B. Bourguignat, en la antigua Numidia, en las zonas arqueológicas de Bou-Noura, de Sigus, de Bou-Merzug, y junto a algunos dólmenes, se encontraron gran cantidad de tumbas más pequeñas. Los antropólogos identificaron los esqueletos como pertenecientes a egipcios de las primeras dinastías. Existen asentamientos, como las estaciones neolíticas de Merimde y de Meadi, cuyo estudio certifica que tales asentamientos del Alto Egipto son anteriores a la época dinástica. Numerosos autores, como los egiptólogos Evers, Dümichen y H. Brugsch, afirman que las concepciones, y los conocimientos primigenios del pueblo egipcio, se debían a una “invasión” de Egipto por pueblos provenientes del sur. Lo que nos indicaría que los aportes vinieron en primer lugar del sur, o más bien del sudoeste, por el camino señalado por Herodoto y llamado todavía hoy “Ruta de los grandes nómadas”.

Los investigadores Wilkinson y Zitman abogan por una reinterpretación radical de los orígenes del antiguo Egipto. Para Wilkinson, las pinturas rupestres en el sur de Egipto proporcionan la prueba de que es allí donde debemos buscar la “Génesis de los faraones” (el título de su libro).

Los Shemsu Hor

Kurt Sethe, en “Beiträge zur ältesten Geschichte Ägyptens” escribió que en el proto-Egipto se registró la llegada, en pequeños grupos, de quienes se conocen como los “Servidores de Horus”. La Piedra de Palermo, que tiene grabados un conjunto de acontecimientos desde la época predinástica hasta la dinastía V de Egipto, nos informa de esos reinados de los Shemsu Hor, anteriores al Egipto histórico. En el Libro de los Muertos se hace una alusión a favor del joven Horus, el retoño rojo, después de la muerte de su padre, con posterioridad a la llegada al Valle del Nilo “de los grandes jefes divinos del horizonte del oeste por los caminos de los muertos, luego de la noche trágica de los que ya no son…”.

Ese trasvase de gentes y conocimientos ya se producía milenios antes del primer monarca de la primera dinastía. En algunos emplazamientos prehistóricos, tales como los de Tasa, de Heluan, en el Bajo Egipto, de Merimde-Beni-Salamé, los estudios arqueológicos efectuados indican ciertas fechas que ascenderían alrededor de doce milenios. Los nuevos pobladores adaptaron el territorio nilótico construyendo diques, canales y embalses para regular las crecidas del río. Drioton asegura que esta ingeniería pétrea fue realizada en tiempos prehistóricos, mucho antes del nacimiento del Egipto faraónico que conocemos. Esa cabeza de maza del rey Escorpión, del Ashmolean Museum, o el bastón que alza Narmer, podrían simbolizar el trabajo de abrir canales para irrigar las tierras.

La Dinastía 0 de gobernantes egipcios fue durante muchos años desestimada por los egiptólogos, siendo sólo reconocida a partir de las excavaciones de Emile Amelineau y Flinders Petrie en el cementerio de Umm el-Qaab (Abidos), entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y también por las excavaciones de James Edward Quibell en Nejen (Hieracómpolis). Estos gobernantes son blanco continuo de debate, relativo a la extensión de sus reinos en época tan antigua de la historia de las civilizaciones humanas. En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis en Abidos, Nubet en Ombos, Nejeb en Eileithyaspolis, Nejen en Hieracómpolis, Per-Montu en Hermontis, Uetyeset-Heru en Edfu, y Ab en Elefantina.

La conexión canaria

En la región de Eyzies, donde se encontraron los primeros esqueletos de los llamados Cromañón, los ejemplos más antiguos de los Homo Sapiens, los constructores de una vía férrea derribaron la pared de una gruta en cuyo fondo se hallaba un esqueleto fósil humano, de aproximadamente 1,90 metros, cubierto de ocre rojo. Este rito de cubrir los cuerpos de rojo no es exclusivo de los cromañones, sino que tal práctica también era común en Egipto. Los grandes sacerdotes del Nuevo Imperio – que ya no aplicaban el ocre rojo en su vida ordinaria – se pintaban para las ceremonias, los oficios populares, durante los días festivos. Herodoto, cuando se refiere a las poblaciones más occidentales de libia, asegura: “Los maxyes autóctonos se pintan el cuerpo con bemellón”. Gracias a los trabajos en momias antiguas del profesor Frédéric Falkenburger, de la universidad de Maguncia, sabemos de la presencia en Egipto de una población de cromañones cercana al 10 % del total. El tipo puro se encuentra hasta después de la Dinastía XX (de Abidos a Denderah) y, esporádicamente, hasta la época moderna (Cairo).

Ya los pioneros de la prehistoria, de Auqtrefages y Hami, insistieron en las analogías que presentaban, con la raza de Cromañón, los individuos descubiertos en las tumbas megalíticas de Roknia, en las alta mesetas de Numidia. Bourguignat los consideraría como antiguos egipcios. Tales resultados indujeron a los antropólogos  a dirigirse cada vez más hacia el oeste, hacia los archipiélagos atlánticos. La identificación con la raza de Cromañón fue confirmada en una misión de cinco años. Verneau estableció, sobre la base de numerosos ejemplos, la enorme capacidad craneana de los guanches, su elevada estatura, y esa deformación postcoronal específicamente cromañoide “que no se debe a una deformación ritual (como en los semitas) sino que se encuentra siempre en un punto preciso y entre pueblos donde ese rito no existe, especialmente entre los egipcios”.

Por todo ello los investigadores proponen el occidente de Africa como lugar de donde procedían los cromañones que poblaron Egipto, y en concreto de las islas Canarias. El Prof. F. Falkenburger, realizó estudios sobre la craneológica de los antiguos habitantes de las Islas Canarias y sobre la craneología egipcia, comparando 1787 cráneos egipcios desde el predinástico hasta nuestros días. Estos esqueletos pertenecían a la raza de los Cromañón atlánticos, y esta base antigua va disminuyendo hasta desaparecer después de la dinastía XVII, por la aportación del tipo africano-árabe-semítico.

Los vestigios de una conexión de los antiguos canarios con los antiguos egipcios, por la 3ª Ruta de Herodoto (vía el Tassili), se aprecia también en grabados que salpican todos los caminos que recorrieron aquellos emigrantes. En la isla de La Palma se encuentran, grabadas en las rocas, esas famosas espirales de las que aún no se conoce su significado. Tales laberintos circulares los hemos encontrado en las montañas del Tadrart, al sur del Tassili. Pero fue en Egipto donde alcanzó su apogeo esta representación espiral que se elevó hasta concepción de la Unidad-Energía creadora y de su eternidad.

El Dr. Etienne Drioton afirma que los vestigios encontrados en Badari revelan un notable progreso de aquellos pueblos primitivos en lo que a comodidad se refiere. El mobiliario se enriquece con esteras y hasta con camas de madera sobre las que se disponían almohadones de tela o de cuero rellenos de paja. En el Museo Canario abundan esas esteras antiguas de admirable regularidad, y esos trabajos en cuero de cabra: vestidos, envolturas para los muertos, almohadones para los vivos, que no existían en parte alguna en esos tiempos. Esta similitud de objetos demuestra una conexión entre Canarias y Egipto.

En la necrópolis de Beni-Hassan se abre la más vasta de sus cámaras. Mide 15 x 10 metros. Sobre la gran pared del fondo, en ocho líneas de diez metros de largo y cinco de altura, divididas en tramos iguales, están pintadas desde el suelo a la bóveda, representaciones de lucha a mano abierta, entre hombres de auténtico tipo egipcio y otros del más estricto tipo guanche, es decir cromañoide. Son una representación detallada de la “lucha” canaria, vigente todavía durante las fiestas locales. Quienes hayan visto solamente una vez la lucha canaria reconocerán de inmediato los pases bien diferenciados y las peripecias de esos duelos o luchas personales, representadas en más de ciento veinte grupos en los bajorrelieves de Beni-Hassan.

Recuerdos del Tassili

La visita al Tassili constituye un reto. El esfuerzo físico no es tan importante y las cuestas del primer día de ascensión (3 horas) nos conducen a un territorio plano, que no abandonaremos durante toda la expedición. La soledad se acopla como inseparable compañera de viaje. Durante el día, el silencio sólo es transgredido por el permanente chocar de las botas con los guijarros. Los tuaregs, acomodados a ese territorio hostil, nos indican en ocasiones la presencia de un camello, de un chacal o de un carnero en la lejanía. Nosotros sólo podemos divisarlos con los prismáticos. El camino se realiza a marcha lenta, pues en cada recodo aparece alguna pintura que merece su contemplación. Por la noche, el crepitar del fuego se funde con los tambores y los cantos de nuestros guías, hasta que el sueño hace que el campamento quede mudo. Es cuando uno se funde con aquellos antiguos pobladores. Es cuando se intenta comprender su forma de vida y de pensamiento. Ese es el verdadero reto.

Tras muchas jornadas de contemplar miles de pinturas hemos llegado a la conclusión de que aquellos artistas no buscaban el mero motivo ornamental. Los diseños dibujados en las corcovas pétreas, con todo tipo de escrituras y representaciones, obedecía a otros motivos alejados de la pura decoración. Pudimos observar señales de aviso, como dibujos que avisaban de la presencia de cocodrilos. Logramos establecer lugares que indudablemente eran de culto, pues su ubicación se correspondía con fantásticos oteros desde donde se divisaba un paisaje privilegiado. La ubicación de grandes monolitos de piedra a modo de templos, alejados de cualquier ruta transitable, en donde estaban dibujados grandes sacerdotes y sacerdotisas en actitud de celebración de liturgias insospechadas, no daba lugar a dudas. Estamos convencidos que, junto a muchos garabatos realizados posiblemente para matar el tiempo, existen pinturas con un carácter mágico. Las escenas de animales, realizadas en lugares buscados y concretos, tenían como misión propiciar la caza, así como las escenas de batallas buscaban algún tipo de protección.

Wim Zitman, ha identificado una connotación astronómica a algunas pinturas. Concretamente, centra su atención en el llamado “nadador”, representado en Ti-n-Tazarift, y sostiene que ésta es, de hecho, la representación de una constelación. Asimismo, aboga por una relación entre las pinturas rupestres del Tassili y el origen de la civilización egipcia, preguntándose si los chamanes del Tassili tal vez no hayan sido los “Seguidores de Horus”.

En las grandes “plazas”, como en Sefar, aparece la famosa imagen del “dios Orantes”, como si aquella roca fuese el escenario de un gran teatro, en donde alguna vez se corrió el telón para que esas imágenes fueran contempladas por todos los que llenaban el recinto que lo rodea. Sir-Wallis Budge fue uno de los primeros en identificar que los antiguos egipcios eran los herederos de la tradición chamánica de África, algo en lo que estuvieron de acuerdo Wilkinson y McKenna.

Junto a pinturas de claro significado realista existen otras más abstractas, en donde el artista quiso posiblemente reflejar un mundo onírico o de clara influencia transcendental. El viaje del alma tras la muerte, ayudada por espíritus de otra dimensión, está representado en formas estilizadas precursoras de la misma simbología religiosa que hemos observado en más de ochenta viajes a Egipto. Aparecen como en una especie de mezcla entre misteriosos ritos y sesiones de espiritualidad con posible presencia de alucinógenos.

Terence McKenna cree que los cabezas redondas fueron de otro mundo, no en el sentido de extraterrestre, pero sí en el sentido de otra dimensión. En su opinión, algunas pinturas reflejan los efectos producidos por la ingestión de setas alucinógenas. Algunas de ellas parecen verse representadas por sí solas, y en ocasiones, se entreven junto a individuos que las portan en las manos, como encontramos en Matalen-Amazar y Ti-n-Tazarift. El hecho de que, algunas pinturas, reflejen la presencia de chamanes, se sustenta por la presencia de máscaras, de manos levantadas en señal de protección y de todo un arsenal de artefactos de claro servicio litúrgico.

Misterios del Tassili

Las pinturas del Tassili revelan misterios evidentes. La fidelidad de sus trazos no ofrece terreno a las dudas. Los dibujos realizados tan minuciosamente reflejan, como si de una fotografía se tratara, detalles que desconciertan. La primera vez que Lhote llegó a la región de Jabbaren, cuyo significado en tuareg es “los gigantes”, se encuentró con que las paredes reflejaban a sus antiguos pobladores junto a unos enigmáticos “cabezas redondas”, una suerte de personajes extraños, cuya imagen siempre se representa con una especie de máscara o escafandra (pues a veces se personifican con tubos a la espalda o que parten de sus bocas) y sólo cuatro dedos en sus manos. Cuando le preguntamos a los guías tuaregs sobre el significado de estos gigantes nos explicaron cómo cuando construían sus casas de adobe y barro en el oasis de Djanet, la capital del territorio tuareg, desenterraron huesos humanos de individuos que superaban los dos y los tres metros de altura. Evidentemente, ningún tuareg quiere indicar en qué fosa colectiva enterraron los huesos de estos gigantes.

Tassili-Egipto

Algunos símbolos que aparecen junto a los dibujos se asemejan demasiado a las “palabras de los dioses”, como así llamaban los egipcios a su escritura. Hay que tener en cuenta que en Egipto, el lenguaje escrito más antiguo se realizaba por ideogramas, dibujos que daban la idea de lo que realmente representaban. Veamos algunos de estos símbolos. La representación de las casas de aquellos primeros pobladores del Tassili se manifestaba en forma de cartuchos contenedores, donde incluso se aprecian personas en los mismos. El determinativo de “faraón” en el egipcio clásico es un cartucho, un contenedor del nombre del legítimo heredero de los dioses. Por tanto, ¿cabría traducirlo como “casas de los dioses”?

En los personajes denominados “cabezas redondas” se aprecia una especie de máscara con unos símbolos. El emblema del círculo en forma de ojo, se traduce en los jeroglíficos como “sol” o “luz”. Y las insignias que se repiten en esas escafandras, máscaras o lo que sea, se traducen como “ciudad de Egipto”. Otro determinativo genérico. La figura del “Gran Dios Marciano” porta uno de esos cascos con el símbolo egipcio del “sol” en forma de ojo.

Lo que para unos son medusas, y para otros son naves celestes, parecería ser una combinación de jeroglíficos. Involucra a la palabra “casa” y el determinativo “correr”. En consecuencia, estaríamos hablando de casas que corren. Un complicado rompecabezas para lo que no tenemos respuesta.

Otro personaje parece transportar una cometa. En la simbología egipcia sería el “shenu”, el halo protector de los dioses en el antiguo Egipto.

La cazadora con cuernos del Tassili, la figura que lo rememora, recuerda extrañamente a las damas blancas de Damaraland, en Namibia. Pero es que el llamado Proyecto Djehuty de la Universidad de Sevilla desenterró recientemente un sarcófago antropomorfo, al que llamaron la Dama Blanca, por su similitud con este tipo de figuras. Se expone en el Museo Luxor.

La silueta de un ser que flota ingrávido en un parapeto del Tassili, arrastrando a una persona, también tiene un significado en los determinativos del egipcio clásico. Encarna a la muerte. Por ende, la escena nos habla del tránsito hacia la otra vida.

Un icono en el Tassili muestra otro símbolo reconocible en los fonogramas unilaterales del alfabeto egipcio, la placenta, traducido como la letra J.

Un tipo de lengua anterior al bereber y el tuareg rellena multitud de rocas. Una lengua que hoy en día nadie sabe interpretar, y que a simple vista, puede parecer el preludio de la compleja escritura artística que florecería en Egipto.

Se supone que los hicsos aparecieron en el siglo XVII A.C. Introdujeron el arco compuesto, las armaduras de escamas de bronce, las dagas y los carros de guerra, desconocidas por los egipcios. Pues bien, los moradores del Tassili se dibujaban con estos arcos y unas extrañas vestimentas muy ceñidas con escamas. Y cómo no, surgen las dagas y los carros esporádicamente en las paredes.

Tenemos que reconstruir la historia

Poco después de terminar nuestro artículo, y para ser críticos con nosotros mismos, fuimos a ver a un grupo de reputados arqueólogos a un importante museo egipcio de nuestro país, del que no podemos dar pistas, pues no querían aparecer mencionados en una revista no catalogada como académica.

Cuando vieron los nuestro escrito afirmaban entre otras cosas, que desconocían los dibujos de las señoras con cabeza de pájaro y aureus. También se mostraban sorprendidos cuando afirmábamos que en el 7.000 aC hubo marineros. Desconocían la existencia de una tercera ruta entre Ponant  y Egipto. ¿De dónde habíamos obtenido esa información a la que ellos no tenían acceso?

Nos discutieron la traducción literal de AHA-MEN-PTAH que, según una egiptóloga de las presentes, se debería traducir correctamente como “La lucha de Ptah permanece”.

Ante la involución manifiesta de las pirámides se quedaron sorprendidos. Según ellos, no hubo involución, sino evolución. El deterioro de pirámides de las últimas dinastías se debe al factor de saqueo del hombre. Aunque cuando se les menciona la existencia de agujeros de brocas de 12 centímetros y 40 de profundidad, junto a la Gran Pirámide, no saben dar respuesta. Como tampoco pueden decir nada del obelisco inacabado de Assuán, con 1.200 toneladas de peso y 42 metros de largo. Su explicación es que la roca se excavó con dolorita.

Conexión Egipto y TassiliConexión Egipto y Tassili43 picturesApr 30, 2007

Más desconciertos. ¿De dónde habíamos sacado la información de que los seguidores de Horus se distinguían por una cicatriz en las mejillas? ¿Por qué afirmábamos que las momias están teñidas de ocre para buscar esa supuesta conexión canaria? ¿Hay una diferencia entre razas en las pintadas de Beni-Hassan?

Afirmar que las pinturas del Tassili relacionadas con carros egipcios tienen 6.000 años de antigüedad también les extrañó. Según su experiencia, la proximidad de pinturas de bóvidos con otras, no significa necesariamente que tengan la misma datación.

En lo que sí estábamos de acuerdo todos en que Herodoto no es una fuente fiable ya y que en algún momento se deberá revisar la historia. El problema es ver cómo se hace y quién da el paso. “En algún momento tendremos que revisar la historia –intercedió la egiptóloga-, pero (risas) no sabemos si lo haremos basándonos en teorías como las vuestras o no, aunque lleváis mucha razón“.

Sobre las fuentes tomadas para este artículo, esa es otra historia que prometemos desvelar pronto, por lo que, por lo visto, a la arqueología moderna le faltan muchos datos que no han contrastado por no prestar atención a las nuevas formas de investigación, provenientes de entusiastas o periodistas como nosotros.

Escrito por Carlos Mesa y Manuel Delgado

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SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (III)

11 Diciembre 2008

Jabbaren, lo que en escritura Tifinagh se traduce como “gigantes”, el lugar donde aterrizaron estos. Son las 9,14 horas de la mañana y estamos a 1.672 metros por encima del nivel del mar. Jabbaren es el lugar al que nos dirigimos.

Después de desayunar el pan duro de todos los días, caminamos por un agreste paisaje lunar hacia esta zona. No tardamos más de una hora en llegar desde el campamento base.

Lo único que se le puede achacar a este ignoto lugar es que para ver las pinturas rupestres en su conjunto hay que desplazarse kilómetro a kilómetro, pues todas ellas se encuentran muy separadas entre sí.

Lo que vemos no tiene explicación posible. A simple vista (no digo que sea así, pues los bosquejos están muy dañados) se aprecian hombres con escafandra, personas con extraños cascos de los que parten tubos y trajes ceñidos decorados con escamas, lo que podrían ser medusas o naves de las que se alzan chorros propulsores, personajes pintorescos con cuernos y cascos en aptitud de perseguirse, ideogramas egipcios, carros egipcios, sacerdotes con tocados egipcios y falda corta…

Uno se queda extrañado ante una escena conocida como “El Rapto”, donde un grupo de mujeres, cogidas por las manos, son arrastradas por un extraño tipo con casco hacia lo que podría ser una casa o una nave con destellos. Ojo, como siempre, sólo me limito a plasmar lo que se ve; cada cual es libre de pensar lo que quiera.

En otra pared se muestra en su grandeza lo que se conoce como “El gran Dios Marciano”, como así lo llamó Lhote. Una figura de seis metros de altura, portando un casco con un único ojo, una vestimenta con costuras y pliegues, y a la que sólo se le distinguen cuatro dedos en cada mano.

Carlos, ponte aquí - Manuel insiste en utilizar su cámara-. Quiero que me respondas a una serie de preguntas que te haré sobre tus impresiones.

Mi aspecto es bastante lamentable como para estar delante de una filmadora. Estoy sucio, llevo el cabello engrasado, llevo una barba de varios días… Aunque llega un momento en que todo te da igual.

Así transcurre toda la mañana, contemplando estas maravillas. Es como estar en un museo el aire libre.

El desierto nos comienza a pasar factura, por lo que estoy viendo. Georgi tiene el rostro al rojo vivo, mientras que Manuel está de un colorado chillón en todas sus partes visibles. A mí me está afectando en los intestinos.

Lo curioso es que después de tantos días el cuerpo queda tan reseco que apenas olemos, pese a que no podamos asearnos de ninguna forma. Se supone que nos corresponden dos litros de agua diarios, pero durante la ascensión al Tassili, uno de los burros soltó su carga y la mitad del agua se desparramó entre las rocas.

Mi cámara se está quedando sin pilas. Debe quedar lo justo para la expedición de mañana.

Llegado el mediodía, los tuaregs quieren que regresemos al campamento. Mohamed pretende que la suelte algunas frases en español, las suficientes como para enamorar a una chica. Me río de la ocurrencia; así que le explico la historia de Casanova.

Es una magnífica oportunidad para hablar con él y de la historia de su pueblo. El término Tuareg o Targi en singular, se aplica a numerosos grupos que comparten un idioma y una historia comunes.

Étnicamente, hay Tuaregs de ascendencia bereber y de diversos grupos del África negra. Probablemente se fueron desplazando hacia el sur debido a presiones varias, y protegidos por sus montañas y por el desierto, conservaron su lengua (tamasheq) y su civilización. Debido a la asimilación de elementos étnicos muy variados, los tuareg tan solo se distinguieron por sus costumbres: uso del velo (negro o azul), nomadismo, pillaje, matriarcado, libertad de costumbres.

Sus tribus formaban confederaciones. Las caravanas de camellos Tuareg jugaron un papel importante en el comercio trans-sahariano hasta mediados del siglo XX, cuando los trenes y camiones cogieron el relevo. Las colonizaciones y el establecimiento de fronteras entre los estados supuso el fin de las confederaciones Tuareg y las rupturas familiares en Argelia, Libia, Malí, Níger i Burkina Faso.

En 1963, se produjeron las primeras revueltas Tuareg. Las sequías de 1973-1974, y las de 1984-85 acabaron con casi la totalidad de sus rebaños y de su economía nómada, y forzó a muchos Tuareg a tener una vida más sedentaria en los suburbios de las ciudades que bordean el Sahara, o a emigrar hacia otros países como Argelia, Libia y Nigeria. El idioma Tuareg (Tamasheq) en sus muy variados dialectos, forma parte de la herencia común Bereber.

Son los únicos que siguen conservando la escritura Bereber, llamada Tifinagh. El uso del Tifinagh se fue perdiendo en casi todos los territorios berberófonos, siendo mantenido tan solo por los Tuareg para transcribir su idioma, el tamasheq.

Entre los tuareg de Argelia, Malí o Níger, el tifinagh tiene variaciones, correspondientes a los diferentes dialectos de Tamasheq. Pueden cambiar la forma y número de signos, pero son inteligibles entre sí.

A finales del siglo XX, con el fin de normalizar la lengua se propuso un alfabeto, el tifinagh estándar, recuperando la escritura milenaria, -ya hasta entonces se transcribían mayoritariamente utilizando o bien caracteres árabes, o bien latinos- que ayudaría también a escribir todas las variantes de lenguas bereberes.

El signo de la ZAY en el alfabeto Tifinagh (que corresponde a una “zeta sonora”), se ha convertido en el símbolo de la “Gente Libre”, los Bereberes.

Cuando acabo de tomar notas, después de mi conversación con Mohamed, llegamos al campamento. Se me ha hecho corto este recorrido.

Toca comer más ensalada, pisto y coliflor. Yo lo único que quiero es descansar un rato.

Lo que daría por ducharme y afeitarme, pienso, mientras me tumbo en mi tienda de campaña. Cuando regrese a Djanet esos retretes militares, y el agua fría de las duchas, me van a saber a gloria.

¿Cómo demonios se cuela tanta arena en la tienda? Es algo que no acabo de comprender. Hay arena por todas partes, entre el caos de objetos y ropa. Tengo que tener la tienda cerrada con las dos cremalleras, si no quiere verme con la desagradable sorpresa de encontrarme una víbora cornuda en el saco de dormir. A estos bichos les encantan los lugares calientes.

Me despierto de la siesta con el retumbar de los tambores. Los tuareg asoman en lo alto de una colina. Me dirijo hacia allí para comprobar que ya están todos mis compañeros de viaje. Manuel está grabando esta orgía de tambores.

La puesta de sol es única. Nos quedamos embobados viendo cómo cae el sol, entre los magníficos colores cálidos del atardecer. Esta es la última noche en el Tassili.

Camino por una superficie plana, una meseta de grandes dimensiones, con una piedra oscura que evoca Marte o la Luna. Mi mente se pierde en las evocaciones de lo que pudo suceder en el Tassili hace miles de años, y cuyas conclusiones abordaré al final de esta crónica.

Regreso al campamento antes de que anochezca por completo. Durante la cena, nuestro cocinero, nos habla en francés de sus orígenes tuareg. No conoce ni siquiera Argel, no le interesa lo más mínimo. Asegura haber tenido mucha suerte por estudiar hasta los 10 años de edad, cosa que sus hermanos no pudieron hacer.

Afirma no estar interesado en casarse. A mí, simplemente, me parece que es homosexual por sus ademanes. Como es de suponer jamás declarará esta condición entre los suyos, gentes que se vanaglorian del número de esposas e hijos a su cargo, como si ello fuera indispensable en la vida de cualquier hijo de Dios.

Después del cocinero, toma el relevo en la palabra Manuel, que nos cuenta una nueva historia sobre la Gran Pirámide y lo que representa en nuestras vidas.

Cómo echo de menos ahora a esas almas que marcaron mi vida para siempre. No hay contaminación lumínica en el cielo estrellado, y es una delicia contemplar la luna llena, tumbado al raso.
Nos retiramos. Es hora de dormir. Mañana nos espera un día duro.

Me levanto muy adormilado; tanto, que no percibo que estoy en una cueva. Al salir de la tienda, e incorporarme, me golpeó la cabeza con una roca, con tal fuerza, que caigo redondo al suelo. Me toco la cabeza y palpo una enorme brecha de la que sale sangre a borbotones. Lo que me faltaba.

Corro en busca de ayuda y Belén realiza unas primeras curas con agua limpia y agua oxigenada. Me siento mareado; probablemente necesitaría algún punto de sutura, pero no quiero quejarme ante los demás. No sería justo.

La expedición del día de hoy nos traslada de nuevo hasta Jabbaren, en una zona nunca visitada por turistas. El shemag para cubrirse del sol, el pañuelo del ejército inglés a modo de turbante, me está viniendo de perlas para tapar la herida del sol y las moscas.

Llegamos a esta zona inhóspita, donde comienzan a distinguirse las primeras figuras de los llamados “cabezas redondas”, los dioses de la antigüedad que bajaron del cielo. Estamos acompañados de Mohamed y Lait.

Más espasmos. Figuras de “cabezas redondas”, citados así por sus insólitos cascos, se encuentran esparcidas por doquier. Me parece distinguir lo que yo denominaría un centauro. ¿Qué hacen estos extraños seres aquí? Un fresco muestra a unos cazadores, con sus arcos, mientras unas medialunas en el cielo, les persiguen. Lo anecdótico, es que de las medialunas asoman los rostros de los “cabezas redondas”.

El viento comienza a soplar con fuerza. Pregunto a Mohamed por el nombre del viento: Ado.

Sobre unas rocas se vuelven a advertir las extrañas figuras de los seres de cuatro dedos en sus manos. ¿Por qué los pintaron así los hombres prehistóricos?

Me da pena contemplar el deterioro de algunas de estas pinturas, a causa de los calcos de Henry Lhote, quien usó agua y esponja para poder así utilizar papel con el que dibujar lo que veía. Los calcos se exponen, en ocasiones, en el Museo del Hombre, en París, donde pronto me dirigiré. Pero esa ya es otra historia.

Entre lo insólito, un animal parecido a un escorpión, pero sin aguijón. Allá distingo, en otra pared, un rostro con ojos alargados similares a cuencas. Más demonios o djinn, como los denominaba Mahoma, refiriéndose a los duendes o diablos. Estos se observan en todas las rocas, junto a “cabezas redondas” de ropas ceñidas.

Es hora de comer. Nuestra última comida en el Tassili a base de arroz y queso.

Partimos en dirección hacia Djanet a las 14 horas. El descenso es más pesado de lo que uno pueda suponer. Los tobillos se tuercen continuamente entre las piedras. Son tres horas de caída, donde las chicas parecen llevarse la peor parte.

Solan solan -. Nos recuerda nuestro guía, Lait, cuyo significado, en español, sería “poco a poco”.

Alcanzamos la base de la montaña exhaustos, y sin una sola gota de agua en nuestras cantimploras. Aquí nos están esperando los todoterrenos, el único lugar que pueden alcanzar estos vehículos.

Ya era hora de regresar al hotel de Djanet, el oasis y capital del territorio tuareg. Tal y como alcanzamos éste me lanzo raudo hacia las duchas. Todos me imitan y corren veloces a por el agua. Me da igual el frío, me importa un pimiento que el agua que corre del grifo de las duchas tenga un sospechoso color marrón.

Manuel nos trae unas cervezas sin alcohol, compradas en alguno de los tugurios de este pueblo. Su sabor es refrescante. El mundo árabe tiene prohibido el alcohol, de ahí que no haya más posibilidad que esta bebida.
Me siento como nuevo, después de afeitarme.

Tassili (cuarta parte)Tassili (cuarta parte)498 picturesOct 11, 2008

Como un niño con traje nuevo salgo a la calle para descubrir que nos esperan unos guerreros tuareg que quieren agasajarnos con una danza tribal. El espectáculo te hace tragar tierra, pero me permite examinar luego, de cerca, una de sus antiguas espadas.

Es hora de irse a dormir. Ya no veo el momento de hacerlo. Serán unas horas nada más, pues a la una y media de la madrugada nos toca estar de nuevo en marcha. Nuestro avión parte a las 4,15 con destino hacia Argel.

Continuará…

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SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (II)

19 Noviembre 2008

Desayunamos con tranquilidad. Los tuaregs nos vienen a recoger en sus todoterrenos desvencijados, con las lunas rotas y los motores trotados. Nuestro mentor conduce a todo trapo por las dunas, pues no hay carreteras hacia donde vamos. Cuando ya no queda más arena y sólo se distingue un paisaje en piedra, el coche se detiene.

Otro grupo de tuaregs nos espera. Son ocho en total. Nos sorprende el contagiante buen humor de Laif, nuestro guía. Suelta todo tipo de abruptos en varios idiomas, incluyendo el español. Gusta de llamar “Grossa” a Belén por su sobrepeso. Bromea para que no coma tanto en los próximos días.

La subida a la meseta del Tassili es impresionante. Hay que detenerse en varias ocasiones para recuperar el aliento. Creo que los días en el gimnasio están surtiendo su efecto, pues voy demasiado aprisa y debo contenerme para esperar al resto del grupo.

Tardaremos algo más de tres horas en alcanzar la cima, seguidos de los burros. El reguero de onagros se vislumbra en la lejanía, cada vez más cercanos a nosotros. Laif canta y los ecos de su voz resuenan en las montañas.

Debo tener cuidado, pues justo en una de las paradas hacia la cúspide, al poner mi mano sobre una roca y mirar en un extraño agujero, veo acurrucada una víbora cornuda. Su cabeza comienza a asomar lentamente para ver quién es el intruso que se acerca. Tonto de mí, que no me di cuenta de un monzón sobre estas piedras, marcando el refugio de una serpiente peligrosa. Alguien debió dejar esta señal allí; a partir de ahora estaré más atento a los monzones.

Mientras ascendemos Laif me cuenta que se siente orgulloso de ser tuareg. Al parecer, con la ocupación árabe le pusieron como “prénom” el de Mustaf; pero no quiere ni oír mencionar este nombre. No le gustan los árabes, ni sigue los aleyas de Mahoma. El pueblo tuareg es una población orgullosa que tiene sus propios preceptos.

Por fin logramos llegar a la cresta del Tassili. Nada más atravesar unas rocas aparecen de la nada las primeras pinturas. Nos quedamos extasiados. Detrás nuestro los burros se detienen y comenzamos a descargarlos de su peso.

Los tuaregs nos acomodan una zona, junto a unos riscos, donde tumbarnos y donde comer sobre una especie de tapete. Para celebrar la llegada tomamos un té.

Este improvisado campamento base se encuentra a 1.717 metros por encima del nivel del mar. Mi cronómetro, barómetro y altímetro, marca además la temperatura: 23º C en estos momentos. Se acerca la noche y llega el frío.

Comemos. Tengo la gran fortuna de que su comida es muy similar a mi dieta, ya que soy vegetariano. Todo está muy sabroso. Luego de almorzar nos dedicamos a montar las tiendas de campaña. Aún nos queda tiempo de ir a por las primeras pinturas rupestres.

Manuel, nuestro guía español, cree saber dónde están; pero después de mucho caminar nos damos cuenta de que estamos perdidos. Para colmo, Mercedes se hace una torcedura en el tobillo. Parece un esguince.

Justo cuando estamos dando vueltas en redondo, aparece Laif gritando desde lejos. Quiere que regresemos al campamento y nos amonesta por ir en busca de las pinturas sin sus servicios. Cree que estamos locos, pues no seremos los primeros extranjeros que se han extraviado en aquellas montañas desérticas.

En torno a una hoguera, Manuel muestra a Laif el libro de Henry Lothe. Mohamed, el tuareg que habla varios idiomas, se acerca. Cuando se les pregunta sobre el origen de las pinturas rupestres, las achacan a sus ancestros; como mucho, hablan de la intervención de algunos dioses. Pero ni mucho menos quieren oír hablar de historias de marcianos, cuando Manuel, entre las risas de los allí presentes, les intenta explicar el número de planetas que giran alrededor del sol. Nos morimos de la risa viendo las caras de los tuaregs. Estas buenas gentes no son capaces siquiera de imaginar otros países, como para hacerles entrever que existen otros planetas.

Mohamed nos cuenta una historia. Nos habla de cómo desenterraron gigantes durante la construcción de sus casas de adobe. Para ellos estos gigantes son los dioses. Sería un sacrilegio confesarnos dónde los enterraron, aunque pudiera tratarse de una fosa común, por lo que deduzco.

Cenamos cous cous y algo de ensalada, junto a la hoguera. Es hora de explicar anécdotas; así que Manuel saca de la chistera una de las suyas, y nos revela lo que son los números “fi”, el número áureo que se encuentra en algunas estelas de Babilonia y Siria del 2.000 a.C. y que representa el equilibrio.

Esa noche me pongo a cantar canciones con los tuaregs, con uno de ellos tocando una guitarra a mi lado. Acabamos todos bailando de cualquier forma junto al fuego. Este tipo de danzas, como bien nos detallan, se bailotean como te salga, sin más.

Al rato no quedan rescoldos, indicativo de que es hora de irse a dormir. En la tienda que me ha tocado compartir con Antonio siguen nuestras bromas. Diego y Silvia duermen en la tienda de al lado, y las chanzas no cesan.

No consigo dormir con el frío; se cuela por cualquier agujero de la tienda y te cala hasta los huesos. Hay un viento de una fuerza inusitada ahí afuera. Ahora echo de menos un jersey de cuello alto del que me desprendí en Djanet pensando que no lo necesitaría. Para colmo, aparte del frío, mi compañero, Antonio, duerme a pierna suelta y no para de roncar. Parece una motosierra. Mi reloj marca -5º C dentro de la tienda.

Amanece. Desayunamos pan con mantequilla y crema de cacao. Las necesidades mayores hay que hacerlas detrás de una roca, a cientos de metros del campamento para evitar que te coman las moscas. Pero el cuerpo no está para historias. Llevo reteniendo líquidos desde el comienzo de esta excursión, pues la aridez del desierto controla hasta nuestros cuerpos.

Enfilamos hacia Aouanguet, el primer destino donde se localizan algunas de las principales pinturas del Tassili. Avanzamos por un mar de lava solidificada cuando Laif detecta un charco de agua en medio de la nada. Silba desde encima de una roca para llamar la atención del resto de tuaregs que se han quedado en el campamento base. Pretende que vengan a llenar bidones con agua empantanada con la que luego prepararán sus tés. No quiero ni mirar, pues por el rabillo del ojo observo unas extrañas lombrices en la balsa. Y es que el agua vale su precio en oro en esta latitudes.

El paisaje que se observa es desolador. De tanto en tanto nos topamos con algún ciprés milenario que se niega a extinguirse. Todo lo que atisbamos es desierto y seco, bajo un sol abrumador capaz de matar en minutos a cualquier animal.

Nos detenemos frente a un wadi, un río seco que delimita la frontera con Libia. Un pájaro que Laif identifica como el “volá volá”, similar a un verderón, se para enfrente nuestro. Laif afirma que es un buen augurio, pues este pájaro solo trae buenas noticias.

Aouanguet. N 24º 28,647’ E 9º 39,932’ El lugar está plagado de frescos decorando todas las formaciones rocosas. El arte figurativo es amplísimo, y entre tanta figura, nos entrenemos en aquellas que no tienen explicación posible, al margen de los cuantiosos animales que sí se pueden identificar.

Un hombre con una extraña máscara. Una especie de carro en el que se distingue un ser manipulándolo, pero con unos insólitos chorros de fuego saliendo del propio carro. Algo similar a platillos o sombreros por encima de las cabezas de los hombres prehistóricos. Ideogramas que me recuerdan a los del Egipto clásico por sus representaciones genéricas que simbolizan casas. Lo que parecen buzos por sus escafandras. Escritura anterior a la bereber, y de la que se desconoce su significado. Más buzos o gentes con máscara que J.J.Benítez tildó como “cabezas redondas”, de los que parten tubos desde sus bocas. Hombres con algo parecido a una armadura mallada. Camellos sobrevolados por chocantes artilugios. Un hombre operando un panel con instrumentos. Seres con cabeza de hormiga o antenas y cuatro dedos únicamente en sus manos. Una cazadora con cuernos enormes a modo de casco…

No paro de dibujar y fotografiarlo todo. Es de lo más raro todo; no hay explicaciones para tanto simbolismo, por mucho que la lógica se empeñe en dar con algún esclarecimiento de lo que vemos. No hay razonamiento posible y más vale dejarlo así, por ahora.

En un inciso aprovechamos para comer y echar la siesta. Cuando el sol ya no me deja ni respirar, me voy a hacer mis necesidades. La suerte me traslada hasta una cueva donde descubro alguna que otra pintura rupestre inédita, nunca vista hasta la fecha por hombre alguno. No es nada nuevo ni extraño. El motivo son las vacas, que tanto se muestran por este valle y de las que dependían aquellos hombres antiguos.

Para las fotografías, los tuaregs no quieren que usemos flashes para no deteriorar las mismas. Nos lo suplican, pues los responsables del Parque del Tassili suelen venir, en ocasiones, para comprobar los desperfectos causados por las distintas expediciones.

Es hora de regresar al campamento base. Mi reloj marca las 16:14. Tardaremos otras dos horas en llegar. Hay que estar en muy buena forma para soportar estas condiciones con una escasa cantimplora de agua por persona y trayecto.

Nos espera un refrescante té. Aprovecho para cambiar la tienda de sitio. Me he fijado que los tuaregs montan las suyas debajo de los peñascos para resguardarse del frío, así como también se construyen una especie de igloos de piedra. Yo también hago lo mismo e introduzco la tienda en este tipo de refugio.

Detesto no asearme, pero no hay otra. Es hora de cenar. Hoy toca pasta italiana y sopa de cebolla. La charla de esta noche versa sobre la propia antigüedad de la Esfinge y las pirámides de Egipto. Manuel cree que rondan los 12.500 años y nos cuenta su teoría al respecto.

Antes de acostarnos, Manuel juega con la exposición de su cámara fotográfica y logra escribir el nombre de su novia en el aire. Risas. Los tuaregs se empeñan en escribir sus nombres con el mismo truco.

Esa misma noche logro conciliar el sueño, por fin. Nada de frío y nada de ronquidos. Sólo queda descansar.

Continuará…

Más información:
Número Fi

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SE VA UN HOMBRE Y VUELVE OTRO: HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS PINTURAS DEL TASSILI (I)

12 Noviembre 2008

Vuelo AH2007 de Air Algerie. 11 de octubre. 13:30 horas.

Partimos hacia Argel, saliendo desde el aeropuerto de Barajas. Desde los altavoces nos anuncian que llegaremos a la capital de Argelia a las 15:54 hora local. Una hora menos, según mi reloj que todavía conserva la hora española.

Miro las alas de este curioso avión, cuyos extremos se encuentran doblados hacia arriba. Durante el vuelo sufrimos turbulencias, premonición de lo que está por llegar.

Aprovecho para rellenar la primera hoja de entrada al país, una de las muchas que deberemos completar durante nuestra estancia. Al mirar mi visado, extendido en Alicante, aunque soy de Barcelona, compruebo que puedo quedarme en el país noventa días más de lo inicialmente previsto.

Nada más aterrizar vemos llegar al guía local. Junto a él se encuentran dos coches patrullas de la policía. Nos escoltarán. Hay graves problemas con los turistas y no quieren que ingresemos en la estadística de turistas secuestrados o asesinados por el terrorismo islamista.

Seguimos al coche patrulla. La autopista está abarrotada de viejos cacharros que no se sostienen por ninguna parte. Por doquier se observan controles policiales.

Los árabes son muy dados a conducir de forma temeraria. Se saltan todas las normas de tráfico y conducen a tirones. Para no ser menos, nuestro convoy transita por el arcén, arengando a cuantos se interponen entre los coches. Los policías asoman las cabezas por las ventanillas, gesticulan y berrean en su lengua. Nuestros taxistas también sueltan las manos de sus volantes, clamando a Alá.

A las 18 horas llegamos a comer a un sitio típico de Argel. El grupo, compuesto por ocho personas, se narra sus batallitas por el globo.

Regresamos al aeropuerto. En el primer control de seguridad detectan la porra extensible que siempre llevo conmigo en todos los viajes problemáticos. Les convenzo de que se trata de un trípode plegable, y me dejan pasar. Por Dios, tengo que ocultarla de alguna otra manera.

Facturamos el equipaje y nuevo control policial. Nada más entregar la hoja de entrada al país, tropezamos con otro control.

El autobús nos deja en las mismas puertas del avión; si bien las maletas te las tienes que subir tú. No me lo puedo creer. Las maletas de todos los viajeros se encuentran desperdigadas por la pista de aterrizaje. Todo el mundo corre para no perder de vista su equipaje. Yo subo mi mochila al carro que gritan pertenece al vuelo que te lleva a Djanet.

Cómo no, nuevo control de seguridad antes de subir las escalerillas del avión.

No llevamos resguardo del asiento. Aquí cada cual se busca la vida y te sientas donde te apetece. No hay primera y segunda clase. Esto es Arabia.

Ahora me río de lo sucedido en estas últimas horas. De cómo los autobuses están a reventar de árabes aprisionados, y de esas manías que tienen de arrimarte la cebolleta a tu culo. La picaresca está a la orden del día. Transportando las maletas, mochilas y tiendas de campaña en un carro, un argelino se presta a llevar el mismo por un euro. Nuestro guía español, Manuel Delgado, le paga; y cuando cree que nadie le presta atención a los últimos de la expedición nos vuelve a pedir su propina de un euro, haciendo ver que nadie le ha pagado. Como no caemos en su trampa, el árabe desaparece mascullando contra los infieles.

Llegamos a las cuatro de la madrugada. Nuevos controles nos esperan. Y dos fichas más a completar.

Los hombres azules, los tuaregs, nos están esperando. Sin decir nada nos transportan por el desierto, en un Toyota desvencijado, hasta el oasis de Djanet, la capital del territorio de Argel, al sur de Argelia, a veinte kilómetros de distancia del aeropuerto.

Hay una ventisca y la arena se cuela por todas partes, dentro del 4×4. El marcador de gasolina del todoterreno no funciona. Me pregunto cómo averiguará el conductor para saber cuánta gasolina le queda. ¿Qué pasaría si nos quedáramos sin combustible? No quiero imaginarlo.

Voy en el asiento delantero, compartiendo el mismo con un tuareg. Y llegamos a Djanet, al único hotel de este oasis convertido en un pueblo de casa bajas de adobe y barro.

Las habitaciones son deplorables, infestadas de arena, con un único camastro cuyo colchón está tan gastado que  se marcan todos los muelles que se encuentran debajo. Voy al baño para descubrir tres duchas de agua fría (cuando hay agua) y una letrina de cuartel, un simple agujero en el suelo para tus necesidades.

Todos los expedicionarios quedamos a las nueve de la mañana para comenzar la aventura. Me pongo el despertador de mi Suunto, el reloj que me sirve para tomar todo tipo de mediciones.

Desayunamos pan y mantequilla, con un café. Nos toca rellenar otro formulario para el hotel, otro de esos donde te toca argumentar qué haces en el país. Nada de indicar que eres periodista o te puede causar problemas. Así que me siento orgulloso de ser informático.

Antes de partir me ducho y afeito por última vez en varios días. Las primeras temperaturas de la mañana marcan 31 grados. Estamos a 960 metros por encima del nivel del mar. El tiempo es muy soleado, propio del desierto.

Visitamos el Museo de Djanet. Fósiles, piedras, hachas, puntas de flecha, cazos, vestimentas, tiendas para el desierto… allí hay de todo, propio de tiempos antiguos. Uno de mis acompañantes, Diego, fascinado por los libros de J.J.Benitez, le pregunta al guía tuareg sobre unos símbolos: palo, cero, palo.  Este le e contesta con su significado: “los que se fueron”. El guía nos dibuja los emblemas de lo que él considera tuareg antiguo. Algunos de estos símbolos cree reconocerlos, pero otros no sabría cómo traducirlos.

Después de esta visita nos acercamos hasta el zoco, un mercado donde se vende de todo. Sólo nos interesa la artesanía de plata. Compro algunos medallones y el típico turbante azul.

A las 17:49 llegamos a una zona de dunas conocida como “El lugar de los vientos”. Lo curioso es que los tuaregs no distinguen entre vientos. Para ellos sólo existe un único céfiro.

Hemos llegado hasta aquí en los todoterrenos. Nos sueltan en pleno desierto y se van. Los expedicionarios nos quedamos solos en pleno desierto. Risas. Al poco de comenzar a andar divisamos entre las rocas los primeros grabados. Se trata de efigies de vacas que lloran. Por aquí y por allá hay formaciones rocosas en mitad de las arenas calientes. Una roca se asemeja a un elefante, de forma vaga, en sus contornos.

Nos tumbamos a contemplar la puesta de sol. Los colores del desierto son inenarrables. Las chicas se deslizan por las dunas, cuesta abajo. A lo lejos se divisa la choza de una familia tuareg. Nos encontramos a diez kilómetros de Djanet.

Por la noche tomamos un té en la plaza de Djanet. Cenamos a eso de las ocho. ¿He hablado de mis compañeros de viaje? Ya va siendo hora de citarlos.

Por una parte está nuestro guía español, experto en egiptología y viajero incansable. Ha sido colaborador del desaparecido Fernando Jiménez del Oso. También ha escrito varios libros. Le acompaña su novia, Georgi, periodista y corresponsal en España del diario rumano “La Verdad”.

Antonio, granadino, es otro viajero nato, que ha perdido la cuenta de los países que lleva recorridos. Tiene más datos que la Wikipedia. Te bombardea constantemente con todo tipo de información. Belén es una gaditana muy divertida y que no para de hablar. Resultará una amiga excelente, que incluso me regalará una rosa del desierto. Diego es otro aventurero e interesado en lo oculto al igual que yo. Dice haber vendido su coche para realizar el viaje de su vida al desierto. Su estancia se prolongará unos cuantos días más de la nuestra. Silvia, su novia, le acompaña. Una chica muy guapa, de amplia sonrisa, que estudia para convertirse en juez. Ambos son vallisoletanos, pero viven en Madrid. Nos queda en el tintero Mercedes, una funcionaría que no calla ni a tiros, pero buena persona y compañera.

Cuatro horas más tarde de comenzar a cenar toca irse a recoger. A las siete de la mañana hemos quedado para desayunar para comenzar la ascensión al Tassili. Los tuaregs nos llevarán hasta la base de la meseta donde dará lugar nuestra aventura.

Galerías de imágenes del viaje

Tassili (primera parte)Tassili (primera parte)285 picturesOct 11, 2008
Tassili (tercera parte)Tassili (tercera parte)260 picturesOct 16, 2008

Continuará…

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ANTICIPO DE LA CRONICA DEL TASSILI

21 Octubre 2008

Tassili

Lo que viene a continuación es un anticipo, en forma de pequeño trailer, de la crónica del desierto del Tassili, el viaje al sur de Argelia, frontera con Libia, a la búsqueda de las pinturas rupestres que muestran la llegada de unos extraños visitantes, que convivieron con el hombre prehistórico, en un vergel de agua, hace seis millones de años.

Muy pronto publicaré la crónica completa del viaje en varias entregas. Estad atentos.

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