Lo de la Iglesia Católica desafía la indecencia humana. Cuando se toca el tema de los cuerpos incorruptos de santos y beatos, los fanáticos de la fe creen estar ante uno de esos milagros de dios, cuando detrás subyace una experimentación anormal, propia de la demencia de quienes no tienen ningún reparo en convertirse en nigromantes dispuestos a engañar a las masas con cadáveres.

El proceso de momificación de cadáveres se conoce desde los tiempos del antiguo Egipto. Tomando ideas y sustancias de unos y otros, la Iglesia Católica ha perfeccionado estas técnicas a lo largo de los siglos.

Además, cuando la conservación no resulta atractiva, se cubre con ropa todo menos el rostro y, a veces, las manos, y se aplican capas de cera en partes deterioradas para ayudar a mantener la idea de la incorruptibilidad. Ahora veremos que en estos cuerpos incorruptos lo más importante es la cera.

Conocer con exactitud el motivo de la conservación no es sencillo cuando esos cuerpos están custodiados y elevados a la categoría de divinos. Y, por supuesto, no pueden ser examinados por la ciencia. Pero se sabe de ciertas condiciones para que suceda esto.

Uno de ellos es la saponificación, que se produce en suelo frío y húmedo, lo que desarrolla una sustancia cerosa llamada adipocera, causada por la acción de las sustancias químicas del suelo en las proteínas y grasas del cuerpo (por eso a la adipocera también se le conoce como “tumba de cera”). Como señala Cecil Adams, el resultado final es un cadáver que se ve “como algo que podrías encontrarte en un museo de cera” La formación de adipocera inhibe la descomposición, conserva la forma del cuerpo, y puede hacer perdurar siglos un cuerpo muerto. Hay ejemplos ajenos a la iglesia encontrados en ese estado, y no eran milagros.

Otro fenómeno conocido es la momificación natural. Existen regiones y lugares que por sus características de sequedad extrema, frío, alcalinidad, aislamiento de la intemperie o de los microorganismos, causan que un cadáver se momifique en lugar de corromperse y degradarse. Muchas momias de la antigüedad llegaron al presente gracias a ese fenómeno, pero no son los casos que la Iglesia promueve como sobrenaturales.

Otro de los compuestos que se conocen es el plomo. El plomo (muy común en cubiertos y platos antiguos) retrasa la pudrición. En ocasiones, según algunos monjes que se prestaron a los procesos de momificación, se les introduce plomo en las entrañas.

Santa Bernardita Soubirous, una famosa santa incorrupta, se ve “durmiendo” en su lecho de muerte. La iglesia cuenta que los médicos no lograban salir de su asombro al descubrir la “impecable” preservación del cuerpo tras más de medio siglo de fallecida. Sin embargo, cuando se estaba preparando el relicario para exhibirla en una capilla francesa se tomó la decisión de cubrir la cara y las manos con un baño de cera. Lo que hoy en día ven las personas que visitan el santuario de Bernardita es cera, no piel. Según trascendió la máscara fue puesta para cubrir una “leve” decoloración en la piel de la cara, pero no explica por qué una “ligera decoloración en la piel” requiera un baño completo para todo el rostro y las manos. El artículo de Wikipedia sobre la santa dice, probablemente con más objetividad, que para ese momento el rostro y las manos tenían una coloración negruzca, y que además los ojos y la nariz estaban notablemente hundidos.

San Cándido

San Cándido

Santa Margarita de Cortona también es venerada después de 7 siglos de muerta. Es quizás el cadáver más antigüo que la iglesia exhibe para sus feligreses. Sin embargo, un examen forense reciente encargado por la iglesia católica y descrito en la edición de junio 2001 de Discover, reveló la verdad detrás del supuesto milagro. El informe no sirvió para erradicar el mito, porque la propia iglesia evitó difundirlo:

A medida que Fulcheri levantó suavemente el dobladillo del vestido, todos los presentes comenzaron a murmurar Comenzaron a aparecer varias incisiones a lo largo de sus muslos; y cortes más profundos a lo largo del pecho y el abdomen. Claramente realizados post-mortem, las incisiones habían sido cosidas con un grueso hilo negro. Santa Margarita había sido momificada artificialmente.

En 2001 la Iglesia anunciaba que habían encontrado el cuerpo de Juan XXIII en estado incorrupto y que pasaba a formar parte de una exhibición para que la gente observara el milagro. El beato, muerto en 1963, era transformado en un objeto de culto, pero nadie se percató revisar la historia para comprender que era un timo. En esos días de junio de 2001 el diario El País de Madrid publicaba:

“En realidad, la buena conservación del cadáver del beato Angelo Roncalli se debe al ingenio de un médico, Gennaro Goglia, que hace 38 años inventó un líquido de embalsamar, del que le fueron inyectados 10 litros al cuerpo del pontífice. Goglia, que prestaba sus servicios en el hospital Gemelli de Roma, lo ha contado en una entrevista a la revista católica Famiglia Cristiana, muy difundida en Italia. Según el hoy anciano especialista, el procedimiento no pudo ser más simple. Se presentó en el Vaticano con un bidón del líquido milagroso, un tubo largo y una aguja”.

‘Practicamos un corte en la muñeca derecha del papa y le introdujimos la aguja’, a través de la cual pasó el líquido, dice. ‘Goglia no cobró nada, honrado con rendir un servicio importante a la Iglesia y a un santo varón como Juan XXIII. Por eso se declaró disgustado cuando se enteró por la prensa de que se había efectuado el reconocimiento canónico de los restos del pontífice sin su presencia”.

Lo del Padre Pío roza el esperpento. 40 años después de morir (había fallecido en 1968) se lo encuentra supuestamente en estado casi natural. Cuando fue exhumado en 2008 se transformó en un destino de aquellos que querían ver el milagro y recibir un milagro también. Pero lo que iban a ver quizás no era tan así. Los diez mil feligreses por fin de semana que lo visitan no son informados de lo que la iglesia sabe al respecto.

El Arzobispo Domenico D’Ambrosio declaró lo siguiente el día de su exhumación: “Enseguida que entramos a la tumba pudimos claramente distinguir su barba. La parte superior del cráneo muestra parcialmente el esqueleto, pero su barbilla está perfecta y el resto del cuerpo está bien preservado”.

Lo que la buena gente desconoce es que el Vaticano encargó al museo de cera de Londres la realización de una máscara de silicona para su rostro (con una barba de pelo natural), que es la que actualmente porta. A todo ello durante la exhumación de su cadáver se buscaron sus célebres estigmas, pero no estaban allí. ¡No había estigmas!

Cómo no, mi querida Barcelona tampoco se escapa de las garras de estos necrófilos. San Oleguer de Montserrat, obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona, es exhibido cada 6 de marzo en la Catedral de Barcelona. Eso sí, detrás de la estatua del santo, sobre el sagrario de la misma capilla. Los devotos se tienen que conformar de verlo desde cierta distancia para que no se observen los desperfectos de la momificación.

Para rematar la acusación de nigromancia contra la Iglesia Católica, repasemos ahora lo que es una lipsanoteca.

Lipsanoteca es el nombre que se conoce a un recipiente con tapa utilizado para contener pequeñas reliquias durante el período románico (siglo X al XIII). Suelen estar tallados en madera.

La decoración presenta fajas horizontales policromadas, con motivos geométricos o atáuricos (diseño de flores y follaje) e incluso inscripciones incisas en caracteres cúficos (caligrafía árabe).

Estos relicarios contenían los huesos de santos y beatos; y se suelen colocar bajo los altares.

Cuando no existían huesos de santos, pues habían demasiado iglesias por Occidente que pudieran albergar tanto osario beatificado, los curas comenzaron a solicitar los huesos de los recién nacidos bautizados y que no hubieran sobrevivido a los primeros meses. Se consideraba a estos infantes santos inocentes, al ser considerados casi santos, pues no contaban siquiera con pecados o el llamado pecado original.

La Catedral de Barcelona cuenta con 745 altares, una gran mayoría en las capillas destinadas a los santos. Dado que estos altares no contuvieron las reliquias de beatos, podemos afirmar, sin ningún tipo de rubor, que quienes se postran para orar y rezar ante la estatua del santo de turno, lo hace la mayor parte de las veces ante una lipsanoteca que contiene los huesos descarnados de algún recién nacido.

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