Hace unos años, durante mi última estancia en París, aproveché para ir a contemplar la tumba de Julio Verne.
El monumento funerario de Verne, situado en el camposanto de La Madeleine (Amiens), es algo muy especial. Plasma perfectamente al Verne mágico, secreto, esotérico, iniciado e iniciador.
Una rama de palmera, símbolo de la inmortalidad del “phoenix” que resurge de sus cenizas; el “etz hajaím” o Árbol de la vida de los kabalistas y la “tariqat” o asociación iniciática sufí. Una estrella de seis puntas flotando sobre la palmera: la unión del fuego celeste y el agua para la reconstrucción interior, en palabras de Mario Satz, y que los cabalistas llaman “shamaim”.… Leer más....





