EGIPTO: ARQUEOLOGIA PROHIBIDA Y CIENCIA INFUSA (II)

29 Septiembre 2009

En pleno agosto el calor en Egipto se hace insoportable. Apenas son las 9 de la mañana y el termómetro superar los cuarenta grados centígrados en la meseta de Gizéh. Hay que levantarse temprano para ser uno de los afortunados que acceden a la Gran Pirámide, ya que no se permite la entrada a más de 500 visitantes diarios.

La Gran Pirámide, atribuida erróneamente al faraón Keops, está plagada de misterios. Conviene hacer un repaso a las teorías alternativas sobre su construcción, su antigüedad, y la finalidad de la misma.

De entrada, cabe señalar algo, jamás se encontró una momia en las pirámides de esta meseta; como tampoco hay jeroglíficos en las paredes de la Gran Pirámide. La versión oficial culpa de la inexistencia de difuntos a los ladrones de tumbas, para hacer encajar las piezas.

La idea de que fue construida por Keops proviene, entre otras cosas, de que este faraón estuvo construyéndola durante 20 años, en los 23 que duró su reinado. Así dice Herodoto, en sus “Nueve Libros de la Historia”:”En cuanto a la pirámide, se gastaron en la construcción veinte años…“.

Veinte años para que aquellos obreros (que no esclavos, como nos quiso hacer creer Cecil B. DeMille en algunas de sus películas) con precisión asombrosa, colocaran una sobre otra cerca de dos millones seiscientos mil bloques de piedra que, por término medio, cada uno debe pesar sobre las dos toneladas. Es decir, que cada año se debieron colocar 130.000, lo que suponen 360 bloques al día. Si hacemos un cálculo aproximado para la jornada laboral de la época (dando por sentado que trabajaban 12 horas), el resultado es que durante 20 años, sin conocer el hierro y la rueda, el arquitecto de la Gran Pirámide debió organizar un equipo de trabajo capaz de seleccionar la piedra en la cantera, cortar el bloque, transportarlo varios kilómetros, cruzar el Nilo, izarlo a cientos de metros y colocarlo milimétricamente; todo ello en el tiempo récord de ¡120 segundos! por bloque. Es decir, que según las explicaciones ortodoxas, aquellos artesanos, tan cercanos al Paleolítico, encajaron durante veinte años un bloque cada dos minutos.

Durante los últimos 1.500 años de la historia clásica egipcia, correspondientes al Imperio Nuevo, dinastías posteriores y ptolemaicas, se usaron cuatro millones de metros cúbicos de piedra. Tal cantidad de roca, es minúscula al compararse con las obras realizadas en el Imperio Antiguo. Sólo la Gran Pirámide tiene dos millones de metros cúbicos de piedra, cantidad similar a su vecina pirámide de Kefren. Es decir, se nos quiere hacer creer que en 20 años los obreros de Keops edificaron la mitad de lo que hicieron posteriormente sus colegas durante 1.500 años.

Al problema del peso y del volumen hay que añadir el enigma que suponen las máquinas empleadas en el transporte y en la subida de los bloques desde la cantera hasta su emplazamiento. En este caso, las palabras de Herodoto no son tenidas en cuenta, ya que afirma que se utilizaron mecanismos, así como hierro, en la construcción.

En un relieve de EI-Bershe, de la Dinastía XII, se ve cómo un grupo de 172 personas arrastran la estatua de Djejutijotep, de 60 toneladas, que descansa sobre un trineo. Esto, unido al descubrimiento de varias rampas que unen el Nilo con la base de algunas pirámides, da pie a la arqueología oficial a la única hipótesis que acepta: la fuerza muscular.

Pero entonces ¿cómo pudieron levantar tal cantidad de piedra? ¿Y por qué se dice que fue el faraón Keops quien la mandó construir durante 20 años?

Hay una teoría que habla de que las piedras pudieran tener una construcción artificial. En 1988 se editó en Estado Unidos el libro titulado “The Pyramids, An Enigma Solved“. En él se recogían investigaciones de un científico, el doctor Joseph Davidovits, fundador del Instituto Geopolimérico de París, profesor de la Universidad de Toronto y director del Instituto de Ciencias Arqueológicas Aplicadas de la Universidad de Barry en Florida, que junto a la doctora Margie Morris, de la Universidad de Minnesota, pusieron de manifiesto lo que revelaban los análisis químicos y microscópicos efectuados en rocas de la meseta de Gizéh.

Junto a los citados informes publicaron varias fotografías en las que puede apreciarse la presencia de pelos, uñas, fibras textiles y burbujas de aire en la estructura de las rocas calizas de la Gran Pirámide.

Anterior a la publicación de Davidovits ya se especuló con la posibilidad de las piedras prefabricadas del Antiguo Egipto. En el Segundo Congreso de Egiptología celebrado en 1979 en Grenoble (Francia) el Dr. Klemm, experto en petrografía, avanzó los resultados de sus análisis sobre piedras de la Gran Pirámide. De las 20 muestras estudiadas no encontró dos que tuvieran la misma consistencia homogénea. Parecía que cada una procediera de un lugar distinto, con la particularidad de que dicha consistencia era diferente en zonas de la misma piedra, con mayor densidad en la parte superior que en la inferior. También constató que las rocas de la pirámide contenían un porcentaje de humedad superior al que presenta la piedra natural. Su conclusión fue que los bloques no eran naturales, sino artificiales.

¿Es posible entonces que en la Gran Pirámide se emplearan moldes para construir piedras artificiales? Es una buena pregunta porque si, así fuera, explicaría entonces cómo levantar tal monumento fraguando piedras en cada hilada, sin necesidad de utilizar la fuerza bruta.

Ahora vamos a reconsidera una teoría absurda de la que no se ha hablado nunca en otros artículos o libros sobre la Gran Pirámide. Todo comenzó cuando me encontré con un texto singular, en el obelisco de 121 toneladas de la Heliópolis, erigido para el aniversario del faraón Sesostris, en el año 1942 a.C. El texto jeroglífico dice lo siguiente: “13.000 sacerdotes salmodiando delante de un espejo enorme bruñido en oro”. ¿Con que finalidad?

De repente me acordé de las investigaciones de Bruce Cathie sobre la antigravedad. Este autor de libros especializados cuenta que en 1939 un médico sueco llamado Jarl, estando en Egipto, recibió el requerimiento de un amigo para viajar al Tíbet a curar a un lama. Como sus remedios tuvieron éxito, los lamas le permitieron filmar ceremonias que hasta entonces se consideraban secretas.

En una de ellas, una serie de monjes tibetanos, cantando y salmodiando, dispuestos en un arco de 90 grados que medía 63 metros, frente a una piedra pulida lisa, hacían uso de 13 tambores y 7 trompetas tibetanas. Por lo visto, lo que vio y oyó es cómo los monjes aumentaban el ruido de sus oraciones, hasta que un enorme bloque de piedra que se encontraba a sus espaldas, comenzó a mecerse. Al rato, el bloque de piedra levitó a una velocidad más que considerable, en dirección hacia una plataforma, enfrente de una caverna, a 250 metros de altura. Cada piedra, que debía pesar algunas toneladas, ascendía de la nada durante 3 minutos y luego aterrizaba en la plataforma. En definitiva, lo que los monjes hacían era transportar, de un modo controlado, decenas de bloques de piedra suspendidos en al aire, a una distancia de casi medio kilómetro. ¿Ocurrió este hecho realmente?

Puede que hayan escéptico que crean que tal hazaña no es posible. No he podido localizar la filmación original del incidente mencionado en el Tíbet, pero sí que he encontrado un vídeo que recrea un experimento de la NASA, donde se aplica una resonancia de 600 hertzios desde tres altavoces, que simularían coordenadas X-Y-Z. Ajustando la amplitud y fase, se consiguió que tres bolas levitaran en el espacio de un cubo. Y ahí radica la cuestión, pues la voz humana se comprende entre el espectro de frecuencias que van desde los 200 a los 600 hertzios. Quizás, entonces, una hipótesis de levitación de piedras de gran tamaño no debería tomarse a broma, teniendo en consideración que la ciencia todavía no comprende el potencial de los mantras.

La siguiente pregunta que uno se sigue planteando es cómo se construyó la Gran Pirámide. ¿Cuál es la hipótesis de trabajo más acertada?

Hace unos años, un arquitecto francés, Jean-Pierre Houdin anunció a la prensa que creía conocer cómo se había construido la Gran Pirámide, basándose en una teoría sobre que el ensamblaje se hizo desde dentro hacia fuera.

Houdin exponía que los egipcios subieron los bloques que sirvieron para su construcción por una rampa interna que formaba un túnel en espiral, en el interior de la estructura de su pared externa.

El arquitecto, que cree que ese túnel debe existir hoy, logró convencer a los posibles detractores con la ayuda de un programa informático, desarrollado por la compañía Dasault Systemes, donde se observaba una simulación tridimensional de cómo se fueron amontonando los grandes bloques de granito y piedra caliza.

El vídeo de esta simulación puede verse más abajo:

Houdin cree haber incluso resuelto el misterio de la cámara del rey: el porqué de sus cinco techos de granito en lugar de uno y el modo en que se levantaron los enormes bloques hasta esa altura.

Otra teoría sobre esta enigmática construcción, que reafirma la teoría de Houdin, es que se construyó una rampa exterior gigante para llevar las piedras hasta el punto más alto de la pirámide; pero una rampa de ese tipo tendría que tener una inclinación no superior a un 7 o un 8 por ciento, lo que significa que tendría que haber tenido más de 1,6 kilómetros de longitud.

Otra sugerencia es que pudo tratarse de una rampa que ascendía enroscada a la pirámide conforme ésta iba ganando altura, pero la rampa se habría desplomado de no haber estado firmemente anclada a la pirámide y no hay rastro alguno de puntos de amarre.

Tampoco lo hay de las enormes cantidades de material de desecho que debieron de quedar tras la construcción, y la explicación de Houdin es que ese material se quedó dentro de la pirámide al no haberse eliminado la rampa en espiral construida en el interior de la pirámide y sólo a unos metros de su pared exterior.

Mi teoría es que la construcción supuso dos desafíos: el primero consistió en construir el volumen de la propia pirámide y el segundo, construir la cámara del rey“, declaró el arquitecto francés. Según esa teoría, para la primera fase, hasta una altura de 43 metros, se utilizó una rampa externa tradicional, y sólo una vez completada ésta, se pasó a la siguiente, para la que se construyó la rampa interna en forma de espiral.

Era un túnel abierto a distintas alturas por las cuatro esquinas de la pirámide de forma que pudieran entrar por ellos los bloques de piedra“, explica Houdin.

Según sus cálculos, con una inclinación del 7 por ciento, una rampa de ese tipo tendría una longitud de 1,6 kilómetros desde su base hasta cerca de la cúspide de la pirámide, y los bloques de piedra serían subidos por ella por equipos de ocho o 10 hombres.

Una vez terminado el grueso de la pirámide, se taparon las esquinas, pero los túneles de la rampa siguieron utilizándose.

La prueba más importante a favor de la existencia de una red interna de túneles en espiral se deriva de una prueba de microgravedad llevado a cabo en 1986, en el que científicos franceses detectaron una anomalía: una estructura menos densa en forma de espiral dentro de la pirámide.

En cuanto a la tarea de levantar los bloques de granito de 60 toneladas hasta el techo de la cámara del rey, Houdin cree que se hizo con un sistema de contrapesos atados con cuerdas a aquéllos. “Conforme un equipo de 300 personas tiraban de los contrapesos, subían los pesados bloques de piedra“, sostiene Houdin, según el cual “el motivo de los cinco falsos techos por encima de la cámara del rey era el de impedir un exceso de peso sobre el arco de soporte“. Esta hipótesis tampoco se contradice con la forma de levantar las grandes piedras, si damos crédito a que tal vez fueron los sacerdotes quienes, mediante sus salmos, consiguieron tal hazaña.

Con todo, lo más discutible de la Gran Pirámide, parece ser su antigüedad. Quien más sabe sobre ello es Manuel Delgado, organizador de este viaje a Egipto y que nos acompañaba en todo momento. Así que dejaré que sean sus palabras las que vayan explicando este particular:

Una antigua inscripción jeroglífica denominada «La Estela del Inventario» narra cómo la Gran Pirámide estaba ya edificada en tiempo de Keops y era llamada «Templo de Isis». Los grandes dignatarios extranjeros visitaban el «monumento de los antepasados». La idea generalizada de que la Gran Pirámide es la tumba de Keops puede ser cierta, ya que la misma estela cuenta que el faraón se hizo enterrar junto a ella o dentro de ella. Además, existen pruebas que avalan la teoría de que el monumento fue habilitado por Keops con fines propios. A este respecto, hay que tener en cuenta algunas consideraciones. En primer lugar, se aprecian en la pirámide las manos de dos maestros de obras: uno de ellos, el arquitecto original, que trabajaba a la milésima de milímetro; el otro, menos minucioso, ha dejado su impronta en lo que bien pudiéramos considerar los trabajos de Keops dentro de la pirámide. Entre sus obras se encuentran las 28 entalladuras que recorren la Gran Galería, realizadas de un modo imperfecto, con prisas, apartándose de la meticulosidad con que está construido el monumento. Este número de entalladuras ha despertado la atención de los egiptólogos, ya que Keops era, precisamente, el vigesimoctavo rey después de Menes, según la correlación de dinastías de Manetón. Se desprende de ello que la Gran Galería sería un homenaje a los antepasados del faraón”.

Los egiptólogos identifican la construcción de la Gran Pirámide con la figura de Keops principalmente por tres razones. La primera de ellas es el testimonio de Heródoto. En segundo lugar estaría el entorno arqueológico que rodea al monumento, en donde se pueden ver cientos de tumbas pertenecientes a nobles vinculados directamente con este faraón de la IV dinastía. Y en último lugar está el hallazgo de las Cámaras de Descarga, cinco habitaciones de techumbre muy baja que discurren por encima de la Cámara del Sarcófago.

Su descubrimiento corrió a cargo en 1837 del mencionado Howard Vyse. Este coronel, dinamitó la célebre Cámara de Daidson, situada sobre la Cámara del Rey, descubriendo por encima de ésta cinco cámaras más. Si bien todos los descubrimientos en este monumento se habían caracterizado por la ausencia de inscripciones, Vyse no solo encontró cinco cámaras más, repletas de textos, sino que en varias de ellas aparecía escrito el nombre de lo que parecía ser el constructor de la pirámide: la esperada prueba arqueológica que vinculaba la edificación del monumento con el nombre del faraón Keops. Samuel Birch, egiptólogo del Museo Británico, señaló que aquellos jeroglíficos envueltos en el típico cartucho de los faraones eran auténticos, reconociendo además la posibilidad de que se tratase de los nombres de Keops.

En 1981, el investigador Zecharia Sitchin planteó la posibilidad de que las marcas de cantería descubiertas por Vyse en la Cámara de Campbell fueran en realidad una falsificación de su colaborador J.R. Hills.

Sitchin argumentaba su teoría, apoyándose en un artículo del propio traductor de los textos, Samuel Birch, en donde se daba a entender que los jeroglíficos descubiertos por Vyse estaban falsificados.

Sitchin añade que la falsificación fue realizada usando la gramática de John Gardner. En ella el nombre de Keops aparecía mal escrito. Según Sitchin, el nombre de Keops aparece en la gramática con un error en el primer ideograma. Al parecer, Gardner confundió el jeroglífico, el del círculo rayado, con el disco solar, otro círculo, pero con un punto en el centro.

Manuel Delgado va más allá, y afirma que el nombre del faraón Keops está escrito al revés o se trata de otro faraón, con un nombre muy similar al de Jufru. En cualquier caso, todo ello está por comprobar, pero si así fuera, estaríamos hablando de que deberíamos reescribir la historia para otorgar a la Gran Pirámide su fecha exacta de creación, aparte de que deberíamos intentar averiguar cómo se construyó realmente la misma, y quiénes fueron los que enseñaron a los antiguos egipcios este arte. No en balde, los textos de las pirámides mencionan constantemente que fueron los dioses quienes les sirvieron como maestros, dioses que aparecen en algunas de las estelas, anteriores en el tiempo a la cronología de los faraones.

En 1994 los investigadores Robert Bauval y Adrian Gilbert hacían público que tres de los cuatro canales de ventilación de la Gran Pirámide estuvieron orientados hacia estrellas concretas. Así, el canal norte de la cámara del Rey, miró hacia Alpha Draconis, el canal norte de la cámara de la Reina hacia la estrella más baja del cinturón de Orión (las tres estrellas centrales de la constelación), y el canal sur de esta misma cámara hacia Sirio.

Su particular descubrimiento les llevó a formular su aventurada “teoría de la correlación con Orión”, de la que se desprende que las pirámides de Gizeh son una réplica exacta del cinturón de Orión y que el Nilo, así como el resto de pirámides egipcias, ocupan los lugares correlativos a la Vía Láctea y otras estrellas importantes.

Pero hay más. La orientación de los canales de la Gran Pirámide corresponde (según Bauval y Gilbert) a la posición de las tres estrellas citadas en el 2450 a.C., aunque la ubicación de las pirámides marca el lugar del cénit donde estuvo Orión en el 10450 a.C.

Esto último corroboraría que la Gran Pirámide es más antigua de lo que nos quieren hacer creer, y que los textos de las pirámides estarían en lo cierto al afirmar que fueron los dioses venidos de las citadas estrellas, aquellos que les mostraron cómo construir pirámides y de los que heredaron su tecnología.

¿Descabellado? Tal vez, pero si abrimos la mente a esta posibilidad, es posible que se dé con la llave que proporcione las respuestas a todos los interrogantes del antiguo Egipto.

Una vez finalizada la visita a la Gran Pirámide nos dirigimos a la tienda de Gamal, en Gizeh, El Cairo. Experto en la elaboración de perfumes, esencias y aceites de plantas, convivió con los beduinos, donde aprendió Reiki. Combina éste con la aromaterapia, convirtiéndose así en una especie de sanador. Gamal es de los pocos que puede presumir que es capaz de visualizar el aura de cada persona, o al menos eso afirma él. Habla árabe, inglés, español y francés, y así se comunica en su tienda con quien viene a visitarle, donde se deja consultar sobre cuestiones espirituales y físicas. De hecho, cuando el grupo comenzó a preguntarle sobre cuestiones mundanas, sorprendía constamente, pues fue capaz de adivinar inquietudes de cada uno o aspectos de la vida personal. Es más, yo al principio pensé que estaba compinchado con alguien del grupo, pues no era posible que supiera tanto sobre la vida personal de cada uno. Pero no, Gamal, dentro de su humildad, demostró ser un auténtico maestro, con un gran amor por la Humanidad, y de una preparación intelectual y sabiduría sin límites, muy lejos de los falsos gurús que se dan a conocer últimamente. Gamal es, además, un experto en las esencias que vende, recomendando las más acertadas para cada persona. Estas mismas esencias son las que luego se usan, mezcladas con alcohol y otras sustancias, en los perfumes de gran calidad.

Después de una muy interesante charla sobre los chakras y cómo activarlos mediante aromaterapia, me atreví a preguntarle sobre mi destino.

Eres un gran maestro. Hay mucha sabiduría en ti. Tu camino consiste en escribir, dar a conocer a otros lo que descubres en el mundo. No te apartes de ese camino, pues ése es tu destino“. Como colofón final baste decir que “lo intento, maestro, lo intento“. Como siempre a digo a todo el mundo: “Yo sólo soy el mensajero“.

Continuará…

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