Otro de esos descubrimientos personales propios. El cómo se realizó la falsificación de la Sábana Santa, y que ningún medio de comunicación ha querido hacerse eco, pese a la cantidad de años que llevo explicándolo. Por supuesto vende más la superchería religiosa, que no la realidad científica; ese es el problema.

En la foto he puesto un collage de calcos de papel, cianotipos, dibujos base, y una lampara vertical de rayos ultravioleta.

Os explico cómo va la cosa. Leyendo unos libros de Alquimia, del alquimista árabe Abd-el-Kamir (siglo VI), comprobé cómo éste descubrió que el nitrato de plata tendía a oscurecerse (por un efecto de combustión simple) cuando la luz actuaba sobre la sustancia. El nitrato de plata se usaba desde mucho antes del Renacimiento para impregnar perfiles en telas. Para los que en este momento tienen cara de incrédulos, imaginad lo siguiente; si cubro una tela blanca con nitrato de plata, dejo la tela en el suelo y coloco mi mano a cierta distancia del manto mientras la luz del sol apunta hacia ella, el manto se oscurecerá en aquellas zonas donde pasa la luz, es decir, en toda su extensión, menos la zona cubierta por la mano, quedando un hermoso perfil de mi extremidad en color blanco.

Este mismo principio, llevado más allá, permite recoger la luz de una escena en un cuarto oscuro; si cubrimos una tela con nitrato de plata, y la colocamos sobre la pared posterior de nuestro cuarto oscuro, obtendremos una imagen invertida (en todo sentido) del exterior. La imagen se plasmará con los pies hacia arriba; las zonas oscuras tenderán a verse claras y las zonas claras tenderán a verse oscuras.

Cualquiera que haya trabajado en fotografía sabrá que esto es una Imagen en negativo, y que el principio utilizado para obtener la imagen es justamente el principio básico de la fotografía (las cámaras del siglo XIX eran cajas con un pequeño agujero por donde entraba la luz creando una imagen invertida y a las que le situaba una lámina fotosensible que se oscurecía con la luz).

El descubrimiento de la cámara oscura es anterior al propio Cristianismo. Aristóteles en el siglo IV a.C ya la menciona, haciendo una descripción del aparato y del fenómeno que le daba sentido: “Los rayos del sol que penetran en una caja cerrada a través de un pequeño orificio sin forma determinada practicado en una de sus paredes forman una imagen en la pared opuesta cuyo tamaño aumenta al aumentar la distancia entre la pared en la que se ha practicado el orificio y la pared opuesta en la que se proyecta la imagen”.

En el siglo XIII Roger Bacon conocía ya el fenómeno de la cámara oscura aunque, probablemente, hasta el siglo XV, no se le dio aplicación práctica como instrumento auxiliar para el dibujo.

Una de las paradojas de la historia de la fotografía tuvo lugar en el siglo VI d. C., cuando el alquimista árabe Abd-el-Kamir descubrió una emulsión fotosensible, que se describe más abajo, según sus palabras:

“Cuando la plata es fundida, quedan en el fondo del recipiente unas partículas pequeñas de color plomizo. Si estas partículas se toman y se mezclan con resina animal, se obtendrá una solución espesa que deberá ser vaciada en un recipiente donde la luz no penetre. Luego, en la más completa oscuridad, una plancha metálica podrá ser impregnada de dicha solución quedando lista para registrar los contornos de cualquier objeto que sobre ella se coloque cuando se exponga (la plancha) a los rayos del sol”.

En el siglo XV, la Sábana Santa fue comprada por el Duque de Saboya (1453) a la viuda de Humberto de Villersexel, quien era el propietario de la tela en ese momento. Se dice que el pago por la sábana fue un castillo en Francia. Sin embargo, la sábana es ocultada en 1471 (supuestamente) en un relicario de oro. De hecho, el relicario comienza a ser venerado por los fieles, pero no se deja a la vista el manto. No es sino hasta 1506 que el Papa Julio II permite replicar el manto para ser mostrado en otras ciudades. A partir de este momento todas las ilustraciones del manto tienen un parecido con la sábana de Turín.

Cuando algunos postulan sobre que la Síndone no se hizo con la técnica de la cámara oscura tienen razón, pues con esa técnica, la proyección se realiza sobre un calco, y tiene que existir un pintor que la dibuje. Y cierto, la Sábana Santa no tiene pinturas, ya que hay efectos de la radiación del Sol que indican que se trata de una emulsión fotográfica expuesta al astro solar.

Por supuesto he tenido que aguantar cómo me insultaban en todos los idiomas, y los que defendían que la técnica del radiocarbono 14, usada en 1988, que dató la Síndone de una falsificación medieval del siglo XIII al XIV, tiene granos de polen de especies primaverales de Palestina, como así demostró Max Frei. Y aun así, sigo sosteniendo la teoría de la emulsión fotográfica, porque es cierto que la Sábana Santa se estuvo exhibiendo como trofeo o reliquia desde hace innumerables siglos. De hecho, todo comenzó en la iglesia de Lirey, en Francia, hacia el siglo XIV, después de su permanencia en Tierra Santa. Fue en 1287, cuando un joven de buena familia llamado Arnaut Sabbatier ingresó a la Orden de los Caballeros Templarios y luego de ser admitido fue invitado a besar tres veces los pies de la imagen del Santo Sudario. Por tanto, es lógico que haya indicios de polen de Palestina, habiendo estado la sábana en estas tierras.

Que se trata de una falsificación medieval no hay ninguna duda. El análisis de la imagen muestra que se trata de una proyección bidimensional, como las expuestas en pinturas y fotografías. Un lienzo depositado sobre un rostro, al recogerlo, hubiera dejado una cara abombada, con las orejas muy alejadas del plano compositivo de un rostro.

No sólo eso. Como ya mencioné en otro de mis artículos (ver http://www.carlosmesa.com/diez-puntos-sabana-santa/), el lienzo no corresponde al entretejido judío; las longitudes del anverso y reverso de la sábana dan mediciones diferentes; el crucificado ha sido perforado por las manos (aunque se expandió la mentira de que había sido crucificado por las muñecas y todavía hay quien lo cree y lo copia en sus escritos); la sangre del muerto es del tipo AB (que no existía en el siglo I, ni es la habitual de los judíos); la barba es partida y bizantina (cosa que en un judío del siglo I es impensable), y así un sinfín de pruebas. Pero para los creyentes, todo esto no demuestra nada, por supuesto.

En cuanto a las técnicas usadas en mis pruebas, pueden verse en las fotos.

Haciendo historia diré que el astrónomo inglés Sir John Herschel inventó el procedimiento del cianotipo en 1842. Aunque Herschel lo ideó, fue la botánica británica Anna Atkins, la que lo puso inmediatamente en práctica. Atkins publicó una serie de libros documentando helechos y otras plantas, cuyas ilustraciones eran copias azuladas o cianotipos. Por su serie British Algae, de 1843, Anna Atkins es considerada como la primera mujer fotógrafa.

De su mezcla resulta una solución acuosa fotosensible, que se utilizaba para recubrir un material (normalmente papel). Una imagen positiva se produce exponiéndola a una fuente de luz ultravioleta (como la luz solar) con un negativo. La luz ultravioleta reduce el hierro(III) a hierro(II). A esto le sigue una reacción compleja del hierro(II) con ferricianuro. El resultado es una sustancia insoluble al agua, de color azul (cian) (ferricianuro ferroso) conocido como azul Prusia o Turquesa.

Este principio, al que llamamos cianotipo se conoció en la Edad Media y fue usado por los alquimistas sobre telas, siendo Abd-el-Kamir su descubridor en el siglo VI. Posteriormente se usarían telas con nitrato de plata, siendo este procedimiento conocido como Luna Cornata.

En conclusión, unos calcos con Jesús dibujado, y otras partes del cuerpo de un crucificado, según las modas medievales, serviría para colocarlos sobre un lienzo con nitratos o yoduros de plata, para que las partes expuestas al Sol (las que dejaran traspasar los rayos del Sol) generarán un negativo. Así de fácil.

Esta técnica conocida por Roger Bacon hizo que la propia iglesia condenara estas prácticas, escondiendo todo lo relacionado con este procedimiento, para que no se hiciera público.

Y la cosa sigue. Que un simple fotógrafo como el presente desmonte todo el cuento de la Sábana Santa duele mucho a los creyentes, que me suelen argumentar que cómo va a ser posible que un simple fotógrafo sepa más que eminencias en sindonología. Como si estudiosos devotos creyentes, por el mero hecho de ser científicos, tuvieran más credibilidad que cualquier fotógrafo desconocido.

 

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