LA IGLESIA DE LOS MISTERIOS

3 Marzo 2011

Escondida en la ciudad de Barcelona, la iglesia de los santos Justo y Pastor, en el Gótico de la Ciudad Condal, esconde muchos secretos inconfesables: una virgen negra que en realidad es una diosa egipcia, la auténtica Moreneta lejos de la réplica del Monasterio de Montserrat, la tumba del último rey visigodo, arrianos, vírgenes embarazadas junto a tumbas masónicas… el escenario ideal para el complot de una buena novela de conspiraciones.

No es necesario ser creyente o desarrollar una sensibilidad extrema para tener una sensación de tranquilidad y protección al estar dentro de esta iglesia. Respirar en estas fechas el aire frio y vivir por unos instantes la vida  es como retroceder más de mil años atrás en el tiempo.

Sant Just i Pastor es una de las iglesias más antiguas y, posiblemente, la mejor conservada; fue el primer templo consagrado al “verdadero” Dios. Desde el año 65 se sabe que los fieles ofrecían los divinos sacrificios,  celebraron los Sagrados misterios y recibiendo los Santos Sacramentos.

La iglesia se levanta muy cerca del anfiteatro donde eran martirizados los cristianos. Las creencias populares indican que bajo el recinto actual existía un laberinto subterráneo donde se reunían los primeros fieles. Los cristianos acudían allí, bajo el suelo, que recogía la sangre y las cabezas de los mártires, con el fin de rezar por las almas de los muertos.

La cripta fue hallada en 1723, momento en que se construyó la sepultura para depositar los cadáveres de los beneficiados de Sant Just, según la descripción del rector D. Francisco Gloria y Bosch. El pavimento de la cripta era un mosaico de piedras blancas y azules. Cabe explicar que tras la persecución  y la muerte de los fieles, cuando transcurría el año 324, con la conversión del emperador Constantino, se pudo comenzar a construir en aquellos lugares donde tiempo atrás los feligreses se habían reunido en secreto.

Los mártires serían los cimientos de la Iglesia triunfante, un consuelo para los vivos y un monumento  en honor a los muertos. Siendo la iglesia de Sant Just el único templo construido sobre las criptas, cabe suponer que fuera el primer templo construido dentro de los muros de Barcelona, durante los cinco primeros siglos de la Iglesia.

Sant Just i Pastor o Iglesia de la Santa Cruz

Sobre estos datos, algunos autores infieren que la iglesia de los Santos Justos y Pastor no puede ser tan antigua como la Catedral. No obstante, en base a una sumaria información de 29 de Octubre del año 1578, enviada por el Rector de la iglesia, y con la ayuda de seis testigos que afirmaban: “Ser tradición constante y fama pública, que la iglesia de los Santos Justos y Pastor fue la catedral de Barcelona y Sede de sus Obispos”,  se tiene constancia de que debió ser el templo principal de la Ciudad Condal.

Un argumento más en esta línea es la tradición de haberse dado en ella el culto a la milagrosísima imagen de Nuestra Señora de Montserrat, figura que fue colocada en su altar mayor por San Paciano, y que, tiempo después con la invasión musulmana, fue escondida en el interior de la Santa Cueva de Montserrat, a fin de evitar su profanación.

En el archivo de la Parroquia consta, que en el cementerio de la iglesia de los Santos Justos y Pastor, antes de la entrada de los musulmanes en Barcelona, se hallaba construida una capilla bajo el titulo de San Félix y Santa Cruz.  En la crónica de “San Pere de les Puelles” la fundación de la iglesia se atribuye  a Ludovico Pio en el año 801 o 839. A favor de esta capilla consiguió de su padre el Emperador Carlomagno tres privilegios al altar de San Félix: el de Testamento Sacramental, el de Batalla Juzgada y el Juramento de los Judíos; privilegio confirmado en el capítulo 48 del volumen 2 de las Constituciones de Catalunya.

La historia de la Batalla Juzgada cuando menos es curiosa, ya que en caso de existir un litigio entre caballeros, donde faltaran pruebas suficientes para que un juez pudiera emitir sentencia, se apelaba a la batalla juzgada o juicio de Dios, por la cual se daba la razón al caballero vencedor. Los litigantes acudían a la iglesia de San Just i Pastor, y con la mano sobre los evangelios prestaban solemne juramento, comprometiéndose a utilizar solo las armas utilizadas y no pudiendo hacer uso de armas encantadas o piedras mágicas.

En el caso de existir disputa entre un cristiano y un judío, era éste último el que debía jurar solemnemente que diría la verdad ante el altar de San Félix. El juramento se formalizaba sobre los diez mandamientos. El judío debía contestar Amén (que así sea) a las aterradoras amenazas que le agravarían en caso de ser mentira lo que allí juraba.

El tercer privilegio era el del Testamento sacramental, el cual permitía a los ciudadanos de Barcelona, en peligro de muerte, expresar a los testigos su última voluntad. Dicho testamento  tendría validez en el caso de que los testigos, en un plazo no superior a seis meses, jurasen ante el altar de San Félix, en presencia de un notario y del rector,  la última voluntad del difunto.

Al derruirse la pequeña capilla románica exterior que tenía las advocaciones de San Felix y Santa Cruz, estos cultos y el beneficio de San Félix, pasaron en 1333  a la Capilla de los Santos Justos y Pastor.  La larga tradición del testamento fue derogada por obsoleta en 1991, aunque parezca mentira que algo así llegara a nuestros días.

Patrocino religioso

Desde el siglo IV se cree que la iglesia tiene el mismo patrocinio religioso. Fue en los años 390-392 cuando se dedicó a los santos Justos y Pastor la pequeña iglesia situada en esta colina cercana al decamano principal (principal arteria de una ciudad romana), lugar en el cual yacían los restos de un templo romano.  Los Santos Justo y Pastor, también conocidos como los Santos Niños, nacidos en Tielmes (Madrid) fueron unos supuestos mártires hispanorromanos de 7 y 9 años, ejecutados en el 304 en Alcalá de Henares por orden del gobernador Daciano, por negarse a abjurar del cristianismo.

Algunos autores afirman que el mito de los santos Justo y Pastor no es otra cosa que la cristianización del culto a Cástor y Pólux, lo cual podría suponer otro indicio en cuanto a lo que se adoraba antiguamente en este lugar.  Cástor y Pólux se hallaban muy unidos y, según parece, se querían mutuamente con un amor fraternal inmenso. Destacaban por sus habilidades físicas las cuales fueron evidentes cuando Jasón emprendió junto a los Argonautas (entre los que se hallaban algunos personajes importantes como Heracles) la expedición en busca del vellocino de oro. Los dos hermanos no se negaron a acompañarlo y, durante el transcurso de la misma, Pólux hizo gala de sus amplias dotes como pugilista, llegando a matar en medio de un combate a un soberano.

Sin embargo, los Dióscuros no vivirían hasta la vejez, Cástor resultó muerto durante la expedición en busca del vellocino de oro, ya que el joven hijo de Leda lo era también de Tindáreo y, a causa de esto, no gozaba de la inmortalidad. Pólux, por tanto, estaba condenado a contemplar morir a su hermano, para después vivir eternamente mientras el alma de Cástor permanecía en el Hades. Fue entonces cuando Pólux tomó entonces una decisión que nos da una verdadera lección de amor fraternal: suplicó a su padre Zeus que le permitiese compartir su inmortalidad con Cástor. De esta manera, mientras uno de los hermanos permanecía en el Hades, el otro ocupaba el puesto de divinidad.

A ambos se les rindió culto en Grecia y en Roma (en el Foro de esta última había un templo cuyos restos aún hoy pueden contemplarse). En la constitución de Géminis-Gemelos- las dos estrellas más brillantes reciben el nombre de Cástor y Pólux, aunque Cástor en realidad es un conjunto de varios astros, que contados hacen un total de 13. Pues bien, la iglesia de Sant Just i Pastor, en su techo, muestra 13 escudos con aguas simbólicas. Curiosamente, al unirse los 13 escudos entre sí, de forma imaginaria, nos aparece ¡la constelación de Géminis!

El enigma Witiza

Como consta en el libro de óbitos parroquial del  19 de marzo de 1736, fue descubierta en excavaciones del pavimento de la iglesia una lápida de los Witiza-Akhila del año 899; la original se encuentra hoy depositada en el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona y dentro de esta basílica (junto a la pared izquierda de la entrada principal) puede consultarse la copia.  La traducción literal dice:

Aquí reposa Witiza hijo de Teodoredi. Perdónele Dios amén. Era 938 de la Encarnación de Dios años 890 segundo reinado Carlos rey día 13 se murió.

La Arquitectura gótica del templo se cimentó y elevó en 1342, sobre el terreno de los antiguos templos paleocristianos y románicos, del cual aún se conservan además de la LAUDA DE WITIZA elementos visigóticos como son las pilas para el agua bendita, junto a la entrada, a mano derecha.

Las dos pilas están vaciadas sobre dos capiteles recuperados, y están labradas en mármol exteriormente  por tres caras que simbolizan la Trinidad; la escritura es de derecha a izquierda y está grabada en forma invertida. Las letras son griegas por influencia bizantina, y en los extremos de la cruz cuyos brazos ata un círculo se lee BARK, es decir Barcino, como la conocían los romanos. En la otra pila, con las tres cruces también del siglo VI, y que se encuentra tras el altar, se lee la inscripción NIKA en griego, que quiere decir “Victoria”.

Este misterio contrasta con la versión oficial, ya que al comienzo de la calle Hércules, donde da la propia iglesia, se lee en un cartel del ayuntamiento: “Basílica del siglo XIV”, cuando la lápida ya demuestra que sus anteriores propietarios eran visigodos. A todo ello, hay que sumar que oficialmente el emperador Witiza está enterrado en Toledo, cuando fuera de los libros de historia se puede comprobar que su sepulcro está aquí mismo.

La virgen negra

El interior de esta iglesia acoge el altar mayor de 1832, con seis columnas monolíticas de mármol de Tarragona en hemiciclo y media cúpula, de estilo neoclásico. Aquí se venera la imagen de la Virgen María de Montserrat, y la tradición indica que la imagen que se reverencia en Montserrat hubiera sido adorada en esta iglesia hasta que fue escondida en la montaña para salvarla de la invasión musulmana.

Dice la leyenda que la Santa Imagen fue obra del Evangelista San Lucas, y que San Pedro la trajo a España en el año 50, siendo entregada al Obispo de Barcelona. Pero esto sólo puede tildarse de leyenda, ya que las vírgenes negras no aparecerán hasta los finales del arrianismo.

En fecha 22 de abril del año 718 fue escondida en la montaña de Montserrat, donde fue hallada  cien años después de forma milagrosa por unos pastores, cambiándosele el nombre de Jerosolimitana, que es como se conocía, por el de la mítica montaña.

La leyenda cuenta que en el año 880, un sábado al atardecer, unos chicos pastores vieron descender del cielo una gran luz, acompañada por una bella melodía, que se ponía a media altura de la montaña. A la semana siguiente volvieron con sus padres y la visión se repitió. Igualmente sucedió a las semanas siguientes con la compañía del rector de Olesa de Montserrat. Enterado del acontecimiento, se presentó el obispo de Manresa; entonces encontraron una cueva en la que restaba la imagen de esta virgen negra. Cuando el obispo supo la noticia, intentó trasladar el ídolo hasta Manresa, pero no se pudo hacer puesto que la estatua pesaba demasiado. El obispo lo interpretó como el deseo de la Virgen María de permanecer en el lugar en que se la había encontrado, y mandó que construyeran la ermita de Santa Maria, origen del monasterio actual.

La virgen negra que se venera actualmente es una talla románica del siglo XII, de madera de álamo. Representa, en teoría, a la Virgen María con el niño sentado en su regazo y mide unos 95 centímetros de altura. En la mano derecha sostiene una esfera que simboliza el universo, para unos, mientras que para otros es un símbolo de que el mundo es redondo como sostenían los sacerdotes egipcios. El niño Jesús tiene la mano derecha levantada en señal de bendecir, mientras que en la izquierda tiene una piña. Excepto la cara y las manos de Maria y del niño Jesús, la imagen está pintada de dorado, aunque no siempre fue así. La Virgen María, en cambio, es de color negro, hecho que le ha valido el apodo popular de Moreneta. El ennegrecimiento de la talla del siglo XII, dice la leyenda, es debido de al humo de las velas que durante siglos han ido quemando a sus pies en señal de veneración. Se ennegrecieron con el paso del tiempo, por la acción de los cirios, por enterramiento o por cualquier otro agente exterior. Pero esta teoría no se sostiene por ninguna parte, ya que la virgen, al pasársele un trapo, no destiñe ni puede ser lavada. Esta virgen es negra de origen, como todas las vírgenes negras traídas a Europa por parte de la Orden del Císter o los templarios.

Es difícil establecer una relación detallada de las estatuas que existieron en los siglos XII y XIII, pero es seguro que las más veneradas en aquella época fueron precisamente las que nos ocupan. Y ello hasta tal punto que la mayor parte de los sitios más destacados de espiritualidad medieval en Francia albergaban una Virgen Negra, tanto si se trataba del Mont-Saint-Michel, como del Puy, de Chartres, de Rocamadour, de Sion-Vaudemont o de muchos otros lugares…

Según nos deja escrito Jacques Huynen, en su libro “El enigma de las vírgenes negras”, el culto a las vírgenes negras aparece en el mundo cristiano durante la etapa del medievo, en torno a los siglos XI y XIII. En realidad, no es más que la adaptación a los cánones del cristianismo del culto egipcio a la diosa madre Isis como símbolo de la tierra y la fertilidad (cuyo antecedente lo encontramos en las Venus del paleolítico), tal y como hicieran en su momento los griegos con Démeter, los celtas con Belisana o los romanos con Ceres.
Se tiene constancia también del culto pagano a Diana-Artemisa en Éfeso -ciudad de Asia Menor situada en la actual Turquía- como diosa negra de la tierra, siendo venerada en un templo octogonal concebido como santuario donde habitaba el espíritu de la deidad.

Muchos de los recintos donde reciben culto estas vírgenes negras, están cargados de gran fuerza telúrica y fueron antaño lugares donde se practicaban rituales iniciáticos, algunos de carácter secreto. Curiosamente, la iglesia de Sant Just i Pastor, parece cumplir con estos cánones.

La tradición cuenta que el eremita San Antón veneraba en su Egipto natal a una Isis del periodo alejandrino como si de una imagen de la Virgen María se tratase, y que, al ser traída dicha efigie a Europa, comenzó en el viejo continente el culto a tan sugestivos iconos marianos. Ello debe tener cierto fundamento si tenemos en cuenta que la Isis egipcia fue venerada en varios puntos de Francia como una madona cristiana, caso de la propia capital París, cuyo nombre se debe a los Parisii, adoradores del popular mito egipcio.

Las vírgenes negras aparecen mencionadas en el Cantar de los Cantares: “nigra sum sed formonsa filiae Hierusalem sicut tabernacula Cedar sicut pelles Salomonis“. Precisamente, la Orden del Temple, autorizada en el año 1118, tuvo su primera residencia en las ruinas del templo de Salomón, una construcción octogonal cedida por el rey Balduino de Jerusalén, el mismo monarca que dio carta blanca a la congregación.
Tenemos constancia empero que la Moreneta sería una de estas vírgenes negras, adoración pagada de la diosa Isis que, como hemos mencionado, se localizó en la Cueva Santa de la montaña de Montserrat.

A la Santa Cueva se accede a través del Camino de la Santa Cueva, que está excavado en la montaña, a lo largo del Macizo de Montserrat; fue construido entre 1691 y 1704 gracias al mecenazgo de Gertrudis de Camporrell, marquesa de Tamarit. La construcción de la capilla se produjo entre 1696-1705, gracias al patrocinio nuevamente de Gertrudis de Camporrell. Hay que destacar el emplazamiento vertical de la capilla a la pendiente de la montaña, que le da una sensación de estar suspendida al aire; es un bello ejemplo de integración entre arquitectura y naturaleza.

Conocido esto, echemos un vistazo al aspecto de la Moreneta, tal y como está descrita en distintas crónicas de la historia.

“El libro de la historia y milagros de la Virgen de Montserrat”, que se vendía en el monasterio, en el 1550, dice lo siguiente: “La bendita imagen de nuestra Señora le pone la mano izquierda sobre su hombro izquierdo [del niño Jesús] y saca su mano derecha por el costado derecho, tanto que el niño puede verla”. Quiere eso decir, que en el siglo XVI la virgen no contaba con una bola u orbe en su mano, sino que fue un añadido posterior.

Fray Antonio de Yepes escribió en 1660: “Teniendo a nuestro Señor con una sierra”. Quiere esto decir que el propio niño Jesús sostenía esta herramienta, lo cual es otra novedad iconográfica.

En la noche de la Santísima Trinidad de 1691, mientras los monjes cantaban los maitines, se prendió fuego en el camarín y la virgen quedó envuelta en llamas, desapareciendo su vestido inicial. Después de este suceso y después de que los franceses abandonaran el monasterio, tras las guerras napoleónicas, se procedió a restaurar la imagen. Estamos hablando del año 1812. Un monje escribió lo siguiente: “Por motivos que todos sabemos se retocó el rostro de Nuestras Señora y manos, el cual se echó de ver que era de un color regular, y asimismo se pintó el rostro del Niño de un moreno claro, según estaba antes”.

En 1823 la Moreneta fue traída a Barcelona, después de habérsele quitado las joyas (que nunca más volverían a verse), y colocaron la imagen en el altar de la Catedral, trasladándose luego a la parroquia de San Miguel. En el Portal del Angel, número 1, se procedió en aquel entones a restaurar la virgen, colocándole una nueva talla del niño Jesús, y le pusieron manos nuevas la virgen. La imagen se colocó sobre una peana cuadrada de molduras de perfil académico, pintándose todas las encarnaduras y policromías de la virgen de color negro, incluyendo el orbe, a excepción del trono donde está sentada, que aún conserva la primera decoración románica a base de arcadas.

El 12 de junio de 1824 emprendió de nuevo viaje hacia el Monasterio de Montserrat hasta el 25 de junio de 1834 que se escondió de nuevo por un cambio de gobierno. Ya en 1931, se retiró la imagen del camarín y se dejó una copia, por el temor del inicio de la Guerra Civil. La imagen fue a parar a la Iglesia de Sant Just i Pastor, donde parece ser estuvo escondida hasta finalizar la guerra.

Sin embargo, aquí es donde parece que encontramos el gran dilema porque la Moreneta del Monasterio de Montserrat sostiene un orbe en sus manos de color dorado, mientras que el original debió ser negro, como así atestiguan las crónicas y el archivo histórico de la Ciudad Condal, tal y como hemos constatado con anterioridad. Además, la Moreneta de Sant Just i Pastor, no sólo mantiene en su mano un orbe de color negro, sino que su estampa muestra una virgen de facciones negras pintadas, lejos de la uniformidad actual de la que supuestamente debería ser la oficial. A todas luces parecería que la auténtica Moreneta no es la que se alberga en el Monasterio de Montserrat, sino ¡la que se encuentra sobre el altar de la iglesia de Sant Just i Pastor!

Todo lo anterior viene dado por una pista. Un joven Gaudí acudía todos los días a este iglesia, sin conocerse un motivo cierto. Cabe recordar que Gaudí fue masón hasta la médula, y de eso no hay ninguna duda. Gaudí, como buen católico practicante, le rendía honores a la Moreneta todos los días.

Aparte lo anterior y para echar más leña al asunto, nada más entrar a la iglesia, a mano izquierda, a los pies de una virgen embarazada, se aprecia lo que a simple vista parece una tumba masónica.

Un vistazo a la misma sirve para advertir que las letras “A”, son del tipo masónicas, ya que forman un compás y escuadra. El número 17 y 26 ó 1726 en principio no dice nada, salvo si tomamos separadamente el 17 y el 26; entonces, el inverso del 17 es el 71 o la Junta del Sanedrín más el Sumo Sacerdote; y el 26, es uno de los números del nombre de YHWH. Y quien se halla debajo, se ampara de la FM, el Sanedrían y Dios (= YHWH).  Dentro del recuadro de la lápida se ve un triángulo, un escoplo y un compás. Con el primero y el último nos volveríamos a acercar a la FM. Sobre el recuadro hay una cenefa que podría equivaler al murciélago, lo que nos llevaría a un símbolo bien divulgado por la aristocracia catalana, pero también simbolizaría al Iniciado.

Uniéndolo todo, nos aparece la tumba de un masón, hebreo, que busca el amparo del Sanedrín y de YHWH.

Uno de los aspectos que más sorprenden de la Orden del Temple es la presencia de la figura octogonal en todas sus construcciones. Hay bastantes octógonos en esta iglesia, junto a un lema harto interesante en la entrada, acerca de que “ésta es la casa del señor y las puertas del cielo”, nos dan nuevas pistas sobre la presencia de templarios en este lugar. Lo cierto es que la iglesia de Sant Just i Pastor no deja de sorprender por sus misterios. ¿Cuántos más quedarán por desvelar entre sus paredes?

Artículo escrito en colaboración con Cinthia Volpe

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LAS ESFERAS DE PIEDRA QUE NADIE QUIERE

2 Marzo 2011

Enormes esferas repartidas por todo el mundo y que ninguna cultura remota reivindicó para sí.  ¿De dónde salieron? ¿Por qué nadie las reclamó para sí? ¿Cuántas esferas de éstas hay por todo el mundo y dónde están?

Corría el año 1939 cuando la empresa norteamericana United Fruit Company comenzó a sembrar plantas de banano en el delta del Diquis, en Costa Rica.  Toda la selva tropical sufrió el exterminio de cientos de especies vegetales y animales, taladas a golpe de hacha, sierra y tractor, una demoledora deforestación que dejaría al descubierto los tesoros arqueológicos de esta zona.

De repente, en medio de la nada, empezaron a florecer unas extrañas piedras gigantescas totalmente esféricas. Pero no una ni dos, sino cientos de ellas, ciclópeas, de más de dos metros de diámetro y con pesos que superaban varias toneladas.

El patrón de estas excavaciones, George P. Chittenden, ordenó llevarse algunas de estas esferas, trasladándolas de lugar. El trabajo de desescombro se hizo tan mal que muchas de aquellas esferas se partieron, hasta que la arqueóloga Doris Stone le suplicó a Chittenden que no moviera ni una más hasta que ella llegara a la zona.

En abril de 1940 alcanzaba la arqueóloga estas fincas. Sorprendida por el descubrimiento fue incapaz de datar las esferas ni esclarecer a los artífices de la manufactura de las mismas. En 1943 publicaría sus observaciones en varias revistas científicas, argumentando que las piedras debieron estar acompañadas de esculturas humanas y animales, algo totalmente incierto. Los aficionados a la astroarqueología se lamentaron el desplazamiento de las mismas, pues con ello se perdía la observancia de su posición con respecto al sol y los planetas y una posible utilidad como calendario astronómico.

Lo más curioso es que ya la doctora Stone se percató que en la zona del Diquis no existía el material del que estaban compuestas las esferas de piedra, a saber granodiorita y gabros.

Años después, en 1948, otro arqueólogo, Samuel K. Lohtrop, llega hasta el Diquis, invitado por la doctora Stone. En 1963, el museo Peabody de Cambridge, en Massachussets, Estados Unidos, propaga el resultado de sus investigaciones bajo el título “Archeology of the Diquis Delta Costa Rica”. Y aunque no decía nada sobre quiénes pudieron ser sus constructores, estipuló cuatro características que le dotaban de artificialidad, no pudiendo ser naturales. A saber:

1.   La enorme cantidad de esferas que imposibilitan su casualidad.
2.   El enorme tamaño de las mismas y su gran esfericidad.
3.   Superficies lijadas.
4.    Y conjuntos de esferas que, a veces, se alinean formando figuras que parecen geométricas.

Lothrop creyó, de forma errónea, que estas esferas de piedra sólo se podían encontrar en Costa Rica. Y así lo dejo escrito.

En 1990, el Museo Nacional de Costa Rica, se embarca en el proyecto “Hombre y ambiente en el Delta del Diquis” para arrojar luz sobre los constructores de las esferas y averiguar por qué las crearon. Sus conclusiones fueron que las enormes piedras fueron obra de una civilización amerindia desconocida, instalada en el Delta del Diquis desde tiempos inmemoriales.  Según ellos, esta cultura debió estar sumamente organizada y usaron unas técnicas de esculpido y pulido muy perfeccionadas, que llevaron varios siglos. Su fabricación se dio, siempre según el museo citado, 200 años antes de Cristo, continuándose de forma ininterrumpida hasta la llegada de los conquistadores españoles.

Aún hoy en día, los costarricenses lo siguen creyendo. Durante mi visita a esta zona me confirmaron que en la escuela se les enseña que las populares esferas debieron ser obra de los mayas. Y digo yo… ¿y entonces quiénes construyeron las esferas de piedra de Bosnia o Nueva Zelanda, entre muchas otras?  ¿Los mayas se fueron hasta lo que hoy conocemos como Bosnia?

Para nuestra desgracia, estas gigantescas esferas de piedra fueron a parar a los jardines de las familias de más abolengo, como ornamentos del césped de estas personas adineradas. Y así se ven en la actualidad en los jardines de muchos lugares. Por lo visto se convirtieron en un emblema de poder económico, político y social durante la década de los 60. Aparte, claro está, algunas de ellas fueron vendidas a coleccionistas de todo el mundo que las colocaron en sus mansiones, dejando pocas de ellas en su situación original.

La gran pregunta que uno se formula, a tenor de lo visto, es ¿cómo los amerindios del Neolítico desarrollaron unas esferas tan perfectas? ¿Con qué técnica? ¿Con qué herramientas?  A no ser que la respuesta sea tan obvia como que no fue una civilización precolombina, sino otra civilización más antigua, de la que nada conocemos, y que pudo estar emparentada con otras civilizaciones artífices de las otras esferas de piedra repartidas por todo el mundo.

La siguiente vez que vi esferas de piedra fue en Nueva Zelanda, en la playa de los Moeraki, al norte de Dunedin y a 40 kilómetros al sur de Oamaru, descubiertas por W.B.D. Mantell en 1848; y consideradas por los indígenas como piedras sagradas.

Aquí la versión oficial varía respecto a la de Costa Rica. Oficialmente estas esferas están compuestas por restos de calcio cristalizado de un sedimento mineral que se encuentra en todo el acantilado y que tiene 60 millones de años. La erosión de las olas ha sido la que ha dejado al descubierto las paredes verticales de KoeKohe, y por ende, la playa de los Moeraki, liberando a las piedras de su aprisionamiento. O sea, vamos, que son obra de la naturaleza.

Lo singular es que estas piedras mostraron que estaban huecas, que sus interiores son de barro y cieno, y se cimentaron con una calcita magnética (yo mismo pude colocar un objeto metálico que se quedó imantado en la roca).

Populares por los polémicos descubrimientos de Semir Osmanagic en torno a las supuestas pirámides bosnias en el 2005, las esferas que se encuentran en Zavidovici, una población de la Bosnia central, fueron descubiertas en 1938, justo un año antes que las de Costa Rica. Por lo visto se delimitaron por culpa de una tormenta que provocó que el río de la ciudad se desbordara y abriera un enorme surco en la montaña, floreciendo las piedras hasta entonces ocultas.

Trasladadas para decorar algunas fuentes del pueblo, durante mi estancia en Visoko, Bosnia, fui a verlas personalmente. Después de llegar hasta tan inhóspita zona y convencer a un fortuito taxista para que me condujera a las mismas, fueron localizadas, no después de haber tenido que introducirme en un bosque de minas abandonadas, donde cada dos por tres tenía que ir soltando bastonazos para no topar con una de estas minas.

Aquí, la comunidad internacional también se prestó a dar su propia versión oficial de los hechos. Según los geólogos, éstas se habrían formado por la fuerza de los ríos desde altas pendientes, que en su descenso chocan y se friccionan, provocando esa redondez de las mismas. La exfoliación o pérdida de capas, aunados con los cambios de temperatura, habrían provocado que las capas cóncavas se desprendieran, dejando superficies redondeadas.

Para que lo anterior se dé es necesario que el material sea volcánico o por cristalización de lava incandescente. El problema viene cuando no observamos volcanes en esta zona, ni en ninguno de aquellos lugares donde se encuentran las esferas de piedra repartidas por el planeta.

Y si ésta no es la solución, ¿cuál es? Otros expertos, ante este dilema, creen que la naturaleza engendra esferas a partir de concreciones de calcio y carbonatos a desde un núcleo mineral que, con el transcurso de las edades, hace que se adhieran otras partículas, formando capas como las de una cebolla. Este proceso puede durar varios millones de años. Vamos, que lo que nos quieren decir es que las capas se crean solas, pegándose unas a otras como por arte de magia. Una solución demasiada trillada para ser cierta y demasiado evasiva de una realidad molesta.

Pero los hallazgos no se limitan a estos lugares, en el 2007 la maquinaría que se estaba usando en construir una carretera en la provincia china de Hunan, desveló esferas de piedra por doquier, más altas que una persona.

En Sierra Ameca, México, las hay de entre 60 y 335 centímetros, y también se consideran manufacturadas por obra de la cristalización de cenizas volcánicas.

En el parque geopaleontológico de Ischigualasto, en Argentina, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el llamado Valle de la Luna, se encontraron manifestaciones de arte rupestre junto a las populares esferas de piedra.

Ya en Cartago, fundada por los fenicios a mediados del siglo IX a.C. se encontraron esferas líticas de pequeño tamaño, de unos 40 centímetros. Aquí sí que la arqueología fue unánime, dictando que las piedras son artificiales. Se les conoce como piedras cañón o piedras de fuego y hay quien cree que son artificiales porque debieron servir como arma de las catapultas.

Durante el 2000, un investigador de lo insólito, Jiri Matekja, dejó constancia de que en la República Checa habían aparecido las grandes bolas de piedra.

Ya en el 2008, en Onoto, en el condado de Anzoátegui, en Venezuela, la tierra de los Cumanogotos, volvieron a observarse bolas de piedra de 2 metros de diámetro. Descubiertas durante las excavaciones de una presa en la cuenca del río Unare, el hallazgo no fue reportado a los arqueólogos del país, de modo que oficialmente no existen.

En Piauí, Brasil, en la desembocadura del río Paranahyba, en el estado de Piauhy, el coronel ruso Pavlovich Braghine, publicó en 1938 un libro donde se menciona la presencia de las esferas en esta zona, sin saber que ya existían en Costa Rica.

Algunas de ellas ya no pueden ser halladas, como las que debieron estar en Cuba, y así constatadas por el conquistador López de Gomara, en su Historia General, y que dice así: “Hay una cantera de piedras redondísimas, que sin repararlas más de cómo las sacan, tiran con ellas arcabuces y lombardas”. Gonzalo Fernández de Oviedo también las menciona en su libro sobre la Isla Fernandina: “Hay un valle en la isla de Cuba que dura cuasi tres leguas entre dos sierras o montes, el cual está lleno de piedras redondas, como de lombardas, guijeñas, e de género de piedra muy fuerte, e redondísimas en tanta manera, que con ningún artificio se podrían hacer más iguales e redondas,  cada una en el ser que tiene”.

Se cuenta que en la Isla de Pascua también hay cantos rodados gigantescos, traídos allí por los colonizadores de las islas Marquesas en el año 600, encabezado por Ariki Hotu Matu’a, fundando el linaje de las tribus que dominaron Rapa Nui.

Con todo sigue sin haber una respuesta plausible a este fenómeno. ¿Son las piedras naturales o artificiales? Caso de que fueran artificiales, que así lo parecen, quiénes las crearon o con qué cometido. Digo bien lo de piedras artificiales, pues si no fueran adulteradas, no hace falta ser demasiado sabio para darse cuenta de que la lava solidificada apenas pesa, mientras que la media de estas enormes esferas de piedra es de 16 toneladas. Además, las bombas volcánicas, al caer al suelo suelen partirse, y estas esferas están completas, sin roturas.

Por tanto, sigue quedándonos la duda, ¿quiénes crearon las esferas de nadie? ¿Y por qué están repartidas por todo el planeta?

Las cuevas del Toll

El complejo de las cuevas del Toll se encuentra a unos seis kilómetros de Moià, en dirección a Vic, en Cataluña, por la carretera N-141-C, y a unos dos kilómetros antes de llegar al pueblo de Collsupina.

Descubiertas en 1952 se encontraron en las mismas bastantes restos de la era cuaternaria e indicios de presencia humana en el Paleolítico medio. Hay restos del Neolítico y de entierros en este período.

La parte visitable de las cuevas es de 158 metros, divididos en dos sectores, la galería sur de 108 metros, ocupada por el hombre prehistórico; y la galería este de 50 metros. O sea, un total de 1.600 metros. Las cuevas son públicas y gratuitas, y están abiertas durante el día todo el año.

Hay una cueva del complejo no abierta, llamada la cueva de las Toixoneras, que se encuentra en estos momentos en proceso de excavación arqueológica. Lo significativo es que en esta cueva se han encontrado unas pequeñas esferas de 40 centímetros, que sí parecen diseñadas por el hombre Neolítico. Las esferas están muy mal pulidas, lo que da una idea de cuál era la tecnología y las herramientas o utensilios que debió manejar el hombre prehistórico. Y si hasta ahí podían llegar, ¿cómo es que oficialmente la arqueología se empeña en hacernos ver que las enormes esferas repartidas por todo el mundo y de varias toneladas de peso son obra de los habitantes del Neolítico?

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