PONENCIA SOBRE LOS MECANISMOS DE CONTROL DEL CLUB BILDERBERG
31 Mayo 2010
Después del III Congreso de Ciencia y Espíritu, que tuvo lugar en mayo en la ciudad de Barcelona, y donde tuve la oportunidad de participar como ponente, gracias a la generosa invitación de su organizador, Miguel Celades, los vídeos del evento comienzan a proliferar por la Red.
Para aquellos que no tuvieron la oportunidad de asistir al congreso, incluyo más abajo un enlace con el vídeo editado y en alta resolución, de la ponencia impartida. Mi deseo es que llegue al máximo número posible de personas, ya que está en juego en que nos convirtamos en esclavos del sistema que nos están creando.
CARLOS MESA “El grupo Bilderberg 2010″ __CyE III may2010 from La Caja de Pandora on Vimeo.
EL PAPIRO DE TURIN, LA LISTA DE DIOSES QUE HACE CHIRRIAR A LOS EGIPTOLOGOS
20 Mayo 2010
En mayo del 2010, durante la visita para contemplar la Síndone de la ciudad de Turín, tuve la ocasión de acercarme hasta el Museo Egipcio, donde se esconde uno de los mayores objetos que no deberían estar ahí de la arqueología, el Canon Real o Papiro de Turín.
Este papiro de escritura hierática se encuentra cerca de la entrada al museo, nada más entrar a mano izquierda, escondido detrás de una vitrina y que pasa desapercibido a los visitantes, más interesados en la búsqueda de momias o esculturas que les asombren.
Datado en la época de Ramsés II, ¿qué tiene de especial que lo convierte en un objeto imposible? Pues bien, el texto menciona los nombres de los faraones que reinaron Egipto, pero también los dioses que les precedieron, los semidioses, y los seguidores de Horus. Esta lista no es conmemorativa de ningún faraón, con lo que contiene los nombres reales de todos sus gobernantes, incluyendo los faraones menores y los usurpadores. Y ahí es donde radica la cuestión, pues tomándola como válida, ¿quiénes eran estos dioses que gobernaron Egipto y que son anteriores a la dinastía I?
El papiro es de 170 centímetros de largo y 40 de ancho, y está roto en 160 fragmentos que, afortunadamente, se han podido recomponer conformando la lista mencionada.
Descubierto en 1822, por Bernardino Drovetti, el que fuera cónsul de Egipto, cerca de la ciudad de Luxor, fue donado al Museo Egipcio de Turín en pésimas condiciones; aunque se sabe que en su descubrimiento estaba prácticamente intacto.
Giulio Farina reconstruyó el documento y lo selló entre dos hojas de vidrio en 1938, que es como puede verse hoy en día. No sería hasta 1959 que Gardiner, que se hizo famoso por recopilar todos los jeroglíficos egipcios y publicar su gramática, cuando éste transcribiría lo que decía y hacía públicas estas revelaciones.
Parece que el Papiro contiene los nombres de unos 300 monarcas en orden cronológico, incluyendo la duración de sus reinados en años, meses y días, lo cual convierte al Canon Real de Turín en un documento de gran importancia a la hora de establecer una cronología para el Antiguo Egipto.
La lista de reyes del Canon Real de Turín comienza con los dioses que según las creencias de los antiguos egipcios gobernaron Egipto al principio. Y aquí es donde radica el problema para los egiptólogos, pues aseguran que esto es mitología y sólo dan por cierta la cronología a partir de la Dinastía I. ¿Por qué los dioses nunca gobernaron Egipto según los arqueólogos? No se sabe, o tal vez sí, ya que ello repercutiría en que se debiera admitir la presencia de unos dioses en la antigüedad, o tomados como tales, y ello implicaría dar por cierta la teoría de que esos seres divinos no eran precisamente de este mundo.
Al comienzo de la lista se encuentra el dios Ptah que, según la cosmogonía de Menfis, creó el mundo con el corazón y la palabra. Le sucede Ra, el dios sol creador de la vida, y después su hijo Shu, el aire, que separó el cielo (Nut) de la tierra (Geb) interponiéndose entre ambos. A Shu le sucede Geb, y después el hijo de éste, Osiris, que es asesinado por su hermano Seth.
Luego aparece Horus, el hijo póstumo de Osiris, que luchó contra Seth por el trono de Egipto. Después, el Canon Real de Turín da los nombres de otros tres dioses: Thot, Maat y un Horus cuyo nombre se ha perdido. Aquí hay que tener en cuenta el papel de Maat, que es la diosa del orden, la justicia, y la verdad, y al mismo tiempo un concepto abstracto de difícil definición en la actualidad.
Después aparecen otros nueve dioses, que son los que se encargan de la transición entre un gobierno de dioses a otro de humanos. Estos dioses son los bau de Buto (Pe) e Hierakómpolis (Nekhen), los cuales representan a los gobernantes del norte y del sur durante el Periodo Predinástico (anterior al 3000 a.C.). Estos dioses en conjunto forman los bau de Heliópolis y se relacionan con Horus, el dios de la realeza. Es importante señalar que Buto e Hierakómpolis eran las capitales predinásticas del Bajo y Alto Egipto respectivamente. Después vienen los Shemsu Hor (Seguidores de Horus), los cuales podrían ser los reyes predinásticos, pero aún no está claro. Los Seguidores de Horus se representan con cuerpos celestes, con forma de discos alados, y con armaduras impropias de su época.
Después de esta lista de dioses, el Canon Real de Turín comienza con los reyes humanos, siendo el primero de ellos Menes, primer rey de la I Dinastía, el primer Rey del Alto y Bajo Egipto, esto es, del Egipto unificado. Su nombre aparece dos veces, uno con un determinativo para “humano” y el otro para “divino”.
Los reyes y sus reinados se suceden hasta llegar a la Dinastía XVII, donde se corta la cronología. El papiro también incluye a reyes del Primer Periodo Intermedio (Dinastías VII a XI, 2181-2055 a.C.), sobre todo de la segunda mitad del mismo, cuando se produjeron los enfrentamientos entre los reyes heracleopolitanos y tebanos por el poder; con el cual se hizo finalmente el tebano Mentuhotep II, iniciando el Imperio Medio (2055-1773 a.C.). Aún así, se ha perdido valiosa información referente a la Dinastía XI; aunque recientemente han aparecido los trozos extraviados en el Museo Egipcio y se espera recomponer el papiro en breve, con una nueva traducción de textos y reyes que hasta ahora se consideraban perdidos.
Al contrario de lo que ocurría con las listas reales vistas, el Canon Real de Turín sí que incluye a los odiados gobernantes hiksos del Segundo Periodo Intermedio (1773-1550 a.C., dinastías XIII a XVII, siendo las dinastías hiksas la XV y la XVI), aunque añadiendo a sus nombres el determinativo de “extranjero”. El término de “hiksos” viene de la expresión egipcia “heqau khasut”, es decir, “gobernantes de los países extranjeros”, el cual se aplicaba a los gobernantes asiáticos. Evidentemente, el motivo de la inclusión de los hiksos en el Canon Real de Turín es que no era una lista real destinada al culto a los reyes predecesores de un faraón como las de Abidos o Karnak, como ya hemos citado con anterioridad, lo cual le da más veracidad a la lista de dioses gobernantes como tal, y no producto de una fantasía mitológica.
El Papiro de Turín, curiosamente, coincide con otras fuentes apócrifas que paso a enunciar.
La Piedra de Palermo se trata de la mitad de una enorme losa de diorita negra, que originalmente debía medir aproximadamente unos 2 metros de longitud y 60 centimetros de altura, y que actualmente se puede contemplar en el Museo de Palermo, aunque en realidad existen 7 fragmentos en total distribuidos por diferentes museos del mundo. El documento, en escritura jeroglífica, da cuenta de 120 reyes predinásticos que reinaron antes de que existiera oficialmente la civilización egipcia. De nuevo aparecen los nombres de los misteriosos dioses y semidioses engrosando las genealogías reales egipcias.
Otro apócrifo para la egiptología sería algunas de las incorrecciones que dicen ellos que cometió Manetón en sus crónicas de Egipto.
Manetón fue un sacerdote egipcio de Heliópolis que vivió en el siglo III a. C., durante los reinados de Ptolomeo I y II, poco tiempo después del historiador babilónico Beroso, siendo ambos casi contemporáneos. Las cronologías que detalló Manetón encajan perfectamente con el Papiro de Turín y la Piedra de Palermo.
Manetón escribió “La Historia de Egipto” en 3 volúmenes o tomos, que en realidad ya no existen y no podemos leer en su fuente original. Pero nos han llegado fragmentos recogidos por distintos autores. Por un lado, las citas de Flabio Josefo (siglo I d. C.); y por otro, los escritos de los llamados “padres” (autores relacionados con la Iglesia), como Julio Africano (siglo III d. C.), Eusebio de Cesarea (siglo IV d. C.), y Sincelo, conocido como Jorge el Monje (siglo IX d. C.).
Pues bien, según recoge Eusebio, una dinastía de dioses reinó en Egipto durante 13.900 años: el primer dios fue Vulcano, el dios descubridor del fuego, después el Sol, Sosis, Saturno, Isis y Osiris, Tifón hermano de Osiris, y Horus hijo de Isis y Osiris. A estos, siguieron dinastías de semidioses que reinaron durante 11.025 años, lo que hace un total de 24.925 años. A partir de ese tiempo, aproximadamente sobre el 3.000 a. C. reinaría el primer faraón, Menes o Narmer.
Según transmite Sincelo (Jorge el Monje), desde las Crónicas de Manetón, seis dinastías de dioses reinaron durante 11.985 años. De nuevo aparecen: Hefesto dios del fuego, Helios o Sol, Agatodemon, Cronos o Saturno, Isis y Osiris y Tifón hermano de Osiris. Los primeros 9 semidioses que cita Sincelo son Horus (hijo de Isis y Osiris), Ares, Anubis, Heracles, Apolo, Amón, Titoes, Sosus, y Zeus, abarcando entre estos 9 semidioses un periodo de unos 2.645 años aproximadamente en el reinado en Egipto. A continuación, siguen sucediéndose dinastías de semidioses, y seguidores de Horus, abarcando entre todos ellos miles de años de reinados en Egipto, en unas cifras similares a las que establece Eusebio. Y todo esto, antes de que empezara a reinar en Egipto el primer faraón según la Historia oficial.
Hay pequeñas diferencias entre las cronologías de Eusebio y Sincelo, pero ambas básicamente son muy similares. Por ejemplo, Sincelo cataloga a Horus como el primero de los semidioses, mientras que Eusebio lo nombra como el último de los dioses.
Si todos estos reyes hubieran sido figuras inventadas o mitológicas, probablemente no se hubieran hecho constar la duración de sus reinados en cifras tan exactas, sino que simplemente se habrían presentado esos períodos como espacios de tiempo indefinidos. ¿Por qué si no, se data con tanta precisión en los cómputos la duración de los reinados de estos dioses y semidioses? ¿Existieron realmente? ¿Y por qué los historiadores y la arqueología se niegan a aceptarlos como reales y sí lo hacen con los faraones a partir de la Dinastía I? ¿Acaso no tienen el mismo derecho?
Julio Africano volvió a referirse a los dioses, los semidioses, héroes y “espíritus”. Detalla que después del Diluvio, la primera casa real egipcia tuvo 8 reyes, el primero de los cuales fue Menes de Tis, que reinó durante 62 años. Fue arrollado por un hipopótamo (Eusebio precisa que era un dios en forma de hipopótamo) y pereció.
No podemos olvidar el importante testimonio de Diodoro de Sicilia, un famoso historiador griego del siglo I a. C., que empleó 30 años en escribir una Historia Universal, para lo cual visitó todos los lugares y monumentos que mencionó. En Egipto fue ilustrado por los sacerdotes y eruditos egipcios de aquella época, y no dudó en escribir que los primeros monarcas del país del Nilo reinaban desde hacía 23.000 años. Otra vez asomaban dioses y semidioses en la cronología de Egipto, en un tiempo en el que todavía no reinaban los seres humanos.
Concluyendo con la posibilidad de que estos dioses y semidioses hubieran gobernando Egipto mucho antes de las dinastías conocidas, ¿quiénes eran estos dioses? ¿De dónde llegaron? ¿Fueron ellos los constructores de los más grandes monumentos de la antigüedad? Esa es la pregunta que deberíamos hacernos ante las evidencias de las transcripciones de los textos del Canon Real de Turín, la Piedra de Palermo, o las Crónicas de Manetón, en lugar de intentar negar su existencia, achacándolas de fantasías de sus autores o mitologías heredadas, sólo porque no encajan en las cronologías del tiempo.
LA SABANA SANTA, LA MEJOR FALSIFICACION DE LA HISTORIA
13 Mayo 2010
La ostensión de la Sábana Santa en el 2010 ha sido un acontecimiento histórico en el que había que estar presentes, pues no habrá una nueva muestra del lienzo que supuestamente cubrió a Jesús de Nazaret hasta el 2025.
Tuve la oportunidad de asistir en mayo del 2010 a este momento clave de la historia, después de la restauración a la que había sido sometida la Síndone, limpiándola y devolviéndole su color original. El Santo Sudario de Turín es una tela de lino que muestra la imagen en negativo fotográfico de un hombre que presenta las mismas marcas y suplicios que se narran en los Evangelios durante el momento de la Crucifixión. Actualmente se guarda en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista, en la mencionada ciudad de Turín.
Se han escrito ríos de tinta, intentando demostrar su veracidad, y un sinfín de detractores han intentado señalar que, cada una de las teorías y pruebas aportadas a su favor, son falsas.
Volver a insistir más en ello, recopilando las pruebas ya existentes, es absurdo. No aporta nada nuevo a la investigación. Pero siempre me he preguntado qué ocurriría si diéramos por buena la afirmación que otorga la misma a que se trata de una los mejores imposturas de la Edad Media.
Pongámonos pues en las manos de este falsificador. Veamos cómo la pudo haber realizado, y finalmente extraigamos nuestras propias conclusiones. Tal vez observando el punto de vista de un falsificador de reliquias, pudiéramos saber si las probabilidades de que así fuera, nos convencen.
Al parecer, la máxima discusión en torno a la evidencia científica es la prueba efectuada mediante carbono 14 a la Sábana. Se llevó a cabo en 1988. Tres estudios científicos realizados por un laboratorio del Reino Unido, uno de Suiza y un tercero de los Estados Unidos sobre una pequeña muestra del lienzo (un químico estadounidense, Raymon Rogers, concluyó que la muestra se tomó sobre uno de los remiendos recosidos después de los incendios que quemaron parte de la misma), cortada a tijera de una de sus puntas (y que todavía se aprecia) dieron como resultado una fecha entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%, y que fue publicada en la revista científica Nature. Para algunos, esta datación ha zanjado para siempre el asunto, demostrando que el sudario es una falsificación del siglo XIII o XIV.
Partamos entonces de que el falsificador era originario de esas fechas. Fijémonos en la crucifixión del hombre de la sábana. Ese hombre está clavado por las muñecas entre los huesos del carpo –región del esqueleto de la mano-, lo que produjo una contracción del dedo pulgar que desaparece en la imagen del sudario. Es más, el clavo de la muñeca derecha no entró bien entre los huesos, teniendo que desclavarse y volviéndolo a clavar. Esa herida, por tanto, es mayor, de unos 15×20 mm y de forma oval. Hay signos de hemostasia o estancamiento de la sangre, lo que impidió que ese hombre se desangrara.
Volvamos a su falsificador. Sus conocimientos de medicina debieron ser elevados, ya que por esas fechas no se conocía la forma usada por los romanos para crucificar a sus reos. Todos los artistas del siglo XIII y XIV, e invito a comprobarlo, representaron en retablos y esculturas a un Jesús de Nazaret crucificado por las palmas de las manos, lo que hubiera provocado que éstas se desgarraran y el sujeto cayera. Pero el falsificador no sólo conocía el método empleado, sino que además tenía conocimientos de anatomía, pues reprodujo fielmente dónde debían entrar los clavos, y además supo recrear en una de las muñecas el agujero que implica un segundo intento. Es más, la sangre recogida y analizada, era del tipo AB, propia de los judíos, algo habitual en estas fechas, pero no tanto en tiempos medievales. Así que el falsificador debía conocer los diferentes grupos sanguíneos, allá por el siglo XIII, y se hizo traer sangre del tipo AB de algún pobre judío para esparcirla por la Sábana, como demostró el químico Walter McCrone.
Pero veamos qué otros detalles tuvo que tener en cuenta y su enorme cantidad de conocimientos científicos para dar con la mayor falsificación de la historia.
Nuestro impostor parece que ya había inventado la fotografía en el siglo XIII o XIV, pues nadie duda de que el sudario es un negativo fotográfico. Este debió usar una linterna mágica, un dispositivo de proyección simple para aplicar luz recogida a través de un sencillo agujero a una placa con compuestos de plata sensibles a la luz.
El embaucador era un genio en toda regla, pues en su época conocía la ciencia de la palinología, disciplina de la botánica que estudia el polen y las esporas. ¿Por qué afirmo esto? Porque la Sábana presenta muestras de polen de las especies primaverales de Palestina, como así demostraron Avinoam Danin y Uri Baruch. Junto a la marca de la corona de espinas se encontró la especie Gundelia Toumerfortii, exclusiva de Jerusalén en primavera. Nuestro falsificador debía conocer esto y se trajo polen de Palestina y Judea para extenderla por la sábana, esperando que en un futuro pudiera engañar a los analizadores e investigadores del siglo XX.
Estudiosos próximos a la NASA, como Jackson, Jumper y Stephenson, localizaron en 1978 en los ojos del hombre de la Síndone, la marca de dos leptones, impresiones de monedas romanas, una de ella de Tiberio. Y es que en el siglo I era normal cerrar los ojos del difunto con monedas. Conociendo este detalle, nuestro falsificador se hizo traer monedas romanas del siglo I y las usó deliberadamente en su fotografía medieval.
P
ero como decía nuestro falsificador tenía conocimientos científicos más avanzados que la mayoría de sus colegas. Este pudo recrear a la perfección todas las marcas sufridas durante lo que se conoce como la Pasión. Latigazos en la espalda y nalgas, hematomas, el tabique nasal desviado fruto de alguna caída, rodillas destrozadas, o heridas en la cabeza producidas por el casquete de espinas, entre otros. El látigo debió corresponder al llamado Flagellum Taxillatum. Este se basaba en un bastón con tiras de cuero de la que colgaban unos plomos con una forma como de hueso. Lo curioso es que las marcas de la Síndone corresponden milimétricamente con los plomos, lo que no deja ninguna duda de que el impostor se trajo uno de esos látigos romanos del siglo I para poder engañarnos.
Y aunque en la Edad Media se representaba al Cristo portando una cruz en todas sus manifestaciones artísticas, nuestro falsificador sabía que no era así y puso la impronta de un madero transversal conocido como Patibulum en la espalda del hombre de la Sábana, tal y como se supo después que ocurría con los condenados a este suplicio por parte de Roma.
Dice el doctor Judica Cordiglia: “La rodilla derecha, además de parecer más contusa, presenta numerosas excoriaciones de tamaño y formas diferentes, más o menos marcadas , con bordes desgarrados sobre la región rotular“. Un poco más arriba y hacia el exterior hay dos llagas de forma redondeada de unos 2 cm de diámetro, situadas una encima de la otra. La rodilla izquierda, también contusionada, no presenta más que excoriaciones diversamente dispuestas de tamaño y forma diferentes, pero mucho menos marcadas y numerosas. Estas lesiones, por su dirección y ubicación, nos indican cómo han podido ser producidas: acusan la caída sobre un terreno no uniforme, sino cubierto de piedras desiguales. Confirma esta suposición la tierra que se ha encontrado mezclada con la sangre en las excoriaciones de la nariz y en su rodilla izquierda, como si el ajusticiado, al caer, no hubiera podido resguardarse con las manos.
De lo anterior se desprende que nuestro falsificador contaba con conocimientos avanzados en análisis forense.
Todo ello, claro está, no contradice para nada las pruebas encontradas. En 1203 un cruzado llamado Robert de Clari aseguró haber visto la tela en Constantinopla. Y en 1205, Teodoro Angelos, envió una misiva al Papa Inocencio III esgrimiendo que los franceses, durante el saqueo de la ciudad de Constantinopla, se habían quedado con el lino de nuestro Señor, el que lo envolvió en su muerte. Las fechas son muy próximas a la datación del sudario mediante la prueba del carbono 14, como se puede ver.
Hay quien ve en este falsificador a Leonardo de Vinci, dado los enormes conocimientos que tenía para recrear una falsificación tan genial. Pero cabe recordar que Leonardo nació en el 1452, lo que no coincide para nada con la datación del carbono 14, lo que le descarta automáticamente como autor de la misma.
Postulamos que el falsificador de la Síndone era un genio, pues no sólo había descubierto la fotografía en el siglo XIII, sino que además sabía de hemografía (análisis de sangre), anatomía, biología, palinografía (el estudio de las esporas), medicina forense, historia antigua, y contaba con un sinfín de amigos que le proporcionaban el material necesario, como pólenes de la Palestina, el flagellum, el patibulum, los leptones romanos, y otra serie de evidencias que dejó incrustadas a perpetuidad. Si la idea era engañar a sus conciudadanos, no salió del todo airoso, pues algunos Papas calificaron la Sábana de sacrílega, ya que la misma presentaba signos que nos estaban reflejados en los Evangelios. Cabe recordar el suceso en el que el apóstol Tomás introduce su dedo en la llaga de la palma de la mano de su maestro para creer lo que está viendo. La Síndone lo cuenta de otra manera, y por eso solo ya fue considerada de herética.
Además, el negocio de las reliquias medievales era tal, que se conocen decenas de réplicas de una misma reliquia, como fuera el caso del Mandylion, un supuesto pañolón que estuvo en contacto con el rostro de Jesús de Nazaret y del que habían copias burdas y descaradas. Siendo así con todas las reliquias, ¿por qué no se hicieron más copias de la Sábana Santa si era una falsificación en toda regla?
Dando por buena la hipótesis de que hubiera un falsificador, la verdad es que su resultado fue tan bueno, que no se atrevió a repetir el experimento.
Insistimos en la teoría del falsificador, pues según los más agnósticos, es la única solución posible. Incluso los que dicen no creer en los misterios, como el escritor Juan Antonio Eslava Galán, postulan que debió ser así porque el creador de la Síndone contaba con conocimientos alquímicos. Vamos, que para no creer en misterios, el autor se saca de la manga la alquimia como si fuera de dominio público y algo habitual en la época.
El Vaticano realmente no se pronuncia sobre la realidad o no de la Síndone, dejando su cuestionabilidad en manos de Dios; si bien es cierto que la utiliza desde 1983, momento en que les fue otorgada por su antiguo propietario, Umberto de Saboya, para devolver la fe a los cristianos en momentos de incertidumbre.
Los protestantes ni siquiera se acercan a reconocerla, porque han sido inculcados en su religión sobre los peligros de la idolatría. Y aunque fuera real la imagen de Jesús de Nazaret, para ellos no le produciría ningún fervor o sentimiento, ya que su forma de ver las imágenes, tal y como se les ha inculcado de niños, no les emociona.
El resto de religiones ni opina ni les importa. Y en cuanto a los agnósticos y ateos, se aferran de pies y uñas a la teoría de la falsificación, actuando con agresividad cuando alguien les plantea lo contrario. Da igual que se haya encontrado un manuscrito de 1192 donde se aprecia lo que parece el Sudario de Turín. O que Gregorio Refendario impartiera un sermón sobre la Sábana Santa, en el año 944, en Constantinopla, que luego fue archivado por el Vaticano.
Al final, resultará que la Síndone sólo convence a católicos y a los amantes del misterio y lo sobrenatural. Porque digo yo, con la enorme cantidad de pruebas presentadas, ¿se toma en serio la suposición de un falsificador medieval?
Si a mí me preguntaran, y observando las evidencias forenses, sin tener en cuenta de quién se trata, a simple vista diría que lo que ocurrió, por lógica, es que el cuerpo de la persona que estuvo envuelta en la Síndone, se desintegró dejando chamuscados finos hilos en el lienzo, que luego se reveló como una figura y que en el siglo XX se verificó como un negativo fotográfico. Eso es lo que podría deducirse de lo que se ve, pero claro está como se trata de Jesús de Nazaret, patriarca del cristianismo, la disgregación atómica de su cuerpo con algún tipo de energía que lo implosionó desde su interior, no se contempla, pues es sólo eso, mera ciencia ficción.
DESCARGA DE LA CONFERENCIA SOBRE LOS MECANISMOS DE CONTROL DEL CLUB BILDERBERG
10 Mayo 2010
El día 8 de mayo de 2010 tuvo lugar el III Congreso de Ciencia y Espíritu al que tuve la oportunidad de asistir como ponente. Esta vez la ponencia que presenté hacía referencia a los mecanismos utilizados por el Club Bilderberg para alcanzar sus planes de convertirse en la cooperación de empresas selectas que sacan tajada de toda la economía mundial, ya sea a costa de guerras, narcotráfico o control de las masas por parte de los gobiernos. La conferencia que impartí mencionaba uno de los muchos mecanismos de control, el que está vinculado con los chips espía, los RFID. Creada la demanda para que los gobiernos quieran controlarnos, los miembros del Club Bilderberg tienen a sus empresas allegadas inmersas en la fabricación de estos chips con los que esperan ganar grandes fortunas.
A todo ello se suma algo peligroso. El rumor que parece confirmarse de que los miembros del Club Bilderberg esperarn reunirse próximamente en Barcelona, en concreto en el Hotel Dolce de Sitges. ¿Qué oscuras intenciones puede haber detrás de esta reunión? Quizás, si esta convocatoria se da a conocer, los miembros de este selecto club se amedentrarán y desconvocarán su reunión anual para otro momento.
Descarga de la presentación “Mecanismos de control del Club Bilderberg” (formato Powerpoint).









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