BARCELONA MAGICA Y EN HDR
23 Marzo 2010
El objetivo de este reportaje es proponer una ruta por la Barcelona mágica y misteriosa, lejos de los circuitos habituales de turismo, y lejos incluso de los propios barceloneses, que desconocen las historias que vamos a contar a continuación.
He querido ir un paso más allá, y ubicar todas estas fábulas en el Barrio Gótico y el Born de Barcelona, las partes más antiguas de la ciudad. Por otro lado, viendo que algunas agencias están ofreciendo rutas enigmáticas por la ciudad, en las que sólo cuentan leyendas, deteniéndose aquí o allá, pero sin mostrar símbolos o evidencias tangibles de lo que relatan, he querido ofrecer una ruta, la única, que pueda invitar a realidades tangibles que se puedan ver y tocar, para a partir de ahí desarrollar la historia que hay detrás.
Os aseguro que nadie hasta la fecha lo ha hecho, y eso que he intentado documentarme en el archivo histórico de la Ciudad Condal; pero ha sido prácticamente imposible encontrar nada palpable.
La propuesta parte de una ubicación para terminar en otra, deteniéndose en lugares mágicos y estratégicos, todo ello acompañado de imágenes HDR y un mapa que realicé con un GPS portátil.
Calle Estruc
Casi enfrente del Corte Inglés de Plaza Catalunya, esta pequeña calle parece derivar de Astruc, nombre medieval o judío, según algunos, aunque en catalán la palabra “astrugança” quiere decir “suerte”. Quizás por ello una placa conmemorativa al final de la calle, nos evoca la magia, en una especie de lápida en honor a un mago, Astruc Sacanera, que vivió en el siglo XV. Astruc también es una hierba curandera y una palabra que se aplicaba a los brujos y curanderos.
La placa, puesta ahí por el hipnólogo Ricard Bru, muy conocido en los ambientes esotéricos, recuerda que en esta calle un mago vendía una pólvora especial y una piedra que permitía curar picaduras de insectos, incluso los venenosos. La tienda de este mago, en el actual número 22, se menciona en una placa que rememora que aquél era el lugar donde se vendía la pócima.
Por si fuera poco todas las puertas tienen los números decorados con simbología relacionada con la brujería y el esoterismo. Y en el número 14 de la calle hay un edificio del siglo XVIII, en cuyos balcones se aprecian dibujos de carros arrastrados por animales fantásticos, plantas, y esqueletos, entre otros. Las plantas simbolizan el nacimiento, muerte y renacimiento, en contacto con la madre naturaleza, La muerte del edificio simboliza que la materia orgánica se vuelve a integrar con la naturaleza; mientras que el carro conduce hacia lo desconocido.
Hasta finales del siglo XX, la calle todavía contaba con una librería antropológica donde la familia Estruc, a la que siempre perteneció la misma, vendía todo tipo de objetos extrañísimos, fruto de los innumerables viajes de su dueño. Tuve la oportunidad de conocerle antes de su cierre definitivo.
Masones en Portaferrisa y la Catedral.
En dirección hacia el mar, parándonos ahora en Portaferrissa, 11, se puede contemplar en la fachada, sobre la puerta, un conjunto escultórico de dos niños, con un triángulo encima de unos ladrillos, en medio de ellos. El niño de la derecha sostiene dos reglas, y el de la izquierda un compás y una paleta. Si alguno ha comprendido lo que significan estos símbolos se habrá dado cuenta de que aquí estuvo la masonería.
En el Archivo Histórico de Barcelona hay un expediente con una licencia de obras de 1867, proyectada por Domingo Sitjas. Y como no podía ser de otra forma, en los planos originales no aparece la escultura de los niños para no despertar sospechas.
Cabe recordar que la masonería, según la Wikipedia, se describe como: “La Francmasonería o masonería (del francés francmaçonnerie) es una organización autodenominada iniciática, filantrópica y filosófica. Sus miembros y simpatizantes sostienen que tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y el fomento del desarrollo intelectual y moral del ser humano. Los masones o masónicos, tanto hombres como mujeres (masonas o masónicas), se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada ‘Gran Logia’, ‘Gran Oriente’ o ‘Gran Priorato’. Han sido asociaciones de carácter secreto. (…) El término francmasonería, sinónimo de masonería en español, proviene del francés francmaçonnerie y éste del francés maçon (albañil). También se admite la forma de masónico o masónica como sinónimo de masón o masona. En los países anglosajones, a diferencia de los hispanoparlantes, masonry se refiere a la albañilería o mampostería, mientras que ‘freemasonry’ se refiere a la Fraternidad Masónica”.
No es éste de Portaferrissa el único signo masón cercano, pues si nos damos una vuelta por el perímetro de la Catedral de Barcelona, en la calle de la Pietat, a la altura de la Casa del Canonges, en una de las ventanas de las capillas, se contempla un compás con la fecha de 1617. Y en los muros externos de la Catedral también se aprecia, como marca de canteranos, los tres puntos que conforman una pirámide, el símbolo arquitectónico de la masonería. Estos pertenecieron a un gremio concreto, el de la Hermandad de los Esteves.
Destacados masones barceloneses fueron Clotilde Cerdà, hija de Ildefons Cerdà (de quien se sospecha que también lo pudo ser); Jaume Ferran, descubridor de la vacuna contra el cólera; Ernest Lluch (PSC), asesinado por ETA; Josep Irla i Bosch, ex presidente de la Generalitat de Catalunya, a principios del siglo XX; Lluís Companys, otro ex presidente de la Generalitat, fusilado el 15 de octubre de 1940; Víctor Balaguer, escritor y político a principios del siglo XX; y el enigmático Antoni Gaudí, que debió serlo en sus comienzos como arquitecto, pasó a ser un durmiente (como así llaman a los masones que abandonan su actividad), y luego abrazó el catolicismo, sin perder sus raíces simbólicas, su obsesión por los misterios, y su convicción en asuntos tales como el vegetarianismo y la salud.
Restos romanos en el Centre Excursionista y la antigua muralla
Barcelona fue fundada como colonia romana -Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino- en el año 15 a.C. Se eligió su situación por estar en un emplazamiento que permitía controlar el comercio del puerto en lo alto de un pequeño monte, el Mons Táber (actual barrio gótico), y de fácil defensa. La distribución de la ciudad era el propio de las ciudades romanas, estando cruzada por una calle “decumanus” de más de 800 metros y una calle “Kardo maximus” perpendicular de hasta 550 metros. Ambas travesías finalizaban en las cuatro puertas abiertas en la muralla. En el cruce de estas dos calles se encontraba el Foro, lugar de encuentro y centro urbanístico que contenía los principales edificios: basílica, templos, termas y mercados. Y en especial el templo dedicado a Augusto, donde ahora se ubica el Centro Excursionista, en la calle Paradís, 10.
Del templo romano primigenio, sólo quedan cuatro de las columnas y que todavía pueden verse en su interior. Concretamente las situadas en el ángulo superior derecho. También se conserva parte del arquitrabe, pero integrado en otra construcción posterior. Era un templo de 35 metros de largo por 17,5 de ancho. Sobre un pódium se alzaban las columnas que lo rodeaban por todo el perímetro. Su pórtico “in antis” consta de seis columnas al frente. Estas están coronadas por unos capiteles de orden compuesto. Formaba parte del conjunto de templos del foro de la ciudad romana de Barcino y estaba dedicado al emperador Augusto, cuya estatua presidía la calle.
Estas columnas son los restos romanos mejor conservados de Barcelona. El acceso para contemplarlas es gratuito, aunque no siempre se encuentra abierto el espacio donde se encuentran. Recomendable complementar la visita a las columnas, con la del Museo de Historia de Barcelona, situado en la planta baja de la Plaza del Rey, muy próxima a la calle Paradís. Este museo ofrece un recorrido por las ruinas romanas que se encuentran bajo la plaza, unos restos de gran valor arqueológico.
Cabe destacar que cuando me refiero a paganismo, hay que tener en cuenta que, de nuevo haciendo referencia a la Wikipedia, un “pagano es un concepto que se encuentra por vez primera en inscripciones cristianas de principios del siglo IV en el ámbito cultural del Imperio romano para designar a quienes en aquella época veneraban a los dioses y, por ende, rechazaban la creencia en un dios único que, según las creencias judías y cristianas, se habría revelado en la Biblia. Aunque algunos paganos podían tener creencias filosóficas de tipo monoteísta, se diferenciaban de los judíos y cristianos (y posteriormente de otras religiones abrahámicas como el Islam) en que no consideraban a la Biblia como libro sagrado ni rechazaban las prácticas tradicionales de veneración a los dioses, que cristianos y judíos calificaban de idolatría”.
La muralla romana de Barcelona, construida probablemente a finales del siglo IV, convirtió Barcino en uno de los más impresionantes recintos fortificados del occidente romano. La pequeña ciudad se había transformado en una auténtica fortaleza que hizo que, usurpadores como Máximo (a inicios del siglo V), o reyes visigodos como Ataulfo, la hicieran su capital.
Fueron tan útiles estas murallas que defendieron la ciudad durante más de 600 años y quizás, gracias a ellas, Barcelona es la capital de Cataluña. Muchos historiadores las consideran como la fortificación provincial más importante del occidente romano. Su perímetro es de unos 1.350 metros, y forra la antigua muralla del momento de fundación romana de la ciudad. Barcelona era conocida como la ciudad coronada, ya que disponía de 74 torres cuya distancia no sobrepasa los 8 metros y frecuentemente sólo lo es de 6, excepción de la Plaza Nova, en la que algunas torres están separadas unos 10 metros. Las torres generalmente son de planta rectangular, aunque las que protegen las puertas son semicirculares e incluso hay una de forma poligonal. Su altura es de 18 metros y su anchura de 5′5 a 6 metros, por lo que el paramento exterior casi alterna en la misma distancia los espacios con torre con los espacios de muralla.
Las torres eran dos pisos más altas que el camino de ronda de la muralla, y en su parte superior disponían de ventanas de medio punto en cada uno de los pisos, que permitían el uso de las máquinas de guerra romanas.
Contaba con 4 puertas, las dos calles se que entrecruzan en la actual Plaza de Sant Jaume, donde se situaría el centro de la ciudad o foro romano, aunque el mercado se encontraba en la actual Plaza del Rey a tan solo unos metros. De estas 4 puertas se conserva parte de una de ellas en la calle del Regomir, junto a la Catedral. Conviene echarle un vistazo a las mismas, ya que son visibles detrás de una valla.
Para ver las murallas en su totalidad habría que destruir todos los edificios de la calle de la Palla, la calle de la Boqueria, la calle de Avinyó y la calle del Correu Vell. Por el contrario, la calle del Subteniente Navarro, junto a la Vía Layetana, muestra las murallas en todo su esplendor, así como la entrada del acueducto a la ciudad, detrás del edificio de Correos.
Al construirse la Plaza del Ángel se destruyeron las murallas para levantar el Hotel Suizo entre las calles de la Llibreteria y la nueva de Jaume I. A excepción de esta manzana y la de la fachada de la Catedral lo demás está encerrado entre viviendas medievales, barrocas y decimonónicas. Los tramos visibles están a ambos lados de la Catedral, pues claramente se ven las torres en las casas de la Pía Almoina, la casa de l’Ardiaca con su palmera de siglos y la única puerta y patio renacentistas de verdad de la ciudad, así como los restos del acueducto romano y el Palacio Episcopal con su magnífico patio románico.
Uno de los accesos al Barrio Gótico es en la Plaza Nova por la única puerta de las cuatro que existían que se conserva en parte, de la antigua muralla romana que rodeaba la antigua ciudad de Barcino. La puerta, hoy en día, sigue cerrada y parece no conducir a ninguna parte; aunque según he podido constatar, ese acceso llevaba hacia la llamada plaza de las beatas.
Hogueras para brujas en la Plaza del Rey
La Plaza del Rey se convirtió en el lugar donde se ajusticiaba a los reos en la Edad Media, junto a todos los herejes y brujas condenados por la Santa Inquisición. Cuando no había ajusticiamientos, la plaza se convertía en un mercado.
La Plaza del Rey también se hizo popular porque en 1492, un agricultor o pagés (en catalán), hirió con un puñal al rey Fernando el Católico. El suplicio de este hombre, Joan de Canyamars, consistió en pasearlo en carro semidesnudo, junto al verdugo. En la Plaza del Blat se le cortaría una mano, en la del Born la otra. Y en la Plaza Sant Jaume se le degolló la nariz, un ojo y una pierna, muriendo desangrado a la vista de todos.
Como la prisión antigua se encontraba en la Plaza del Rey, cuando un reo se iba a ajusticiar, se le colocaba un cartel colgado del cuello con el delito cometido por escrito. En ocasiones se le colocaba una cinta roja desde la que colgaban los objetos robados o los utensilios que hubiera usado para cometer su crimen.
Saliendo de la prisión, y en dirección hacia la Baixada de la Llibreteria, se enfilaba hacia la calle Bòria, ahora en parte ocupada por la Vía Laeitana. A esta ruta morbosa, los barceloneses la conocían como Bòria Avall. El recorrido pasaba por la Placeta d’en Marcús, Montcada, Rere Palau, Consolat, Fusteria, Ample, Regomir, Ciutat, Bisbe y Plaza Nova. Finalmente al llegar a su destino, el reo era marcado en la espalda con unos hierros grabados del escudo de la ciudad, para que jamás se olvidara del suceso. Todo terminaba en la prisión de la Plaza del Rey, para los que tenían suerte, o bien en la hoguera o patíbulo de la misma plaza.
Los cómplices de cualquier tipo de delito eran azotados y se les obligaba a presenciar el ahorcamiento o el suplicio del fuego. A las mujeres, en cambio, si habían cometido alguna fechoría (salvo los casos de herejía), se les subía en un asno y se les paseaba completamente desnudas, con un capirote de colores y la barbilla inmovilizada para que no pudieran ocultar el rostro. Los nobles y privilegiados jamás eran castigados. Como mucho se les desterraba a un convento o castillo.
Para los herejes la Inquisición utilizaba el llamado “juicio de Dios mediante el agua”. En la Plaza del Rey se colocaba una balanza enorme. En uno de los platillos se situaba una Biblia, y en el otro al supuesto hereje o bruja. Si la persona pesaba menos que la Biblia se demostraba su inocencia.
No es de extrañar que los barceloneses tuvieran pánico a todo lo relacionado con la brujería, después de estos rituales o ceremonias que tanto gustaban a los dominicos y franciscanos. Así, en las puertas de la iglesia de Sant Martí de Provençals, en la Plaza Ignasi Puyol, todavía pueden apreciarse herraduras de la buena suerte o símbolos que también servían para ahuyentar los encanterios.
Como datos curiosos, en el número 1 de la Plaza del Pi todavía se puede apreciar el Escudo de la Archicofradía de la Purísima Sangre de Cristo, existentes en el siglo XIV, y que daban auxilios espirituales a los condenados de la Plaza del Rey. También en el Paseo del Born la Insquisición torturó y quemó a los herejes. Se creía que el espíritu del condenado, una vez abandonaba el cuerpo, poseía algunas de las gárgolas de la Catedral de Barcelona. Y hablando de ella, la Avenida de la Catedral se conoció como el Paseo del Infierno, ya que se creía que aquí había una entrada a las famosas Calderas de Pedro Botero.
Templo romano en la iglesia de Sant Just i Pastor
Sin movernos del Barrio Gótico, la iglesia de San Just i Pastor, en la Plaza Sant Just, está construida sobre lo que fue un templo romano y pagano dedicado al culto de Mitra. De hecho, en su interior todavía puede verse el altar románico reformado para dar cabida al culto cristiano, destacando por encima de todo el resto de la obra. Se dice incluso que Sant Just i Pastor es la cristianización del culto a Cástor y Pólux, héroes griegos que en latín se conocieron como Gémini y Castores, inmortales dioses del Olimpo. Ambos participaron en la expedición de los argonautas junto a Jasón.
Sobre la historia de Mitra extraemos el siguiente texto de la Wikipedia: “Se denomina mitraísmo o misterios de Mitra a una religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra o Mitras y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos. Los orígenes de esta religión no se conocen de forma precisa, aunque los estudiosos coinciden en afirmar que llegó al mundo romano desde Oriente, concretamente desde Asia Menor. La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio. Según Franz Cumont, en su estudio publicado a comienzos del siglo XX, el origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán. De hecho, Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio a. C.: su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a. C. En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Váruna. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de ‘juez de las almas’. Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía. Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero. El culto a Mitra se realizaba en templos denominados mitreos (latín mithraeum, pl. mithraea). Estos espacios eran en un principio cavernas naturales, y, más adelante, construcciones artificiales imitándolas, oscuras y carentes de ventanas. Tenían una capacidad limitada; la mayor parte de ellos no podían acoger a más de treinta o cuarenta personas”.
Durante la construcción de la actual iglesia, se encontró una lápida en su interior, con el nombre griego de Fileto, documentada históricamente, lo que evidenciaría su historia como lugar de culto pagano, por mucho que lo intente ocultar la Iglesia Católica.
El barrio judío
Las juderías surgieron en principio como resultado de la intolerancia practicada por los cristianos y del deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad. El papa Pablo IV creó la primera judería legal en Roma en el año 1555. Juderías similares fueron creadas en la mayoría de los países de Europa durante los tres siglos siguientes. Solían estar rodeadas por murallas y sus puertas se cerraban al anochecer. En muchos casos los judíos estaban obligados a llevar un identificativo cuando salían fuera de su recinto. La abolición de este sistema se produjo a raíz de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX. En 1870 la judería de Roma, la última legal que quedaba en Europa, fue abolida por Víctor Manuel II, rey de Italia.
Call , como se les conoce en catalán, y del hebreo kahal, es la palabra utilizada para designar las juderías o barrios judíos. Sólo hace referencia al espacio físico, en ningún momento se utiliza este término como sinónimo de comunidad judía.
Los calls más importantes fueron los de Barcelona, Girona y Palma de Mallorca.
El Call de Barcelona estaba en el actual Barrio Gótico, en los alrededores de la catedral. Era el call más grande, con una población de unas 5.000 personas. Entre la plaza de Sant Jaume y la calle de Sant Honorat se encontraba una de las dos puertas de la judería. La actual calle de Sant Domènec del Call era la arteria principal del barrio. Debe su nombre a la destrucción del mismo, que tuvo lugar a consecuencia de un linchamiento el 5 de agosto de 1391, festividad de santo Domingo. El saqueo duró dos días, durante los cuales fueron asesinados 200 judíos y expulsado el resto.
Recientemente el historiador Jaume Riera i Sans ha podido documentar el emplazamiento de la antigua sinagoga mayor de la judería de Barcelona en la confluencia de las calles Sant Domènec del Call y Marlet. Parece que el emplazamiento de la sinagoga está claro, aunque no los restos arqueológicos que se han podido conservar en su interior y que, a simple vista, parecen románicos.
Los límites de la judería medieval de Barcelona están bastante claros: el barrio judío estaba delimitado por las actuales calles Call -que era la entrada principal en su confluencia con la plaza Sant Jaume-, Banys Nous -cuando todavía se erigía en ella la muralla romana que hoy ha quedado oculta bajo los edificios impares de la calle y que es visible en algunos tramos-, la Baixada de Santa Eulàlia, la calle Sant Sever y, por último, la actual calle Sant Honorat, que antes de la construcción del Palau de la Generalitat llegaba prácticamente hasta la calle Bisbe.
Es bien conocida la lápida que se puede ver en la calle Marlet de la judería. Se trata de una copia que sustituyó a la original en 1981 (la original se encuentra en un almacén del Museu d’Història de la Ciutat) y recuerda la fundación de un hospital auspiciado por Samuel ha-Sardí, uno de los miembros más destacados de la aljama de Barcelona durante el siglo XIII. En 1820 (fecha de la construcción del edificio donde se encontraba la lápida) se colocó al lado una extensa, pero errónea, interpretación de los caracteres hebreos, que tiene poco que ver con las traducciones autorizadas modernas.
El hebraista Eduard Feliu la ha traducido como: “Fundación pía de Samuel ha-Sardí; su luz arde permanentemente”.
¿Por qué fueron perseguidos hasta tal punto de producirse linchamientos en toda Europa? ¿Qué ocurrió en Barcelona?
Una de las causas de la crisis agraria de la Edad Media puede ser la disminución de la cosecha de cereales que sería, a su vez, consecuencia -por ejemplo- del periodo de malas condiciones climatológicas persistentes (sequías, lluvias a destiempo, agotamiento de los terrenos, crisis de subsistencias…).
Una gran cantidad de epidemias que sufrió Europa en el siglo XIV son conocidas como Peste negra. Aunque se sospecha que se trata de un conjunto de enfermedades bacterianas —generalmente variantes de la Peste pulmonar, como la Peste bubónica y la Peste septicémica; unidas quizá al Ántrax— que atacaban juntas, no hay una explicación definitiva. Estas enfermedades vinieron de Oriente transportadas por las ratas negras de los barcos y se habla de ella por primera vez en el año 1348. La peste tomó su nombre de uno de sus más terribles síntomas: unos ganglios, llamados bubones o landres, de aspecto negruzco que, si reventaban, supuraban sangre y pus. Otros síntomas eran, la fiebre alta, el dolor de cabeza, los escalofríos y los delirios. La mayor parte moría en un plazo de 48 horas pero, afortunadamente, una minoría lograba superar la enfermedad y sobrevivir, quedando inmunizados.
En general, los males se achacaban a algún tipo de castigo divino, es como si los cuatro jinetes del Apocalipsis se cernieran sobre la Tierra, lo que exacerbó la religiosidad popular, la superstición y el fanatismo. Por un lado, proliferan las rogativas y las misas, las procesiones de disciplinantes, vestidos con harapos, flagelándose y pidiendo perdón a Dios al grito de ‘poenitentiam agite’. Por otro, se produce una creciente tendencia a refugiarse en lo trascendente, a la búsqueda de respuestas en otra parte, desconfiando de la Iglesia; el caso más extremo (y en España muy minoritario) es la pérdida de confianza en la propia religión: la recuperación de la idea del Carpe diem, fielmente reflejada en el Decamerón de Bocaccio.
En cualquier caso, predominan las explicaciones supersticiosas y llenas de prejuicios, como quienes propusieron que un cometa envenenó el aire; pero la mayoría echó las culpas a las minorías no cristianas: moriscos y, sobre todo, judíos.
El mito de la profanación de la hostia por parte de los judíos surgió del mismo ritual cristiano, que traduce simbólicamente el vino en sangre y la oblea en carne de Cristo. En la Edad Media no fueron pocos los que vieron en ella manchas de sangre, atribuyendo a este hecho un carácter milagroso cuando posiblemente, según cuenta Tannahill (1976), se trataba de un fenómeno de putrefacción por la acción de un bacilo. Los judíos serían acusados reiteradamente de tratar de imitar esta ceremonia punzando la hostia para que manase sangre. En 1410, en Segovia los hebreos se conjuraron, al parecer, para ultrajar, quemándola, una hostia consagrada. Berceo (Milagros de Nuestra Señora) describe el episodio de un niño judío horneado por sus propios padres, aunque salió ileso, al confesarles que había estado oyendo misa y comulgando con los cristianos.
Se conocen numerosos relatos, más o menos históricos, en los que se vieron envueltos los judíos. En Cuenca circula la leyenda de los amores de un caballero cristiano, Fernando Sánchez de Jaraba, y una hermosa hebrea, Isabel. Dispuesta a contraer matrimonio, la muchacha se convirtió al cristianismo, despertando los celos de un pretendiente judío. Reunida secretamente la comunidad hebrea para juzgar su traición, la joven desapareció, corriéndose la voz de que había sido crucificada y enterrada. Los cristianos, inflamados por el rumor de que los judíos sacrificaban niños y doncellas en el transcurso de sus ritos, asaltaron la judería, provocando una matanza que ha pasado a los anales de la ciudad. Parecida leyenda es recogida por Bécquer en “La rosa de Pasión”. En torno al año 1260 los judíos de Salamanca fueron acusados de raptar, robar y asesinar al hijo de un mercader, aunque luego se demostró que eran otros los culpables.
La puerta de la orden del Temple
La presencia en Barcelona de la Orden del Temple, conocidos como Templarios, contempla la citación inexcusable de la encomienda formada por Palau del Vallés o Palau Solitá, y la casa del Temple en Barcelona. La Casa del Vallés estaba ubicada en Palau-Solitá, que actualmente es un municipio del Valles Occidental, situado al este de la comarca, a un lado y otro de la riera de Caldes.
La Orden del Temple comenzó a recibir donaciones de tierras del Vallés desde los primeros momentos en que se establecieron contactos con los condes catalanes. La primera, fechada en 1131, es una propiedad en Sant Pere de Vilamajor. En el año 1134, los magnates catalanes se reunieron para constituir en una asamblea de lo que constituiría la base sobre la cual establecer los derechos y deberes del establecimiento del Orden del Temple en el país. Una semana después se documenta la donación a la Orden de unas casas y torres en Barcelona. La Orden adquirió así propiedades cerca del castillo de Regomir. Con el tiempo el lugar se convirtió en el convento de Barcelona.
Al mismo tiempo que La Orden recibía estas donaciones en Barcelona, empezaban de forma paralela las donaciones en el Vallés. La primera fue una casa en Santa Perpetua de La Mogoda sobre el 1150.
Parece ser que, en un principio, la casa de Barcelona no era un convento, pero con el tiempo, y sobre todo a causa de los negocios que tenía el comendador del Vallés con los oficiales reales, acabó por serlo. Entonces fue cuando se desplazó la encomienda del Vallés a Barcelona. Diversos autores sitúan este traspaso sobre el 1282.
En la ciudad de Barcelona, las principales donaciones después de aquellas primeras, se concentraron en la montaña de Montjuïc. Con la llegada del siglo XIII, en los alrededores de la muralla romana de la ciudad habían ido apareciendo satélites de población que tenían como ejes los caminos que salían de las ciudades en todas direcciones. La acción de la Orden se desarrolla en la zona de debajo del muro de su fortaleza.
En el año 1253, los templarios consiguieron la licencia para cerrar la calle dels Banys Nous (que luego formaría parte del Call judío). Al cerrar esta calle, les quedaba el espacio para poder alojar al lado del palacio un pequeño huerto.
En la Casa de Barcelona destacó de una manera notable, la actividad portuaria. Por aquel entonces Barcelona era uno de los puertos del mediterráneo más importantes, y uno de los más utilizados por los templarios catalanes en sus relaciones con Tierra Santa y con otras provincias mediterráneas.
En la actualidad la capilla es el único elemento conservado del antiguo convento templario. Está situada entre las calles Ataülf y Palau. Es, en esencia, la misma que mandó construir el comendador, Pere Gil, hacia el año 1246, cuando le fue concedida por el Obispo de Barcelona según reza en los escritos históricos: ” Quod Magister et Domus milicie templi ad honorem Dei et gloriose uirginis matris sue Ecclessiam in ciuitate predicta in domo sua construant, et altaria erigant”.
La capilla es un edificio de una sola nave orientada al sudoeste, hecho que contradice la norma medieval de situarla hacia levante. Puede sin embargo responder a unas necesidades urbanísticas ya existentes en la época. Los muros tienen un grosor de 1,5 metros y la planta mide 25 metros de largo por 10,65 de ancho. Interiormente, la nave está dividida en seis tramos, por cinco arcos ligeramente apuntados, de igual altura que la luz, es decir, 10,65 metros. El ábside es semi-hexagonal, aunque lo más importante a destacar es la utilización de la estructura en arcos de diafragma, para cubrir la iglesia. También es importante la decisión de preferir una planta tradicional enfrente de la radial que usaron los templarios en ciertas encomiendas como París, Londres o Tomar.
Jaime I abrió una puerta para acceder a la encomienda templara (institución socioeconómica de la Orden del Temple) una puerta que todavía puede apreciarse en la calle Timó.
Las farolas en honor a Mercurio de Antoni Gaudí
Siguiendo este recorrido iremos a parar a las farolas de la Plaza Real de Barcelona, obra de Antoni Gaudí, en 1879, al que podría decírsele que siempre estuvo vinculado a la masonería.
Las farolas tienen tres y seis brazos, según el modelo. Dos de las de seis brazos fueron fundidas en bronce y con una combinación de hierro forjado, depositándose sobre una base de piedra.
El número Seis es la suma de los tres primeros números: 1 + 2 + 3. Representa la cualidad amorosa en la creación, la armonía y el equilibrio. Simbólicamente, aparece como la estrella de seis puntas del sello de Salomón, o escudo de David, constituido por la fusión armónica de dos triángulos, uno con el vértice hacia arriba y el otro hacia abajo, y que fueron usados frecuentemente por Gaudí, sobre todo en la fachada de la Sagrada Familia. El tres es también el signo de la divinidad. En este caso, la farola estaría rodeada de dos dioses, con un cuarto punto, el 4, que hace referencia a la Tierra.
Curiosamente, Adán y Eva fueron creados por Dios, según el Génesis, en el día seis. El Seis es la vibración de Venus, amor y belleza; en música, la nota La, en geometría, el hexágono. Es también la atracción y oposición del mundo humano versus el divino, guiado por el amor, como en el antiguo emblema hermético: «como es arriba es abajo». Es la posibilidad de fusión o reflejo de la trinidad divina del mundo trascendente con la trinidad humana. El hinduismo habla de los «seis sentidos»: los cinco corporales más la mente discriminativa, capaz de separar lo verdadero de lo falso. En la astrología hay seis signos activos - fuego y aire -, y seis pasivos - tierra y agua. En el I Ching, la respuesta del consultante está dada en un «recorte del instante» llamado hexagrama; en él se detiene el tiempo lineal por un momento para representar la realidad intemporal del consultante. Cada hexagrama se compone de dos trigramas, dos veces tres, siendo éste el número mínimo de fuerzas que constituyen cualquier circunstancia. No es de extrañar que el número Seis fuera usado por Gaudí para esta obra.
Lo más llamativo de esta decoración es que existe una representación del dios Mercurio en su parte superior, con su casco alado, junto a dos serpientes que se enroscan en el brazo central. Hermes es el mensajero de los dioses, y el que conduce el mensaje de las farolas hacia el Gran Arquitecto.
La palabra Hermetismo se deriva de Hermes Trismegisto, el tres veces grande, personaje legendario que los egipcios dieron por nombre “Toht”, que fue quien transmitió la filosofía Perenne y la ciencia esotérica al Occidente. El pueblo griego lo asimilo al Dios Hermes, el Mercurio Romano, mensajero de los dioses y transmisor de la enseñanza primordial.
Las farolas de tres brazos fueron colocadas delante del Gobierno Civil, en Pla de Palau, un año después.
La casa de la Inquisición
Encontrar vestigios medievales en la Ciudad Condal no resulta difícil si uno se fija con detenimiento. En nuestra recta final, junto a una pared de una calle colindante a la Catedral de Barcelona (Carrer dels Comtes) podemos encontrar un impactante escudo policromado que representaba al temido Santo Oficio de la Inquisición, alojados ellos en un edificio de la Plaza de Ivo a desde 1542.
A pesar del lógico desgaste del tiempo, se puede observar perfectamente el escudo de Felipe II (un diseño de 1580 realizado a partir de su coronación como rey de Portugal) junto a los símbolos de la Inquisición, una cruz cristiana acompañada de una espada que simboliza el trato a los herejes y una rama de olivo que significa la reconciliación con los arrepentidos.
El escudo se encuentra en la actual sede del Museo Frederic Mares y que originalmente formó parte del Palacio Real Mayor, antigua residencia de los Condes de Barcelona.
De la inquisición española y de su particular leyenda negra poco hay que añadir que no se sepa ya. Creada en 1478 por los Reyes Católicos, fue un tribunal eclesiástico con la misión de mantener la ortodoxia entre los súbditos de la corona española. Castigaban la superstición, la blasfemia, la sodomía o las actividades judaizantes.
Su aparición en Barcelona no estuvo exenta de polémica, pues el Consejo de ciento (máximas instituciones de Gobierno en la ciudad) no veía con buenos ojos la llegada de un inquisidor de Castilla, chocando con los tribunales eclesiásticos propios que ya contaba la corona de Aragón.
En 1834 la Inquisición quedo totalmente abolida. Durante sus últimos años de vida, las numerosas presiones de políticos liberales y de un pueblo que veía con muy malos ojos aquel tribunal sanguinario y censor ayudaron a que la regente María Cristina de Borbón autorizara su fin.
Se puede acudir a ver esta ruta en directo, haciendo una reserva a través del portal Atrápalo.com, hacia la ruta de la “Barcelona esotérica”, cualquier sábado de mes, a las 18 horas. El guía cultural de la ruta es el autor de este reportaje.
Mapa del recorrido y sus paradas
Este es el mapa del recorrido que vamos a hacer por los lugares mencionados y los sitios donde vamos a detenernos.
CATALUNYA MAGICA EN HDR
9 Marzo 2010
La tecnología HDR, acrónimo de High Dynamic Range, está revolucionando el mundo de la fotografía digital. Cada vez más profesionales la usan para mostrar con todo lujo de detalles sus reportajes fotográficos. Así que era lógico que el próximo paso lo diera a la hora de ilustrar foto reportajes relacionados con los enigmas y misterios.
¿Pero en qué consiste exactamente el HDR que tanta expectación causa? Veamos lo que dice la Wikipedia al respecto: “Se trata de una tecnología de renderizado que imita el funcionamiento de la pupila en el ojo humano. El ojo humano se adapta de forma continua y con gran eficacia a las diferentes luminosidades de una misma escena abriendo o cerrando la pupila mientras se va integrando toda la información captada en el cerebro. De esta forma, este órgano es capaz de hacer ver de forma clara una escena con zonas con diferente iluminación. Las máquinas fotográficas no tienen esa capacidad de adaptación y lo que hacen por medio del fotómetro (medidor de luz) es tomar una media de las diferentes zonas y realizar la fotografía con ésta, de forma que algunas zonas pueden quedar bien iluminadas pero a costa de que otras queden oscuras y otras demasiado blancas. Mediante las técnicas de HDR, se intenta subsanar este defecto de la fotografía consiguiendo iluminar correctamente todas sus zonas aunque contengan cantidades de luz muy diferentes”.
Ya nos hicimos eco de esta tecnología en un artículo sobre algunos parajes fantásticos de Catalunya. Pero ahora se pretender ir un paso más lejos. ¿Qué pasaría si se juntara esta fantástica metodología con otra de nueva llamada “fotografía panorámica”? Para entenderlo, lo primero que deberíamos saber es qué se conoce como imágenes panorámicas.
De nuevo acudimos a la Wikipedia para que nos lo aclare: “Una imagen panorámica es la que muestra un panorama (del griego pan, todo, y horama, vista), usualmente paisajístico o arquitectónico, y que se distingue por el amplio horizonte visual que cubre. Su elaboración ha ido cambiando a través del tiempo, desde los paisajes pintados en cuadros, pasando por la fotografía clásica y la digital, hasta la edición o incluso la creación completa de imágenes en el ordenador. Las posibilidades que el desarrollo tecnológico brinda a las imágenes panorámicas se han expandido hasta permitir la existencia de mundos virtuales tridimensionales, en los que se puede ingresar y desplazarse para observar diferentes puntos de vista de la escena.”
¿Nos podemos imaginar lo que puede suceder si mezclamos fotografía HDR con imágenes panorámicas?
Para poner en prueba esta técnica hemos buscado cinco enclaves mágicos de Catalunya, poco conocidos y con historias relacionadas con el misterio, y éste es el resultado.
Castillo de Gardeny
En 1149, el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, iniciaba el asedio a la que había sido una ciudad musulmana hasta esa fecha, Lleida. Para la ocasión supo rodearse de los mejores caballeros de la época. Y cómo no podía ser de otra forma, allá estaban los templarios, los monjes guerreros que luchaban contra los infieles. Ya desde un comienzo estos pactaron dividirse la ciudad en dos partes, caso de ganarse la batalla. Así, la parte que daba a la colina de Gardeny, se entregaría a la Orden del Temple en agradecimiento a una posible victoria, como así sucedió después.
En 1152, fray Pere de Rovira y fray Pere de Cartellà, comienzan a construir la Casa de Gardeny, con las aportaciones de la nobleza, seducidas por el ideal del Soldado de Cristo. Hacia el siglo XII, la Casa de Gardeny se había convertido en uno de los centros templarios más importantes de la Corona de Aragón. Y en 1294 recibió la visita del Gran Maestre de la orden, Jacques de Molay, que más tarde sería condenado a la hoguera el 18 de marzo de 1314 por orden del Papa Clemente V.
A principios del siglo XIV, con la supresión de la Orden del Temple, lo que entonces ya era un castillo pasó a manos de la Orden de Malta, los Hospitalarios de San Juan. El castillo estuvo en manos de estos hasta convertirse en el siglo XVII en una construcción militar, con cañones en sus troneras que todavía pueden verse. En el siglo XX el ejército devolvió la fortaleza al Centro de Interpretación de la Orden del Temple para su recuperación histórica.
A pesar de los sucesivos expolios, este castillo conserva algo interesante. En su interior hay pinturas murales del siglo XIII, uno de los pocos testimonios templarios de Europa. Lo que no se ha podido descifrar hasta la fecha es qué dicen o significan todos esos extraños símbolos en los murales que decoran la Iglesia de Santa María de Gardeny dentro del fortín.
El dolmen de Vallgorguina
Este enclave comienza en un camino cercano a la población de Vallgorguina, próxima a Granollers. Una de sus vías, antes de llegar al dolmen, enruta hacia el monasterio templario de Santa Eulalia de Tapioles, del que se tiene conocimiento histórico desde el 878. En el recinto hay una iglesia con un ábside del siglo XII, y un cementerio con todas sus tumbas profanadas en la actualidad. Lo lamentable es que este idílico lugar se encuentra en total abandono, lleno de pintadas con invocaciones satánicas (cabe señalar que esta zona siempre estuvo relacionada con leyendas sobre brujería), y donde todavía se realizan ritos de esta índole, según cuentan los lugareños.
Siguiendo por este camino tropezamos con el dolmen de Vallgorguina, conocido popularmente como “La piedra gentil”, lugar en el que durante el solsticio de verano se producen rituales y aquelarres, y considerado como un centro energético para los amantes de la parapsicología.
El dolmen de Vallgorguina tiene 7 megalitos verticales, con una altura media de 1,53 metros. El bloque superior está aposentado en sus patas sin ningún tipo de argamasa. La disposición de los megalitos es circular, con una distancia entre ellos de entre 20 y 39 cms; aunque hay una puerta de entrada hacia su interior. Como no hay documentación científica avalada, las constataciones de unos pocos interesados, la datan entre el 3.500 y 3.000 a.C.
Los lugareños cuentan que no está en su posición original, ya que en el siglo XIX se encontraba en el campo de cultivo de un agricultor. El propietario de la finca movió toda su morfología a su nuevo emplazamiento, manteniendo un fiel reflejo de la disposición original.
Una de las múltiples leyendas de brujas y demonios, cuenta que en 1887, según el historiador Josep Pellicer i Pagès, en cierta ocasión se vieron unas extrañas nubes sobre el dolmen, preludio de una tormenta. Lo curioso es que cuando unas brujas se subieron a la “piedra gentil”, al contacto con la piedra, salieron volando, lo que provocaba que los cirros las cargaran de fluidos y desataran rayos. Sólo los ensalmos de los labriegos consiguieron conjurarlas.
El moai de Olot
Antoni Pujador i Estany conocido también como Manuheuroroa -que significa “Ave que vino de lejos”-, adoptó su nombre rapanui como segundo apellido firmando Antoni Pujador Manuheuroroa. Nació en Barcelona en 1948 y murió en 1993, descansando sus cenizas en el cementerio de Hanga Roa. Fue un estudioso apasionado de la isla de Pascua, miembro y portavoz del Consejo de Jefes de Rapa Nui.
Piloto experto en aviación y director de exportación de firmas internacionales, visitó la isla de Pascua en distintas ocasiones desde 1974. Fundó la organización cultural “Taina Rapa Nui” (Amigos de Rapa Nui) con sede en Barcelona, y fue miembro de la Asociación Española de Estudios del Pacífico.
En 1975, junto al desaparecido Antonio Ribera, organiza la “Operación Rapa Nui” a la Isla de Pascua, en busca de misterios. Con ellos iban también Josep Mascaró Pasarius, Nöel Hermitte, Helge Willelms, Fernando Calderón y Francisco Mellén Blanco.
En 1982 promueve el hermanamiento de su ciudad natal Olot con Hanga Roa, la capital de la isla, a petición de su alcalde Samuel Cardineli. Con este motivo invitó a un escultor rapanui para construir un moai con roca volcánica de la Garrotxa.
En 1985 publica en Barcelona el Mapa arqueológico-turístico de Rapa Nui junto con el chileno Pablo Teutsch y con Francesc Amorós y Gonell de la Universidad de Barcelona. Con motivo de la presentación del mapa a Thor Heyerdahl, éste les invita a participar en una expedición arqueológica a la isla de Pascua junto a expertos reclutados por el Museo Kon-Tiki de Oslo. La expedición se llevó a cabo en 1987 y antes de finalizarla fue nombrado miembro del Consejo de Ancianos o Jefes de Rapa Nui y su representante en el exterior.
El moai erigido por los rapanuis todavía puede verse en la plaza de la Isla de Pascua, en uno de los rincones del comienzo de Olot.
El yacimiento de dinosaurios de Coll de Nargó
En el 2005, un equipo de científicos de la Asociación de Amigos de los Dinosaurios de la comarca del Alt Urgell (Lleida) junto con la colaboración de universidades españolas y estadounidenses encontraron diez nidos de dinosaurios del grupo saurópodos, los últimos que habitaron la Tierra, en la comarca leridana de Coll de Nargó.
Los nidos encontrados fueron de finales del periodo cretácico, de hace más de 65 millones de años, y los huevos pertenecieron a los aurópodos, dinosaurios cuadrúpedos herbívoros bautizados como Tazoudasaurus Naimi (Titanosauario). En cuanto a los nidos, estos tenían un promedio de siete u ocho huevos -aunque han hallado uno con 13- y todos eran del tamaño de sandías y abiertos en su mayoría. Estas excavaciones, originadas a partir de la localización de fósiles, convirtieron el lugar en un yacimiento, el tercero más importante del mundo.
La explicación más simple para la extinción de los dinosaurios dicen que se debió a un impacto de meteorito ocurrido hace 65 millones de años. Los detalles exactos son mucho más complejos, y los investigadores están todavía intentando de determinar con precisión lo que ocurrió. El evento de extinción Cretáceo-Terciario (K-T) es como un antiguo tapiz que está sucio y enmarañado a causa del tiempo y de la negligencia. El primero y más importante de estos hilos de evidencia es una capa de arcilla que atraviesa las rocas de todo el mundo. Conocida como el Límite K-T, esta es una línea que ningún dinosaurio pudo cruzar según argumentan (aunque sus parientes, las aves, sí sobrevivieron).
Pues bien, el museo de Coll de Nargó se llama precisamente Límite K-T, y se ubica en la antigua rectoría con dos plantas en las que apenas caben los pocos fósiles que se exhiben. Curiosamente, en las areniscas de “Ojo de Álamo” en la cuenca de San Juan de los Estados Unidos, se encontraron fósiles de dinosaurios posteriores al Límite K-T, en el Paleoceno, en el año 2009, y datados por palinología, lo que daría al traste con la hipótesis del meteorito.
El misterio se encuentra en la zona conocida por el Mirador del Cretácico, donde todavía no han podido ocultar las huellas fosilizadas de homínidos. ¿Hombres en la era Cretácica, hace 65 millones de años?
La historia de estas huellas junto a pisadas de dinosaurios parte de unos cazadores que en el 2008 dijeron haberlas visto en lo alto del Mirador del Cretácico. Lo cierto es que para llegar hasta allí hay que atravesar Coll de Nargó en dirección hacia Sallent, y en un camino forestal, hacia los 4 kilómetros de travesía, hay que dejar el vehículo, pues es imposible ir más allá. Otro camino que sube hacia las montañas del Mirador del Cretácico estaba cubierto de nieve en la época que fuimos. Volvimos a preguntar a unos cazadores de la zona, y estos nos confirmaron la presencia de huellas de hombres fosilizadas junto a estos animales, en lo más alto, a unas 4 horas andando desde la posición del primer yacimiento, afirmando que ellos mismos las habían visto. Sin poder acabar de verificar esta historia, habrá que esperar a los deshielos y al verano para poder ascender a esta sierra enorme que puede verse en las fotografías del reportaje. El misterio de estas pisadas sigue ahí, esperando ser encontrado.
Los cart ruts del Vendrell
Se conoce como ‘car ruts’ o surcos de carro unas extrañas formas en la Isla de Malta, como si fueran las huellas de unos carromatos sobre la roca caliza, raíles prehistóricos de datación incierta. Los arqueólogos mencionan que estos caminos son, en realidad, rutas hacia templos y estructuras megalíticas diseminadas a lo largo y ancho del archipiélago maltés. Su datación va más allá de los 5.000 años de antigüedad.
Se cree que el paso constante de carros o arrastres debió degastar la piedra caliza, lo que unido a una acción oxidante posterior del agua, dieron forma a su imagen actual. Sin embargo, los caminos están creados sin orden ni concierto. Muchos de estos caminos quedan cortados en precipicios que no conducen hacia ninguna parte. Se sabe que algunos de ellos se adentran en el mar, alcanzando grandes profundidades.
Ateniéndonos a estos hechos, si en el pasado las aguas del Mar Mediterráneo eran más bajas, eso significaría tener en cuenta la última glaciación más reciente, la de hace 10.000 años, lo que nos daría una antigüedad mayor. Si tomamos en consideración que fueran carreteras, pero no producidas por el desgaste de carros, sino tomándolas por lo que parecen, calzadas construidas por el hombre, eso implicaría que hubo una civilización anterior desaparecida en las aguas del Mediterráneo por alguna catástrofe. Pues bien, los ‘car ruts’ se han localizado en la isla de Gozo, en Sicilia, en la costa francesa, y ahora viene lo mejor… también se encuentran junto al Vendrell, en Tarragona, en una población turística conocida como Segur de Calafell.
Documentado por primera vez en el 1037, el Castillo de la Santa Creu, en Segur de Calafell todavía se conserva. Fue destruido en el siglo XVII, aunque luego fue reconstruido. De la parte original sólo queda la iglesia del siglo XI, con tumbas antropomórficas, la prisión del siglo XV, y cisternas del siglo XV que servían para almacenar agua cuando eran asediados por los piratas. Al castillo se puede entrar por 4 euros, con visita guiada.
Ahora bien, lo mejor se encuentra alrededor del castillo. En dirección sur, en el mismo promontorio donde se alza este baluarte, comienzan a verse los ‘car ruts’. Sería lógico pensando en que estas carreteras que parten de la isla de Malta y se adentran en el mar, debieron llegar a alguna parte. Y la primera costa donde se localizan es en Calafell, como continuidad de los senderos. ¿Qué hacen estos ‘car ruts’ en una zona playera? Pues parece que todo viene interrelacionado con los íberos, ya que aquí se encuentra la Ciudadela Ibérica de Calafell nombre con el que se conoce el yacimiento arqueológico de Alorda Park, en Calafell, en plena costa de Dorada de Tarragona.
Según se cita en la Wikipedia: “Se trata de un yacimiento arqueológico excavado desde 1980 por los arqueólogos Joan Santacana y Joan Sanmartí. El asentamiento, frente al mar, es un recinto fortificado que se fundó a principios del siglo VI antes de Cristo, en época ibérica (segunda edad de hierro.) Se interpreta como la sede de un caudillaje de la tribu ibérica de los Cossetanos; en su interior y rodeado por potentes murallas con torres, hay un palacio y numerosas dependencias. Sufrió grandes reformas a finales del siglo IV y su final se relaciona con la crisis bélica de la Segunda Guerra Púnica, cuando el cónsul Catón el Viejo, aplastó la sublevación general de tribus ibéricas contra Roma”.
La comunidad científica está totalmente desorientada y dividida al respecto de lo que puedan ser estos extraños surcos milenarios llamados ‘car ruts’ y que podrían estar relacionados con los todavía desconocidos íberos (siglo VI a.C.) que, según algunos investigadores como Ernesto Milá, corresponden a las migraciones de los atlantes que debieron buscar nuevos territorios cuando desapareció su territorio bajo las aguas.
































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