ONCE ALUSIONES HISTÓRICAS SOBRE JESÚS DE NAZARET

28 Febrero 2009

Caesarea, Israel New Testament Period Pontius Pilate, (26-37 AD) Limestone, inscribed 82.0 cm H, 65.0 cm W Building Dedication 4 Lines of Writing (Latin) Date of Discovery: 1961 Israel Museum (Jerusalem) AE 1963 no. 104En estos días estoy aburrido de ver a los ateos las absurdas campañas de descrédito a la que nos someten. Soy el primero en afirmar sin pudor que las religiones están manipuladas por el hombre, sin excepción, inventando y tergiversando la historia en beneficio de unos pocos. A las grandes me remito y ya llevo unos cuantos artículos donde no salen muy bien parados musulmanes, cristianos o judíos. Pero al igual que me reafirmo en hechos, aportado pruebas, no es de recibo ver cómo otros, ignorantes de la historia, son capaces de afirmar, sin tapujos, que Jesús de Nazaret jamás existió, que es un invento de la Iglesia, y que en realidad el personaje se basó en otros dioses.

No les basta con contemplar la Síndone, la Sábana Santa, pese a la contundencia de las pruebas históricas que demuestran su origen. Los más acérrimos ateos quieren hacer ver que el personaje de Jesús de Nazaret jamás existió, como si los Evangelios Canónicos fueran los únicos libros de la época en los que se menciona.

Alicia Canto, de la Universidad Autónoma de Madrid, en el año 2005, publicó un estudio donde se revelaban testimonios antiguos sobre la existencia histórica de Jesús, evitando en lo posible incluir citas de libros que pudieran ser considerados como afines a los apóstoles. Y la realidad es que aparecen bastantes libros en los que se recoge la existencia de un Jesús de Nazaret, independientemente de su divinidad. Me he limitado a transcribir algunas de las conclusiones, citadas por Alicia Canto.

Textos paganos y romanos

1) Tácito, Anales, XV, 44: (h. 116 d.C.) (época de Tiberio y Nerón)

Sed non ope humana, non largitionibus principis aut deum placamentis decedebat infamia, quin iussum incendium crederetur. ergo abolendo rumori Nero subdidit reos et quaesitissimis poenis adfecit, quos per flagitia invisos vulgus CHRESTIANOS appellabat. auctor nominis eius CHRISTUS Tiberio imperitante PER PROCURATOREM PONTIUM PILATUM SUPPLICIO ADFECTUS ERAT; repressaque in praesens exitiabilis superstitio rursum erumpebat, non modo per Iudaeam, originem eius mali, sed per urbem etiam, quo cuncta undique atrocia aut pudenda confluunt celebranturque…

2) Suetonio, Vita Claud., XXV, 4 (hacia 120 d.C.) (época de Claudio)

(Claudius)…Iudaeos impulsore CHRESTO assidue tumultuantis Roma expulit. Germanorum legatis in orchestra sedere permisit…

3) Plinio el Joven, Epist. X, 96: (h. 112 d.C.) (escribiendo y consultando a Trajano)

C. PLINIUS TRAIANO IMPERATORI 1. Sollemne est mihi, domine, omnia de quibus dubito ad te referre. Quis enim potest melius vel cunctationem meam regere vel ignorantiam instruere? Cognitionibus de Christianis interfui numquam: ideo nescio quid et quatenus aut puniri soleat aut quaeri […] 5. praeterea male dicerent CHRISTO, quorum nihil cogi posse dicuntur qui sunt re vera Christiani, dimittendos putavi. 6. Alii ab indice nominati esse se Christianos dixerunt et mox negaverunt; fuisse quidem sed desisse, quidam ante triennium, quidam ante plures annos, non nemo etiam ante viginti. [Hi] quoque omnes et imaginem tuam deorumque simulacra venerati sunt et CHRISTO male dixerunt. 7. Affirmabant autem hanc fuisse summam vel culpae suae vel erroris, quod essent soliti stato die ante lucem convenire, carmenque CHRISTO QUASI DEO DICERE secum invicem seque sacramento non in scelus aliquod obstringere, sed ne furta ne latrocinia ne adulteria committerent, ne fidem fallerent, ne depositum appellati abnegarent.

4) Luciano de Samósata, De morte Peregrini. (Segunda mitad II d. C.; tiene otra alusión similar en otra de sus obras, el “Proteo”)

“Después, por cierto, DE AQUEL HOMBRE A QUIEN SIGUEN ADORANDO, QUE FUE CRUCIFICADO EN PALESTINA por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres… además su primer legislador les convenció de que todos eran hermanos y así, tan pronto como incurren en este delito, reniegan de los dioses griegos y en cambio adoran a aquel sofista crucificado y viven de acuerdo a sus preceptos.”

5) Mara Bar Serapión, filósofo sirio, entre el año 73 y el siglo III (en una carta a su hijo, reflexionando sobre lo poco que los pueblos obtienen de matar a los sabios):

¿Qué ganaron los atenienses haciendo morir a Sócrates? Como juicio por este crimen, cayeron sobre ellos el hambre y las plagas. ¿Qué ventaja obtuvieron los Samios quemando a Pitágoras? En un momento sus tierras fueron cubiertas por la arena. ¿QUÉ PROVECHO OBTUVIERON… LOS HEBREOS EJECUTANDO A SU SABIO REY…? Fue después de ello cuando su reino fue abolido. Dios vengó con justicia a estos tres sabios …. los Judíos, en la ruina y expulsados de su tierra, viven en completa dispersión. Pero (aquellos sabios) no murieron baldíamente… Tampoco la muerte del sabio rey fue inútil: VIVE EN LAS ENSEÑANZAS QUE DEJÓ…”

Textos judíos

6) Thallus, historiador judío, hacia 52 d.C. (citado en la Chronographia de Iulius Africanus, XVIII, 1):

“…As to His works severally, and His cures effected upon body and soul, and the mysteries of His doctrine, and the resurrection from the dead, THESE HAVE BEEN MOST AUTHORITATIVELY SET FORTH BY HIS DISCIPLES AND APOSTLES BEFORE US. On the whole world there pressed a most fearful darkness; and the rocks were rent by an earthquake, and many places in Judea and other districts were thrown down. This darkness THALLUS, IN THE THIRD BOOK OF HIS HISTORY, calls, as appears to me without reason, an eclipse of the sun…. “

Es un testimonio indirecto, pero válido: parece claro que, como recoge posteriormente el famoso cosmógrafo Africanus, en su libro perdido de “Historia” Thallus trataba de ofrecer una explicación alternativa al eclipe de sol relatado por Marcos durante la muerte de Jesús.

7) Flavio Josefo (hacia 93 d.C.) (época de Tiberio)

Tiene sobre todo dos citas, siendo la fundamental el llamado testimonium Flavianum, que aparece en sus Antigüedades Judaicas 18, 3, 3. Ha habido siempre mucho debate sobre este texto y se admite hoy en día que tiene algunas interpolaciones, pero sobre la base de un párrafo escrito sin duda por él. Pongo aquí entre llaves los párrafos que se acepta que pueden estar interpolados, para que se vea que no afectan al núcleo del testimonio histórico:

a) “Por aquella época apareció Jesús, {” hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre, fue autor de obras maravillosas, maestro para quienes reciben con gusto la verdad.”}. Atrajo a sí muchos judíos y también muchos gentiles.{”Éste era el Cristo (el Mesías)”.} Habiendo sido denunciado por los primados del pueblo, Pilato lo condenó al suplicio de la cruz; pero los que antes le habían amado le permanecieron fieles en el amor. {”Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de El ésta y otras mil cosas maravillosas”.} De él tomaron su nombre los cristianos, cuya tribu perdura hasta el día de hoy”.

Según esto, el texto original de Josefo, perfectamente asumible y comparable con su estilo y vocabulario habituales, quitándole las supuestas interpolaciones, sería:

“POR AQUELLA ÉPOCA APARECIÓ JESÚS. ATRAJO A SÍ MUCHOS JUDÍOS Y TAMBIÉN MUCHOS GENTILES. HABIENDO SIDO DENUNCIADO POR LOS PRIMADOS DEL PUEBLO, PILATO LO CONDENÓ AL SUPLICIO DE LA CRUZ; PERO LOS QUE ANTES LE HABÍAN AMADO LE PERMANECIERON FIELES EN EL AMOR. DE ÉL TOMARON SU NOMBRE LOS CRISTIANOS, CUYA TRIBU PERDURA HASTA EL DÍA DE HOY”.

Este texto de Josefo, un punto clave para la defensa de la existencia de Jesús y por tanto también muy atacado desde la parte contraria (lo que ha producido una espectacular literatura y polémica a lo largo de siglos) vino a afianzarse definitivamente cuando en 1971 se publicó un manuscrito árabe del siglo X, en el que se recogía una referencia directa a Josefo por parte de Agapio, obispo de Hierápolis, en su Historia Universal, que tiene delante la obra en cuestión y dice:

“Josefo refiere que por aquel tiempo existió un hombre sabio que se llamaba Jesús. Su conducta era buena y era famoso por su virtud. Y muchos de entre los hebreos y de otras naciones se hicieron discípulos suyos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos no abandonaron su discipulado. Ellos contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo; quizás, por esto, era el Mesías, del que los profetas contaron maravillas.”

Como el primer códice que conservamos de las Antigüedades Judaicas de Josefo, el Ambrosiano, es del siglo XI, es evidente que el supuesto texto original sin interpolaciones coincide con lo copiado por los árabes un siglo antes. Además demuestra que el último párrafo en realidad no era interpolado

b) El otro texto importante de Josefo, datable en 62-63 d.C., es Ant. Jud. XX, 9, 1, y dice: “…entre tanto subió al pontificado, según dijimos, Anás, el más joven, de índole feroz y extremadamente audaz…Dado su carácter, pensando que había llegado el momento oportuno…., convocó el consejo de jueces y, HACIENDO PRESENTAR A JUICIO A UN PARIENTE DEL QUE LLAMABAN CRISTO, POR NOMBRE SANTIAGO, y algunos otros con él, habiéndolos acusado de reos violadores de la ley, los condenó a ser apedreados“.

8.- El Talmud hebreo.

Contiene siete u ocho menciones de Jesús, lógicamente todas calumniosas, pero que son útiles para probar la existencia histórica del personaje. Pongo sólo dos ejemplos:

a) “EN LA VÍSPERA DE LA FIESTA DE LA PASCUA SE COLGÓ A JESÚS. Cuarenta días antes, el heraldo había proclamado: `Es conducido fuera para ser lapidado, por haber practicado la magia y haber seducido a Israel y haberlo hecho apostatar. El que tenga algo que decir en su defensa, que venga y lo diga´. Como nadie se presentó para defenderlo, se lo colgó la víspera de la fiesta de pascua“. (Sanedrin 43a)

b) “JESÚS, EL GALILEO, SUSCITÓ UNA SECTA IMPÍA Y ENEMIGA DE LA LEY. Nosotros lo crucificamos. Sus discípulos robaron su cadáver del sepulcro durante la noche. y engañan y seducen a los hombres diciendo que resucitó y subió a los cielos“. (Trifón, Diálogo de Justino, siglo II).

9) En 1896 se descubrieron tres fragmentos de papiros griegos, ahora conocidos como Oxyrhynchus, a unas 150 millas al Sur de Alejandría. Los papiros han sido fechados en el siglo III d.C. y contienen 16 dichos atribuidos a Jesús, los cuales se presentan sin la clásica introducción “Jesús dijo…”. De estos dichos hay algunos que tienen paralelos en los evangelios canónicos, otros se encuentran en autores cristianos y otros no se conocían.

En 1945 se descubrió cerca de Nag Hammadi, población del Bajo Egipto, la biblioteca de una comunidad gnóstica formada por 13 códices, la mayoría de ellos escritos en griego. Probablemente su lugar de origen sea Siria, donde deben de haberse escrito en copto y más tarde serían traducidos y llevados a Egipto. Una edición copta de estos documentos, publicada en 1959, contiene 114 dichos del Señor y se le conoce actualmente como el Evangelio de Tomás.

Según informó Hipólito Romano a principios del siglo III, una comunidad gnóstica llamada de los “Naasenos” utilizó este evangelio.

El título que ostenta esta obra dice “Estas son las palabras secretas que Jesús el viviente dijo, y que Dídimo Judas Tomás escribió abajo“.

“Jesús el viviente” probablemente significa Jesús el que siempre vive.

“Palabras secretas”: En realidad los dichos no son de por sí esotéricos o secretos, pues muchos de ellos tienen paralelos en los evangelios canónicos, especialmente con el evangelio según san Lucas, y muchos de los otros se refieren a hechos conocidos; es mas bien la interpretación de los dichos la que se vuelve secreta.

“Didymus Judas Tomás“: Didymus es una palabra griega que significa gemelo y es empleada por Juan en 1,16; 20,24; 21,2; etc. Tomás, en arameo Toma, significa lo mismo: gemelo. Judas, que en la tradición cristiana siriaca se identifica con el apóstol que no es Iscariote, en un romance siriaco del siglo II llamado “Hechos de Tomás” es presentado como gemelo de Jesús, y también en el antiguo evangelio siriaco de Juan (14,22) se habla de un Judas Tomás.

Dicho 12: “Los discípulos dijeros a Jesús: Nosotros sabemos que tu nos vas a dejar, ¿quién será jefe de nosotros? Jesús les dijo: Al lugar que vayan diríjanse a Santiago el Justo, semejante a quien fueron hechos el cielo y la tierra”.

Este es un dicho de la tradición judeo-cristiana que veía en Santiago, el hermano carnal de Jesús, al líder natural de los discípulos después de su partida. Santiago presidió la Iglesia de Jerusalén por 15 ó 20 años hasta su muerte en el año 62; su memoria fue reverenciada y engrandecida con detalles legendarios.

Dicho 13: “Jesús dijo a sus discípulos: Compárenme y díganme a quien me parezco. Simón Pedro le dijo: Te pareces a un ángel santo. Mateo le dijo: Te pareces a un hombre sabio y a un filósofo. Tomás le dijo: Mi mirada es incapaz de saber a quien te pareces..Jesús dijo: Yo no soy su maestro, por el que han estado bebiendo; ustedes están intoxicados con las quimeras primaverales (= sueños juveniles) que pertenecen a mí y yo he difundido en el extranjero. Entonces lo tomó aparte y le dijo tres palabras. Cuando Tomás regresó con sus compañeros, ellos le preguntaron: ¿Qué te dijo Jesús? Tomás respondió: Si les digo una de las palabras que él me dijo, ustedes tomarían piedras y me las tirarían, y saldría fuego de las piedras y los quemaría”.

Esta conversación comienza como la que nos narran los Sinópticos que ocurrió en Cesarea de Filipo cuando Jesús preguntó a sus discípulos ¿Quién dicen que yo soy? (Mc 8,27-29), pero las respuestas dadas aquí son bien diferentes porque intentan presentar a Jesús como un revelador gnóstico. Aquellos que se embebieron en la gnosis que él impartía (los sueños juveniles) no son sus siervos sino sus amigos (Cf. Jn 15,14).

Según los Naasenos, las palabras que Jesús dijo a Tomás fueron Kaulakau, Saulasau, Zeesar; palabras de las cuales depende la creación. Según Hipólito Romano, esta secta decía que Kaulakau era Adán, el primer hombre; Saulasau era el hombre mortal, y Zeesar el río Jordán, el cual fluye hacia arriba. En realidad estas tres palabras misteriosas son la corrupción de las frases hebreas que se encuentran en Isaías 28,10-13: “Ahora Yahveh dice, .Sau la sau, sau la sau; cau la cau, cau la cau; zeer sam, zeer sam, las cuales significan “orden sobre orden, regla sobre regla, ora por aquí ora por allá“. Dice san Ireneo que el gnóstico Basílides pensaba que Jesús descendió en el nombre de Kaulakau (Adv. Haer. I,24,6).

El “fuego de las piedras”, en lenguaje figurado, debe entenderse en el sentido de que un misterio puede ser tan destructivo como el fuego.

Fuentes epígrafas

10) La inscripción de Poncio Pilato.

En la parte de arriba de este artículo se puede ver un a imagen de la inscripción de caliza que apareció en 1961 en el teatro de la capital de Judea, Caesarea Maritima o Palaestina, recordando la dedicación de la restauración del Tiberieum por el gobernador o prefecto de Judea, Poncio Pilato. Naturalmente, fue en su momento una sensación también para “biblistas”, pues corroboraba la existencia histórica del gobernador en ese momento. Las referencias epigráficas y el texto restituído hasta ahora son:

[- c. 3 -]s Tiberieum / [ -c.3- Po]ntius Pilatus / [praef]ectus Iudae[a]e / [ref]e[cit]

(AE 1963, 104 = AE 1964, 39 = AE 1964, 187 = AE 1971, 477 = AE 1981, 850 = AE 1991, 1578 = AE 1997, 166 = GLICMar 43 = AE 1999, 1681)

11) La urna de Santiago, el hermano de Jesús.

Una inscripción en arameo de 20 carácteres y una palabra clave: Jesús han hecho que la noticia dé la vuelta al mundo. la “Biblical Archaeology Review” fue el medio que lanzó la primicia: una urna de piedra con una frase tallada en el idioma de la antigua Palestina decía: “Ya’akov bar Yosef akhui di Yeshua“, en español “Jacobo (Santiago), hijo de José hermano de Jesús“. Según el arqueólogo francés André Lemaire, profesor de la Sorbona de París, quien tuvo la oportunidad de tener la pieza en sus manos, este podría ser el primer hallazgo arqueológico que corroboraría las referencias bíblicas sobre Jesús.

La pieza la había tenido por quince años un coleccionista judío, que no quiere revelar su nombre, y la mandó a evaluar al experto francés. el editor de la revista, Hershel Shank, se enteró de su existencia en junio: “El coleccionista la obtuvo de un comerciante de antigüedades árabe y sólo pagó unos pocos cientos de dólares por ella (se dice que el precio estuvo entre los 200 y 700 dólares)”. Cuando Shank le preguntó por qué había tenido tanto tiempo la pieza consigo, le contestó: “Yo nunca pensé que el hijo de Dios pudiera tener un hermano”.

Según el arqueólogo francés André Lemaire, profesor de la Sorbona de París, quien tuvo la oportunidad de tener la pieza en sus manos, éste podría ser el primer hallazgo arqueológico que corroboraría las referencias bíblicas sobre Jesús.

La urna sería del año 62/63 d.C., fecha de la muerte de Santiago el hermano de Jesús que, dicho sea de paso, es recordada por Flavio Josefo en otro de sus pasajes.

Conclusiones

Termino esta exposición de documentos con un párrafo de uno de los mejores expertos en el tema de la existencia histórica de Jesús: “Some writers may toy with the fancy of a ‘Christ-myth,’ but they do not do so on the ground of historical evidence. The historicity of Christ is as axiomatic for an unbiased historian as the historicity of Julius Caesar. “ Y en español:  “Algunos autores pueden jugar con la fantasía de un ‘mito de Cristo’, pero no lo pueden hacer sobre la base de una evidencia histórica. Para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César”.  (F.F. Bruce, The New Testament Documents: Are They Reliable?, Inter-Varsity Press, 1972, p.119).

La relación de los textos que arriba quedan escritos, objetiva e imparcialmente vistos, sólo puede venir a corroborar lo que Bruce concluye. No hay un solo texto histórico, ni de época ni de la Antigüedad en general, donde se afirme que la figura histórica de Jesús de Nazareth nunca existió, o que fuera un invento de algunos judíos. Una circunstancia que sin duda los detractores del cristianismo, empezando por los romanos y terminando por los judíos de la época, nunca hubieran dejado escapar.

No quisiera terminar sin mostrar quizás el único error achacable al Jesús histórico: su fecha de nacimiento.

Hay un error en el cálculo de la fecha de nacimiento de Jesús, por lo siguiente: Tiberio sucedió a Augusto como emperador de Roma el 19 de agosto del año 14 d.C. El año décimo quinto de Tiberio (fecha que menciona Lucas en 3,1) fue del 19 de agosto del año 28 al 18 de agosto del año 29 d.C. y Jesús tendría entonces 35 o 36 años; esto lo sabemos porque Mateo 2,1 dice: “Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá durante el reinado de Herodes...”, e históricamente consta que Herodes murió en el año 4 a. C., de manera que el dato proporcionado por Lucas en 3,23, “Tenía Jesús al comenzar 30 años…” debe ser solamente aproximado, y quizá subraya únicamente que Jesús tenía la edad requerida para ejercer una misión pública.

La datación del inicio de la era cristiana se debe a un error del monje Dionisio el Exiguo que fue quien la calculó en el siglo VI d.C. El error se originó porque Dionisio tomó al pie de la letra los 30 años de edad atribuidos a Jesús por Lucas. Como el año 15 de Tiberio coincide con el 782 de la fundación de Roma, si a 782 se le restan 29 cumplidos que tendría Jesús, resulta que su nacimiento (y con él el inicio de la era cristiana) queda fijado en el año 753 de la fundación de Roma, debiendo ser con mayor probabilidad seis años antes, en el 747.

¿Y de dónde sale esa otra fecha del 25 de diciembre como el día en que nació Jesús? La religión de la divinidad asiática Mitra, celebraba después del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, la regeneración del vigor del Sol. Los posteriores cristianos, para apagar el paganismo, dado que Mitra había nacido en una cueva, adoptaron esta fecha para el nacimiento de Jesús, como así también se haría luego con el solsticio de verano, fiesta pagana que se transformó en la Noche de San Juan.

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LAS BRUJAS DE LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI

18 Febrero 2009

En 1608 el tribunal inquisitorial de Logroño abarcaba tan amplias tierras que era necesario andar cinco jornadas a uña de caballo para poder recorrerlas de punta a cabo: toda la Navarra, el territorio vascongado, la diócesis de Calahorra, de Santo Domingo de la Calzada, parte de Osma y algo del Arzobispado de Burgos; pero si grandes eran las tierras de su encomienda, mayor era su poder, cuyos tentáculos alcanzaban más allá de Ainhoa y Sare aldeas pertenecientes a la diócesis de Bayona.

Por esas fechas, en un pequeño rincón de este vasto territorio, rayano con la frontera francesa, un clérigo de mirada torva y delirios de santidad: fray León de Araníbar, abad del monasterio premostratense de Urdax, desató la más descabellada  caza de brujas que jamás se haya conocido en tierras navarras.

La cosa empezó con veladas amenazas entre vecinos por rencillas de herencias o lindes mal trazados; luego vinieron las denuncias ante el abad por blasfemias dichas al calor de una disputa: blasfemias tan comunes como darse al Diablo, mandar a alguien a las llamas del Infierno, dudar de que Dios pudiera salvar boca tan mentirosa o llamar a un cristiano viejo “marrano comedor de niños”, para pasar a acusaciones formales de haber visto a gentes del pueblo en celebraciones salvajes las vísperas de San Juan y fechas parejas, lo que llevó al reverendo a encaramarse en el púlpito y clamar contra el Maligno, contra sus amantes y lacayos a los que sacralizó con una terrible palabra: brujos; y esto no fue más que el comienzo de una espantosa locura colectiva.

Pero los hechos se precipitaron definitivamente cuando a primeros de enero de 1609,  don Juan de Monterola, comisario de la Inquisición en el pueblo de Arano, asistido de un notario y seis hombres armados, se presentó a instancias de fray León en el pueblo de Zugarramurdi para levantar acta de las declaraciones hechas por ocho feligreses, testigos de la confesión pública que hicieran cuatro mujeres del lugar en la iglesia, de haber practicado las malas artes de la brujería  y haberse dado al Diablo por aquellos montes y aquellas cuevas en fechas recientes.

El día 27 del mismo mes ingresaron las acusadas en las cárceles secretas de la Inquisición de Logroño y, a partir de este momento, todo fue rodando hasta acabar en un solemne Auto de Fe que tuvo lugar el 7 de noviembre de 1610 donde fueron condenadas unas cincuentena personas acusadas de la más variopinta sarta de maldades brujeriles y satánicas.

La cosa acabó tan mal, que basta leer la Cautela Inquisioral, traída por Zacaróas Covaleda, para darse cuenta del pensar de la Santa Iglesia respecto a estos temas:

A los Reverendísimos Señores Inquisidores de Logroño:

Encarecidamente les rogamos que atiendan  a las siguientes conclusiones habidas en este  Tribunal,  dadas por fiscales y asesores del mismo, a la vista de las condenas hechas en el Auto de Fe acaecido en esa ciudad el año de 1610.

Por esto venimos a pronunciar y pronunciamos:

Que  los señores Inquisidores procederán en todo momento según los criterios  que  ordenare la Santa Madre Iglesia, las doctrinas de sus Pastores  y lo que corresponda a  la buena fama de sus fieles.

Que en las causas de brujos que se ofrecieren de aquí en adelante inquieran y se informen bien antes de denunciar los hechos que se les achacan:  si las  muertes de criaturas y personas que los brujos confiesan haber hecho sucedieron realmente  en  aquellas  noches como dicen, no sea que previamente  estuvieran enfermos, o que hubiera algún accidente o causa  para  que  murieran  de  muerte  natural  o  violentamente.  Que para ello examinen físicos y peritos en medicina si hallaron  señales  en  los  cuerpos  u otras circunstancias para saber de qué murieron.

Item, que recaben mejor información por donde entran y salen en las casas cuando dicen acudir a sus aquelarres. Que procuren saber si van realmente a hacer los daños que dicen,  y  si  hay  alguno que no sea de ellos que  los haya visto de  día o  de  noche en sus juntas o haciendo algún maleficio.

Item, que se informen de los dueños de ganados si es verdad que murieron y cómo fue lo de las reses, y qué señales hallaron en ellas.

Item, que anoten  las devastaciones  y daños que confiesan haber hecho en los trigos, frutos y campos, si los vieron o hallaron dañados, o si en aquellos tiempos vino piedra, niebla o algún mal aire o hielo que fuese causa de la perdición de dichos campos. Si esto sucedió en invierno,  en verano, o en el tiempo en que naturalmente suelen venir estos accidentes.

Item, que los Inquisidores adviertan a los predicadores y den a entender a las gentes, que  el perderse los panes u otros daños  en los frutos nos los envía Dios por nuestros pecados y por la disposición del tiempo, como acontece en otros lugares que no hay brujos, y que es grande inconveniente imaginarse que estas cosas y otras enfermedades las hagan solamente estas personas.

Item, que los Inquisidores hagan diligencias y averiguaciones para verificar si  estas gentes se juntan solos, o si en aquellas noches que confiesan ir a los aquelarres  van con el Demonio, o se quedan en sus casas sin salir de ellas, lo que se podrá saber por personas vecinas. Y si se untan algún ungüento,  saber si es para ir corporalmente a las reuniones o es para dormirse. O qué diferencia hay entre el unto para volar e ir al aquelarre y los polvos y el agua amarilla que usan para provocar los maleficios.

Item, que cuando uno acuda a declarar de sí o de otros, se escriba puntualmente lo que dijere y le pregunten qué causa le ha movido a hacer tal declaración. Si han sido forzados, persuadidos o atemorizados y si tienen enemistad con la tal persona denunciada.

Item, que estén advertidos si lo que confesaren y testificaren los de esta secta de brujos se puede comprobar con otras personas ajenas a los cómplices, o que las hayan hecho en diferente tiempo y lugar del que dicen haber ido y estado en sus juntas y aquelarres.

Item, que las revocaciones que hicieren los reos y testigos antes o después de ser reconciliados o sentenciados se consideren  con mucha puntualidad y se ponga en los procesos, recibiéndoles con toda blandura  para  que con más libertad puedan descargar sus conciencias, sin que les estorbe el miedo que comúnmente se tiene de ser castigado por semejantes revocaciones, y que  esta orden se dé a los Comisarios del Santo Oficio para que lo cumplan y remitan al Tribunal.

Item, que en viniendo cualquier persona, hombre o mujer, de edad legítima que según derecho en los hombres es de catorce años arriba, y de doce en las mujeres, según su propia y espontánea voluntad, sin haber precedido violencia, fuerza ni temor ninguno, sea acogida con palabras de amor y caridad, mostrando señales de dolor y arrepentimiento, confesando sus errores de haber ido a aquelarres, solos o acompañados y haber hecho reverencia y acatamiento del Demonio que aparecía en signos diferentes tomándole por señor, renegando de Dios, del Bautismo y de las creencias de todo buen cristiano.

A  tales personas se les preguntará cuántos años llevan en la apostasía y si fuera de las noches que van, si han perseverado de día, despiertos, en adorar al Demonio. Y si para ir a los aquelarres se han untado o hecho actos encaminados a ir a adorar al Demonio y mantenerse en la apostasía de la fe.

A los que hicieren espontáneas confesiones, se les reconciliará sin confiscación de bienes. Y a los que confesaren no haber perseverado después de despiertos en la herejía, se les medicine las almas absolviéndolos ad cautélam, tal como se hace con los extranjeros luteranos holandeses, escoceses e ingleses que están en algunos presidios por herejes.

Item, que aquellas Justicias seglares o eclesiásticas que hubieren conocido o comenzado un proceso, se lo remitan al Santo Oficio. Y estén muy advertidos los Inquisidores, si los tales reos o testigos fueron antes atormentados  por dicha Justicia y la manera del tormento, porque si los indicios no fueran bastantes, se vea cuánta fe se puede dar a tales confesiones forzosas.

Item, que todas las testificaciones y probanzas hechas se suspendan para que,  empezando unas nuevas, no se proceda contra ninguno por las testificaciones ni se tenga por anotado en el Santo Oficio. Si sobreviene otra testificación, que se acumule a las existentes para que  juntas se voten en el tribunal, excepto cuando se suspendiere la causa.

Item, y que cuanto a las personas que murieron en las cárceles o fuera de ellas estando pendientes sus causas, que no las prosiga el Fiscal y no les conste a sus descendientes para cosas y oficios honrosos.

Item, que las personas que en el Auto de Fe de 1610 fueron relajadas al brazo secular y de los que fueron reconciliados, no se pongan los sambenitos en ningún  tiempo o lugar, ni se les confisquen los bienes y se adicionen a sus procesos estas resoluciones para que no les obste a los hijos ni descendientes para un oficio de honra o del Santo Oficio.

Item, que los Inquisidores dejen libremente actuar a la Corte de Navarra y a cualesquiera otra  Justicia  proceder  y  castigar los delitos de brujería sin  impedírselo  por  ninguna vía judicial, ni medios particulares.

Item, que a los Confesores y Curas se les dé orden por medio de los Comisarios y se les advierta  de  palabra la moderación y templanza con que han de proceder sin excederse en  ninguna cosa más de lo que va puesto en estas Instrucciones, ordenándoles lo guarden  con toda  puntualidad. Que no prohíban la comunión de los Sacramentos a los que estuvieren anotados en esta secta de brujería hasta que por el Santo Oficio se mande otra cosa.

Item, que de todas las Cartas e Instrucciones del Santo Oficio se saque copia y cuaderno continuado para que así junto se halle a mano y estén advertidos para los casos que se ofrecieren en adelante.

Dado en Madrid, a 29 de Agosto de 1614

Desde los altos del puerto de Otsondo, en Navarra, en un día claro, casi puede verse el mar si la selva de hayas y robles que lo visten te permiten otear el horizonte. A sus pies, tras una endiablada pendiente, salen al paso Urdax y Zugarramurdi, dos pueblecitos que saben de leyendas, cuevas y conjuros, sambenitos y otros misterios que se dieron hace cuatrocientos años, cuando empezó a hablarse de brujas y demonios por aquellos caseríos.

Las sorguiñas, mujeres de aspecto huraño, iban y venían de uno al otro lado de la muga en un tránsito de pueblos vecinos para acudir a esas reuniones que pronto los inquisidores conocieron como akelarres: fiestas a campa abierta sin otra pretensión que bailar y danzar hasta el amanecer al son del txistu, los atabales y el tamboril.

Pero todo se torció cuando la Inquisición pretendió ver un culto al Diablo  en esas celebraciones nocturnas que reunían a gentes venidas de los alrededores en torno a una hoguera, en las que se comía, se bebía y fornicaba a pierna suelta con la sana intención de olvidarse por una noche del duro trabajo de cada día.

El Diablo en forma de macho cabrío se les aparece para sodomizarlas y hacer escarnio en nuestra santa religión -rugía fray León de Araníbar desde su abadía de Urdax-, y ellas se complacen en ofrecer los cuerpos para satisfacer sus deseos nefandos.

Pronto  se corrió la voz de que la Inquisición necesitaba nuevas brujas para las hogueras de Logroño y los párrocos de la ribera del Baztán, desde Elizondo a Vera de Bidasoa, se  aprestaron  a complacerlos predicando rigurosos edictos que pusieran coto a una depravación imaginada, porque nadie tenía noticia de que realmente existieran las mal llamadas sorguiñas.

Aquella locura fue el comienzo, el Auto de Fe, la quema y todo lo demás vino después.

Lo cierto es que, a lo largo y ancho de una Europa obsesionada por la salvaguarda de unos valores religiosos fanatizados, fueron quemados cientos de pobres hombres y mujeres cuyo mayor delito era, precisamente, ése: ser pobres.

En medio de esta orgía descabellada de sangre y fuego que llamaban Auto de Fe, aparecen unos protagonistas involuntarios y malquistos: los verdugos; gente del pueblo mal pagada y aborrecida que se limitaban a cumplir con su cruel cometido: el de ajusticiar a otros cristianos en nombre de la Religión.

Pues bien, aparte lo anterior, hete aquí que por primera vez en mucho tiempo he localizado una copia íntegra del Malleus Maleficarum, o lo que es lo mismo, El Martillo de los herejes, la obra que sirvió a la Inquisición para desatar la caza de brujas en España, el exterminio de todos aquellos que servían para consolidar a una Iglesia sedienta de sangre y con las ganas de quien no quiere perder el poder.

Veamos, lo que dice la Wikipedia del Malleus Maleficarum:

El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas), es probablemente el tratado más importante que se haya publicado en el contexto de la persecución de brujas y la histeria brujeril del Renacimiento. Es un exhaustivo libro sobre la caza de brujas, que, luego de ser publicado primeramente en Alemania en 1486, tuvo docenas de nuevas ediciones, se difundió por Europa y tuvo un profundo impacto en los juicios contra las brujas en el continente por cerca de 200 años. Esta obra es notoria por su uso en el período de la histeria por la caza de brujas que alcanzó su máxima expresión desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII.

El Malleus Maleficarum fue compilado y escrito por dos monjes inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, quienes aseguraron en el libro que les habían sido otorgados poderes especiales para procesar brujas en Alemania por el Papa Inocencio VIII, por medio de un decreto papal del 5 de diciembre de 1484; pero este decreto había sido emitido antes de que el libro fuese escrito y antes de que sus planeados métodos fueran dados a conocer.

Kramer y Sprenger presentaron el Malleus Maleficarum a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia el 9 de mayo de 1487, esperando que fuese aprobado. En cambio, el clero de la Universidad lo condenó, declarándolo tanto ilegal como antiético. Kramer, no obstante, insertó una falsa nota de apoyo de la Universidad en posteriores ediciones impresas del libro. La fecha de 1487 es generalmente aceptada como la fecha de publicación, aunque ediciones más tempranas de la obra pudieron haber sido producidas en 1485 o 1486. La Iglesia proscribió el libro poco después de la publicación, ubicándolo en la Lista de Obras Prohibidas (Index Librorum Prohibitorum). A pesar de esto, en todo caso, entre los años 1487 y 1520, la obra fue publicada 13 veces. Después de unos 50 años, fue nuevamente publicada, entre 1574 y la edición de Lyon de 1669, un total de 16 veces. La supuesta aprobación que aparece al inicio del libro contribuyó a su popularidad, dando la ilusión de que se le había otorgado un respaldo garantizado.

Con todo, el texto llegó a ser tan popular que vendió más copias que cualquier otro, aparte de la Biblia, hasta que El Progreso del Peregrino, de John Bunyan fue publicado en 1678.

Los efectos del Malleus Maleficarum se esparcieron mucho más allá de las fronteras de Alemania, causando gran impacto en Francia e Italia, y, en menor grado, en Inglaterra.

Lo que viene a continuación, más abajo, es el libro en PDF, en rigurosa primicia para los lectores de este blog.

Malleus Maleficarum (primera parte)

Malleus Maleficarum (segunda parte)

Esta aventura está dedicada a Laura, mi compañera de aventuras, que me arrastró hasta Zugarramurdi en el invierno del 2008, descubriéndome un paisaje idílico y una historia que no conocía. Aparte de la visita obligada a las cuevas de Zugarramurdi recomiendo el turismo rural, donde por muy poco se puede disfrutar de una casa rural con todo tipo de lujos, chimenea y leña para pasar las noches frías. Más información sobre casas rurales en Navarra.

Más info y alojamientos en: http://www.haitzetxea.es/Cuevas%20y%20museo/cuevas.htm
y http://www.xareta.es/cuevas/cuevas.htm

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EL BARRIO JUDIO DE BARCELONA

10 Febrero 2009

Las juderías surgieron en principio como resultado de la intolerancia practicada por los cristianos y del deseo por parte de los judíos de mantener su unidad y exclusividad. El papa Pablo IV creó la primera judería legal en Roma en el año 1555. Juderías similares fueron creadas en la mayoría de los países de Europa durante los tres siglos siguientes. Solían estar rodeadas por murallas y sus puertas se cerraban al anochecer. En muchos casos los judíos estaban obligados a llevar un identificativo cuando salían fuera de su recinto. La abolición de este sistema se produjo a raíz de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX. En 1870 la judería de Roma, la última legal que quedaba en Europa, fue abolida por Víctor Manuel II, rey de Italia.

Call , como se les conoce en catalán, y  del hebreo kahal (???), es la palabra utilizada en para designar las juderías o barrios judíos. Sólo hace referencia al espacio físico, en ningún momento se utiliza este término como sinónimo de comunidad judía.

Los calls más importantes fueron los de Barcelona, Girona y Palma de Mallorca.

El Call de Barcelona estaba en el actual Barrio Gótico, en los alrededores de la catedral. Era el call más grande, con una población de unas 5.000 personas. Entre la plaza de Sant Jaume y la calle de Sant Honorat se encontraba una de las dos puertas de la judería. La actual calle de Sant Domènec del Call era la arteria principal del barrio. Debe su nombre a la destrucción del mismo, que tuvo lugar a consecuencia de un linchamiento el 5 de agosto de 1391, festividad de santo Domingo. El saqueo duró dos días, durante los cuales fueron asesinados 200 judíos y expulsado el resto.

Recientemente el historiador Jaume Riera i Sans ha podido documentar el emplazamiento de la antigua sinagoga mayor de la judería de Barcelona en la confluencia de las calles Sant Domènec del Call y Marlet. Parece que el emplazamiento de la sinagoga está claro, aunque no los restos arqueológicos que se han podido conservar.

Entendemos que el edificio primitivo era exento, es decir, no tenía ningún edificio colindante. Lindaba al Norte con la llamada calle de la Escola Major, al Este con la calle Marlet, al Sur con el Carrer de les Dones, sobre el que se construyó un angosto edificio en el s.XIX, y al Oeste tenía un atrio, hoy ocupado por un pequeño local comercial. En la pared Norte exterior se encuentra la efigie de Santo Domingo, colocada allí al cambiar el nombre de la calle. Los edificios emblemáticos de las juderías se cristianizaban con la efigie de algún santo.

A partir de entonces, la calle cambió su nombre por la de Sant Doménec y el edificio pasó, junto a todos los bienes de la comunidad, a ser propiedad del rey.

Nos encontramos, pues, ante un edificio cuyos cimientos se remontan a época romana, en algunos lugares con construcciones superpuestas alto-medievales, una estructura central del s. XIII, y modificaciones efectuadas en el s. XVII, cuando se construyeron los pisos superiores.

Vamos a entrar desde la calle Marlet por una puerta minúscula. Deberemos agacharnos.

Sinagogas

La sinagoga es el lugar de reunión, de oración y también de estudio y formación por excelencia del judaísmo histórico. El 5 de agosto de 1391, la sinagoga, así como el resto de edificios del barrio fueron asaltados. Fue un golpe que la comunidad judía barcelonesa, como el resto de los judíos de la Corona de Aragón, no pudo superar. Se liquidó la aljama, la mayoría se convirtieron al cristianismo, sus propiedades comunales fueron expoliadas por el rey y las privadas fueron malvendidas. La torre del portal de acceso a la judería fue derribada y parte del barrio cuarteado.

Poco después de la destrucción de la judería de Barcelona (a la que la documentación de la época se refiere), se inicia la ampliación del Palau de la Generalitat sobre les casas derruidas del Call. Cuando a principios del siglo XX se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas en el palacio, aparecieron sus restos bajo el Pati dels Tarongers. Las calles de la judería, como ha pasado en todas las épocas de la historia, fueron rebautizadas con nombres más adecuados al momento: la calle principal, la de la Sinagoga, fue rebautizada con la festividad del santo en que se produjo el asalto y desaparición de la judería, santo Domingo, el trágico 5 de agosto, y se colocó su imagen sobre la puerta de acceso a la extinta sinagoga (la hornacina con el santo todavía se conserva, pese a que su ubicación y la imagen probablemente hayan cambiado). También se rebautizó la calle de la Font, donde, como su nombre indica, se localizaba la fuente pública de los judíos, que tenían prohibido tomar agua de la fuente de la plaza Sant Jaume, reservada sólo para los cristianos a partir de 1356 aproximadamente; se sabe que a los judíos que iban a buscar agua a la de Sant Jaume les apedreaban y les rompían los cántaros. Esta calle primero se rebautizó con el nombre de calle de la Font de Sant Honorat (cuya imagen debía de estar sobre la fuente, como había pasado en la sinagoga con la de santo Domingo) y después el recuerdo de la fuente se ha perdido para denominarse, como en la actualidad, calle Sant Honorat. Vendidas sus propiedades, y confiscadas otras por la Corona, la ciudad cristiana ocupó muy pronto todo el barrio.

Los judíos catalanes medievales hablaban catalán y hebreo en su vida diaria, un hecho especialmente singular en Europa, donde las comunidades judías asumían exclusivamente la lengua dominante de referencia. Los judíos barceloneses se llamaban Abraham, David, Isaac, Samuel, Salomó, Astruc, Jucef, Bonjudà, Bonsenyor, Bonhom, Bondia, Bendit, Benvenist, Caravita, Perfet, Baruc, Bellshom, Jaffia, Maimó, Vidal, Duran, y las mujeres Regina, Preciosa, Rica, Bonadona, Bonafilla, Dolça, Clara, Goig, Estel•lina, Astruga, Ester o Sara, entre otros. Hoy su recuerdo se ha extinguido completamente de la patronimia, pese a que muchas personas buscan infructuosamente rastros de un posible pasado judío en sus nombres familiares.

En 1492 se fueron todos los judíos que no quisieron convertirse al cristianismo. Su marcha fue recogida de la siguiente manera en el Dietario de la Diputación del General: “1492. Agost. Dijous a [día] II. Jueus. Entraren e surgiren en la plaia de Barchinona una gran nau de Rodes [...] e una galeassa grossa de França e VIII entre nauetes e galeons, totes carreguades de juheus que exien de Aragó, de València e de Cathalunya e eren•se enbarchats part en Tortosa e part en Tarragona, exints de dites terres per manament de la maiestat del senyor rey. Restaren•ne en Barchinona circa de XX qui•s faheren christians; los altres ab dites fustes se•n anaren la via de Levant e entre tots eren passats deu mil juheus entre homens, dones e enfants.”

El Barrio Judío

Los límites de la judería medieval de Barcelona están bastante claros: el barrio judío estaba delimitado por las actuales calles Call -que era la entrada principal en su confluencia con la plaza Sant Jaume-, Banys Nous -cuando todavía se erigía en ella la muralla romana que hoy ha quedado oculta bajo los edificios impares de la calle y que es visible en algunos tramos-, la Baixada de Santa Eulàlia, la calle Sant Sever y, por último, la actual calle Sant Honorat, que antes de la construcción del Palau de la Generalitat llegaba prácticamente hasta la calle Bisbe.

A partir de un manuscrito del año 1400 localizado por la profesora Teresa Vinyoles en el archivo de la Catedral de Barcelona, el Llibre de censos o morabatins de Jaume Colom, el historiador y archivero Jaume Riera i Sans ha podido efectuar la reconstrucción virtual de la antigua judería con la localización de sus principales edificios, especialmente el de la sinagoga mayor. Una vez destruida la judería en 1391, y convertidos al cristianismo la mayoría de sus habitantes, estos tuvieron que continuar pagando unas contribuciones voluntarias que habían contraído años antes como rentas anuales con fines piadosos para la comunidad judía (mantenimiento del hospital y la sinagoga, asistencia a los necesitados, etc.).

Desaparecido el barrio judío, y su estatus jurídico dependiente de la monarquía, estas rentas, o morabetinos, pasaron a manos del fisco real, perdieron su originaria función piadosa hacia la comunidad y fueron vendidas, mayoritariamente, a un cambista cristiano, Guillem Colom, que a su vez las dio a su hijo Jaume. La importancia de este documento es que recoge el itinerario seguido, de manera detalladísima, por el procurador en sus visitas a la judería, con la indicación de 87 edificios y sus propietarios, lo que ha permitido la reconstrucción de la estructura del barrio y, cómo no, la localización documentada del emplazamiento de la sinagoga mayor de los judíos de Barcelona.

Los judíos barceloneses medievales disponían, como mínimo, de cuatro sinagogas documentadas: la sinagoga mayor, la sinagoga llamada “Poca” (debajo de la actual capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat), la sinagoga nueva o menor (bajo los restos de la iglesia de la Trinitat, en la calle Ferran) y la sinagoga o “escuela de las mujeres” (que ocupaba el actual solar en el que se erige un edificio exento en la plaza Manuel Ribé, en la judería), que disponían de un espacio propio para la oración dado que no cabían en otras. Se conoce su localización pese a que la certidumbre de que en la actualidad se hayan podido conservar restos materiales debe tomarse con reservas.

En Barcelona no se conserva, como pasa en Girona o Besalú, ninguna grieta para colocar la mezuzá (pequeño pergamino que contenía una oración escrita) en el marco derecho de las puertas de las casas judías, donde se podía leer la palabra “Todopoderoso” y que los devotos estaban obligados a tocar al entrar y salir.

Barcelona, igual que Girona, cuenta con numerosos restos arqueológicos judíos, como por ejemplo lápidas con inscripciones hebraicas que han sido reutilizadas a lo largo del tiempo como materiales de construcción y que son visibles en la actualidad en el Palau del Lloctinent (en la plaza Sant Iu, delante de la puerta de acceso al patio del Museu Marès, se puede contemplar una a pie de calle), en el subsuelo de la Plaça del Rei, en el Museu Militar de Montjuïc y también al lado de la capilla románica del Poble Espanyol.

Otros han aparecido como resultado de excavaciones arqueológicas en cierto modo inesperadas, como es el caso de la colección de lápidas funerarias halladas con motivo de las excavaciones llevadas a cabo durante la posguerra en el campo de tiro de Montjuïc y por debajo de la actual carretera que conduce a él, donde hace siglos estaba situada la necrópolis judía que ha dado nombre a la montaña: aparecieron más de 170 enterramientos, con los pies apuntando hacia el este. Uno de los hallazgos más espectaculares fueron los pendientes de plata y los anillos de oro que se encontraron como restos de un ajuar. Uno de estos anillos de oro lleva una bella inscripción en hebreo: “Entre las mujeres de la tienda, Astruga sea bendecida“, uno de los nombres femeninos más habituales entre las antiguas judías barcelonesas.

Dos anillos de oro aparecieron en el mismo dedo de la mano derecha de una joven enterrada. Otro, de plata, posee una inscripción en árabe. Los pendientes no se conservan en demasiado buen estado, pero recientemente han aparecido en Girona otros muy semejantes y en perfecto estado de conservación, que ayudan a hacerse una idea de cómo eran en realidad.

También, durante las obras de reforma del Pati dels Tarongers, junto con los restos de los muros que rodeaban la judería aparecieron unas lamparillas cerámicas entre los restos de las antiguas construcciones.

Desgraciadamente, desde el desmantelamiento, ya hace demasiados años, de la colección permanente del Museu d’Història de la Ciutat, los anillos, pendientes, restos originales de los baños y lápidas judías ya no se encuentran en exhibición pública, a la espera de una nueva presentación museística.

Es bien conocida la lápida que se puede ver en la calle Marlet de la judería. Se trata de una copia que sustituyó a la original en 1981 (la original también se encuentra en un almacén del Museu d’Història de la Ciutat) y recuerda la fundación de un hospital auspiciado por Samuel ha-Sardí, uno de los miembros más destacados de la aljama de Barcelona durante el siglo XIII. En 1820 (fecha de la construcción del edificio donde se encontraba la lápida) se colocó al lado una extensa, pero errónea, interpretación de los caracteres hebreos, que tiene poco que ver con las traducciones autorizadas modernas.

El hebraista Eduard Feliu la ha traducido como: “Fundación pía de Samuel ha-Sardí; su luz arde permanentemente”.

La gran mayoría de los ricos manuscritos iluminados de los judíos medievales realizados en Cataluña se encuentran dispersos en la actualidad por todo el mundo: la famosísima Hagadà de Barcelona en el Museo Británico, la Bíblia de Cervera en la Biblioteca Nacional de Portugal, la Guia dels Perplexos de Maimónides en la Biblioteca Real de Copenhague, L’Atlas català de Abraham Cresques en la Biblioteca Nacional de Francia…

Del rico patrimonio bibliográfico judío producido en juderías como la de Barcelona no queda prácticamente nada en los archivos y bibliotecas de la ciudad.

Lugar destacado para visitar

El que fuera el principal centro de la actividad judía durante el siglo XIII, actualmente pasa casi desapercibido entre las callecitas del Call o barrio judío. La Sinagoga Mayor de Barcelona es la más antigua de España e, incluso, de toda Europa y actualmente puede visitarse su planta subterránea. Lo más curioso es que, a pesar de la importancia del templo, la sinagoga fue descubierta casi por casualidad.

Los ataques al Call y el desmembramiento de la cultura judía en Barcelona hicieron que fuera perdiendo importancia hasta convertirse, primero en una tintorería, y más tarde en un depósito de materiales eléctricos.

Durante años nadie reparó en este espacio hasta que, a finales del siglo XX, unos estudios de la Asociación Call de Barcelona, demostraron que el lugar había sido el templo de culto judío y se procedió a su rehabilitación. Con el tiempo se realizaron unas excavaciones que descubrieron en el suelo de la sinagoga los restos de unas paredes romanas del tiempo del emperador Caracalla que datan, aproximadamente, del siglo II (actualmente están protegidas por un cristal y se puede caminar sobre ellas).

Su fachada principal está orientada hacia el sudeste mirando a Jerusalén. Junto a dos grandes vidrieras se ha colocado un candelabro de siete brazos (también llamado menorah), hecho en hierro forjado. A su lado también puede verse el “toral” donde se guardan los manuscritos del libro santo, la Torá.

Sinagoga Mayor de Barcelona
C/ Marlet, 5

•   Cómo llegar: Metro: Liceu (L3) y Jaume I (L4)
•   Precios: Entrada libre
•   Horarios de apertura: De martes a sábado: de 11:00h a 14:00h y de 16:00h a 19:00h. Domingos: de 11:00 a 14:00h
•   Sitio web: http://www.calldebarcelona.org

¿Por qué eran tan malos los judios?

¿Por qué fueron perseguidos hasta tal punto de producirse linchamientos en toda Europa? ¿Qué ocurrió en Barcelona?

Una de las causas de la crisis agraria de la Edad Media puede ser la disminución de la cosecha de cereales que sería, a su vez, consecuencia -por ejemplo- del periodo de malas condiciones climatológicas persistentes (sequías, lluvias a destiempo, agotamiento de los terrenos, crisis de subsistencias…).

Una gran cantidad de epidemias que sufrió Europa en el siglo XIV son conocidas como Peste negra. Aunque se sospecha que se trata de un conjunto de enfermedades bacterianas —generalmente variantes de la Peste pulmonar, como la Peste bubónica y la Peste septicémica; unidas quizá al Ántrax— que atacaban juntas, no hay una explicación definitiva. Estas enfermedades vinieron de Oriente transportadas por las ratas negras de los barcos y se habla de ella por primera vez en el año 1348. La peste tomó su nombre de uno de sus más terribles síntomas: unos ganglios, llamados bubones o landres, de aspecto negruzco que, si reventaban, supuraban sangre y pus. Otros síntomas eran, la fiebre alta, el dolor de cabeza, los escalofríos y los delirios. La mayor parte moría en un plazo de 48 horas pero, afortunadamente, una minoría lograba superar la enfermedad y sobrevivir, quedando inmunizados.

En el caso de España, se piensa que llegó por primera vez al puerto de Palma de Mallorca (febrero de 1348), de allí pasó a las costas del resto de la Corona de Aragón (mayo de 1348) y, poco a poco, fue penetrando hacia el interior favorecida por las malas cosechas y por las guerras civiles que sufrió la Península; en Castilla los datos son muy escasos, aunque sabemos que en octubre la enfermedad ha llegado a Galicia.

Las dificultades afectan sobre todo a la masa social, incapaz de hacer frente a las penurias y al alza de precios. La reacción suele ser la desesperación, provocando desórdenes sociales o el refugio en lo trascendente. Hay un ambiente general muy tenso, los grupos sociales toman conciencia de su identidad y luchan encarnizadamente entre sí. Por un lado, están los problemas étnico-religiosos y por otro las luchas entre diferentes comunidades sociales.

En general, los males se achacaban a algún tipo de castigo divino, es como si los cuatro jinetes del Apocalipsis se cernieran sobre la Tierra, lo que exacerbó la religiosidad popular, la superstición y el fanatismo. Por un lado, proliferan las rogativas y las misas, las procesiones de disciplinantes, vestidos con harapos, flagelándose y pidiendo perdón a Dios al grito de poenitentiam agite. Por otro, se produce una creciente tendencia a refugiarse en lo trascendente, a la búsqueda de respuestas en otra parte, desconfiando de la Iglesia; el caso más extremo (y en España muy minoritario) es la pérdida de confianza en la propia religión: la recuperación de la idea del Carpe diem, fielmente reflejada en el Decamerón de Bocaccio.

En cualquier caso, predominan las explicaciones supersticiosas y llenas de prejuicios, como quienes propusieron que un cometa envenenó el aire; pero la mayoría echó las culpas a las minorías no cristianas: moriscos y, sobre todo, judíos.

Las minorías religiosas son continuamente atacadas. Tradicionalmente se viene considerando que en la España medieval, y hasta el siglo XIV, cristianos, judíos y musulmanes habían convivido pacíficamente en un clima de tolerancia religiosa. Sin embargo, todo parece indicar que se daba una auténtica segregación racial. Cualquier adversidad podía provocar conflictos, como así ocurrió.

En los siglos XIV y XV, a raíz de la crisis que nos ocupa, el antijudaísmo comienza a calar en la sociedad española, sucediéndose episodios violentos. Con la guerra civil de los Trastámara, el aspirante Enrique utilizó el antisemitismo latente en los castellanos para conseguir partidarios: en 1367 sus tropas asaltaron las juderías de Briviesca, Aguilar de Campoo y Villadiego; y sus patidarios saquearon las de Segovia, Ávila y Valladolid. Toledo se llevó la peor parte. Al terminar la guerra, el rey quiso enmendar su política, pero el odio a los judíos había arraigado muy hondo y desembocó en los pogromos de Sevilla en 1391. Desde Andalucía, los disturbios pasaron a Castilla (Toledo, Madrid, Burgos, Logroño) y, desde allí, a Aragón, donde fueron saqueadas las juderías de Barcelona, Palma y Valencia, entre otras.

El mito de la profanación de la hostia por parte de los judíos surgió del mismo ritual cristiano, que traduce simbólicamente el vino en sangre y la oblea en carne de Cristo. En la Edad Media no fueron pocos los que vieron en ella manchas de sangre, atribuyendo a este hecho un carácter milagroso cuando posiblemente, según cuenta Tannahill (1976), se trataba de un fenómeno de putrefacción por la acción de un bacilo. Los judíos serían acusados reiteradamente de tratar de imitar esta ceremonia punzando la hostia para que manase sangre. En 1410, en Segovia los hebreos se conjuraron, al parecer, para ultrajar, quemándola, una hostia consagrada. Berceo (Milagros de Nuestra Señora) describe el episodio de un niño judío horneado por sus propios padres, aunque salió ileso, al confesarles que había estado oyendo misa y comulgando con los cristianos.

Se conocen numerosos relatos, más o menos históricos, en los que se vieron envueltos los judíos. En Cuenca circula la leyenda de los amores de un caballero cristiano, Fernando Sánchez de Jaraba, y una hermosa hebrea, Isabel. Dispuesta a contraer matrimonio, la muchacha se convirtió al cristianismo, despertando los celos de un pretendiente judío. Reunida secretamente la comunidad hebrea para juzgar su traición, la joven desapareció, corriéndose la voz de que había sido crucificada y enterrada. Los cristianos, inflamados por el rumor de que los judíos sacrificaban niños y doncellas en el transcurso de sus ritos, asaltaron la judería, provocando una matanza que ha pasado a los anales de la ciudad. Parecida leyenda es recogida por Bécquer en “La rosa de Pasión”. En torno al año 1260 los judíos de Salamanca fueron acusados de raptar, robar y asesinar al hijo de un mercader, aunque luego se demostró que eran otros los culpables.

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